SIETE

Después del incidente con las cañerías, Terry se quedó con Candy hasta que arreglaron todo.

Mientras él supervisada que todo quedará perfecto ella mantenía una charla por Whatsapp con Eliza.

¿adivina qué?

¿Qué?

¡La casa de los abuelos de Antony estará disponible el fin de semana que viene!

¡Genial! Será agradable.

He estado deseando hacer esta viajecito desde hace tiempo.

Yo también. Necesitaba un cambio de aires.—respondió la rubia mientras miraba de reojo al castaño.

Siii... La pasaremos genial todos.

¡Oh, estoy ansiosa porque llegue! Un fin de semana romántico en parejas.

¡FANTÁSTICO!

Ya bájale amiga. Estas muy excitada :-)

Bueno...Estoy ansiosa.

Nos vemos en la noche. Voy saliendo. Bs—mintió ya que no quería que ella supiera de que el castaño estaba con ella porque empezaría con un sin fin de preguntas.

Bsooos :-)

Ella sonrió y negó cuando finalizó la charla.

—¿cómo quedó todo?—le preguntó en cuanto cerró la puerta tras el plomero.

—Ya estas a asalvo. No volverás a ahogarte.—dijo con voz seductora.

—¿Qué es lo peor que podría pasarme ahora?

—¿Que apareciera un hombre guapo como el infierno? —sugirió él y sonrió—Por no hablar de mí.

—¿Tú? —lo miró fijamente.

—Apenas me conoces. Puedo ser peligroso.—dijo manteniendo la mirada.

—Lo dudo.

—Nunca se sabe —dijo él, tomándola de los hombros y haciendo movimientos ascendentes y descendentes, suaves—.Podría intentar aprovecharme de ti. No hay nadie aquí para detenerme. Estamos... solos.

—¿Y si no quisiera que te detuvieras?—preguntó ella y apoyó las manos en su pecho, sintiendo los latidos bajo la fina tela que cubría su escultural pectoral—. ¿Quién sabe? Quizá fuera yo la que me aprovechara de ti.

Candy pudo ver llamas de deseo en sus intensos ojos azules. Él fijó la mirada en su boca. Ella sintió que sus latidos se aceleraban. Su instinto le decía que sería un amante experto, probablemente.

«Vas demasiado deprisa», le dijo su subconsciente.

Apenas conocía a Terry, pero estaba segura de que antes de que regresaran del viaje, lo conocería mejor. Quizá fuera el destino.

—Desde que llegué, sólo he podido pensar en besarte — dijo él tan cerca que sintió su aliento en la mejilla.

Cada vez que escuchaba su nombre de sus labios, se estremecía.

Volvió a sonreír.

—¿Y qué te detiene?

El acarició su rostro con una mano mientras con la otra la tomaba por la nuca con delicadeza, como si fuera un objeto precioso que temiera romper.

Terry inclinó la cabeza y rozó sus labios con los de ella con tanta suavidad que sus rodillas se doblaron. Quería más. Quería todo de él en aquel instante.

Ella deslizó sus brazos alrededor de su cuello y lo atrajo hacia sí, haciendo más intenso el beso. El estar en los brazos del castaño con sus cálidas manos sobre su piel y sus labios junto a los suyos, le hacía sentirse tan bien, única, querida y deseada.

Por primera vez sentía que estaba en el sitio adecuado. Con la persona correcta.

Una sensación de alivio la embargó. Nunca antes en su vida se había sentido tan vulnerable y eso la asustaba más después de lo que le pasó con su anterior novio.

Apoyó las manos en su pecho y suavemente se apartó. Él adivinó por qué.

—Vamos muy rápido —dijo él. La rubia asintió. A pesar de su comentario de que podía aprovecharse de él y de

que no tenía miedo a nada, lo cierto era que en aquel momento estaba aterrada.

—Eliza me dijo que el sábado estará lista la casa de uno de los chicos donde pasaremos el fin de semana.

—Suena bien.

—¿Podras ir con nosotros?

—Te lo prometí.—le respondió acariciando la mejilla aun sonrojada de ella.—...Además es algo que me gustaría hacer. Necesito tomarme unos días lejos del trabajo y por supuesto contigo.

—Lo pasaremos bien.

—Si. Bien...creo que es tarde.

—Te acompaño —sugirió ella.

—Me encantaría.—dijo él.

Terry tomó su mano y entrelazó los dedos con los suyos. La guió a través del pasillo, esta vez decidieron bajar por las escaleras.

A al cabo de pocos minutos salieron al vestíbulo. Caminaron en silencio hasta la puerta.

Ella la abrió y se giró para mirarlo.

—Creo que debería disculparme por el modo en que me comporté. No suelo ser tan atrevida.

—Debería ser yo el que se disculpara. No quería acelerar las cosas. Es que cuando te veo no me resisto a no tocarte, acariciarte y a probar esa boca—le confesó mientras acariciaba con suavidad el labio inferior con su pulgar.—me gustas...Y mucho.

—Tú también a mi.— lo besó y el respondió gustosamente al gesto.

—Te llamo en la noche para acordar bien como haremos.—dijo separándose de ella.

—Estaré esperando tu llamada.

De despidieron. Ella subió a su departamento y él a su coche.

.

..

...

..

.

Antes de dirigirse a su departamento fue a su despacho para ver cómo iba los trámites de su divorcio.

—Buenas tardes Alicia.—saludo a su secretaria, quien se encontraba muy concentrada organizando unos expedientes.

—Buenas tardes, Terrence. George estuvo muy temprano. Le dejó ésto.—le entregó un sobre grande de papel madera.

—Gracias. ¿Dejó dicho algo?

—Si. Dijo que en cuanto lo leyera se comunicara con él.

—Bien. Estaré en mi despacho. Que nadie me moleste.

—Eh...señor...

—¿Si?

—Su esposa estuvo aquí con...su abogado.

—Esta bien Alicia. ¿Qué quería?

—Solo que estarán aquí la semana q viene. El lunes a primera hora para ser más exactos.

—Bien.—entró a su oficina.

Dejó el sobre en el escritorio y se acomodó en su cómodo sillón con las piernas entendidas sobre el lujoso mueble de caoba.

—Ay Candy Candy...—suspiro y cerró sus ojos centrando una imagen de ella con una amplia sonrisa.—¿Qué estas haciendo conmigo?— quedó varios segundos en silencio. Imaginándola.

—Será mejor concentrarme en ésto.—dijo.

Se enderezó y abrió el sobre. Negó mientras leía cada línea.

Tomó su móvil. Marcó. Al cabo de unos segundos...

Te envío por fax unos papeles. Quiero que lo leas detenidamente.

¿De que se trata?

Alguien me ha estado robando. Necesito que análices las cuentas. Según los reportes hay un diez por ciento menos de lo que tendría que haber. Además que los números no coinciden.

Esta bien. En cuanto me los envíes lo haré.

Si me han estado robando haré que ese ladrón se funda en la cárcel.

¿Tienes alguna idea de quién puede ser?

No. Pero... Revisa los movimientos de las cuentas de Susana.

Piensas que...

No... Sólo quiero asegurarme. Nada más.

Ok.

Avisame en cuanto tengas el informe.

Lo haré.

—No creo que hayas caído tan bajo.—pensó para sí mismo. Apoyó su espalda en el respaldo del asiento y llevó amabas manos a su cabeza.

La secretaria llamó a la puerta.

—Disculpe Terrence.

—¿Qué pasa Alicia? Pedí que no me molestaran.

—Lo siento señor. Es que... Su madre está al teléfono y me pidió que por favor se la pasara.

—Esta bien. Tomaré la llamada. Gracias.

—Con su permiso.

Mamá...

Si yo no te llamo tu no lo haces.—le reclamó la mujer.

Lo siento. He estado muy ocupado. Perdón. ¿cómo estas? ¿papá?

Estamos bien. ¿y tú?—preguntó con voz suave.

Bien. Como te dije. He estado de un lado a otro y muy metido en el trabajo.

Susana llamó.— no le sorprendió que lo hiciera. Siempre que tenían una discusión ella acudía a su suegra para que intercediera.

Supongo que te dijo que le pedí el divorcio.

Terrence... No crees que...

Mamá... Por favor. Sabes bien la situación. Susana y yo llevamos tiempo separados. Si aguante fue por compasión pero ya me harté. Ésto se ha tornado imposible para mí. No podemos seguir conviviendo.

Pero ella te quiere y tu...

Ya no mamá. No siento más que... No sé. Ni siquiera sé lo que siento por ella. Pero te puedo asegurar que amor no es.

Oh, hijo. Es una pena que después de tantos años tengan que separarse.

Si. Pero es mejor. Y lo quiero así.

Sabes que tú padre no está de acuerdo.

Lo supuse. Pero no me importa. Soy un hombre mayor y puedo tomar mis propias decisiones.

Tienes razón... Me hubiera gustado tanto que me dieran unos nietos...—dijo con pena.

Hubiera sido un error en la situación en la que estamos.

Un hijo jamás es un error. Son una bendición de Dios.

En nuestro caso lo hubiera sido.

¿Cuando vendrás a casa?

No lo sé. Creo que sería más conveniente de que tu y papá vinieran.

Tengo muchas ganas de verte. Tal vez pueda hacer ese viaje.

Estaria más que feliz de tenerte.

Yo también.

Hasta pronto, mamá.

Adios cariño. Cuídate.

Tomó el sobre y saliendo de su despacho se detuvo en el escritorio de su secretaria para indicarle lo que debía de hacer.

Cuando terminó bajó al estacionamiento y se dirigió a su departamento. Donde llamó al mercado para que le trajeran todo lo necesario para preprarar una rica cena.

...

.

Horas más tarde...

Todo ya estaba casi listo sólo faltaban algunos detalles.

Se había vestido con un pantalón chino beige y una camisa celeste, mocasín marrones. ¿Más sexi? Imposible.

Terminaba de cambiarse cuando alguien llamó a la puerta, veinte minutos antes.

Una sonrisa se le dibujo en la cara al imaginarse de quien se trataba.

—Buenas noches, Señor Grandchester.—dijo con una dulce y sexi sonrisa.

—¡Candy!...Estas preciosa.—la repasó de arriba abajo con la mirada. Tenía un lindo mono cruzado en la parte de adelante que se anudaba a la cintura, corto, con mangas de volado, sandalias rojas de tacón alto sujetas a su tobillo por una pulsera. Se esmeró en su pedicure francesa. Su cabello lo dejó suelto con ondas rebeldes—realmente me dejaste sin palabras. Luces impactante. Pasa por favor.

—Gracias, tu también te ves que increíblemente guapo. Perdón por llegar antes.

—No tienes por qué disculparte. Pasa por favor. Y bienvenida.

—Traje ésto.—levantó una botella de vino.

—Peter Michael Cabernet Sauvignon Oakville Au Paradis. Buena elección. Gracias.—dijo él tomando la botella.

—Hmmm... huele increíble. ¿Qué preparaste?—preguntó mientras caminaban a la cocina.

—Espera hasta probar.—tomó dos copas que sacó de la alacena.

—No sabía que cocinabas.

—Hay muchas cosas que no sabes de mi y que te sorprenderías aún más.—dijo con picardía. Ella se mordió el labio inferior imaginando.

Se dirigió hacia la sala, un amplio lugar con sillones de piel blanco y negro, muebles en tono oscuro combinados con aluminio y acero. El piso negro. Se podía ver su reflejo en el.

—Bonito lugar. Es muy...

—Yo.—terminó él.—me alegró de que te gustara.

—Tiene una vista increíble.—recibió la copa que él le ofreció.

— Estar en el último piso tiene su ventaja. Es más tranquilo.

—Es muy masculino.—observó que no había nada de su ex en el lugar—.. Tu...—no sabía cómo preguntar con respecto a su ex esposa.—... me sorprende de que no tenga nada de...

—Este lugar es sólo mío. Ni siquiera mi ex sabe de él. Si es lo que deseas saber. Lo compré hace tiempo.—dijo muy tranquilo.

—Perdon no quise ser entrometida.—se sintió avergonzada.

—No lo eres. Yo también hubiera preguntado lo mismo.—el sonido del horno los interrumpió.—la comida esta lista.

—Déjame ayudarte.

—Solo falta poner la mesa.

—¿Por qué no comemos en el living? Podemos sentarnos en la alfombra.

—Por mi donde tú quieras.

—Bien, entonces será en el living.

Sacó el pollo, cortó las porciones y lo colocó en cada plato lo acompañó con papas y una salsa de champiñones que había preparado. Era su especialidad y esperaba que ella lo disfrutara. Mientras terminaba de preparar los platos, ella curiosa robó una papa cubierta de crema y se la llevó a la boca. Cerró sus ojos para saborear...

—Mmmm...—dijo saboreando de su dedo la deliciosa salsa.—ésto esta riquísimo.

—No deberías hacer eso.—dijo él con la voz ronca y conteniéndose las ganas de tomarla en ese preciso momento y llevarla a su cama.

—¿Hacer qué?— preguntó ella inocente. Sin decir más, unió su boca con la suya y se sorprendió por la corriente eléctrica que lo traspasó. Los labios de Candy eran cálidos, suaves y tentadores. Él intensificó el beso, absorbiendo la deliciosa sensación, el dulce sabor de su boca. No pudo

resistirse e introdujo la lengua en su aterciopelado interior. Ella le atrapó instintivamente la lengua con los labios, y Terry experimentó una erección inmediata. La apartó y la miró a los ojos.

—Ya sabes lo que pasa cuando haces eso —dijo él. Ella se humedeció los labios y respiró hondo.

—Es una locura —dijo negando con la cabeza

— Tú me estás llevando a la locura—ambos rieron.

Se dirigieron a la sala llevando los platos y la comida.

Se sentó y le tendió la mano a ella para que tomara asiento del mismo lado de él.

—¿Por qué no te quitas esos tacones? Te sentirás más cómoda.

—Si. Tienes razón.—se agachó para hacerlo pero él se adelantó.

—Déjame ayudarte.—le tomó uno de los pies y con delicadeza le desabrochó la pulsera del tobillo. Candy se estremeció por los roces de sus manos sobre su piel. Luego el otro.

Sin soltarle el tobillo, le recorrió con la mirada las piernas, desnudas y bien

contorneadas, hasta el tentador atisbo de sus muslos, expuestos por la corta prenda que llevaba. Un sensual mono que escondía otras sugerentes formas femeninas, como la curva de las caderas y la marca de los pezones contra la fina tela.

Al levantarse, notó cómo ella tragaba saliva con nerviosismo. Sus labios parecían una combinación de inocencia y pecado, y el pelo le caía sobre los hombros como una cascada de oro líquido.

La miró fijamente a los ojos.

—La cena puede esperar—acto seguido, la asaltó con un beso que la dejó sin respiración.

Candy sintió que se hundía en un cálido mar de excitación donde el instinto carnal prevalecía sobre cualquier inhibición. Terry le devoraba los labios, y ella le condujo la lengua al interior de su boca. Él le pasó las manos por todo el cuerpo, como si estuviera memorizando cada curva y resquicio. Con agonizante lentitud desató la prenda de su cintura y deslizó una mano sobre las costillas hasta la cara inferior de los pechos. Los pezones

de Candy se endurecieron bajo el sujetador. Ella se movió con impaciencia, ansiando el contacto pleno.

—¿Quieres? —le preguntó él, con una voz cargada de sensualidad—.¿Esto?—le puso una mano sobre un pecho y ella no pudo contener un gemido de satisfacción.

—Si.—dijo en un susurro.

Él también gimió, como si lo estuviera torturando de placer. Metió una mano bajo la prenda, entre los muslos, y encontró la cinta elástica del tanga. Con el pulgar le acarició la piel suave y sensible de debajo, y Candy contuvo la respiración y se movió para permitirle un mejor acceso.

—¡Maldita sea! —masculló él—. No quiero esperar mas —la miró intensamente a los ojos y volvió a besarla con pasión.

Candy tuvo la sensación de que había estado esperando aquel momento toda su vida. Terry se separó, con la respiración entrecortada, y volvió a centrar toda su atención en Candy.

—Este atuendo me lleva irritando desde que lo he visto —le dijo, moviendo las

manos hacia la espalda de Candy.

—¿No te gusta? —preguntó ella, sorprendida.

—Me gusta tanto que quiero quitártelo—respondió, y le bajó la prenda por los hombros.

Candy se quedó sin aire, pero él no se detuvo. Le bajó hasta la cintura,

deleitándose con la visión de su torso desnudo y sus pechos cubiertos por el

sujetador de encaje. Besó su cuello y hombros. Saboreó cada centímetro de su piel desnuda. Le desabrochó el sujetador y, tras contemplar la gloriosa vista de sus pechos desnudos, le acarició los pezones hasta

endurecerlos.

Sintiéndose más excitada por momentos, Candy se arqueó hacia él, incitándolo a poseerla. Entonces Terry bajó la cabeza y le mordisqueó un pezón, provocándole la correspondiente tensión en las partes íntimas. Ella volvió a arquearse y él gimió y pasó al otro pezón, lamiéndolo hasta que Candy se retorció de placer.

—¿Te gusta? —le preguntó en un suave murmullo—. Pues esto es solo el

principio.

La tomó en sus brazos y cuando llegó a la habitación la puso sobre sus pies. Le deslizó la prenda por las caderas hasta dejarla completamente desnuda, salvo

por el tanga de encaje.

Candy sintió otra oleada de calor y el deseo que le nubló la visión. Nunca había experimentado tantas sensaciones a la vez. Agarró la camisa de Terry, ansiosa por sentir su piel desnuda. La carne del castaño ardía con la misma intensidad que latía

en ella. Le pasó las manos por el pecho y las bajó hasta su abdomen.

Él soltó un jadeo y entrecerró los ojos.

—Vamos —la apremió, con una mezcla de deseo y desafío.

Con manos temblorosas, Candy le desabrochó los pantalones y le bajó la cremallera.

A continuación deslizó las manos bajo sus calzoncillos para tocar íntimamente su masculinidad.

Él dejó escapar un largo y prolongado suspiro y le puso una mano sobre la

suya para detenerla.

—Luego —le dijo. La fue guiando lentamente hasta la cama, chocando con ésta se recostó de espalda. Él la siguio, bajó la cabeza y le prodigó sensuales besos por todo su cuerpo bajando por el vientre plano. Lentamente le quitó la minúscula prenda de encaje y le separó las piernas para besarla en los muslos.

Candy se puso rígida, pero Terry estaba firmemente decidido. Le acarició los

muslos para tranquilizarla, mientras con su lengua recorría el lugar más sensible y secreto de su feminidad.

—Eres tan suave y exquisita.

—Oh...Oh por Dios... Terry...—dijo con voz entrecortada.

—Si nena, disfruta.—con cada mágica caricia de su lengua, Candy sentía cómo aumentaba su tensión interior. Él parecía consumirla, llevándola hasta el borde de lo soportable, haciéndole gritar su nombre... Entonces, con una expresión de urgencia y satisfacción posesiva,

Terry se quitó los pantalones y los calzoncillos y se tumbó sobre ella con

determinación. Sacó un preservativo y le hizo levantar los brazos para que se aferrara a sus hombros.

—Aguanta —le dijo, y tras ponerse el preservativo la fue penetrando con sumo cuidado.

—Aaah...—evocó ella. Clavando sus uñas en la espalda de él. La incomparable sensación dejó a Candy sin aire.

—¿Quieres que...me detenga?—preguntó él con voz ronca en su oído.

Candy se humedeció los labios, resecos, e inspiró con fuerza.

—Yo, eh, mi cabeza... —era incapaz de pensar con claridad. Lo único que sabía era que no quería parar—. No. No pares—le susurró.

Un brillo primitivo destelló en los azules ojos de Terry, y empezó a moverse

lentamente en su interior. La llenó por completo y borró cualquier pensamiento de su mente. En el cuerpo y alma de Candy solo quedó él, dando y recibiendo, haciendo que deseara entregarle todo.

Sus movimientos se aceleraron ante la promesa de la inminente culminación. La respiración se le entrecortaba, el sudor le cubría el cuerpo, y ella vio en sus ojos el momento del orgasmo. Fue saciada con la embriagadora certeza de que había ayudado a poner esa expresión en el rostro de Terry. Nunca se había sentido más completa.

Los minutos pasaron, y lo único que se oía en el interior de la habitación eran sus respiraciones a la par. Entonces él se apartó y, tras besarla en la mejilla,

cambió de posición para que ella estuviera sobre él.

Candy se sentía exultante y vulnerable a la vez.

—Tengo una pregunta —consiguió decir finalmente—. ¿No se supone que sólo íbamos a cenar?

Terry se echó a reír, le pasó una mano por la nuca y la besó en los labios.

—Deberías saber que pasa cuando me miras de la manera que lo hiciste y más con ese atuendo que escogiste para esta noche..—dijo con picardía.

Candy intentó dominar sus pensamientos, demasiado consciente de aquel cuerpo tan musculoso bajo el suyo.

—Sí, pero ésto me sigue pareciendo una locura. Quiero decir, si se suponía que

hacer el amor contigo una vez iba a aclarar mi mente, entonces...

—¡Una vez! —exclamó Terry, mirándola como si hubiera perdido el juicio—¿Qué te hace pensar que solo vamos a hacerlo una vez?

—Bueno... No... Supongo que...—sus mejillas estaban rojas.

—Eres tan hermosa cuando tus mejillas se sonrojan.—la besó con intensidad.

—Ahora si tengo hambre.—ambos rieron.

Terry la ayudó a ducharse. Cambió las sábanas. Luego llevó un poco de frutas, queso y unos sándwich además de el vino y unas copas a la habitación.

...

A la mañana siguiente, Terry se despertó a la luz de un espléndido amanecer y a la vista aún más espléndida de Candy desnuda en su cama. Parecía imposible, pero volvía a estar excitado. Habían hecho el amor durante toda la noche, y aun así

deseaba más de ella. Pero Candy apenas tenía experiencia, y él no quería abrumarla.

Cuando ella abrió los ojos, él vio la confusión en su rostro, seguida por el

reconocimiento y la toma de conciencia. Le dio un rápido beso.

—¿Qué demonios haces desnuda en mi cama? —le preguntó en tono burlón.

Ella dudó un momento y negó tímidamente con la cabeza.

—Fuiste tú quien me invitó —le dijo con una sonrisa—. Y cuando yo intenté no

abusar de tu hospitalidad, me atrapaste bajo tu pierna enorme y pesada.

—No recuerdo haber oído ninguna queja. De hecho, juraría haberte oído decir algo como: «Oh, Terry, no pares. Oh, eres increíble. Oh, Terry...»

Candy le tapó la boca con la mano y lo miró con dureza.

—Tonto. Es muy descortés por tu parte que te burles de mí de esa manera.—dijo haciendo puchero. Él inclinó la cabeza, de modo que sus narices se rozaron.

—No despiertas mis instintos corteses.

—No, obviamente despierto tus emociones básicas —replicó ella, con una voz tan jadeantemente deliciosa que Terry se cuestionó la idea de darle tiempo para que recuperar las fuerzas.

—Ya que anoche no pudimos disfrutar de la cena, me gustaría compensarte hoy. Tengo que hacer unas cuantas llamadas, pero luego haremos lo que tú quieras.

Ella retrocedió ligeramente. Su mirada relucía con sensuales secretos.

—Cualquier cosa menos eso —añadió Terry con un gemido—. No quiero

atosigarte, así que deja de mirarme así.

—¿Así cómo?—dijo con inocencia mordiéndose el labio inferior

—Como una diablesa acechando mi cuerpo.

—Nunca me habían llamado diablesa—dijo ella, boquiabierta de asombro.

—Eso es porque ningún hombre sabe de lo que eres capaz en la cama —le aseguró él, y entonces pensó que no le gustaba la idea de que algún otro hombre lo supiera—. Deja de distraerme y dime lo que quieres hacer hoy.

Ella se quedó pensativa unos segundos, y entonces lo miró.

—Hmmm...No lo sé... ¿por qué no mejor me sorprendes?

—¿Aun más?—dijo con picardía.

—Oh no... Mejor vamos a preparar el desayuno.—quiso levantarse pero el la tomó de la muñeca haciendo que cayera nuevamente a la cama. Se puso sobre ella.

—Aun hay tiempo para el desayuno.—dijo devorando sus delicados labios, en una mezcla de exquisita pasión, deseo y algo más.

Continuará...

Perdon perdón...Me demoré en actualizar pero aquí les dejo este capítulo.

Nos leemos en el siguiente.

Siempre agradecida por todo el apoyo y la buena onda que me brindaron. Gracias por acompañarme en estos fic, por el tiempo que se tomaron para leerlos.

Muchos besos y abrazos a la distancia.

QUE EL 2017 SEA UN AÑO LLENO DE BENDICIONES Y DICHAS PARA TODOS.

¡FELIZ AÑO NUEVO MIS QUERIDAS LECTORAS!