Capítulo VII

Tomoyo

Miré el boceto que había dibujado el día anterior. Suspiré con decepción, últimamente mis diseños no resultaban como lo esperaba, sabía que se vendían de todas formas pero algo faltaba... ¡Cómo me gustaría que Sakura accediera a ser mi modelo como antes!

Miré mi reloj de pulsera y me apresuré a coger el abrigo cuando vi la hora. Eran la una de la tarde y ya estaba un poco atrasada. Mi chofer tomó la ruta más rápida posible al aeropuerto, pero aún así cuando llegué Meiling ya estaba allí y parecía llevar un buen rato sentada esperando.

–¡Meiling! –llamé haciéndole señas. Ella levantó la cabeza y sonrió ampliamente al verme

–¡Creí que te habrías olvidado de mí! –dijo abrazándome impulsivamente como solía hacer con la gente que quería– ¿Cómo estás? ¡Te ves muchísimo más guapa que en las fotos que he visto!

–Aunque me sienta halagada no creo que mi yo real pueda competir con mi yo del photoshop –sonreí– tú también estás muy guapa.

–Eso no es verdad –dijo haciendo un mohín mientras empezábamos a caminar en dirección al estacionamiento. Luego puso cara de afligida– Estoy más gorda y todo es culpa de Yun… cocina tan bien que es imposible decirle que no a sus platos hipercalóricos.

–Para nada –dije yo con sinceridad– estás igualita a la última vez que nos vimos.

–Siempre tan condescendiente… ¡Tú si que no has cambiado! –rió.

Yun era el novio de Meiling. Se habían conocido en una página de citas después de varios intentos fallidos con hombres que decían ser más jóvenes de lo que realmente eran y otros que claramente habían alterado su fotografía de perfil. Hacían una pareja divina y me alegraba profundamente cada vez que comprobaba lo felices que eran, después de todo a Meiling le tomó bastante tiempo superar a Syaoran y encontrar a alguien que la hiciera sentir feliz y plena. Él por su parte parecía ser un buen hombre, siempre atento a los sentimientos y las necesidades de ella.

–¡Tengo mucha hambre! –exclamó en cuanto se dejó caer sobre el asiento trasero del coche.

–¿Qué tienes ganas de comer? –le pregunté sonriendo.

–¡Pasta por favor! –dijo en seguida.

–Pasta será entonces –declaré sonriendo– Por cierto, ¿podrías intentar convencer al ogro de tu primo para que deje salir antes a Sakura hoy? Así le damos la sorpresa… después de todo es Viernes y ha trabajado como esclava toda la semana.

–Tú no te preocupes que ya me encargo de ello –dijo cogiendo el móvil de la bolsa Louis Vuitton que llevaba. Después de unos minutos escribiendo a toda velocidad, sonrió triunfal– Ya está, ahora escríbele a Kinomoto para que nos juntemos a comer.

Le mandé a Sakura la ubicación del restorán donde nos veríamos y para evitar que se negara agregué que era un asunto de vida o muerte. Meiling y yo hacíamos un equipo maravilloso… lástima que ella estuviera tan lejos.

–¿Y qué tal todo con Eriol? –Me preguntó guardando el móvil donde originalmente estaba.

–Bien –respondí sonriendo. Ella me miró como diciendo "sé que estás mintiendo". Suspiré derrotada, no me servía de nada fingir con ella– Pues hay días y días ¿sabes?

–Todas las parejas tienen días malos, Tomoyo. No tienes de qué avergonzarte. Yun y yo peleamos bastante en ocasiones.

Sonreí casi por cortesía. La verdad es que el problema entre Eriol y yo era bastante más serio que un par de peleas. En general nos llevábamos bastante bien y casi no discutíamos, sin embargo a él se le había metido en la cabeza que era hora de tener hijos, mientras que yo no sentía aún el instinto materno y tampoco sabía si algún día despertarían en mi esas ganas de ser mamá que la mayoría de las mujeres sienten.

Me costaba bastante hablar del tema, la verdad es que ni siquiera Sakura lo sabía. No quiero sonar como una mujer fría y no es que no me gusten los niños, es decir Shinji por ejemplo es la ricura más grande del planeta, pero es que quiero llevar mi carrera de diseñadora a lo más alto y me da miedo que un niño y la responsabilidad que eso conlleva no me dejen volar.

Para ser sincera cada vez que Eriol traía el tema a colación, lo evadía cambiando el tema. Al principio tal vez resultaba, pero últimamente parecía como si se estuviera cabreando por eso.

–Tomoyo ¿estás bien? –me preguntó repentinamente Meiling justo en el momento en que el coche paraba frente a mi restorán italiano favorito.

–Claro –mentí. Ella iba a replicar algo pero el chofer nos abrió la puerta y entramos en el abarrotado lugar.

El aroma de la pasta y sus salsas llenaba cada uno de los rincones. La mayoría de los que allí estaban eran parejas jóvenes que me hacían recordar las escapadas gastronómicas que solíamos llevar a cabo con Eriol.

–Si necesitas hablar cuenta conmigo –dijo Meiling cuando ya estuvimos sentadas– Sé que Sakura es mucho más cercana a ti, pero es que con lo despistada que es dudo que pueda ver cómo estás realmente.

Le dediqué esta vez una sonrisa triste. Sabía que podía confiar en Meiling, pero primero tenía que armarme de valentía para conversar el tema con Eriol, después de todo él era el primer implicado.

–Ahí esta Sakura –le dije a Meiling mientras le hacía señas a mi prima para que me viera. Primero me sonrió y luego miró intrigada al darse cuenta de que estaba con alguien más. Se acercó hasta nosotras abriéndose paso entre las mesas.

–¡Meiling! –gritó con sorpresa cuando pudo verla de cerca. Meiling se puso de pie y la abrazó.

–¿Tan cambiada estoy? Suenas bastante sorprendida –dijo.

–Es que no imaginé que vendrías tan pronto –se excusó mi prima tomando asiento en la silla que se encontraba junto a la mía– ¿Qué tal todo en Hong Kong?

–Pues bastante bien –respondió Meiling mirando distraídamente la carta– ¿Y tú? ¿Qué tal las cosas con el tonto de mi primo?

–Mejor de lo que me esperaba la verdad –dijo Sakura– No sé si Tomoyo ya te lo contó, pero accedió a darme el divorcio…

–¡¿Qué?! –Exclamó Meiling tan fuerte que la mayoría de los comensales se voltearon a verla con consternación. Ella que no se percató continuó con indignación– Esto tiene que ser una broma… ¿Cómo que se van a divorciar? ¡Tenemos que abrirle los ojos a mi primo para que regrese contigo!

Sakura sonrió con los ojos cargados de tristeza y negó suavemente.

–Ya ha pasado mucho tiempo, aprendí a vivir sin él y él no parece haber sufrido mucho al estar sin mí… tal vez sólo no estábamos destinados a estar juntos para siempre ¿Sabes?

–¿Cómo que no? ¡Todos decían que ustedes eran una pareja hecha por los dioses! Syaoran tiene que entender que esa Amy no le conviene…

Suspiré. Odiaba ver esa mirada en los ojos de Sakura. Sabía que a pesar de todo el daño y todos los años que habían pasado era un tema delicado para ella.

–Es verdad que Amy no le conviene a Li, pero creo que es hora de pensar también en lo que le conviene a Sakura ¿No crees? –dije con calma. Meiling bajó la mirada seguramente sintiéndose arrepentida. Para cortar la tensión del momento levanté el vaso de soda que el mesero acababa de dejar y dije– Por la libertad.

Sakura alzó su vaso sonriendo con agradecimiento, Meiling hizo lo mismo a pesar de que aún parecía un tanto contrariada.

Disfrutamos de nuestros espectaculares platos de pasta riendo y hablando sobre los viejos tiempos, específicamente de cuando Meiling se había presentado en nuestro salón de secundaria como alumna de intercambio y su sentimiento de rivalidad hacia Sakura era tan fuerte que juraba que nunca en la vida le hablaría… por supuesto no tardó mucho en darse cuenta de lo buena que era mi prima y comprendió el por qué Syaoran la había elegido a ella.

Justo cuando íbamos a pedir el postre, el móvil de Sakura nos interrumpió. Ella lo cogió haciendo un gesto de disculpas y salió a la calle a hablar.

Cuando volvió estaba tan pálida que por un momento creí que se iba a desmayar.

–¿Sakura? –dije poniéndome de pie para ayudarla a sentarse– ¿Qué pasó? ¿Quién era?

–Era del colegio de Shinji –respondió ella con un hilo de voz. Meiling me miró con preocupación.

–¿Le ha pasado algo? –pregunté con el estómago apretado.

–Dicen que se ha escapado –explicó con los ojos anegados de lágrimas– No entiendo… Shinji es un buen niño, él no haría eso… ¡Oh por dios, tengo que ir a buscarlo! No sabe cruzar la calle solo y tampoco sabe cómo llegar a casa.

–Sakura cálmate –dije con tono conciliador al ver lo alterada que se encontraba– Meiling y yo te ayudaremos a buscarlo ¿si? Empezaremos por las zonas cercanas al colegio. Te aseguro que lo encontraremos en un santiamén.

Meiling cogió todas nuestras cosas y dejó un par de billetes grandes sobre la mesa. Salimos rápidamente del lugar y nos subimos en el coche que nos estaba esperando.

Revisamos cada parque cercano, incluso registramos el colegio por si se hubiera escondido en algún lugar, pero no había rastro de Shinji por ninguna parte. Comenzaba a oscurecer y con cada minuto que pasaba mi prima se derrumbaba cada vez más y el miedo se apoderaba de las tres.

El personal del colegio también se había unido a la búsqueda, nadie entendía por qué un niño tan bien portado como Shinji escaparía del recinto, sin embargo todos teníamos nuestras mentes puestas en encontrarlo. Ya nos encargaríamos de los detalles y las demandas correspondientes luego.

Cerca de las once de la noche, el móvil de Sakura sonó nuevamente, esta vez lo cogí yo porque las manos le temblaban tan salvajemente que era incapaz de coger nada sin que se le cayera.

–¿Quién era? –Preguntó Meiling con impaciencia en cuanto terminé de hablar. Les sonreí.

–Era de la estación de policía. Dicen que alguien encontró a Shinji merodeando cerca del zoológico y al verlo solo lo llevaron a la estación…

Sakura me miró con los ojos cristalinos tan abiertos como podía.

–¿Es… es cierto? –preguntó aún con incredulidad.

–Sí. Shinji está bien, Sakura. Vamos a por él.

Corrimos nuevamente en dirección al coche. El chofer condujo tan rápido cómo podía y Sakura que temblaba de pies a cabeza no paraba de morderse las uñas.

Nada más estacionarnos, mi prima se bajó y corrió a toda velocidad hacia la estación.

–¡Mami! –gimió Shinji mientras hipaba. Su carita roja y sus ojos hinchados indicaban que llevaba un rato llorando. Sakura lo tomó en sus brazos y lo abrazó fuerte. Le murmuró un par de cosas que no alcance a entender mientras lloraba descontroladamente.

Sonreí al ver el conmovedor reencuentro. Volteé esperando compartir el alivio con Meiling pero su cara estaba tan pálida que me sentí confundida por un momento. Miré en la dirección en que ella miraba y sentí como toda la sangre del cuerpo se me iba también a los pies.

Allí, de pie junto al policía estaba nada más y nada menos que Syaoran Li. Lucía tan descolocado que parecía no ser capaz de cerrar la boca por la sorpresa.

–¿Sa… Sakura? –preguntó él como si intentara convencerse de que estaba equivocado y la había confundido.

Sakura que aún tenía a Shinji en brazos se volteó hacia él y juro que casi pude escuchar su corazón latiendo desbocadamente.

–Él es el señor que me encontró, mami –le dijo inocentemente Shinji.

–¿Se puede saber qué demonios está pasando aquí? –Preguntó Syaoran con la mandíbula desencajada.

Definitivamente Sakura estaba en serios problemas.

Notas de la autora: primero que todo me disculpo por el retraso con el capítulo. La verdad es que han sido unas semanas devastadoras y no me encuentro de mucho ánimo para escribir, por lo mismo he decidido actualizar jueves por medio, espero no les moleste mucho el cambio pero será hasta que las cosas estén más tranquilas por acá y pueda ordenar algo del caos que tengo en mi vida en este momento.

Con respecto al capítulo espero que les haya gustado que cambiara de narrador, personalmente me gusta bastante el personaje de Tomoyo y me emocionaba meter a Meiling en todo esto… y bueno, ahora es Sakura quien está en problemas. Habrá que esperar a ver qué pasa en el siguiente capítulo.

Muchas gracias por sus reviews, follows y favorites, en serio me suben mucho el ánimo.

Hasta la próxima.