Ahí van dos más

-¿Me estás diciendo que convenciste a Anderson para atracar un banco y luego lo abandonaste? –la cara de indignación de Donovan habla por sí sola.

-Totalmente – sonríe petulante Greg, orgulloso de su yo-borracho -. Aunque no estaba en pleno uso de mis facultades mentales.

-¿Y qué sucedió a continuación?

-Pues después de huir del banco abandonando a mi amado pero inservible carrito de golf...

-Y a Anderson –añade Donovan con rencor.

-Sí, a ese también. Pues un rato después de mi huida me encontré con M-

-¡Acabamos de localizar a la señorita Hooper y al señor Holmes! –irrumpe un agente en la sala de interrogatorios, cortando la explicación de Greg.

-Tendremos que seguir luego con el interrogatorio, ve a la sala de espera con tu amado John. Apuesto que tenéis mucho de lo que hablar –insinúa maliciosamente Donovan antes de salir corriendo tras el recién llegado agente.


A Molly le duele terriblemente la cabeza y todo el cuerpo en general. Especialmente el talón izquierdo. Suelta un leve quejido. El mundo real la llama, con los ruidos cotidianos llenando sus oídos, pero no quiere abandonar ese estado de espesor en el que se encuentra. De repente siente frío y se apretuja aún más contra el cuerpo calentito que la rodea protectoramente con sus brazos. ¿Cuerpo calentito? ¿La rodea con sus brazos? Molly se incorpora de golpe con los ojos abiertos como platos. Ahí está. Tumbado junto a ella, abrazándola en sueños. Elegante como siempre. Sus hermosos ojos cerrados. Su rostro permanentemente serio provoca ahora ternura. Dormido parece más joven, más tranquilo. Parece feliz. ¿Qué deberá estar soñando? De repente se estremece y se sienta, fijando sus claros ojos en la joven, mientras la confusión se dibuja en su expresión.

-Aquí agente Tyler, el señor Holmes y la señorita Hooper acaban de despertar. Cambio –habla un agente por el walkie talkie.

-Aquí agente Hunt, la sargento Donovan solicita que sean llevados a comisaría para un interrogatorio. Cambio y corto –responde una voz.

Molly, desconcertada, no puede quitarle los ojos de encima. Siempre ha pensado que Molly Holmes suena mejor que Molly Hooper. Siempre ha tenido la esperanza de pasar la noche entre sus brazos. Y de repente, una simple borrachera (bueno, simple no, Molly no recuerda haber bebido nunca tanto) y… cumple su sueño con el Holmes equivocado. Porque Mycroft parece tan desconcertado como ella.


-¡Oh, mierda! No puedo creer que el idiota de Moriarty me haya hecho escrito esto en la cara –se queja John.

Está sentado en la sala de espera con Greg, que se pasa un pañuelo por la lengua para humedecerlo y trata de borrar el "autógrafo" de la frente del exmilitar. Sin mucho éxito, porque recordemos que se trataba de un rotulador permanente. Finalmente se rinde.

-Lo siento, John. He hecho todo lo que he podido pero no se va.

-No pasa nada. Por cierto, ¿sabes que tienes una cicatriz horrible en la cara? Te va desde aquí –toca con el índice la parte izquierda superior de la frente del policía- hasta aquí –resigue la cicatriz hasta su mejilla derecha.

-Sí, me la hizo un mono –resopla Greg.

-¿Un mono? –la cara de John está entre la incredulidad y la diversión.

-Un macaco, un gorila, un chimpancé… ¡yo que sé! Un mono.

-Si hubiera sido un gorila te habría destrozado la cara –comenta distraído John-. Seguro que fue un mono pequeñito, como el de "Noche en el Museo".

-Seguro… ¿Por qué tenemos las camisas medio quemadas?

-Y la tuya tiene sangre en la manga.

-Es que la usé para limpiarme la sangre que me salía del arañazo del mono.

Ambos quedan en silencio, intentando recordar lo acontecido la noche anterior. Poco a poco iban uniendo imágenes sin sentido. Intentando recrear la situación mentalmente despertaban recuerdos. De repente una idea asaltó al rubio.

-¿Y los demás?

-¿John? ¿Greg? –Molly entra en la habitación, con Mycroft a su lado y un policía escoltándolos.

-¡Molly! ¡Mycroft! –exclama John.

-¿Molly? ¿Mycroft? –pregunta Greg al mismo tiempo. Porque, al contrario que el exmilitar, él ha reparado en el pintalabios que adorna los labios del político. Es del mismo color que el que usa Molly- ¿Qué ha pasado?

-Es una larga historia… -suspira el mayor de los Holmes, con aire abatido.

La cabeza de Sally asoma por la puerta de la sala de interrogatorios. Mira a los recién llegados con la ceja derecha alzada, inquisitoriamente. Mycroft está lleno de hollín y Molly… ¿eso que tiene en el hombro es un alga? La sargento Donovan pasea la mirada del uno al otro, con la boca lo suficientemente abierta como para tragarse una manzana entera. Finalmente mueva la cabeza y decide.

-Empezaremos por usted, Señor Holmes. Entre.

Mycroft traga saliva. Adopta su usual postura rígida y entra en la sala, cerrando la puerta tras lanzarles una mirada ininterpretable a sus compañeros de borrachera. Se sienta en la silla que le señala Sally con la espalda más tiesa que una escoba y aguarda pacientemente a que la mujer empiece a hablar.

-Cuénteme lo que sucedió ayer por la noche señor Holmes. Con todo lujo de detalles.


¡He regresado, gente! Que me tire meses sin actualizar no significa que no me acuerde de los fics. Es que o no tengo tiempo, o no tengo inspiración. Qué complicado es escribir. Siente que este capítulo no haya sido tan loco pero necesito escribir capítulos así de vez en cuando para darle algo de sentido al fic. Pero en el proximo nuestro Myc nos contará qué hizo cuando salió corriendo del bar... Yo de vosotros no me lo perdería ;)

En fin, muchas gracias a todos los que me habeis seguido y/o favoriteado. Un abrazo muy fuerte a todos los que dejais review (que de hecho son lo que me anima a seguir escribiendo) y a mis lectores silenciosos, por supuesto, muchas gracias también. ¡Aunque agradeceré aún más que os des-silencieis!