Capítulo 7
El llanto del draconequus parte 2
El ambiente de aquella tarde era frio. El cielo se mantenía en un permanente color grisáceo desde hace ya 3 días. La ciudad de Deltoria se encontraba aun presa de un hechizo impensable que mantenía a los habitantes dentro de un sueño profundo. Los perros de armadura militar seguían asechando las cercanías de la ciudad buscando a cualquiera que se escondiera en el bosque o las pequeñas localidades agrícolas.
La cantidad exacta de draconequus que aun se encontraban huyendo era completamente desconocida. Incluso era difícil saber si realmente alguien más había escapado de aquel baño de sangre. Los niños que lo consiguieron tarde o temprano fueron cayendo por las afiladas navajas de "la montaña". Aquel monstruoso equino tomaba como un deporte la casería de pequeños draconequus, algunos soldados rumoraban incluso que les arrancaba la piel para hacer fundas para sus armas.
Sweet despertó aquella mañana con un sentimiento de melancolía al encontrarse con un ambiente gris y poco agradable. Aunque aquello solo fueran los recuerdos del muchacho de pelaje oscuro, ella tenía 3 días siguiéndolos tras el rencuentro con Kaly. Sus ojos expresaban agotamiento a pesar de recién despertar. Los delicados cabellos castaños se movían de un lado a otro con una estética alborotada cuando la joven intentaba ponerse en pie.
Pero, a su vez, dentro de su cabeza se formaba una gran interrogante. ¿Por qué esos recuerdos no se habían desvanecido y aparecido nuevamente acelerando el tiempo hasta el momento exacto en el cual ocurría un suceso de importancia? La respuesta, si es que la tenía, estaba fuera de su alcance de momento.
En la esquina de aquella habitación se encontraba aun atrapado en un mar de sueños el pequeño Izzy. Sobre su pecho se encontraba un pequeño libro de color verde que llevaba siempre escondido en su bolso. La presencia de un viejo sujetador de velas a su lado delataba que el muchacho había estado despierto hasta tarde. El rostro del niño lucia una tranquilidad que nunca mostraba estando despierto. Parecía que aquel libro entre abierto era algo que lograba darle seguridad, o tal vez le traía un recuerdo que le daba fuerzas para continuar.
Sweet dio un pequeño bostezo mientras se acercaba a la entrada de la habitación, la luz opaca entraba por las ventanas y daba una sensación de que el lugar era un congelador enorme, un efecto psicológico causado solamente por la calidez de un cuerpo que recién despierta y las estéticas opacas del ambiente pues los cristales se mantenía sin ningún rastro de empañamiento.
La princesa miro unos momentos al pequeño y logro distinguir algo en las letras de color dorado que resaltaban en la cubierta de aquel libro. "Viaje a Terramar"
-Ese nombre…Me suena familiar- susurro para sí misma antes de escuchar un sonido en el exterior que llamo su atención.
Salió con cautela cerrando la puerta del dormitorio para buscar lo que causo aquel ruido. Fue un sonido débil pero en tiempos como ese, cualquier ruido era sinónimo de precaución y temor.
Tock Tock Tock… Se escuche nuevamente en el patio trasero de la vieja cabaña. La princesa se movió como un felino que no desea ser detectado y en cuestión de segundos cruzo la puerta que llevaba a la parte trasera. Estaba ahí, lleno de vendas en varias partes de su cuerpo, algunas con pequeñas pinceladas de sangre. Shady se encontraba clavando algo a la tierra, y su rostro reflejaba un semblante destrozado y desalentador.
-Deberías dejar que yo lo haga, aun estas lastimado por todo lo que paso- dijo una voz femenina
La joven pudo visualizar al girar un poco su cabeza a Kaly que solo podía observar mientras el draconequus terminaba el trabajo en un estado casi robótico. Tock tock tock se escuchaba nuevamente hasta que finalmente se detuvo y dejo caer al suelo un martillo bastante grande.
-No puedes hacer algo que me corresponde hacer. Mis fracasos y mis victorias debo llevarlas y terminarlas- respondió con un tono sombrío.
-Hiciste lo que pudiste.-
-Y aun así no fue suficiente. No fui lo suficientemente rápido, no fui lo suficientemente fuerte. Ni siquiera… fui lo suficientemente listo para poder sacarla de ahí sin que…-no pudo terminar la oración.
-Lo comprendo y sé que es difícil. Yo también la conocía y es horrible saber que ya no está, pero debemos mantenernos fuertes en estos momentos y pensar en algo antes de que nos encuentren.- la chica tomo su garra de lobo.
Sweet pudo ver lo que el muchacho clavo en el suelo cuando se dio la vuelta. Era una pequeña cruz hecha de maderas viejas que encontró. En ella se podía ver la leyenda "Lily Downpour. Amiga y talentosa pianista". El corazón de Sweet sintió una punzada de dolor al ver aquella cruz frente un monto de tierra que aun daba indicios de haber sido removida hace poco. Una lapida molesta y una tumba lamentable para una vida que nunca debió apagarse del modo en que termino sus días.
El draconequus miro a Kaly con cierta furia en sus ojos, desde que tubo la fuerza para enterrar a la pequeña esa mirada de furia había permanecido en sus ojos. Odiaba al rey, odiaba a los soldados de la guardia, odiaba el no tener las agallas o la estupidez para salir rumbo al viejo castillo y arrancarle la espina dorsal al endiablado monarca.
-Tú no tienes su sangre en tus garras Kaly- respondió sin titubeo y después solo giro su mirada a la tumba.
-Ahora entiendo porque tienes tanto odio en ti- dijo la princesa mirando como el chico empezaba a alejarse de Kaly para entrar a la casa.
El ser de tonalidades oscuras entro y se sentó tras el muro de la casa, recargando su espalda y cabeza en la pared, dejando ver su cola por el umbral de la puerta. Kaly solo bajo las orejas y prefirió arrodillarse frente la tumba de la pequeña Lily, por su mente pasaban temores y recuerdos de aquella noche, recordó como había tratado de sacar una esfera de memorias que había activado uno de sus conocidos durante el incidente, aquel artefacto había gravado con detalle unos minutos del ataque al distrito draconiano. Recordó como intento escapar con ella al no poder encontrar a Shady, recordó como al casi ser asesinada por un soldado dejo caer la esfera y se rompió al impactarse contra las rocas. Ella pudo haber mostrado eso a los demás pueblos pony, pudo conseguir que se hiciera justicia sobre Clock Tower y sus hombres, pero no logro. De cierta forma, ella sentía que también tenía sangre en sus garras por fallar.
Kaly comenzó a dejar caer pequeñas lágrimas que golpeaban la tierra de la tumba. Todo lo que conocía se esfumo para siempre y temía perder lo último que le quedaba. Toco con cuidado la tierra removida y sobre ella, exactamente en el centro de la tumba, broto una pequeña flor que se abrió lentamente, era blanca y joven, muy bella en verdad.
-Recuerdo que alguna vez me dijiste que… te gustaban las azucenas. Así que… al menos quiero darte unas- su voz era melancólica.
Poco a poco más de esas pequeñas flores blancas brotaron formando un bello ramo de azucenas nacidas de una pequeña flor que no volvería jamás. Kaly casi nunca usaba su magia, pero ella podía hacer cosas realmente hermosas con ella. Las flores eran en especial uno de sus hechizos más conocidos por el pueblo, le decían la chica de las rosas blancas, pues siempre que podía, hacia nacer aquellas bellas rosas que eran difíciles de conseguir en esa parte del territorio de Alderan.
La draconequus seco sus lagrimas y al sentir la suave caricia de un viento frio en su rostro respiró con lentitud. Las hermosas azucenas recién nacidas eran agitadas por el mismo viento, mientras la tranquilidad del silencio aumentaba. Kaly cerró lentamente sus ojos y se llevo una garra al pecho, algo estaba a punto de brotar de sus labios, solo se dejaría llevar en aquel último adiós a alguien que alguna vez conoció.
Comenzó a cantar:
"Un cuervo voló hacia mi
Mantuvo su distancia
Una creación tan orgullosa
En sus ojos su alma vi"
Envidie su orgullo
Pero no necesitaba eso de él"
Las orejas de Shady Night se alzaron al escuchar la dulce voz de Kaly. Esa canción le era familiar, era un cantico que todo draconequus conocía. Incluso los maestros de canto les enseñaban esa letra a los niños más pequeños. Se levanto con calma y miro al exterior, encontrando la imagen de aquella muchacha postrada ante la tumba con los ojos cerrados.
Esa canción había sido recitada por varios viejos amigos de la familia el día que su madre fue enterrada, era una canción de adiós, una canción de amor y amistad.
"Y un búho vino a mí
Viejo y sabio
Perforo… toda mi juventud
Aprendí a actuar como él
Envidie su sentido
Pero no necesitaba ser como él"
Unas garras atraparon a la chica en un frio abrazo. El draconequus negruzco le tomaba con delicadeza. Su respiración impactaba contra el hombro izquierdo de Kaly que tras sentir como su espalda se unía al pecho del chico solo intento continuar la canción. Su cola se unió con lentitud a la de Shady. Aspiro preparando el siguiente coro pero la voz del joven se adelanto a iniciar el cantico.
"Una paloma vino a mí.
Sin miedo alguno
Se posó sobre mi brazo
Toque su calma
Envidie su amor
Pero no necesite como ella ser"
Kaly no pregunto, no se quejo ni mucho menos dio una muestra de extrañeza en su persona. Solo se recargo sobre el pecho del chico y comenzó a cantar de nuevo acompañada de Shady.
"Un cisne vi, en un lago gris
Hermoso y triste a la vez
Le admire y sus plumas acaricie
Dando un adiós que sentía venir"
La princesa del tiempo solo se quedo ahí, observando como los draconequus daban un último adiós a los suyos. Las voces unidas en un canto triste le hacían sentir un cosquilleo en su interior, era como si aquella letra invocara los momentos tristes y felices de su pasado y fusionara cada uno de los sentimientos experimentados en uno solo. El resultado era un desequilibrio de emociones que escapaban a la vista. Las lágrimas de Sweet brotaban como delicadas cascadas sobre el lienzo blanco de su piel. Las palabras de aquella canción le traían el recuerdo de su madre, cuando finalmente dejo el mundo de los vivos hace ya varios años. Los draconequus seguían cantando cada vez mas impulsados por el sentimiento, aquella pareja emanaban amor a pesar de los acontecimientos que los llevaron a ese lúgubre panorama. A pesar de las discusiones que a pequeños rasgos parecían separarlos poco a poco.
Las gotas de lluvia comenzaban a caer a la tierra en pequeñas dosis como señal de advertencia. El cielo se tornaba oscuro y carente de luz, una tormenta se aproximaba. El agua aumentaba su furia a pasos veloces, el frio viento soplaba ahora como perteneciente a una tormenta huracanada. Fue cuando el frio invadió por completo a ambas criaturas multi especie que cesaron aquel cantar.
-Sera mejor que entremos. La tormenta arrecia y será más difícil movilizarnos si es necesario si alguno de los dos se enferma- Sugirió el muchacho que empezaba a caerle los cabellos a la cara.
Kaly solo levanto la mirada y creo un delicado beso sobre los labios del chico que no supo cómo reaccionar ante la sorpresa. Los labios de la chica se separaron de los de él y se puso en pie esbozándole una pequeña sonrisa. No tuvo que decir palabras, solo usar su mirada para responder. Se aventuró al interior de la cabaña y tras unos segundos Shady reacciono ante el frio y entro a la cabaña.
La princesa del tiempo tuvo un sentimiento encontrado en aquel instante por lo que recién presenciaba. No sabía cómo explicarlo, pero de cierta forma, un desagrado bastante grande hacia la draconequus comenzaba a formarse en su persona. Sweet era una joven poco conflictiva y bastante amistosa Pero si algo no toleraba, eran las personas que se hacían ver como perfectas. Aquellas que todo mundo quiere a pesar de si sus acciones son correctas o incorrectas. En Kaly logro ver todos esos elementos que detestaba, la chica de la dulce sonrisa y creadora de flores que no había ayudado en lo absoluto durante el ataque al distrito. La huida cobarde empleada para salvar su cuello en vez de buscar a quien supuestamente decía amar.
Sweet dejó escapar un pequeño bufido de molestia con la nariz. Sus cascos causaban un leve sonido en las tablas de la vieja cabaña. Vio a la chica unos segundos con un trozo de tela secándose el cuerpo humedecido por la lluvia. Sweet frunció el ceño al verla y tan rápido como la visualizo aparto la mirada y se enfocó en el muchacho que subía las escaleras en busca de algo para secar su cuerpo.
El larguirucho joven de colores oscuros busco por el lugar una toalla mientras dejaba tras su paso un rastro de humedad. Entro a la habitación donde se encontraba el infante y buscando en uno de los cajones apolillados encontró lo más cercano a una toalla. Por unos segundos Shady ni siquiera noto que Izzy se encontraba consiente en aquel momento. Sus ojos se encontraban clavados en el pequeño libro que hace unos minutos descansaba sobre su pecho.
Shady trato de secarse lo más rápido posible. La cabaña tenía pequeñas fallas por las cuales se colaba el helado viento del exterior. La falta de cuidados que provocaban un aspecto inestable y de abandono a la fachada de la casa le volvía un escondite medianamente seguro.
Un estornudo se escuchó del lado izquierdo de la habitación, fue cuando noto al niño finalmente. El pequeño tiritaba por el frio que iba aumentando conformo la lluvia se volvía más fiera. Tomo la manta de la cama y se la acerco mientras tomaba asiento a su lado.
La princesa solo observo como la personalidad del draconequus se tornaba, hasta cierto punto, como la de un hermano mayor que protege al pequeño de la familia. Sus ojos reflejaban esa peculiar sensación mientras colocaba la manta sobre los hombros de Izzy.
El infante levanto la cabeza y agradeció el cobijo. Sus ojos parecían ajustarse a una realidad distinta a la que habitaba hace unos segundos. Las letras en tinta azul resaltaban en las hojas blancas del libro verde esmeralda.
-¿Encontraste ese libro aquí?- Pregunto el muchacho mientras recargaba la espalda sobre la pared de madera.
Izzy negó con la cabeza mientras usaba una pequeña pluma que había arrancado de su ala para guardar la página en la que se encontraba. Cerró el libro dejando visible las letras doradas que descansaban sobre aquel fondo verde. Las letras del centro brillaban en un modo escandaloso para llamar la atención del espectador. "Viaje a Terramar" de Firelight White.
-Este libro me lo dio mi padre cuando aprendí a leer – respondió el chiquillo de cabello alborotado- fue de las pocas cosas que pude recuperar durante el ataque.
-Nunca había escuchado de ese libro. ¿Es bueno?- pregunto el draconequus mayor
Izzy dejó escapar una pequeña sonrisa infantil al escuchar la pregunta. Le extendió el libro para que pudiera tomarlo Shady y comenzó a responder con una tonalidad muy distinta a la respuesta anterior.
-Es un relato increíble. Es la historia de un caballero que tras perder su pueblo a causa de la orden de un malvado hombre que deseaba los tesoros de los señores de Durhin. Hildegard, el protagonista de la historia, va buscando a todos los involucrados en el incidente para enfrentarlos y le revelen la ubicación del emperador Ox. Para esto él viaja por diferentes tierras en busca de la llamada Isla de Terramar donde se encuentra su mortal adversario y la única sobreviviente del pueblo además de él, la señorita Loreley quien amaba en secreto al gran campeón de Durhin, el cual resulta ser Hildegard.- Un respirar agitado escapo del niño
Shady miro la textura dura y resistente del libro y acaricio las letras que resaltaban cada vez más al mirarlas.
-Wow. Todo eso se escucha como un viaje en verdad impresionante Izzy- dijo mientras abría el libro.
-Y lo es. Es el primer libro grande que leí. Fue el primer libro que mi padre y yo leíamos juntos. Tiene mucho valor para mí- suspiro tomando la manta y cubriéndose por completo el cuerpo para sentir su calor.
Shady miro las primeras hojas y en ellas encontró una pequeña firma bajo el título de la hoja inicial. Era la letra de alguien habilidoso con la escritura cursiva.
"Para mi pequeño caballero. El mundo puede ser duro conforme vamos creciendo pero es nuestro valor y nuestros deseos de vivir lo que nos impulsa a vencer todos los obstáculos de esta preciosa aventura. Que este libro siempre represente el amor que tu padre te tiene. Que sea el recordatorio de que, sin importar que camino tomes, tu siempre serás mi orgullo"
Al leer aquellas palabras comprendió el valor que poseía. Aquel pequeño libro de fantasía, caballeros y dragones, de doncellas capturadas y tierras misteriosas por explorar eran la materialización del amor de un padre a su primogénito. Independientemente de lo que la imaginación de la escritora de la novela plasmara en sus hojas, aquel relato era un simbólico objeto que le decía al pequeño Izzy que sin importar que ocurriera, no se rindiera y que fuera valeroso ante la adversidad.
-Creo que tu padre hizo una gran elección con este libro para ti amiguito. Incluso creo que va contigo la idea del protagonista que no se detendrá hasta conseguir su objetivo.
-¿En verdad lo cree?- dirigió la mirada hacia el chico.
-Lo que hiciste por mí aquella mañana, no es algo que cualquiera se pudiera haber atrevido a efectuar. Muchos buscarían su bienestar en vez de jugársela por un completo desconocido. Tú sin embargo, evitaste que mis orejas se infectaran por mis heridas. De no ser por ti posiblemente estarían gangrenadas y deberían cortármelas antes de que infectara el resto de mi cuerpo. Tú fuiste al bosque sabiendo que los soldados buscaban sobrevivientes por esas hojas. Puede que seas solo un niño Izzy y que lamentablemente la vida te ha mostrado su lado más feo- el draconequus lo miro unos segundos antes de continuar- Pero aun así, te comportas como un hombre. Tu padre miro grandeza en ti, ahora yo igualmente puedo verla. Resplandece como un poderoso sol, y está en tu corazón. Puede que no allá mucho de nuestra vida en este momento, pero algo es seguro amiguito. Así como Hildegard es tu héroe. Tú eres el mío- El larguirucho ser coloco sus garras en los hombros del pequeño y le miro con verdad reflejada en sus ojos.
Izzy coloco el libro de su héroe de fantasía en el suelo con cuidado. Su corazón latía con emoción por las palabras dedicadas por el draconequus. Sonrió con un encanto particular que solo los niños poseen y forman cuando realmente la felicidad llega a sus personas. Quiso decir algo más sus palabras no brotaron de su boca. Se levantó un poco y salto abrazando al joven que miraba tantas cosas en él. Por un segundo Izzy sintió una calidez que no sentía desde hace días, tenía un sentimiento creciendo en su interior que ya había experimentado en el pasado. Sus pequeños brazos atrapaban al cuerpo de Shady en un abrazo que se tornaba lo más fuerte que podían las fuerzas del cachorro de draconequus. Una pequeña lagrima brotaba de los ojos cerrados del niño, finalmente recordaba donde había sentido este sentimiento cálido. Era el mismo que sentía cada vez que su padre le abrazaba, cada que le relataba una historia, era el mismo encantador sentimiento que se formaba cada vez que su padre le revolvía el cabello y estallaba en risa tras un comentario inocente de parte del niño.
Shady Night respondió al abrazo, el húmedo tacto de la lágrima de Izzy se hacía presente en su pecho, pero él no dejaba de abrazarlo. Sin darse cuenta, una de sus garras se dirigió a la cabeza del muchacho y le acaricio con la misma delicadeza que alguien da afecto a sus hijos cuando tienen pesadillas.
-Veras que mejores días vendrán Izzy. Pero de momento solo tenemos como objetivo el continuar. Mañana nos iremos de aquí. Kaly y yo pensamos que ya estuvimos demasiado tiempo aquí, esto podría ser peligroso si nos quedamos tan cerca de la ciudad- susurro en temple calmado el chico.
Izzy levanto la mirada y rompió aquel abrazo para secarse las lágrimas. Intentaba recuperar la postura como los adultos lo hacían en momentos malos para no preocupar a otros. El chico se puso de pie y se movió por la habitación hasta el otro extremo donde comenzó a clavar las pequeñas garras en una tablilla del piso de madera. Esta se movía en momentos y tras unos cuantos tirones se abrió del lado izquierdo mientras el derecho se sumía. Era como un sube y baja miniatura.
-Creo que encontré algo que podría servirnos para comenzar en otro lugar- comento el niño mientras metía las patas delanteras al agujero dejado por la tabla.
Se escuchó un sonido metálico mientras que el pequeño buscaba a tientas algo oculto en el suelo. Tras un par de tirones salió reluciente un saco de color chedron bastante abultado. En su interior se encontraba aquello que formaba el tintineo metalizado.
-¿Qué es eso amiguito?-pregunto Shady acercándose al niño
Izzy abrió el saco sin responder la pregunta y del interior se dejó ver un resplandor peculiar. Poco a poco la boquilla del saco se comenzó a expandir mostrando el contenido hasta que se desbordo en el suelo. Eran una cantidad bastante llamativa de monedas de plata pura y monedas doradas.
-Las encontré anoche mientras todos dormían. Me levante a media noche y tropecé con la tabla, cuando revise encontré esto. Podría servirnos al llegar a otro pueblo. Las conté con calma son 200 monedas de plata y 200 coronas doradas, la moneda más valiosa del continente-
-En verdad sí que tienes suerte pequeño. Posiblemente es la segunda vez que salvas de un futuro incierto a este tonto larguirucho. Kaly se emocionara de ver esto- respondió sorprendido al ver aquellas brillantes piezas de oro y plata.
Un trueno estruendoso se escuchó rugiendo en el exterior. La luz del rayo que le acompañaba fue tan poderosa que alumbro por unos segundos todo el lugar dejando un pequeño ofuscamiento en los ojos de ambos draconequus. La oscuridad comenzaba a inundar más el interior de la casa debido a que el cielo se volvía más negruzco conforme la tormenta arreciaba. En la planta baja se podían ver los pequeños fulgores de un grupo de velas que eran encendidas por la magia de la chica.
Shady miro al exterior y por un segundo tuvo la idea de ver algo que se movía en medio de la tormenta. Pero tras un segundo rayo que ilumino todo, aquellas figuras que pensó ver se habían esfumado por completo del lugar.
-¿Tienes pensado a donde iremos tras irnos de aquí?- pregunto el niño mientras volvía a reunir las monedas esparcidas en el suelo.
-Supongo que lo más prudente será partir hacia Agartha. Está a casi dos días de nuestro punto actual. Así que no tienen idea de lo que paso en nuestro distrito y por lo tanto podremos camuflarnos entre su multitud. Después tal vez de eso veremos si es prudente volver a alejarnos o permanecer ahí.
El infante regreso por sus pasos y tomo su libro y lo guardo en su siempre confiable bolso. Las gotas de lluvia golpeaban violentamente la ventana esparciéndose por el cristal ante el impacto de la caída. Las orejas del pequeño se movieron y en su rostro se formó una expresión de temor e ignorancia ante lo que escuchaba. Izzy presentía que ese sonido no era normal, sentía que eso podía ser algo que tal vez los pondría en peligro.
Shady noto como la actitud del infante cambio de un momento a otro y se acercó sin hacer mucho ruido. El sonido de la madera que chillaba se escuchaba de la planta baja, tal vez Kaly escucho lo mismo que el niño. El draconequus de colores oscuros toco el hombro del niño y susurro a sus oídos.
-¿Qué ocurre? ¿Qué escuchaste?-
-Ay algo allá afuera Shady- respondió con el mismo volumen de voz que el muchacho.
En la planta baja de la casa sonó un ruido inesperado, era como si un cristal se rompiera por un poderoso golpe y seguido a él, se escuchó un débil grito femenino perteneciente a la chica draconequus. Aquel grito estremeció a Izzy que tembló por unos segundos mientras otros sonidos se escuchaban, eran débiles voces gruesas que iban aumentando en volumen.
Shady tomo al niño y lo miro fijamente a los ojos.
-Izzy escúchame bien. ¿Recuerdas el hechizo que te enseñe para desvanecerte por unos minutos? Si algo pasa y sube algún sujeto que no seamos Kaly o yo úsalo para ocultarte. Iré abajo no salgas de aquí-
El niño asintió velozmente y trato de serenar su cabeza. El draconequus negro se movió por las paredes levitando su cuerpo con rapidez pero tratando de hacer el menor ruido posible.
Por la mente de Shady comenzaba a pasar una serie de ideas horribles. La falta de la voz de Kaly tras el leve grito le hacía pensar lo peor y las voces masculinas que se escuchaban se hacían más notorias mientras bajaba aferrándose al techo, moviéndose entre las sombras que no cubrían la luz de la velas.
En la planta baja se encontraba una figura diminuta acompañada de un ser enorme y macabro. Era un soldado de armadura plateada que podía considerarse algo pequeño entre las estaturas promedio de los equinos unicornio. El otro era la infame criatura conocida como la montaña. Aquel monstruo salido del más horrido cuento de terror estaba ahí, sosteniendo su inmisericorde lanza con la cual había matado a aquel niño hace unos días.
Kaly se encontraba derribada en el suelo, en su espalda se encontraba ensartado un dardo neutralizador de magia. La muchacha se arrastraba por la empolvada alfombra con dificultad, su cabeza daba vueltas como si se tratara de una terrible borrachera. Sus músculos se entorpecían y le era difícil reaccionar durante los primeros instantes en el que ese veneno recorría su cuerpo privándole de sus dones mágicos.
-Bueno a final de cuentas si faltaba una como decías grandulón. La última draconequus del viejo distrito- dijo burlonamente el unicornio de armadura plateada.
La montaña no proporciono ningún sonido, su semblante diabólico era su carta de presentación. Se acercó con lentitud agitando su lanza para dar el golpe de gracia mientras los sentidos de Kaly estaban adormecidos. La draconequus levanto una de sus garras y giro su cuerpo para quedar cara a cara con el abominable pony. Los dedos de la chica chasqueaban con desesperación tratando de hacer cualquier hechizo para atontar a los atacantes y poder escapar.
-Probaras la muerte- susurro el gigantesco equino
La lanza se levantó amenazadora lista para dejarse caer contra la debilitada criatura, el unicornio de armadura solo miraba con cierta curiosidad de ver donde caería la afilada navaja de la lanza esta ocasión.
Shady se acercó lo suficiente para lanzarse desde el techo contra la monstruosa criatura portadora de la lanza que mato a varios de los suyos. Con un fuerte rugido anuncio su llegada y de un zarpazo lanzo lejos la lanza que cayó cerca cerca de la cabeza de Kaly con la punta de madera.
El unicornio dio un brinco sorpresivo hacia atrás mientras la montaña se agitaba de un lado a otro tratando de quitarse de encima al muchacho que se aferraba a su cuerpo de una manera poderosa, buscaba arrancar alguna parte de aquella impenetrable armadura que portaba su enemigo y ponerlo en desventaja.
El unicornio trato de lanzar un hechizo contra Shady, tomo su tiempo para cargar un poderoso rayo noqueador pero antes de que pudiera dispararlo si quiera sentía como la afilada hoja de metal de la lanza se abría paso por su garganta hasta llegar al otro extremo. Kaly lanzo con todas sus fuerzas el arma y por pura suerte logro acertar.
El rayo del unicornio se disparó y golpeo el pecho de la armadura del equino. Pequeños pedazos de metal se esparcieron por el suelo y seguido de ello la garra de Shady arrancaba la parte baja del yelmo de la montaña. El monstruo supo que estaba en problemas y se estampo contra la pared golpeándose contra ella una y otra vez. La espalda de Shady se impactaba bruscamente contra el muro de madera, los golpes eran poderosos y dañinos.
Kaly se levantó a duras penas, sus poderes se esfumarían por lo menos unas 10 horas pero al menos sus reflejos y equilibro estaba volviendo a pasos lentos. Miro al unicornio que aun pataleaba débilmente mientras se ahogaba en un charco de su propia sangre. Kaly coloco una de sus patas sobre el cuerpo del herido y tomo con fuerza la lanza arrancándola del cuello del sujeto. Este solo abrió los ojos con fuerza mientras sentía como su garganta se abría con la navaja nuevamente, después de eso se encontró en los brazos de la muerte.
Shady no podía más, sus brazos se aferraban cada vez menos, la montaña sentía como sus fuerzas aumentaban por la furia y las de él se debilitaban. El chico clavo las garras sobre el pecho del pony y rasgo con una fuerza tan limitada que apenas logro hacer un pequeño rasguño. Un impacto nuevo se hizo contra la pared y los brazos de Shady se separaron dejando caer su cuerpo al suelo empolvado.
Le costaba respirar al draconequus, sus huesos estaban a punto de romperse y sus órganos apabullados por aquellas poderosas embestidas. El endemoniado soldado se puso delante de él y lo miro desde la seguridad de aquella parte superior del yelmo. Sus labios sonreían sin moverse y su piel se veía demasiado pálida, casi como si fuera un ser sin calor en su cuerpo.
La garra de lobo se levantaba forrada por un aura mágica. El muchacho jadeaba mientras miraba al equino, No dudo y lanzo un único ataque que destrozo el resto del yelmo. La montaña se irguió un segundo en dos patas y cubrió su rostro con sus cascos delanteros. Fue entonces que Kaly corrió para tomar impulso y penetro la armadura hasta adentrarse en la espalda del asesino de niños que era la montaña. Las patas delanteras se alejaron del rostro del monstruo que aulló dolorosamente al sentir como la lanza se adentraba en él y salía victoriosa por su pecho dejando escapar de su interior un mar de arena y sangre negra.
Shady contemplo finalmente con horror el rostro del soldado gigantesco. Su frente se encontraba prácticamente descarapelada. La piel se encontraba en tan mal estado en esa parte que podías ver el blancuzco color de su cráneo. Sus ojos eran dos bolas de fuego abrazador y su nariz no era más que una superficie destrozada de la cual se podía ver pequeños agujeros de su deformada piel.
Sweet miraba todo desde las escaleras. Al notar aquella aberración de la naturaleza comprendió por qué la montaña era tan poderoso. Era el resultado de magia perversa y que posiblemente su abuelo había usado. Aquel era un muerto viviente al servicio de un hombre cegado por el poder y el miedo.
Kaly arranco la lanza y preparo el siguiente ataque que sería en dirección a la cabeza, uso su cola para atar las patas del equino y tiro de ellas con todas sus fuerzas. La montaña cayó casi en un segundo que parecía eterno pero antes de que tocara su cuerpo el suelo, sus patas delanteras tocaron la superficie con fuerza impulsando una patada devastadora con las traseras.
Kaly salió disparada contra un viejo reloj de pendulo que se encontraba en la sala de la cabaña. El enorme esperpento tomo la lanza y giro en busca de la chica. Shady comenzó a lanzar zarpazos a sus patas traseras al no poder levantarse. Esto solo enfureció al equino y dio un golpe fuerte contra la cabeza de Shady quien quedo alejado de la realidad en el suelo, su visión se volvía borrosa y veía más de una silueta en lugares donde no se encontraba nada, casi era un golpe de inconciencia.
La afilada hoja de la lanza se abalanzó contra el suelo y solo se escuchó un alarido de dolor acompañado del sonido de la sangre manchando los muebles y piso. La cola de Kaly yacía cercenada en el suelo mientras ella aun trataba de levantarse de aquel lugar repleto de trozos de madera y cristales incrustados en su espalda.
Shady grito con todas sus fuerzas aun sin poder ver con claridad y buscando levantarse apoyándose en la pared.
-¡DEJALA EN PAZ BASTARDO!-
La criatura no respondió solo dejo caer su arma y de los bolsos que colgaban de su armadura tomo una esfera e color verdusco luminoso. Se inclinó y la lanzo por la ventana. Tras unos segundos la esfera dejo escapar un poderoso destello en medio de la tormenta. Kaly comprendió que aquello era una señal, estaba llamando a más soldados buscadores.
El sonido de vidrios crujiendo y madera moviéndose se escuchó al momento en que la draconequus se puso en pie. El muñón de su cola cercenada sangraba a borbotones, no tenía magia que le ayudara a parar el sangrado.
La chica temerosa de lo que sucedería se abalanzó contra la despiadada montaña. Un zarpazo exitoso se formó en el lado izquierdo del rostro. Un segundo golpe se disparó pero antes de que si quiera pudiera tocarlo los cascos del equino tomaron el brazo de la chica y lo doblaron con tal fuerza que solo se escuchó un estridente crujir. Kaly grito de dolor al mismo tiempo que Shady lograba ajustar su vista por unos segundos para ver como de la garra de león salía de la piel un pedazo de hueso, expulsando sangre que se esparcía por el lugar.
-¡NOOOOOO!- grito el aterrado draconequus
Shady de avalanzo contra la montaña que no espero ni un segundo para atacar de nuevo. Tomo a la chicha de la garra de dragón y giro con fuera para usarla como instrumento que golpeo al muchacho dolorosamente.
Kaly trataba de liberarse dando patadas y forcejeando como podía. La montaña tomo con fuerza aquella garra de dragón y la estrujo con fuerza. Seguramente buscaba romperla también.
La chica producía pequeños gemidos de dolor ante la fuerza que estrujaba su brazo. Trato de acercarse lo más que podía para morderlo y con suerte se liberaría de aquel agarre. Shady levanto la cabeza y miro como Kaly empezaba a morder al monstruo con todas sus fuerzas.
-¡DEJALA YA!- grito disparando un hechizo contra la montaña.
El hechizo roso la mejilla del ser y se impactó contra la mesa de la cocina. Kaly se distrajo por unos segundos ante aquel destello que roso sobre su cabeza. El enemigo aprovecho esos segundos de confusión para golpear con fuerza una de las patas traseras de la chica. Un crujir de huesos se escuchó al romperse una de sus patas. El equilibrio se perdió de inmediato y el cuerpo de la chica se precipitó al piso. El monstruo soltó la garra de la chica y cuando estuvo está cerca de su cuello la tomo y con fuerza la uso para desgarrar el cuello de Kaly.
La chica impacto contra el suelo y giro boca arriba. Su garganta se convertía en una cascada carmesí que inundaba velozmente el suelo de madera.
-Ahora sigues tú- dijo una voz gruesa y espectral.
Cuando la montaña giro el muchacho ya no estaba. De alguna forma se las había arreglado para moverse sin que él lo notara. Kaly se ahogaba lentamente en su sangre mientras miraba a su alrededor tratando de llamar a Shady. Su corazón se debilitaba a cada instante.
De la oscuridad el draconequus se lanzó contra la bestia gigante llevando en sus garras un viejo trozo de metal usado para mover la leña ardiente de las fogatas y chimeneas. La montaña levanto su casco y lanzo un golpe poderoso que roso la mejilla de Shady, tras unos segundos donde el ser se sorprendía al fallare su ataque, aquella barra de metal se incrustaba en su ojo izquierdo haciéndolo caer al suelo.
Shady grito con furia incontrolable. Sus ojos eran ahora dos poderosos fuegos salidos de los adentros del mismísimo infierno. Su crin brillaba con intensidad, casi como si estuviera viva y sus colmillos se asomaban atemorizantes y fieros, casi como los de un animal salvaje. Sin perder tiempo comenzó a arrancar trozos de carne de la montaña con ataques brutales y sin tregua. Solo se podía ver como las garras arrancaban parte del pecho y el cuello buscando el hueso que conectaba todo para romperlo de un solo golpe.
La moribunda chica solo pudo ver como un aura negra y maligna comenzaba a rodear a su amado draconequus, ella pudo ver como el dolor, la ira y el odio finalmente lo tomaban en sus heladas garras y le hacían sacar lo más horrible de su ser.
El pony golpeaba pero no servía de nada, parecía que Shady no sentía los golpes. Finalmente, lleno de sangre negra y viejo polvo el draconequus negro tomo el cuello de su enemigo y tiro de él tan fuerte que tras unos instantes se escuchó como la carne se desprendía del cuerpo y la cabeza era arrancada seguido de un rugido de furia. El ser dejo de moverse y su cabeza rodo por el piso al ser soltada.
Shady corrió agitado en busca de Kaly. Lamentablemente lo único que encontró fue a una chica que dejaba caer una pequeña lagrima al mismo tiempo que sus ojos reflejaban miedo al verlo, después, fusto cuanto la tomaba en sus brazos, la luz escapo completamente de sus ojos para siempre y la cascada de sangre seso.
El draconequus no pudo soportar aquella escena, no pudo guardar silencio, aulló de dolor y tristeza dejando escapar el nombre de la chica mientras sus lágrimas comenzaban a desbordarse como las gotas de lluvia.
Una flecha llego del exterior y se clavó sobre la madera de las escaleras. Esto llamo la atención de Shady. Cuando salió solo vio a 3 unicornios usando ballestas con flechas envenenadas que seguramente contenían aquella pócima anuladora de poderes mágicos.
-Ríndete. Somos mayoría y no hay a donde escapar- grito un unicornio de color marrón.
-No...Ustedes son los que deberían correr- dijo Shady mientras se acercaba con una mirada digna de un demonio del averno.
Los unicornios comenzaron a cargar sus ballestas y apuntaron, era una distancia que no podían fallar. Shady solo dejo ver sus colmillos y sus garras en plan de ataque, se irguió dejando ver su superioridad de estatura y grito con ira "Hoy sentirán lo que sentimos" y tras un poderos rayo que alumbro todo el draconequus desapareció delante de ellos y comenzó a arrastrarlos uno a uno a la oscuridad del bosque.
Las flechas se disparaban de un lado a otro sin acertar a nada. El crujir de huesos se formaba tras uno de ellos, los gritos le acompañaban. Los 2 restantes se juntaron tratan de ver en todas direcciones. De repente al unicornio de color purpura le surgieron fuertes e incontrolables flamas que lo devoraron entre gritos y rabietas de dolor. El último soldado corrió aterrorizado pero antes de que siquiera pudiera llegar al sendero más cercano sintió como unas enormes garras lo sujetaban y lo elevaban en el cielo. Cuando levanto la mirada se encontró con una enorme ave prendido en fuego y de color negro. Sus ojos eran iguales a los de los demonios de los cuentos de terror y antes de que pudiera emanar un enorme grito sintió como era soltado y caía bruscamente contra las ramas de los árboles, rompiéndole en el proceso una o dos costillas.
El unicornio se encontró adolorido y perdido, su cuerpo dolía bastante mientras las gotas de lluvia lo empapaban con ferocidad, no había señal del ave gigantesca pero temía que volviera por él.
-Estas de suerte idiota… necesito que le cuentes a todos que la montaña está muerta- dijo el draconequus mientras se acercaba con un cuerno cercenado en la garra de cuervo- te dejare vivir a cambio de que les digas a todos- clavo el cuerno en una de las patas del unicornio que chillo de dolor- que "Hildegard el devastador ira por todos ustedes, cada soldado participe de lo que ocurrió en el distrito draconequus" – clavo nuevamente el cuerno sobre la cutie mark del soldado- quiero que el rey sienta el terror más grande que ha sentido en su vida cuando el ultimo draconequus busque arrancar su corazón mientras aún viva-
El unicornio asintió sumido en terror. Los rayos caían con ferocidad y la apariencia del ser se convertía en lo que más temía el soldado. Gruño con fuerza y esta salió a duras penas corriendo, dejando un rastro de sangre a su paso.
La furia de Shady comenzó a descender poco a poco y tras unos segundos bajo la lluvia recupero la cordura tras aquel festín sangriento que se evidenciaba en sus ensangrentadas garras.
Regreso a la casa y miro a la chica que había amado y seguía amando, solo pudo acercarse un segundo y le cerró los ojos, no podía hacer nada más por ella, pero aun podía hacer algo por el pequeño draconequus que se ocultaba en la planta alta.
Sweet siguió sus pasos y miro sin poder decir o expresar algo ante lo ocurrido como aquel chico se había convertido en el ser que conoció en su habitación hace poco tiempo.
-Entonces Esto fue lo que te volvió así- susurro con tristeza.
Una luz ilumino todo el lugar y tras un poderoso destello de luz todo se volvió en tinieblas, la princesa supo estaban brincando a otro recuerdo después de tanto tiempo manteniendo las memorias Shady sin saltos de tiempo.
Cuando la claridad volvió a sus ojos pudo ver a Izzy mirando a Shady con cierta tristeza. Se encontraban en un pequeño pueblo durante el amanecer.
-¿En verdad tienes que irte?- pregunto melancólico el niño.
-Ellos tienen que pagar por lo que nos hicieron. Por lo que le hicieron a Kaly amiguito- respondió fríamente el draconequus
-¿Pero qué are aquí solo?-
-Hable con la mujer de la posada donde hemos estado hospedados. Le di las monedas y ella te dejara quedarte 2 años aquí con un techo sobre tu cabeza y comida para subsistir. Es algo de momento Izzy yo no sé si podré volver después de lo que are-
-¿Piensas matarlos a todos?
-Solo a los que tuvieron que ver. Y…al rey también- lo dijo mirándolo – Sabrás de mi si llegan hasta acá los rumores de alguien que ataca el reino, espero poder regresar y encontrarte aquí a un pequeño-
-Por favor prométeme que si volverás- susurro el niño que empezaba a adoptar la forma de un potrillo al ver que algunos ciudadanos comenzaban a deambular.
-Lo prometo Izzy- dijo el draconequus mayor mientras comenzaba a caminar entre equinos adoptando una forma distinta.
La princesa del tiempo observo como los ojos del infante se volvían un mar de lágrimas al ver que volvía a estar solo en aquel viaje sin destino. El niño seco sus pequeñas lágrimas y se dirigió al interior de una posada del cual nunca se volvería a saber en aquel mar de visiones del pasado.
Una luz blanca comenzó a iluminar el lugar y Sweet comprendió que volvería a dar un salto temporal en los recuerdos. Solo cerro los ojos y rogo a los dioses que el niño pudiera sobrevivir a esa vida solitaria y que por lo menos Shady Night volviera por el.
