La decisión estaba tomada, mi destino y vida futura estaría ligada a este rubio hasta encontrar una mejor forma de hacerlo despertar y olvidar que alguna vez se topó con alguien exactamente igual a sí mismo. Espinas aún tenía sus cabronas reservas, su mirada desaprobaba rotundamente aquella magia que estaba a punto de realizar sin haberla practicado primero. ¡Qué más daba! si carecía de toda oportunidad de supervivencia.
-Siéntate junto a él- Me indicaba mi camarada. -Descubre tu brazo.
Hice lo que me pidió sin preguntar nada, me dirigí de nuevo al sofá para levantar al rubio y posicionarlo de tal forma que quedara sentado. Arremangué su camisa o mejor dicho, la camisa que le había puesto y me pertenecía. Observé con claridad la serpiente enroscada en su antebrazo y por alguna razón me sentí distinto, como si eso en verdad nos hubiese dolido a ambos. Quizá no conocía bien de este tipo, pero estaba seguro que mientras el conjuro de vinculación nos mantuviera de esa forma no habría necesidad de investigar mucho.
Observé que Espinas tomaba ambas varitas comprobando otorgarnos las correctas, no deseaba ser quien estuviese tendido a causa de un error. Deseaba fumar, necesitaba nicotina en mi cuerpo, sin embargo podría ser contraproducente en este hechizo. Si no quería un fallo en este único plan, entonces tendría que controlar mis impulsos y vicios.
-Empuña bien la varita Dante, cierra tus ojos-
-Hey, espero que esto no sea un cabrón deseo homosexual de tu parte.
-¡Cállate y obedece!- Por primera vez lo escuchaba desesperarse, sus ojos se agrandaron al escuchar eso último. Sabía que no era gay, conocía sus preferencias, pero necesitaba romper el hielo y quitarme algo del manojo de nervios que llevaba a cuestas.
-Esta bien, solo no quiero fallar Joder, no hablaba en serio- No me respondió, en cambio comenzó a realizar el conjuro con voz serena, apacible. A decir verdad desconocía muchas cosas de mis amigos y una de ellas era la voz prodigiosa que tenía para hacer cánticos de mantras, recitar hechizos, a veces sentía que la naturaleza misma estaba en armonía junto a él en todo momento.
-Aliena corpus, totum corpus corpore toto . Unit , ut putat , sentit sicut duo corpora in unum, neque duas animas in unum, duo homines eadem una anima . - Ambas varitas comenzaron a iluminarse; sin embargo me di cuenta que el brillo era casi intrínseco, tan real que podía tocarlo con mi mano libre. Aquellos hilos de luz se elevaban formando unas espirales casi uniformes hasta llegar al punto de tocarse entre sí.
-Une quae non est unita , mixta sanguine , et reddit vitam , ad corpora in altum vinculum societatis-
El hilo de luz blanca comenzaba a tornarse roja, poco a poco miré que aquella coloración se esparcía a lo largo de la varita del rubio sirviendo como una especie de conductor hasta llegar a la punta de la mía -No sean malpensadas lectoras- y en aquel instante pude sentir un tirón en el estómago parecido a un malestar o indigestión aparatosa. Sentí las ganas imperiosas de vomitar como si me hubiese tomado cuatro litros de vodka sin hielo, sin nada, e inmediatamente de eso las náuseas se apoderaban de mi cabeza.
¡Esto era el jodido infierno!
Tenía que resistir, cerraba mis ojos rogándole a la vida misma tener compasión de mi suplicio y que todo terminara en el tiempo menos pensado. "Falta Poco", escuchaba a Espinas animarme, pero mi brazo continuaba tensandose, por mas que cerraba mis puños conteniendo el jodido dolor era lo más parecido a recibir fuego puro en mis entrañas. ¿Han tomado un sorbo demasiado caliente de sopa o café que va directo al esófago?, bueno… era exactamente lo mismo pero en todo mi sensual cuerpo.
¡Qué! ¿Acaso no soy sexy? ¡Soy el clon de su crush Dramionero!
Sin hacerles el cuento más largo de lo que es porque conozco al escritor y se de buena fuente que tiende a extenderse "Al infinito y más allá" como el cabrón de Buzz Light Year solo les diré que fue horrible y espantoso. No se lo deseo ni a mi peor enemigo teniendo en cuenta que tengo una extensa lista de ellos.
La voz de mi amigo Espinas comenzaba a desvanecerse en mi memoria como si estuviera cayendo en un sueño profundo o lo más parecido a estar "colocado" con estupefacientes. Alguna vez los probé y fue lo similar a comer demasiada azúcar y después sentir el bajón. Mi cuerpo se relajaba demasiado, ya no sentía asco, náuseas o cualquier efecto adverso que les conté antes; ahora parecía estar descansando en algo parecido a una nube.
Lo sé, bastante absurdo tomando en cuenta que las nubes solo son acumulaciones de gas, sería como estar en un pedo gigante o algo parecido. Asqueroso, grotesco también lo sé, pero era necesaria la alusión para que se comprendiera.
Después del viaje casi ácido que experimenté con este cabrón conjuro hice la promesa de no volverlo a hacer por nadie. Me levanté levemente observando que mi brazo izquierdo tenía el tatuaje que mi clon malvado, la serpiente enroscada parecía estar contenta de verme. ¡Hija de puta! por un momento parecía moverse.
-Era normal Dante- Mi amigo le retiró la varita para guardarla en un lugar seguro, en un sitio donde ni él mismo pudiese encontrarla aunque lo deseara. -Si despierta pensará que el haber encontrado a alguien parecido a él fué un sueño, te has convertido en…
-Una extensión de su alma, he leído eso.
-También hay algo que debes saber Dante- ¡Ok! Eso no me gustó para nada. - Debes mantener a salvo a Draco Malfoy libre de cualquier daño, el conjuro de vinculación los ha fusionado a tal grado que ahora comparten una sola vida, no dos. Es el precio de esta mágia, al menos hasta que logre despertar.
-¡Y pensabas decirmelo cuándo! - Tome del cuello a mi amigo llevándolo contra la pared, mis ojos llenos de ira, desconcierto y un tanto de miedo ahora se fijaban en los suyos.
-Dante… debes calmarte-
-¡Cómo que "Cálmate" hijo de puta! ¡Una sola vida!-
-Te dije que habría consecuencias- Mi amigo intentaba pasar saliva, su expresión era de absoluto desconocimiento, y no me lo tomen a mal pero yo solía ser un tanto desconfiado incluso de este tipo de magia.
Lo solté abruptamente escuchando las arcadas a causa de la presión que ejercí sobre su manzana de Adán. Sabía que estaría bien después de mi arrebato, así que no tuve que preocuparme por su estado de salud. Draco Malfoy era mi única y jodida prioridad hasta que las cosas se calmaran y lograra despertar por sí solo. Tan solo me restaba esperar, y esperar, y esperar.
-Espinas.
-Dime…- Lo escuché recomponerse a pausas.
-Dile a mi madre que estoy bien, que su niño de plata regresará pronto, pero no le digas dónde estoy, procuraré escribir para que no se preocupe.- Di un largo suspiro, no había pensado en mi madre hasta ese momento. Mi viejita, mi más grande tesoro vestido con un delantal tan blanco como la nieve.
Extrañaría su aroma a anís, a especias para cocinar, su apacible voz e incluso sus rabietas cuando el cabronazo de su hijo llegaba tarde a casa. También pensaba en aquel chico que con urgencia necesitaba operarse, y ahora que me convertiría en Draco Malfoy le brindaría esa oportunidad de patear un balón y volverse campeón de su equipo. De lo que estaba completamente seguro era que no conocía la personalidad de este pijo que yacía inconsciente, sus gustos, sus preferencias e incluso su manera de moverse me resultaban extraños.
Me acerqué con lentitud mirando su rostro, y era como verme a mí mismo a través de un espejo mientras dormía, contemplar mis facciones detenidamente sin necesidad de fijar la vista a un mismo punto para no perder detalle.
-Joder somos idénticos-
-Lo sé y eso es lo que más me asusta Dante-
-¿A qué te refieres?- Pregunté de inmediato y enseguida lo observé colocarse de mi lado observando exactamente lo mismo que yo, a un par de tíos super sensuales que podrían ser hermanos gemelos.
-Me refiero que podrías desentrañar muchas cosas a raíz de este cambio Dante- Me miró. -Tengo algo de miedo por la conexión que sentí, fue… no sé cómo explicarlo, creo que mucho más fuerte de lo que pudo haber hecho esta magia.
-Espeluznante ¿No crees? ¡Menuda aventura puñetera!- Me giré al lado contrario dándome una palmada inofensiva en la frente.
-Otra cosa.
-¿Ahora qué?.
Miré de reojo que recostaba al rubio sobre el sofá asegurándose de no caerse en el intento, se condujo lentamente hasta a mi presencia con una expresión seria, y esto significaba más problemas después de todo lo que me había enterado.
-En un estado subconsciente, él puede leer tus pensamientos Dante.
-Lo sé- Interrumpí- Espero que esa jodida conexión me sirva para descubrir su forma de ser y esas cosas.
-Te equivocas- Acotó mi amigo. -Comparten una sola vida, pero la parte consciente la llevas tú, mientras que la contraria está a cargo de Malfoy. Se ha convertido en una extensión de tu cuerpo, a raíz de la conexión puede saber lo que haces, conocer tu forma de pensar e incluso tus miedos, entonces procura hacer lo que debas antes que despierte o de lo contrario estarás más que perdido.
Ok eso me asustó como el carajo.
-Pero tu dijiste que cuando despertara olvidaría incluso que me conoció. ¿Acaso esas no fueron tus palabras?
-Lo sé, pero si logra despertar en un sitio desconocido la parte subconsciente llegará al límite de cruzar con la parte real de su vida… ¿Qué te imaginarías que pensara cuando logre abrir los ojos en una casa abandonada?, pero sobre todo, ¿Cómo crees que tomaría la suplantación después de haber visto todo lo que hiciste totalmente en pleno uso de todos sus sentidos?
-Entonces… Eso significa que…-
-Significa que debes despistar lo mejor posible hasta que logre tener señales de vida, debes estar justo en esta casa en el preciso instante que su cuerpo regrese, así podremos desvincularlo a tiempo y todo lo que observó en el estado subconsciente se convertirá en algo real aunque no lo sea.
Muy bien, mi amigo Espinas oficialmente era un erudito en este tipo de magia. ¿Quien carajos diría que el ser tímido pudiera ser bueno? Estaba totalmente claro que lo había subestimado hasta este momento. Nota para las lectoras, jamás piensen que la inocencia va ligada con la estupidez, ¡No señor!
-Debes quedarte aquí hasta recibir noticias mías Espinas- Imperé con suavidad desdoblando mi camisa hasta tener los puños sin la más mínima arruga. Me abotoné la camisa asegurando que también estuviese perfectamente planchada. Había hechizos locomotores para eso.
Cuando por fin la imagen y semejanza con Draco Malfoy estuvo concluida me dirigí a la salida no sin antes despedirme de mi amigo Espinas. Antes de salir desviaba la mirada, pues sabía que si en algún momento el snob llegase a despertar no tendría escapatoria, debía seguir las indicaciones de mi amigo al pie de la letra o estaría más perdido que un pingüino en pleno desierto.
Tonta y cruel alusión, lo sé.
**ooOOoo**
No me resultó difícil entrar nuevamente a la mansión de los Greengrass, tenían más medidas de seguridad que los escritos sagrados del vaticano. Sin embargo como toda sofisticada cámara de vigilancia contaba con su respectivo punto ciego. Si bien alguien intentase ingresar a la gran casa para hurtar tomaría en cuenta los posibles hechizos, conjuros y maldiciones para prevenir cualquier reacción de los sistemas.
Estaba claro que al poner un pie en el portón de hierro el mecanismo me hubiese hecho añicos en un parpadeo en determinado caso de utilizar alguna poción multijugos; pero, un doppelganger en su extensa lista se encontraba totalmente descartado. Era la viva imagen de Draco Malfoy pudiendo asegurar que nuestro tipo de sangre era la misma, espero que no en nuestra forma de orinar. Yo lo sostenía con la izquierda.
¡Qué! Solo es una comparación lectoras, no piensen que soy un sátiro o pervertido, ¿Acaso ustedes no se acomodan el sostén a plena luz del día? ¡No están libres de pecado!
Bueno, regresando al punto debo mencionar que los elfos casi podrían tenderse en hilera para evitar que mis suelas "carísimas carísimas" tocaran el piso. Siempre me pareció degradante su forma de comportarse, la sumisión en cualquier caso o especie me parecía absurda. Pero en fin, bien dice un dicho que el que por su gusto es hipogrifo hasta se reverencia solo.
Creo que en México se maneja un tanto diferente con otra especie de cuadrúpedos.
Caminé delante de ellos soportando sus chillidos, sus exageradas reverencias casi propinándose a sí mismos unos buenos porrazos contra el piso. Decidí ignorarlos de manera olímpica entrando por fin a la gran casa. Afortunadamente no había nadie para recibirme, no me apetecía tener que dar explicaciones que difícilmente tendría ahora. Subí por las escaleras no sin antes asegurar que los malditos puños de la camisa estuvieran totalmente lisos, tampoco deseaba una discusión con la prometida del Snob Malfoy.
Estaba a casi nada de cantar victoria, pues de mi cuenta podría tenderme en la extensa cama sintiendo por el momento tranquilidad y no pensar en aquel cabrón hasta que Espinas me llamara. En un mundo lleno de felicidad cerraría los ojos con una sonrisa, sin embargo toda esa visión se evaporó al darme cuenta que no estaba solo. Un hombre, el mismo del retrato del despacho se encontraba a solo unos cuantos metros de distancia.
¿Que clase de relación tendría Draco con su Suegro? ¡No piensen cosas que no son! Hablo de la cordialidad y esa clase de cosas.
Y ahí estaba yo, delante del tío podrido en pasta a quien yo robaría. Era casi la tarde y se había vestido una túnica con motivos de plata, su muñeca portaba un reloj que solo se fabricaban en suiza por los más prestigiosos diseñadores. Su mano derecha contaba con tres anillos del mismo material y en la solapa del atuendo portaba una pluma fuente que equivaldría al sueldo de cuatro semanas de mi padre.
Cabrones excéntricos, no cagan dinero solo porque sería demasiado.
Me miró con una expresión de desagrado, era evidente que no soportaba a su yerno en el mismo espacio que el suyo. Noté su desdén a mi persona justo antes de subir las escaleras pues distinguí la formación de arrugas en sus pómulos. Me erguí orgulloso junto a una mirada condescendiente; no amable, no mezquina, sino una mezcla entre ambas en la espera de reaccionar ante cualquier cambio.
-¿Dónde estabas Draco?
¡Follandome a tu hija en el jardín cabrón, ¿donde más?! y los elfos nos sirvieron de cama Ok, no diría eso.
-Tuve asuntos que atender.- Caminé hacia mi tocador como si su presencia me resultara lo más natural del mundo, miré que giraba su cuerpo contemplando mi forma de actuar. Ok, no debo estar nervioso, no debo dejar que este vejete con olor a Paco Rabanne me intimide.
-Asuntos…- Respondió en forma sarcástica. -No creo que sea necesario recordarte que tu único asunto ahora se encuentra desayunando junto a su hermana en el comedor. Así que de ahora en adelante tienes que dar explicaciones de lo que haces si quieres que la fusión de los capitales sea un hecho.
Fusión de capitales. ¡Claro! Por esa razón el cabrón rubio debía casarse con la pechugona rubia. Era cierto que el solo verla caminar podría poner a cualquier hombre con una dolorosa erección entre los pantalones, sin embargo todo cambiaba al conocer su carácter posesivo y controlador. Solo me bastó con cinco minutos para darme cuenta, me imagino que Draco tuvo que aguantar mucho más.
-Estaba a punto de avisar- Curvé media sonrisa. Debía maquinar la mejor coartada para salir librado de este vejete ataviado en plata. -Pero estarás de acuerdo que un hombre tiene libertades, y aunque una invitación a beber una cerveza, buscar una mujerzuela o incluso consumir estupefacientes sonase tentador creo que me conoces lo suficiente para darte cuenta que mi ausencia se debió a los negocios.
-¿Negocios?- Lo escuché soltar una risotada.
-Para la fusión de los capitales necesito todos los activos disponibles, cantidades, números, bien dicen que las cuentas claras otorgan amistades largas. Pues bién, en este caso tengo más que una amistad con tu ardiente hija.
-¿Cómo acabas de llamarla?
-Como la llamaré una vez que me case con ella- Me atreví a mirarlo a la cara, su rostro enrojecido era una poesía, tan molesto que bien podría explotar en cualquier momento como un forúnculo. -Debes preocuparte que no le falten lujos, comodidades y opulencia a lo que ella ha estado acostumbrada- Me acerqué un poco más agrandando mis ojos por un segundo. -El nombre o apodo debería ser la menor de tus preocupaciones Greengrass.
Me quedé observando por unos instantes, sosteniendo la mirada como tal vez lo haría Malfoy. Si algo alcancé a conocer de mi clon malvado era la terquedad y el orgullo, pues bien ¡In Show Time!, si no me ganaba un Oscar o un Golden Globe por esta actuación estaría perdido. A los pocos segundos notaba que el curvaba otra sonrisa, y eso significaba terreno ganado de mi parte.
-Eres el vivo retrato de Lucius-
¿Lucius? Ok otro nombre desconocido.
-¿Te lo parezco?- Pregunté esperando sacar más información de ese hombre.
-Lucius solía ser seguro de sí mismo, ambicioso hasta la puta médula, no le importaba pisar o despedazar a nadie con tal de conseguir lo que deseaba, bueno… es tu padre, tu lo conoces mejor que yo.
Lucius Malfoy el padre de Draco. Debía ser el mismo hombre que observé en la visión durante nuestro primer encuentro. Su cabellera era larga hasta el hombro y sus facciones denotaban la frase "Soy un auténtico e innegable hijo de puta dueño del mundo y tan molesto como un grano en el culo". Por alguna extraña razón comencé a sentir una especie de ira, algo inexplicable que me incitaba a escupirle la maldita cara en determinado caso de tenerlo enfrente. Sin embargo no era el momento ni el lugar para mostrar mi desdén ante este hombre que tan solo buscaba un traspié de mi parte para joderme.
-Me lo han dicho- Esquivé con esa respuesta. -Pero me gusta más formar mi propio camino y hacerlo a mi estilo, odiaría ser reconocido por el apellido. Soy un hombre, y como tal también quiero hacer las cosas a mi modo, ¿Acaso no es para eso que fuimos educados?
-Tienes temple Malfoy, y quiero que demuestres eso en los negocios, quiero que te comportes como un perro despiadado en el trabajo y como un fiel cachorrito con mi hija-
-Puedo ser ambos, ahora si me disculpas, debo dar explicaciones a cierta rubia- Antes de retirarme de la habitación le toqué el hombro con una sonrisa. -Apuesto que tu también estabas envueltos en los mismos aprietos con su madre.
Escuché una risotada que indicaba estar de acuerdo.
-Solo te diré que es tan idéntica a ella que me asusta.
No sería difícil echar a este vejete en mi bolsa, siempre y cuando hubiera coincidencias, un par de tragos o quizá algunas jovencitas que lo mantuviese ocupado logrando que comiera de mi mano. Luego me ocuparía del "Suegro", ahora lo importante era ponerme al dia con lo relacionado a Malfoy. Coloqué mi varita en el estuche de piel que conservaría después de este cabrón numerito. No me iría con las jodidas manos vacías.
Bajé las escaleras casi trotando, cuando logré pisar el rellano me observé por la ventana contemplando mi obra, la imagen y semejanza de un cabrón snob dueño del mundo ahora me pertenecía. Desempeñaría un magnífico papel haciendo de esta personalidad algo bueno para el mundo. Le arrebataría a Malfoy un poco para ayudar a quienes me importaban.
Cuando por fin llegué al comedor observe la comida lista, ¡Joder esos bollos se miraban riquísimos!... Hablo del pan lectoras, para nada miré los senos de mi querida novia postiza.
-¿Donde estabas Draco?- La escuché preguntar al momento que esquivaba un beso que pretendía darle. ¡Menuda tía!.
-Salí a caminar un rato, tenía que encargarme de un asunto.
-Claro- Interrumpió de forma sarcástica.-Es por eso que no avisaste ni dejaste recado con nadie.
-No quería despertarte- Engullí uno de los bollos mientras que ella se me quedaba mirando de manera extraña, a decir verdad desconocida. -Tu… roncabas como un perezoso, bueno, me refiero a uno bonito, sin ofender.
Me había pasado de la raya, debo reconocer que pecaba de honesto, fresco y demás impertinencias que me hacían ganarme un porrazo en la mejilla, un puntapié en los testículos o en el peor de los casos un hechizo doloroso en las nalgas. No obstante ella continuaba mirándome como si no me conociera, como si fuese un completo extraño. Colocaba su uña perfecta y pulcramente esmaltada sobre su mentón arqueando una ceja.
¡Joder! ¡Era cierto, no me conocía! Al menos no a Dante Holtzman. A quien ella deseaba mirar era a Draco Malfoy. ¡Perfecto!, hora de ser menos yo y más aquel cabrón ricachón.
Creanme, fingir ser un hijo de perra podría ser fácil. Ok… Bromeo, ustedes lo aman.
-¡Que asco Draco!- Elevó la voz un poco. -Te pareces al muerto de hambre de Weasley-
Weasley, otro nombre. ¿Acaso no se refería a Ronald Weasley? Eso sería mucha coincidencia tomando en cuenta que solo había escuchado sobre él en historias, unas más retorcidas que otras. Si mal no recuerdo fué quien sostuvo un horrocrux por un tiempo jodidamente prolongado para contarlo más tarde. Reconozco que lo admiraba, incluso deseo conocerlo ahora que se un poco más al respecto.
-Tengo resaca matutina, y eso me provoca más hambre que un gordo en plena dieta.
-Por eso no era recomendable el alcohol, ya lo habíamos hablado- La escuché sonar los cubiertos contra la porcelana del plato deseando perforarlos, era evidente su molestia, su cabreo. Cuando una mujer llegaba a su límite lo mejor era evitar cualquier contacto con objetos punzocortantes, y en este caso tenía dos candidatos potenciales.- Pero como siempre, haces tu santa voluntad.
-Oye nena, era una fiesta, ¡Vamos! tu también bebiste.- Curvé media sonrisa mirando la forma abrupta en que se levantaba dejando los cubiertos sobre la mesa.
-No toleraré eso cuando estemos casados Draco Lucius Malfoy, tal vez estés acostumbrado a que todo el mundo te sirva con el té y las hojas pero conmigo te equivocas.- La observé darse la media vuelta mientras que la otra chica que seguramente debía ser su hermana desayunaba con demasiada tranquilidad. Quizá estaba acostumbrada a sus dramas, no lo sabía. -Salimos en una hora, más vale que te bañes, todavía apestas a perfume con sudor, sabes que odio ese maldito aroma.
¡Ahora resulta Joder! ¿Cómo es que el olor que parecía agradarles ahora lo aborrecen? ¡El hombre debe oler como tal! Bien dicen que el aroma masculino es el sex appeal que atrae al sexo opuesto. Nosotros no podremos ser tan meticulosos ni tardar horas en la bañera pero cuando se trata de limpiar el arma… No escatimamos en tiempo. ¡Oh vamos! se que algo de sudor no es malo, pero en fin. A decir verdad necesitaba por lo menos una ducha reparadora para quitarme todo la maraña de pensamientos que cargaba desde horas tempranas.
-Hey Astoria- Llamé a la rubia quien se giró de manera lenta, fastidiosa y poco paciente. -¿Quieres bañarte conmigo?- Alcé una ceja con cierta picardía. -Se puede hacer mucho en una hora preciosa- Guiñe el ojo para finalizar aquella insinuación indecorosa. Quizá el ser Draco Malfoy tendría ciertas ventajas con la rubia.
La observé cambiar su actitud, su rostro se suavizaba un poco imaginando seguramente la escena en la bañera. Podría jurar que se transportaba a la tina totalmente desnuda estirando despacio sus largas y estilizadas piernas acompañada de algo de espuma. A las mujeres les encantan las esencias de flores, los aceites y cosas delicadas como esas. Caminó lentamente apoyando sus manos sobre la mesa mostrando con claridad su escote, y a los pocos segundos noté el encaje de su lencería que sin miramientos quitaría. ¡Joder la sola idea me endurecía!. Mi corazón comenzaba a latir con fuerza a causa de mi imaginación pecaminosa, sin embargo no sucedió como esperaba.
-¡Eres un puto cerdo!- Sin darme cuartel a una respuesta tomaba su taza de zumo de frutas arrojándola sobre mi cara. Al menos no tenía una taza de café cercano.
-No juegues al payaso y arréglate, busca algo decente que ponerte porque regresamos a Londres.
Logró finalizar mientras que la otra chica ni siquiera nos prestaba atención, lo que me orillaba a pensar que estaba acostumbrada a las rabietas lindas y tiernas de su querida, psicópata y plástica hermana.
-¿Parece que está enojada verdad?.
-Solo está molesta, cuando esté realmente enojada no te gustaría estar en su mismo espacio.- Aquella otra chica era un poco más alta que su hermana, tenía su propio encanto pero definitivamente la imagen de esa familia sería Astoria. La observé levantarse de su lugar y caminar a paso relajado hasta lo que debería ser su habitación.
Con mayor razón debía bañarme, sin embargo me iría con la satisfacción de no haber despertado sospechas entre los miembros de esta loca e interesada familia. Por otro lado me preocupaba por el estado de mi doppelganger, si en determinado caso despertara antes que el hechizo culmine sería mi perdición. No debía permitirlo bajo ninguna puta circunstancia.
No podía creer lo que estaba viviendo, experimentando e incluso sintiendo al usurpar el sitio de un cabrón adinerado. Ahora tendría que ir a la casa de este rubio, tendría que existir un diario o álbum de fotografías para aprender todo lo que debía saber sobre él. Debo confesar que el miedo comenzaba a apoderarse de mí al pensar en todo aquello; si bien estuve acostumbrado a atracos simples ahora me considero un neófito.
Mi siguiente parada sería la mansión de los Malfoy, tan solo espero que sus padres no logren notar la cabrona diferencia.
**ooOOoo**
Era injusto. Tan solo había logrado dormir dos puñeteras horas después de haber tomado la ducha, y aquella misma fue tan exquisita, tan cabronamente deliciosa que no deseaba salir en un buen rato de ella. Supongo que la Paris Hilton hizo bien al rechazarme la compañía, no deseaba una faena ahora que tenía demasiadas cosas en qué pensar.
Me había quedado adormilado, cerrando mis ojos escuchando el sonido claro del agua correr. Se que esto que relataré sonara un poco gay a muchas de ustedes pero cuando un hombre decide tomar un baño, podemos tomar nuestro tiempo. Fue exactamente mi caso.
Cuando me desvanecí unos momentos a causa del letargo pude visualizar por completo el bello rostro de Hermione Granger; la chica que hasta el momento creí era producto de mi imaginación. Cada noche me visitaba en sueños ofreciendo una cálida sonrisa. Debo confesarles que no se trataba de nada sexual como muchas de ustedes han de pensar, era algo tan distinto e incluso tan puro que me conformaba con aquellos sueños casi palpables; aunque al despertar me dedicara a satisfacer mis necesidades solo o con otra mujer.
La misma cara, la forma tan exquisita y un tanto tímida de caminar, los ojos color miel eran tal cual los visualicé en los sueños, su cabello e incluso su aroma estuvieron presentes como si hubiese sido solo ayer que me había visitado. Existía, era tan real como el cabrón doppelganger a quien suplanto, tan real como esta agua cristalina y tibia en la que me he bañado pero a su vez la consideraba jodidamente inalcanzable.
-Hermione- Volví a cerrar los ojos descubriendo algo que ahora podía confirmar a todas luces.
Draco estaba enamorado de ella como un cabrón colegial.
¡En Serio!... ¿Que cómo lo sé? Sencillo; ahora que estamos vinculados puedo sentir lo mismo que su corazón, sus deseos e incluso por extraño que parezca le alcanzo a distinguir sus fobias. Tan solo se que no debo de acercarme a nada que tenga pelo y más de cuatro patas. ¡El cabrón le teme a las arañas! ¡Que rubio tan marica!
No sabía lo que el destino me deparaba como el nuevo Draco Malfoy. Miré mi propio reflejo sobre el agua dándome cuenta que nuestro cabrón parecido era extraordinario, como si hubiésemos sido hermanos gemelos. Mi madre solo mencionó que me recogieron de un orfanato y a partir de ese momento me adoptaron como el nuevo miembro de los Holtzmann.
¿Yo hermano de Draco?
No, esto no debía ser cierto. De ser el maldito caso tendría que investigar por mi cuenta lo relacionado con mi familia biológica y juré que ellos estarían absolutamente muertos para mí en todos los aspectos.
Quedaban pocos minutos para alistarme, ya había elegido el atuendo que a la rubita podría gustarle; un pantalón de casimir negro con una camisa en color hueso, no me gustaba el verde y la mayoría de ropa era de ese color tan detestable. No deseaba llegar todavía a la mansión de Draco, algo en mi interior se negaba a acudir a ese sitio aunque pretendía ser otra persona quien lo habitaba. Por otro lado era absolutamente necesario para iniciar la búsqueda de algún diario o algo que me indicara un punto de partida sobre aquel ricachón odioso.
¿Su madre se daría cuenta que no soy su hijo?
¡Rayos! Si es como la mía entonces no podré engañarla tan fácilmente.
Pensaba en todas y cada una de esas cosas al momento de cambiar de ropa, me aseguraba que los puños estuviesen debidamente planchados para que nadie sospechara un cambio repentino en Draco Malfoy que no se cansarían hasta discutirlo. Decidí solo hidratar mi cabello platinado para darle un poco de cuerpo aunque detestaba peinarme de forma relamida.
Me miraba al espejo, no dejaba de hacerlo a partir del maldito conjuro de vinculación, me preguntaba si aquel rubio estaría viendo tras bambalinas el cabrón ridículo que estaba a punto de montar una puesta en escena como si fuera él mismo. Practicaba miradas, gestos, actitudes recordando su forma de ser después de nuestra primer encuentro. Todo me salía a pedir de boca, sin embargo debía trabajar un poco más en el acento , el ritmo entre las palabras y un poco de fonética personalizada.
-Soy Draco Lucius Malfoy- Negaba con la cabeza al intentar imitar su voz cuando se presentaba. -Demasiado solemne.
Practiqué una y otra vez hasta que emparejaba nuestras voces; pues de haber contado con un hechizo recordador bien podría visualizar un tanto más sus acciones y eso lo lograría solo en casa de los Malfoy espero que antes de lo pensado, pues si llegaba a estudiar en el mismo lugar que él, esa responsabilidad sería más fuerte-
-Soy Malfoy Imbécil- No no no, demasiado vulgar.
-Soy Malfoy, Draco Malfoy- Soy un cabrón ridiculo, este acento es de James Bond.
Ensayé sus miradas, su cabrona risa, la manera en que su cara de asco colocaba a a cada ser en su lugar a quienes no consideraba de su especie o clase. El tipo era alzado, estirado, pulcro, limpio, un cabrón Snob en toda la extensión de la palabra y ahora me convertiría en la imagen de todo eso.
-Amo Malfoy- Una vocecilla chillona lograba sacarme de mi sitio. -El ama Astoria ya se retiró, dice que lo verá en el colegio.
¡Vaya criaturas orejonas! Seguramente pensó que después de eso lo molería a palos.
-Haré la desaparición- ¡Joder! De nuevo estaba en problemas, no tenía ni puta idea de cómo era la mansión del rubiecito cabrón, pero bien dicen que si del cielo te caen limones debes hacer una limonada, y yo contaba con un elfo doméstico. -Necesito que alguien lleve mi equipaje, odio cargar las maletas por mi cuenta así que tendrás que llevarme tu a la mansión.
La ventaja de estas criaturitas harapientas era que podían realizar magia que a los humanos no se nos permitía, pero estaba controlada para el uso exclusivo de sus amos. ¡Soy más cabrón que bonito!
-Amo Malfoy…
-Te di una orden, cumplela.
Sin replicar cualquier cosa logré observar por el rabillo del ojo la forma tan eficiente de aquel elfo. Con un minúsculo chasquido de sus dedos lo miré introducir mi ropa; o mejor dicho, la ropa de Draco perfecta y cuidadosamente doblada, cada accesorio en su lugar sin olvidar nada. Escuché con claridad el mecanismo de cierre en las maletas mismas que ahora levitaban hasta los pies de mi incauto ayudante.
-Listo Amo, pero debe saber que Broomer no puede entrar a su casa. Está prohibido cuando ya hay otro elfo que sirve a la familia.
-Si vale, ya entendí- Rodé los ojos, aunque debo reconocer que sus códigos de ética también solían ser estrictos.
Realizamos la desaparición sin problemas, tan solo sentí un tirón en el estómago aunque ya estaba acostumbrado a ello. No tardamos ni cinco minutos cuando por fin nos encontramos en la entrada de lo que debía ser la humilde casita del cabrón rubio, nada más y nada menos que unas cuantas hectáreas de amplitud. La fachada tenía el estilo neo gótico renacentista.
¡Bromeo! No se ni puta idea de esas cosas. Lo que puedo asegurar que el valor de esta "humilde casita" le daría de comer a un país en desarrollo al menos por un mes decente. Sin embargo era tan negra como las ropas de aquel rubio, tan lúgubre como su mirada y tan escueta como su figura. Y eso es decir mucho al ser exactamente igual a ese cabrón.
Conjuré un hechizo de levitación que no tardó ni cinco segundos cuando otro duendecillo servicial se encontraba en el portón seguramente para recibir a Draco. Los ojos cristalizados, enormes y expresivos eran tan conmovedores que podía ser yo quien lo auxiliara, pero eso lo consideraban peor que una maldita ofensa.
-El amo Malfoy no debe cargar su equipaje, para eso está Elmer- Observe que con un chasquido de sus dedos hacía desaparecer el equipaje para enviarlo a la recamara. ¡La puta recamara!, no tenía idea de la ubicación, esta maldita casa era lo más parecido a un museo de antropología e historia con una centena de habitaciones para todo tipo de visitas. Pero a leguas se notaba que ni un alma se atrevía a aparecer a este mausoleo gigante.
-Necesito que me lleves a mi alcoba, quiero descansar y…
-Amo Malfoy- Agachó la mirada frotando sus manos con temor, ¡Aquí van otra vez carajo! Esa actitud tan servicial y sumisa comenzaba a irritarme, ahora comprendía a los ricachones que se daban el lujo de tener a uno de estos en sus mansiones podridas en dinero. -Pero Elmer tiene prohibido ir de su lado mientras camina, solo estuvo aqui para recibirlo como usted me ordenó hace un par de dias ¿No recuerda?
¡Maldito pijo1 rubio de mierda!
-Oh sí, lo hice, pero esta vez es diferente, además quiero que me prepares un baño-
¡Trágate el cuento, trágate el cuento, trágate el cuento!
-Como usted ordene amo Malfoy, el ama Narcissa se tardará un poco más-
-¿Narcissa?
-Amo Malfoy, usted no la nombra así- ¡Mierda! ahora no sabía el parentesco que tenía con el rubio, pues quizá podría ser su abuela, su madre, su tía o tutora.
-Me gusta llamarla así cuando ella no me ve, no me cuestiones o te golpeo-
-¡No era mi intención amo Malfoy!- Sin darme el cuartel a una disculpa observé que el duendecillo corría como si tuviese un fuego artificial insertado en el culo, sus pies delgados y largos parecían un par de manos que trepaban por el portón hasta llegar a lo alto.
-Elmer deja de hacer eso.
-Elmer no debió cuestionar al amo Malfoy, Elmer merece un castigo- Ok, esto oficialmente era peor que tener una mascota, al menos los perros obedecían a la primera.
Observé con claridad que el cabroncillo se daba de topes en la pared con la intención ferviente de romperse la cabeza, de ahí trepó un poco más alto para después lanzarse contra el suelo. Fue entonces que me acerqué para atraparlo. ¡No hubiera hecho eso!, cualquier intención buena con aquellos seres tan raros era lo equivalente a más horas de chillantes y estruendosos berridos.
-Elmer se castigará, Elmer se castigará.
-¡Te ordeno que te calles de una puta vez!- Elevé la voz y pareció comprender. Me miró con los ojos lacrimosos, lo coloque en el piso asegurando su bienestar, no quería que me cobraran nuevo a este servicial kamikase.
-Bien, ahora que dejaste de armar tu circo llévame a la habitación, y también llévame algo de Champagne.
-Pero el amo Malfoy odia el...
-¡Tu llévalo carajo!
En verdad todo esto resultaba exasperante.
No tardó medio segundo cuando se encontraba trastabillando por el adoquinado camino que conducía a la entrada principal de la casa. Pude observar tranquilamente los extensos terrenos cubiertos por tupidas matas de césped perfectamente cortado, en cada lado del jardín se encontraban plantados numerosos rosales rojos, algunos de color rosa, y otros; los que se levantaban en las esquinas de la mansión eran totalmente blancas.
Las fuentes de cantera tenían la forma de ángeles vomitando borbotones de agua, algunos otros querubines se encontraban hincados con sus manos unidas sosteniendo una flor hecha del mismo material marcando la circunferencia de la misma. Casi llegaba a la entrada de "mi nueva casa" cuando me llamó la atención una estatua que debía estar elaborada de plata pura, era la figura de un hombre imponente con melena hasta el hombro, una túnica que llegaba hasta sus talones sosteniendo un cetro en forma de serpiente. Afortunadamente dí gracias a mi prodigiosa vista evitando preguntarle al elfo sobre ella.
"Abraxas Lucius Malfoy"
Este debía ser un antepasado del rubio, quizá su abuelo conociendo el nombre de su padre. Solo esperaba que no estuviera en casa en una silla de ruedas sufriendo algun tipo de incontinencia.
Ingresé a la mansión guiado por el elfo llorón escandaloso apreciando el exquisito y caro gusto de estos magnates por las antigüedades, los cuadros, los muebles y los candelabros de cristal que colgaban por el techo separados por equidistantes metros. Podía apreciar las fotografías que se movían constantemente a mi paso, la mayoría personalidades del mundo mágico, otras no tan populares que debían ser los miembros de la familia menos agraciados.
La enorme sala de estar se encontraba perfectamente colocada a un lado del ventanal gigantesco que cubría hasta el techo. Una serie de ángeles parecían descender desde las alturas estando plasmados en los vitrales. Al menos pude apreciarlos antes que desaparecieran a causa de la gruesa cortina de satín negro que colgaba desde el techo. La mueblería era de piel negra, acolchada, nada que ver con el jodido sillón mullido que tenía en casa. Las estatuillas de marfil adornaban las mesas esquinera de cada extremo de aquellas grandes posaderas.
A un lado de ésta se encontraba lo que debía servir como sitio de tertulias, reuniones y cualquier pretexto estúpido para servir canapés. El color de la fachada era azul turquesa haciendo contraste con el gris de los contornos y los gruesos pilares que sostenían los arcos que daban acceso a la gran pista de baile.
A los dos extremos de la misma se encontraban las escaleras que comunicaban los pisos superiores donde los pasamanos estaban hechos de plata pura. ¿Acaso estos alzados y estirados tenían alguna clase de fijación con el metal? Bueno, los ricos y excéntricos tienen inodoros con piedras preciosas que terminarían embarrando de mierda. ¡Joyas defecadas!
El elfo me condujo hasta la parte superior donde pude apreciar la cantidad de puertas que se encontraban separadas, podía oler la caoba recién aceitada en cada una de ellas como muestra de la exhaustiva limpieza que estas criaturitas les brindaban todos los días. La habitación de Draco quedaba a cuatro puertas de las escaleras, misma que la criatura abrió con otro chasquido de sus dedos.
No había terminado de entrar a esa recámara cuando me di cuenta de su amplitud, su extensión, la cantidad de lujo que este sitio emanaba con tan solo apreciarlo por fuera. Una esponjosa cama me estaría esperando para descansar tapizada con un edredón verde extendida a lo ancho de ella, un almohadón abultado del mismo color y las banderas de lo que debía ser la casa de Slytherin. Había leído sobre la historia de este colegio de magia y se decía que solo aquellos de élite entraban en esa logia tan selecta.
El cabrón rubio tenía su propia sala de estar y junto a ella un acolchado sito para admirar la vista del exterior. En definitiva esta habitacion era digna de un rey.
-Su baño está listo amo Malfoy- El duendecillo me indicaba después de salir del cuarto de baño.
-Puedes retirarte y por favor que nadie me moleste- Hice mención haciendo que el elfo doméstico desapareciera en un suspiro.
Era cierto que me había bañado antes de regresar a este lugar, pero el calor de los mil diablos comenzaba a cernirse en todos los sitios. Además usar la ropa del cabrón rubio no me gustaba del todo. ¡Qué tal si el cabrón tenía chancro! Sifilis, gonorrea o cualquier puta enfermedad venérea.
Me acerque con seguridad a la cama evitando la tentación de echarme como una vil res en plena pradera, me gustaba eso, sentirme yo mismo en cualquier lugar sin necesidad de entregar cuentas a nadie. Sin reparo alguno comencé a quitarme la ropa hasta quedar en interiores. Si… verdes, ¿Qué comen que adivinan lectoras?, si estaba suplantando a Draco Malfoy entonces debía portar todo lo que llevaba.
Pero eso sí, ¡Yo lo tengo mas grande!... Ok, esa también es broma.
Abri la puerta de la bañera que más bien parecía un departamento de soltero, seguramente tenía una caja repleta de preservativos de todos los colores y sabores -Yo la tendría. Quizá también cuente con otros utensilios que bien me pueden servir al follarme a su prometida. Si camino este camino ¿Quien carajos soy yo para cuestionarlo? ¡Pobre de mí, me tendre que sacrificar!
Me miré en el espejo por un rato, aprecié mis facciones, mi rostro, mis labios que hace mucho tiempo ignoraba a causa de la prisa, el ritmo de vida que llevaba como Dante Holtzman. No podía asimilar lo que había pasado hace días, no daba crédito a lo que mis ojos contemplaron en un despacho que tenía planeado saquear hasta dejarlo seco. Un hombre exactamente como yo, el rostro, los ojos grises, los labios perfilados, el timbre de voz, pero con actitud y personalidad jodidamente diferente. Di un largo suspiro recargando las palmas de mis manos en la fría porcelana del lavabo, apretaba mis labios elaborando la siguiente mentira, pues no permanecería en aquella habitación hasta que todo pasara. La escuela, los amigos de este rubio serían un tema a tratar. Por otro lado, estaba la chica que no abandonaba mi cabeza, la hermosa castaña mejor conocida como Hermione Granger.
Si tan solo tuviera un cabrón diario me daría alguna idea de su relación con Malfoy, sin embargo aún quedaba la incógnita de los sueños. Algo me decía que su querido rubito estaba perdidamente enamorado de ella sin darse cuenta, no ponía la carne al asador por ese hecho pero no le era indiferente.
-En que mierda me metí- Pregunté de manera retórica, aferraba mis manos a la porcelanita del lavabo elevando después la mirada para enfrentarme cara a cara conmigo mismo. -Cómo voy a salir de todo esto.
-Muerto-
¡Joder, joder, joder! Mi propio reflejo me había respondido.
-Que carajos…
-Solo podrás salir muerto de todo esto Dante Holtzmann.
Ok, Ok, era oficial, me estaba cabreando demasiado por todo esto, quizá mi subconsciente estaba creando una imagen relativa de la culpa.
-¿Eres Draco?
-Tus mentiras terminarán por alcanzarte inmundo ladrón de pacotilla, ¿Creés que no buscaré venganza después de esto hijo de mierda?- La voz era idéntica, las facciones, las gesticulaciones eran totalmente las de mi doppelganger. Sin embargo no entendía su estancia al otro lado del espejo.
-Solo muerto podrás salir de todo esto Dante Holtzmann.
-No eres real, no eres real, ¡No eres real Hijo de puta!- Di un puñetazo certero al centro de la luna logrando quebrarla desde ese punto. No sentí el golpe, el impacto fué la menor de mis preocupaciones al darme cuenta que una imagen reflejada de mi mismo había cobrado vida. Tan solo escuchaba una risa malévola, como esa clase de villanos de culebrones latinoamericanos donde marcan una clara venganza contra el protagonista.
¿Era esto posible? ¿Acaso Draco había despertado antes de tiempo?.
Esperaba que todo aquello no fuera mas que producto de mi imaginacion.
Pijo: Modismo español utilizado para hacer referencia despectiva a los hijos de personas adineradas quienes usualmente se reúnen en círculos selectos.
