27.

De nuevo en la celda que antes ocupaban, Rick intenta consolar a su mujer: Evelyn está destrozada después de asistir al sacrificio de su hermano para devolver la vida a Imhotep y llora amargamente mientras su marido la abraza.

Mientras tanto Jessica se aparta a un rincón y se derrumba con la cabeza entre las manos, intentando no oír el llanto de Evy: Se siente la única responsable de la pesadilla que están viviendo todos y también de la muerte de Jonathan... ¡Ella les metió en esto!

Ardeth intenta hablar con ella sin éxito: Permanece en un doloroso silencio.

La mira con preocupación, mientras le pone el brazo por los hombros a modo de apoyo. Sabe lo difícil que está resultando todo para ella y desearía poder convencerla de que nadie puede evitar que se cumpla el destino... ¡Sea el que sea!

En ese momento se abre la puerta de la celda. Entran, rodeados de guardias armados, Baal-Seti y su señor Imhotep.

Ardeth se levanta y avanza hacia ellos, mientras Rick se pone en pie ante su mujer para protegerla. Jessica permanece acurrucada y apenas mira la escena, como si no pasase nada o ella no estuviese allí.

-¡Maldito!...- Murmura O´Connell.- ¿Qué quieres de nosotros?...- Espeta dirigiéndose a Imhotep. Este le dirige una breve mirada de asco y desprecio antes de centrar su atención en Evelyn, que se encoge cuando oye que se dirige a ella con voz profunda:

-Tú eres la que me liberó del Homp-Day… ¡Ven! ¡Acércate!...

Nadie hace ademán de moverse. Rick estrecha los ojos mientras retrocede hacia Evelyn. Baal ordena a los guardias que traigan a la mujer. Entonces sé desencadena una pequeña trifulca cuando Rick se enfrenta a ellos. Se pone a dar golpes a diestro y siniestro y termina cogiendo una antorcha para mantenerles a raya. Ardeth Bay está a su lado en este breve enfrentamiento. Baal maldice a los guardias y les ordena amenazándoles que dejen a los prisioneros fuera de combate inmediatamente.

Es entonces cuando Imhotep se adelanta mirándoles y extiende la mano hacia ellos con ademán amenazador, a la par que murmura unas extrañas palabras. La antorcha parece arder completamente en la mano de Rick que debe soltarla para no quemarse. Los guardias aprovechan esta distracción y esta pérdida de su ventaja momentánea para rodear a los prisioneros y no sin dificultades, consiguen reducirlos.

-¡Noo!...- Grita Rick desde su incómoda postura inmovilizado en el suelo de piedra, cuando el propio Baal-Seti coge de las muñecas a Evelyn y la obliga a acercarse a Imhotep.

-Aquí la tenéis, Amo... - Murmura empujándola hacia él. La aterrorizada Evy está a punto de tropezar. Queda sóla frente el temible Imhotep. Este se acerca a ella y le agarra la barbilla con fuerza mientras mira sus ojos, como si leyera dentro de ellos...

Nadie se ha fijado en Jessica cuando esta se acerca sigilosamente a un guardia y le arrebata la espada con un rápido empellón.

-¡Déjala, Sucio Bastardo!...- Grita saltando hacia Imhotep con el arma en la mano. Ambos caen rodando al frío suelo ante la mirada aterrada de Evelyn. Baal-Seti ordena rápidamente que ayuden a su señor, pero este grita que le dejen sólo. Varias vueltas y forcejeos terminan con Imhotep sobre ella y sujetándole los brazos contra el suelo. Ella hace un gesto dolorido.

-¡¡Sueltamé!!- Grita con nerviosismo, intentando zafarse sin conseguirlo. Imhotep la mira a los ojos y ella siente escalofríos: Intenta apartar la mirada pero no es capaz. El antiguo sacerdote murmura unas palabras. Jessica nota que deja de sentir el tacto de la mano que sujeta la espada y el frío metal del arma araña el suelo cuando cae. Ella ahoga un gemido de dolor y siente que los ojos se le nublan.

-¡JESSICA!- Rick y Ardeth gritan su nombre al unioso, pero a pesar de sus esfuerzos no consiguen soltarse para ayudarla. Evelyn es incapaz de moverse y además, Baal permanece ante ella dispuesto a impedirla que escape. Imhotep se levanta, arrastrando a Jessica contra la pared. Aún la mantiene fuertemente sujeta. Sonríe levemente mientras dice:

-Tienes un fuego que sólo he visto en Ank-Su Namun...

Ella intenta tragar saliva. Imhotep la contempla unos momentos antes de seguir hablando.

-¡Tú serás mi reina!

Tras decir esto, la suelta y ella se derrumba a sus pies como si no tuviese fuerzas suficientes para mantenerse en pie. Él la mira brevemente antes de volverse hacia Baal.

-Preparadla para esta noche - Ordena.

-¡Noo!...- Grita Ardeth consiguiendo liberarse. Pero apenas ha dado un paso cuando logran derribarle y vuelve a estar inmovilizado. Forcejea con desesperación mientras grita hacia Imhotep.-¡Dejalá a ella, Sacerdote maldito!...

Baal-Seti coge una de las espadas y avanza hacia él para acabar con su vida, los dientes apretados con rabia y desprecio.

-¡Espera!- La orden de Imhotep le detiene a duras penas y se vuelve para protestar.

-Mi señor... Esta sucia rata desciende de aquellos que te sometieron a la maldición en tiempos del faraón. ¡Sólo por eso merece dejar de pisar el mismo suelo que tu pises!...

Imhotep le mira brevemente antes de negar con la cabeza. Después avanza hacia el Med-jai y se agacha hasta que sus rostros quedan a la misma altura. Señala hacia dónde está Jessica, mientras murmura fríamente:

- Ella me pertenece... Su vida es mía y esta noche su cuerpo también... .

Ardeth se retuerce mientras le maldice en su lengua.

-¡Matad a esa rata!- Ordena rabioso Baal señalándole. Rick intenta soltarse una vez más cuando ve cómo los guardias desenvainan sus armas y avanzan hacia Ardeth. Mientras, Imhotep le contempla casi con curiosidad.

Evelyn cierra los ojos desesperada: ¡No va a poder soportar otra pérdida después de la de su hermano!...

Jessica les grita que se detengan con un tono que hace a todos volverse a mirarla, tan sólo Imhotep le sigue dando la espalda: La Extranjera ha conseguido ponerse de pie y avanza hacia él. Imhotep sonríe fugazmente mientras ella sigue acercándose.

- Si respetas la vida de mis amigos haré lo que quieras. - Dice con voz tranquila al llegar junto al sacerdote.- Pero si les rozas siquiera un cabello... - Dirige una breve mirada a Baal- ¡No descansaré hasta devolverte al reino oscuro del que has salido!... Aunque yo tenga que irme allí contigo.

Entonces Imhotep se vuelve a medias para mirarla y asiente levemente antes de ordenar a Baal-Seti:

-¡Soltadles!... Llevadlos a una estancia más apropiada. Son nuestros invitados, tratadles como tales. Te prohibo que les hagas daño... ¡Responderás de ello con tu vida y con tu alma!.

Le dirige una breve mirada de advertencia y luego se vuelve hacia Jessica:

-¿Satisfecha?... Yo he cumplido mi parte del trato... ¡Espero que tu cumplas la tuya!.

Ella asiente con un profundo temblor que consigue dominar.

-¡Jessica no hagas tonterías!... –Grita Rick mientras se lo llevan. Evelyn grita su nombre cuando la arrastran tras él fuera de la celda. Ardeth Bay la contempla con dolor y rabia, mientras niega con la cabeza. Ella aparta el rostro, incapaz de sostener su mirada.

- Debo hacerlo... – Murmura cuando el Med-jai pasa junto a ella conducido por los guardias camino de la salida. El se resiste levemente, para que se detengan unos instantes y entonces la besa. Es un beso fugaz, desesperado y sin apenas duración. Le empujan para obligarle a seguir avanzando. Jessica ahoga un sollozo cuando llegan a sus oídos las palabras del Med-jai antes de salir de la celda.

-¡Por amor se cometen locuras!...

Baal-Seti le sigue con la mirada, una mirada repleta de odio y frío desprecio. ¡Ha estado cerca de deshacerse de esa rata!... Si esa zorra extranjera no hubiese convencido a Imhotep... Aprieta los dientes mientras murmura para sí una callada maldición contra la mujer. Después se dispone a salir de la celda, necesita pensar en algunas cosas...

Cuando saluda a Imhotep, este murmura en su oído:

-Recuerda...

Esa simple amenaza basta para que un molesto escalofrío recorra la espalda de Baal. Asiente con rigidez y luego sale al exterior de la ceda rápidamente. Tan sólo han quedado en la celda varios guardias, Imhotep y Jessica. Esta avanza hacia él algo vacilante.

-Ank-Su Namun murió. - Murmura él mirándola.- Tu serás Ka-nefér. ¿Te gusta?...

Ella asiente levemente, mientras Imhotep le coge la cintura con suavidad y la atrae hacia él.

-Ka -Nefér... La nueva reina de Egipto. - Murmura en su oído mientras le roza apenas el cuello con los labios. Después le besa en la boca y ella cierra los ojos y aprieta los puños con fuerza. El beso parece durar una eternidad. Cuando finalmente Imhotep se aparta, respira profundamente y sonríe casi con dulzura.

- Eres bella, mujer... y valiente. ¡Serás una magnífica reina para mí!

Jessica nota que se le forma un doloroso nudo en la garganta y que las lágrimas pugnan por salir... A duras penas, consigue controlarlas.

28.

(Sala ritual de la ciudad de Hamunaptra)

Baal-Seti ha ordenado que preparen el destrozado cuerpo de Jonathan para concluir con la ceremonia que ha sido realizada. Mientras varios sacerdotes se lo llevan, despide a los demás y se queda completamente solo en la sala ritual. Es entonces cuando se dirige al altar y abre el libro de los muertos. Algo no está funcionando como debiera... Pensó que Imhotep sería más fácil de controlar. Ahora la situación se le está escapando de las manos como si fuese arena del desierto...

-Anubis, señor de los muertos... - Murmura mientras acaricia la superficie del libro negro y cierra los ojos con fuerza.- ¿Cómo puedo llegar a mi objetivo... Imhotep ha estado muerto demasiado tiempo y ahora que vive, sólo eso le interesa... ¡Egipto no necesita reinas para levantarse!... ¡Tan sólo un faraón!

Mientras eleva sus plegarias al dios chacal de los Muertos, le parece oír murmullos a su alrededor...

29.

Le abren unas puertas y es invitada a pasar al interior de una lujosa estancia. Las puertas son cerradas tras ella. Jessica mira a su alrededor con una mezcla de duda y aprensión: Sin duda es la estancia de Imhotep...

Ha sido lavada, vestida y perfumada al modo del antiguo Egipto y le han trenzado el pelo con finos hilos de oro. Avanza unos pasos y luego permanece inmóvil en el centro de la estancia, a la espera de que venga el antiguo sacerdote.

-Ciertamente eres hermosa, extranjera... - Oye a su espalda. -Tanto como lo fue Ank-Su Namun. –Se gira para contemplar a Imhotep sentado en un trono dorado sumido en las sombras. El sacerdote se inclina hacia ella levemente y le iluminan las antorchas. Tiene un aspecto bastante impresionante, vistiendo una enjoyada túnica y con una corona sobre la cabeza. Sonríe levemente cuando se levanta y va hacia ella.

Empieza entonces lo que para Jessica es un doloroso juego: Imhotep camina a su alrededor contemplándola detenidamente y luego extiende las manos como si la tocase, pero sin llegar a hacerlo.

-¡Basta ya!- Grita ella presa del nerviosismo.- ¡Acaba de una vez!.

Las lágrimas comienzan a caerle por las mejillas mientras Imhotep la mira de frente. Su rostro es inescrutable.

-Hazlo de una vez... ¡Soy tuya como prometí!- Murmura ella encogiéndose. Imhotep se acerca y extiende las manos acariciándole la cara y el cuello. Ella tiembla levemente al notarlo, pero le sigue mirando y no trata de apartarse. Él coge su cara mientras dice:

-No eres mía... Haces esto por tus amigos.

Ella traga saliva y asiente, pero después dice:

-¿Pero qué importa porqué lo haga?... Aquí estoy, ¿no?

Imhotep sonríe levemente antes de soltarla. Después se quita la corona y la deja sobre el trono. También se deshace de la enjoyada túnica y queda vestido tan sólo con una sencilla falda de lino. Parece ser fuerte, está vivo a pesar de tener más de 3000 años... Jessica baja los ojos, pero vuelve a mirarle cuando nota que se le acerca y la coge por los hombros, de forma firme aunque suave. Él la obliga a acercarse hasta que sus cuerpos se rozan y entonces la besa. Jessica permanece totalmente inmóvil deseando que acabe todo, aunque sabe que lo peor está por venir...

Cuando se aparta un poco de ella, Imhotep la sigue sujetando.

-¿Piensas en el Med-jai cuando te beso?- Pregunta de pronto. Jessica le mira entre asustada y dolida: ¿Cómo responder a semejante pregunta? ¿Y por qué ha podido hacerla Imhotep?... Él continúa hablando.-¿Acaso pensarás en él también cuando te tome?... .

Mientras dice esto la acaricia lentamente: Los brazos, los hombros, luego el pecho y la cintura... Ella no puede evitar estremecerse. Imhotep lo nota mientras sonríe levemente y vuelve a besarla, esta vez en el cuello.

-Sin duda amas a ese hombre... - Le susurra él al oído antes de volver a besarla con lentitud. Ella siente su aliento cálido, su roce. Tiene deseos de gritar, de apartarle de ella... Pero a pesar de ello no lo hace. No puede hacerlo... Si Imhotep lo ordenase, Rick y su mujer, Ardeth... ¡Todos morirían!... Como Jonathan. ¡No puede permitirlo!

-Ahora... Ahora no importa a quién ame... - Balbucea con decisión, mirándole a los ojos.-Hicimos un trato, Imhotep... Tú cumpliste y yo también. .

Tras decir esto le besa indecisa, mientras sus manos se posan en el pecho de él. Imhotep parece levemente sorprendido por su cambio de actitud, pero no la detiene. Sus manos acarician el pelo de ella deshaciendo el complicado peinado.

-Ven. - Murmura.

La conduce al lecho, entre sedas colgadas. Ella vacila cuando lo ve, pero sigue adelante. Se tumban y él continúa besándola y acariciándola con suavidad. Ella cierra los ojos y piensa en Jonathan: Murió por su culpa. ¡No puede permitir que los demás también resulten dañados!... Si ella puede evitarlo... Entonces recuerda a Ardeth y siente un nudo en la garganta.

-¡No puedo!...- Gime mientras intenta apartar las manos de Imhotep. Él se aparta un poco para mirarla. Después sonríe fríamente:

-Tus amigos aún viven... - Murmura.

Ella asiente, pero continúa agarrando sus manos para apartarle.

-No puedo hacerlo... - Vuelve a decir sollozando.- Amo a otro hombre. Es a él al que pertenezco... ¡No a ti!.

Imhotep no dice nada pero parece levemente sorprendido. Ella continúa hablando.

-Amo a Ardeth Bay, como tu amaste a Ank-Su Namun.- Ante estas palabras Imhotep se estremece.- Ella fue obligada a covertirse en concubina del Faraón, un hombre al que no amaba... Fue apartada de ti, su verdadero amor y su desesperación, la de ambos, fue tan grande que os llevó a asesinar y morir... .

-¡Calla!...- Ordena Imhotep agarrando sus brazos con fuerza, pero ella no puede guardar silencio: Debe decir lo que siente, intentar que Imhotep lo vea y lo respete...

-¡No me obligues a renunciar a mi verdadero amor!... ¿Por qué quieres convertirme en reina de Egipto como fue Ank-Su Namun?... ¡No puedes obligarme a ser tuya como el Faraón tomaba a Ank-Su...

-¡Basta ya! ¡Cállate de una vez!...- Ordena él aferrándola de forma dolorosa y ella solloza intentando soltarse. Siente un nudo en la garganta al mirar los ojos dolidos de Imhotep: Seguramente sus palabras acaban de sentenciar a Rick, a Evelyn y a Ardeth... ¡Todos morirán y ella...!. -¡Maldita mujer!...- Se interrumpen sus angustiadas suposiciones cuando Imhotep se abalanza sobre ella y la besa con violencia. Ella usa todas sus fuerzas para apartarle, pero él es más fuerte y está furioso. La túnica de ella se desgarra en el forcejeo dejando su hombro al descubierto. Imhotep le hace daño al sujetarla fuertemente contra los almohadones y volver a besarla. Jessica llora con rabia mientras grita dolorida:

- ¡Hazlo de una vez, bestia maldita! Estas condenado... ¡pero no por amor!

Cierra los ojos sintiéndose morir y entonces... ¡Todo se detiene! Imhotep la suelta, se incorpora y permanece inmóvil junto a ella. Ella abre finalmente los ojos para mirarle, aún temerosa. El sacerdote permanece de rodillas, gimiendo como un niño y cubriéndose la cara con las manos.

-Yo amaba a Ank-Su Namun... La amaba tanto.- murmura entre sollozos.- Ella era mi vida... ¡Y me la arrebataron!

Jessica le contempla con duda, sintiendo que las lágrimas resbalan por su cara también. Él se agita y aprieta los dientes con fuerza, mientras sigue llorando con fuerza y murmura el nombre de su amada muerta. Cuando Jessica recupera el aliento -y aún con cierta reserva- se incorpora a medias y pasa un brazo por los hombros de Imhotep.

-Lo siento... - Murmura.

El sacerdote aparta las manos para mirarla. Tiene un aspecto bastante desvalido y desconsolado: Nada parecido a su primera aparición... Al fin y al cabo, Imhotep sólo es un hombre... Aunque sea un hombre maldito de más de 3000 años.

-Lo siento. - Vuelve a repetir Jessica mientras se arrodilla junto a él para abrazarle. Él suspira con fuerza mientras le rodea también con sus brazos y apoya la cabeza en su hombro.

-Yo también lo siento... - Murmura vacilante.

30.

Imhotep respira lenta y profundamente. Al fin se ha dormido. Jessica le abraza con suavidad, aún incapaz de creer que ese hombre que descansa apoyado sobre su pecho haya sido capaz de tantas muertes y tantas maldades.

Después de que Imhotep se derrumbase llorando desconsolado por la pérdida de su antiguo amor, Jessica le intentó apaciguar con palabras suaves, suplicándole que se calmase. Finalmente, lo consiguió y el hombre cayó en un profundo sopor. Ahora duerme apoyado en ella. Jessica permanece a su lado, vigilando su sueño para que conserve la calma e intente descansar. Puede sentir su respiración profunda y regular, el calor de su cuerpo relajado y los latidos acompasados de un corazón que ha permanecido condenado y maldito durante más de 3000 años... Los recuerdos de la noche de la despedida en el campamento de los Med-jais vuelven a ella y le parece oír la voz del viejo contando la historia de Imhotep y su amada a través del tiempo. Fue entonces cuando la besó Ardeth por primera vez. Siente que los ojos se le humedecen al pensar en el Med-jai y en lo que debe estar sufriendo por ella... ¡Pero debía hacerlo!: Para salvarle a él, a su hermano y a Evelyn... ¡Ojalá hubiese podido hacer algo también por Jonathan!

Se le forma un nudo en la garganta y se remueve ligeramente reprimiendo un sollozo. Debe tranquilizarse, no quiere despertar a Imhotep.

- Siento tu dolor, Ka-Nefér. - Oye que murmura él.

El sacerdote tiene los ojos abiertos y la mira de reojo, aún apoyado sobre ella y rodeando su cintura con los brazos. Jessica se pone en tensión sin poder evitarlo.

-Lamento haberte despertado. - Murmura incómoda.

Él guarda silencio y aún permanece abrazándola unos minutos, antes de apartarse levemente de ella para contemplarla con más detenimiento.

-Hacía más de 3000 años que no tocaba a una mujer... - Reconoce simplemente.- Había olvidado el suave roce de una piel o el dulce sabor de los besos...

Ella no se mueve.

-Dime. - Continúa diciendo él.-¿Puedo besarte otra vez?

Se inclina un poco sobre ella y Jessica puede sentir su cálido aliento en la cara. Asiente levemente pensando en sus amigos, en que debe salvarles... Imhotep le acaricia los brazos con suavidad antes de besarla lentamente. Después de unos segundos se separa de ella suspirando:

-Ese Med-jai tiene mucha suerte, Ka-Nefér...

-Mi nombre es Jessica. - Murmura ella sonriendo levemente.

-Jessica... - Concluye Imhotep asintiendo.

31.

Ante las puertas de la estancia de Imhotep, Baal-Seti se pasea con impaciencia... Son muchos los preparativos que realizar para la conquista de Egipto: ¡No hay tiempo que perder! Y mientras él piensa eso, su señor pasa la noche con una zorra extranjera... Pero, ¿por qué ella? ¡Habría apostado el libro de los muertos a que Imhotep elegiría a la otra mujer, como hizo antes! Pero una vez más, se le había ido todo de las manos e Imhotep se había encaprichado de la amante del Med-jai...

Baal sonríe para sus adentros... Bueno, ¡no ha sido tan mala elección después de todo! Está seguro de que esa rata descendiente del Faraón está sufriendo mil tormentos en su corazón en estos momentos, tan sólo de pensar que las manos de Imhotep acariciarían el cuerpo de su amada y que ese cuerpo, que antes había sido suyo, sería poseído por otro... Baal-Seti se lleva la mano a la cara, acariciando lentamente la fina cicatriz.

-Te pudrirás en mil infiernos, Med-jai... - Murmura sonriente.- Si hubiese planeado con más cuidado mi venganza, no habría salido mejor...

Se vuelve hacia las puertas y deja de sonreír: Pronto llegará el día y su señor debería empezar a prepararse para afrontar su destino... ¡El destino de ambos!

32.

Jessica se remueve entre sueños, mientras Imhotep la contempla. El sacerdote sonríe y extiende la mano para acariciar con delicadeza su mejilla. Suspira entre soñador y derrotado.

-Si tu no amases a nadie... - Murmura más para sí que para la dormida Jessica.-Ank-Su Namun... ¿Por qué te fuiste? Me siento tan sólo, tan cansado de buscar algo que no hallo... ¿Por qué volver a vivir si no te tengo a mi lado?... Ahora no hay maldiciones que cumplir. Nada me ata a esta tierra que está vacía sin ti... Vuelve a suspirar. Entonces se abre la puerta y entra en la estancia Baal-Seti. Viene él sólo y tras sus pasos las puertas vuelven a cerrarse. Queda de rodillas frente al lecho y baja los ojos, mientras murmura:

-Mi señor... El día ha llegado. ¡Cuándo el disco solar caiga sobre las dunas, serás coronado como nuevo Faraón!

Imhotep le mira frunciendo el ceño antes de murmurar a modo de advertencia:

-Aún queda tiempo para la noche de mi coronación, no te impacientes. Ahora... ¡Fuera! Mi reina aún duerme... ¡Sal de aquí antes de que perturbes su descanso!

Baal-Seti traga saliva y asiente a su pesar, mientras abandona la estancia con helado temor.

Mientras las puertas vuelven a cerrarse tras él, Jessica abre los ojos con lentitud y mira los de Imhotep. Él se inclina para besarla en la frente antes de murmurar:

-Bienvenida al mundo de los vivos, mi reina...

Jessica asiente, mientras se incorpora a medias y mira a su alrededor.

-Me pareció oír a alguien... - Empieza a decir con duda.

-Era Baal-Seti, mi sacerdote... Quiere que me prepare para ser el nuevo Faraón.

Imhotep guarda silencio al notar que ella se encoge.

-¡Es una locura! - Le dice. - ¡El mundo y Egipto ya no son lo que eran! Es absurdo lo que pretende Baal de devolverle su antiguo esplendor a un reino que murió hace siglos. El poder de Egipto ha desaparecido y Baal-Seti lo sabe... ¡Estoy segura de que quiere utilizarte para conseguir poder para sí mismo!

Jessica calla al ver la dureza de los ojos de Imhotep cuando este le replica:

-Egipto nunca debió caer de su trono de gloria... ¡Si hubiese tenido gobernantes fuertes, los dioses les habrían seguido apoyando para que dominasen el mundo!

-Es posible... - Ella asiente a su pesar, antes de seguir hablando. - Pero eso fue hace miles de años, cuando Egipto era aún un Imperio resplandeciente... ¡Mira las ruinas que nos rodean! ¡Nada queda en ellas de esos tiempos antiguos, salvo el polvo de los siglos!... - Hace un gesto casi implorante hacia Imhotep mientras concluye.- No es justo que quieras recuperarlo todo. ¿A cambio de qué?... ¿Del mundo actual? : ¡Mi mundo!...

- ¿Tu mundo es acaso mejor que el mío?... - Murmura Imhotep bajando los ojos pensativo- ¿Acaso ya no hay guerras, ni hambre?...- Ella niega a su pesar. Imhotep sigue hablando mientras se pone de pie.- ¿Entonces por qué no quieres reconocer que ese imperio que desprecias fue el más brillante que existió sobre la tierra?... ¡Y ahora, gracias a los dioses, Egipto resurgirá de ese polvo de los siglos y volverá a dominar el mundo!

Se agacha lentamente para coger la corona y la sostiene entre sus manos, mirándola fijamente.

- El Faraón... - Murmura poniéndola sobre su cabeza. Y después se vuelve hacia Jessica y le tiende la mano abierta.- Y su Reina...

Jessica le mira, casi implorando que no tome esa decisión. Pero él no vacila mientras aún le tiende la mano. Entonces ella baja los ojos y aparta la mirada hacia otro lado. Imhotep traga saliva mientras aparta la mano lentamente y murmura dolorido:

- Ambos hemos tomado nuestra decisión... Me has rechazado por segunda vez.

Su voz tiembla ligeramente y tiene los ojos brillantes. Jessica le mira de reojo mientras siente un renovado temor a lo que le pasará a ella y a los otros, por haberse decantado por esa decisión. Imhotep le da la espalda mientras dice:

-Sea lo que hemos decidido ambos... ¡Si no eres mi reina, no debes permanecer a mi lado! Tú y tus amigos seréis conducidos al desierto y abandonados allí. Si sobrevivís será gracias a los dioses. Y si morís, también será por su voluntad. Yo seguiré cumpliendo la promesa que te hice...

Imhotep guarda silencio. Ella se pone en pié lentamente sintiendo una enorme alegría. Avanza hacia él y le llama. Cuando el sacerdote se vuelve para mirarla, las lágrimas corren por su dolorido rostro. Ella siente un nudo en el estómago y le rodea con los brazos. Después se sorprende a sí misma cuando, como en un sueño, se inclina para besarle en los labios. Imhotep, aunque también confundido, responde a sus labios mientras la abraza con suavidad. Cuando el beso termina, ambos se miran a los ojos.

-Gracias... - Murmura ella.

Él asiente, sujetándola aún como si desease prolongar la despedida.

-Yo...- Dice sin dejar de mirarla.- Ruego a los dioses que sobreviváis...


Espero que estéis disfrutando con la historia, aunque me imagino que no esperaríais que se fuese desarrollando así...
Aún quedan algunas sorpresas. ¡Continuad atentos!

Por cierto, gracias por tus comentarios Valdemar... Como decía aún quedan muchas aventuras hasta el final (como has visto, no todas buenas para nuestros heroes)
Pero sigue leyendo y me vas diciendo qué te parece. ¡Si cuando llegues al final no te ha gustado me das un tirón de orejas!

Un saludo a Ginevre: Me encanta volver a leer todo esto. Casi lo había olvidado, pero gracias a tí, lo he recuperado.

Una vez más: ¡Gracias a todos los que me están leyendo!

Espero que os esté gustando a todos.

Cirze