Capítulo VII

Teresa estaba sentada en el piso del baño, comiéndose un emparedado, muy lentamente. Brian y Derek tenían mejores almuerzos, así que estarían bien. El lugar era bastante húmedo y frío, pero tranquilo. No quería hablar ni ver a nadie. Estaba muy triste, desolada, a punto de soltar las lágrimas. . .

Entonces, vio que un avión de papel caía al suelo.

Miró hacia arriba, dónde había una ventana que daba al patio, pero no había nadie ni señal de nada. Se concentró de nuevo en su emparedado, pero otro avión de papel cayó junto al primero. Se levantó, extrañada, y los recogió. El primero solo tenía un "¡Hey!", escrito con letra bastante irregular. El otro, tenía un "Oye, Teresa". Miró de nuevo a la ventana, y vio entrar otro avioncito. Lo recogió, y decía "¿me haces un favor?". Empezaba a sospechar de quién serían las naves, cuando otra llegó volando y se detuvo junto a sus pies. Ya interesada, y bastante curiosa, abrió el papel.

"¡Sonríe!"

Justo después llegó otra.

"Tienes una risa linda"

Una gran sonrisa cruzó el rostro de la niña. Miró de nuevo la ventana, con los ojos esmeralda iluminados, y decidió parar aquella estupidez.

-¡Patrick!-lo llamó- ¡Ya puedes parar!

Hubo silencio durante un momento. Otro avioncito llegó por la ventana.

"Sólo si ya sonreíste"

Teresa amplió la sonrisa.

-¡Sí, ya reí!-aseguró.

-¿Segura?-preguntó la voz de su compañero, al otro lado- No pienso irme hasta que me digas que estás segura.

-Estoy bastante segura, tonto.

-¡Qué bien!-y se escucharon sus carcajadas al otro lado de la pared.

Teresa tuvo que reír también. La risa de Patrick era sumamente contagiosa, eso no se podía negar.

-Quería saber algo. . .-siguió el niño.

-¿Qué?

-¿Me puedes ayudar con la tarea de ciencias naturales, esta tarde? No comprendí nada. Estoy más cerrado que una ostra. . .

La niña dio un respingo. No quería tenerlo en su casa, no ese día.

-Estoy igual que tú.

-En ese caso, ¿por qué no "ostramos" juntos?

-No, Patrick. Hoy no.

-De acuerdo-aceptó, con tono de que hacía cara de perrito-. Al menos, dime que vas a seguir sonriendo hasta la próxima lección. . .

-De acuerdo, lo haré-accedió la chica, meneando la cabeza. ¡Qué tipo!

-¡Bien! ¡Adiós, Teresa!

Y la niña pudo oír los pasos del muchacho, alejándose, mientras continuaba sus armónicas carcajadas. Volvió a su sitio, bajo la ventana alta. Aún no se explicaba cómo había hecho Patrick para hacer que los aviones entraran por ella. Miró los papeles, arrugados, que todavía tenía en la mano, y sonrió de nuevo, agradecida. Entonces, notó que alguien estaba parada junto a ella. Levantó la vista, y sorprendió a su compañera, la que le había dicho, dos días atrás, que el rubio rizado era lindo. La miró a los ojos, mientras la otra sonreía, y, después, se fue.

Al menos, esa vez, no fue una risa estúpida. Y, al menos esa vez, Teresa tuvo que reconocer que Patrick, con sus estúpidos papeles, llegaba bastante cerca de lo que ella calificaría de "lindo".

Sintió cosquillitas en el estómago, pero no supo por qué ni cómo llegaron allí.

Su mente volvió a su familia, y la pesadumbre a su corazón. ¡Si tan sólo alguien quisiera escucharla!. . .

Una lágrima rodó por su mejilla.