Disclaimer: ¡Nada me pertenece. Los personajes pertenecen a Yamane Ayano y la historia a thegreymoon! (Esta es una traducción).


Capítulo 7

Eran las tres de la mañana cuando Mikhail finalmente salió de la sala de reuniones, con Yuri pisándole los talones. Sus hombres de inmediato saltaron a atenderle, aturdidos por esperar durante las horas interminables que él había pasado adentro; negociando la ventaja que necesitaba para obtener lo que quería, evitando que su propio imperio se derrumbara en el proceso.

Mikhail no les prestó atención. Le seguían los pasos y luchaban tras él tratando de mantener su exigente paso. Le palpitaba la cabeza y no se molestó en ocultar su irritación. Su boca estaba apretada herméticamente, cejas caídas y sus ojos sombríos y oscuros. La tensión en su cuerpo fuerte y ágil era tan densa, que era casi visible. Había ganado la batalla de esa noche, pero por poco, y sus hombres lo conocían demasiado bien como para cuestionar su ánimo.

Descargó su mal humor en los botones del ascensor cuando se negó a llegar tan pronto como lo deseó, y golpeó su puño contra la pared cuando la malvada pieza de maquinaria se negó a ceder ante su violencia.

—Mikhail, cálmate —le reprochó su tío y el tono razonable del hombre rechinó en sus nervios tanto que fue nauseabundo—. Todavía no estamos solos. Están observando, así que no les des la satisfacción de verte perder el control.

Mikhail le lanzó una mirada furiosa, casi gruñéndole, pero Yuri le sostuvo la mirada serenamente, totalmente imperturbable por su horrible genio. De reojo, vio a los chinos moviéndose fuera de su vista y supo que el hombre tenía razón. Respirándo profundamente, cerró los ojos y contó hasta diez, esperando a que la imprudente hostilidad nublando su juicio se desvaneciera.

Con un melódico campaneo, la puerta del elevador se abrió, casi sorprendiéndole, ya que su preocupación y su cansancio casi le habían hecho olvidar lo que estaba esperando.

Suspirando profundamente, entró y se dejó caer contra la pared. Sus hombres lo siguieron y la puerta se cerró. La necesidad absoluta de sueño latió desde la médula de sus huesos y se rindió en su agotamiento mientras el elevador zumbaba en su camino de ascenso. Mantuvo sus ojos cerrados, derivando en el confuso borde de la inconsciencia en lo que duraba el viaje. Escuchaba a sus hombres hablando entre sí, pero sus voces parecían en cierto modo distantes e irreales, ya que a pesar de que sabía lo que las palabras que decían significaban, su mente sobrecargada no podía unirlas en un significado coherente.

El timbre plateado envió un estremecimiento de emoción por su espina dorsal y le sacó de su inconsciencia. Captó la mirada de desaprobación de su siempre vigilante tío y respirando profundamente, se mordió la lengua para no decir nada cuando Yuri abrió la boca para hablar. Eligió ignorarlo, avanzando a grandes zancadas se les adelantó tan pronto como la puerta del ascensor se abrió, pero el hombre se apresuró tras él, impávido.

—¡Mikhail, espera! —Le oyó llamar, pero se negó a obedecerle.

—No estoy de humor —dijo herméticamente cuando Yuri lo alcanzó de todos modos.

—No me importa si estás o no de humor —contestó Yuri—. Me escucharás. Mikhail, esto es... ¿Qué demonios...?

El sonido repentino de su celular lo interrumpió y sacó el pequeño aparato de su bolsillo para mirar el identificador de llamadas.

—Gracias a Dios —murmuró Mikhail en voz baja mientras su tío tranquilamente se quedaba atrás, alejándose de su compañía para contestar la llamada. Era probablemente algo importante, pero Mikhail estaba demasiado cansado para preocuparse.

—No quiero ser molestado —le dijo a sus hombres mientras deslizaba la tarjeta en la entrada de su lujoso apartamento.

—¡Por supuesto, señor! —dijeron y automáticamente tomaron sus puestos allí, como su guardia personal.

Cerró la puerta enfrente de ellos y las luces tenues automáticamente cobraron vida mientras cruzaba el umbral.

Exhalando un suspiro de alivio, Mikhail se recostó contra la puerta cerrada. El silencio espeso y bienvenido calmó sus desgastados nervios y echó hacia atrás su cabeza, frotándose la nuca con sus cansadas manos. Momentos más tarde, se sobresaltó al encontrarse a punto de caer dormido en ese mismo lugar, aún vestido y de pie. Bostezando, entró en el dormitorio y gimió mientras todos sus paralizados músculos protestaban mientras se estiraba.

Descuidadamente, se despojó de su chaqueta y miró a través del ventanal descubierto, para ver la tormenta rugiendo en la noche. Los relámpagos agudos y dorados brillaban en la oscuridad impenetrable, pero estaba demasiado soñoliento para apreciar la belleza salvaje de todo el espectáculo.

Este había sido un día muy productivo. Las negociaciones con la Tríada habían salido bien, aunque nunca había dudado que no serían como esperaba, porque el precio del bajo mundo asiático era solo dinero después de todo y tenía más del que posiblemente pudiera llegar a gastar.

Sus planes finalmente estaban tomando forma y el intercambio con Asami había salido justo como lo había deseado. La escritura del casino era suya y ese hombre probablemente ya estaba de camino a Japón y fuera de la vida de Fei Long para siempre; junto con el constante dolor que había significado para el dragón de la Tríada y la tenue posibilidad de que esos dos alguna vez reanudaran su malogrado romance.

Tan desconcertado como estaba por la elección de Asami en cuanto a hombres, no podía dejar de sentirse agradecido por sus extraños gustos, ya que le dejaba el camino libre y absolutamente abierto para reclamar lo que quería. Aunque se había sentido intimidado por la gran parte que Asami ocupaba en la vida de Fei Long, le deseó la mejor de las suertes con su enérgico amante, tan lejos de Hong Kong como pudiera.

Estaba cerca, muy cerca de tener finalmente al hombre de sus sueños, tan cerca que ya casi podía sentir su piel bajo sus labios.

—Fei Long —suspiró, cerrando los ojos y apoyando su frente caliente contra el frío cristal—. Ahora, no pasará mucho tiempo.

Sin embargo, esa persistente sensación que había estado arrastrando durante todo el día aún estaba con él, levantando la bandera roja de alarma, incluso mientras mentalmente recontaba todos sus logros. Latía en su pecho como un dolor crónico, calmándose un poco solo para reaparecer después en intervalos regulares, recordándole que algo estaba muy mal en medio de todos sus logros. Era como si un hilo de una oscura y misteriosa fuerza estuviera maniobrando en su contra, arrastrándose a través de su actual buena suerte y deshaciendo el fruto de todos sus esfuerzos. Tenía la sensación de que algo estaba torciéndose pero no podía precisar qué era exactamente. Su mente giraba en círculos inútiles, y sin importar lo mucho que pensara en ello, cuán cuidadosamente examinara sus acciones, no pudo encontrar ninguna falla en sus planes. Todo estaba saliendo bien... casi demasiado bien, excepto por esa sensación carcomiendo y hormigueando que todos sus esfuerzos estaban a punto de desmoronarse. Esto era más que frustrante; la sensación de tener algo en la punta de sus dedos, solo para verlo arrastrarse cuando trataba de alcanzarlo.

El mal presagio persistió durante toda la noche y estaba tenso y expectante, temeroso de que cuando esta amenaza se expusiera fuera demasiado tarde para hacer algo al respecto. Lentamente, empezó a desnudarse, casi tentado a renunciar a la ducha que desesperadamente necesitaba a cambio de solo colapsar en la cama espaciosa y cómoda.

La puerta detrás de él se abrió y volteó sorprendido, solo para ver a Yuri entrar sin siquiera tocar; tranquilo y cómodo, como si no estuviera invadiendo su privacidad.

—Creo que dije que no quería ser molestado —dijo Mikhail fríamente; sus manos dejaron su cinturón medio desabrochado mientras se alejaba un poco más hacia el interior del apartamento, descalzo y con el torso desnudo.

—Tú no eres lo suficientemente mayor o poderoso para negarme la entrada, muchacho —dijo Yuri—. Tengo algo que decirte y es mejor que me escuches. Mi opinión aún sigue siendo de valor para ti.

Mikhail resopló a modo de burla y le miró fríamente.

—El día que no tengas una opinión sobre mi vida privada, probablemente moriré por la sorpresa, tío— dijo y el hombre frunció el ceño.

—Cuando tu vida privada se desborda para incluir a toda la organización deja de ser privada —contestó Yuri—. No puedo respaldarte y guardar silencio cuando estás arriesgando tanto por este ridículo enamoramiento.

—No es tu problema.

—Sí es mi problema, Mikhail —dijo Yuri—. ¡No eres solo tú quien se está poniendo en peligro, también nos estás arriesgando a todos nosotros! ¡Es Baishe! ¿Lo has olvidado? ¡Una serpiente es una serpiente, Mikhail! Aunque sus colores sean hermosos, sique siendo venenosa. ¿De verdad crees que eres capaz de manejar una sin llegar a ser mordido?

—Tío... —dijo Mikhail con cansancio.

—En este momento, tu padre debe estar revolcándose en su tumba.

—Deja a mi padre fuera de esto.

—¿Cómo puedo? ¡Tenía grandes esperanzas para sus hijos y tú eres el único que sigue con vida! ¡Tú eres el único que aún puede realizar sus sueños, pero sigues optando por perder todo lo que ha hecho por ti, todo en lo que te has convertido, todo lo que puedes llegar a ser solo por satisfacer necesidades bajas e impuras!

—Tío —dijo Mikhail—. Ahora sería un buen momento para parar.

—Dios te castigará, hijo —siguió Yuri dramáticamente, puño apretado y rostro dilatado por el fervor de su fe cuando Mikhail rodó sus ojos con infinito aburrimiento—. ¡Te aniquilará con Su poderosa ira por tus deseos impíos! ¡Te arruinará por caer en el pecado! ¡Te destruirá por tu falta de humildad y falta de voluntad para arrepentirte! ¡Tu arrogancia y tu falta de fe definitivamente no tienen competencia!

Mikhail escuchó sus diatribas con desinterés y bostezó ampliamente cuando terminó.

—Simplemente no puedes soportarlo, ¿verdad? —dijo jovialmente—. El hecho de que ya no tienes poder sobre lo que hago o dejo de hacer. Soy el dueño de mis propias acciones y eso te corroe en vida.

Los ojos de Yuri brillaron sutilmente. Puños apretados y fosas nasales dilatadas mientras se esforzaba por contener su ira.

—Yo lo único que quiero es lo mejor para ti —dijo roncamente, y la boca de Mikhail se curvó en una fría sonrisa.

—¿Solo lo mejor para mí? —dijo, sonando casi divertido—. Bueno, estoy seguro de que piensas que eso es cierto, tío, pero ya sabes lo que dicen. El camino al infierno está empedrado de buenas intenciones.

Con esto, dio media vuelta y caminó hacia la barra, sintiendo los ojos de Yuri ardiendo en su espalda desnuda, clavándose en las terribles cicatrices que estaban allí. Eso silenció al hombre agradablemente y Mikhail sonrió misteriosamente, mientras se servía el trago que tanto necesitaba.