Disclaimer: Ninguno de los personajes de Full Metal Alchemist me pertenece.
7/26 (Epílogo incluído)
¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que bien. Y espero sinceramente que hasta el momento la historia les esté gustando. Para ser breve y no aburrirlos con mi blah blah blah sin sentido, quisiera agradecerles a todos por haberle dado una oportunidad a mi historia y haber leído hasta aquí (y ojalá no los decepcione la historia...). Pero, más aún, quisiera agradecerles a todas esas personas que aún cuando podrían no haberlo hecho, me hicieron y me hacen llegar su opinión mediante reviews, robando tiempo valioso de sus vidas, lo cual me da muchos ánimos. Y realmente quiero mejorar, para algún día poder escribir mejor, así que se los agradezco de todo corazón. ¡Gracias! Especialmente a: inowe, Lucia991, Sangito, Anne21, Evelyn Fiedler, HoneyHawkeye, okashira janet, Alexandra-Ayanami, Noriko X, Arrimitiluki, kaoru-sakura y anónimo/a. Y espero no duden en hacerme saber lo que piensan y corregirme. Espero que este capítulo esté a la altura de sus expectativas... ¡Nos vemos y besitos!
Elección
VII
"Cuestión de perspectiva"
Si, Riza no había llorado durante el entierro de su propio padre, no había derramado siquiera una lágrima, y no recordaba el de su madre como para saber si había llorado o no pero no había escatimado lágrimas –a pesar de que odiaba llorar y lo consideraba inútil- cuando había pensado que él había muerto y en cierta forma podía entenderlo. Si... el dolor de perder a alguien importante, podía comprenderlo...
Y no quería imaginar lo que debía haber sentido Elicia que tan solo tenía –entonces- tres años, y no había sido capaz de comprender del todo por qué una de las dos personas que más amaba había desaparecido del mundo.
No, no quería siquiera imaginarlo. La idea era demasiado fuerte.
Por lo que acomodó a la niña con más cuidado contra ella y caminó hasta la cama donde la depositó cuidadosamente, cubriéndola con las sábanas inmediatamente después. Elicia se removió un instante, pero sus párpados no se movieron. Volteándose, Riza se dispuso a abandonar el cuarto. Sin embargo, los dedos de la niña se enroscaron firmemente en su mano, como temiendo que fuera a desaparecer si se marchaba –como Hughes. Sus ojitos verdes entreabiertos —Mamá siempre deja la luz prendida —susurró. Y comprendió inmediatamente que se refería al pasillo, así que encendió dicha luz, apagó la del cuarto y dejó la puerta entreabierta sólo para Elicia. Tras asegurarse que la niña de cuatro años se encontraba nuevamente dormida, regresó al comedor. Sus ojos caoba posándose inmediatamente en la espalda de su superior, quien se encontraba de pie y con ambas manos tras la espalda. Gracia se había marchado nuevamente a la cocina.
Caminando con paso calmo y porte serio hasta él, se detuvo a su lado. Siguiendo la línea de visión de Roy con sus propios ojos, los cuales se abrieron ligeramente al ver qué estaba observando éste. Su semblante se suavizó. Se trataba de una foto en una repisa, nada más cotidiano que eso, y sin embargo la expresión de él era similar a la que había tenido frente a la tumba de Hughes en las dos ocasiones en que ella se había encontrado acompañándolo cuando había decidido visitar la lápida. La primera, durante el entierro; la segunda, previo al comienzo del día Prometido. Entonces ella había querido decir algo. ¿Qué? No tenía idea pero incluso había separado sus labios cuando él se había volteado y le había sonreído como si nada importara –como si su mejor amigo no estuviera muerto y como si no estuvieran por cometer suicidio político aquel día tampoco-, y ella se había llamado a silencio y lo había seguido simplemente, porque eso era lo que ellos hacían.
La foto en la repisa –junto a una foto de la familia Hughes- era una foto del teniente coronel y de Roy cuando ambos acababan de egresarse de la academia, años atrás. Hughes, como siempre, se encontraba sonriendo jovialmente y colocándose el sombrero que acompañaba el uniforme militar. Su superior, por otro lado, permanecía serio y con el sombrero aferrado por el brazo y contra su pecho, de modo solemne y formal.
Sin mirarla, pero conciente de que ella se encontraba a su lado y observándolo, dijo —Hughes parecía tener un serio problema con las fotografías, ¿no lo cree teniente? Llevaba una a cada endemoniado lugar que iba...
Ella observó la imagen por un instante, su expresión seria —Aún así, parece un buen recuerdo, coronel —él la observó de reojo—. ¿Se encuentra bien?
Roy asintió y pasó una mano por su cabello azabache, acomodándolo cuidadosamente hacia atrás una vez más —Sí, no me haga demasiado caso, teniente.
Ambos se voltearon en el instante en que Gracia regresó a la sala con una pequeña bandeja y tres tazas de café humeante recién hecho y una pequeña torta casera de crema y frutillas colocada en medio de todo. Caminando lentamente y balanceando todo, depositó la bandeja en la mesa cuadrada de café junto a la lámpara de pie y ocupó uno de los dos sillones rojos individuales. Mientras que sus invitados se sentaron en el sofá doble ubicado perpendicularmente a los individuales, frente a otro de los lados de la mesa.
Entregándoles una taza a cada uno, un tenedor y una porción de torta, tomó la suya y se enderezó en el sillón. Observando mientras daba un sorbo a su café la forma en que ambos se encontraban sentados uno junto al otro, hombros rozándose ligeramente, y en una proximidad que no parecía condecir con la relación profesional que ambos dejaban ver. De hecho, le recordaba más a Maes y a ella que a otra cosa, pero no creía correcto vocalizar ese pensamiento —Gracias por acostar a Elicia...
Riza hizo un gesto negativo y calmo con la cabeza y dio un breve sorbo a su taza —No, no fue molestia —sus párpados cerrados.
Gracia se volvió a Roy, observándolos a ambos nuevamente en la penumbra de la sala iluminada únicamente por la cálida luz de la lámpara de pie junto a ella —Me alegra que hayan decido venir. Pueden regresar cuando quieran.
Roy asintió y agradeció cortésmente, dando un sorbo de su propio café y probando un poco de la torta casera de Gracia. Hughes había sido un exagerado en muchas cosas –mayoritariamente en todas, más aún en las referentes a su esposa e hija- y sin embargo, había tenido razón en lo referente a las habilidades culinarias de la mujer. La comida había estado realmente deliciosa, y el pastel también lo estaba. Así como el café se encontraba perfectamente preparado y a punto.
Gracia acercó la taza a sus labios con ambas manos pero se detuvo allí, su expresión serena —Mi marido... siempre creyó en ti, en tus ideales. Desde el inicio. Él decía... que algún día el país cambiaría para bien. Él quería ver eso, aún cuando no vaya a poder hacerlo... Morir para ayudar a otra gente, esa era su personalidad... Él siempre era curioso, siempre ayudando, sin tener en cuenta lo que él pudiera llegar a perder... Pero, no creo que él se haya arrepentido, incluso si eso significaba la muerte. Por eso, yo creo en ti también —musitó, dando un sorbo—. Yo creo en lo que mi marido creía. Por favor, no te rindas. Si lo haces, la muerte de él habrá sido en vano.
Riza se giró a observarlo pero él meramente negó con la cabeza, expresión solemne —No lo haré. No moriré hasta llegar a la cima, no mientras tenga a mi valiosa guardaespaldas conmigo —musitó. Y ante el cumplido ella cerró calmamente los ojos y se llevó la taza a los labios. Oyéndolo hablar en silencio—. No mientras tenga a personas que me comprendan y apoyen. Puede que sea tarde, pero decidí seguir el consejo de Hughes —de reojo, la observó beber en silencio.
La mujer sonrió aliviada. Comprendiendo perfectamente las razones por las que su marido había decidido seguir al hombre, apoyarlo y morir por su causa. Comprendiendo las razones por las que la mujer junto a Mustang había decidido seguirlo también en primer lugar —Gracias —dijo finalmente—. Por favor sigan por el camino que crean correcto... —el camino que Maes había seguido también. Ahora lo sabía. Si, ahora se sentía mucho mejor.
Roy dejó la taza vacía y se puso finalmente de pie. Hawkeye lo imitó, su porte militar a pesar de no estar de servicio —Lo haremos. Gracias por todo.
Gracia los acompañó hasta la puerta —No, gracias a ustedes. Elicia también disfrutó con su visita —y estaba segura de que su marido lo habría hecho también—. Regresen pronto. Buen viaje.
Tan pronto cómo se cerró la puerta, Roy dio media vuelta y comenzó a caminar con paso lento, aguardándola a ella para que llegara a su lado, en silencio, descendiendo los escalones de madera sin prisa alguna. Riza observándolo con ligera expresión de preocupación a su lado —No tiene que observarme de esa forma, teniente. Estoy bien —aseguró, sonriendo de lado. Ambos descendieron las escaleras de piedra y hacia la calle.
Estaba oscura aún, y tenuemente iluminada por las luces cálidas de las farolas a lo largo de la acera y próximas a los edificios, mientras que del otro lado se extendía una verja de hierro baja cercando el canal de agua que atravesaba esa parte de la ciudad. El reflejo plateado de la luna ligeramente distorsionado en la superficie cristalina. El edificio del cuartel general de Central visible a los lejos, por encima de los demás edificios, en el centro de la ciudad e iluminado por los habituales reflectores de tenue tonalidad celeste. Roy se detuvo en seco, manos en los bolsillos.
—No fue tan malo, ¿verdad teniente? —musitó, alzando la vista al negro firmamento sobre las cabezas de ambos. Era una noche estrellada afortunadamente. Nada de lluvia ni amenazas de ésta.
Ella se detuvo junto a él. Su expresión serena —No, no lo fue. Coronel.
Roy miró a Riza y sonrió arrogantemente —Presumo que no aceptará mi gesto de caballerosidad ahora tampoco, ¿cierto Hawkeye? —ofreciendo por segunda vez en la noche su brazo para que ella lo tomara. El aire era más frío aún a aquellas alturas de la noche pero suponía con cierto criterio acertado que ella rechazaría su ofrecimiento.
Riza negó calmamente con la cabeza, cruzándose de brazos y cerrándose más el abrigo para protegerse del frío —No, lo siento.
Él asintió —Ah... es realmente terca a veces, ¿no es así? —replicó. Entretenido. Recordando las veces en que se había rehusado a cumplir sus órdenes de abandonarlo o mantenerse al margen de las situaciones.
El semblante de su teniente se tornó serio —Sólo cuando el juicio de mi superior deja de tener sentido, coronel.
Roy comenzó a caminar calmamente una vez más. Sin realmente apresurarse por llegar a ningún lado, dado que aún les quedaba algo de tiempo antes de que el tren de regreso al Este partiera —Mi juicio tiene perfecto sentido, teniente —aseguró, ladeando la cabeza para observarla—; el problema es que tengo una teniente obstinada que rechaza mis actos de cortesía por las razones más ridículas. Podría decirse que es algo ruda, también ¿No cree?
—Prefiero el término sensatez, coronel —retrucó—. Algo de lo que mi superior parece carecer.
El moreno enarcó una ceja —¿Sólo porque intenté ser considerado con mi teniente?
—Si lo fuera, coronel, haría su trabajo sin tener que recordárselo cada media hora. Y no, intentar hacer alquimia de fuego bajo la lluvia también entra en la categoría de falta de sensatez si me permite decírselo.
¿Si se lo permitía? ¿Qué sentido tenía ahora de todas formas? Ya lo había dicho, pero Hawkeye rara vez podía dejar de lado las formalidades y sospechaba que ésa era su forma de limar los bordes ásperos de su comentario. Y hacerle saber que aún con todo, respetaba su posición como superior de ella. Aún cuando ni siquiera se encontraran en el cuartel para empezar —Eso fue sólo una vez, teniente. Y apreciaría que dejara de recordármelo. Estoy al tanto que no fue mi momento de mayor lucidez y mi subordinada tropezándome y llamándome inútil frente a Havoc, los hermanos Elric, un Ishbalita con complejo de Dios y un grupo de policía militar no ayudó particularmente a mi situación. O mi ego.
Riza sonrió calmamente ante el comentario de él —Lo lamento, coronel. No quise dañar su estimado ego —ambos acercándose a la estación de tren.
Él notó, obviamente, la ironía de sus palabras pero optó por ignorarlas completamente —Disculpa aceptada, teniente —como generalmente solía hacer con todas las respuestas mordaces de ella.
Riza lo observó de lado con expresión serena y una sutil y casi imperceptible sonrisa mientras continuaban caminando. Eventualmente cruzándose con algún hombre ebrio regresando de algún bar o alguna que otra pareja caminando por la noche con los brazos entrelazados. Sin embargo, y por un largo período de tiempo que abarcó todo el viaje en tren de regreso a ciudad del Este, Roy no dijo nada. Al menos hasta que estuvieron nuevamente caminando por las calles de la ciudad en la que vivían, hasta que finalmente volvió a hablar —Se sintió extraño ¿No lo cree, teniente?
Hawkeye frunció el entrecejo frente a la pregunta. No veía nexo entre las recientes palabras de él y la última conversación que ambos habían sostenido. De hecho, y por el semblante pensativo de Roy, estaba segura que nada tenía que ver con ello, sino con algo más. Algo que probablemente llevaba pensando desde que habían abandonado la residencia Hughes y Central, en primer lugar —No creo seguirlo, coronel —confesó.
Roy alzó la vista hacia arriba, aún avanzando por las calles, alejándose más y más de la estación de trenes de ciudad del Este —Hughes era un entrometido y un idiota... —masculló, aunque con cierto trasfondo afectivo teñido por el tono de fastidio—, pero era un entrometido y un idiota feliz. Incluso al final... Eso estaba pensando en éste momento.
Ella entendía. Si, lo hacía perfectamente. La pregunta inicial a qué había apuntado y era sólo una cuestión de hacer la suma para deducir a qué se refería con todo aquello. Y auque no había creído que alguien como Roy fuera a darle demasiado pensamiento a esa cuestión suponía que tampoco era del todo ilógico. Después de todo, ambos se encontraban en una edad en que de ser otras las circunstancias probablemente ya tendrían una familia e incluso quizá hijos. Y si un homúnculo –o dos- había tenido anhelo de algo similar a una familia y una piedra filosofal con cuerpo humano había formado una también (de la cual habían resultado los Elric) no veía tan ilógico el pensamiento en personas como ellos. Seguro, asumía que no apuntaba específicamente a la conformación tradicional de lo que se llamaría una familia pero ella misma había creído en ocasiones que tener un lugar al que regresar con alguien esperándola no parecía una idea del todo desagradable. Rebecca se lo había señalado y había debido concederle que tenía algo de razón en ello. Pero Riza no creía que ese tipo de cosas estuvieran destinadas para personas como ellos. Para ella, al menos; pues había jurado seguir al hombre caminando a su lado hasta la tumba y de hacerlo debería resignar todo lo demás. Resignarse a un estilo de vida lejos de él y lejos del camino que había elegido seguir. Ya había visto lo que la muerte de Hughes había causado en Gracia y Elicia, y no quería que una historia así volviera a repetirse con ella de protagonista.
De ésta forma, las consecuencias de sus decisiones recaían en ella y únicamente en ella. Y nadie más debería sufrir por las elecciones que había hecho en su vida. Pero no lo negaría, la sensación de cenar en cierto ambiente cálido y acompañada de alguien más y con cierto aire familiar había sido extraño. De una forma indudablemente agradable —Si, se sintió extraño, coronel.
Él asintió pensativo —Eso pensé.
Seguro, ella habitualmente tenía a Black Hayate haciéndole compañía a la hora de cenar y él a la ocasional acompañante que elegía para no tener que hacerlo solo pero al final del día ambos sabían que eso no era más que un mero engaño. Después de todo, nadie disfrutaba de estar solo, aún cuando la soledad fuera –en ocasiones –más cómoda y práctica que otra cosa y eso era un hecho que ninguno de los dos podía ni podría negar. Él podría continuar deslizándose de cita en cita, bordeando el centro que no podía alcanzar y tanteando los bordes y ella podría dormir con su Shiba Inu acurrucado a su lado en busca de calor y aún entonces nada funcionaría. Pero ambos pretendían que podía hacerlo por un tiempo más.
—¿Qué haría, teniente —dijo finalmente—, de no hacer lo que ha estado haciendo hasta ahora?
Ella no vaciló siquiera un segundo en responderle —Lo que estoy haciendo ahora, coronel —replicó. Después de todo, y él entendía perfectamente, ella no creía en cosas como el destino y designios celestiales y estaba perfectamente convencida de que habían sido sus acciones y decisiones las que los habían llevado allí. A dónde estaban. Y de tener que volver atrás, estaba completamente segura de que lo haría todo de nuevo. Cada error y cada decisión, empezando con la primera verdadera elección que había tomado, la de seguirlo y unirse a la milicia también. No, antes que eso, la de entregarle los secretos de su espalda. Todas y cada una, las volvería a tomar y a hacer. Y volvería aceptar seguirlo hasta el infierno también. De eso estaba segura.
Roy sonrió presuntuosamente —Supuse que diría eso —pero, por alguna razón, la respuesta lo confortaba. En una forma egoísta y completamente narcisista, pero lo hacía.
Ella entendía también, de todas formas —Nos conocemos desde hace mucho tiempo, después de todo.
Él asintió. Si... mucho tiempo. Y se preguntó entonces por qué no había hecho todo ese tiempo atrás lo que había deseado hacer toda la noche pero en algún rincón de su cabeza conocía la respuesta. Si, sabía perfectamente por qué no lo había hecho. Nunca había ni había habido tiempo para ellos. No, siempre habían avanzado hacia delante, hacia su ambición y hacia arriba, hacia la cima —¿Sabe teniente? Creo que descubrí una de sus debilidades.
—¿Coronel? —lo cuestionó, observándolo de reojo y aguardando algún comentario del estilo: "Este sitio me trae algo de nostalgia, teniente primera. Aún recuerdo tu rostro empapado por las lágrimas. Quisiera volver a ver nuevamente unas lágrimas tan sinceras como aquellas". Después de todo, era una costumbre de él el remarcarle cada momento de vulnerabilidad –cosa que Riza no le permitiría a nadie más- mientras que el de ella era el de desacreditarlo y desestimarlo, con respuestas mordaces, en modos en que él no se lo permitiría nadie más. Esos eran ellos, de todos modos.
—Su lado amable se deja ver cuando interactúa con niños. Como los hermanos Elric, y esa amiga de la infancia de ellos... la mecánica y Elicia. Pero no se preocupe, teniente —sonrió, arrogantemente—. Su secreto está a salvo conmigo.
Ella permaneció con el semblante neutro a pesar del comentario de él. Ironía bañando sus siguientes palabras —Gracias, coronel. A cambio no revelaré que es inútil cuando llueve. Después de todo, el mundo se rige por intercambio equivalente.
Roy se cruzó de brazos —Resiento eso.
Riza simplemente curvó sutilmente las comisuras de sus labios hacia arriba y lo observó de reojo, ambos continuando caminando en confortable silencio y simplemente apreciando la compañía del otro. Era de esa forma, con ellos, de todas formas. Ambos habían pasado hacía demasiado tiempo ya el punto en que necesitaban palabras para comunicarse y ahora podían prescindir de ellas. Una mirada, un gesto, una señal del ojo de ella o de él era más que suficiente para entenderse. Era mucho más que suficiente y en ocasiones sencillamente disfrutaban la compañía y presencia del otro sin las palabras entrometiéndose entre ambos. Después de todo, no existían demasiadas palabras en el diccionario que pudieran servir para catalogar lo que eran ellos, fuera lo que fueran en realidad. No, no existían demasiadas.
Cerrando calmamente los ojos, Riza agudizó su oído por un instante. En el segundo previo en que un arma de fuego fue presionada contra su nuca. Una voz masculina rompiendo el silencio de la noche, ambos se detuvieron en seco —¡Denme todo lo que tengan! —exclamó la voz rasposa, demandante. Roy juntó los dedos, listos para chasquearlos, sólo para percatarse entonces que no tenía sus guantes ignífugos puestos. Y no llegaría a ponérselos tampoco antes de que aquel hombre terminara de asaltarlos o pusiera una bala en la nuca de su teniente.
Sin embargo, y en tan solo un segundo, Riza tomó por encima de su hombro la muñeca del hombre y agachándose lo trastabilló ágilmente con su pierna extendida, arrojándolo con todas sus fuerzas hacia delante y hacia el empedrado delante suyo. La espalda del hombre impactando bruscamente contra el pavimento, el taco de ella pisando sus dedos y forzándolo a soltar el arma. Con la mano libre, sacó su propia arma que llevaba oculta en la pierna bajo la falda y le apuntó al asaltante.
Roy recompuso rápidamente su expresión de sorpresa y sonrió arrogantemente —Es exactamente por esto que la designé mi asistente, teniente.
El hombre gimoteó a causa del dolor que el taco de ella –por bajo y ancho que fuera- le estaba provocando en los nudillos de la mano —Aún así, coronel, debería estar más atento. El hombre éste lleva más de dos cuadras siguiéndonos.
El moreno no pareció del todo afectado por el hecho —En mi defensa, teniente, quiero decir que estaba algo distraído por la agradable vista —sonrió—. Además, confío en mi valiosa guardaespaldas para que vele por mi seguridad.
Riza pisó –inconscientemente- con más fuerza la mano del ladrón, sonsacándole un grito —Aún así, debería ser más cuidadoso.
—Supongo que tiene razón —Roy se acuclilló delante del hombre, su reloj de plata colgando en una de sus manos—, ¿reconoces esto? —sonrió. La expresión del hombre se contorsionó en una de comprensión y miedo.
—¡U-Un alquimista! —chilló—. ¡Militares!
Roy sonrió una vez más —Supongo que el nombre "alquimista de la flama" te suena también —los ojos del hombre se abrieron desmesuradamente.
Riza se cruzó de brazos ligeramente exasperada —Coronel, deje de instigar al apresado por favor.
Roy se enderezó, y se sacudió los pantalones volviendo a guardar el reloj en su bolsillo —Bien. ¿Qué haremos con él? —un chillido se escapó del hombre que aún se encontraba en el suelo bajo el pie de ella al ver que Roy se estaba colocando en la mano uno de sus guantes.
Riza negó calmamente con la cabeza —Creo que el procedimiento es llevarlo al cuartel, coronel.
Él dejó caer la cabeza rendido —¿No puede aguardar hasta mañana eso, teniente? Sinceramente arruinará la noche y no tengo intenciones de hacer papeleo por un ladrón de medio pelo.
La rubia se cruzó de brazos —¿Y qué sugiere que hagamos con él hasta mañana, coronel? —lo cuestionó sarcásticamente.
Roy se pasó una mano por el cabello azabache resignado —Bien. Hagámoslo a su manera, teniente. Aunque ésta no es mi idea de terminar mi noche libre, en el Cuartel General.
Hawkeye se volvió a su superior y su expresión se suavizó —La mía tampoco, coronel. Pero mientras más rápido hagamos esto más rápido podremos marcharnos a casa.
Roy se abstuvo de señalar cómo sonaba lo que ella acababa de decir, porque estaba seguro que su teniente primera amenazaría con llenarlo de plomo si siquiera se atrevía a sugerir algo de similar naturaleza. Por otro lado, no negaría que la idea le resultaba más que atractiva. Sacada de contexto, y oída por alguien ajeno a ellos, la frase parecería insinuar que había una relación más que personal entre ambos y sin embargo ella se había referido cada uno a sus respectivas casas. La realidad era un poco más decepcionante. Y ahora pasaría el resto de la velada encerrando a un ladrón lo suficientemente estúpido como para asaltar a dos militares y llenando los formularios necesarios para el ingreso de éste a la cárcel del cuartel del Este. Donde probablemente luego sería juzgado, no que a Roy le importara realmente.
Comenzando a caminar, ambos emprendieron el camino hacia el cuartel general –el cual se veía iluminado y a lo lejos por encima de los edificios- con el asaltante caminando un paso delante de Riza la cual llevaba su semiautomática contra su cabeza. Estando al tanto de la situación, el hombre no intentaría escapar si apreciaba su vida. Riza y Roy ambos lo sabían —¿Sabe, teniente? Estoy empezando a pensar que todo lo que atrae son criminales.
—Sólo en mis días libres, coronel —replicó ella mordazmente, amartillando su pistola y haciendo que las piernas del hombre delante suyo se aflojaran considerablemente.
Roy sonrió de forma presuntuosa —Si continúa así, hará que se orine en sus pantalones —señaló. El hombre delante de ambos estaba sudando frío y temblando. Aunque Roy sabía que Riza no dispararía a menos que fuera absolutamente necesario, a menos que la vida de él o de algún tercero peligrara. Y no lo hacía y probablemente no lo haría tampoco. El ladrón frente a ella era un idiota pero no lo suficiente como para intentar algo.
—No es mi intención —aseguró—, sólo cumplo con mi deber.
Él refugió ambas manos en sus bolsillos y asintió solemnemente —Ah... Por supuesto, teniente primera Hawkeye —a lo lejos el cuartel empezaba a hacerse más y más grande a medida que se acercaban. Por otro lado, notó Roy, el hombre parecía aliviado de no tener que continuar en mera presencia de ellos dos. O quizá solo de su teniente. No estaba seguro.
En silencio, los dos ingresaron al edificio por la entrada principal, arreando al criminal como si se tratara de una oveja, mientras que éste no se resistía a ser arreado en ningún momento. No había demasiadas personas a aquellas horas, salvo aquellos empezando sus turnos nocturnos o marchándose tras terminar su largo día. Después de todo, aún no era tan tarde a pesar de todo. No –sacó su reloj de plata-, recién eran las diez y media de la noche y él se encontraba atrapado allí, fichando a un irrelevante ladrón mediocre, en vez de estar disfrutando lo que quedaba de su noche.
Virando al final de un corredor, arribaron al sector dedicado a la policía militar y al ingreso y egreso de criminales a las celdas que poseían en el lugar, donde se encontraban una serie de oficinas vacías y unas pocas ocupadas para realizar los trámites. Ingresando en la única de momento que se encontraba abierta, obligaron al hombre a sentarse en una de las sillas y ambos se acercaron al escritorio detrás del que se encontraba una joven muchacha. Riza caminando medio paso más atrás que su superior.
Al percatarse de dos presencias, la muchacha levantó la vista. Sólo para manifestar considerable sorpresa ante la vista, la cual disimuló rápidamente llevándose la mano a la frente y saludando militarmente a ambos —¡A-Ah! Buenas noches, Coronel Mustang, Teniente Primera Hawkeye.
Riza se llevó la mano a la frente también —Buenas noches —intentando recordar por qué el rostro le parecía familiar o por qué motivo podría haber manifestado una reacción tal frente a ellos. Entonces se percató de su estado, y del de él y de cómo se vería que ambos hubieran arribado juntos y vestidos de civiles al cuartel general a aquellas alturas de la noche. De hecho, tranquilamente podría arribarse a esa conclusión sin necesidad de demasiada imaginación. Cualquiera que los hubiera visto aquella noche podría haber pensado fácilmente lo mismo de los dos. Frunciendo el entrecejo ligeramente ante el descubrimiento, volvió a observar a la joven oficial mientras ésta hablaba con Roy, sólo para reconocerla entonces como una de las tres muchachas que habían estado discutiendo su relación con su superior días atrás en los vestidores. Al ver que Hawkeye la estaba observando, la chica rápidamente se apresuró a entregarles a ambos los papeles que debían completar y firmar para dar por completado el ingreso del ladrón a una de las celdas.
Roy, tomando una pluma y los papeles, se sentó junto al hombre, el cual se removió incómodo e intentó mantener por todos los medios algún tipo de distancia. En vano —Dame una razón por la que no debiera incinerarte por arruinar mi noche —masculló malhumorado, observando a su teniente primera aún consultando algo de los papeles con la joven del escritorio.
El hombre a su lado tembló ligeramente, limpiándose el sudor frío de la frente con la manga —¡L-Lo siento! No sabía... —comenzó pobremente. Evidentemente era un ladrón novato.
Ignorando las pobres disculpas llenó rápidamente el papeleo correspondiente y lo depositó con calma sobre el escritorio. Riza hizo lo mismo, tras terminar de llenar el formulario de denuncia y el de ingreso, y se los entregó a la joven oficial. La cual los observó por un segundo antes de ocupar su propia atención con los papeles que había recibido. Dando media vuelta, Roy sonrió —¿Vamos, teniente?
Ella asintió secamente —Si, Coronel —siguiéndolo hacia afuera de la oficina y hacia los largos y casi vacíos corredores una vez más. Topándose, únicamente, con algún que otro miembro de la milicia en el camino. Frente a los cuales se detuvieron, saludaron, y continuaron caminando hasta la salida. Sin embargo, un par de rostros familiares le cortaron el paso antes de llegar a ésta.
El hombre rubio –al verlos- sonrió de lado, la mujer que lo acompañaba hizo un gesto similar. Comenzando a agitar su brazo en el aire entusiastamente —¡Oy, Riza!
Hawkeye se tensó. Si había temido dar la impresión errada previamente ahora estaba segura que su amiga se aseguraría de arribar a la conclusión que había evitado por todos los medios. Y dudaba seriamente que Havoc pensara también en algo más allá de eso —Hola Rebecca —replicó, con expresión neutra. Roy se detuvo a su lado.
Havoc sonrió balanceando un cigarrillo apagado en sus labios —Buenas, Jefe. ¿Uh? Hawkeye? ¿Qué hacen aquí?
—Eso mismo podría preguntarte a ti, Havoc —replicó Roy, sonriendo arrogantemente y clavando sus ojos negros brevemente sobre la teniente segunda Catalina.
El rubio rascó su nuca y rió nerviosamente —Bueno, Jefe. Verá... Después de que se fue de la oficina hoy hubo una situación y dado que Hawkeye no estaba para asistirnos la teniente segunda Catalina decidió ayudarnos...
Roy enarcó una ceja —¿Y el teniente segundo Breda y el sargento mayor Fuery?
El palillo de papel y tabaco se meció de un lado al otro —Se fueron hace un rato. Breda tenía hambre y no estaba ayudando...
Él asintió, conociendo perfectamente a sus subordinados —Ah... Por supuesto.
Rebecca sonrió y volvió a hablar —¿Y tú que haces aquí Riza? —observó al hombre a su lado y a su amiga— ¿Están en una cita? —inquirió.
Hawkeye negó calmamente con la cabeza. Por supuesto, era sólo cuestión de confiarle a la morena que vocalizara su indiscreto pensamiento en voz alta. Después de todo, la mayor parte del tiempo, Rebecca se la pasaba inquiriendo sobre su vida privada cuando no estaba intentando conseguirse un hombre para sí misma con el que poder casarse y retirarse finalmente —No. Te equivocas. Sólo estaba asistiendo con algo al Coronel.
La expresión de la morena se diluyó, decepcionada de la respuesta. Por un momento había creído que podía ser cierto. Después de todo, ciertamente parecía que se encontraban en una cita —Oh.
Roy se volvió a ella —¿Vamos, teniente?
Ella asintió secamente. Su expresión seria —Si, coronel. Adiós teniente segundo Havoc, Rebecca.
Rebecca asintió y agitó la mano débilmente —Ah... Si. Adiós Riza —observándolos a los dos marcharse. Una vez llegados ambos a la escalera, Roy colocó calmamente su mano en la parte baja de la espalda de la rubia, tal y como había hecho en el tren, mientras descendían por los escalones. En silencio, Riza lo observó de reojo. Al pisar el pavimento Roy retiró la mano, y la guardó en su bolsillo al igual que a la otra.
—No tiene que acompañarme, coronel —aseguró.
El moreno negó con la cabeza —No, está bien, teniente. Es lo mínimo que puedo hacer, así que permítame... —ella lo observó de reojo, trazando su perfil con su mirada terrosa.
Finalmente, susurró —Gracias... —con una casi imperceptible curvatura de sus comisuras. Y él asintió, dándole una ojeada por el rabillo del ojo en silencio. Mientras ambos continuaban su camino hasta la entrada del gran edificio que empezaba a verse más y más a medida que se iban acercando. Una vez en la entrada, ambos se detuvieron y ella metió una mano en el bolsillo de su abrigo para buscar la llave. Volteándose luego para despedirse de su superior.
No obstante, se detuvo –por alguna razón desconocida- al ver su característica sonrisa altiva plantada en sus labios. Ambas manos en los bolsillos de su pantalón negro ¿Están en una cita? —¿Sabe, teniente? Todo es cuestión de perspectiva —y, sin decir más, liberó una de sus manos del bolsillo y la posó con su palma desnuda contra la nuca de ella, hacia la izquierda, mientras que en un rápido movimiento se inclinó hacia delante y presionó sus labios en el exacto lugar a la derecha junto a su boca –sin besarla realmente salvo en la mejilla-, pero atrapando a duras penas la comisura de ella. Para luego apartarse, dar media vuelta y comenzar a marcharse. Un desganado gesto de mano mientras bajaba los escalones del edificio de ella—. La veré mañana, teniente. Buenas noches.
Ella permaneció inmóvil un instante, y luego se llevó una mano a la frente, disciplinadamente y como si nada hubiera ocurrido —Buenas noches, coronel —antes de ingresar al edificio y perderse.
Roy se detuvo en seco. Oh. Estaba muerto. Su teniente no estaría complacida en absoluto en la mañana...
