DISCLAIMER... NAAAAAAAAADA ES MIO. Todo todo todo hasta mi alma y mi corazón y hasta mis pensamientos mas impíos le pertenecen a Harmony Gold y todas sus empresas asociadas. Amen.
- Pero si sólo son las cinco, ¿por qué se habrá adelantado tanto Rick?
Se preguntó Lisa, cuando sintió que llamaban a su puerta. Caminando en dirección a esta le dio el acomodo final a su atuendo antes de abrir, pero tamaña fue su sorpresa al darse cuenta que la persona ahí parada no era Rick sino su padre, que con las manos tras su espalda y su ojos escondidos tras su gorra esperaba a que su hija le hiciera pasar.
- ¿Usted aquí?- exclamó con sorpresa.- Sinceramente no me esperaba su visita… creo que este no es un buen momento, puesto que yo me alistaba…
- Lisa, por favor deja eso.- le sindicó su padre, haciendo el movimiento para que ella lo dejara pasar.- Apenas tenga la última reunión con Global y su gente me marcharé de vuelta a la Tierra, pero no quiero irme sin antes haber hablado contigo.
La muchacha suspiró hondo mientras se hacía a un lado para que su padre ingresara al cuarto. No es que no quisiese hablar con él, al contrario le hacía tanta falta, él era la única familia que tenía en todo el mundo y Dios sabía cómo en estos tiempos anhelaba el poder refugiarse en su abrazo así como la hacía cuando niña. Pero la madurez hizo que ambos se distanciaran tanto, que Lisa simplemente tenía miedo a que una nueva discusión los terminara por separar definitivamente.
- ¿Te concedieron hace poco este cuarto?- preguntó sobrecogido el almirante, mirando en todas direcciones.
- No… lo tengo desde que me asignaron al SDF-1 ¿Por qué me lo preguntas?
- Eh... no por nada.
Dijo el oficial que se sintió bastante desolado al ver el cuarto tan frío y falto de todo rastro de familiaridad. Mal que mal su hija llevaba más de cuatro años asignada a esta nave y debía sentir este lugar como su hogar, ¿por qué durante todo este tiempo no había querido darle siquiera una cuota de calidez? Se preguntó justo cuando sus ojos se posaron en el marco de fotos donde salían ella y… Riber. Hizo un esfuerzo titánico para que su rostro no reflejara el desagrado que le producía ver que lo único que en ese cuarto hablaba de su hija era la imagen de ese tipo. Pero casi de inmediato su rostro se contrajo.- quizás este cuarto sea el claro reflejo de cómo se siente ella… absolutamente vacía, salvo por el recuerdo de su prometido.- Y la culpa nuevamente se instaló - sobre la espalda del viejo oficial.
- No quiero ser grosera, pero tengo que hacer por lo que te rogaría…
- ¿Saldrás con ese muchacho…? ¿Uhmm Rick Hunter?- inquirió con moderada alegría, ignorando a propósito la poco delicada insinuación que ella le había hecho.- Es un buen muchacho, me agradó bastante, sabes.
Eso dejó descolocada a Lisa que no se esperaba que el piloto fuera del gusto de su padre, puesto que por lo poco que pudo averiguar con Rick sobre la conversación que tuvieron ambos, era que las cosas no salieron para nada bien, por lo que prefirió tomar el tema con cautela.
¿De veras te agradó?
- Claro… ¿acaso podría ser de otra manera? Si a él le debo que tú y yo podamos estar hablando ahora… ignoraba que fuera él quien te rescató de la base en Marte.
- Y de la nave Zentraedis.- le agregó Lisa en una media sonrisa relajando un poco su actitud.- Veo que estuviste averiguando sobre él.
Él le desvió la mirada al haberse dado cuenta que se delató a sí mismo en sus poco decorosas investigaciones.
- No me culpes por ello… qué padre no se preocupa del hombre que anda tras su hija… es algo propio de la paternidad.
- Una paternidad bien tardía en su caso, ¿no lo considera así, señor?
El silencio se hundió entre ellos como una profunda zanja, que amenazaba en separarlos para siempre. En su interior Lisa se sentía arrepentida de su última frase; fue algo innecesario, mal que mal él había hecho el esfuerzo de buscarla. Pero ella era demasiado orgullosa o quizás estaba demasiado dolida para poder acogerlo como si entre ellos nada hubiese ocurrido.
- Perdóname padre, en verdad lamento haber dicho eso.- mirando sus manos con gesto nervioso.- Pero es tan extraño tenerlo acá, nunca lo había hecho y sinceramente no entiendo a qué ha venido.
- Vengo a despedirme y…- dudó unos segundos.- A disculparme… cuando fuiste a Base Alaska y expusiste ante todo el Consejo tu informe sobre los enemigos, nadie dio crédito a tus palabras, ni siquiera yo… pero ahora cuando he visto con mis propios ojos de todo lo que son capaces los Zentraedis, me he dado cuenta de lo equivocado que he estado contigo.
Lisa quedó tan sorprendida que tuvo que apoyar su cuerpo en una de las murallas para poder asimilar que el incuestionable almirante estaba aquí en su cuarto pidiéndole unas disculpas que nunca antes habían salido de sus labios.
- … debo confesarte que mi único propósito de venir a esta nave era el llevarte conmigo de vuelta a la Tierra.- apretando sus dientes con impotencia.- Pero fuimos tan ciegos y soberbios que perdimos tiempo precioso… y ahora el único lugar más seguro es esta propia nave.- notó como la expresión de su hija iba perdiendo los colores.- La Tierra es un caos ahora, tratando de poner a resguardo a los civiles… es imposible que podamos proteger a tantos en tan poco tiempo.
- Padre… yo podría ir contigo y ayudarte…
El oficial se acercó a ella y le acarició la mejilla mirándola de una forma que nunca antes en su vida lo había hecho: como un padre.
- Tu lugar es aquí… eres parte de esta nave… mientras ustedes existan habrá esperanza para todos nosotros.- sonriéndole tristemente.- Ahora debo irme, esos holgazanes en la Tierra no harán nada mientras yo no esté con ellos.
La muchacha sintió cómo la amargura estaba por desbordarse por sus ojos, porque aunque su padre no se lo dijiera abiertamente él estaba despidiéndose, pues era casi una certeza matemática que no volverían a verse nunca más. Ella intentó decirle algo más, pero el sonido de la puerta lo interrumpió, dejando que esas frases que por tanto tiempo guardaba murieran en su boca.
- Ya debo irme, Lisa… Anda ábrele la puerta, no lo hagas esperar.- le instó el oficial dándole la venia a que fuera a abrir.
Tras la puerta se pudo ver a un sonriente Rick que calzaba un gastado terno azul claro. Y que en cuanto se percató de la presencia del padre de Lisa, su flamante expresión se esfumó casi por arte de magia. El almirante por su parte sonrió para sus adentros, debía asumir que causar temor entre los subalternos era algo que disfrutaba mucho y acomodándose su gorra, caminó por entre los jóvenes dirigiéndose hacia la salida y justo en el umbral de la puerta giró levemente su rostro.
- Hunter… dejo a Lisa bajo tu cuidado… espero que seas una persona de fiar y no me falles.
- Sí, señor… no tiene de que preocuparse; le prometo que Lisa estará a salvo.
Y sin mediar otra palabra que un informal saludo, el alto oficial se adentró por los pasillos de las barracas dejando solos a ambos jóvenes que permanecieron varios segundos en completo silencio.
- ¿Te encuentras bien Lisa…?
La muchacha se mantuvo silente con sus ojos fijos en la puerta vacía, mas después de un breve instante, agachó su vista menando suavemente su cabeza.- nos veremos cuando el SDF-1 vuelva a la Tierra papá.- Luego se colgó del brazo de Rick en un gesto que mientras más lo hacía más encantaba al joven piloto.
- Sí, Rick… estoy muy bien.- sonriéndole lentamente.- Vaya qué bien que te ves en ese traje…al parecer te has esmerado.
- ¿Te gusta este traje?- pasándose la mano por detrás de la nuca.- Lo tenía para usarlo en la ceremonia de inauguración del SDF-1… en ese tiempo era nuevo… ahora en cambio…
- Está perfecto.- le interrumpió ella dándole un suave beso en la mejilla.- ¿Te parece ahora si nos vamos?
Él accedió medio aturdido ante la dulzura que mostraba Lisa, eso era algo tan nuevo para él. Y aunque le era desconocida esta faceta de la muchacha, no era ese aspecto el que lo dejaba sin sentido, sino el darse cuenta de lo necesitado que estaba de afecto. Llevaba tanto tiempo sin recibirlo que simplemente se acostumbró a vivir sin él. Una oleada de calor le revolvió todo su estómago.- me estoy enamorando… enamorando perdidamente de ti.- Giró su rostro y vio su delicado perfil con sus rasgos de niña que evidenciaban sutilmente la fragilidad de su espíritu. Rick sonrió para sí, sintiéndose afortunado de ser él quien la haya descubierto.
- Eres muy hermosa, Lisa…
- ¿Ah?- le respondió ella que fue tomada por sorpresa y al percatarse de que él la miraba tan intensamente no pudo evitar sonrojarse.- Este… gracias Rick.
La joven oficial no pudo evitar agachar su rostro, la forma en que la miró Rick y el tono en que le habló fue tan profundamente sincero que simplemente la desarmó no pudiéndole contestar algo más o devolverle la cortesía siquiera; pero para su suerte la ciudad Macross apareció ente ellos poniéndole fin a esta extraña tensión que se formo entre ellos.
- Verás que esta será la mejor cita que hayas tenido en tu vida, Lisa.
- Estoy segura que así será.- apegándose más a su abrazo.- Estoy ansiosa de saber a dónde me llevarás.
- A un lugar digno de este hermoso vestido que traes.- mirándola con admiración.- El verde es tu color favorito ¿no?
- Sí… ¿cómo te diste cuenta?
- Pues porque sólo te he visto un par de veces vestida de civil y en dos de ellas has llevado el color verde… te queda muy bien… al igual que el blanco de tu chaqueta.
Ella volvió a sonrojarse, definitivamente algo le estaba pasando hoy se estaba comportando como una niña ingenua que al más mínimo halago se le subían los colores al rostro. Rick pareció darse cuenta de ello pues la miraba con una sonrisa divertida.
- Señorita, hemos llegado.
Le apuntó Rick mostrándole un bello local de mantel largo, uno de los más, sino el más, exclusivo que existían en la ciudad. Lisa miró el local y luego a Rick para nuevamente volver a mirar el local.
- Rick, este lugar es de precios prohibitivos… deberíamos ir a otra parte.- le dijo sin dejar de mirar la entrada del restaurante.- Con Claudia vinimos una vez a desayunar y casi se nos fue un tercio de nuestra paga.
- Pero qué dices… es lo mejor en toda la ciudad.- empujándola hacia la entrada.- Tengo todo cubierto Lisa… confía en mí.
Ella lo quedó mirando y había una expresión de tanta alegría y necesidad en el rostro de Rick que ella simplemente se dejó arrastrar por él, permitiéndole que la consintiera cuanto él quisiera; al parecer eso lo hacía feliz… y desde hace un tiempo el único anhelo de Lisa era ver a feliz a Rick.
- Pues ¿qué te ha parecido la cena?- le cuestionó Rick luego de dejar su plato absolutamente vacío.
- La cena ha estado bastante bien.- respondió ella, bajando la servilleta de sus labios.- Pero lo mejor sin duda ha sido la compañía.
La sonrisa en el rostro de Rick fue tan grande que hizo que la propia Lisa riera suavemente, sin percatarse de cómo o cuándo él estiró su brazo por la mesa atrapando con su mano los dedos de ella que casi por instinto se aferraron de inmediato a él.
- Gracias, Rick… ha sido todo tan perfecto. No recuerdo desde hace cuanto no vivía un tiempo como una persona normal.- sonriéndole lentamente.- Y todo gracias a ti.
- No me des las gracias, Lisa.- con su rostro serio.- Me he dado cuenta que necesito saberte contenta y tranquila… eso es lo único que me da paz.
Los latidos en el corazón de Lisa parecieron detenerse, sintió la necesidad de serle absolutamente sincera: que los sentimientos por él eran mucho más profundos de lo que su propia conciencia era capaz de asimilar y que en su constante compañía y cariño descubrió que lo que abrigaba en su corazón ya no tenía vuelta atrás. Pero aún existían ciertos fantasmas que debía vencer.- esto no es un juego Rick… debo saber que esto que nos está pasando es verdadero, antes de darme por entero a ti.- Se dijo para sí antes de que sus sentimientos se desbordaran.
- Ahora es el momento del postre.- le dijo Rick con entusiasmo.- ¿Viste la carta? Tienen un espectacular volcán de chocolate… en cuanto lo tocas este se desparrama por todo el plato.
Los ojos de Lisa saltaron como platos ante la señal de peligro y haciendo trabajar su cerebro a marchas forzadas se obligó a inventar algo que la librara de esa tortura.
- Creo que la cena ha sido demasiado contundente para un postre tan apoteósico.- sonriéndole nerviosa.- No te parecería mejor terminar la cena con un café…
- ¿Estás segura, Lisa?…- con expresión incrédula.
- Me pregunto si tendrás café en tu habitación…
Sin mediar otra palabra el joven piloto se levantó del asiento y se fue directo a la caja a pagar la cuenta, sin esperar a que el camarero llegara a la mesa. Lisa no pudo evitar pensar que se había salvado del horno para caer directo a las brasas.- y todo por culpa del chocolate.- Se dijo con preocupación pasándose el cabellos tras su oreja. Cuando sintió cómo los bazos de Rick se posaban amorosamente en sus hombros, haciéndola saltar de forma refleja.
- No me diga que el café ahora la pone nerviosa, comandante.
- ¡Por supuesto que no!- poniéndose de pie y colgándose de su brazo.- Si estoy contigo no veo por qué debería ponerme nerviosa.
Ambos rieron y con toda calma caminaron de vuelta hacia donde se encontraban las barracas de los pilotos. El trayecto fue cargado de risas y bromas entre ambos haciendo que Lisa se olvidara por completo de las inquietudes que acecharon su mente hacía unos momentos atrás. Y entre los tantos temas que tocaron hubo uno en especial que a Lisa le llamo mucho la atención.
- …Vaya, no tenía idea que Max fuera todo un galán y tuviera tanto éxito con las chicas.
- Es verdad, Lisa… pero la cita que tenía hoy parecía importante… me dijo que llevaba días tras esta chica que según los muchachos es bastante guapa.
- Mmmmmmm mañana no te olvides de contarme como terminó esta historia, que está bastante interesante.- riendo por lo bajo.- Max y su chica misteriosa.
- Por supuesto.- le contestó alegremente, pero de pronto su risa desapareció y se detuvo dejando un tanto descolocada a la joven oficial.- Cruzando la calle está mi barraca, Lisa… si ingresamos ahora más de alguien te vera… y bueno ya todo el mundo sabrá que tú y yo estamos juntos…
- ¿Eso te molesta, Rick?- le formuló en tono defensivo.
- Para nada… sino más bien al contrario.- mirando hacia el suelo.- Pero me preocupo porque no sé si tú quieres que te vinculen a alguien como yo.
Ella meneó la cabeza con una media sonrisa.
- ¿Dónde quedó el piloto boca floja al que no le importa nada?- Él la miró sorprendido.- Ya te lo dije pues que nos vean… es más… quiero que me vean junto a ti, Rick.
Y sin importarle nada ella lo besó de manera delicada en sus labios; fue un contacto suave y ligero que cargó de necesidad a Rick que la quedó mirando por más. Pero ella tiró de su mano para que caminaran rumbo a las barracas. Lisa debió asumir que si fueron bastante incómodas las miradas que les dieron todas las personas con quienes se toparon.- mmmmmmm mañana será un largo día de explicaciones.- Se dijo con pesar.
- Esta es mi pieza.- le dijo haciéndola pasar.- Como vez no hay mucho que ofrecer… esa puerta de ahí es el baño… en esa mesa preparo mi café y veo televisión y… bueno esa es mi cama.
- Es bastante más amplia que la que yo tuve cuando tenía tu mismo rango.- le dijo ella enternecida ante lo complicado que él se notaba de su morada.- Pero mira que linda ventana… y da a la Tierra…
- Si… es una linda vista para distraerse cuando las estancias aquí se hacen eternas.- le dijo Rick cerrando la puerta tras de sí.
- Qué piadosa es la oscuridad del espacio… y que pacífico se ve todo desde esta altura.
Le dijo ella justo en el momento en que sintió como los brazos de Rick se cruzaron a la altura de su cintura mientras su cabeza se hundía en el cuello de Lisa tratando de que sus labios se pusieran en contacto con su piel. Contra toda lógica la muchacha se sintió sobrecogida y cómoda entre sus brazos abriendo su cuello para que él la pudiera besar sin problemas mientras sus manos se hundían en la frondosa cabellera del piloto.
- No sabía que el café te gustaba tan cargado.- bromeó ella.
Él no dijo nada, únicamente se limitó a girarla hasta quedar frente a ella besándola delicada pero profundamente en su boca a la vez que sus manos se apegaban a su ropa tratando de sentir la temperatura de su piel.
- Eres tan hermosa, Lisa… tan maravillosamente hermosa.- le dijo entre los suspiros que le deban los espacios entre sus besos.
- Yo… hace mucho que no hago esto, Rick.- le dijo ella tratando de mantener aún en funcionamiento su conciencia.- Estoy un poco fuera de práctica.
- Eso es perfecto para mí.
Fue lo último que pudo oírle antes de perder por entero los sentidos cuando las manos de Rick hicieron caer su chaqueta y bajaron los breteles de su vestido bañándolos de besos urgentes y desesperados. Cuando el calor los abrazaba, la puerta de la habitación de Rick se abrió de par en par sobresaltado a los amantes.
- Rick... Rick donde demonios te has metido… necesito hablar contigo de algo urgente.- mirando hacia el interior de la habitación tuvo que acomodarse sus gafas varias veces.- Comandante Hayes ¿qué hace usted aquí?
Continuara…
