De visita al Madrid mágico

Por edwinguerrave

Copyright © J.K. Rowling, 1999-2008

El Copyright y la Marca Registrada del nombre y del personaje Harry Potter, de todos los demás nombres propios y personajes, así como de todos los símbolos y elementos relacionados, para su adaptación cinematográfica, son propiedad de Warner Bros, 2000

Este fic entra en el entorno de la llamada "Magia Venezuelensii", parte de la "Sorg-expansión" del "Potterverso", idea de Sorg-esp ("Magia Hispanii"), fortalecida y aumentada por Fiera Fierce, Cris Snape, Neevy Ambr Du, Graystone Griffinstilkin, Muselina, Gaheller, Nea Poulain, Victoire Black, Millie M, y muchos integrantes del Foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black" de ; los personajes que reconozcan de la "Magia Hispanii", "Magia Chilena" y "Magia Tripeira/Do Porto" pertenecen a sus respectivos creadores, a quienes agradezco la oportunidad de sumarlos a las aventuras de mis "Magos Venezuelensii", y a quienes espero hacer justicia.

A partir de la reedición del capítulo 2, este fic participa en el I Gran Desafío del Foro de las Expansiones.


Capítulo 7:

Un sábado totalmente mágico (1)

Madrid; sábado 15 de abril de 2.012, 7:55 a.m. local

Andreína se dio el lujo de despertarse tarde ese sábado, pues las actividades del Congreso Iberoamericano de Salud y Educación Física Universitaria habían terminado. Además, la venezolana se había ido a dormir agotada física y mentalmente, por las conversaciones con sus colegas y los espíritus que los acompañaban. Justo cuando abrió los ojos y dio un poderoso bostezo, sintió la presencia de Sara, sentada en la cama, viéndola y sonriéndose.

Buenos días, Andreína, ¿descansaste?

Mmmjj ―ronroneó, mientras se estiraba en la cama y se aseguraba de cubrirse bien, pues nuevamente había dormido desnuda―, buenos días; sí, estaba agotada, y no es que haya descansado mucho.

Sí, me imagino… ―Sara no pudo evitar sonreírse al ver como Andreína se cubría, y por bromear, le preguntó―: ¿Tienes frío? La mañana está fresca, pero no es para tanto.

Bueno, señora Sara ―respondió Andreína, sonrojándose completamente―, es que anoche, después de hablar con mi esposo y mis niños, estaba tan cansada que no me puse nada para acostarme a dormir.

¡Ah, jajajaja! ―Sara no pudo evitar reírse―, tranquila, yo espero que te vistas y me llames, ¿está bien?

Gracias, señora Sara, y disculpe, ya me da hasta pena con usted.

No te preocupes. Nos vemos al rato.

Cuando Sara salió de la habitación, Andreína se sentó en la cama, pensando en lo que pensaría por las diversas oportunidades en que la había pillado en esas condiciones. No era que se sintiera apenada por su cuerpo, que adoraba y por eso se esforzaba por cuidarlo, sino porque generalmente ocurría luego de hablar con Carlos Raúl, lo que le provocaba un enorme deseo de ser amada por su esposo, y la impulsaba a dormir tal como acostumbraba hacerlo con él.

Suspiró violentamente, se levantó y fue al baño a ducharse; luego, seleccionó un conjunto deportivo verde y blanco, con los logotipos de la Universidad de Carabobo y la Escuela de Educación, tanto de top y pantalón de cotton-lycra, como de mono deportivo (2), además de un conjunto de lencería acorde. Se vistió parsimoniosamente, y al verse al espejo, luego de anudarse los zapatos deportivos, recordó la madrugada en la cual se preparó para su "iniciación marialioncera"(3):

―Wow, ¿ya van cuánto? Casi diecisiete años. ¡Mi madre! ¿Quién lo hubiera dicho, que después de diecisiete años estaría comunicándome con espíritus españoles, argentinos y mexicanos?, ¿yo, que nunca había salido de Venezuela? Bueno, eso solo pasó por la bendición de Dios, la Reina y las Cortes.

Luego de persignarse, como usualmente hacía, bajó al restaurant del hotel y tomo un desayuno de frutas mixtas, para disponerse a pasear por buena parte de Madrid. A las afueras del hotel, Sara esperaba, mientras veía el ir y venir de los pocos transeúntes a esa hora por Hermosilla.

Hola, otra vez ―volvió a saludar, sonriendo.

Buenos días otra vez, señora Sara ―saludó Andreína, sonriendo también.

¿Hacia dónde quieres ir? Ya sé, podemos subir por el Paseo de la Castellana hasta donde nos alcancen las piernas y el tiempo para llegar al Teatro Real a las once.

Andreína no pudo evitar reírse. Sara la miró con cierta perplejidad, y cuando la venezolana se calmó, le dijo:

Disculpe, pero es que me causó gracia eso de "hasta donde nos alcancen las piernas", ¡si la única que voy a caminar soy yo!

No te creas, Andreína ―matizó Sara, sonriendo―, yo me canso nada más de verte cómo ejercitas.

Está bien, vamos.

Así, enfilaron hacia el Paseo la Castellana, y cruzaron a la derecha, tomando sentido norte, mientras Andreína trataba de recordar la ruta, pues era lo único que le aseguraría ubicarse. Sara notó esa preocupación y le dijo:

Tranquila, mujer, que no voy a hacer que te pierdas. Después, tomamos el 3M y en un pispás estamos en la puerta del Teatro Real, no te preocupes.

Andreína sonrió y se relajó, aprovechando para sacar su teléfono celular (aunque no le hubiese activado el servicio de "roaming") y tomar algunas fotos de la gran avenida por donde caminaba, e incluso algunas selfies o autofotos en ciertos lugares llamativos. Mientras caminaba, pasando la calle de Juan Bravo, recordó lo que había comentado Sara de "tomar el 3M", y comenzó a preguntarse cómo haría para reconocer el "metro mágico", pero prefirió dejarlo en "manos de Dios y la Reina".

Pasaron frente a la Escuela Técnica de Ingenieros Industriales y siguieron, sin angustiarse por el tiempo o el cansancio en el caso de Andreína, pues iba disfrutando del paseo, detallando las diversas edificaciones y plazas que encontraba por el camino. Cuando se dio cuenta, eran las 10:15 a.m. y en ese instante sí comenzó a preocuparse:

Emmm, señora Sara, la caminata está divina, pero creo que hay que regresar; si no, voy a llegar tardísimo a reunirme con la señora Amaia.

Tranquila, Andreína, allí está la estación del 3M.

Cuando Andreína detalló la entrada al metro, no pudo menos que exclamar asombro. Estaban a media cuadra del Estadio "Santiago Bernabeu", hogar del Real Madrid, lo que le hizo exclamar:

¡Por la danta de María Lionza! ¡El "Santiago Bernabeu"! ¡Si Carlos Raúl y Frank se enteran que llegué hasta aquí y no les llevé nada, me matan!

¡Jajajajajajaja! ―Sara no pudo evitar reírse; luego, siguiendo la broma, dijo―: Por eso no te preocupes, yo te recibo y te guío. Ya lo hice aquí en Madrid, no sería raro que lo haga de este lado del velo.

¡No, señora Sara! ¡Lo decía en broma! Pero es verdad, esos dos se enteran que llegué hasta aquí y no les llevé nada del Real Madrid, y me botan de la casa.

Bueno, vamos a la tienda, quizás esté abierta.

Efectivamente, en ese momento estaban abriendo la tienda pues, como le comentó una vendedora a Andreína, había abierto hasta muy tarde por el juego del día anterior, que había sido triunfo para el Real Madrid. La venezolana curioseó, vio precios, y decidió por comprar unos gorros con el logotipo del equipo, para su esposo, hermano, hijos y sobrino, y una bufanda pequeña para su hija. Cuando salió de la tienda, vio con preocupación que faltaban diez minutos para las once.

¡Ay, Dios! ¡Se me hizo tarde!

Tranquila ―insistió Sara―, ¿qué te dije? Que confíes en mi, ¿verdad? ―con la afirmación silenciosa de una derrotada Andreína, continuó―: vamos, compras tu boleto y ya te digo que vas a hacer ―Entraron a la estación, y Sara le señaló a Andreína el grupo de máquinas expendedoras de boletos―. Coloca una moneda en esa máquina ―le indicó una, particularmente separada del resto, y aparentemente dañada―, y pulsa el segundo botón. Ese. Muy bien, toma el boleto.

Andreína detalló el boleto. Le recordaba los tickets del Metro de Caracas, en el sentido que poseían una banda magnética, pero este boleto en particular tenía un brillo, como si estuviera hecho con material glasé, o incluso con papel de oro. Pasó el torniquete, recibió el ticket de regreso, y al pasar, Sara le indicó:

Muy bien, ven hacia el plano del metro ―Cuando Andreína vio el plano, se sorprendió de ver, sobrepuesto al tramado de las estaciones y rutas, una línea dorada que unía algunas estaciones, señaladas en vivo color rojo. La sorpresa fue palpable:

―¿Y eso? ¿Qué es?

El recorrido del 3M. Venga, como no tienes varita, porque no la necesitas, vas a tocar la estación a la que quieres llegar, que es la estación Ópera, ¿verdad?

Emm, sí, esa es la que llega cerca del Teatro Real, ¿no?

Exacto. Tócala con tu dedo, vamos

Andreína, rogando porque funcionara, hizo tal como Sara le indicaba. Tocó el punto donde el rombo indicaba la estación Ópera y sintió como se produjo la proyección de su energía hacia el panel. Sara sonrió y le dijo:

Excelente, ahora vamos, hay que bajar al andén ―Apenas bajaron al andén, un tren, blanco y con un logotipo similar al del Metro, pero sólo con un 3 y una M, arribaba a la estación. Sin dudarlo, Sara hizo que Andreína lo abordara, y señalándole el panel interno, le comentó―: Ahora hay que ver que ruta lleva.

¿Por qué? ―estalló Andreína, preocupándose.

Porque no siempre lleva la misma ruta. Ven, mira ―hizo que Andreína viera el panel, justo cuando el tren comenzó a moverse―, parece que vamos directo, sólo va a parar en Tribunal, luego en Ópera, y de ahí a Atocha. Ven, siéntate, vamos a llegar rápido.

Andreína notó que, aunque no lo percibiera su organismo, el 3M se movía rápido, las estaciones donde no se detenía pasaban rápidamente, como estaciones fantasmas, tal como recordaba que ocurría en el Metro de Valencia cuando lo estaban inaugurando con sólo tres estaciones en operación, aunque mucho más rápido. Notó que habían pocos pasajeros en el vagón: un par de jovencitas, de no más de catorce años, que no dejaban de parlotear sobre la "schola", y de la suerte que habían tenido que la profesora de Transformaciones no hubiera ido; un caballero, bien trajeado, que se bajó en la estación Tribunal, y ella.

Justo cuando intentaba pensar en preguntarle a Sara que era eso de "la schola", estaban llegando a Ópera. El viaje sólo había durado tres minutos. Cuando Andreína pisó el andén de la estación, junto a las jovencitas, que salieron por otra puerta, suspiró ruidosamente.

¿Te sientes bien, Andreína? ―preguntó Sara―, generalmente el primer viaje en el 3M es el más duro, ya después te acostumbras.

Seguramente. Pero no, ya estoy bien, gracias.

Bien. Vamos, ya casi son las once.

Señora Sara, ¿qué es eso de la "schola"?

¿Recuerdas que te dije que le dijeras a Amaia que le iba a tocar cuidar a unas sobrinas-nietas y sus amigas? ―La afirmación de Andreína no se hizo esperar―, bueno, ellas estudian, además de su educación regular, educación mágica algunas tardes y los sábados, en las llamadas "scholas mágicas", donde aprenden de pociones, encantamientos, transformaciones, y otras materias. En verano, entre julio y agosto, van cuatro semanas a un campamento en Picos de Europa, en la región de Cantabria, y reciben cursos intensivos de esas y otras materias mágicas. Así estudiamos todos los magos de la península, o al menos la gran mayoría.

Mmmmm ―Andreína se había quedado en silencio. De verdad tenía mucho que aprender de la forma en que se maneja la magia en España: tradiciones, la Magia Antigua, Scholas, tecnología asociada a la magia. Quizás una semana no era suficiente, pero no podía darse el lujo de quedarse más tiempo.

Aunque no pudo detallar con precisión a las dos jovencitas, Andreína sí se dio cuenta que su energía era muy contundente, proyectaban una calidez que le recordaba a Amaia Villamaior. Aunque ambas eran altas, incluso más que la propia Andreína, una sobrepasaba a la otra por poco; la más alta se veía que llevaba la "voz de mando" en la pareja, por la gestualidad que llevaba, mientras que la otra, tan delgada que le recordó a la venezolana su adolescencia, llena de deporte y ejercicios, parecía hacer esfuerzos para escuchar a su interlocutora.

Al salir a la calle, en la Plaza de Isabel II, las jovencitas, en un descuido de Andreína, literalmente desaparecieron de su vista, aunque logró verlas entre el movimiento de transeúntes. Sara sonrió, y comentó:

Quedaron a verse en la Plaza de Oriente, ¿cierto?

Sí, señora Sara. Ahora, ¿por dónde me meto?

Podemos rodear el Teatro Real, la plaza queda por detrás.

Pues, vamos ―pero justo cuando tomaban por la Calle de Vergara, y pasaban frente al Foster's Hollywood (4), la llamada de una voz conocida les sorprendió, especialmente a Andreína.

―¡Andreína! ―Justo en ese instante, estaba llegando Amaia, sonriendo ampliamente al ver a la venezolana; al acercarse, la saludó―: ¡Hola! ¡Por la escoba de Bargota! ¡Sí que eres puntual!

―Y eso que me hicieron caminar ―sonrió Andreína, mientras Sara, espiritualmente, le hacía un mohín.

―Vamos, es por acá… ¿Y eso? ―se interesó Amaia.

―Ah, bueno, la señora Sara y yo nos fuimos caminando por el Paseo de La Castellana hasta que llegamos al Santiago Bernabeu.

―¡Vaya! ¿Desde dónde?

―Desde la calle Hermosilla; yo me hospedo en el Hesperia.

―Por ahí cerca viven los Lozano, buenos amigos; como casi todos nosotros, somos medio familia. Y sí, fue una buena caminata.

―Sí, bueno, yo estoy acostumbrada.

A partir de allí caminaron un rato, Amaia iba comentando sobre su familia, especialmente de sus hermanas Amparo y Ana, y la enorme familia que compartían, con ramificaciones hasta en Italia, pues Almudena, una de las hijas de Ana, estaba a punto de cumplir cuatro años de casada con un médico italiano, integrante de una familia muy interesante, lo que causó gracia en Andreína, o Cecilia, su hermana, miembro importante del gobierno de la Federación Mágica de España y Portugal.

Andreína se sentía abrumada, no esperaba que Amaia se "soltara" a comentar tanto sobre sus hermanas y sobrinos, pero comprendía que el lazo de amistad que habían creado, gracias a Sara, involucraba compartir. Sin darse cuenta, habían llegado:

―Andreína, bienvenida al barrio mágico de Madrid.

Aunque parecía una calle similar a las muchas que habían recorrido del casco histórico, Andreína sentía que de las casas, locales y personas a su alrededor surgía una vibra distinta, que rápidamente se sincronizó con la suya propia. No pudo evitar detenerse y sentir como esa vibra la llenaba. Intentaba darle un nombre, pero Sara se lo dijo mentalmente al oído:

Sí, es la magia; la percibes, aunque a tu ritmo.

Andreína sonrió, por lo que Amaia se extrañó:

―¿Estás bien? ―apenas un toque de su mano en el brazo de la venezolana le sirvió para darse cuenta―. Entiendo, sientes la magia en el aire.

―No sólo en el aire, señora Amaia, diría que en todo.

―Qué bien. ¿Quieres dar una vuelta, o prefieres que entremos a La Floriana? ―y señaló un local, con mesas, y un aroma que atrajo irremediablemente a Andreína.

―Me gustaría, pero entre que ya siento el cansancio, y ese olor a chocolate taaaaan divino, preferiría entrar.

Excelente decisión ―sonrió Sara.

Entraron a un local que a Andreína le recordó el antiguo "007", una vieja heladería de Valencia, desaparecida por la ampliación de la Avenida Bolívar Norte, pero con un ambiente totalmente distinto. Apenas entraron, un joven, bastante simpático, las recibió y guió a una mesa desocupada, junto a la cual se ubicaban las jóvenes que Andreína había visto en el 3M, acompañadas por una señora, quien se levantó alegre a saludar a Amaia.

―¡Tía Amaia!

―¡Hola, Almudena! ―Se saludaron alegremente, y Amaia cumplió con el protocolo, luego de saludar a las jóvenes―: ¡Babe, Mencía! ¡Hola! Les presento a Andreína Hernández, una amiga venezolana que vino al evento donde di la conferencia el miércoles ―Luego de estrechar las manos de las tres, se sentaron, las jóvenes mirando con interés a Andreína, quien a su vez percibía la energía del local. No intervino cuando Amaia preguntó a su sobrina―: ¿Y cómo está Stefano?

―Está muy bien, gracias ―Almudena era una señora bastante joven, Andreína calculaba que cuando mucho tendría 32 o 35 años, bastante parecida a su tía, aunque de rostro algo más relleno y cabello castaño, y con un ligero toque italiano en su acento―; se quedó en Milano porque tuvo una operación temprano, una emergencia.

―Ah, entiendo. ¿Y ustedes, niñas? ¿Qué las trajo por acá?

―Bueno, tía ―comentó Isabel, pues Mencía no había escuchado la pregunta, más interesada en ver la puerta―, salimos temprano de la Schola y acordamos con Marcos y Carmentxu Aguirre vernos acá, y aquí nos conseguimos a la tía Almudena.

Inmediatamente, una señora, que llamó al momento la atención de Andreína, se acercó a la mesa. Alta, de cabello canoso perfectamente controlado en un moño, y un impecable delantal con encajes, saludó a Amaia:

―Amaia, siempre es un gusto verte por acá. Veo que traes una invitada.

―Gracias, Floriana; sí, es Andreína, de Venezuela.

―Sí ―y dedicando su atención a ésta, le comentó―, tú tienes un don hermoso, unes los dos lados del velo ―Almudena e Isabel se sorprendieron―, después voy a hablar contigo. Por lo pronto, ¿qué desean?

―¿Chocolate? ―preguntó Amaia a Andreína, quien reaccionó sorprendida, asintiendo y causando una risita en Mencía―, Sí, dos con nube de nata, por favor, y una de buñuelos estaría bien.

Justo salir la Floriana del campo visual de Andreína, entraba el joven que las había recibido, con el pedido, y otros cuatro chicos, de edades cercanas a las de Isabel y Mencía, quienes armaron un alboroto al verlos, saludándose a voces, ante la mirada y sonrisas de las tres mayores:

―¡Hooola, Marcos, Carmen, Charo, Pilar! ―gritó Mencía, provocando un jalón por parte de su hermana mayor, y risas por parte de los recién llegados, que saludaron cortésmente a Amaia y Almudena, y con mucha más cortesía a Andreína. Se acomodaron como pudieron, acercando otra mesa.

―¿Y esto? ―sonrió Amaia―, ¡como si no se hubieran visto hoy! ¿Se pusieron todos de acuerdo para verse después de la Schola? ―el asentimiento de los seis fue simultáneo, seguido de carcajadas, y de un recordatorio que retumbó en la mente de Andreína:

¿Recuerdas que te lo dije? "va a tener que cuidar a sus sobrinas-nietas y sus amiguitas del Campamento, que vienen el sábado". Bueno, no esperaba a Marcos, pero aquí están.

Sí, señora Sara. Señora Amaia, ¿recuerda lo que hablamos el miércoles? ―Amaia, reflexionando por unos segundos, encontró la respuesta, por lo que asintió sonriendo, llamando la atención de la muy perceptiva Charito Lozano, quien notó la particular energía que irradiaba Andreína. No pudo comentar nada, pues justo en ese momento llegaba el pedido de chocolate y buñuelos a la mesa de los chicos. Andreína probó el chocolate, lo que no había podido hacer por la llegada de los jovencitos, quedando totalmente extasiada―: ¡Por la danta de María Lionza! ¡Este chocolate es divino!

Yo te lo dije ―ratificó Sara―, vamos a ver si consigues el "extra"…

Mmmm ―saboreó Andreína, quedándole un punto de nata en la nariz, lo que causó risas en el grupo de adolescentes―, yo nunca he sido buena catadora, pero este chocolate tiene un toque, no sé, me recuerda la comida de mi mamá, es el amor con el que lo hacen.

¡Exacto! Es la magia del amor, cuando haces algo con amor, queda perfecto, así sea una copa con agua.

Cierto.

Charito sabe que tú te comunicas con este lado del velo, pero le da pena preguntarte ―Andreína miró al grupo de adolescentes conversando animadamente, y notó que Charito la veía intrigada, por lo que al cruzarse las miradas trató de disimular viendo a sus inseparables Carmentxu y Pilar. La venezolana asintió mentalmente―, si te pregunta, ¿le dirías?

No veo por qué no, señora Sara. Creo que hasta Almudena presiente algo.

Claro, ella también es muy perceptiva; yo le heredé mi capa y mi varita ―Andreína se sorprendió con esa revelación, aunque lo asumió como algo lógico, su padre había heredado del abuelo Francisco su altar completo, y seguramente se lo dejaría a Frank, quien era mucho mejor materia que ella―. Dile a Almudena que le doy mi bendición.

Andreína suspiró ruidosamente, tomó un trago del exquisito chocolate de La Floriana, y atrajo hacia sí la atención de Almudena y el grupo de adolescentes.

―No sé si la señora Amaia les comentó, pero soy médium, me comunico con personas que ya fallecieron, y hay alguien que le manda su bendición, señora Almudena.

―¿Sí? ―la sobrina miró a la tía con gesto interrogante, pero el rostro de la sanadora sólo mostró una sonrisa sincera. Los chicos dejaron el alboroto y enfocaron su atención en la venezolana―. Bueno, gracias.

Dile que sus tres hijos son hermosos, y que se prepare, porque pronto vienen más hijos.

¿Sí? ¿Le digo eso? ―una alegre respuesta afirmativa dio pie a que Andreína indicara―: Bueno, le manda a decir que sus tres hijos son hermosos, y que se prepare porque vienen más; así me dice, no sé si es verdad.

―Pues sí ―sonrió Almudena, aunque con los ojos llenos de lágrimas―, Stefano quiere otro hermanito o hermanita para Anna, Tiago e Ignacio, pero mis novelas no me dejan, he tenido muchos viajes estos meses.

Dile que tranquila, que pronto llegarán, porque vienen por duplicado.

―Me dice que no se preocupe, que cuando lleguen será por partida doble.

―¡Por la escoba de Bargota! ―Almudena se tapó la boca sorprendida, mientras los chicos estallaban en risas―. ¿Pero quién es, Andreína?

Y dile que me cuide mi capa y mi varita, y que estoy cuidando de todos.

―Bueno, le dice que por favor le cuide su capa y varita; no sé si tiene sentido eso.

―¡Claro! ¡Es la abuela Sara! ―y apuntando directamente a Amaia, quien sonreía abiertamente, le preguntó―. ¿Tú sabías de eso, tía?

―Algo ―comentó la sanadora, tratando de esquivar la pregunta directa.

―Esto me permite darle a conocer que ella siempre está pendiente de sus familiares.

Es verdad, dile a Mencía que no se preocupe, que pronto se le va a curar el oído, de una forma que no espera, y todos los chicos van a estar involucrados (5).

―De hecho ―levantándose y acercándose a la segunda Fernández de Lama, le tomó la mano, sorprendiéndola―, te manda a decir que tu problema del oído se te va a curar, de la forma que menos esperas, y que ustedes ―haciendo un rodeo con la mano, señaló al grupo de adolescentes, que la miraban interesados―, formarán parte.

Los Ohhh y Wow no se dejaron esperar, mientras Mencía, abrazada por Isabel, dejaba que un grueso lagrimón corriera por su mejilla.

Dile a Charo que ella va a ser mucho más cercana a Carmen de lo que ahora piensa.

―Incluso me comenta que Charo, ¿quién es Charo? ―Rosario levantó los dedos nerviosa, porque sabía que Andreína la había reconocido, aunque lo disimulara―, ajá, tranquila, no es nada malo, me dice que tú y Carmen, ¿quién es? ―Marcos, sonriendo, señaló a su hermana, mientras ésta intentaba bajarle la mano―, ajá, ¿son amigas, verdad?

―Inseparables ―indicó Carmentxu, ante la afirmación de Charo y Pilar, aunque no hubiese sido mencionada.

―Bueno, la señora Sara me dice que van a ser mucho más unidas, pero no me dice cómo ―ambas amigas se tomaron de la mano, sonriendo, mientras Marcos veía con suspicacia.

Ah, dile a Marcos que van a tener que registrar su invento cuando lo terminen, si no quieren problemas con la ley mágica. Que le pida ayuda a Santiago, seguro los puede ayudar.

―Ahora me dice que Marcos ―éste abrió los ojos cual platos―, sí, tú, que cuando termines tu invento, no sé con quién, no me lo dijo ―ahora fue Mencía quien palideció, aunque Andreína no lo notó―, tienes que registrarlo para que no tengas problemas con las leyes mágicas, algo así; ¿tiene sentido? Y que le pidas ayuda a Santiago, ¿alguien conoce a Santiago? ¿Ese nombre significa algo?

―Ehh, bueno, sí, algo ―trató de disimular, pero las chicas, a excepción de Mencía, comenzaron a interrogarlo. Mientras, Almudena reclamó la atención de Andreína, quien se acercó solícita.

―Santiago es mi abuelo, el viudo de mi abuela Sara, y es un ingeniero mágico muy conocido, ayudó a construir el 3M.

―Ya, entiendo, pues es lo que me dice la señora Sara.

―Gracias, Andreína ―Almudena tomó la mano de la venezolana entre las suyas―, no había sabido nada de la abuela Sara desde que me dieron su capa y su varita, y su colección de libros, claro.

―Yo se los dije ―terció Amaia―, que es una bruja maravillosa ―al fondo vio como la Floriana le hizo señas para que se acercara―. Andreína, Floriana quiere que vayas hacia allá.

―Está bien.

Luego de que Almudena la abrazara, Andreína caminó hacia la barra de la churrería, donde la Floriana esperaba frente a la antiquísima caja registradora. Al llegar, la matrona le pidió a una de sus hijas que cuidara la caja mientras ella se acercaba a la venezolana:

―Muéstrame tu mano ―Andreína le acercó la derecha―. No, niña, la izquierda ―cambió la mano, algo apenada. Floriana miró la palma, el canto, la acarició, y luego comentó―: Mucho deporte, mucha energía, y una magia muy distinta la de vosotros "allá abajo", muy orgánica, natural. Vuestra familia está algo dispersa, pero su magia no se minimiza. Manteneos en contacto. Incluso tú vas a descubrir que están más relacionados con nosotros los españoles de lo que crees ―Andreína se sorprendió, pero Floriana sonrió―. Y lo vais a descubrir pronto. No perdáis el contacto con Amaia, vosotras se hicieron amigas, y estas amistades no deben perderse.

―Gracias, señora Floriana.

―No, niña, llámame como todos acá. Floriana, a secas.

―Bueno; pues, gracias, Floriana.

Justo cuando Andreína se disponía a regresar a la mesa, tres caballeros, dos bastante mayores que el tercero, y con porte de autoridad, entraron al local.

―Auror López, Auror Armero, joven López ―saludó la Floriana, recibiendo cumplida respuesta de los recién llegados. Juan José López, el sobrino del Auror José Vicente López, y avanzado estudiante de la Academia de Aurores de Madrid, quedó impactado por la belleza de Andreína, por lo que no vio a su tío y su compañero ocupar una mesa.

―Buenas tardes ―se le acercó, mirando lujurioso a la venezolana, quien se sorprendió―, ¿por qué tan sola por acá? No eres de estos lados, ¿verdad?

―Emmm, no, estoy de visita ―el acento descolocó a MiniLópez, pero no lo detuvo.

―¿Sí? ¿Y de dónde vienes? Si quieres te puedo dar un paseo; tú sabes, hay mucho por conocer de la ciudad ―le decía mientras intentaba la pose más seductora, con guiño incluido.

―No, gracias ―Andreína colocó su mano izquierda en el pecho del aprendiz de auror, mostrando su anillo de casada, pues se le acercaba escandalosamente―, ya tengo quien me guíe ―Al sentir la mano en su pecho, Juan José notó la proyección mágica particular de la venezolana, quedando casi petrificado.

―¡Juanjo! ―le gritó su tío, mientras Amaia se acercaba, y Floriana sonreía al ver la escena.

―Buenas tardes, López ―saludó la sanadora, para luego preguntarle a Andreína―, ¿todo va bien por acá?

―Sí ―sonrió Andreína, mientras MiniLópez, aún impactado, saludaba con un breve movimiento de cabeza a Amaia y se alejaba hacia la mesa donde ya los aurores tomaban chocolate y comían churros―, pretendía mostrarme lo que ya conozco.

Luego de las risas, Floriana le comentó a Andreína:

―Te lo repito, tienes más relación con nosotros los españoles de lo que creeis. Y pronto lo vas a descubrir.

Ambas mujeres regresaron a las mesas que ocupaban, donde los adolescentes ya habían terminado con los alimentos, y comentaban ruidosamente lo que habían vivido. Andreína oyó cuando Charito, de espaldas a ambas, comentó:

―No sé ustedes, pero yo percibí en ella algo distinto, es mágica, sí, pero distinta a nosotros ―Pilar abrió los ojos desmesuradamente cuando vio a Andreína pararse detrás de su amiga, pero la señal de silencio que hicieron tanto Amaia como la venezolana le hicieron relajarse. Charito no se dio cuenta, y siguió―, su energía es particular, es realmente una médium poderosa, yo me di cuenta que estaba enlazada con alguien del otro lado del velo.

―Tú también eres muy poderosa, Charito ―le dijo Andreína, mientras posaba suavemente sus manos en la joven, quien se congeló de la impresión―, y no tendré el don de predecir, sólo transmito lo que los fallecidos me piden que comunique, pero sí veo que ustedes son y van a ser muy unidos. No lo dudo.

Charito no supo responder, salvo voltearse y, como impulsada por un resorte, abrazar a una sorprendida Andreína, que acarició la cabellera castaña de la joven legeremens.

Luego de despedirse de Floriana, el grupo completo salió a recorrer el barrio mágico de Madrid, los jóvenes en su alboroto propio, las tres mujeres mayores comentando sobre lo que se veía en las diversas tiendas. Luego de curiosear un largo rato, Andreína y Amaia acordaron encontrarse al día siguiente en la estación de trenes de Atocha, donde tomarían el tren mágico hasta Toledo, y la venezolana conocería la Casa de las Tradiciones.

Con esa promesa, Andreína entró a la estación del metro junto con los jóvenes, pues Charito Lozano y ella se quedaban en la estación Serrano, mientras el resto seguiría hacia el norte, en una ruta bastante particular, según vio que quedaba marcado en el panel del 3M. Mientras caminaban por Lagasca, Charito no pudo evitar preguntarle:

―Señora Andreína, ¿usted qué cree?

―¿De qué, Charito? ¿Qué creo? ―las dos brujas se detuvieron y vieron directamente a los ojos.

―¿Sí soy poderosa? ―Andreína sonrió ante la duda, y acariciando el rostro de la jovencita, le dijo:

―Todas somos poderosas, Charito, entre nuestras capacidades, y que somos mujeres, lo somos; lo importante es que lo creamos, lo sintamos y lo proyectemos.

Charito sonrió, señaló la entrada del edificio donde vivía la familia Lozano, y comentó:

―Hasta aquí la acompaño. Gracias, señora Andreína, un placer conocerla.

―Para mí, Charito; que Dios y la Reina te bendigan.

Se abrazaron, y al separarse, Charito caminó hacia la entrada del edificio, mientras Andreína siguió hacia la esquina, desde la cual vería la entrada al hotel. Al verla alejarse hacia Hermosilla, Charito pensó: "Su magia es intensa, pero es pura..."


Notas al pie:

(1) Este nombre puede relacionarse a muchas cosas, dentro y fuera del relato... jejejejeje.

(2) En Venezuela llamamos "mono deportivo" a la combinación de chaqueta y pantalón que usan los deportistas como indumentaria externa, bastante suelta, bajo la cual portan el uniforme de competencia, generalmente ajustada (como el uniforme de atletismo, fútbol o voleibol), creo que en España lo conocen como "chamarra deportiva".

(3) Esta situación se narra en el original Un 12 de Octubre cualquiera, disponible en s/3158838/1/Un-12-de-octubre-cualquiera.

(4) Un guiño a la querida y extrañada Jefa-sobre-todo-jefe del Foro La Noble y Ancestral Casa de los Black, Venetrix, que espero consiga lo que está buscando, rebuscando, escudriñando, investigando, averiguando, buceando, explorando, rastreando, sondeando, tanteando, husmeando, escrutando, todavía no se qué, pero algo está buscando… XDD de acuerdo a lo que plantea Desorden Público (Horacio Blanco): (Buscando algo en el) Caribe. Editado en su álbum de 1.993 En descomposición; disponible en: watch?v=Yl7Z3CB3TUg

(5) Estas aventuras son narradas a través de la pluma exquisita de Fiera Fierce, en un relato fundamental de la "Magia Hispanii": La Palabra Secreta, disponible en s/9138762/1/La-palabra-secreta, y que recomiendo encarecidamente su lectura y disfrute.


¡Buenas tardes, desde San Diego, Venezuela! Con este capítulo me meto en un "gran berenjenal", porque tomo prestados personajes de las historias y galletas de Sorg-esp, Cris Snape y Fiera Fierce, y es un compromiso de altos quilates, porque son sus personajes y la intención de este relato, como lo he expresado desde el primer día, es homenajear a la "Magia Hispanii". Para mis estándares es un capítulo largo, pero les aseguro, por la danta de María Lionza y las cinco Águilas Blancas, que disfruté visualizarlo, construirlo y presentárselo. Cualquier comentario, sugerencia, opinión o reclamo, será bien recibido. ¡Salud y saludos!