Mil perdones la demoraaa estuve como dije en el capitulo anterior con todo eso de graduación, pruebas de universidad etc

pero aqui está el capitulo 7! espero que les gusteee

Bleach no me pertenece es de Tite Kubo y el libro es merito de michelle reid

Capítulo 7

A la mañana siguiente, Ichigo descubrió que había acertado a medias.

Rukia apareció a la hora del desayuno con una blusa malva y una ceñida falda del mismo tono. Ambas prendas afectaron a la libido de Ichigo a pesar de la helada actitud de ella.

Había vuelto a sujetarse el pelo en un moño y volvía a cojear. Aquello enfadó a Ichigo. ¿Se volvería alguna vez más cautelosa?

El mismo respondió su pregunta. No. La cautela no era una palabra que apareciera en el diccionario de Rukia.

—Voy a acudir a la cita con el médico —anunció ella mientras se reunía con él en la mesa.

Ichigo sabía que eso era todo lo que iba a obtener, y decidió no tentar a la suerte. —El café está caliente y el zumo frío. Elige —murmuró, y volvió a centrar su atención en el periódico.

En cuanto a Rukia, se negó a reaccionar ante su falta de reacción, aunque estaba segura de que él esperaba que lo hiciera. Aún lo odiaba y estaba muy resentida por el modo en que estaba orquestando su vida.

Y su resentimiento no había disminuido lo más mínimo cuando, un par de horas más tarde, salía de la consulta del médico.

Encontró a Ichigo apoyado contra una esquina del escritorio de la bonita recepcionista de la consulta, que lo miraba sonriente y con ojos de cervatillo.

«Ya está coqueteando», pensó con mordacidad. ¡Y lo peor era que parecía estar disfrutando de ello! Su resentimiento se transformó en algo realmente feo que ardió como ácido en su pecho.

—Si estás listo —espetó, con el suficiente veneno como para que ambos se volvieran y se fijaran en las chispas que desprendían sus ojos violetas.

La enfermera se ruborizó, pero Ichigo no. De hecho, sus ojos comenzaron a brillar peligrosamente. Rukia ignoró a ambos y se encaminó hacia la puerta. Enseguida oyó que Ichigo la seguía y tuvo que hacer verdaderos esfuerzos para no volverse y arañarle sus «coquetos» ojos.

—Cuidado —la advertencia fue susurrada en tono suavemente amenazador junto al oído de Rukia, que de pronto se quedó paralizada como una estatua mientras una desesperante, sensación de déja vu se apoderaba de ella.

Ichigo debió notar el cambio, porque la rodeó de inmediato para poder mirarla y masculló una maldición a la vez que la tomaba por los hombros.

—Estás volviendo a ponerte pálida —dijo con voz ronca.

— ¿Se encuentra bien su esposa, señor Kurosaki? —preguntó la recepcionista, preocupada—. ¿Quiere que...?

—Sácame de aquí —dijo Rukia, tensa—. Necesito un poco de aire fresco.

Sin decir nada, Ichigo pasó un brazo por sus hombros a la vez que murmuraba una educada despedida mientras salían. Rukia se apartó de él en cuanto estuvieron fuera. Se sentía acalorada y sofocada, y tuvo que tomar varias bocanadas de aire mientras él la observaba.

— ¿Y bien? —dijo él finalmente—. ¿Vas a decirme qué te ha pasado esta vez?

«No, no voy a decírtelo», contestó ella en silencio.

—Lo único que me ha pasado es que ahí dentro hacía demasiado calor.

—Mentirosa. Estabas a punto de desmayarte de nuevo, y ambos lo sabemos.

Rukia recuperó el color, junto con toda su hostilidad. — ¿Acaso piensas someterme a un interrogatorio cada vez que respire? —espetó.

—No —Ichigo se encogió de hombros—. Pero si te sientes en forma para escupir, supongo que también te sentirás en forma para caminar, ¿no?

—Vete al diablo —dijo Rukia, y bajó cojeando los escalones que llevaban a la calle.

En cuanto estuvieron en el coche, Ichigo preguntó: — ¿Qué ha dicho el médico?

—Exactamente lo que dijiste que diría —replicó Rukia en tono sarcástico—. «Sé buena chica, haz lo que te digan, y todo se arreglará algún día»

Él suspiró. — ¿Por qué sientes que tienes que pelear conmigo todo el rato? ¿Acaso no te ha tranquilizado el médico respecto a mí?

—Ha actuado maravillosamente —aseguró Rukia—. Me ha confirmado que eres quien dices que eres y que yo soy quien dices que soy. Luego me ha hecho un montón de preguntas que, según he deducido, deben haber servido para dar a todo el resto del mundo respuestas respecto a lo que me sucede... ¡ya que todo el mundo parece empeñado en mantenerme en la oscuridad respecto a mí misma! Luego me aconsejó que trabajara contigo, no contra ti, porque tú solo quieres lo mejor para mí.

—Pero tú no lo crees, ¿verdad?

— ¿Qué derecho tengo a tener una opinión al respecto? —ella rió con amargura—. ¡Solo soy una chiflada que no puede fiarse de lo que le dicen sus instintos!

— ¿Y qué te dicen tus instintos sobre mí?

—Que por algún motivo que desconozco quieres manipularme para tu propio beneficio.

— ¿En qué sentido? —Ichigo solo manifestó curiosidad, no enfado.

Finalmente, Rukia se volvió para mirarlo. —Estoy dispuesta a hacer un trato contigo. Por cada respuesta que te dé, yo obtengo otra.

Mientras Ichigo la observaba un momento, ella volvió a mirar de frente, deseando que fuera feo como el pecado, porque ello la ayudaría a mantenerlo a raya. Pero no era feo; era muy guapo, y estaba deseando alargar una mano hacia él para tocarlo, para saborearlo, para perderse en él y no tener que pensar.

—De acuerdo —asintió Ichigo con suavidad—. Pregunta.

Aquella respuesta desconcertó a Rukia, porque no la esperaba. Sintió que el pánico volvía a apoderarse de ella y tuvo que respirar profundamente para controlarse.

—No —contestó.

— ¿Porque no quieres conocer las respuestas o porque no te sientes preparada para escucharlas?

— ¡Porque estoy harta de este estúpido asunto! —exclamó ella, irritada—. ¡Es aburrido! ¡Tú eres aburrido! He perdido la memoria, ¿de acuerdo? ¡No te conozco y, por lo que sé, podrías ser un maníaco sexual del que debería huir!

Ichigo rió. —Si hay algún maníaco sexual en este coche, se encuentra sentado a mi lado —dijo.

— ¡Eso es mentira! —exclamó Rukia, que no pudo evitar ruborizarse ante aquella sugerencia.

A modo de respuesta, Ichigo se inclinó hacia ella y la besó. Ella ardió como un matorral seco mientras todas las emociones acumuladas en su interior se transformaban en algo completamente distinto y, antes de darse cuenta de lo que hacía, pasó la mano tras el cuello de Ichigo para mantener su boca unida a la de ella.

Fue ella quien lo instó a separar los labios, quien profundizó el beso. Y fue ella la que gimió con agonizante placer cuando él le permitió hacerlo.

Y también fue ella quien se encogió de vergüenza cuando tuvo que ser él quien rompiera el beso tras dejar su punto de vista bien claro.

Rukia se sorprendió cuando vio que Ichigo se limitaba a acomodarse en el asiento y ponía el coche en marcha con una suavidad que desafiaba la tensión que aún palpitaba entre ellos.

«Maníaca sexual», repitió para sí, y se estremeció. ¿Estaría reprimiendo su cerebro la vergüenza de ser una maníaca sexual? Apartó la mirada de él, la fijó en la carretera y se esforzó duramente por no ahogarse a causa de la sensación de desprecio por sí misma que se había apoderado de ella.

Cuando Ichigo detuvo el coche ante el hotel y le ofreció su brazo para avanzar hacia la entrada, ella lo tomó sin decir nada. Acababan de entrar en el vestíbulo cuando oyó que él maldecía entre dientes.

—Esto no te va a gustar—dijo Ichigo—, y a mí menos aún, pero hay alguien en recepción al que ambos conocemos.

— ¿Quién... dónde? —preguntó Rukia a la vez que deslizaba la mirada por el vestíbulo.

—Se llama Iduru Kira, y está hablando con un recepcionista al final del mostrador.

Rukia vio a un hombre alto y rubio que charlaba tranquilamente con el recepcionista. Se arrimó instintivamente a Ichigo. El respondió colocándose ante ella para bloquearle la vista.

—No te pongas nerviosa —advirtió—. Es un competidor, eso es todo —dijo, y a continuación mencionó una cadena de hoteles que Rukia reconoció al instante—. Supongo que estará aquí espiando. Todos nos dedicamos a comprobar de vez en cuando si la competencia está ofreciendo mejor servicio que nosotros. Ya que nos ha visto, no vamos a poder evitarlo —dijo, en un tono que indicaba claramente que le habría gustado que las cosas fueran de otro modo—. Pero de ti depende cómo tratemos el asunto. Podemos simular que no sucede nada, intercambiar algunos cumplidos y alejarnos de él antes de que note que te sucede algo, o podemos mantenernos fieles a la verdad y meternos en la complicación de tratar de explicárselo todo.

Rukia también prefería la primera opción. La mera idea de tratar de explicar que no recordaba quién era le hacía sentir náuseas.

—Notará que cojeo —dijo—. Y la cicatriz... —instintivamente, se cubrió la sien con la mano.

Ichigo alzó la suya y le hizo bajarla. —No —dijo con firmeza—. La cicatriz apenas se percibe excepto en tu mente.

—No tengo mente, ¿recuerdas? —se burló ella—. ¡Y ese hombre se dará cuenta en cuanto me hable!

—Es tu memoria lo que has perdido, no tu valor—dijo Ichigo, exasperado—. Todo lo que tienes que hacer es sonreír y dejar que sea yo el que hable. Eso puedes hacerlo, ¿no?

¿Podía?

—iIchigo, Rukia! —exclamó una grave voz—. ¡Qué agradable sorpresa!

—Tal vez nosotros estemos más sorprendidos que tú —sugirió él en tono irónico mientras estrechaba la mano que le ofrecía el otro hombre.

—Me han atrapado con las manos en la masa en el campo enemigo —admitió Kira—. ¿Qué puedo decir? A menos que te recuerde que la última vez que nos vimos la situación era la contraria —sonrió—. En Sidney, hace más o menos un año, si la memoria no me falla. Estaba echando un vistazo a mi establecimiento... pero sin esta encantadora criatura a tu lado para arreglarme el día. Hola, Rukia —murmuró con calidez a la vez que le ofrecía la mano—. Sigues tan guapa como siempre.

—Gracias —dijo ella.

Si Iduru Kira se había fijado en su cicatriz, lo había disimulado muy bien, pensó, y sonrió agradecida. El tardó más de lo necesario en soltarle la mano, y Rukia notó que Ichigo se movía inquieto a su lado.

— ¿Qué tal van los negocios? —preguntó Ichigo, y su tono sonó tan cercano al enfado, que ella le dedicó una penetrante mirada de advertencia.

—Bien... aunque no tan bien como parece que te van a ti —replicó Kira—Lo que me recuerda... —se volvió hacia Rukia y su rostro se animó visiblemente— El otro día pasé por el Bressingham esperando que ya estuviera abierto, pero...

Rukia había dejado de escuchar. El nombre Bressingham había hecho que algo se agitara en su interior, y de pronto se encontró experimentando un intenso pesar al que no supo cómo enfrentarse. Sin darse cuenta de lo que hacía, clavó las uñas en el brazo en que se apoyaba.

— ¿Acabas de llegar, Kira? —preguntó Ichigo con aspereza.

El otro hombre parpadeó, miró rápidamente de uno a otro y pareció darse cuenta de que de alguna forma, había metido la pata. —Sí, estaba pidiendo la llave de mi habitación cuando os vi, así que...

—Entonces, permíteme que me asegure de que te den la mejor suite. Paga la casa, por supuesto.

Con un chasquido de dedos, llamó a un empleado y le dio instrucciones para que acomodara a Iduru Kira en una de las mejores suites.

—Habría sido agradable cenar juntos, pero Rukia y yo salimos para Londres esta tarde y...

¿Tan pronto?, pensó ella.

—Es una pena —dijo Kira —. No solemos tener a menudo la oportunidad de...

Rukia se dio cuenta de que su mente parecía conectarse y desconectarse. Concentrarse en frases completas suponía un esfuerzo demasiado grande. No dejaba de oír la palabra «Bressingham» repetida una y otra vez en su mente. Le producía una intensa tristeza, pero no sabía por qué.

Ichigo pasó un brazo por sus hombros y la hizo ponerse en movimiento. Se sentía como sumergida en una bruma a través de la cual pudiera oír a los dos hombres. Sin embargo no estaba allí con ellos. Era una experiencia muy extraña caminar y escuchar a pesar de estar sintiendo que se hallaba a muchos kilómetros de allí.

—Querida, Kira se está despidiendo de ti —murmuró una voz a su lado.

—Oh —dijo ella, y parpadeó pero no pudo enfocar la mirada—. Adiós, Kira. Me alegra haberte visto —las palabras surgieron automáticamente.

Lo siguiente que supo fue que se hallaba en el ascensor y que Ichigo la estaba sujetando literalmente contra la pared.

—No hace falta que hagas eso —protestó—. Puedo arreglármelas sola, gracias.

El se apartó, reacio. Ella notó que estaba preocupado, aunque en esa ocasión no le preguntó qué había causado su extraña reacción.

—No pareces habértelas arreglado muy bien sin mí este último año —dijo Ichigo—. De hecho, aseguraría que has hecho de tu vida un caos tratando de arreglártelas por tu cuenta —para reafirmar sus palabras, alzó una mano y tocó con suavidad la cicatriz de la sien de Rukia.

Ella apartó el rostro tan violentamente, que el otro lado de su cara golpeó contra la pared del ascensor.

— ¡Estúpida! —estalló Ichigo—. ¿Qué creías que iba a hacerte?

—¡No vuelvas a tocarme así! —espetó ella —. ¡Te odio! ¡No sé por qué, pero te odio!

Ichigo suspiró. —Estás reaccionando de forma exagerada.

—Tal vez —concedió ella—. Pero...

¿Pero qué?, se preguntó, impotente. Sabía que estaba reaccionando de forma exagerada ante casi todo, pero no podía controlarse.

—Bressingham —dijo con voz ronca—. ¿Qué es Bressingham?

— ¿Por qué? —preguntó Ichigo, reacio.

—Porque he reconocido el nombre, pero no logro recordar de qué.

—Es la historia de tu vida.

El ascensor se detuvo y entraron dos personas, frustrando la respuesta que Rukia habría querido darle.

De manera que devolvieron educadamente las sonrisas que les dedicaron los recién llegados y permanecieron en silencio mientras el ascensor seguía su camino. Para cuando este se detuvo unas plantas más arriba y los intrusos salieron Rukia empezaba a preguntarse si su garganta volvería a abrirse alguna vez.

Las puertas se cerraron y volvieron a ascender sin decir nada. En la siguiente parada, Ichigo alargó una mano para sostener las puertas e indicarle que habían llegado a su planta.

Reacia, Rukia avanzó cojeando. Cuando iba a pasar a su lado, la voz de Ichigo la hizo detenerse.

—No me odias, Rukia. Solo te gustaría odiarme.

Por algún motivo, no supo por qué, ella lo abofeteó de lleno en el rostro.

Durante lo que pareció una eternidad, ambos permanecieron quietos, mirándose, ella sintiendo un dolor y una rabia que no lograba comprender y él una furia apenas controlada.

Haciendo uso del poco sentido común que sentía que le quedaba, Rukia se volvió y se alejó de él temblando. Pero una vez más tuvo que esperar a que él llegara y le abriera la puerta.

En cuanto entró, se dirigió a su dormitorio y, también una vez más, Ichigo observó cómo escapaba mientras se decía que lo mejor que podía hacer era dejarla en paz... a pesar de que aún le ardía en el rostro la bofetada que le había dado.

Solo que en esa ocasión no pudo dejarla. En esa ocasión se negó a quedar fuera por una puerta cerrada. Furioso, herido en su orgullo, no se lo pensó dos veces cuando decidió ir tras ella.

CONTINUARÁ...

AHHHH QUE PASARÁ? QUÉ PASARÁ? XDD PROXIMO CAPITULO... LEMOON SI AHORA SI QUE SI XD mil perdones como dije por no actualizar antes :C pero como tenia todas esas cosas de pruebas y todo se me hizo imposible editar y subir antes pero bueno aqui esta :DDD

ichiruki4ever.n.m : siii efectivamente parece que eres de Chile igual que yo xdd era la PSU lo que di xdd sobreviví los resultados estan el 28 de diciembre T-T espero que me haya ido bieen xd

bieeen dejen sus reviews nos vemos en el proximo capituloooo :DDDD