Disclaimer: Ni los personajes, ni los caracteres de la historia me pertenecen. Son de SMeyer. Solo me atribuyo la trama de esta historia, que en muchos sentidos realmente es MIA.
Hola a todas:
Aquí les traigo un capitulo más de esta revisión. Despues de esta semana de sustos y SOPA...
Gracias a todas las que están leyendo y dejando sus comentarios, a las que soportaron mis notas de autor con el asunto del contest, a las que votaron para que quedara finalista, y a las que se tomaron la molestia de volver a votar, aunque los votos no alcanzaron para posicionarlo en un buen lugar, fue una gran experiencia, y agradezco el apoyo que tuve, y los hermosos reviews que recibí.
Gracias a mi beta espectacular que sufre tanto con los capítulos como yo al escribirlos! Gineeee bella!
...
Para las que no me tienen en alerta y no se enteraron de mi definitiva locura: la versión EPOV de esta historia...
Los que ya habían leído antes de que decidiera revisar y editar, saben que hay varios Epov intercalados en MC, y al releerlos me volví a encontrar con la incomodidad de cómo encajar algunas informaciones, (lo mismo me sucedía al principio cuando escribí esta historia) y ahora, después de mucha lectura de fics (de autoras mucho más talentosas que yo y que lograron hacer lo que intento con éxito) y de pensarlo y pensarlo, decidí que los Epov quedarán directamente como una historia paralela a esta, que podrán después, y titulé: TAN LEJOS DEL AMANECER.
Ya subí un par de capítulos.
Como dije en la nota que escribí allí, no sern una mera repetición de información, habrá información y detalles que no se contarán en esta versión, ya que Bella desconoce muchísimo del trasfondo de lo que sucede con Edward casi hasta el final... y también hay algunas cosas que antes no escribí... y que he decidido arriesgarme y contarlas...
Bueno, echa la confesión... las dejo con el capitulo.
Lakentsb
Caída libre.
Bella pov
Unas semanas después...
Eran poco más de las 3 de la tarde y estaba conociendo la casa de Ángela Weber que quedaba a pocas cuadras de la mía.
Eric, su hijo de casi cuatro años, era compañero de sala en el jardín maternal al que asistía Kellan desde el año anterior, y nos habíamos empezado a relacionar más fluidamente desde que Eric le había pedido a ella con mucha insistencia que invitara a Kellan a jugar.
Fue en ese momento cuando nos dimos cuenta de que ellos eran tan unidos.
Ángela era una mujer delgada y esbelta, no mucho más alta que yo, de cabello castaño más bien negro y brillante, con expresivos ojos castaños. Era por sobre todas las cosas amable, e irradiaba simpatía y comprensión por todos sus poros. Me sentía muy a gusto con ella desde la primera vez que cruzamos palabra meses atrás, en una reunión social que organizó la directora del jardín.
Yo no tenía muchos amigos en la ciudad, salvo Rose y Emmett, y Alice y Jazz y me alegraba de conocer a alguien con la simpleza y la sinceridad que ella manifestaba.
Ella y su esposo llevaban solo unos ocho meses viviendo en la ciudad. Ángela pasaba bastante tiempo sola durante el mes, a pesar de estar felizmente casada, -como ella decía-, ya que Ben, apenas un año mayor que ella, aunque mucho mas alto y de cabellos castaños rubios y expresivos ojos de una perfecta mezcla entre el gris y el verde, trabajaba en una importante empresa de petróleo en la zona, y se pasaba dos semanas fuera de casa y dos semanas con ella y su pequeño hijo.
Eran personas sencillas a pesar del dinero que ganaban, y de que el lujo se respiraba en aquella casa con un enorme patio, donde destacaba la piscina, un gran árbol y también el orden y la pulcritud en cada uno de los cuartos en el interior, paredes rosas y terminaciones de madera.
Kellan y Eric veían las caricaturas en la televisión, ambos acomodados en un mismo sillón y frente a un plato de galletas y sendos vasos de leche, a escasos metros de nosotras, extenuados, luego de jugar pelota por largo rato en el patio mientras compartíamos un té con Ángela, comentando asombradas la forma maravillosa en que los dos se entendían para jugar y se comunicaban, a pesar de las dificultades de Kellan.
-No puedo creer que no lo hiciéramos antes –se quejó Ángela, mientras sonreía con ternura a los dos pequeños, que abrazados miraban la televisión.
-No teníamos modo de saberlo si no fuera por Eric, ya sabes…Kellan… -comencé.
-su maestra podría habernos dicho –me interrumpió.- llevan casi un año siendo compañeros. Eric siempre me pide que invite alguno de sus compañeritos a casa y nunca antes lo mencionó…incluso algunas madres a veces me piden que lo lleve a sus casas porque sus hijos se lo piden…
-Es un niño muy sociable…y es cierto… pero ya los hemos reunido y me encanta, llevo un buen tiempo sin ver a Kellan tan relajado.-suspiré con alivio.
-Me alegra, y que sea el… ya sabes… Que Eric lo quiera tanto. No conozco mucha gente por aquí, y tu me caes bien Bella… yo no suelo ser tan sociable como Eric.
Angela rió, algo avergonzada de su confesión y negué con mi cabeza. Ella seguía siendo una de las personas más amables con la que me había topado en mucho tiempo.
La luz azul y blanca de mi Nokia sobre la mesa del comedor se encendió anunciando la llegada de un nuevo mensaje de texto, y pensando que podría ser de Edward me levanté lo tomé rápidamente. La sonrisa de anticipación se borró de mi rostro al segundo en que leí aquellas palabras:
"Disfruta de tu último mes de renta a mis costillas, perra. Vas a tener que buscarte un trabajo. Ahora que soy un desocupado ya no puedo mantenerte".
No era una novedad para mi que Jake había abandonado su trabajo, yo lo supe en el juzgado la semana anterior, cuando buscábamos a Kellan, pero realmente ya no entendía el funcionamiento de su mente.
Había dejado de atender sus llamadas últimamente luego de las primeras dos palabras, en cuanto notaba que eran solo para insultarme o amenazarme, cosa que lo enfurecía mucho más aun, obligándome a veces a apagar el teléfono directamente. Así que ahora Jake optaba por enviar mensajes de texto en lugar de llamar.
Mensajes que tampoco contestaba.
El viernes siguiente a que lo trajera después del "secuestro", Jake vino a buscar a Kellan como si nada pasara.
No hubo forma de que yo pudiera sacarle información de dónde estuvo o qué había pasado durante esos siete días que retuvo a Kellan incomunicado y lejos de mí.
O al menos eso quería creer: que Kellan había estado todo ese tiempo con Jake.
Kellan, como era de esperarse, estaba muy afectado después de todo aquello: y no quería salir fuera de la casa siquiera desde que había llegado. Ni siquiera quiso ir al jardín maternal en toda la semana. Se aferraba a mis piernas todo el tiempo mientras yo hacía las cosas en la casa, y lloraba desesperadamente si me alejaba lo suficiente como para desaparecer de su vista.
Era devastador.
Mis emociones oscilaban de la furia asesina contra Jake y la más profunda impotencia de ver a mi niño así y no poder hacer nada para remediarlo.
Ese viernes que Jake vino y quiso llevárselo, le expliqué con toda la calma de la que era capas lo que pasaba con Kellan cuando trataba de sacarlo de la casa pero no me creyó. Pensó que solo era una excusa mía para no dejarlo ir, que yo no quería dárselo, e insistió en que se lo llevara apelando al acuerdo legal que teníamos firmado para las visitas, y que por lo tanto, yo estaba obligada a cumplirlo, aunque él era quien menos podía argumentarme algo así después de lo que había hecho, que no fue precisamente no cumplir con su horario para devolverlo.
Como se estaba poniendo algo violento no tuve más remedio que ir y buscarlo dentro de la casa.
Kellan se desesperó apenas vio a Jake y a su auto estacionado en el portón. Se prendió a mi cuello con toda la fuerza de sus bracitos y con sus piernas me rodeaba la cintura, usando toda la fuerza de la que era capaz.
Ni siquiera despegaba su carita de mi cuello, donde se escondía.
Pensé que aquella actitud espontánea de Kellan seria suficiente para convencerlo de desistir, pero el imbécil de Jake, viendo que Kellan ni siquiera lo miraba, lo tironeó de mis brazos para arrancármelo y logró desprenderlo.
Kellan estalló en llanto en respuesta y convulsionaba en gritos de angustia. Yo creí que iba a morirme cuando Jake, sin un gesto de compasión, se dio la vuelta y lo subió al auto a la fuerza y arrancó.
Ni siquiera pude reaccionar. Cinco minutos después no había logrado moverme. Seguía ahí, todavía clavada en el suelo, frente al portón de la casa, totalmente paralizada, pero ellos de repente estaban en mi portón de nuevo.
Kellan se había orinado encima apenas salieron, y Jake, totalmente furioso, pretendía que le cambiara la ropa para poder llevárselo sin que los asientos de su auto se estropearan.
Cuando Kellan me vio de nuevo comenzó a gritar, histérico y tendiendo sus brazos hacia mí, y balbuceando con todas sus fuerzas.
-¡Mmam! ¡Mmam!
Me partía el corazón su desesperación, y la terquedad de Jacob, y que fuera tan incapaz de darse cuenta del sufrimiento de Kellan y de cómo lo estaba lastimando con su actitud tan egoísta.
-Jake, por favor… te lo ruego… -supliqué, tratando de retener mis lágrimas para no empeorar las cosas - si lo quieres tanto como dices… Kellan no quiere ir... no te estoy mintiendo... el tiene miedo. No quiere salir de la casa... no es solo contigo... entiéndelo, por favor...
Jake resopló molesto, e insistió en que fuera adentro a vestirlo. Perdí los estribos.
-¡No puedes pretender que después de llevártelo por casi diez días vaya saber a donde, el pobre no tenga pánico de que le pase lo mismo otra vez! Que no esté aterrorizado de que lo lleves sin explicación, y no sepa si va a volver, o cuándo. No tiene cuatro años todavía… ¡Por Dios Jake, mira como está! ¡¿No te das cuenta de cómo está sufriendo?
Mostrando apenas un vestigio del Jake compasivo que alguna vez conocí, bajó la guardia:
-Está bien Bella, solo por esta vez… -dijo, mirando con un dejo de compasión a Kellan, que seguía sollozando enterrado en mi hombro.
….
Los siguientes dos días creí que iba a morir.
Kellan, después de lo sucedido, estaba sumido en un profundo estado de shock: apenas caminaba dos pasos y perdía el equilibrio. Se orinaba y defecaba encima continuamente si salíamos siquiera al patio de la casa. Un lugar que anteriormente le encantaba y en el que solía pasar horas, a veces simplemente trepado a una horqueta baja que tenía uno de los árboles frutales del jardín, contemplando la enorme plaza que había cruzando la calle.
Lo llevé al médico desesperada por lo que le sucedía, temiendo lo peor, y este, luego de revisarlo y con solo hacerme unas simples preguntas me miró sin decir palabra y entendí. El era el pediatra de Kellan desde que tenía dos meses... ni siquiera tuvo que decirme en voz alta que lo que Kellan tenia era una "simple reacción emocional".
Totalmente física, por supuesto... ya que era la única forma que mi niño encontraba para comunicarnos todo lo que estaba sufriendo en su interior.
Estaba destrozada por su sufrimiento.
Totalmente frustrada, aniquilada por la impotencia, dándome cuenta de lo incapaz que era de responder a ninguna de las preguntas que se dibujaban en sus hermosos y ahora apagados ojos cafés.
Solo podía sentarme en el suelo con él cuando lloraba, y acompañarlo en su angustioso llanto, llorando junto a el por horas, meciéndonos en una letanía triste, mientras le susurraba interminables palabras de consuelo y compartía su dolor.
Emmett logró ser de impresionante ayuda con su humor exagerado y sus "animaladas" cuando lo llamé una mañana, desesperada ya por el rumbo que estaba tomando todo aquello, viendo que con el paso de los días Kellan solo parecía empeorar.
Su exuberante personalidad fue sacando poco a poco a Kellan del peligroso autismo en que se había sumido. Un fantasma que apenas habíamos logrado alejar lo suficiente cuando por fin lo conectamos al mundo de los sonidos con el implante coclear.
Kellan no era el típico niño sordo desesperado por comunicarse que era tan común observar en los videos institucionales de propaganda sobre los resultados de una cirugía de implante coclear. Al contrario de ellos, Kellan era abstraído por naturaleza, y si de un tiempo a esta parte la comunicación se lograba, no era por su propia iniciativa de trasmitir algo sino en respuesta a muchos e insistentes estímulos externos, la mayoría debidos al incesante trabajo de su terapeuta desde que descubrimos su condición.
Kellan había comenzado a cambiar drásticamente luego del encendido de su equipo escasos meses atrás, y de que el mundo sonoro al que había nacido ahora, despertara todo su interés y curiosidad de niño.
Un mundo al que ahora renunciaba voluntariamente, ya que por momentos ni siquiera toleraba tener su amado equipo puesto unos minutos.
Kellan se sumía en el silencio frente a todos, y su mirada vacía y triste nos desgarraba el corazón sin que pudieramos hacer nada para aliviarlo.
Días después de la primera visita de Emmett, de interminables guerras de cosquillas y juegos, ya había logrado que Kellan saliera con él, los dos solos en su auto, para comprar helados.
Algo sorprendente e inexplicable, que solo podía comprenderse por el inmenso apego que Kellan tenia por ese enorme oso con el que le encantaba jugar desde que era apenas un bebe.
Kellan volvió tan feliz, balbuceando como antes y mostrando orgulloso su pote de helado, que el sol empezó a salir nuevamente en mi corazón.
Y ahora, apenas a unos días de que por fin las cosas volvieran a una relativa normalidad, mi cara de preocupación al leer el mensaje de Jake había alertado a Ángela.
-No te preocupes amiga, yo puedo cuidar de Kellan mientras tú trabajas.-me ofreció, mientras me devolvía el celular, luego de leer el mensaje.
-Primero tengo que conseguir ese trabajo, Ang -. Me quejé, intentando ocultar la profundidad de mi desesperación.
Sabía perfectamente que si las cosas se mantenían en ese camino se me venía la noche, y pronto: no solo peligraba la subsistencia diaria, sino la casa, que no era nuestra, y a raiz de toda aquella locura yo ya no tendría como pagar la renta.
Lo peor de todo aquello era que gracias a la renuncia de Jake, en dos meses más como mucho, Kellan tampoco tendría más su seguro social, y eso significaba que además, tendría que pagarle su tratamiento de rehabilitación auditiva de mi propio bolsillo, o suspenderlo...
Por lo pronto, apenas me quedaban unos veinte días para conseguir ese trabajo y con ello conseguir aunque sea el dinero para el próximo mes de renta.
Iba a necesitar un buen trabajo, uno lo suficientemente bueno como para mantenernos, y con los horarios tan flexibles que me permitieran acompañar a Kellan a sus terapias en la semana.
…..
Ni Jake ni yo contábamos con las consecuencias que tuvo su arranque esa noche que devolvió a Kellan y la policía lo hizo retirarse de mi casa.
Mucho menos con lo que sucedió a consecuencia del deplorable estado emocional que Kellan mostró los días siguientes a que quisiera llevárselo a la fuerza de la casa.
Sin que tuviéramos idea, sus terapeutas habían tomado cartas en el asunto después de verlo tan alterado y de que por varios días les fuera imposible trabajar adecuadamente en sus terapias de estimulación. Y Emmett, que había prometido no intervenir "oficialmente" en mi situación, estaba tan indignado con el estado en que encontró a Kellan la mañana en que lo llamé, que apenas se fue de la casa hizo una denuncia policial como ciudadano común en contra de Jake, declarando en ella sobre el altercado, relatando el estado en que había encontrado a Kellan y también algunos detalles del incidente aquella ya lejana noche en que Jake me golpeó y fueron con Jasper a verlo a la casa.
No tenia idea al respecto, hasta que recibí una llamada críptica de Jake:
-¡Maldita! ¿Tanto me quieres ensuciar? ¿Crees que con acusarme de drogón por fumarme un porro de vez en cuando ganarás algo? Mírate, ¿quién en su sano juicio dejaría la custodia de un niño como Kellan a alguien como tú, Bella? Estás sola, sin trabajo, sin carrera…eres una mujer inútil y fracasada.. ¡ya verás cómo se te dan vuelta las cosas cuando la jueza sepa lo de tu querido Charlie!
Abrí los ojos como platos. No entendía de que estaba hablando.
-¿Qué tiene que ver mi padre en esto si ni siquiera está vivo?
-¡Todo tiene que ver! ¡Todo! ¿Acaso piensas que voy a dejar que mi hijo se críe solo en manos de la hija de un desquiciado que se pasó los últimos veinte años de su vida entrando y saliendo de un psiquiátrico?
Ese era un golpe realmente bajo y sucio que pensé que Jake nunca usaría contra mí, del que Emmett ya me había puesto en guardia una vez, y aunque sabia que existia aquella remota posibilidad, no pense que Jake fuera capaz…
Emmett me había tranquilizado, asegurándome que nadie consideraría ese punto de mi historia en la demanda por la custodia a menos que mi evaluación psicológica saliera mal.
Supe que la amenaza de Jake de que pagaría caro por lo que "le estaba haciendo" se estaba cumpliendo al pie de la letra mientras guardaba en aquella fatídica carpeta negra la citación para un examen psicológico que me había llegado del juzgado. Y que lamentablemente, lo único que me quedaba por hacer ahora era esperar… y dejar que las cosas siguieran su curso.
Lauren, que había estado desaparecida y silenciosa por un tiempo, al parecer un poco más consciente que Jake del significado de una denuncia por cómplice secuestro, reapareció con sus llamadas también:
-Te sugiero que vayas practicando para despedirte de Kellan…
Por momentos me era imposible mantener la calma.
Me sentía juzgada, evaluada constantemente como madre, amenazada. Ansiosa. Pero también era conciente de que si Jake lograra quitarme la custodia, eso sería lo único que le daría a Lauren la posibilidad de hacer realidad su soñada foto familiar de la casa frente a la playa, con un niño, el perro y el auto.
Me había enterado, por un comentario descuidado de Leah, la madre de Jacob, que Lauren padecía de una enfermedad del corazón, y era posible que nunca pudiera ser madre sin poner en riesgo su vida, así que era más que evidente para mí que su último recurso para armar su "familia perfecta" era a costa de mi Kellan. Su actitud solo me demostraba que era débil e insegura, que creía que el amor de un niño podía comprarse, y que estaba tan desesperada por el amor de Kellan, que no se daba cuenta de que yo aun no lo había apartado brutalmente de ella simplemente porque había descubierto después de un tiempo que a pesar de todo Kellan la quería.
¡Pobre mujer si pensaba que forzando las cosas es como se consigue hacer realidad los sueños!
Yo siempre seria su madre. Ningún amor de Kellan por alguien cambiaria eso, pero yo no era nadie para quitarle del camino a Kellan las personas que él amaba.
Su propia estupidez la dejo a los pocos días en mis manos.
Lauren consiguió mi e-mail, seguramente revisando la cuenta de Jake, y se le ocurrió escribirme una carta donde se explayaba sobre todos sus atributos como mejor candidata a madre para mi hijo, admitiendo entre algunas atribuciones un poco enfermas que hasta le había dado de mamar…
Cuando le mostré aquella carta a los terapeutas de Kellan, y a Emmett, todos me dijeron de modo unánime que estaba en todo mi derecho de acusarla por abuso deshonesto de un menor.
Lauren se quedó petrificada cuando la siguiente vez que me llamó, le agradecí por darme justo lo que necesitaba para denunciarla y al fin alejarla definitivamente de Kellan. Me rogó desesperada que tuviéramos una charla cara a cara antes de que hiciera nada, y a pesar de que nadie apoyaba mi idea de aceptar reunirnos cara a cara, accedí, totalmente segura de que algo bueno por fin podía salir de todo aquello.
-estas loca Bella, la mujer es una desquiciada, vas a correr un riesgo innecesario.- protestó Emmett.
-será en un lugar publico, Emm, hay camaras de seguridad. ¿te crees que no lo pense? No soy tan estupida.
-no digo que lo seas, es que no sabes lo que una perra desesperada puede intentar.
-en este momento la tengo en mis manos, confía en mi, no me pasara nada.-le aseguré, luego de observar como la rubia nerviosa dejaba su auto y se encaminaba hacia el comedor de una estación de servicio cercana, lugar que habíamos pactado para vernos.
Emmett suspiró con resignación.
-voy a llamarte en veinte minutos, si no contestas entraré a buscarte.
La conversación duro mucho mas que veinte minutos. La chica estaba realmente aterrada, a pesar de que se mostraba arrogante y segura de si mimsa. luego de una extensa charla cara a cara y a solas, tal como ella lo habia pedido - aunque obviamente la parte de la grabadora en mi bolsillo ni ella ni Emmett la sabian-, Lauren se confeso sorprendida encontrar frente a ella a alguien totalmente diferente a la bruja que Jake le había pintado:
-pensé que eras totalmente inaccesible, terca, y enajenada... –admitió. Con un gesto de alivio y contrariedad que me hizo sonreir.
-y yo creí que no iba a encontrar ni una sola ideas coherente en una mujer que me parecía tan desquiciada.
-touche.
-ahora que estamos de acuerdo en que podemos mantener una conversación civilizada me gustaria decirte que jamas estuvo en mi intencion hacerle daño a Kellan.
-pero se lo estas haciendo… insistí.
Había pasado mas de veinte minutos explicándole como Kellan percibía el mundo y lo mal que le hacían cada una de las cosas que habían sucedido.
Y lo ignorante que ella era como mujer, y por no ser madre…
Luego aceptar por fin que ambas estábamos de acuerdo en que queríamos el bienestar de Kellan, -aunque sus intenciones fueran totalmente egoístas, y las mías... bueno…yo era su madre, y tras poner varias condiciones a cumplir, pactamos una tregua de insultos y amenazas, independientemente de los arranques que tuviera Jake hacia mí en lo sucesivo.
-voy a hacer todo lo que sea necesario para ayudar y probarte que mis intenciones con Kellan no son malas- prometió la mujer.- hablaré con Jake para que haga las cosas bien… pero si me denuncias, no voy a dudar en aplastarte, Bella Swan… tienes mi palabra.
-voy a darte la oportunidad, Laureen, una sola… y solo porque existe la posibilidad de que estés mucho tiempo en la vida de Kellan y Jacob, pero a la menor situación… realmente fue un movimiento muy estupido de tu parte escribir ese mail… podrías ir a la cárcel ¿lo sabias?
La mujer asintió, nuevamente con aquella mueca de sorpresa en su rostro. No pude evitar regodearme un poco de la situación. Ella se veía realmente temerosa, sus manos no habían dejado de temblar en todo el tiempo que estuvimos sentadas ahí a pesar de que en ningún momento perdió la oportunidad para amenazarme directa o indirectamente…
La mesa en la que me había sentado era la más expuesta de aquel comedor. Frente a la pared de cristal que daba al estacionamiento, a la vista de Emmett, que vigilaba atentamente desde su auto.
No tenia completa seguridad del riesgo que estaba tomando al aceptar aquella tregua, pero sabiendo que tenía a mi favor una buena cantidad de pruebas de sus ataques anteriores, y sobre todo aquella jugosa carta que aun podía utilizar para hundirla, decidí que no perdía nada con probar. Al contrario, si lograba esa tregua como resultado de la charla, aunque solo fuera por unas semanas, al menos recuperaría algo de la tranquilidad que necesitaba para seguir funcionando.
Mi repentino afloje hacia Lauren y el cese de hostilidades de parte de ella, hizo que Jake desconfiara el doble sobre mis intenciones y redoblara sus esfuerzos en su campaña de desprestigio.
Ahora asediaba mi vida continuamente, vigilando todos los horarios de Kellan obsesivamente aunque no viviéramos en la misma ciudad, y armando un escándalo telefónico cada vez que teníamos un solo minuto de retraso al llegar al jardín maternal o a alguna de sus terapias. Jacob se encargaba de llamarme todos los días, a mí y a todas las personas con las que Kellan tenía sus terapias, agobiando a todo nuestro entorno con sus problemas hacia mí.
Tomó por costumbre hacer exposiciones a la policía por una uña sin cortar, un raspón en la mano, una mancha en la ropa. Le sacaba fotos a Kellan constantemente para tener "pruebas" de que yo no era lo suficientemente buena madre para cuidar de él, y seguía amenazándome cada noche con llamadas al celular.
A veces, cuando veía al extremo al que habían llegado las cosas entre nosotros, me preguntaba cómo era posible que alguna vez Jake me hubiese amado y que yo lo hubiera elegido para tener una familia con él.
Me resultaba imposible reconocernos en la guerra sucia que librábamos cada día.
Ni yo era más aquella Bella dulce, frágil y dependiente de su fortaleza. Ni él era más mi Jacob, mi amigo con el que podía hablar sobre cualquier cosa, mi protector. Mi "buen perro", como solía bromear él en los tiempos en que todavía estábamos en la universidad y yo trabajaba durante horas en la computadora de nuestro departamento en mi tesis de licenciatura y él se recostaba a leer en sus amados almohadones desparramados en el suelo, en la alfombra junto a mis pies.
Inevitablemente mi mente se remontaba al principio de todo, al momento en el que Jake llegó a mi vida... y a las decisiones que me llevaron a ese lugar en que estaba hoy:
Tan atrapada, temerosa, infeliz y sola.
Gracias por leer... a las nuevas que se están sumando y a las que con impaciencia esperan a que llegue justo donde la dejé...
Se les quiere!
Lakentsb.
