Disclaimer: los personajes usados en este fic son propiedad de S. Meyer, aclarando que solo tomo como referencia un libro para realizar esta adaptación, esto lo hago sin fines de lucro solo el saber que les gusta con sus reviews es suficiente pago para mi, gracias…
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En el capitulo anterior….
— ¿Estás bien mi princesa? –
—Sí— Ella le devolvió el beso que ofreció libremente.
A pesar de que no podía creer que se había entregado a él de esta manera, había sido de hecho placentero como él había prometido y sin embargo mientras él la tomaba en sus brazos con las suaves sábanas encerrándolos no podía dejar de lado su miedo, porque aunque él le había regalado una noche que ella siempre recordaría, ella temía que no iba a durar. Por encima de todo, tenía miedo de perderse a sí misma en este mundo de placeres secretos.
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Capitulo 6: El Sultán
Cuatro días después…
La tinta aún no estaba seca pero Edward levantó el pergamino, sobre él había escrito sus deseos de que Bella recibiera su libertad junto con el semental blanco. Quería dejar su orden por escrito de modo que nadie pudiera negárselo, ella dormía sobre su cama, sus dedos descansaban sobre el lugar donde él había dormido. Anoche había agotado las horas haciendo el amor con ella apenas capaz de dormir, ella se había entregado una y otra vez hasta que se derrumbaron de agotamiento, incluso cuando se había dormido había sentido sus manos acariciando su piel, como si quisiera fundirse en él.
Había ido con Bella cada mañana a las caballerizas mirando como alimentaba y consolaba al semental herido, el caballo había caído bajo su hechizo y el día anterior había permitido a Bella montarlo, Edward quedó atontado pensando como ella podía transformar al caballo con amor haciendo que se sintiera seguro, pero bueno también ella lo había cautivado a él, no había querido a ninguna otra mujer desde que la había visto. Observar sus gritos, gemidos y suspiros de éxtasis cuando él llenó su cuerpo con el suyo propio fue algo por lo que rogó, no quería dejarla ir pero su tiempo se había agotado, anoche había recibido el emplazamiento que había estado esperando, el Sultán lo recibiría esta mañana en la Sala Imperial.
Fuera cual fuera el resultado tenía que asegurar el destino de Bella, si le pudieran conceder su mayor deseo sería regresar con ella a Nerassia. Un toque suave se oyó en su puerta y cuando concedió el permiso para entrar vio que cuatro soldados esperaban allí por él, ellos vestían de negro con sus espadas colgadas alrededor de sus cinturas, uno de ellos sostenía una cuerda trenzada en su mano y Edward se tensó al verlo.
—Bella— él la llamó —Levántate y vuelve al harén— quería que ella se fuera ya que aunque la amenaza fuera contra él no quería implicarla, ella se revolvió con el sonido de su voz y apretó el cubrecama contra su cuerpo, cuando echó un vistazo él vio su expresión nerviosa.
—¿Qué es esto? – le preguntó.
—Haz lo que te digo— Él se levantó y le dio la ropa que ella había traído a su habitación, mirando hacia los soldadosdijo — ¿Mi padre me ha convocado? –
Uno de ellos hizo una reverencia cabeceando.
—Su Majestad Calisle El Magnífico de hecho ha solicitado su presencia, Príncipe Edward –
Entonces estaba hecho, su tiempo de espera había terminado. Se formó un nudo en su estómago cuando se fijó en la cuerda trenzada que el guardia tenía en su mano ¿Planificaban ellos ejecutarlo? ¿O lo harían después de que hubiera hablado con Carlisle? Bella se había levantado para estar a su lado y Edward tomó el pergamino y lo puso en su mano.
—Dale esto a la Princesa Rosalie, ella obedecerá mis órdenes –
Los ojos de ella se ensancharon —Pero pensé... –
Edward bajó su voz de modo que el soldadono lo oyera — Mi padre ha enviado por mí –
— ¿De qué tienes miedo? —ella susurró tomando sus manos —Lo veo en tu cara –
Él miró de reojo a los guardias que se ponían cada vez más impacientes —Si no vuelvo por ti coge el semental y vete del palacio, he ordenado escoltas para que estés bien, ellos se ocuparán de tu libertad – Él extendió la mano para tocar su cara pero los ojos de ella no mostraban nada más que preocupación por el bienestar de él —Debería haberte dado esmeraldas o perlas por las noches que hemos gastado juntos, pero esto creo que es lo que realmente deseas –
— ¿Qué significa si no vuelves? —Ella exigió — ¿Tu propio padre no haría nada para dañarte, verdad? –
Edward bajó su mirada no queriendo demostrar nada excepto honestidad entre ellos —No lo sé, pero tú estarás a salvo, me he asegurado de ello –
Ella se inclinó y presionó sus labios contra los suyos y él la tomó con ferocidad, el toque de sus labios envió una ondulación de fuego a través de él recordándole todo lo que ellos habían compartido en su cama.
—Si puedo volver a ti lo haré — juró él, conduciéndola hacia afuera entró en el corredor donde un eunuco esperaba por ella —Devuélvela al harén—ordenó pero así como ella había desaparecido en las habitaciones prohibidas, no podía expulsarla de su mente y tampoco quería.
Bella no podía dejar de imaginar lo peor, habían pasado horas desde que se había visto obligada a abandonar al príncipe y ella no sabía si todavía estaba vivo, a pesar de que le habían dado su propio lugar en el harén eso no le importaba, ni una sola vez había dormido en otro lugar que no fuera en la cama de Edward, estar separado de él era desgarrador pues había llegado a significar algo para ella. La noche pasada había sido impresionante, la intimidad física pareció ser más intensa cada vez que ellos se unían, era como si ahora le hubiera dado a Edward una parte de sí misma, una parte de ella que tenía guardada, durmiendo dentro de sus brazos cada noche él había llenado todos los huecos vacíos dentro de su corazón llevándose la pena de la pérdida de sus familiares, quizás sólo era atracción física entre ellos pero ella quería creer que podía llegar a ser algo más, esto no debería afectarla sin embargo no podía detenerlo y ahora la vida de él podría estar en peligro.
Ella le había dado el pergamino que declaraba su libertad al secretario de la princesa, quien había prometido informar a la princesa de su nuevo estado, la princesa Rosalie, la hija mayor del sultán había tomado la posición de Valide Sultana después de la muerte de su marido gobernando así al harén y sus habitantes. Bella esperó que los deseos de Edward fueran cumplidos pero no lo sabría hasta que se encontrara con la mujer.
Aunque ella se había unido a otras mujeres en el harén limpiando sus músculos doloridos quiso derrumbarse contra la pared y liberar el miedo que crecía dentro de ella, su status ya había cambiado y no para mejor, las concubinas la bombardearon con sus miradas celosas observando cómo se bañaba quejándose de que una beduina no merecía ser favorecida por un príncipe. Tan pronto como se sentó dentro del vapor caliente Bella se lavó recordando las manos de Edward acariciando su piel.
No pierdas tu corazón por él se advirtió, eres sólo una mujer entre cientos y sin embargo él había guardado su promesa de concederle su libertad y darle el semental, aunque no estuviera totalmente domesticado. Ella lo había llamado Amir un nombre que reflejaba su naturaleza principesca, orgulloso y obstinado, era un caballo que sentía que podría llegar a amar, del mismo modo que comenzaba a tener sentimientos por Edward. Bella tuvo un escalofrío cuando pensó en el soldadoque había escoltado al príncipe, en su mirada severa como si ellos le llevaran a una ejecución más que una audiencia. Alá por favor mantén a Edward a salvo, rezó.
Se puso de pie en los baños y otro eunuco le asistió envolviéndola en lino para secarla, tan pronto como ella se empezó a vestir para el encuentro con la Princesa Rosalie sus manos comenzaron a temblar, no le gustó este sentimiento desvalido de quedarse detrás de estas paredes para saber su destino, cuando fue llevada a las cámaras de la Sultana Valide, Bella vio a una mujer unos años mayor que ella exquisitamente hermosa que llevaba trajes decorados con turquesas y plata sobre una túnicablanco crema, el cabello de la princesa Rosalie estaba oculto bajo un turbante y en cada uno de sus dedos tenía una joya, tenía uñas largas curvadas en arco mientras su maquillaje acentuaban sus labios rojos y ojos delineados con kohl.
Tal como había sido advertida Bella se arrodilló ante la princesa y presionó su boca en el dobladillo del traje turquesa, una suave mano levantó su barbilla y la desafió a examinar la cara de la Sultana Valide.
— ¿Todavía no has sido presentada a mi padre, verdad? —preguntó la princesa aunque su voz fuera tranquila y sostuviera una calidad musical, Bella no pudo evitar sentir el poder que la princesa emanaba.
—No, mi señora, sirvo al Príncipe Edward — contestó Bella.
La princesa sonrió brevemente — He oído cuentos sobre ti, que has estado trabajando en la caballeriza con uno de los caballos cada día— Las yemas del dedo de la mujer tocaron su mejilla —No es algo que yo alguna vez permitiría, una odalisca nunca debería dejar el harén –
Los instintos de Bella le advirtieron que no debía discutir pues había más en juego de lo que ella se daba cuenta. La princesa cruzó las manos sobre su regazo.
—Se dice que tienes un don mágico con los animales, quizás podrías permitirte cuidar una mascota de otro tipo— Una risa divertida cruzó su cara —O quizás mi padre se quede contigo como su mascota con tu permiso –
La mención del sultán hizo a Bella apretar más fuerte sus puños, ella no deseaba ser convocada a su cama ni mucho menos dejar el destino de su vida en sus manos, estaba claro que su único medio de escapar de palacio estaba con el príncipe… si tan solo le permitieran a Edward marcharse.
— ¿Tendré el honor de conocer al sultán? —Bella preguntó.
—Ya te ha convocado… te llevaré con él ahora –
Aunque Bella aún no podía imaginarse hablar con un hombre que sostuvo a medio mundo en su poder creía poder encontrar un modo de influir en el Sultán para que le concediera sus deseos. La princesa Rosalie se levantó y un eunuco abrió la puerta para ambas.
—Si eres inteligente permanecerás callada y estarás agradecida por esta oportunidad— La expresión de ella se puso seria —pero no niegues a mi padre nada de lo que él te pida, la madre de Edward cometió el error de negociar su regreso a la cama de mi padre y él la mató por ello –
La princesaanduvo con gracia hacia la puerta, sus trajes turquesa se deslizaban detrás de ella, Bella se dio cuenta que no le quedaba otra alternativa más que seguirla mientras fue consciente de cómo de peligrosas eran sus circunstancias. Después del paseo por los cuartos de las mujeres, ellas llegaron a la Sala Imperial del Sultán, los colores ricos en azules, carmesí y oro brillando sobre las paredes, un intrincado modelo había sido tallado en la madera y balaustradas de mármol enmarcaban el trono, el corazón de Bella se aceleró cuando vio a Edward sentado a los pies de su padre.
Sus miedos se multiplicaron al ver una cuerda anudada que descansaba sobre un cojín, ella la reconoció como las cuerdas usadas para estrangular a los hombres, la mirada fija de Edward estaba clavada en ella como si quisiera asegurarse de que estaba bien. Ella bajó su cabeza en una débil reverencia pero la tensión dentro del príncipe era inequívoca, algo iba terriblemente mal y no tenía ni idea de lo que el sultán quería de ellos dos. Tuvo muchas ganas de ir corriendo a los brazos de Edward para ver por ella misma si él estaba ileso pero no se atrevía a hacer un solo movimiento sin permiso, solo cuando fue presentada al sultán se arrodilló y besó la tierra a sus pies….
Un poco tenso este cap no chicas, aunque este es solo el comienzo o como dicen por ahí el principio del fin de este fic que ya le queda muy pocos capítulos, y si ya sé que a lo mejor les pareció un poco corto pero es porque creo que podre subir un segundo capítulo ya a final de semana, ya que quiero ver si puedo subir esta misma semana mi nueva historia, cualquier cosa les estaré avisando y como siempre muy agradecida por sus alertas y favoritos y un montón de gracias a las chicas que se toman su tiempo para dejarme su review, espero que les guste lo que hago, bueno ya saben espero sus reviews y nos leemos e días máximo…. Cuídense besos, nos estamos leyendo…
