Capítulo 6. [POV Ushio]


Mis pinturas siguen sin venderse y el trabajo de publicidad que me ofrecían era la oportunidad perfecta para independizarme de una buena vez, de no esperar a que mi hermano deposite "secretamente" unos miles de yenes en mi cuenta bancaria a fin de que no muera de hambre.
¿La publicidad iba de videojuegos o productos deportivos? No estoy segura, sin embargo yo quería el trabajo fuera lo que fuera.

Lo que menos esperaba de la entrevista era encontrarme nuevamente con Sumika… sin embargo agradecí verla sin Aoi-san a su lado. Su cara sorprendida fue algo realmente adorable, de no ser porque yo también estaba sorprendida, quizás me habría dado tiempo para mirarla un poco más. Además, si seguía viéndola, tal vez comenzaría a babear o balbucear y ¡Adiós trabajo!

-Bu…buenos días. –¡Sabía que iba a tartamudear! –soy Ushio Kazama. –Tomé aire a fin de recuperar un poco la serenidad – Agradezco que me hayan tomado en cuenta para elaborar la publicidad de sus nuevos productos. Sé que quienes se encargan de estas… cosas regularmente son diseñadores gráficos– "Aquí vamos mis amores, no me decepcionen" les dije con telepatía a mis pinturas. -Estas son mis propuestas…

Hablé con coherencia, y aún así me perdía de cuando en cuando mirándola. Detallando cada gesto, grabando en mi memoria cada mínimo movimiento que pudiera hacer.
Y al final, no supe cómo fue que terminé de exponer mis ideas. ¿Fui clara al hablar? ¿o acaso he logrado hacer el ridículo de mi vida?

Pero al parecer todo marchó bien... ellos han dicho que sí.

Estuve sentada en el mismo sitio por un largo rato. Todos los ejecutivos han salido a tomar café, quizá algunos de ellos discuten acerca de sus aburridas vidas llenas de golf y buscan alguna que otra idea acerca de cómo llenarse aún más sus bolsillos de billetes. No lo sé... En mi mente sigue rondando el recuerdo de su rostro, ese delicado rostro con una linda expresión de sorpresa ante mi presencia.

-¿Kazama sensei? -la secretaria me sacó de mis pensamientos. – ¿tiene algún otro asunto en la sala de reuniones?

-Oh. –sacudí la cabeza. –No, no los tengo. –me levanté del cómodo asiento de piel y recogí mis cosas. –Sólo me perdí en mi mundo… lo siento, ya mismo me retiro.

-No se preocupe. –salí de ahí sin esperar alguna otra palabra por su parte.

Una sonrisilla rebelde aparece en mi cara.
La sola perspectiva de que de ahora en adelante podré verla me anima. No había planeado volverla a ver, pero ¡Qué más da! Si la vida te da limones…
La puerta automática del edificio, similar a la de los supermercados, se abre para mí. Sonreí nuevamente: a partir del lunes trabajaré en esta empresa.

-Te veo en la noche. –Los planes de esa chica me golpean justo en el rostro… o debería decir que en el corazón.

-Nos vemos Azusa. –responde la más alta y posteriormente le regala un corto beso en los labios.

La bella imagen me aflige, mi juguetona frase en aquél restaurant martillea en mis sienes. Pero ¿Cómo demonios intentar algo si se nota que su corazón ya tiene dueña? En lugar de suspirar, me despido de ambas.

-Murasame san. -¡qué extraño suena ese nombre saliendo de mi boca! –la veo el próximo lunes. –ella sólo asiente. –señorita Aoi… -hago una reverencia y me dispongo a marcharme.

-Sumika. –dice Aoi. –no me dijiste que Ushio-san trabaja contigo.

-Es que acabamos de contratarla. –se excusa. –¿no es así?

-así es. –respondo con una débil sonrisa, la única que soy capaz de mostrar.

-¡Vaya! –exclamó emocionada. –esto es genial.

-Sí, eso creo. –dije sólo por hacer eco a su conversación, pero de ninguna manera pienso quedarme a comprobar que ellas dos se ven muy bien juntas. -…me encantaría quedarme a platicar, pero tengo muchos asuntos pendientes. –ahora soy yo quien se excusa. –Hasta pronto.

-¡Hasta luego!- escuché a lo lejos mientras caminaba y rezaba porque algún taxi apareciera pronto.

"Debería renunciar… aún es tiempo" El pensamiento parpadeaba en mi mente, pero luego era contrarrestado por otro más optimista. "Si trabajas ahí podrás verla tan seguido como puedas… y quién sabe, tal vez recuperen su amistad"

-¡Hey! – el rumbo de mis pensamientos es interrumpido por una hermosa rubia.

-Lotte-chan… -dije en un susurro. –lo siento, no estaba escuchando.

-Muy bien, entonces me veré forzada a repetir mi pregunta ¿qué tal tu entrevista de trabajo?

-¡Genial! –forcé la emoción. –Me contrataron.

-Uh, por ese tono creo que no te fue tan genial.

-Es que estoy nerviosa… -al menos lo de estar nerviosa es verdad. –es un proyecto muy complicado. - me hundí en el sofá

-Complicado o no, me da gusto que hayas vuelto a Japón… Ahora ven y siéntate. Te encantará lo que preparé para comer.

-¿Lotte-chan cocinando? Supongo que debo preparar los medicamentos para el estómago.

-JA JA. Me encantan tus bromas. –dijo con sarcasmo. –Ahora mi amor, ven a comer.

-Voooy. –Me uní a ella en la mesa. -¡Y no me digas "mi amor", que tú y yo no somos nada!

-Para la prensa Alemana lo somos. –ofreció una sonrisa infantil. –además vivimos juntas, ¿no crees que les damos suficiente material a los paparazzis?

-Como sea. –tomé mis palillos y me acerqué al plato de ramen que esperaba por mí. –Itadakimasu. – los fideos me saben a gloria a pesar de estar a medio cocer. –Además, no entiendo tu necesidad de decirle al mundo que tú y yo tenemos algo.

-Nada le da más publicidad a una modelo que una vida escandalosa.

-¡Pero por supuesto! –grité con sarcasmo. –una lesbiana da demasiado de qué hablar en el mundo del espectáculo.

-Tú lo has dicho. –respondió cínicamente y volvió a atender sus fideos tibios, la cocina en realidad no es su fuerte. –así es como los ojos del mundo me siguen cuando no estoy en alguna portada.

Charlotte Munchausen… es todo un caso de persona, por su belleza natural e influencia de su madre ingresó al modelaje apenas nació, literalmente, pues hizo comerciales de marcas de pañales. De ahí en adelante ese ha sido su único trabajo.

Terminada la cena y lavados los platos, me retiré a mi habitación. Mi cabeza estaba cansada de pensar, así que me quedé dormida tan pronto caí en la cama.
Y ahí, en mis sueños fui capaz de tocarla, de decirle que la amaba… que nunca dejé de hacerlo.

Es ahí, en mis sueños cuando recuerdo mi necesidad de verla.

La decisión está tomada: no renunciaré al trabajo así tenga que verla junto a su novia.