muchas gracias a todos los que comentáis, ¿leí por ahí que alguien quería saber quien soy? bueno quien lo adivine se lleva un premio ;)
Kate sabía que esas copas de más le pasarían factura. Se puso la palma de la mano en la frente y gimió sintiendo como la cabeza iba a explotarle. Luego recordó todas las cosas que le había dicho a Castle en la cocina y luego lo que había pasado en el balcón y se sonrojó. Ese no era un comportamiento propio de ella, no estaba bien decirle a tu jefe que tiene un culo bonito ni tampoco desear besarlo. Pero al menos tenia la excusa del alcohol.
Se puso de pie y se dijo que posiblemente lo que más necesitaba era una ducha
Al bajar las escaleras encontró a toda la familia desayunando. Incluso Martha estaba allí, riendo por algo que Alexis había dicho.
-Hey buenos días.-Escuchó la voz ronca de Castle y sintió como su corazón se aceleraba al recordar la forma en la que su cuerpo había estado tan cerca del suyo.
-Buenos días.-Respondió Kate acercándose despreocupadamente.
Era domingo y por lo tanto su día libre. Así que el haberse despertado más tarde de lo normal no la agobiaba, ni siquiera al estar viviendo en la casa de su jefe.
-Hola, querida, ¿Qué tal dormiste en tu nueva habitación?-La saludó Martha.
-No puedo quejarme.
-¿Resaca?-Castle que se había puesto de pie antes le dio un vaso de agua y una píldora. Kate levantó las cejas.-Ah venga, tómala, no haré más comentarios – Finalmente, tragó la pastilla y él le sirvió una taza de café.
Realmente no podía quejarse de su estadía en la casa de Castle. Él la había tratado bien…dentro de lo que cabía y verdaderamente hacía unos desayunos deliciosos.
Mientras se sentó a desayunar notó que Alexis estaba entretenida con su DS. El domingo era el único día en el que no tenía ninguna actividad extra, eso gracias a que luego de que le comentara a Kate aquello de que se sentía cansada, ella y Castle habían tenido una charla en la que Alexis le había confesado que era verdad. Así que Castle había dejado los domingos para que la niña disfrutara de no hacer nada.
El timbre sonó y Castle se levantó alegre para abrir la puerta.
-¡Ricky!-La voz de Nathan resuena por toda la casa y Kate mira curiosa hacia la puerta.
-¿Nate? Que sorpresa.
-Sí, lo siento. Debí avisar que venía pero ya sabes, ayer nos quedamos con muchas cosas para ponernos al día y…-Le explicó mientras se acercaba, pero se quedó en silencio cuando vio a Kate sentada en la mesa con el cabello recogido y aquella ropa informal.-Buenos días, guapa.-Le dijo acercándose para darle un beso.
Kate se puso de pie saludándolo contenta, simplemente disfrutando el hecho de picar a Castle. Cosa que hizo que a Castle le comenzara a dar una pequeña indigestión el desayuno que acababa de comerse.
-Hola Martha, cuánto tiempo.
-Nathan. Tan guapo como siempre.
-Ya sabes, los que hemos tenido suerte con la genética llevamos un gran peso.
Martha puso los ojos en blanco mientras él le besaba el dorso de la mano con galantería.
-Y esta debe ser Alexis. Pero mira que gigante. Cuando te conocí eras una pulguita.-Alexis a penas lo miró y luego volvió su vista al DS.
Castle se sintió orgulloso de su hija por unos segundos.
-Tiene razón, debiste avisar…-Comenzó a decir Castle, pero ya Nathan estaba sentado en la mesa, junto a Kate.
-Richard, ¿no vas a ofrecerle café al invitado?-Dijo Martha divertida.
Castle frunció el ceño.
-Por supuesto.-Dijo irónico.-Invitado, ja.-Murmuró para sí mismo y finalmente sirvió una taza colocándola en la mesa.-Entonces…-Comenzó a decir Castle intentando llamar la atención del hombre, pero Nathan estaba totalmente embelesado con Kate y con lo que le estaba diciendo, tanto, que ni siquiera se dio cuenta de que su amigo le hablaba.
Castle miró a su madre anonadado y la vio riendo entre dientes, disfrutando de la escena.
-Siento haberme ido sin avisar ayer…-Estaba diciéndole Nathan a Kate.
-No pasa nada.
-Igualmente tú te desapareciste también.
-No me sentía bien.-él sonrió.
-¿Demasiadas copas?-Kate meneó la cabeza en forma afirmativa.-Ah pero Castle es un experto en remedios para eso.
-Por supuesto que lo es.-Dijo Kate irónica.
-Lo que Nathan no te dice, es que lo que se lo aprendí de él.-Fue la respuesta de Castle haciendo reír a su amigo.
-Me gustan mucho las remodelaciones que le hiciste al loft. ¿Te acuerdas el piso en donde solías vivir? No es ni la cuarta parte de este.
-De eso se trata, mi amigo, de avanzar.
-No puedo estar más de acuerdo.-Responde Nathan mirando a Kate fijamente.
-Entonces ¿has venido para que nos pongamos al día?
-Sí, bueno, entre otras cosas.
-Cuéntame ¿Cómo va el negocio?
-Ah ya sabes, nada nuevo, la gente aun compra autos todos los días. Es un negocio rentable.
-¿Vendes autos?-Preguntó Kate curiosa, recordando que la noche anterior no le había preguntado en que trabajaba.
-Los fabrico.- Sonrió el orgulloso.
-Eso sí que es un trabajo interesante.
-Si bueno…ya sabes, tengo un par de fábricas aquí y allí, en realidad es bastante agobiante de vez en cuando.
-Pero si todo el trabajo lo hace tu vicepresidenta ejecutiva.-Bufó Castle.
-¿Estas insinuando que no trabajo?
-Bueno…
Nathan carcajeó.
-Este Castle y sus ocurrencias.-Él lo miró con una sonrisa falsa.
-En realidad he venido para invitarte a cenar, Kate.-Kate que estaba bebiendo de su café casi lo escupe.
-¿Qué?
-Venga, será divertido. Juro que mis intenciones son puras.
-¡Ja!-Dijo Castle con acidez.
-Bueno supongo que ya que es mi día libre…
-Kate, no creo que…-Comenzó a decir Castle.
-Creo que aceptaré.- Castle resopló frustrado.
Su mente sólo pudo trabajar rápido para solucionar aquello de la mejor forma posible y lo único que se le ocurrió fue:
-Entonces ya que mi madre y Alexis se irán de compras toda la tarde y quien sabe a qué hora llegarán, ¿Por qué no llamas alguna amiga y vamos los cuatro?-Dijo Castle mirando a su amigo.
-Supongo que eso puede funcionar.
Castle miró a Kate con media sonrisa y ella lo miró con los ojos entrecerrados.
Esa cena acababa de convertirse en algo más.
Después de desayunar, Nathan desapareció con la excusa de buscar una buena cita para su amigo.
Richard se encerró en su despacho para escribir un buen rato, pero las risas de Kate y Alexis le distraían todo el rato. Se asomó para observar y sonrió al ver a su hija y Kate jugando a cartas en el salón entre risas.
Martha le miró divertida y él frunció el ceño. Tras aquella mañana, comieron algo ligero y cada uno desapareció. Abuela y nieta se fueron de compras invitando cordialmente a Kate. Kate, aun resacosa, rechazó la invitación amablemente y subió a su habitación para descansar antes de su cita.
Rick se excusó con las tres mujeres antes incluso de comer y salió a una reunión urgente con su editora, al parecer algo de urgencia relacionado con sus royalties.
Y por fin Kate pudo recostarse y disfrutar de su cama. Cerró los ojos y se dejó llevar por la increíble paz que sentía después de una agitada mañana jugando con Alexis, la cual jamás espero disfrutar.
No supo cuanto había dormido. Estiró todos sus músculos y cuando miró el reloj, dio un brinco saltando de la cama. Debía correr si quería ducharse y arreglarse en condiciones.
Se levantó buscando una toalla, y lo necesario para darse la tan deseada ducha.
Entró en el baño del pasillo, el que compartían Alexis, ella y cualquier otro invitado y comenzó a quitarse la ropa.
Abrió la ducha y…nada. NADA. Kate maldijo en voz alta. No había agua. La maldita ducha no funcionaba y ella tenía el pelo hecho un asco. Necesitaba la ducha si o si.
Se mordió el labio y recogió como pudo su ropa y salió corriendo por el pasillo hasta bajar las escaleras al mismo ritmo.
-¿Castle? ¿Richard?-preguntó varias veces. Nada. No obtuvo respuesta en ninguna de las veces. No había nadie en la casa.
Dudó varios segundos y finalmente se armó de valor y abrió la puerta de la habitación del escritor.
No pudo evitar echarle un vistazo. Olía a él. Y la decoración era parte de él. El cuadro del león. Los muebles oscuros. Toda la estancia emanaba su esencia.
Sin perder más tiempo, entró al baño y rápidamente comprobó si había agua dándole a un botón. Si, la ducha del baño, al lado de una bañera era toda una maravilla. Un chorro de agua salió del techo. Perfecto. Testeó varias veces hasta comprobar que había agua caliente y se desnudó con rapidez.
Solo iba a ser una ducha de nada, una muy muy rápida pero muy muy necesaria.
Se quitó la última prenda, sus braguitas, y dejó todo amontonado en un rincón y se metió en la ducha. El agua caliente borraba todo rastro de la fiesta de la noche anterior.
Cerró los ojos y… ¡Oh dios! Por supuesto, Castle tenía hidromasaje en la pared.
Gimió levemente y se perdió entre los calidos chorros del agua… tanto así que ni siquiera escuchó la puerta.
Castle entró quitándose la chaqueta y yendo directamente a la cocina a beber. Abrió la nevera y sacó la botella de zumo, bebiendo directamente de ella. Algo que se había dado cuenta que Beckett odiaba que hiciera.
Se derramó parte del zumo sobre la camisa y miró la mancha. Sopesó el tiempo y luego decidió que lo mejor era darse una fugaz ducha y no sólo cambiarse de camisa.
Entró en su habitación y se desnudó. Al entrar al baño, todo estaba en silencio. Al otro lado de la fría pared de cristal opaco de la ducha, Kate acababa de cerrar apenas el grifo y seguía con los ojos cerrados y la frente pegada a las baldosas tras haber terminado de darse una de las mejores duchas de su vida.
La pared de cristal opaco impedía ver el interior de la ducha, quedaba perfecta con la decoración del baño, la pared de hidromasaje estaba en el fondo de la ducha y el agua caía del techo a lo largo del cubículo de la ducha como lluvia. Podía regularse la intensidad, la temperatura y la zona de masajes de la pared. Castle, quedó de espaldas a Kate sin percatarse que estaba inmóvil hasta que buscó el jabón y se giró.
-OH DIOS SANTO-exclamó boquiabierto, haciéndole el amor con la mirada, repasando su cuerpo de arriba abajo.
-¡CASTLE!-Kate gritó alto, asustada, sorprendida abriendo los ojos al máximo y girándose, mirando a su jefe, frente a ella…completamente desnudo.
Ambos tragaron saliva y se miraron sin decir nada mientras la chica intentaba cubrir sus partes casi sin éxito. Si trataba de esconder sus pechos, su sexo, completamente depilado, quedaba expuesto.
Castle torció su cuello.
-¡CIERRA LOS OJOS O TE MATO!-le golpeó en el pecho.
-¡Auch! Eres tú-dijo mirándola a los ojos- Eres tú que estas en mi ducha…
-¡Por que la de arriba no funciona!
-Oh, si… a veces falla-se rascó el pelo y al moverse, obviamente se movió todo su cuerpo…
Y eso hizo que Kate no pudiera evitar que sus ojos bajaran por su anatomía, Se deleitó en su pecho que contaba con una suave pelusilla, fibrado pero no musculoso ni fuerte. Castle era grande, tenía una espalda ancha y unos brazos con bastante bíceps pero estaba en su peso ideal, ni muy fuerte ni muy fofo. Sus abdominales apenas eran visibles pero no tenía panza y apenas tenía un fino camino de vello desde debajo del ombligo hasta… ¡La madre que lo parió! ese aparato que tenía entre sus piernas completamente depilado, -lo cual le sorprendió- y al parecer en estado de reposo. Y menudo estado de reposo, si era así…no quería imaginar cuando…
Castle carraspeó algo incomodo y sonrojado y cubrió su pene con sus dos manos.
-Sólo quería ducharme…-dijo mirando sus piernas, torneadas y también depiladas. No había un solo vello fuera de lugar en el cuerpo del escritor y aquello la hizo sonreír.
Castle sonrió viendo como sus pezones se habían endurecido y no por el frío precisamente. Sintió un cosquilleo en su bajo vientre y como su entrepierna se contentaba ante la visión de su empleada…de su cuerpo esbelto desnudo. De sus perfectos senos, su vientre plano, su trasero redondo y bien puesto…
Se dieron cuenta de que era difícil de moverse y eso los puso más nerviosos. Kate se movió un poco intentando salir de la ducha, pero aquello lo empeoró. Estaban demasiado cerca. Sus brazos se rozaron. Pudo casi sentir como sus pechos colapsaban contra el torso de él y como algo, bastante duro a decir verdad, rozaba su cadera. Con torpeza salió casi corriendo y resbalando.
Castle la agarró de la muñeca para impedir que cayera, ambos estaban enrojecidos hasta la raíz del cabello empapado que hacía que unas cuantas gotas resbalaran por el cuerpo de la guardaespaldas.
-Una toalla…-se soltó-¡Solo quiero una toalla! ¡Mierda donde esta mi toalla!-hablaba rápido y nerviosa.
-En el armario…hay unas piernas… ¡Una toalla!-exclamó Castle corrigiéndose-.
Kate abrió el armario a toda prisa y agarró la primera toalla que tuvo delante. Se enrolló su cuerpo y tomando toda su ropa, salvo las braguitas, salió corriendo del baño de su jefe.
Segundos después Castle apretaba el botón del agua fría y subía la intensidad haciendo que un torrencial de agua cayera sobre él intentando bajar la calentura que Kate había dejado en su cuerpo.
Sonrió apoyando su cabeza en la pared y cerró los ojos recordando el cuerpo desnudo de la chica, grabado a fuego lento en su memoria.
Se relamió los labios, y a pesar del agua, que se sentía caliente en su piel, no pudo evitar que una erección apareciera pegándose a su vientre. Se acarició levemente mientras en su retina sólo aparecía las caderas de ella, una tatuada con unas alitas de ángel… Jamás había visto tanta sensualidad en un cuerpo tan menudo.
Movió su mano un poco más rápido buscando el éxtasis sin pensar que en 30 minutos tenía una cita doble… y que iba a ser la mar de interesante después del fortuito encuentro con Kate bajo el agua.
Kate movía el pie debajo de la mesa, signo de nerviosismo. No podía dejar de pensar en Castle desnudo y sentir calor en su rostro al momento.
Bufó. Deseaba que aquella cena terminara ya… a pesar de que no todos los días una cenaba en uno de los mejores restaurantes de Manhattan, por lo que decidió concentrarse en su plato, sin saber realmente que estaba comiendo, hasta que la voz de Nathan la sacó de sus pensamientos.
-Las otras están deliciosas…
¡No! Ostras no-pensó para si misma, y sintió la mirada de Castle clavada en ella. Alzó la vista y miró al escritor, sentado al lado de su cita, una rubia con tetas enormes, llamada Kaley.
Oh mierda. Solo esto le faltaba, estar comiendo ostras sin darse cuenta cuando estaba pensando en el cuerpo desnudo, perfecto y depilado de su jefe. Intento sacarse la imagen de la cabeza una vez más y dejo las ostras a un lado.
Maldito Castle por arruinarle la noche. Encima la forma en la que coqueteaba con esa mujer no ayudaba demasiado. Y no es que a ella le importara demasiado, era solo que el pensar en…resopló.
-¿Estás bien?.-Le preguntó Nathan.-Estas bastante callada.
-Sí, solo…-Carraspeó.-No es nada.- Sonrió forzadamente.-La verdad es que si están deliciosas.
-Tengo que decir que soy un amante a las ostras.- Sonrió pícaramente y Kate gimió para sus adentros.
Nunca debió aceptar la invitación a cenar. Nathan parecía un buen tío, pero ella no estaba interesada en él.
-Nate, le decía a Kaley lo buen cocinero que soy. Dile que no miento.-Dijo Castle.
-No miente.- Sonrió Nathan.-Bueno estoy seguro de que Kate te lo puede confirmar también.-Todos miraron a Kate expectantes.
Ella miró la cara de todos y alzó las cejas.
-Ah sí. Lo confirmo.- Cogió su copa y le dio un gran sorbo al vino. Pero luego lo dejó a un lado recordando la resaca de esa mañana.
Su móvil sonó y ella agradeció poder escapar un momento de esa incomoda cena.
-Disculpad.-Dijo y se puso de pie alejándose de la mesa, sacando luego el móvil del bolso.
Notó enseguida que la llamada era desde el loft de Castle y frunció el ceño.
-¿Hola?.
-¿Kate?.
-Sí, ¿pasa algo Martha? ¿Alexis está bien?.-Dijo enseguida alarmándose.
-No lo sé, tiene mucho rato con fiebre y no logro que le baje y encima le duele la tripa, intenté llamar a Richard pero tiene el móvil apagado y…dios, siento tanto haberte llamado a ti, pero..,
-No, no está bien. Enseguida vamos.
-Lo siento de verdad.
-No pasa nada. En unos minutos estaremos allí.-Se dirigió a la mesa. -Castle, era Martha, parece que Alexis se ha puesto enferma y no puede bajarle la fiebre…-Castle se puso de pie enseguida.
-Eh, eh.- Nathan tomó a Kate del brazo.-¿Tu también te vas?.
La chica se mordió el labio.
-Sí, lo siento, pero de verdad me preocupa Alexis, quiero asegurarme que está bien.
-Probablemente sea solo gripe.-Dijo Nathan y Kate en ese momento pensó que era un completo idiota.
-Sí, probablemente.-Fue la respuesta de ella soltándose de su agarre y yéndose junto a Castle.
Cuando ambos subieron al Ferrari del escritor él la miró.
-No tenías que venir.
-Quiero hacerlo.- Respondió ella y Castle sintió de repente un calor en el pecho al ver la forma en la que Kate se preocupaba por si hija.
Kate era una mujer excepcional.
Cuando llegaron al loft se fueron directos a la habitación de Alexis. La niña aun seguía con fiebre, y Kate le comentó que cuando ella tenía fiebre su madre le daba un baño y luego la arropaba muy bien para que sudara. Así que Castle cogió a su hija en brazos llevándola hasta el baño, en donde Kate le dio un baño con la esponja y luego la llevaron de vuelta a la cama, envolviéndola bien entre las mantas. El dolor de panza parecía haber pasado ya con un jarabe que le había dado Martha.
Los tres se quedaron en la habitación mientras la niña dormía luego del baño, hasta que Castle le dijo a su madre que se fuese a dormir porque parecía bastante cansada.
Estuvieron un rato allí, mirando fijamente como Alexis dormía, hasta que Castle volvió a tocarle la frente y suspiró aliviado al darse cuenta de que ya la fiebre había bajado también.
-Creo que ya ha bajado.-Murmuró mirando a Kate que estaba apoyada en la pared, mirando a Alexis con mucha preocupación.
-Oh, gracias al cielo.-Se acercó y le tocó también la frente.
En ese momento sus dedos rozaron los de Castle, los dos se miraron en la semioscuridad de la habitación y apartaron la vista, apartando sus manos también.
Caminaron hacia la puerta y la cerraron para dejar descansar a Alexis.
Se miraron y Castle sonrió a medias.
-Gracias por ayudarme…-Comenzó a decir.
-No tienes que agradecerme nada, Castle.
Él la miró fijamente y ella se calló.
-De todas formas la cena estaba siendo bastante incómoda.-Comento él.
-¿Verdad?, pensé que era la única…
Ambos rieron divertidos.
-Kate, sobre lo de la ducha...-Ella negó con la cabeza.
-Quiero sacar eso de mi mente, Castle.
-¿Por qué?, has tenido la oportunidad de ver al gran Richard Castle desnudo. Eso no todas pueden decirlo.
Kate pensó para sí misma que lo de "gran" estaba bastante merecido luego de haber visto lo que había visto.
-Tú a veces necesitas tocar un poco el suelo ¿sabes?.-Le dijo mirándolo con una mueca divertida.
Él le sonrió y Kate sintió algo extraño en la panza.
-Ahora mismo lo estoy haciendo.-Murmuró él sin dejar de mirarla.-Quisiera, aunque sea solo una vez, poder besarte.-Dijo Rick sin más.
-Eso nunca va a pasar.
-Será solo un beso.
-No.
-Es eso o responder una pregunta.
-Vale, pregunta.
-¿Cuál es la verdadera razón por la que te fuiste de la policía?.
Ella lo miró fijamente y sonrió a medias acercándose, besándolo en la comisura de los labios, deteniéndose allí durante varios segundos, sintiendo como su corazón latía muy rápido y su adrenalina subía, haciendo que su tripa fuese un desastre de sensaciones.
Sabía que no debían hacer esto, pero simplemente no podía evitarlo, era como si, jugar con fuego, fuese sumamente excitante. Y realmente lo era.
Castle giró luego la cara y le robó un beso que no duró más de tres segundos. Un roce de labios, que hizo que los vellos del brazo y de la nuca se le erizaran y que todo su cuerpo le gritara desesperado que la abrazara y la besara profundamente.
Pero aunque eso era lo que quería, no lo hizo.
Dios, esta chica lo volvía completamente loco.
Ambos se miraron fijamente.
-Ahora, tú tuviste la posibilidad de besar a la gran Kate Beckett. No todos pueden decir lo mismo.-Dijo ella divertida.-Voy a dormir.
Castle aun la miraba embobado.
-Vale.
-Ah, y Castle…esto nunca paso.-Dijo y simplemente se fue a su habitación.
Castle se apoyo en la puerta preguntándose qué demonios había sido todo eso.
