Sí, soy muy malo

y lo mejor que has tenido

Supongo que estás disfrutando del show

Abre la puerta

Sé que quieres más

Y cuando quieras irte, avísame

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Lo que quedaba, lo entró sin miramientos, haciendo chillar a Yuri bajo suyo.

—¡AHH! ¡D-daddy! d-duele — de inmediato cerró los ojos abrazando fuerte al kazajo, sin quererlo enterró las uñas en la piel morena de la amplia y sudada espalda, haciendo gruñir al mayor con deseo.

—Tranquilo, pero n-no aprietes — porque si seguía, no sabría cómo controlarse sin dañarlo.

Yuratchka se encondió en su cuello, jadeando, lloriqueando o mordiendo de manera mojada para poder soportar el ardor ahí abajo. Jamás pensó que dolería como la mierda.

El kazajo se dejó hacer mientras con demás caricias calmaba a Yuri. Le susurraba palabras tranquilizantes al oído mientras el rubio asentía a duras penas.

Pasados los minutos, las caderas del menor empezaron a moverse tenuemente, como si deseara más contacto.

Otabek notó que el chico ya no se quejaba tanto y gemía necesitado.

—Mu-muévete — murmuró mirándolo a los ojos.

—¿Seguro? ¿No quie-...?ahhh, mierda — se tuvo que morder el labio cuando se empujó hacia él, nuevamente — no te acostumbres a esto.

Yuri estaba tan jodidamente apretado que daba gusto, esas paredes calientes y apretadas lo excitaban demasiado.

—Muévete mierda, dije — se atrevió tirándose a sus labios, solo buscaba provocarlo. Y lo consiguió.

Su pierna fue alzada en el aire y una embestida furiosa lo golpeó haciéndolo gritar.

¿No dañarlo? A la mierda. Yuri se lo había buscado.

—Como desees, preciosa.

El dolor volvió, pero de una forma mucho más placentera y más soportable, como si deseara destruirlo de la manera más exquisita posible.

Yuri arqueó la espalda pegando la cabeza a la almohada con sus cabellos desordenados cuando volvió a ser penetrado.

Mierda, se sentía tan bien.

Sabía de antemano que mañana le dolería la cadera, pero al diablo, Altin lo estaba follando y en ese momento eso era lo único que contaba.

Se retorció gustoso abrazándose a Beka. Lo miró con devoción. En definitiva, ese hombre era su perdición.

Sintió su pierna ser tirada más hacia arriba, dejando más paso libre a su entrada.

—¡E-Espera! — chilló sintiendo su entrada ser profanada de la forma deliciosa, además, sintiendo vergüenza de sus gritos disfrutándolo.

—Y una mierda Yuri — gruñó juntando sus frentes, mirándolo fijo mientras volvía a empujar su miembro dentro de él. El grito del chico chocó contra sus labios a unos centímetros y Beka rió excitado — ¿Es ahí?

Pero Plisetsky no pudo responder ni saber qué mierda había hecho. El kazajo había logrado llegar al punto dulce del rubio, dejando su mente en blanco y casi babeando en busca de más. No le dio ni tiempo de tomar aire cuando volvió a hundirse de la misma forma y en el mismo lugar.

—Ahí, po-por favor nmgh, ¡dame ahí, d-dame! — suplicó con desespero.

Los gemidos llenaron rápido la habitación. Otabek estaba disfrutando cada vez que entraba en ese pequeño cuerpo que temblaba en cada gemido, que gritaba por ser penetrado con más fuerza, que le pedía ser suyo con más insistencia.

"Solo tuyo".

Sí. Solo de él. Pensó.

Acarició todo lo que tenía al alcance mientras Yuri disfrutaba sin control. Apretó sus piernas, mordió su piel, mordió su cuello y pezones, y volvió a tomar su pequeña cintura enterrando los dedos ahí sintiendo el placer a flor de piel y más cuando Yuri abrió los ojos y empezó a gemir su nombre con esa mirada ida en el placer.

—¡Más fuerte! — le pidió — ¡daddy, más fuerte, más fuerte!

—Yu...ri, date la vuelta — suspiró pesado, su voz desde hace rato también que era solo gemidos y jadeos. Ese cuerpo promiscuo en busca de más carne suya le estaba gustando demasiado de forma insana.

Se separan a penas y sin querer hacerlo, demasiados obsesionados con juntar sus cuerpos, en hacerse uno. Las hábiles manos del mayor ayudan al menor a quedar en cuatro y Yuri entierra el rostro rojo en la almohada, levantando su trasero, todo para volver a sentir a Beka dentro de él nuevamente.

Siente las lamidas y mordidas de Otabek en su espalda; de seguro quedarán marcas, pero es lo de menos. Ser de Otabek siempre ha sido su objetivo desde los 13.

Aprieta las sábanas y empieza a lloriquear cuando el kazajo sale de él y vuelve a entrar por completo. Nota la diferencia de esa posición porque las embestidas son más profundas y siente que pierde la razón cada vez que el gran tamaño de Otabek entra en su cavidad estrecha y virginal.

El delgado brazo de Yuri se estiró hacia atrás tomando su nuca en una extraña posición.

—Q-Quiero verte — miró sobre su hombro, sudado, con ojos lloros al kazajo, llenos de deseo y lujuria.

Y Otabek cae por ese verdoso precioso. Yuri era maravilloso, maldita sea. Y demasiado peligroso.

Tomó su muslo y volvió a tirarlo, sin embargo quedando de lado esta vez. La flexibilidad de Yuri era fabulosa, un atributo a su favor.

—¿Satisfecho? — embistió — gatito mimado.

El rubio frunció el ceño con el apodo, con sus labios separados por los suspiros y gemidos.

—No soy mimado... — reclama.

Se reincorpora apenas y con sus extremidades temblando, empuja despacio el pecho de Otabek y este entiendo claramente la indirecta acepta sin palabras la proposición.

Vale, esto le agrada. Quiere ver cómo Yuri lo monta. Como esa figura esbelta se autopenetra.

Se acomoda y el rubio vuelve a subirse sobre él. Toma las manos de Otabek y las pone en su cintura con su mirada fija en él. Mueve sus caderas en movimientos pélvicos antes de alinear el pene de Otabek y bajando despacio, no pudiendo evitar levantar el rostro y suspirar feliz de sentirse lleno de nuevo.

El kazajo aprieta la carne del menor a medida que sube y baja de manera lenta, joder, ahora era el menor quien se divertía torturando a Otabek cuando este solo quería profanar esa entrada de la forma más sucia y rápida posible.

Estuvo así un rato divirtiéndose por la cara necesitada del mayor de follar duro y rápido hasta que no pudo ignorar su misma necesidad de lo mismo.

Se inclinó afirmándose del pecho fornido de Otabek, disfrutando el contacto con ese cuerpo musculoso, aumentando el ritmo y profundidad de los movimientos. Las manos revoloteando y amasando desde sus caderas a sus muslos lo excitaban aún más y más cuando el mayor tomó su miembro comenzando a masturbarlo con avidez.

—¡Daddy, Ahhh, daddy! — no duraría mucho de esa forma. — ¡Estás m-muy duro!

Miró a Otabek inclinándose deseoso por un beso de esos carnosos labios que lo recibieron salvajemente. Momento en que el moreno aprovechó de tomarlo por las nalgas y subirlo y bajarlo como se le dio la gana dejando que el solo roce de su abdomen masturbara a Yuri.

Le comió la boca sin dejarlo gritar y mordiendo sus labios con ganas. Yuri tenía una mano acariciando su rostro y con la otra se afirmaba de la misma cama soportando su peso con dificultad.

Beka, por pena, lo dejó ir cuando Yuri llegó al clímax soltando un extenso y delicioso orgasmo con su nombre. Porque si por él fuera, hubiera seguido devorando esa boquita tan dulce.

El menor no dejó de moverse aún cuando su cuerpo sudado y tembloroso estaba cansado. Yuri lo miraba más enamorado y cariñoso que nunca, quería complacerlo y hacerlo llegar hasta el final aún cuando su cuerpo estaba exhausto, quería que Otabek también lo hubiera disfrutado tanto como él, por eso siguió moviéndose sobre él.

"Que considerado" pensó Otabek con gracia.

—D-Dentro, hazlo dentro — susurró sobre sus labios.

Quería todo de él.

—Sí así lo quieres...

Se sentó abrazando el cuerpo pequeño, pasando sus brazos por su torso, haciéndolo saltar sobre él mientras apretaba la mandíbula con ganas.

Yuri sintió a Otabek palpitar dentro suyo y unas embestidas más bastaron para que soltara todo dentro de él mientras apretaba su cuerpo uniendo sus pieles, en un intento desesperado por vaciarse y a la vez sentirlo más cerca.

Yura volvió a gemir sintiendo el líquido espeso y caliente llenándolo y haciéndole cosquillas.

Beka había mordido su labio suspirando pesado al venirse, y le dejó un pequeño beso cuando acabó.

Yuri rió cansado, dejando que Otabek recostara su cabeza en su pecho, igual de agotado que él. Acarició despacio la nuca contraria a medida que regulaban sus respiraciones.

Una vez ya "lúcido" y sin estar cegado en placer... Otabek maldijo mil veces en su mente. Yuri le había dedicado su virginidad... y se había sentido increíble tomarla.

—Te amo mucho — besó su frente el Plisetsky.

Otabek cerró los ojos, sin saber cómo diablos sentirse con eso.

"después de que me folles, solo pensarás en mi"

Yuri Plisetsky era un peligro. Maldita sea, lo sabía.

Levantó su rostro, y Yuri pudo jurar que se derretía junto a esos ojos chocolates que lo miraban como un cachorro bajo la lluvia.

—Bésame — le pidió.

Claro que no le llevaría la contra. Obedeció, sin embargo, ahora era él quien dirigía los movimientos de sus labios teniendo cuidado de no chocar sus dientes. No sabía qué sucedía con el kazajo, si era el efecto tras el orgasmo o el que hubieran tenido sexo recién, pero parecía más necesitado de amor que nunca. Y obviamente él no se iba a hacer de regodear.

Sus labios se juntaron despacio, cansados e igual de cariñosos, o así lo quiso creer el ruso. Que con ambas manos había tomado ese precioso rostro mientras su espalda era acariciada a lo laro de toda su columna hasta empezar su cola.

—¿Quieres descansar? — le preguntó al separarse, pero sin poder evitar dejar pequeños besitos en sus labios.

Vio la sonrisa pícara del kazajo.

Y es que mierda. Podían pasar años, siglos, milenios, y se podría masturbar hasta el final de los tiempos con esa sola sonrisa. Otabek le encantaba en todo el sentido de la palabra.

—Al parecer no sabes lo que significa escoger a alguien para perder la virginidad en este negocio... — dijo acercándose a sus labios de forma provocativa — Yuri Plisetsky.

Su aliento lo embriagaba. El olor exquisito de las relaciones en el cuarto lo drogaba... no, definitivamente Yuri no sabía.

—Vamos a hacerlo toda la noche, beauty — murmuró — hasta el amanecer. Te quitaré la virginidad en todos los sentidos y posiciones posibles.

Yuri suspiró, sintiendo el miembro del kazajo dentro de él duro nuevamente.

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Daddy... esto es vergonzoso — admitió tomando el miembro del kazajo con ambas manos. Sí que era grande. — ¡A-Ahhh!

La lengua de Beka haciendo estragos en su entrada lo hizo taparse la boca con tal sorpresa. Jamás se imaginó hacer la posición del "69" con Otabek. Pero ahí estaba, con su trasero siento devorado por la lengua experta de Altin.

Si su cuerpo antes temblaba, ahora parecía gelatina. Sus gemidos eran ahogados contra el miembro de Otabek, en donde suspiraba, lamía y salivaba cuanto quisiese.

Como lo pensó, el miembro del kazajo no cabía por completo en su boca, solo un poco más de la mitad se hacía paso en su boca. Tenía que ingeniárselas para complacer al otro resto con sus manos y se sentía feliz cada vez que escuchaba al mayor gemir contra su piel o apretarlo porque sabía que le gustaba.

—¿Aquí daddy? ¿Te gusta aquí?

Otabek podía volverse loco con esa lengua inexperta que por complacerlo lo saboreaba entero intentando de todo. Yuri era un virgen buscando aprobación de su daddy, y le encantaba.

La entrada rosada del rubio era dulce, inesperadamente, demasiado dulce de una forma que solo quería devorarla y hacerlo gritar; tal como hacía en ese momento, en el cual esa rubia no hacía más que sollozar contra su pene mientras lo chupaba como un gatito mordiendo suavemente su erección.

acarició de paso el abdomen plano de Yuri marvillándose con su piel lozana y miembro ansioso por ser acaricado con sus manos y lengua.

No se sorprendió cuando el rubio lloriqueó:

—B-Beka, dentro, por favor — pidió mientras lamía su glande, besando su punta — e-esto — movió su miembro — dentro, por favor...

Yuri volvió a repasar desde la base hasta la punta con su lengua cálida y húmeda. Gimió por última vez con la succión en su entrada y el kazajo cedió a su petición.

Solo que esta vez lo hizo ponerse de pie y apoyarse contra la pared sobre la cama, haciéndolo levantar la colita, apoyándose a penas en el respaldo de la cama y rogando ser penetrado con esa entrada rosada y mojada suya.

Cuando es penetrado y agarrado con fuerza de los hombros, acariciado y amasado al antojo de su acompañante, araña la pared gimiendo contra ella, sintiéndose en el cielo mismo.

Otabek lo penetra lento, queriendo desesperarlo con sus movimientos ricos y sus manos acariciando sus glúteos y piernas. Levanta un poco más el trasero y es cuando vuelve a rogar:

—Fuerte, bebé, hazlo fuerte.

—Siempre tan caprichoso — reclama el kazajo regalándole una fuerte estocata que lo estampa contra la pared.

Cuando le levanta la pierna con una mano, Yuri lo ayuda entralazando sus manos, manteniendo el equilibrio con maestría.

Por suerte la propiedad del kazajo es grande y no tiene vecinos, sino desde hace tiempo ya estarían en su puerta pidiendo silencio para poder dormir. Que se jodieran si así fuera, que un semental lo estaba cojiendo y le gustaba duro.

Los gritos de Yuri se hacen fuertes y excitantes cuando toca su punto G sin pausas esta vez. Su miembro se siente tan caliente que no puede parar, la entrada de Yuri lo reclama, lo pide, lo succiona cada vez que pide también hundirse en él.

¡Daddy! ¡Daddy! ¡Daddy!

Esa maldita palabra, ese maldito nombre que todos decían. Mierda, en los labios rosados de Yuri se escuchaba tan chillón y delicioso que solo podía seguirle el juego penetrándolo con más fuerzas y deseos, gruñendo en su cuello y besando su mandíbula a ratos. Apretando su pierna, enterrando sus uñas en su piel blanca, disfrutando de ese cuerpo que lo quería reclamar como suyo.

Se corrió una segunda vez sobre Yuri, esta vez rebalsando su interior, con Yuri gritando, sintiendo el semen resbalar por sus piernas.

Pero no habrá piedad para él.

Son solo las 5am.

Aún les queda mucha noche por delante.

Mucha noche para profanar al pequeño Yuri Plisetsky.

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Hola!

Espero que les haya gustado :3

Ando poco imaginativa con las notas, así que nos vemos en el próximo zjjsjs

Gracias por leer!!