CAPITULO SIETE: Too close for comfort

"Too Close For Comfort"

I never meant the things I said
To make you cry
Can I say I'm sorry

It's hard to forget

And yes I regret
All these mistakes
I don't know why you're leaving Me
But I know you must have your reasons
There's tears in your eyes
I watch as you cry
But it's getting late

Was I invading in on your secrets
Was I too close for comfort
You're pushing me out
When I'm wanting in
What was I just about to discover
When I got too close for comfort
Driving you home
Guess I'll never know

Remember when we scratched our names into the sand
And told me you loved me
But now that I find
That you've changed your mind
I'm lost for words
And everything I feel for you
I wrote down on one piece of paper
The one in your hand
You won't understand
How much it hurts to let you go

Was I invading in on your secrets
Was I too close for comfort
You're pushing me out
When I'm wanting in
What was I just about to discover
I got too close for comfort
Driving you home
Guess I'll never know

All this time you've been telling me lies
Hidden in bags that are under your eyes
And when I asked you I knew I was right

But if you turn your back on me now
When I need you most
But you chose to let me down

Won't you think about what you're about to do to me
And back down...

Was I invading in on your secrets
Was I too close for comfort
You're pushing me out
When I'm wanting in
What was I just about to discover
I got too close for comfort
You're pushing me out
When I'm wanting in
(Yeh yeh yeh)

What was I just about to discover
When I got too close for comfort
Driving you home
I guess I'll never know...

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Todos sonreían. Todos aguardaban. Por ella.

Por supuesto, él no formaba parte de esa ecuación. Sus ojos tomentosos recorrieron con desinterés el lugar. Se habían esmerado. Y no era para menos. No todos los días se celebraba una boda de ese calibre. Un Malfoy. Una Weasley. Marido y mujer.

Ian no pudo evitar preguntarse que estaría pasando por la rebelde cabeza de su futura esposa.

El sol brillaba con intensidad en aquél día despejado. Las flores, todas ellas blancas, decoraban los bordes de la larga alfombra roja por donde caminaría la muchacha hacia él. Y seguramente, pensó Ian, sin poder evitar una sonrisa- Elara pensaba que aquel era el mayor de los castigos.

La mansión donde vivirían ya había sido amueblada. Faltaban unos últimos retoques y el jardín estaba descuidado, aunque las fuentes habían sido limpiadas y puestas en funcionamiento. Nadie había vivido en Arrow Manor desde que él era un niño. Era un lugar espectacular, rodeado de bosques y montañas, no demasiado alejado del pueblo, y lo suficientemente cercano a un lago de aguas cristalinas. Tendría que mandar arreglar el maldito muelle, cuyas tablas estaban podridas debido al desuso y el descuido. Se encargaría de aquello, por supuesto, así como también de las caballerizas. Compraría especimenes puros y briosos. Pronto.

Mientras aguardaba a la chica, Malfoy notó las disgustadas miradas de muchas de sus invitadas. Algunas antiguas amantes, por supuesto. Se quitó una arruga inexistente de su traje, sin darles importancia.

Permitiéndose por un momento perderse en sus pensamientos, recordó, como si hubiera sucedido en otra vida, el único y fugaz beso que había compartido con la mujer que habían escogido para él. No había logrado quitarse esa imagen de la cabeza desde que había sucedido.

De pronto, y ante un estallido de movimiento entre sus invitados, Malfoy alzó la vista.

Los latidos de su corazón se aceleraron. Ian cerró los ojos y se maldijo en voz baja por esa muestra de debilidad. Para probarse a sí mismo, volvió a mirarla.

Su cabello brillaba con intensidad mientras bajaba a lo largo de su estrecha figura en bien logrados bucles y resaltaba contra el blanco inmaculado de su vestido. Llevaba una corona de flores y la expresión más desdichada que Ian había visto en su vida. Una expresión desesperada, como si estuviera considerando seriamente el hecho de salir corriendo de allí en cuanto se le presentara la oportunidad.

Sin embargo, llegó hasta él. Ian logró apartar los ojos de la hija solo un breve instante, y tan solo lo suficiente como para hacerle una reverencia al padre, que con una satisfecha sonrisa, se alejó y fue a sentarse en primera fila junto a su esposa. Ian notó la lágrima solitaria que caía por la mejilla de Elara y aunque su corazón se saltó un latido, no encontró palabras que decir.

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Su voz lo trajo de vuelta.

Como en sueños, Draco escuchó que la pelirroja lo llamaba; la preocupación, la desesperación acompañaban cada una de las palabras de Ginny. Un punzante dolor de cabeza se hizo presente en él, y entonces, la voz de la muchacha se volvió molesta.

"Por Merlín, maldito seas Malfoy, despierta de una vez" decía ella mientras lo zarandeaba. "Por favor, abre esos ojos arrogantes y dime que estarás…"

Las palabras de Ginny se vieron interrumpidas cuando el muchacho hizo caso de su orden. Los ojos grises de Draco la observaban en silencio. Se apoyó en los codos y levantó su cuerpo tan solo un poco del piso. Se sentía exhausto, adolorido.

"¡Malfoy!" exclamó ella, echándole los brazos al cuello, lo que provocó un quejido de dolor por parte del rubio.

Ella se retiró, avergonzada.

"Lo siento, yo solo…"

Draco la observó un momento y se irguió un poco más.

"Nunca pensé que viviría para ver esto…estabas preocupada por mí"

Ella lo miró con la boca abierta. Al ver la sonrisa arrogante que se extendía por sus apuestas facciones, frunció el entrecejo.

El largó una risotada estruendosa y ella se levantó del piso, bufando.

"Veo, dado tus comentarios y esa sonrisa petulante que te empeñas en mostrar, que estás en perfecto estado."

"Me duele un poco la cabeza, pero si quieres abalanzarte nuevamente sobre mí, pelirroja, te prometo que ésta vez estaré más preparado."

Ella lanzó un gruñido y lo dejó allí en el piso mientras él se desternillaba de risa.

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La ducha que se había dado, al contrario de lo que había pensado, no había calmado su furia.

Ginny se sentó frente al espejo del tocador y comenzó a secarse el largo cabello con una toalla.

El comportamiento arrogante de Malfoy no era de extrañar- pensó ella mientras observaba su rostro en el espejo- , ¿pero por que demonios había tenido que preocuparse por él, que abalanzarse sobre él presa del pánico? ¿Por qué se había permitido mostrarle esa preocupación tan impropia de ella? Temía haberle dado una ventaja, una ventaja sobre ella misma. Resopló con fastidio mientras se acercaba a su armario para buscar algo que ponerse. Entonces, sintió unos golpes en la puerta, y se volvió, alarmada, mientras sostenía con fuerza la toalla que le envolvía el cuerpo.

"Pelirroja, déjame entrar"

Escuchar esa voz petulante no hizo otra cosa que enfurecerla más, si eso era posible.

Ginny no contestó y empezó a buscar desesperadamente algo que echarse encima, aunque todavía no estaba segura de si le iba a abrir la puerta o no.

¡Diablos! ¿Por qué era tan desordenada?

"Te advierto que si no abres ésta puerta ya mismo, Weasley…"

"Vete al diablo" contestó ella mientras se agachaba a mirar debajo de la cama. Quizás allí encontraría esa maldita bata. En efecto, allí estaba. Ginny la tomó de un manotazo mientras escuchaba la voz del rubio cada vez más aireada.

"¡Alohomora!"

La puerta se abrió con un golpazo y Ginny cerró la bata apresuradamente mientras el rubio entraba a grandes zancadas.

Se acercó a ella con paso decidido y Ginny no pudo evitar sentirse un poco atemorizada. La tomó por los hombros con brusquedad mientras ella, inmóvil por la sorpresa, lo miraba con los ojos como platos.

"Cuando digo que quiero hablar contigo, Weasley, espero hablar contigo al momento, no cuando a ti te venga en gana"

Ella lo miró con los ojos entrecerrados.

"Estaba vistiéndome, pedazo de inútil, y si no te das cuenta de eso, es tu maldito problema. Yo no soy tu prisionera, ni tu esclava. Cuando acepté venir aquí dejé muy en claro que quería mi privacidad, así que si te molesta, no es asunto mío, soluciónalo tú solo. Si mi puerta está cerrada para ti, aunque no sea tu costumbre, tendrás que aceptarlo, dado que jamás irrumpí a los gritos en tu habitación ni hice nada, absolutamente nada, como para merecer que tú no tengas el mismo respeto conmigo. Estoy cansada de tus arranques de malhumor, de tus… ¿por qué sonríes?"

Draco la observaba con un brillo divertido en la mirada.

"Eres bastante adorable cuando estás enfadada" dijo con sorna.

Ginny juraría que vio rojo.

Sin ni siquiera pensarlo, tomó un almohadón de encima de la cama y se lo tiró al rubio por la cabeza. Por supuesto, él lo atrapó con facilidad antes de que le diera.

"Eres un cretino, un idiota y además un…"

Se movió con rapidez. Lo único que Ginny supo fue que, en un abrir y cerrar de ojos, lo tenía enfrente y que él consiguió atraparle las muñecas con una facilidad que le resultó vergonzosa.

Ella resopló indignada.

"Nunca te había visto tan furiosa, Weasley."

"Todo es por tu culpa. Tienes la maldita facultad de molestarme cada vez que abres esa bocota"

El la miró a los ojos y Ginny sintió un estremecimiento. De pronto, el hecho de estar cubierta tan solo con una fina bata, y tan cerca de él, fueron cuestiones que se le tornaron evidentes.

"Vete y déjame vestirme en paz. Cualquier cosa que quieras hablar conmigo, podrá esperar un par de minutos"

Draco la observó entonces. Observó su pelo, largo y desordenado, que le caía húmedo por la espalda. Observó su figura, menuda y frágil, una figura que a su vez ocultaba energía pura y un humor bastante candente. Recorrió su cara con avidez y notó un minúsculo lunar en la comisura de su labio. Cuando levantó la vista, vio que ella lo miraba sorprendida.

"¿Qué haces?"

"Te miro"

"No quiero que me mires"

"¿Por qué no?"

"Porque no, y punto"

"Bueno, aún puedo imaginarte en mi cama"

Ella enrojeció de vergüenza.

"Jamás" dijo muy convencida.

El la observó con una ceja en alto.

"No me desafíes, Gin, porque te vas a arrepentir de los resultados"

"Mira, Malfoy, no me mueves un solo pelo ¿entiendes? Sé que debe ser un enorme golpe para tu gigantesco ego, pero por más que lo niegues, sabes perfectamente que…"

"No puedes negar que te gustan mis besos" dijo él con una sonrisita pícara.

"Puedo, y voy a negarlo" dijo ella, haciendo acopio de fuerzas.

"¿Quieres hacer la prueba, pelirroja?"

No le dio ni tiempo a responder. Sintió su boca contra la suya y no pudo evitar que un temblor la recorriera de pies a cabeza. El la acercó más a si mismo. Ella olía a jabón y a jazmines, y Draco ser perdió en ese aroma sin poder hacer nada por evitarlo. La luna y la estrella emanaban una tenue luz, que ellos ignoraron. Ya se habían acostumbrado a que sus breves encuentros activaran aquellas extrañas marcas.

Ginny comenzaba a perderse en el beso cuando de pronto, escuchó algo. Separó con dificultad a Draco y miró hacia la puerta.

"Ops, maldita costumbre mía de entrar sin golpear. No sabía que tenías compañía, Draco."

"¿Pansy?"

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"Sí, ¿quién más sino?" dijo la aludida con una sonrisa encantadora.

Pansy Parkinson había cambiado. Tenía una figura esbelta que emanaba elegancia por cada poro. La melena negra azabache le llegaba tan solo un poco por debajo de los hombros, pero tenía un corte sofisticado que iba a la perfección con sus facciones delicadas. Los ojos, de un marrón chocolate, parecían divertidos al observar la escena que estaba ocurriendo frente a ella.

Draco Malfoy había tenido innumerables amantes antes de volverse un solitario, pero aunque Pansy era una de las personas más allegadas al rubio, jamás lo había descubierto in fraganti con ninguna de ellas. La situación le resultaba interesante. Si no recordaba mal, Draco jamás llevaba a ninguna de aquellas mujerzuelas a sus dominios. Se limitaba a pagar una cara habitación y luego despedirse sin más.

"Pansy…no…no te esperaba" dijo Draco mientras que, incómodo, se pasaba una mano nerviosa por el pelo.

Ella lo miró con picardía, y alzó las cejas.

"Eso, querido, es evidente" dijo tratando de contener la risa. "No sabía que tenías nueva amante, de este tiempo para acá temí que te hubieras vuelto homosexual"

Draco frunció el entrecejo para afirmar que a él seguían gustándole las mujeres tanto como siempre, cuando cierta pelirroja descarada se le adelantó.

"¡Yo no soy una de sus amantes!" replicó ella con más energía de la necesaria.

Pansy, por primera vez, le prestó un poco de atención, seguramente no acostumbrada a los estallidos de mal humor.

"Draco, querido, ¿dónde están tus modales?" preguntó la morena con sorna.

El rubio suspiró. Sabía que su amiga pronunciaría esas palabras, y ahora, debido a ellas, no solo tenía que ocultar el nerviosismo de tener a dos mujeres tan parecidas en cuanto a temperamento e independencia bajo su humilde techo, sino que tendría que soportar la nada previsible reacción de Pansy cuando ella se enterara que últimamente había estado besando ocasionalmente a una Weasley.

"Pelirroja, ya conoces a Pansy Parkinson. Pansy, ella es…Ginny Weasley"

Una ráfaga de dolor atravesó el rostro de Ginny ante el tono del muchacho. Claramente, él la consideraba lo bastante buena para un par de besos escandalosos, pero por supuesto, no para que su círculo se enterara de ese mero hecho.

Los ojos de Pansy se abrieron por la sorpresa.

"Vaya, Weasley, ya no eres chata" dijo la morena, como si no pudiera creérselo.

"Vaya, Parkinson, ya no tienes cara de bulldog"

Durante un breve momento, las dos mujeres se miraron fijamente. Luego, Pansy pegó una estruendosa carcajada y Ginny no pudo menos que sonreír. Draco suspiró, aliviado.

"Oh, querida, sería fantástico si nos pudieras acompañar a tomar el té"

Ginny asintió.

"Debería vestirme antes" comentó, observándose.

"Oh, cierto que interrumpí una fiesta. Puedo pasear un rato si…"

"¡Pansy!" gritó Draco.

"De acuerdo, de acuerdo" dijo la morena mientras comenzaba a bajar las escaleras.

"Te veo abajo, Gin" dijo el rubio, siguiéndola y cerrando la puerta tras de si.

Ginny se sentó en la cama, pensativa.

¿Quién hubiera dicho que Pansy Parkinson poseía sentido del humor?

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Cuando Draco hubo llegado al piso inferior, se encontró con que Pansy estaba cómodamente instalada frente a la mesa. Con las piernas y los brazos cruzados con elegancia, le dirigió una mirada que decía claramente "¡te pesqué!".

"No es lo que parece"

"Hablaremos de eso más tarde, si lo prefieres. Cuando ella baje, claro"

"Ni se te ocurra" gruñó Draco, sentándose.

Ella adoptó un aire infantil.

"Pues entonces más te vale que me cuentes todo. Y cuando digo, todo, me refiero a TODO" añadió mientras alzaba las cejas.

"Es un poco complicado" dijo él, suspirando.

Pansy le dedicó una sonrisa.

"Lo siento, querido, pero el mero y único hecho que te halla encontrado con una Weasley, apenas envuelta en una bata, y en esa situación bastante comprometedora, ya de por sí me resulta bastante complicado de entender"

Draco se arremangó la camisa.

"Oh, querido, te sugiero que no te desnudes frente a una mujer desesperada"

"¿Qué quieres decir?" preguntó él.

"Bueno, no me he dado un buen revolcón desde hace casi un mes, y aunque eres mi mejor amigo, y jamás te vería de esa forma, ni en mil años, haces que añore"

"Hace casi cinco años que eres amante de Blaise"

La morena suspiró.

"Si, bueno, bastante ha cambiado en mi vida desde entonces"

"¿Qué ocurre?" preguntó él con semblante preocupado. "¿Se mandó una de las suyas?"

"No, y ese es el problema. Todo era más fácil cuando ambos teníamos otras personas a nuestra disposición. Con Blaise, siempre fue una cuestión puramente física. El tenía conocimiento de mis aventuras y yo de las de él. Solíamos reírnos juntos de ese tema"

"Oh" dijo Draco.

"Sí, últimamente todo ha estado de lo más extraño. No ha tenido ninguna amante sin ser yo, y para mi consternación, el hecho de que yo no halla estado con nadie en un mes…"

"Por Merlín…¿te enamoraste de él?"

"No lo sé. El asunto es que un día vino a verme a Milán. Estaba más atractivo que nunca, con una mirada peligrosa e indescifrable en el rostro. Me largó, así de sopetón, que no quería seguir viéndome así. Me dijo que estaba harto de que nos viéramos a escondidas, harto de tener que compartirme y que esperaba una respuesta a su petición"

Draco la observó atentamente, instándola a continuar.

"¡Me tomó por sorpresa, Draco! ¿Qué querías que hiciera? No pude decirle nada, mi cabeza era un maldito remolino de ideas, de dudas, de cosas. Y simplemente, él se marchó. Tomó mi silencio por un no, tomó su valija y se fue en el primer avión a Londres"

"Con razón no se ha comunicado conmigo"

"O quizá halla conseguido a otra que lo divierta en las noches y punto. Pero ahora no quiero hablar de eso. Cuéntame sobre la pelirroja"

Draco comenzó a contarle lo de sus marcas familiares, los fogonazos de recuerdos que habían visto y que ocurría si se alejaban mucho el uno del otro. Cuando acabó su relato, Pansy estaba boquiabierta, la situación con Blaise completamente olvidada.

"Oh, por Merlín. ¿Y qué tal ha sido convivir con la Weasley? ¿Cómo es?"

El rubio sonrió.

"Es escandalosa, chillona, nunca me hace caso, tiene una independencia exasperante, su cuarto es un tremendo lío así como su pelo cuando recién se levanta. Planta flores en invierno, de repente mira con aire ausente por la ventana y de repente está dando tumbos de alegría. ¿A ti que te parece?

Pansy lo miraba asombrada.

"Por los mil demonios, Draco, sientes algo por esa chica".

Draco la observó con sus ojos grises abiertos de par en par.

"No puedes estar hablando en serio" dijo irguiéndose. "Jamás, jamás una idea semejante se me cruzaría por la cabeza"

Pansy rió.

"Las ideas no tienen nada que ver con los sentimientos, Draco, querido"

"¡Por supuesto que sí!" argumentó él con furia "Yo hago lo que decido. Mis sentimientos siempre se dictaron de acuerdo a lo que mi cabeza les obligaba a hacer"

"Por Merlín, Draco, esa idea es tan medieval…"

"No tiene nada de malo si con eso te…bueno…"

"No vas a poder protegerte por siempre, querido. No es así como funciona, lamentablemente."

"No estoy enamorado de ella" afirmó Draco.

"Hay una gran diferencia entra una cosa y la otra. Pero lo cierto es, que si mi instinto no me falla, y jamás lo ha hecho, terminarás completamente enamorado de esa muchacha por más que te empeñes en luchar contra la corriente"

Draco la observó, muy serio.

"Me gustabas más cuando no eras una maldita filósofa"

Pansy volvió a reír, y Draco se limitó a apoyar la cabeza entre sus manos y preguntarse en que embrollo se había metido esta vez.

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Oculta en el rellano de las escaleras, Ginny quería desaparecer de allí en ese preciso momento.

¿Malfoy sintiendo algo por ella?

Imposible… ¿no?

Había atracción entre ellos, por supuesto, no era una tonta como para intentar negarlo. Pero cuando los sentimientos entraban en juego, la situación cambiaba. Empeoraba, según su experiencia.

Y ella no sentía lo mismo.

Draco era atractivo, cualquier mujer se sentiría fascinada por él, por su físico, por su personalidad una vez que bajaba la muralla. Pero ella no embargaba ningún tipo de sentimiento personal hacia él- se dijo entre dientes. La atracción distaba mucho de ser amor, aún uno leve. No quería que las cosas cambiaran, no se imaginaba con Draco ni en un millón de años.

Tenía que poner distancia entre ellos dos, ¿pero cómo lograrlo si ante el menos aislamiento, las marcas les conferían un dolor insoportable?

No importaba, ella haría lo que tenía que hacer. No estaba en sus planes enamorarse de Draco Malfoy. ¿Para qué mentir? Sintió un escalofrío al recordar las palabras de Pansy y deseó con todas sus fuerzas que, por una vez, ella se hubiera equivocado.

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El carruaje que los dejó frente a la entrada de Arrow Manor era espectacular. Pero cuando Elara observó la fascinante morada de los Malfoy, no pudo menos que suspirar. Era hermoso, todo aquello tenía una hermosura indescriptible.

Su cárcel parecía lujosa, y ella no podía sentirse más infeliz.

Su marido. Habían compartido un breve roce de labios durante la ceremonia, y luego ni una palabra en el trayecto hacia su nuevo hogar. Las falsas felicitaciones aún resonaban en los oídos de la muchacha y solo quería estar a solas para echarse a llorar.

La puerta del carruaje se abrió, y un cochero elegantemente vestido, la ayudó a descender.

Ella se quedó observándolo todo. Ni siquiera notó que su marido se encontraba a su lado, fingiendo también observar la casa, pero observándola por el rabillo del ojo a ella.

Se veía tan miserable- pensó él. Y entonces sintió una punzada de culpa tal vez, o de compasión. Su expresión se volvió fría e impenetrable como siempre cuando se dirigió a Elara.

"Podrás observar todo luego, ahora debemos entrar"

Ella lo miró con sus ojos cargados de resentimiento.

"¿Observarlo todo desde los barrotes de mi ventana? Lo siento, pero quiero disfrutar mis últimos momentos de libertad" contestó ella.

Ian la miró, irritado por dentro, pero impasible por fuera.

"No pensaba encerrarte, Weasley, pero si eso es lo que tanto deseas, supongo que volveré a pensármelo"

Elara lo observó, dubitativa.

"No me podría interesar menos lo que hagas" contestó con desdén. Ian no pudo menos que admirar su valentía, aunque le irritaba de todas formas. Obviamente, la convivencia entre ellos dos iba a ser imposible.

Cuando finalmente llegaron a la estancia principal, la pelirroja se entusiasmó observando la lujosa habitación. Los muebles de madera oscura, los sillones tapizados, las alfombras gruesas, los cuadros, las artesanías; todo parecía estar en su lugar.

"Tu habitación está en el segundo piso, la última al final del pasillo, lado izquierdo"

Elara lo quedó observando con sorpresa. Había pensado que él la obligaría a compartir la habitación con él, pero no era así.

Ian la miró con sus ojos grises.

"¿Pensabas que te iba a violar, Weasley? Ya llegará el momento de que caigas rendida. Si decido aceparte cuando eso suceda, por supuesto."

La muchacha lo miró. Sus mejillas estaban arreboladas por la furia y la vergüenza.

"Escúchame bien, Malfoy, porque será la única vez que lo diga. Me repugnas, no quiero tener ningún tipo de contacto contigo. Me siento una prisionera, una prisionera en un castillo de cristal, pero eso no cambia en sí los hechos. Jamás ocurrirá nada entre nosotros y cuanto más alejado de mí te encuentres, mejor para mi salud mental."

Ian la miró, impasible. Luego, asintió.

La luna en su hombro destelló con fuerza, y Elara sintió que lo mismo sucedía sobre su piel.

"Raro. Tengo esto desde que era un niño, y sin embargo, jamás se había activado"

Ian miró a su esposa, buscando una respuesta, pero ella se limitó a ignorarlo.

El rubio suspiró, frustrado, y no vio la sonrisa de satisfacción en la cara de ella.

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Luego de unos minutos, Ginny logró reunir el valor para reunirse con Draco y Pansy.

Deseó haberse quedado en su dormitorio cuando las miradas de ambos se clavaron en ella. Pero ya era tarde. No había escapatoria.

Al mirar a Draco, tan atractivo, siempre tan misterioso, y recordar la conversación que se había llevado a cabo un momento antes, no pudo evitar ruborizarse. Se sacudió apenas, y se reunió con ellas en la mesa.

Tomaron el té hablando cosas sin sentido. Pansy le preguntó por el trío de oro, y ella le contó que Ron y Hermione estaban felizmente casados, lo que provocó una carcajada en su compañera.

"Nunca pensé que tu hermano algún día lo confesaría" se explicó con una sonrisa.

Draco y Ginny no pudieron menos que unírsele.

Pansy les habló sobre su trabajo, sobre las modelos irritantes y sobre los nuevos diseños que estaba pensando crear para la siguiente temporada.

"Weasley, querida, tienes que usar más colores. Con tu pelo es un asunto complicado, pero si quieres puedo mandarte una lista de sugerencias cuando se me ocurra alguna" dijo con una risita.

Ginny asintió.

De pronto, notó la mirada profunda de Draco. Se ruborizó nuevamente mientras trataba de seguir la conversación de Pansy. Pero falló estrepitosamente, y ella pareció notarlo. Los observó a ambos con evidente curiosidad, y luego tomó su bolso.

"Tengo que hacer unas cosas antes de marcharme a casa. Y hablar con el rey de los idiotas" añadió más para sí misma que para los demás. "Creo que me voy a ir marchando"

"Pensé que te quedarías a cenar" dijo Ginny, impaciente. No quería quedarse a solas con Draco. Por Merlín, no quería.

"Oh, en otra ocasión. Ahora los dejaré solos. Hasta luego" Y sin más, abrió la puerta y salió al exterior.

Ginny miró a Draco, pero él estaba con el ceño fruncido, pensativo.

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Después de mil años actualicé! Voy a ir actualizando cada una de las historias poco a poco! Espero que les halla gustado este capi!