!Hola, gente hermosa que lee mi historia!

Yo sé que he tardado muchísimo en actualizar pero han habido varios cambios en mi vida y me ha impedido continuar; de hecho mi plan era subir un capítulo larguísimo para compensarles mi tardanza pero al final decidí que es mejor unos tres o cuatro capítulos medianos en un corto tiempo para que ustedes estén felices. xDD

Bueno es mi deber anunciar que probablemente deje algunas dudas con este capítulo pero siento que volveré más interesante la historia. Igual ya saben y como siempre les digo: Cualquier duda, aclaración, consejo o crítica será bien recibida en un review. :D

DISCLAIMER: Ningún personaje me pertenece, sino a Disney y Pixar; la historia es completamente mía y lo hago sin ningún fin lucrativo, más que el de entretener.


ROSAS

Anna se encontraba al otro lado del escritorio en el despacho de su madre, hace ya algunos años que no había pisado ese lugar.

El sol ya se había ocultado casi por completo y el firmamento de estrellas se abría paso por los matices de colores morados y rosáceos; ella mantenía la vista fija en el gran ventanal que había a la derecha del despacho, observando sin ver y esperando a que su madre empezara a hablar, oyendo de fondo el sonido del débil crepitar del fuego en la chimenea. El otoño estaba a punto de dar paso al invierno.

Ya sabía por dónde iba la conversación y pensaba negarse rotundamente, así su madre la desheredara y la corriera de Corona.

- Anna… ¿Cómo va tu relación con Elsa? – Dijo su madre con un tono frío y la pregunta hizo que le hirviera la sangre.

- ¡Perfecto, madre! ¡Todo es miel sobre hojuelas! – Dijo fingiendo una dulzura extrema. - ¡Elsa es la prometida perfecta! ¡Me escribe cartas casi a diario, sé todo lo que hace y con quién está! ¡Es la mujer más atenta del mundo!

- ¡Basta de sarcasmo, Anna! Creo que he entendido el punto… Aquí el problema es que tú le permitas que te haga a un lado de esa manera.

- ¿Y qué quieres que haga, madre? – Dijo Anna tratando de recobrar la postura, estaba sumamente enojada con Elsa, más bien desilusionada, le dolía la indiferencia que mostraba la rubia platina. - ¿Me voy a Arendelle y me planto en la puerta del Palacio hasta que Elsa por fin acepte hablar conmigo?

- Pues es una posibilidad…

- ¡Por favor, madre! – Anna estaba perdiendo la paciencia. – Elsa… Se ha olvidado de mí… - Estas últimas palabras, aunque ya las había repetido con Kristoff en ciertas ocasiones, le sabían más que amargas y hacía que la tristeza apareciera de golpe.

- ¡Te he dicho que es imposible que eso pase, Anna! – Su madre alzó la voz y el ligero valor que había sentido por el enojo se esfumó en un abrir y cerrar de ojos. – Ella es TU prometida y debe tratarte como tal, es imposible que mantengas una postura de indiferencia cuando llevas más de seis meses sin noticias de la princesa de Arendelle y tú lleves dos meses sin escribirle.

Anna se sorprendía de lo informada que estaba su madre sobre el tema de su relación con Elsa; aunque no le parecía imposible, al fin y al cabo era la Reina, pero que supiera su correspondencia "privada" era algo diferente.

- La última vez que vino fue cuando me regaló a Gekko… - Dijo la pelirroja con hilo de voz.

- Cierto, esa bestia que ha absorbido una gran cantidad de tu tiempo… - Anna sabía que su madre no estaba de acuerdo con que mantuviese a su yegua pero al haber sido un regalo de Elsa la había tratado como un verdadero esmero, haciendo que fuera el equino más saludable de sus caballerizas. – Hablando de ello, necesito que le mandes una carta en calidad de urgente a tu prometida, necesitamos que nos hagan un préstamo ya que…

- ¡No, madre! – Anna no pudo evitar sonar insolente, su intención no era provocar a su madre, solo pensaba rehusarse y ser firme con ello. – ¡Es una vergüenza que aún cuando ella no me busque yo lo haga solo para pedirle dinero! ¡No pienso hacerlo y es mi última palabra! – Y se movió bruscamente en la silla intentando levantarse para salir corriendo de ahí lo más pronto posible.

- ¡Ni si quiera lo intentes, Anna! – El grito grave de advertencia de su madre hizo que se quedara inmóvil en su sitio. - ¡Eres la princesa de Corona y debes ver por tu reino! ¡Y Elsa es tu prometida y debe ver por tu bienestar! ¡Así que te ordeno que hoy mismo le envíes un cuervo para pedirle el préstamo!

- ¿Y quieres que derrame varias lágrimas sobre la carta para que Elsa sienta lástima de mí y por fin decida hablarme? – Dijo Anna con la voz a nada de quebrarse, odiaba sentirse así de impotente y la rabia que sentía no estaba ayudándole a mantener el equilibrio de su voz.

- Por favor, Anna… - Mónica soltó un suspiro cansado y después se sirvió una copa de vino y llenó otra para Anna, quien la tomó en cuanto se la ofrecieron pero no bebió ni una gota de la copa. – Te daré un consejo, de madre a hija o de mujer a mujer, como prefieras verlo… - Mónica se llevó perezosamente la copa hasta los labios y bebió un trago. – Las mujeres tenemos dos armas para poder conseguir lo que queremos; las lágrimas son una de ellas pero no siempre podemos utilizarla, hay que saber el momento preciso y la persona concreta; la última arma y la más eficaz y poderosa la tenemos entre las piernas, y ese es un hecho que nadie podrá negar.

Al escuchar lo que dijo su madre un sonrojo furioso apareció en el rostro de Anna, tiñendo su piel llena de pecas de un tono que casi podría igualarse al de su cabello.

Mónica se levantó de su asiento y se dirigió a la puerta sonriendo al ver la reacción que había tomado la pequeña pelirroja. Anna se había quedado petrificada en su lugar y con la cara ardiendo.

- Quiero que mañana mismo le mandes la carta a la Princesa de Arendelle, si eres un tanto "cariñosa", estoy segura de que responderá enseguida. – Anna no contestó. – Pero nunca olvides el consejo que te di, Anna. Las mujeres somos las únicas capaces de detener guerras o empezarlas, tenlo en cuenta. – Y sin decir algo más salió del despacho dejando a Anna sola.


Anna no había podido dormir en toda la noche, se la pasó haciendo la dichosa carta que pedía su madre. Era vergonzoso el tener que verse… "Cariñosa" con alguien que no se había dignado en dirigirle la palabra en seis meses, que no veía desde hace tres años y que, por si fuese poco, aparte de todo eso el motivo de la carta fuese para pedirle un segundo préstamo.

Anna ya había pasado por esa vergüenza a los doce años, su madre le había instruido sobre cómo escribir la carta y la manera en que debía de decirle a Elsa que por favor le prestara el dinero que necesitaba. No hubo respuesta de Elsa por semanas, e incluso la pelirroja llegó a pensar que se había enojado por haber hecho una cosa semejante.

Sin embargo, después de un mes de espera, la rubia platino se presentó en el reino de Corona sin avisar a tan solo una semana antes del cumpleaños de Anna, llevando consigo un "pequeño regalo", una potranca albina que de inmediato se convirtió en la adoración de la pelirroja.

- Es para que la entrenes a tu gusto. – Le había dicho una Elsa de apenas quince años con una enorme sonrisa al ver que Anna y la pequeña potranca parecían entenderse.

- ¡Es hermosa, Elsa! ¡Muchas gracias! – Dijo abalanzándose sobre la platinada y dándole un abrazo y un beso en la mejilla; lo que provocó que Elsa se removiera un poco incómoda y un rubor apareciera en sus mejillas.

- Qu- qué bu-bueno que te gu-guste… - Carraspeo y recobró la postura que tenía antes de la repentina muestra de afecto de la pelirroja.

- ¿Cuál es su nombre? – Preguntó la pelirroja ignorando por completo el nerviosismo que había imperado en la heredera de Arendelle.

- Aún no tiene uno… Ha esperado por el nombre que tú quieras darle. – Dijo Elsa con una nueva sonrisa, una sonrisa de satisfacción.

- Debo pensarlo con detenimiento… - Dijo frunciendo el ceño volviendo la vista a su "regalo"; Elsa le sonrió con dulzura.

- Tienes todo el tiempo del mundo, mi dulce princesa. Yo por desgracia debo ir a hablar un par de cosas de negocios con Mónica. – Anna seguía sintiendo raro que Elsa se refiriera a su madre por su nombre y no como "La Reina". – Supongo que tu bufón personal puede hacerte compañía mientras yo estoy ocupada, ¿no es así?

- Elsa…

- Está bien… Está bien… - Dijo Elsa alzando los brazos a forma de derrota. – Kristoff…

Anna le soltó un pequeño golpe en el hombro a modo de réplica, el cuál fue aceptado por la platinada con una risa juguetona. Después de tanto tiempo, Elsa seguía renegando de su amistad con el rubio, pero ella no entendía el por qué si Kristoff era un buen chico, su único amigo después de Elsa.

Elsa pasó en Corona cerca de dos semanas, pasó todo el tiempo con Anna, ya no había lecciones que le impidieran salir a jugar con la pelirroja, quien tenía permiso de faltar a sus lecciones mientras estuviese Elsa en el castillo.

El día en que partió de Corona, Mónica decidió contarle a Anna la verdad… Elsa y Anna habían sido comprometidas desde que su padre había muerto.


- ¡Hey, Anna! ¡Buenos días! – Una voz masculina la hizo regresar a la realidad. – Te ves… ¿Estás bien? – Kristoff se preocupó seriamente al ver las enormes ojeras bajo los ojos de la princesa de Corona.

Su rubio amigo había dejado de ser un niño y se había convertido en un joven atractivo y bastante musculoso; era un verdadero éxito entre las mozas del pueblo y ella no entendía por qué no había aceptado salir con ninguna de las muchas chicas que se lo habían propuesto.

- ¿Eh?... – Anna seguía adormilada y tardó un poco en entender que muy seguramente su aspecto no debía ser el mejor del mundo. - ¡Ah, sí! Solo no dormí mucho anoche…

El rubio enarcó una ceja ante la respuesta de la pelirroja. - ¿Puedo saber el motivo?

- Es que anoche mi madre me dijo que… - Y al recordar el consejo de su madre, un sonrojo intenso apareció en su rostro, lo que hizo que Kristoff la mirara con mayor intensidad. Obviamente no podía decirle a Kristoff que estuvo imaginando la manera en que podría insinuarse a Elsa en la primera ocasión en la que pudiera verla. – Me dijo que… ¡Que le escribiera una carta a Elsa!

La respuesta le había llegado como caída del cielo y en cierto modo no era mentirle al que era su mejor amigo desde hace varios años, solo era decir la verdad a medias.

Kristoff de inmediato puso mala cara. – Así que "La Reina" le pidió a su hija que se rebajara para buscar a esa imbécil de Arendelle… - Anna sabía que Kristoff odiaba a Elsa, pero seguía sin saber el motivo de ese odio desmedido. - ¡Claro! Todos debemos arrodillarnos ante esa petulante…

- Kristoff… Hoy no estoy de humor… - Dijo Anna llevándose la mano a su sien para masajearla, ese día no quería discutir con el muchacho.

- ¡Por supuesto! ¡Se me olvida que estoy hablando de tu futura esposa! ¿No es así, princesa Anna? – Y haciendo una reverencia rígida se marchó de ahí sin darle oportunidad a Anna de decir ni pío.


- ¡Ya puedo ver Corona desde aquí! – Dijo una espléndida rubia con una sonrisa que su mejor amigo pelirrojo no le había visto desde hace mucho tiempo, parecía una niña pequeña aún cuando ya tenía dieciocho años.

- Así es, su Alteza. – Dijo en un tono respetuoso poco habitual en él. – Pero nos hemos alejado un poco de la caravana, sería mejor esperarlos un poco por sí… ¡ELSAAAAA!

La platinada no había escuchado ni una sola palabra de lo que había dicho Hans, su único pensamiento se encontraba en aquellos ojos turquesa que tanto había extrañado por tantos años; así que sin importarle nada más llevó a su caballo, Odín, a todo galope por el camino Real que llevaba al castillo que alojaba ese par de trenzas gemelas que tanto deseaba ver.

- Mierda… - Hans volteó atrás, inseguro de quedarse a esperar la caravana o ir tras su amiga; pero la preocupación de dejarla sin escolta pudo más y sin dudarlo dos veces se lanzó en pos de ella, haciendo que su caballo relinchara en queja por la manera tan brusca en que lo había tratado. - ¡ELSAAAAA! ¡ESPÉRAME!

Cuando Elsa llegó al patio del castillo de Corona, todos los sirvientes parecían contrariados y felices por verla ahí. Aunque no había llegado con la acostumbrada caravana ni con su siempre perfecta y pulcra apariencia, el cabello rebelde le caía por mechones en la cara y su siempre perfecta trenza estaba hecha un lío, la ropa la llevaba desarreglada por el galope que había llevado, estaba sonrojada, sudorosa y con la respiración agitada; pero lucía una brillante sonrisa que provocó algunos sonrojos en varios mozos y mozas que estaban presentes.

- ¡Princesa Elsa! ¿Qué…?

- ¿Y Anna? – Elsa interrumpió a un mozo que se había acercado para ayudarla a bajar de su corcel.

- Salió… - La voz seca y cortante de Kristoff se hizo escuchar en el patio. Lo que hizo que Elsa suplicara por paciencia, no quería problemas con Anna apenas llegando a su reino.

- ¿Sabes a dónde fue? – Dijo sin quitar la sonrisa que tenía de oreja a oreja.

- Si lo supiera, no te lo diría… - Dijo Kristoff cruzado de brazos y lanzándole una mirada de desprecio a la platinada.

La sonrisa de Elsa se borró en menos de un segundo, y sus ojos color hielo se convirtieron en dos puñales que trataban de aniquilar a Kristoff quien se mantuvo firme y aguantó la mirada de la futura soberana de Arendelle.

- Necesito que me prepare un ramo de rosas… - Le dijo Elsa a un mozo que estaba por ahí cerca, aún sin sonreír y volviendo la vista casi de inmediato a Kristoff. Quien ahora tenía una mueca de burla en la cara.

- ¿Y piensas que eso va a serte de utilidad? ¿Un truco tan barato y sin chiste? – Dijo soltando una risa irónica. Pero Elsa no contestó a su ataque, por el contrario, volvió a sonreír de la manera tan estúpida en que había llegado al castillo; eso hizo que la sangre le hirviera. – Ni siquiera sabes dónde está… - Calló cuando se dio cuenta de que la sonrisa de Elsa solo se ensanchó más.

- ¡Claro que lo sé! – Y casi de inmediato llegó el mozo al que le había pedido un ramo de rosas con su encargo. - ¡Muchas gracias! – Le dijo al joven que se ruborizó al ver la visión en que se había convertido la heredera de Arendelle.

- Eso tengo que verlo… ¡Joe, mi caballo! – Pero antes de que el mozo cumpliera con su petición la joven princesa salió disparada del patio del castillo con un ramo de rosas en la mano.

Hans se topó con ella al momento en que entraba al castillo y con desconcierto giró con su caballo en ciento ochenta grados y siguió a su amiga platinada que sonreía como si acabara de encontrar el tesoro más grande del mundo.


Anna se encontraba sentada en el pasto viendo el arroyo correr a un lado de ella, su espalda descansaba sobre un frondoso árbol que le proporcionaba una protección al calor y a los rayos solares de esa media tarde, Gekko pastaba tranquilamente cerca de ella.

Después de haber discutido con Kristoff y de haber enviado la dichosa carta a Elsa, había tomado a Gekko y, sin avisarle a nadie, había cabalgado sola hasta ese lugar. Era su paraíso "privado", era el mismo lugar en que había jugado con los niños en la tarde de hacía cinco años cuando había salido con Elsa a pasear por primera vez en caballo, solo que se había internado un poco más en el bosque con el fin de no ser encontrada por un guardia que la llevara de vuelta al castillo.

La tranquilidad que sentía en aquel lugar era inigualable, sentir el pasto en las manos y en los pies, ya que se había quitado las botas; la brisa fresca que acariciaba su rostro tiernamente y hacía que se movieran las hojas de los árboles creando un susurro; el ruido del agua en el arroyo y el delicioso aroma a hierba que le inundaba los pulmones… Eso era el cielo, no podía pedir nada más.

- ¿Anna? – Una melodiosa voz la incitó a abrir los ojos.

Y se dio cuenta de que ahora sí estaba en el paraíso, un ángel de cabello rubio, casi blanco, completamente desordenado había ido por ella; le sonreía con tanta ternura que ella misma sonrió, y sus ojos… Esos ojos color hielo… Podría quedarse horas mirándolos…

- Elsa… - Dijo saboreando esa palabra en su paladar, lo dijo sin pensar y con una sonrisa dormilona en la cara.

- Anna… - El ángel sonrió aún más, si eso era posible y puso ante ella un enorme y bellísimo ramo de rosas rojas y blancas.

Ese sueño estaba siendo tan perfecto… Tan ideal. Pero los sueños se acaban, y en ese instante su cerebro decidió recobrar el control y terminar con aquel maravilloso momento onírico. A quien tenía delante no era ninguna especie de ángel; sino todo lo contrario, era la culpable de sus desvelos por la noche, de sus momentos de dudas y de inseguridades.

De la que la había abandonado…

Elsa había vuelto, más guapa que nunca a su parecer, y estaba hincada ante ella con un enorme ramo de rosas separándolas.

- Te he extrañado infinitamente… - Dijo Elsa con su voz suave, que sonó como una caricia en el oído de Anna.

Anna sin decir palabra tomó el ramo que le extendía la rubia y con ayuda del tronco que estaba en su espalda se incorporó. Elsa la ayudó poniéndose de pie en un salto y tomándola por los codos.

- ¿Son para mí? – Dijo Anna con una voz que Elsa nunca le había escuchado, por lo que dudó un instante al contestar.

- ¡Sí, son tuyas! – Dijo con una sonrisa en el rostro, aunque conservaba un ligero rubor en las mejillas.

Anna sostuvo con fuerza el ramo entre ambas manos, aún cuando sintió que las espinas le lastimaban e incluso le cortaban.

- ¿Sabes lo que quiero hacer con ellas? – Dijo Anna acercándose más a Elsa, la cual sintió invadido su espacio personal y se alejó torpemente.

- N-no… - Aún después de varios años y de haber conseguido experiencia, le era imposible no ponerse nerviosa cuando estaba cerca de la pelirroja.

- Bueno pues… - Anna agarró y con una mano le acomodó un poco el jubón azul a Elsa, la cual se puso tiesa y trago saliva; se sentía demasiado torpe en ese momento. – Quiero que las tomes y te las metas por…

Kristoff había llegado justo a tiempo para ver cómo Anna golpeaba a Elsa con el ramo de las flores que la platinada había pedido en el Castillo. ¡Esa imagen valía oro! Se hizo un recuerdo mental de que si alguna vez lo olvidaba por favor se pudiera de diana en alguna clase de arquería. Soltó una carcajada tan fuerte que sacó a Hans de su estupefacción, nunca hubiese imaginado que "Trencitas" tenía ese tipo de lenguaje…

Si Hans todavía dudaba de que las mujeres estaban locas, ahora lo comprobaba… No entendía cómo Anna después de haberse mostrado feliz por ver a Elsa ahora se le iba a golpes con el ramo.

- ¡Eres una idiota, Arendelle! – Le gritó Anna cuando se hubo deshecho completamente el ramo de rosas, un montón de pétalos cubrían a Elsa, quien había llevado sus brazos para proteger su rostro de las espinas de aquel ramo, tenía varios cortes en las manos, su jubón estaba rasgado a causa de las espinas y fuera de eso se sentía completamente perpleja.

No pudo decir palabra antes de que Anna ya se hubiese subido a su yegua y llevado a trote con dirección al castillo.

Cuando por fin se dio cuenta de que Anna estaba escapando de ella se espabiló y silbó utilizando sus dedos. - ¡ODÍN! – El caballo que había estado tomando un poco de agua en el arroyo al escuchar su nombre trotó en dirección a su ama; quien lo montó con maestría y elegancia de un solo brinco para después seguir la dirección que había tomado ese torbellino pelirrojo.

- ¡ANNAAAA!

- ¡TE DIJE QUE NO TE IBA A SERVIR DE NADA! – Le gritó el rubio a Elsa cuando pasó al lado de ellos con una sonrisa triunfante en el rostro.

Hans soltó un suspiro cansado a su lado. – Tú en serio quieres que te maten, ¿no es así, niño reno? – Y sin decir más espoleó a su caballo para ir tras las dos princesas.

Kristoff por otro lado ignoró completamente el comentario de Hans y aún con una sonrisa enorme en su rostro, tomó con cuidado las riendas y se encaminó lentamente al castillo.

"No debo preocuparme por nada. La propia Arendelle ha echado todo a perder."


Bueno pues muchísimas gracias por haber leído hasta aquí y espero que hayan disfrutado la lectura tanto como yo he disfrutado escribiéndola. ;)

Madh-M: Jejejejejejejeje Tú sí lo notaste!? :) Anna es preciosa siendo celosa y Elsa es un tanto peligrosa, jugaré un poco (o mucho) más con esa idea.

maximus17: Hasta los siguientes episodios daré a conocer las demás pretendientes de Elsa, Mónica por otro lado... Sí, está desesperada... Pero va a ser divertido explotar ese personaje un poco más.

Anonimo: Sí, va a estar duro tener 4 mujeres y tener que decidirte por una sola, pero va a ser divertido. ¡Lo prometo!

Pam: Los celos pueden volverse cosas maravillosas o muy destructivas... ¡Pero prometo no hacerlas sufrir mucho con eso!

Gorgino: Perdón pero debo dejarlos un poco más con la duda... xDD

SakuraAyanami: En los próximos caps se va a decir quiénes son las dos nuevas pretendientes, sé que Alexander debió de haber insistido un poco más con algún príncipe pero soy de la mentalidad de que los padres saben perfectamente quiénes somos, no es necesario que les digamos algo para que ellos ya sean consientes de todo. Y en este fanfic Elsa es completamente lesbiana! xDD Por eso no incluí príncipes... Espero que así no te sientas tan chocada con la elección de Alexander. :P

Tania Hylian: Me hace sentir bien saber que te gusta mi historia, creo que es el mejor regalo que un escritor (primerizo) puede tener en una de sus obras. Tehlú es el nombre de Dios en la saga de "El nombre del viento" de Rothfuss, te la recomiendo completamente. ;)

Lector: Espero poder mantenerte sorprendido y emocionado con cada capítulo, lo menos que quiero es que se vuelva muy evidente o predecible... xDD

Nerr: Jejejejejejejejejejeje Me da mucho gusto que te haya gustado tanto la aparición de Mérida, habrá bastante drama por las nuevas integrantes pero espero que sepan comprender. Sobre lo que pase con los personajes solo pondré lo más importante y tal vez alguno que otro flashback como lo he hecho hasta ahora, espero que con eso puedan deducir lo demás. :)

elsaisabadass: Jejejejejejejejejejejejejejeje ¡Y que la suerte esté siempre de su lado! Sí, empieza la competencia pero... "En la guerra y el amor, todo se vale" ;) Sé que no te convence pero prometo que todo tiene una razón de ser! xDD Y eso lo explicaré más adelante. Ahora lamento informaros que tardaré un poquito más en dar a conocer a las otras dos pretendientes y no solo eso... Tardaré un poquito más en explicar lo que ha pasado en estos años, pero espero que igual los mantenga un poquito más enganchados. Sé que me falta un poquito de acción pero esto apenas comienza, que vamos en el arranque. ;) Yo fui a ver Frozen Fever y como extra también miré "Cenicienta" xDD Yo amo el Elsanna, estoy un poquitico traumada... xDD Por eso saco mis traumas escribiendo, es una buena terapia y muy barata! xDD Y claro que recibiré tu PM con MUCHO gusto.

A todos aquellos que leyeron hasta aquí, que siguen mi historia, que le dan follow, favorite, y aquellas hermosas personas que me dejan review solo puedo darles las gracias a TODOS ustedes. Son los que me ayudan a seguir en lo que hago y no botarlo.

Sin más por el momento, ¡muchas gracias y hasta la próxima!