Sobrenatural pero real
Tuvimos dos horas libres en la clase de Aritmética. El profesor no fue y no mandaron ningún reemplazo, así que cada uno se dedicó a vagar.
Compartía la clase con Chanelle y Alex.
-Ayer me inscribí para pertenecer a la junta organizadora del baile de fin de año y me aceptaron- me dijo Chanelle mientras me mostraba un papel con la lista de las ideas para el baile.
-Felicidades- le dije abrazándola- Mmm... ¿disfraces o blanco y negro?
-Si, ¿qué te parece? ¿cuál de los dos temas te gusta más?-
-Yo me quedo con el de disfraces, le daría un toque especial al baile, pero si no estás segura podrías hacer algo así como una encuesta para ver cual prefieren-
-Yo también preferiría la de disfraces pero lo que cuenta al final es que todos lo disfruten así que solo nos queda rogar que escojan la que queremos- dijo cruzando los dedos.
-Eso espero-
-Yo te avisaré de todos los detalles para que te vayas preparando y claro, también para que me ayudes, ¿vas con Alex no?-
-Todavía no sé- dije desviando mi mirada hacia Alex que estaba al otro lado del aula conversando con otro chico.
-Pero es obvio que él te va a invitar, solo espera y ya verás- dijo y me sonrió- Yo esperaré hasta que Blake me invité y se que va a hacerlo-
-Tenlo por seguro-
Chanelle sacó unas revistas sobre decoración de fiestas de su bolso y las puso sobre la mesa.
-Tenemos trabajo- dijo agarrando la primera revista.
-Lapicero y papel listos- dije poniéndolos sobre la mesa.
Nos pasamos casi una hora revisando cada detalle y anotándolo.
Alex se acercó hacia nosotras.
-¿Y esas revistas?- preguntó mientras pasaba su brazo por mis hombros.
-Son ideas para la decoración del baile de fin de año, estoy en la junta- dijo Chanelle mientras le mostraba una lámpara de techo con estrellas plateadas colgantes que aparecía en una de las páginas.
-Si, ese baile, lo hacen todos los años con un tema diferente- dijo Alex tomando una de las revistas- ¿Y cuál va a ser el de este año?-
-No- dijo Chanelle con un movimiento de cabeza mientras se la quitaba a Alex- Aún no puedes saberlo, ni tú ni nadie-
-Apuesto que Cassie ya lo sabe- le dijo a Chanelle quitándosela otra vez.
Traté de ocultar una pequeña sonrisa.
-Yo si porque le estoy ayudando- interrumpí y le quité la revista.
-Yo también podría ayudar- dijo Alex quitándomela de nuevo y buscando algunas decoraciones.
-No, porque tú eres parte del público que debe ir- Chanelle se la volvió a quitar una vez más- Mientras menos personas lo sepan más se sorprenderán con el tema-
Seguimos discutiendo mientras reíamos y nos quitábamos las revistas, algunas páginas terminaron arrugadas por culpa de Alex y cuando Chanelle se daba cuenta enrollaba alguna revista y trataba de golpearlo.
Mientras nos comportábamos como niños de preescolar una chica se venía acercando hacia nuestra mesa, su gran parecido con Alex me llamó la atención: el mismo cabello rubio y ondeado pero largo casi hasta la cintura, los mismos hermosos ojos azules, el mismo tono de piel blanco, la misma nariz perfecta y los mismos labios color rosa natural.
-Hola hermanito- la chica se acercó a Alex y lo abrazó.
-Hola Brooke, terminaste pronto, creí que ibas a tardar más- le dijo mientras ella se apartaba.
-No fue tan difícil- le dijo dándonos la espalda a mí y a Chanelle como si no existiéramos, hablaba con aires de superior- ¿Y dónde está Blake?, quiero decirle cuánto lo he extrañado-
Observé de reojo a Chanelle y vi que le lanzaba una mirada fulminante a Brooke. Si ella también iba en busca de Blake la batalla para ver quien se quedaba con él iba a comenzar muy pronto.
-Blake está en otra clase- dijo Alex mirándonos- Emm… ellas son mis amigas, Cassie y Chanelle-
Nos señaló a cada una.
-Ella es mi hermana Brooke-
Brooke se limitó a sonreír, nos miró fijamente y luego levantó una de sus perfectas cejas. Yo le sonreí levemente y sin entusiasmo, Chanelle la observó con mirada desafiante por unos segundos y luego intentó sonreír pero lo único que le salió fue una mueca.
Alex miraba un poco incómodo, al parecer se había dado cuenta de la pésima química que teníamos las tres, especialmente entre Brooke y Chanelle, sabía muy bien, que al igual que yo, él también sabía la razón.
-¿Cuánto falta para el almuerzo?- le preguntó Brooke a Alex.
-Solo una hora más- respondió.
-Gracias hermanito, falta poco para sorprender a MI Blake- dijo haciendo énfasis en la palabra "mi" mientras se sentaba en uno de los asientos libres cerca de nosotros.
Sacó un brillo labial y se lo pasó dos veces por sus labios al mismo tiempo que se miraba en un pequeño espejo.
Podía notar la rabia que tenía Chanelle al ver a Brooke. Con el ceño fruncido y una mirada que expresaba que quería matarla se encontraba parada a mi lado, decidí distraerla volviendo al tema del baile.
La hora terminó y Chanelle me apresuraba para salir rápido, guardé mis cosas como pude y en un segundo ya me estaba jalando hacia la puerta.
-Rápido- me dijo- Salgamos antes de que la rubiecita esa encuentre a Blake y se le quede pegada todo el día-
-Esa tipita no me cae muy bien a pesar de que es hermana de Alex-
-Quizá en apariencia son muy parecidos pero no va más allá, es insoportable y engreída-
-Pobre Alex, tiene que soportarla- le dije.
Chanelle rió.
-Alex nunca nos había dicho que tenía una hermana- añadí- ni tampoco que vendría hoy- solté un suspiro.
-Quizá también la odie pero en secreto-
Recordé la amable bienvenida que le dio él a su hermana y la hipótesis de Chanelle no me pareció muy convincente.
-Si, seguro…- intenté fingir que me sentía reconfortada por su explicación y dejé el tema.
Íbamos caminando por el pasillo y nos encontramos con Blake que salía de una de las aulas.
-Hola chicas, ¿vamos a la cafetería?- dijo sonriendo.
Yo también le sonreí.
-Hola Blake- le dijo Chanelle y se puso a su lado, sus brazos casi rozaban.
-¿Estás en la junta organizadora del baile no?- le dijo Blake.
-Si, ¿cómo lo sabes?-
-Unas chicas que también están en esa junta repartieron estos volantes y tu nombre está ahí- le dijo mostrándoselo.
-Ah, los había olvidado- dijo sonriéndole dulcemente.
-¿Y Alex?- me preguntó Blake.
-Se quedó con su hermana pero dijo que no tardaría- le respondí.
-¡¿QUÉ?- dijo Blake casi gritando, su expresión dulce y despreocupada cambió notablemente a lo opuesto.
-¿No sabías que Alex tenía una hermana?- le pregunté.
-Es insoportable y engreída- agregó Chanelle.
-No es eso, es solo que...- Blake estaba nervioso y jugaba con sus dedos.
Su explicación se vio interrumpida por una chica que gritó el nombre de Blake por todo el pasillo: era Brooke. Los tres volteamos y vimos que ella se acercaba con una gran sonrisa en el rostro.
-¿Broo... Brooke?- tartamudeó Blake, tenía una cara de espanto, como si hubiera visto un fantasma.
-¡Blake!, te extrañé demasiado- dijo Brooke que saltó y lo abrazó. Él no parecía disfrutar del abrazo y trataba de apartarla.
-¿Me extrañaste?- le preguntó ella.
-Emmm...- Blake parecía asustado.
-Yo sé que si- respondió ella misma y volvió a abrazarlo.
Chanelle la miraba con odio y Brooke buscó su mirada para sacarle en cara que estaba abrazando a Blake pero Chanelle no se quedó atrás y se puso al lado derecho de él haciéndole competencia a la rubiecita, conociendo a mi amiga sabía que no se daría por vencida hasta que no terminaran siendo novios. Alex vino un par de minutos después y Blake le señalo disimuladamente a Brooke para que se la quite de encima, se notaba que él tampoco la soportaba. Uno más se unía al club. Alex la llamó y se apartó de Blake. Chanelle sonrió con satisfacción.
-¡Dios!- dijo Blake en voz baja mientras se cubría la cara con sus manos- La pesadilla volvió-
Chanelle y yo lo oímos y luego soltamos unas risitas.
Llegamos a la cafetería y nos sentamos después de coger las bandejas, Blake se sentó y seguidamente Chanelle se sentó al lado derecho de él y Brooke en el izquierdo, yo me senté con Alex.
Hasta ese momento no había visto a Seth, hasta que lo divisé en una mesa cerca a la puerta de entrada, estaba como de costumbre con los únicos chicos con los que siempre se juntaba, decidí cumplir mi promesa de no volver a verlo nunca más así que continué con mis asuntos.
Durante el resto de las clases tampoco lo vi, a pesar de que él estaba en mi clase Biología a las dos últimas horas, no fue. Por momentos me ponía a pensar en que es lo que estaría haciendo pero luego me arrepentía al sentir que mi corazón se aceleraba y latía con más fuerza de lo normal.
Toda la clase me la pasé atenta y tomando apuntes, no tenía otra cosa más interesante que hacer.
Hacía horas que había llegado a mi casa después de la escuela, estaba en mi habitación y podía ver por la ventana la oscuridad de la noche, ya me estaba preparando para ir a dormir así que fui a cerrar las cortinas pero antes de hacerlo mis ojos de clavaron en el bosque, se veía tan oscuro y silencioso que me daba escalofríos así que cerré las cortinas de inmediato y me metí a la cama. No tardé mucho en dormirme.
Un aullido me despertó repentinamente, creí que había sido un sueño hasta que lo volví a escuchar estando despierta, me senté rápidamente en mi cama y los aullidos se volvieron más continuos, pude sentir como mi corazón se aceleraba con cada latido, me preguntaba si mis padres oían los aullidos ya que esos sonidos eran tan fuertes como para escucharse por toda la cuadra donde vivía.
Sentí una necesidad de ir a ver de donde procedían los aullidos, a pesar de que era una idea estúpida que vaya a esa hora, sola y sin saber lo peligroso que era el bosque, en ese momento no me parecía tan malo. Me puse la misma ropa que usé el día anterior para ir a la escuela: unos jeans, un polo manga larga y mis zapatillas. Me puse una de las chaquetas que más me abrigaban y estaba tratando de resolver el dilema de si debería salir por la puerta o por la ventana, luego llegué a la conclusión de que era más seguro salir por la ventana de mi habitación. Lo bueno de mi habitación era que daba a la parte trasera de la casa por donde con unos cuantos pasos llegabas al bosque. Abrí la ventana y salí lentamente sujetándome del marco, por suerte debajo de mi ventana había una pequeña baranda gruesa por la que podía bajar sin problemas.
Al pisar el suelo, me di cuenta de la temperatura del ambiente, el aire estaba húmedo pero no llovía, solo había neblina. No tenía una mochila con un equipo de supervivencia pero ni siquiera pensaba en eso mientras me adentraba en el bosque, aún seguía oyendo los aullidos y eso me incitaba a seguir mi camino. Me abría paso entre la hojarasca y las ramas caídas de los pinos que crujían bajo mis pies, la densa niebla conseguía que pareciera como si ya me encontrara en el corazón del bosque. Todo estaba en silencio excepto por el ulular de algunos búhos que esperaban su alimento. No sentí miedo, ni frío ni nada, me sentía segura en ese momento, no tenía idea de cuánto había caminado pero no podía ser mucho. Con cada paso que daba más cerca podía escuchar el aullido, caminé diez pasos más y sentí que había llegado, mis pies se detuvieron automáticamente... giré hacia mi derecha y pude ver unas sombras detrás de unas ramas, me acerqué lentamente y puse mis manos sobre algunas aunque al principio dudaba en si debía moverlas, unos minutos de reflexión bastaron para que mi curiosidad me ganara, al final lo hice, las aparté lentamente y vi algo que al principio me pareció totalmente irreal... dos lobos que eran tan enormes como para ser normales, estaban sentados en medio de lo que parecía un pequeño claro, uno de ellos tenía el pelaje color cobre y el que aullaba... era de color arena.
Estaba tan asombrada que había olvidado respirar, mis ojos abiertos de par en par los contemplaba casi sin pestañear, por un momento sentí como si me hubiera metido en un libro de ficción, quise acercarme y verlos mejor porque todo eso me parecía imaginario, al dar un paso más pisé una rama la cual crujió al quebrarse, el lobo de pelaje color cobre clavó violentamente su mirada en mí... un escalofrío recorrió mi cuerpo y empecé a retroceder lentamente, hasta ese momento no había sabido qué era el miedo. Una sensación fría como el agua helada me sacudió y entonces descubrí lo rápido que podía correr. No grité, ¿para qué? Me había adentrado en el bosque, lo más estúpido que había hecho nunca en la vida y, por lo que parecía, también lo último que iba a hacer. Nadie iba a venir a salvarme. Tenía que correr lo más rápido que pudiera y luego atenerme a las consecuencias de ese acto tan entupido que había cometido viniendo.
Oía sus pasos detrás, quebrando ramas y aplastando hojas. Se acercaba. ¡Dios, era muy rápido! ¿Cómo podía ser esto real?
¿Qué hacer en una situación así?, no recordaba nada, no podía pensar en nada. Las ramas desgarraban las mangas de mi chaqueta y se enganchaban en los mechones de mi cabello. Tropecé con una roca y me di un golpe en el brazo pero me levanté como pude y seguí corriendo. El lobo estaba cada vez más cerca, demasiado, podía oír los leves gruñidos que provenían de su garganta. Tenía que acelerar, pero no podía.
-¡Ah!- grité medio asfixiada cuando saltó y sentí sus garras arañando mi pantorrilla derecha a través de mi pantalón... me había atrapado. No podía zafarme, el peso de su pata impedía que pudiera mover mi pierna, intentaba arrastrarme pero no podía, el brazo que me había golpeado me dolía más y lo único que pensé en ese momento fue en cerrar los ojos y esperar a que todo pasara... y lo hice.
En eso escuché el sonido de un gran golpe y mi pierna quedó liberada, abrí los ojos rápidamente y me di cuenta que el lobo de pelaje color arena había embestido al otro con tanta fuerza que dio a parar contra un árbol, aquel lobo me miró y comprendí que debía de salir corriendo sin perder tiempo. Me levanté jadeando y eché a correr torpemente, tropezaba y las ramas me arañaban pero no me importaba, no estaría tranquila hasta llegar a la seguridad de mi habitación, corría como nunca antes en mi vida.
Por fin pude divisar mi casa, sentí un gran alivio al ver mi ventana abierta como la había dejado. Trepé por la baranda y en unos segundos ya estaba en mi habitación.
Cansada, sucia y terriblemente asustada me tumbé en mi cama, cuando me quedé quieta me di cuenta que no dejaba de temblar, me aovillé, las lágrimas salían apresuradamente de mis ojos mientras intentaba ahogar mi llanto. No podía pensar en nada más que no fuera lo que viví hace unos minutos, mi mente se llenaba de imágenes de lo que me hubiera pasado si ese extraño lobo no me hubiera salvado, con mi mirada clavada en la ventana abierta y mi cuerpo temblando me cubrí la cara con mis manos como si con eso pudiera borrar los pensamientos y todo lo que ocurrió. El sonido que producían las ramas agitadas por el fuerte viento me sobresaltaban cada vez que chocaban entre ellas de forma estruendosa, intentaba acompasar mi respiración agitada mientras ponía en orden mi mente y trataba de tranquilizarme, cosa que se me hacia difícil ya que en cada momento las imágenes volvían a inundarme, mis manos heladas, que enrollaban mis piernas pegadas a mi pecho, aún temblaban levemente. Con el corazón aun agitado me preguntaba: ¿Qué demonios fue eso? ¿De dónde salieron? ¿Eran experimentos de laboratorio que salieron mal? ¡No lo sabía!, me rompía la cabeza buscando respuestas, estúpidas respuestas. Si… estaba alterada, me percaté de que estaba apretando los dientes y entonces me relajé, ya me encontraba mejor, las lágrimas ya no salían desesperadamente pero aún tenía las mejillas húmedas, cerré los ojos e inhale y exhale.
Fue algo sobrenatural pero a la vez tan... real. Suspiré.
Me acordé de mis padres y de que pronto iba a amanecer, miré el reloj: eran las cinco de la madrugada, tenía una hora libre antes de que mi despertador sonara en mi hora habitual para prepararme para la escuela, así que decidí tomar una ducha larga para poder relajarme.
El agua tibia me hizo sentir mejor, mi cuerpo ya había dejado de temblar y me había calmado. En eso sentí un ardor en mi pantorrilla derecha y vi que tenía una gran herida, el lobo me había rasguñado y me había dejado unas marcas que estaban sangrando, lavé la herida despacio. Cuando terminé de bañarme me cambié, tomé la ropa que había usado y la miré, me di cuenta de que mi pantalón tenía unas grandes marcas de garras, genial, casi lo destroza, también estaba llena de tierra, hojas y sudor al igual que el resto, lo escondí para luego lavarla yo misma, mi madre se horrorizaría si viera mi ropa en ese estado y me atropellaría con cientos de preguntas sobre lo que le pasó. Mientras me peinaba me miraba en el espejo y me percaté de que tenía varios rasguños de las ramas de los árboles en los brazos y tenía uno en la mejilla izquierda, traté de ocultarlo con maquillaje y funcionó. Recordé el golpe que me había dado en el brazo al tropezarme con la roca, pensé que tal vez no había pasado nada pero al ver mi brazo tenía una gran marca morada, sabía que iba a usar mi abrigo y que no se notaría así que no le tomé importancia.
-Te ves muy cansada- me dijo Chanelle en clase de Literatura.
-Tuve una pesadilla y no pude dormir bien- le mentí.
-Debió de ser muy horrible como para asustarte tanto-
-Si, soñé que... estaba en el bosque cuando ya había oscurecido y vi dos enormes lobos que no parecían normales, uno de ellos me vio y comenzó a perseguirme, corrí hasta no poder más pero me alcanzó y me arañó la pantorrilla dejándome una herida- dije pasándome el cabello hacia atrás y suspirando.
-Oh, pero no te preocupes los sueños son… sueños nada más-
-Si... así es...- dije en voz baja antes de observar un pequeño rasguño que tenía en la palma de la mano derecha.
No prestaba atención a ninguna clase por lo cansada que estaba, aún no podía asimilar lo que me pasó anoche en el bosque pero sabía que fue real. Después de mis primeras clases reaccioné y me acordé que la siguiente era donde también se encontraba Seth.
Al entrar al aula miré el reloj y vi que había llegado unos minutos tarde, el profesor no me dijo nada e hizo una seña para que entrara, no presté atención a nadie, solo caminé hacia mi asiento, al levantar la vista me quedé helada... Seth compartía la mesa conmigo.
-Señorita, siéntese por favor- me dijo el profesor.
Me acerqué lentamente a mi asiento y sin mirar a Seth, podía sentir que él me observaba, moví la silla y me senté un poco alejada.
Me sentía incómoda, traté de concentrarme en el tema pero no podía, el calor de su cuerpo rozaba mi brazo, mi corazón comenzó a latir un poco más rápido de lo normal.
-Maldición- dije para mis adentros y entonces decidí cerrar los ojos y borrarme de este mundo.
-¿Estás... bien?- esa voz... SU voz... me despertó, caí en la cuenta que me había quedado dormida unos minutos.
Quería mirarlo pero no podía, recordaba la última vez que lo vi a los ojos, los latidos de mi corazón eran tan fuertes que parecían escucharse a lo lejos. La imagen de su rostro, sus ojos... esos ojos clavados a los míos invadieron toda mi mente. Mi corazón se aceleraba cada vez más con esos extraños latidos. Me cubrí la cara con las dos manos, parecía que mi corazón iba a saltar de mi pecho en cualquier momento... esa sensación me espantaba, ¿por qué me pasaba eso cada vez que pensaba en Seth?, ¿por qué esos extraños latidos desbocados?, ¿qué me estaba pasando?
Quería salir del aula y correr, correr muy lejos, alejarme de esto... de Seth.
-¡¿Cassie?- puso su mano sobre mi brazo. Su temperatura me sobresaltó, a pesar de que mi abrigo se interponía lo pude sentir perfectamente, parecía estar ardiendo en fiebre.
Repentinamente todo se esfumó: el aceleramiento de mi corazón, los singulares latidos, las preguntas que me hacía, el deseo de alejarme de todo, especialmente de Seth...
Descubrí mi cara lentamente y abrí mis ojos, incluso el miedo de mirar a Seth se había ido, voltee poco a poco mi cabeza para que mi rostro se encontrara con la de él con una expresión de preocupación.
Y por fin lo pude ver bien, después de días de haber estado evitándolo, especialmente a sus miradas. Pude ver su cabello oscuro y desordenado, sus hermosos ojos, los cuales no se cómo me atrevía a eludir, sus labios, suaves y perfectos. En ese momento me pregunté como fui capaz de hacerlo, como fui capaz de rehuir a Seth de esa manera, me parecía algo absurdo, me sentí una completa entupida por haberlo hecho.
-Ya estás mejor- dijo sonriendo.
Su sonrisa hizo despertar unos cosquilleos en mi estómago y también la tentación de devolvérsela.
Le sonreí y nos miramos a los ojos hasta que el profesor nos llamó la atención por no prestar atención a su clase. Entre sonrisas y miradas disimuladas la clase se nos pasó a la velocidad de la luz.
Al terminar la clase Chanelle me esperaba en la puerta del aula.
-Hola señorita Sonrisa- dijo Chanelle bromeando al ver que salía con la más grande sonrisa que haya tenido en toda mi vida.
-Ah, hola- le dije tratando de ocultar mi sonrisa desviando mi mirada.
-Estás muy bien por lo que veo-
-Es solo que me fue excelente en la clase-
-Me alegro mucho- dijo sonriendo, sabía que no se lo había creído y que sospechaba que había una razón para toda esa felicidad pero no siguió con el interrogatorio.
-¿Y bueno, qué hay?- le dije para cambiar de tema.
-Blake ya terminó su clase, vamos a esperarlo en la puerta antes de que ELLA lo haga- dijo Chanelle poniendo énfasis en "ella".
-Bueno, bueno pero espera que tengo que atarme los pasadores de mi zapatilla- me agaché y mientras me ataba me di cuenta que había una gran mancha de sangre que traspasaba desde la herida que tenía en la pantorrilla hasta mi pantalón. Me alarmé, creía que ya había parado de sangrar.
Con un movimiento brusco me levanté.
-¿Cassie?- me preguntó Chanelle.
-Te...tengo que ir al baño- le grité mientras corría.
Al entrar me levanté lentamente la parte del pantalón donde tenía la herida, me ardía, seguía sangrando como si me lo hubieran hecho tan solo hace unos minutos. Las marcas de garras, de un rojo intenso, ocupaban la mayor parte de mi pantorrilla. Justo en ese momento se me pasó por la mente que debí de haberla cubierto con una venda. Decidí echarle un poco de agua, quizá así paraba de sangrar, me remangué las mangas de mi abrigo hasta el codo para no mojarme pero antes de tocar el agua Chanelle entró.
-¿Estás bien?, pensé que te podría ayudar y...- se quedó muda al ver la herida, su rostro se tornó pálido.
-Chanelle...- fue lo único que pude pronunciar.
