POV Hermione

Por mucho que Winry chasqueó los dedos, no hubo manera de que ni Malfoy ni yo consiguiéramos atravesarla. La tercera vez que Malfoy acabó de nuevo impulsado hasta el fondo de aquella estancia, les pedí por favor que dejaran de intentarlo. Me apoyé sobre unos papeles amontonados en uno de los laterales mientras examinaba las diminutas ventanas de la parte superior, la única fuente de luz de aquella estancia. Por mucho que lo intenté, no se movieron lo más mínimo. Sólo cuando me bajé de aquel montón y me restregué las manos sobre los vaqueros, caí en la cuenta de que las tenía llenas de tinta.

- Esto es, ¿El Profeta? -Dije mientras elevaba uno de aquellos papeles para que le diera la luz.

- No puede ser, ¿estamos en las oficinas del diario El Profeta? -Preguntó Malfoy en voz alta. Entonces, ¿puede ser qué?

- La perdición del ladrón - dije captando al instante lo que quería decir-. Tiene sentido, bloquea cualquier tipo de encantamiento. Incluyendo los de apertura.

- Genial. Ahora sí que no tengo ninguna esperanza de que salgamos de aquí -me respondió con una marcada ironía-. Abordemos nuestros problemas de uno en uno. Winry, ¿te ha visto alguien?

Pude ver como la pobre se giraba sorprendida ante tanta familiaridad, sin duda yo también hubiera esperado un "eh tu" o algo parecido. Le hice un gesto para que contestara también con normalidad y en su favor diría que lo intentó:

- ¡No señorito! O al menos eso cree Winry -dijo con un tono mucho más agudo del que solía usar.

- Bien, pues aprovecha que todavía está inconsciente y llévalo al Caldero Chorreante. No sería la primera vez que despierta en una de las habitaciones. Entra por la parte de atrás sin hablar con nadie. Y elimina cualquier recuerdo de nuestra conversación si no quieres que Hermione tenga que revelar que es una Rossier antes de que acabe el día. Mientras tanto nosotros sólo tenemos que…

- Tan sólo tenemos que conseguir salir de aquí -dije sabiendo que eso sería mucho más difícil de todo lo que tenía que hacer Winry-. Me preocupa dejarla sola.

- No pasará nada, la gente rara vez se fija en los elfos domésticos que pasan por su lado.

Me rendí ante la evidencia de que no disponíamos de más opciones.

- Tú solo ten cuidado y procura que nadie te vea -dije por fin, mostrando mi conformidad con aquella locura de plan.

- Si señorita, Winry hará todo lo posible.

Al instante siguiente estaba chasqueando los dedos desapareciendo junto con Zabini de ese Callejón.

- Bueno un problema menos -dijo mientras se tocaba ligeramente el hombro mientras miraba hacia la puerta que daba al interior de aquel edificio.

Solo le había visto hacer ese gesto cuando estaba preocupado por algo. Avancé casi a tientas inspeccionando la habitación pero aparte de unos poco baúles cerrados y unas pilas de papeles no di con nada más que pudiera servirnos de ayuda. Cuando me giré el seguía en el mismo lugar donde le había dejado, mirando al mismo punto de la puerta.

- ¿Tienes alguna otra idea? ¿Un plan tal vez?

- Si, algo así como un plan. Pero no va a gustarte -dijo por fin.

Antes de que pudiera preguntar más al respecto, el pomo de la puerta se giró y apareció hombre alumbrándonos con el Lumos de su varita.

- Bueno, bueno, ¿qué tenemos aquí? ¿Dos pequeños ratoncitos que han entrado donde no debían?

Aquella forma de referirse a nosotros hizo que aquel hombre me resultara desagradable al momento y cuando sonrió con autosuficiencia mostrando unos dientes amarillos terminé de formarme una opinión sobre él. Se me asemejó de inmediato a Filch, el conserje de Hogwarts, cuando descubría a algún alumno saltándose las normas y podía ejercer algo de su diminuto poder contra ellos. Sin duda no parecía el tipo de persona con el que se pudiera mantener una conversación razonable.

- El conserje imagino - dijo Malfoy. Al menos en eso parecíamos compartir opinión.

- Ayudante de la redacción -le corrigió el hombre.

- Por supuesto -le respondió Malfoy.

El hombre no se inmutó, es más, se estiró ligeramente para lucir su uniforme y diminuta placa con orgullo. Tardé unos segundos en entender que solo yo había notado la marcada ironía con la que Malfoy había hablado.

- Y bien, ¿qué hacéis aquí? Os lo advierto, entrar en las Oficinas de El Profeta no está extenso de castigo y de una lechuza a vuestros progenitores.

- Le aseguro que no hay ninguna necesidad de algo como eso -respondió Malfoy tensándose ante la mención a su padre y por un momento me pregunté como sería la relación que mantenían.

Desde fuera Lucius Malfoy parecía ser alguien distante e intimidarte, y por lo poco que había visto, trataba a su hijo de la misma forma en presencia de otros. ¿Cambiaría algo en la intimidad de su hogar? Por su bien, esperaba que sí.

- Sobre todo cuando venimos a propósito a ver a alguien.

- ¿A quién si puede saberse?

La pregunta la efectuó aquel hombre, pero podría perfectamente haberla hecho yo.

- A Rita Skeeter.

Apreté los puños nada más escuchar el nombre de aquella despreciable mujer que usaba a quien fuese y como fuese para escribir sus artículos sensacionalistas haciéndole un flaco favor a la profesión de periodista. Además, todavía no había olvidado todo lo que su estúpido artículo había ocasionado ni las palabras que me había dirigido en el mismo y al final hablé sin poder contenerme:

- ¿Será una broma, verdad?

- No es ninguna broma -respondió Malfoy antes de girarse a mirarme-. Ya te dije que no iba a gustarte.

- Os advierto chavales, qué como se trate de alguna clase de jugarreta lo pagaréis muy caro.

Malfoy le ignoró e hizo un amago de acercarse. De forma casi instintiva di un paso hacía atrás, poniendo todavía más distancia entre nosotros. Casi podía volver a oír sus palabras "los problemas de uno en uno" cuando le vi volver a girarse para enfrentar, o más bien amenazar a aquel hombre.

- Ahora haga el favor de llamar a la señora Skeeter. ¿O quieres ser el responsable de qué pierda una exclusiva?

Eso último pareció surtir suficiente efecto para hacerle reaccionar. Mientras tanto yo me debatía entre volver a hablar, o guardarme todas mis opiniones hasta que ese hombre se marchase de allí.

- Es domingo, la señora Skeeter no se encuentra en la redacción. Debo mandarle una lechuza y…

- Esperaremos -le cortó Malfoy-. Y ahora, haga el favor de alumbrar esta condenada habitación.

- ¿Es que acaso piensan esperar aquí?

- ¿No cree que si no nos preocupara qué nos descubrieran hablando con Skeeter no habríamos entrado por la puerta principal?

Sin duda confundido por el giro que habían dado los acontecimientos, el hombre masculló unas palabras antes de lanzar un Lumos a los candelabros de aquella habitación. Justo antes de ir a cerrar la puerta se giró y preguntó en un tono mucho más suave del que había utilizado antes:

- ¿Quieren ustedes tomar algo mientras esperan?

Eso terminó con toda la paciencia que había acumulado hasta ese momento.

- Oh por favor, márchese de una vez -le espeté.

La puerta se cerró, y los tablones de madera hicieron un poco más de ruido hasta que se alejó definitivamente. La luz de los candelabros aunque estable, no contribuía a iluminar del todo la estancia, aunque si permitía ver con claridad toda la suciedad del suelo y la humedad de las paredes.

- ¿Este era tu plan? ¿Ofrecerle mi historia en bandeja a esa arpía? ¿Tengo que recordarte qué hace tan sólo unas semanas me describió como una "simplona ambiciosa"? Aunque le contase toda la verdad, ella se encargaría de difamarla.

- Estoy de acuerdo en que esa mujer es odiosa, pero dado que tanto ella como su pluma por ahora parecen imparables, puede que la forma de derrotarla pase por empezar a utilizarla a nuestro favor.

Era un punto de vista lógico, algo con lo que hubiera podido coincidir en algún otro momento, otro lugar, con otras personas implicadas.

- No pienso dejar que ella escriba sobre los Rossier -sentencié.

- Tarde y temprano lo hará. Y estaría bien que pudieras controlar lo que fuera a decir, o al menos el tono.

- Una disculpa a estas alturas no hará que escriba su artículo de forma menos despiadada.

- Cierto, pero no estaría mal dar algún que otro paso hacía el acercamiento. No he hecho llamar a Skeeter para que escriba sobre ti.

- Entonces, ¿de quién…?

La respuesta apareció clara en mi cabeza antes si quiera de terminar de hablar. Sentía mi corazón latiendo fuerte contra mi pecho mientras mis emociones se desperdigaban por todo el lugar, una a una. Como si alguien hubiera subido el volumen de mi vida y no pudiera oír ninguno de mis pensamientos.

- Vas a darle información sobre Harry.

- Sólo serán algunos chismes que ella pueda explotar en su artículo, nada más.

Sacudí la cabeza negando lo que estaba escuchando, nada de aquello se sentía correcto.

- Si conocieras a esa mujer sabrías que no nos dejará salir de aquí hasta quedar satisfecha -le reprendí-. Y eso no pasará hasta que la reputación de Harry quede por los suelos.

- Pues que así sea, no puede importarme menos su reputación.

- ¿Y cómo encajo yo en todo esto?

Aquella pregunta nos pilló por sorpresa a ambos, a él cuando la escuchó y a mi misma por haber sido capaz de planteársela en voz alta. Se quedó mirándome antes de contestar.

- Sólo tienes que apoyar mi versión, ya está. Con darle algunos datos sobre su comportamiento antes de la última prueba del Torneo será suficiente. Déjame hablar a mi.

Su posterior silencio me dolió, tanto que quise acercarme sólo para reprocharle que no me dijese lo que realmente pensaba. Pero al final el orgullo de ambos fue lo único que cargó todo lo restante de aquella habitación y le di la espalda sólo para revisar de forma distraída los papeles amontonados en aquel sótano. Para cuando hojeaba los ejemplares de El Profeta de finales de los años setenta ya tenía los dos completamente cubiertos de polvo. Al final todo aquel silencio me superó, y acabé retomando la discusión.

- Así que de eso se trata todo esto. De un ultimátum. Deberías saber que yo no acepto ultimátums, siempre hay una opción.

- En este caso no la hay. Ya te conté lo equivocados que estaban las amistades de mi padre con respecto a él. Es Potter o nosotros Hermione. Lo que significa que si le eliges a él, acabarás sola.

- ¿Me pides qué me quede y me convierta en una confidente de Skeeter? ¿Qué esté presente mientras veo como destrozas a Harry?

- No te he visto intentar marcharte después de mi palabra, sólo hurgar en una pila de periódicos viejos. ¿Por qué sigues aquí Hermione?

Esta vez fui yo la que optó por el silencio, mientras me giraba y empezaba a revisar las portadas de 1980 y 1981 sólo para encontrarme con titulares como "Milicent Bagnold , la recién nombrada Ministra de Magia, insta a sus autores a combatir contra los seguidores de El-que-no-debe-ser-nombrado hasta las últimas consecuencias" o "Los últimos acontecimientos de la Guerra Mágica, serias amenazas para la exposición" o "La guerra se recrudece: Listado de familias asesinadas". No pude leer nada más, puesto que Malfoy me quitó el siguiente ejemplar de las manos.

- Acudiste a mi, cansada de huir, desesperada por saber la verdad. ¿Tanto te cuesta creer mi versión qué tienes que rebuscar entre estos periódicos?

- ¡Lo que estoy buscando no tiene nada que ver contigo! -Le enfrenté mientras intentaba recuperar el ejemplar que sujetaba entre sus manos.

- Yo te ofrezco la fuerza que sólo la familia puede dar. Quédate y recuperaremos todo lo que te corresponde. O puedes irte y vivir una vida llena de soledad, sabiendo que nunca encajarás del todo. ¿De verdad crees qué tienes opción?

Cuando las puso detrás de la espalda, mis esfuerzos empezaron a ser inútiles. De nada valió que intentara rodearle, él simplemente bloqueó todos mis intentos con relativa facilidad. Hasta que con cada paso, con cada roce algo se fue revelando, al igual que en casa de los Granger. Pude ver como una parte de él soñaba con los antiguos días de gloria de los que siempre hablaba su padre, aunque lo único que sabía de sus acciones durante la Primera Guerra Mágica es que había torturado y matado como todos los demás. Y que nadie dentro de aquella familia fuese capaz de sentirse algo más que ligeramente culpable. Realmente creían que su punto de vista era el correcto. Debería haberme estremecido al averiguar todo aquello, pero con lo que realmente se me heló la sangre fue al ver el modo en que se había quedado mirándome. Se había quedado casi pegando con una de las paredes, sus manos había dejado de moverse para evitar que me hiciera con el periódico. Mi sentimiento de angustia sólo se acrecentó cuando caí que nuestros pensamientos siempre iban en ambas direcciones.

- ¿Qué has hecho?

No le contesté y en su lugar le arranqué el periódico de las manos. Él no me detuvo, lo más seguro porque supiera que era mejor no hacerlo aunque dada la expresión que se había instalado en mi cara no hacía falta ser un genio. Me preocupaba que, con apenas un contacto, pudiera averiguar tanto de mí. Aunque yo misma hubiera pensado en contárselo poniéndoselo todo en una ridícula nota que por suerte Zabini no había llegado a abrir. Aun así no podía evitar sentirme expuesta al saber que con el más mínimo roce él era capaz de percibir incluso las cosas que más me había esforzado en guardar. Le arranqué el periódico de las manos en un intento de recuperar algo de control sobre mi misma.

- Si me explicas lo que está pasando tal vez pueda ayudarte.

- Hace tres meses apenas me soportabas y ahora actúas como un hermano sobreprotector -le recriminé.

- No. Te aseguro que no es nada de eso -dijo con una expresión qué no supe descifrar.

Posiblemente lo hubiera conseguido si me hubiera fijado lo suficiente, pero no me sentía con fuerzas para indagar en nada.

- Tan sólo me comporto como alguien que se preocupa por ti. Pero tú, ¿puedes por favor dejar de obsesionarte cinco minutos con que voy a traicionarte y con lo qué vas a hacer cuando eso suceda? Te he dado muchas razones para confiar en mí, así que deja de rechazarme.

¿Por qué con él tenía que ser tan difícil? Casi era mejor cuando nada de lo relacionado con él me importaba tanto, cuando tenía tanto miedo y a la vez tantas ganas de confiar en él. Sopesé mi siguiente paso unos segundos mientras mis ojos se deslizaban en un sinfín de letras a las que no conseguía poner orden. Él mismo lo había dicho, no tenía muchas más opciones. Para variar, en lo referente a mi parecía acertar en todo y tenía razón, estaba cansada de intentar afrontar todo aquello sola. Aunque había algo que no había visto todavía, no había visto lo mucho que quería confiar en él y el miedo que me daba hacerlo. Aparté esas dudas de mi cabeza y en su lugar me senté en el borde de uno de los escalones polvorientos, donde daba mejor la luz y comencé a leer.

"Tristemente nos vemos en el deber de comunicar acerca de las últimas muertes acontecidas en el que ya es, el décimo año de esta Gran Guerra que nos sumerge en el terror y el caos:

- Edgar Bones, mujer e hijos

- Marlene McKinnon y familia

- Fabian y Gideon Prewett

- Dorcas Meadowes

- Benjy Fenwick "

- ¿De que me suenan los Prewett? -Preguntó sonando mucho más cerca de lo que me esperaba, lo suficiente para que por encima de la página de periódico podía ver sus zapatos.

- Están en el listado de los Sagrados Veintiocho. Y también forman parte del árbol familiar, aunque de una forma bastante lejana. Cedrella Black y Septimus Weasly, son los padres de Arthur Weasly, marido de Molly Weasly, de soltera Prewett.

- Dame un minuto para asumir que estoy emparentado con esa gente -dijo mientras se sentaba a mi lado adoptando una pose de lo más dramática.

En cualquier otro momento, me hubiera reído.

- Sirius tenía razón, todas las, todas nuestras familias están relacionadas de una forma u otra.

- ¿Por qué te interesa tanto que alguien de la familia de la comadreja falleciera durante la Primera Guerra Mágica?

En lugar de contestarle seguí leyendo.

"Sin embargo, la reciente retirada de las comunidades de gigantes ha supuesto una victoria para el Ministerio y reducido el escenario de la actual batalla. Asimismo, la reciente persecución y detención de Antonin Dolohov, y las posterior eliminación de los fugitivos Wilkes y Evan Rossier confirma la teoría del recrudecimiento de esta guerra así cómo la aplicación del reciente decreto del Ministerio firmado por Bartemius Crouch Sr. que permite a los autores el uso de Maldiciones Imperdonables. El funcionario, A.W., esposo de la hermana de dos de los fallecidos, se ha negado a comparecer en este medio. Él que si lo ha hecho ha sido el jefe de la oficina de autores, A.M., que se recupera de las heridas después de una de las últimas operaciones llevadas a cabo por el Ministerio, afirma que este no cederá en su empeño de acabar con esta era de terror, pánico y confusión que nos acecha a todos.

Conforme terminaba de leer aquel artículo, la duda instalada en mi mente se convirtió en certeza, y una extraña sensación de calma al conocer por fin la verdad me invadió. Aun así, una parte de mí pensaba que me dolería menos leer aquellas palabras, pero eso de que el tiempo cura las heridas es mentira. El tiempo no hace que duela menos, el tiempo no cura una mierda. Tardé un poco en lograr volver a hablar.

- Sirius tenía razón, mi abuelo fue parte de la operación.

- ¿Qué estuviste hablando con ese hombre Hermione?

- Él fue el que me habló de cómo testificó Igor Karkarov en su juicio. Karkarov dio el nombre de mi abuelo, entre muchos otros, para evitar ser enviado a Azkaban de forma definitiva, afirmando que fueron ellos los que planearon y llevaron a cabo el asesinato de los Prewett. Al final todos ellos fueron capturados y encerrados de por vida en Azkaban por ello, o en el caso de mi abuelo, asesinado.

- No quiero tener que adivinarlo, así que dime ¿por qué es para ti tan importante todo esto?

- Porque una vez se revele que soy una Rossier, no podré mirar igual a la señora Weasly, ni a ninguno de ellos. Y mientras todo eso sucede, mientras todo el mundo ha sufrido por sus destinos entrelazados yo no puedo tan sólo observar. Al igual que desde que nos encontramos se que no puedo seguir dando pasos hacía un lado mientras guardo los secretos del otro.

- Sea lo que sea lo que has hecho puedes decírmelo. Últimamente no nos ha ido mal poniéndole remedio a las cosas.

- ¿Tú crees? Porque un hombre apuñalado y un compañero desmayado no augura un futuro muy halagüeño. Pero tranquilo, me he asegurado que esto no tenga remedio. Le pedí a Winry que me ayudara con ello y creo que ha funcionado bastante bien.

Él se quedó en silencio esperando a que continuara.

- Desde que empezamos a investigar todo eso, he sentido como mi mundo se estaba moviendo demasiado rápido, aunque no me importaba. No siento haber descubierto la verdad acerca de mi familia, así cómo no siento que haberte conocido me haya obligado a cuestionármelo todo. Pero si se que sentiría si por mis acciones, aquellos que considero mis amigos se vieran expuestos al peligro. Especialmente Harry.

En ese momento en el que empezaba a sentirme liberada al contarle lo sucedido no me importaba que mis muros estuviesen bajos y mis pensamientos expuestos y a él tampoco parecía importarle. Como si entre ambos hubiésemos logrado construir un puente y pudiésemos cruzar de un lado a otro, confiando en que ambos lo mantuviéramos en pie.

- Pero a la vez no puedo dejar de dar pasos para saber más acerca de mi familia, y con ello no me refiero sólo a ti y a los Malfoy, si no también hacía los Rossier. Y no soy tan tonta como para pensar que no me encontraré con gente que tenga interés en Harry en el camino.

- Nunca he pensado que fueras tonta.

- ¿Y una cobarde? Porque después de lo que he hecho yo me siento así. He eliminado todo lo que sé de Harry con una Poción Desmemorizante. No porque tema que alguien me pregunte por su comida favorita o su rutina de mañanas, si no porque así nadie podrá intentar adivinar sus debilidades a través de mí.

Él tardó en responder, mientras a mí me había invadido una fría calma. Como si alguien por fin hubiese activado un freno en un tren que estaba a punto de descarrilar. Notaba mis manos tensas y cuando bajé la vista me di cuenta que en algún momento de aquel relato le había cogido de la mano, hice un amago de soltarme pero él no me dejó y cuando por fin me contestó, estaba más serio de lo normal.

- Lo siento muchísimo.

No era la respuesta que esperaba escuchar.

- ¿Sobre qué? Desde luego no lo sientes acerca de Harry. Yo soy la única que se ha preocupado por él, y la única que ha querido proteger sus secretos. Y ahora ni siquiera podré echarle de menos porque no recuerdo nada de lo que compartimos.

En los últimos tiempos me había lamentado más por personas y sucesos del pasado que por lo que me rodeaba en el día a día. En muchos casos por personas que no había conocido y acontecimientos que no había vivido, o para esto último, por todo aquello que sería incapaz de recordar. No estaba siendo un camino fácil, pero sabía que no me quedaría satisfecha hasta que consiguiese completar toda la historia que había rodeado a mi familia, y encontrar lo que quedaba de ella, si es que quedaba algo aparte de Winry y yo misma.

- Tienes razón. Yo nunca he conocido al amigo por el que te lamentas, sólo a alguien que me aborrece y créeme cuando te digo que el sentimiento es mutuo. Desde mi punto de vista siempre ha sido alguien al que se le han concedido demasiados privilegios y atenciones sin merecerlo, sólo porque una estúpida maldición rebotara en vez de darle de lleno.

- Si fuese capaz de recordar algo imagino que tendría una buena respuesta para eso.

- Lo más probable es que sí, siempre has sido una de sus grandes defensoras. No eres la mala aquí y lo sabes y aun así te sientes responsable y al final eres la única que sufre. Es injusto lo mires por donde lo mires.

- Puede ser. Pero aun así creo que de alguna forma se lo debía.

- ¿Qué pensabas qué iba a pasar? ¿Qué mi padre se iba a sentar delante tuya con pluma y pergamino a apuntar qué había desayuno Potter esa mañana?

Su comentario me hizo reír.

- No pero cuatro años darían para mucho. Y te permiten ver las fortalezas y debilidades de tus amigos. Y Harry ha pasado por mucho y ha salido siempre ileso.

- ¿Qué me cuentes todo esto significa qué por fin confías en mí?

Me vi privada de darle una respuesta cuando el ruido de unos tacones sobre el suelo de madera se coló en medio de nuestra conversación.

- Ya esta aquí -adivinó Malfoy mientras se levantaba soltando mi mano. Un hormigueo extraño se quedó entre mis dedos al hacerlo.

De inmediato volvió a extenderla aunque esta vez con el objetivo de ayudarme a levantarme. Sonreía mientras fingía tomarme mi tiempo para decidir si la cogía o no.

- Venga no querrás que esa arpía nos vea así.

- Bueno, sin duda le daríamos la exclusiva que tanto busca -le respondí cogiendo por fin su mano y abandonando ese polvoriento rincón.

Mientras yo me quitaba todo el polvo de encima, él se encargó de colocar con cuidado el periódico en su sitio justo a tiempo pues al instante siguiente Rita Skeeter, con su apariencia y pompa extravagantes entraron en la habitación.

- Bueno, bueno, bueno, ¿pero qué tenemos aquí? ¿Dos pequeños polluelos en busca de atención?

Las comparaciones de ambos con pequeños animales parecían estar de moda en ese periódico.

- Rita Skeeter, imagino. Draco Lucius Malfoy, un placer -le dijo mientras extendía la mano.

Mientras tanto yo les miré con los brazos cruzados desde una de las esquinas.

- Que cuco -respondió ella mientras le rozaba la cara con su pluma.

Yo también sentí el roce y no me gustó nada.

- Quiero hacer constar qué levantarme y arreglarme para este encuentro en domingo ha supuesto un gran esfuerzo. Pero si con ello consigo saciar las ansias de cotilleo de mis queridos lectores habrá valido la pena. ¿Y vosotros? Hace un día demasiado soleado como desperdiciarlo en este sucio y polvoriento sótano. ¿Habéis elegido la puerta equivocada tal vez?

Noté cómo los hombros de Malfoy se tensaban un poco, sin duda estaba pensando en la mejor forma de convencer a Skeeter de que estábamos allí con el único propósito de verla, en lugar de intentar usarla para salir del lío que nos había llevado a cruzar aquella condenada puerta.

- ¿Puedes dejar de tratarnos como si fuéramos unos idiotas qué se han quedado aquí atrapados, Rita? -Le espeté usando su nombre de pila a propósito-. Se qué para ti puede ser difícil pero te animo a que hagas un esfuerzo.

Dejar caer toda la frustración del día sobre la figura de Rita Skeeter resultó más reconfortante de lo que había imaginado. Y además, funcionó.

- La pequeña señorita perfecta ya estaba tardando en hablar. Esta bien, vayamos directos al punto principal. ¿Qué tenéis qué ofrecerme a mí y a mi columna? ¿Una relación oculta entre un sangre pura y una sangre impura, tal vez?

Pude ver como su Vuelapluma se posaba ávida sobre el papel decidida a desplegar su veneno con cada palabra que pronunciáramos.

- No podrías estar más desacertada -le respondió Malfoy-. La única razón por la que hemos coincidido aquí es por que tenemos qué denunciar algo en común. El favoritismo del que está gozando Potter en este Torneo.

- Admiro tu iniciativa muchacho. Pero antes de que empieces a hablar, mis lectores y yo nos morimos por saber cómo la persona favorita de Harry ha acabado en esta misma habitación para denunciar esto que me comentas. ¿Y bien? ¿Algún mazazo emocional qué quieras compartir querida?

- Deja las emociones fuera de esto Rita. Una injusticia es una injusticia, aunque esté beneficiando a un amigo. Y Harry está recibiendo ayudas desde que comenzó el Torneo, ayudas para suplir la evidente desventaja de la que partía.

Parecía que aquella declaración le había impactado lo suficiente para sentarse encima de uno de los baúles, mientras aquella pluma de tonos verde ácidos no paraba de escribir y revolotear.

- Os escucho.

Miré brevemente a Malfoy, antes de sentarme en otro de los baúles y simplemente le dejé hablar acerca de cómo todos los campeones habían conocido de antemano que la primera prueba consistiría en enfrentarse a un dragón. Había sido un secreto a voces, pero lo que se encargó Malfoy de adornar de forma convincente, es que Rubeus Hagrid, como guardián de los Terrenos de Hogwarts y profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas, habría sido el primero en enterarse y de contarle a Harry en que consistía la prueba. Además, le contó su propia experiencia cuándo había insultado a Potter diciéndole que no duraría ni cinco minutos en el Torneo, y el profesor Moody le había convertido en un hurón. Aunque intentara disimular el tono de su voz, no lo recordaba como una experiencia agradable.

- Entonces, digamos que toda su actuación en el Torneo no es porque tenga un terco deseo de muerte sino una patológica necesidad de atención. Aun así todo lo que contáis son historias del pasado, y no puedo volver a escribir un artículo similar al del "Rubeus Hagrid: El gigantesco error de Dumbledore".

- Si bueno, creo que un artículo asqueroso tuvimos más que suficiente -le respondí cortante.

No podía perdonarle el horrible artículo que había escrito acerca de Hagrid, diciendo que usaba su tamaño y su autoridad para intimidar al resto de alumnos. Eso había derivado en que muchos le tuvieran miedo e hicieran comentarios ofensivos a sus espaldas y había anulado toda la confianza que tenía Hagrid como profesor.

- Está más que demostrado que los gigantes son agresivos y violentos por naturaleza. Y los testimonios que recabé de los alumnos no hicieron más que confirmarlo, entre ellos el de este señorito de aquí.

- ¿Ahora no me dirás que traer un Hipogrifo a clase fue una idea brillante? -Me desafió Malfoy.

No me arriesgué a quedarme mirándole más de la cuenta para saber si estaba hablando en serio o todo era parte de la actuación. Fuera una cosa o la otra no iba a quedarme callada.

- Estoy de acuerdo en que dejar a Buckbeak suelto durante una clase fue descuidado, pero Hagrid si que nos advirtió de lo orgullosos que eran los Hipogrifos y de lo peligroso que era ofenderles.

- Oh vamos, su advertencia tuvo el mismo efecto que cuando la señora Hook nos avisaba que no debías despegar los pies del suelo en nuestra primera clase en escoba, o cuando el profesor Flitwick nos decía que tuviésemos cuidado de no meternos la punta de la varita en el ojo. ¿Quién iba a hacerle caso?

- Tú no desde luego -le recriminé.

- Exacto. Si hubiese dicho algo así cómo "podéis recibir un zarpazo que os desgarrará el brazo si os acercáis demasiado" habría tenido más cuidado.

- Aun así, te comportaste como un chulo y un arrogante.

- Totalmente de acuerdo. Pero en mi defensa diré que pensaba que era una simple gallina deforme. Obviamente cuando me vi en el suelo con el brazo en carne viva después del zarpazo créeme que fui muy consciente de que le había subestimado. Y mientras ese idiota sólo me decía que era un simple rasguño. ¡Lo sería para él! No fue hasta que alguien le gritó que me llevó hasta la Enfermería.

- Lo se, fui yo.

Su reacción me desconcertó por un momento. ¿No sabía que había sido yo la que había gritado? Despejé esa línea de pensamiento consciente de que Skeeter nos estaba observando satisfecha por haber conseguido enfrentarnos y decidí ponerle fin a esa conversación.

- Lo de Hagrid carece de importancia. ¿Quieres escribir un reportaje de actualidad? Pues escribe acerca de cómo es posible que Harry llevé practicando una lista de hechizos redactada por el propio Moody desde antes de estas vacaciones. Sin duda, él sabe en qué consistirá la Tercera Prueba y le ha dado un listado completo de todo lo que podría serle útil.

La velocidad a la que escribía la Vuelapluma aumentó conforme terminé de pronunciar aquellas palabras.

- Eso sí que es un argumento para un artículo -me respondió Skeeter mientras se ajustaba las gafas y observaba satisfecha las anotaciones de la libreta-. Quién iba a decir que la pequeña señorita perfecta tendría talento para oler una noticia. ¿Has pensado en dedicarte al periodismo?

- No gracias -le respondí cruzándome de brazos-. Planeo hacer algo útil con mi vida.

Se quedó mirándome unos instantes esbozando una sonrisa burlona antes de concentrarse de nuevo en revisar todas las anotaciones que había tomado Vuelapluma.

- Intuyo que tiene suficiente con todo esto -le presionó Malfoy.

- Bueno, al igual que sucede en pociones, este artículo requiere de una compleja elaboración. Pero si tengo los ingredientes principales. ¿Aunque de dónde puede venir ese empeño en ayudar tanto a Potter? Tal vez su paranoia haya aumentado hasta tal punto que crea que debe proteger a Potter de toda amenaza inminente. Ese hombre que dejó a una pobre bruja en San Mungo sólo por intentar hacerle una broma de Halloween. No sé como Dumbledore pudo pensar que era buena idea contratarle como Profesor.

- ¿Qué quiere decir con eso? -Le preguntó Malfoy.

- Me sorprende que me lo preguntes muchacho, puesto que tu Padre estuvo presente en los juicios. Yo me encargué de cubrirlos como redactora de El Profeta. Después de que Alastor Moody capturara a tantos Mortífagos empezó a recibir multitud de amenazas y a tener comportamientos de lo más extraños. Por los pasillos del Ministerio se rumoreaba que si le hablabas demasiado alto podías recibir un maleficio. Al final le otorgaron un retiro anticipado.

- ¿Está hablando del mismo loco qué nos mostró las Maldiciones Imperdonables en plena clase?

- ¿Ejecutó de los maleficios Imperdonables? ¿Cómo es qué a nadie se nos informó de este hecho?

- Posiblemente Dumbledore se encargó de taparlo -aventuró Malfoy.

- Como no -le secundó Skeeter-. Son amigos cercanos y lucharon juntos en muchas batallas durante la Primera Guerra Mágica.

Una corazonada me impulsó a seguir indagando al respecto.

- ¿Qué hizo exactamente el Profesor Moody durante aquella época?

- Encarceló a muchos de los más importantes mortífagos, como Karkarov, Dolohoh, Mulciber o Travers y acabó con muchos otros que no se entregaron como Wilkes o Rossier.

Contuve un estremecimiento. Quería preguntar si sabía lo que había sucedido pero no pude. Me sentía rota, como si estuviera rodeada por un vacío sin fin, entre la euforia por saber por fin la verdad y la tristeza al saber que mi pasado era algo escrito, algo que no podía cambiarse. Tristeza con la que parecía no ser capaz de luchar, puesto que era mucho más grande que yo. Malfoy se volvió a mirarme y me vi tentada a arrojarle todos los pensamientos que pasaban por mi cabeza, pero me contuve. No iba a derrumbarme delante de Skeeter.

- Gracias por la lección de historia. ¿Hemos terminado entonces? -Le preguntó Malfoy.

Fuera lo que fuera lo que le respondiera Skeeter, no llegué a escucharlo. Mi mente estaba muy lejos de allí. Al poco estaba saliendo por fin por la puerta y después de mirar a ambos lados de la calle, me encaminé hacía el principio del Callejón Diagon. Si hacía unas semanas me hubieran dicho que habría acabado en un sótano contribuyendo a uno de los artículos de Skeeter, me habría reído justo antes de negarlo. Pero había tomado mi decisión, y en lugar de continuar refugiada en mi pasado, había acabado abrazando un incierto futuro que venía acompañado de aliados todavía más inciertos. De todos modos, quisiera o no, mañana sería un nuevo día y tendría que volver a Hogwarts a enfrentarme a las consecuencias de todas aquellas decisiones. Antes sólo había blanco o negro, ahora sin embargo las fronteras se habían vuelto mucho más difusas y ahora me veía inmersa en un mar de distintas tonalidades de grises que se empeñaba en arrastrarme más y más.

POV Draco

Había visto el dolor de Hermione, todavía estaba presente cuando se había marchado, e incluso un ligero temblor en el labio cuando Skeeter había afirmado que Moody había asesinado a Evan Rossier, si tener ni idea de que se lo estaba comunicando a su propia nieta. En ese momento, quise mandar toda aquella patraña a la mierda y abrazarla, aun cuando se suponía que no debía, pero incluso yo sabía que hubiese sido un suicidio intentar ofrecerle una explicación sobre ello a Skeeter, y no podíamos correr el riesgo de tener que lanzarse otro hechizo desmemorizante. Así que en su lugar me había quedado a un lado, y no pude más que admirar que, a pesar de todo, Hermione mantuviera la compostura.

Desvié los ojos de la puerta sólo para encontrarme con la propia Skeeter observándome con lo que a todas luces podía definirse como, mirada de periodista mientras hacía sonar sus largas uñas sobra la madera del baúl en el que estaba sentada. Resultaba inquietante y desagradable a la vez. No sería una mujer muy inteligente pero su agudeza e influencia resultaban peligrosas. No en vano tenía una columna permanente en El Profeta que constituía una fuente inagotable de cotilleos que la nobleza leía con avidez los domingos por la mañana. Sin duda ella sería capaz de encabezar todos los sarcasmos y susurros punzantes.

- Mi olfato de periodista me dice que se está cociendo otra buena historia. ¿Algo que quieras declarar antes de que me siente en mi despacho?

Se había comportado de forma demasiado educada hablando, sin duda viendo desde fuera el espectáculo que habíamos interpretado Hermione y yo y esperando su momento para intervenir. Estaba seguro que ahora mismo tenía delante a la mujer que se había forjado un nombre y una fortuna a base de escándalos, muchos de ellos carentes de verdad, pero todos ellos igual de implacables.

- Puedes ir y hacer rodar tus bolas de mierda todo lo que quieras Rita. No llegarás a ninguna parte.

Le mantuve la mirada el tiempo suficiente para que supiera que las palabras que había elegido no eran casualidad, para que no le quedara duda de que conocía la verdad acerca de su condición. Cuando por fin habló lo hizo en un tono mucho más moderado.

- No es necesario que actuemos de forma precipitada, seguro que podemos encontrar un punto en él que ambos salgamos beneficiados.

- Eso mismo estaba pensando yo.

No tenía que gustarme esa mujer, pero si que la necesitaba para conseguir que Hermione obtuviera el respecto y aceptación que se merecía. No sólo por su título, si no por la increíble persona que estaba detrás, alguien que no se merecía el trato que la sociedad iba a darle.

- Se acabaron las menciones del estilo de "la perversa señorita Granger", "mujer fatal sin atractivo", sin olvidar la de "increíblemente bonita… novia de Harry"¿Entendido? Y ahora quiero qué me digas que tenías pensado escribir sobre ella. Depende de si me gusta, podrás o no publicarlo.

- ¿A qué viene tanto interés en Hermione Granger?

- Lo sabrás a su debido tiempo, pero tengo la intención de que su reputación quede sin una sola mancha de aquí al verano. ¿Y bien?

- Lo único que tengo es una conversación a medias en la que Krum le dice que "nunca se había sentido igual por otra chica" y le pide que le visite en Bulgaria durante el verano. Y seguirle hasta allí sólo ha constituido una pérdida de tiempo y de dinero, no he podido averiguar cuál ha sido su respuesta.

Aquellas palabras fueron como un golpe… Víktor Krum no tenía tanto serrín en la cabeza como yo creía y con su ridícula oferta le estaba dando una salida por si todo aquella búsqueda resultaba mal. Me molestaba que Hermione se hubiera guardado aquello en secreto y me molestaba todavía más que pudiera descartar todo lo que habíamos pasado así como así, que tuviera la capacidad de herirme.

Ella no podía irse, no ahora que por fin la había encontrado, ahora que por fin tenía a alguien que a todos los efectos consideraba una igual. Respondona, testaruda, rebelde… Alguien que parecía dispuesta a desafiar todo el destino que se había escrito para ella incluso antes de que naciera. Y el hecho de que, a pesar o gracias a todo aquello, desease pasar más y más tiempo con ella era tan innegable como inesperado. No, Hermione no se iría a pasar el verano a Bulgaria. Eso no sucedería, además ella no había vivido con él todo lo que había vivido conmigo. Además, fuésemos felices o infelices, nuestro lazo simplemente era simplemente irrompible. Ese pensamiento me tranquilizó un poco.

- Dejemos ese artículo en la reserva por ahora. Concéntrate en arruinar la reputación de Potter, preséntale como un peligro incluso, y asegúrate de dejar bien claro que ya no cuenta con el apoyo de Hermione. Escribe una serie de historias cortas antes del gran artículo si es necesario.

- Para esas historias necesitare más material. Mi columna no se escribe sola.

- Estaremos en contacto entonces.

Me giré con la intención de salir de allí, pero antes de cruzar la puerta me vi obligado a advertirle de una última cosa.

- Y Rita… -le dije usando el mismo tono despectivo que había usado antes Hermione-… No hables más con Pansy Parkinson, si no quieres que más personas se enteren de qué te gusta tanto pasearte con tus amigos los escarabajos. No se le da bien guardar secretos.

- Ya lo veo -respondió con una oscura ironía.

Salí por la puerta con la convicción de que había encontrado la persona capaz de encumbrarnos con sus publicaciones. Justo la mujer que necesitaba para que creyera nuestra versión. Fueran verdades o mentiras, sólo era necesario darle la suficiente voz para perpetuarlas. Me fijé en el reloj de una de las tiendas, las cinco de la tarde. Todavía podía llegar puntual a casa. A lo lejos, divisé a Hermione y después de asegurarme que no había demasiados espectadores di unos pasos y me acerqué. Ella se giró sorprendida, yo mantuve mi fría y dura fachada. Quería decirle algo por todo lo que me había dicho Skeeter, pero no confía lo suficiente en mi mismo para fingir que manteníamos una conversación civilizada mientras le echaba todo eso en cara. Ya habría otra ocasión. Respiré hondo, tratando de serenarme, hasta que por fin fui capaz de hablar.

- Digan lo que digan, después de lo de hoy ha quedado demostrado que eres uno de los nuestros. Una Rossier, pero también una Black. Incluso una Malfoy en cierto sentido. Nos vemos mañana.

No le di la oportunidad de contestar y me alejé en dirección al Caldero Chorreante. Cuando me aseguré de despertar a Blaise y que se fuera a casa achacando su estado a una borrachera que se había descontrolado, no tardé en atravesar las llamas verdes y salir por la chimenea del salón de la Mansión. No perdí el tiempo y fui directo a la Biblioteca a colocar en su sitio el pergamino que contenía el árbol genealógico de la familia Black. Me quedé contemplando el sitio dónde lo había dejado, intentando deshacerme de todas las emociones del día, aunque sabía que no era el lugar más adecuado para hacerlo. Mis temores se vieron confirmados cuando escuché la voz de mi madre a mis espaldas.

- Has tardado mucho, ¿ha ido todo bien?

Después de todo el día estaba demasiado cansado como para reprocharle que hiciera de madre.

- He tenido que encargarme de Blaise. Le encontré en muy mal estado y lleva todo el día durmiendo en una habitación del Caldero Chorreante.

- Por Merlín, ¿se encuentra bien?

- No debes preocuparte madre, solo han sido unas copas de más. No está llevando demasiado bien que su madre esté en busca de nuevo marido.

- Esta Regina, siempre igual -respondió con un tono de absoluto reproche-. Cuando tenía tu edad había encandilado a la mayoría de los chicos de la escuela, incluso tuvo una breve affaire con tu padre.

- No necesito conocer esos detalles madre. ¿Por cierto dónde esta?

- Le requieren por un asunto urgente en el Ministerio. Uno de las iniciativas que cuenta con su apoyo llega a su fase final antes de la votación y requieren de su asesoramiento. Estará unos días fuera.

- Ya veo. Ha llegado un paquete de una de las tiendas del Callejón Diagon, asegúrate de tener tu baúl preparado para mañana.

No alargamos mucho más aquella conversación, ni hablamos mucho más al día siguiente cuando me acompañó al andén Nueve y Tres Cuartos. Había llegado con demasiada antelación, apenas había unos pocos alumnos en el andén, aun así entré en el tren deseando disfrutar de un poco de tranquilidad antes de que el vagón de Slytherin se llenara. Avancé por el estrecho y desierto pasillo. Apenas fui consciente de cómo una de las puertas de uno de los compartimentos se abría y alguien chocaba conmigo con fuerza. Un aroma familiar me invadió y fue en ese momento cuando caí en la cuenta que Hermione me estaba abrazando. Podía sentir el acelerado ritmo de su respiración contra mi pecho, mientras intentaba contener las lágrimas. Miré a ambos lados y me metí con ella en el compartimento, ella no dejaba de abrazarme. Con un movimiento de varita corrí las cortinas para que nadie pudiera vernos desde fuera y me esforcé por ser considerado y dejarle algo de espacio para que se explicara.

Al final alzó la cabeza lentamente, las lágrimas ya habían empezado a caerle, y dijo:

- Winry ha desaparecido.


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