Atrapado

Como todos los días, a esas horas las calles eran transitadas por estudiantes, tanto adolescentes como niños, que se dirigían a sus respectivos centros educativos.

En un instituto, sus alumnos entraban cansados de un día lectivo más. Otros, en cambio, iban hablando animadamente.

Un chico iba caminando más dormido que despierto. Estaba bostezando cuando una voz muy conocida para él sonó a su lado. - ¿Otra vez estuviste hasta tarde anoche? – El joven terminó su bostezo y la miró de reojo. – Seguro que estuviste viendo revistas guarras.

- ¿Por qué siempre que vengo cansado al instituto piensas que es eso?

- ¿Y qué otra cosa si no?

El chico la miró enojado. - ¡Kuroba! – Le llamaron sus amigos.

- ¿Qué pasa?

- Deja te pelear con tu novia y vamos, que tenemos entrenamiento.

- Vale. – Se fue con ellos y vio que Aoko estaba sonrojada. Pensó por qué podría ocurrir eso y explotó. - ¡No es mi novia!

- ¡Uy! Has tardado mucho en cogerlo, por algo será. – Se burlaron los chicos.

- Ya os vale. – Dijo enojado.

Aoko esperaba a Kaito en la salida del instituto, como todos los días. Ese día tardaba más de la cuenta y se estaba preocupando. Miraba la hora una y otra vez, sentía que el tiempo se había detenido.

Después de un tiempo, le vio llegar pausadamente con Akako. Aoko se sintió mal al verlos juntos, incluso no se dio cuenta de la cara enfadada de Kaito. Él la vio y se asustó. – Aoko… Se me pasó la hora volando, lo siento.

- No tienes que darme explicaciones Kaito. – Dijo con una sonrisa forzada. – Si te gusta estar con Akako¿por qué no te casas con ella? Tendríais unos hijos muy guapos, y no lo digo precisamente por ti.

- ¿Qué mosca te ha picado ahora? – Preguntó Kaito sorprendido.

- Que os valla bien. – Y la hija del policía se volvió y se fue corriendo, desprendiendo lágrimas de sus azules ojos.

Kaito estaba estático, con el brazo extendido para intentar detenerla, pero no llegó a tiempo. - ¿Qué le pasa?

- No. – Dijo la chica pasivamente. - ¿Qué te pasa a ti? – El ladrón la miró. – Si la amas, ve a por ella y díselo. Estoy cansada de ver numeritos de celos como estos.

- ¿Qué numeritos de celos?

- No te hagas el tonto. – En su rostro apareció una mueca graciosa. - ¿Acaso no te pones celoso cuando ves a Nakamori y a Hakuba juntos? – El chico no contestó. – Pues al igual que ella se pone celosa cuando nos ve juntos.

- No me pongo celoso, y ella no tiene que ponerse celosa. Entre tú y yo no hay nada.

- Pero ella eso no lo sabe. Se pone celosa cuando te ve con cualquiera, pero más cuando estás conmigo porque supero su belleza.

El mago la miró entrecortadamente. – No eres modesta no.

- ¿Para qué lo necesito? – La chica extendió su brazo y le puso su mano a pocos centímetros del rostro de Kaito.

- ¿Q… Qué haces? – Preguntó sorprendido.

- Volviendo a nuestra conversación¿piensas actuar esta noche?

- Ya te he dicho que no soy Kid. – Dijo cansado.

- Eso es un si. – Suspiró resignada. – Hoy serás capturado, y no podré ayudarte, sólo si hago esto.

- ¿Qué vas a hacer?

La chica cerró los ojos y bajó la cabeza. Entonces, empezó a pronunciar unas palabras en voz baja. – Alas de tiempo regresen, déjenle volver a su camino, atrasen su viaje hacia atrás, repitan este día hasta que el secreto de su corazón se revele. – Las ramas de los árboles se agitaron y se hizo el silencio.

El joven parpadeó los ojos un par de veces y sonrió. La bruja bajó el brazo y cruzó los brazos. - ¿Ya está? Yo sigo aquí.

- De eso se trata, en cuanto te quedes dormido, este día se repetirá una y otra vez.

- Y qué más. – Dijo iluso. – Tengo cosas que hacer, ya nos veremos… mañana. – Se burló.

Era de noche, y Kaito Kid estaba robando en la galería de arte nacional. Estaba escapando, cuando vio en frente suya al inspector Nakamori sonriendo, eso le pareció extraño. – Mira hija, eso se le llama morder el anzuelo.

En ese momento se dio cuenta que Aoko estaba con su padre. Iba a detenerse pero era tarde, de una loza del suelo aparecieron unas esposas y le atraparon las muñecas y los tobillos. – Mierda.

El inspector Nakamori sonrió victorioso. Kid le miró amenazadoramente. Vio que Aoko estaba triste, cosa que le pareció extraño. – No te pongas triste por este ladrón Aoko. – Dijo el detective inglés detrás del ladrón mago. Se colocó a su lado. – No vale la pena.

El ladrón le echó una mirada asesina. El inspector Nakamori se acercó. – Veamos quién se esconde tras ese monóculo y esa chistera.

Kid abrió los ojos como platos y miró a la chica. Ésta lo seguía mirando tristemente. Se hizo hacia atrás, pero las esposas sujetas en el suelo lo detuvieron. - ¿Qué ocurre Kid? – Preguntó Saguru poniéndose al lado de Aoko. – Has perdido, es normal que te descubras ya.

El mago cerró fuertemente los puños, y luego suspiró derrotado. – Buen chico. – Dijo Nakamori acercándose y quitándole la chistera y monóculo. Abrió los ojos como platos y miró a su hija, que también estaba sorprendida. – No puede ser.

- Ya ve que si inspector. – Dijo Saguru sonriente.

- Tanto tiempo delante de mis narices… ¿Por qué Kuroba? – El chico no contestó, tenía la mirada baja, no se atrevía mirar a su amiga. – Llévenselo de aquí.

Agentes de policía desengancharon las esposas del suelo y lo agarraron con un cinturón y más esposas, ya que no se fiaban. – No te preocupes Kuroba, yo me haré cargo de Aoko.

Kaito miró amenazadoramente al inglés y vio que tenía un brazo por encima de los hombros de la chica, la cual estaba con los ojos cristalinos. El chico apartó la vista de nuevo y fue guiado por los policías.

Le llevaron a la celda de máxima seguridad y le encerraron. Allí dio una vuelta y otra. – Soy idiota. – Golpeó el frío cemento con el puño. Apoyó la espalda en el muro y se deslizó hasta el suelo. El puño le dolía mucho, pero ese era el menor de sus problemas. – Lo he perdido todo… sólo porque me confié demasiado. – Se abrazó las rodillas y escondió la cabeza entre sus brazos.

Estuvo en esa posición hasta que sus párpados ganaron la lucha y se cerraron, quedándose dormido en el frío suelo de la celda.

Un ruido atronador sonó a su lado y se levantó sudoroso y asustado. Se fijó en lo que le rodeaba y vio que estaba en su habitación. Apagó el despertador y se quedó sentado en su cama. – Sólo ha sido un sueño. – Suspiró aliviado. Se levantó, se preparó, cogió una tostada recién hecha por su madre de la mesa de la cocina y se marchó al instituto, como todos los días.

Llegó al recinto del instituto y se dirigía a los casilleros cuando bostezó, en ese momento escuchó una voz muy familiar. - ¿Otra vez estuviste hasta tarde anoche? – El joven terminó su bostezo y la miró de reojo. – Seguro que estuviste viendo revistas guarras.

- ¿Por qué siempre que vengo cansado al instituto piensas que es eso?

- ¿Y qué otra cosa si no?

- ¡Kuroba! – Le llamaron sus amigos. - Deja te pelear con tu novia y vamos, que tenemos entrenamiento.

El chico se quedó paralizado, todo era como en el sueño. – S… Sí. – Y se fue con ellos, dejando a Aoko sonrojada y sus amigos le seguían divertidos.

Cuando terminaron del entrenamiento, en la salida le esperaba Akako, y le empezó a dar la vara con Kid.

Llegaron a la salida y vio a Aoko, se acercaron a ella. - Aoko… Se me pasó la hora volando, lo siento.

- No tienes que darme explicaciones Kaito. – Dijo con una sonrisa forzada. – Si te gusta estar con Akako¿por qué no te casas con ella? Tendríais unos hijos muy guapos, y no lo digo precisamente por ti.

El chico se quedó a cuadros. – Vale¿dónde está la cámara oculta? – Dijo mirando a un lado y a otro. Las dos chicas le miraron sin entender.

- Eres idiota Kaito. – Dijo Aoko, echándose a correr.

- ¿Qué mosca te ha picado Kuroba?

- ¿Me estáis haciendo una broma o algo¡Inspector salga de donde esté!

- Aquí nadie está haciendo ninguna broma.

- Yo esto lo he vivido.

- ¿Cómo?

- Pensé que era un sueño, pero todo se está repitiendo.

- Espera. – Le frenó la bruja. – Rebobina y empieza desde el principio.

El chico respiró para calmarse. – Todo esto ya lo he vivido, porque ayer, u hoy, como quieras decirlo, me echaste un conjuro.

La chica se puso una mano en el mentón. - ¿Recuerdas el hechizo?

- A ver… Era una chorrada. – La bruja le miró con cara de pocos amigos. – Era… Alas de tiempo regresen, déjenle volver a su camino, atrasen su viaje hacia atrás, repitan este día hasta que el secreto de su corazón se revele.

- Ya. Te hice un hechizo de repetición de día.

- No me digas. – La miró entrecortadamente. - ¿Y cómo avanzo?

- Pues ya te lo he dicho, hasta que reveles el secreto de tu corazón. – Y se marchó.

- ¿Y cuál es? – Preguntó casi gritando.

- ¿Cómo pretendes que yo lo sepa?

El chico se quedó allí plantado. – Bueno, si el día se repite, entonces esta noche me atraparán y todo el mundo sabrá quién soy… otra vez. – Suspiró derrotado, pero una idea se le cruzó en la cabeza y sonrió.

Kaito Kid estaba escapando de la policía después de robar, y se dirigía al mismo pasillo que la última vez. Vio al inspector sonriendo, y Aoko a su lado. - Mira hija, eso se le llama morder el anzuelo.

El ladrón sonrió y cogió su pistola, la disparó hacia el techo. Un gancho salió del cañón y voló por encima de policía e hija. Cayó en el suelo e hizo una reverencia. – Gracias por jugar. – Y siguió corriendo.

Esta vez, Kaito Kid había escapado. Kaito estaba feliz en su cuarto. – Bien Koizumi, he ganado, así que mañana será mañana, y no hoy. – Y se quedó dormido con una sonrisa en los labios.

Al día siguiente, se despertó con su despertador, como siempre, se preparó y cogió una tostada recién echa de la mesa de la cocina, como siempre, y se marchó hacia el instituto, como siempre.

Se dirigía hacia los casilleros y bostezó. - ¿Otra vez estuviste hasta tarde anoche? – El joven no pudo terminar su bostezo su bostezo y la miró rápidamente con los ojos desorbitados. – Seguro que estuviste viendo revistas guarras.

- No puede ser. – Golpeó los casilleros con el puño. – Es imposible, lo hice perfecto.

- ¿Se puede saber qué te pasa?

- ¡Kuroba! – Se le acercaron sus amigos. – Deja te pelear con tu novia y vamos, que tenemos entrenamiento.

El chico suspiró resignado. – Estoy cansado de este entrenamiento. – Dijo poniéndose las manos en los bolsillos.

- Venga que es uno nuevo.

Cuando terminaron, vio a Akako esperándole en la puerta del gimnasio. – ¡Tú¡He hecho que no me cogiesen¡Quítame este conjuro ya!

- ¿De qué me estás hablando¿Te han pegado un balonazo en la cabeza o algo?

- No fastidies. ¿No te acuerdas?

- ¿De qué me tengo que acordar?

- Que me echaste un hechizo de repetir este día una y otra vez.

- ¿En serio?

- Te haré la prueba. Aoko me está esperando y me dirá no tienes que darme explicaciones Kaito. Si te gusta estar con Akako¿por qué no te casas con ella? Tendríais unos hijos muy guapos, y no lo digo precisamente por ti. – La agarró del brazo y vieron a Aoko en la salida del recinto. Kaito miró a Akako y luego a Aoko. – Lo siento, se me pasó la hora volando.

- No tienes que darme explicaciones Kaito. – Dijo con una sonrisa forzada. – Si te gusta estar con Akako¿por qué no te casas con ella? Tendríais unos hijos muy guapos, y no lo digo precisamente por ti.

La bruja miró a Kaito. - ¿Lo ves? – Preguntó Kaito.

- ¿Cuál era el hechizo?

- Alas de tiempo regresen, déjenle volver a su camino, atrasen su viaje hacia atrás, repitan este día hasta que el secreto de su corazón se revele.

- Pues ya sabes. – Dijo como si nada.

- ¡Si no me cogieron!

- Es porque no era eso imbécil, es otra cosa la que tienes que hacer.

- ¿Y qué coño es?

Akako miró a Aoko de soslayo, la cual estaba viendo su discusión, y luego miró al mago. – Eso sólo lo puedes saber tú.

- ¿Por qué no se besan ya? – Dijo Aoko molesta. Los chicos la miraron y ella se fue con la cabeza alta.

En la noche, Kaito Kid escapaba de los policías de nuevo, pero esa vez cambió de dirección, hasta azotea.

Allí le rodearon, y vio a Nakamori y Aoko entre los hombres. – Esta vez te me adelantaste Kid, pensé que ibas a escapar por el pasillo.

- Y eso iba a hacer, pero cambié de planes en el último minuto.

Nakamori extendió un arma y apuntó a Kid. – No te muevas, o juro que apretaré el gatillo. Aoko apártate.

- No creo que valla a matar a alguien a sangre fría, y mucho menos delante de su hija.

- Pruébame. – Amenazó el policía.

- Yo que tú le tomaría en serio. – Dijo el detective inglés saliendo de entre los agentes. Lo digo por tu bien.

El ladrón accionó un mecanismo y una luz cegó a todo el mundo. Kaito iba a escapar, pero escuchó un grito desgarrador, que lentamente se iba alejando, hasta que finalmente se detuvo.

- ¡Aoko! – Gritaron inspector y detective.

Cuando la luz se desvaneció, vieron cómo el ladrón miraba horrorizado hacia la calle.

Se temieron lo peor y se asomaron con miedo. Allí, tendida en la calle, se encontraba el cuerpo sin vida de Aoko.

El ladrón cayó al suelo destrozado. Aoko… Su Aoko, muerta. En ese momento se dio cuenta que lo que sentía por ella no era un amor de adolescente, sino que era real, tan palpable que una lisa mesa.

Saguru cogió al ladrón por el cuello de la camisa y le levantó hasta tenerlo de frente. - ¿Tanto deseabas escapar? – El mago tenía la cabeza agachada. - ¡Mírame maldita sea! – Tanto era su enfado, que le dio un puñetazo en la cara que le tiró al piso. El inspector estaba como ido, viendo a su pequeña en el asfalto.

Agentes de policías lo cogieron y se lo llevaron. Le tiraron al suelo de una celda, y él no se movió de ahí. Se colocó en posición fetal y se repitió una y otra vez lo mismo hasta que se quedó dormido. – Mañana será hoy…

Un sonido estremecedor sonó cerca del chico y se levantó rápidamente. Estaba de nuevo en su cama, en su cuarto, en su casa. – Si estoy aquí… eso quiere decir que… - Se le formó una sonrisa y se preparó rápidamente, ni siquiera tomó una tostada cuando salió de la casa.

- Kaito tu… - Dijo demasiado tarde su madre asomando la cabeza por el marco de la puerta de la cocina.

Kaito llegó rápidamente al instituto, y su sonrisa se volvió más amplia cuando vio a su amiga de la infancia hablando animadamente con sus amigas.

- Aoko… - La llamó su amiga. – Mira. – Dijo señalando a Kaito.

La chica se quedó extrañada y se acercó a su amigo. - ¿Qué te pasa Kaito? No es muy normal que vengas tan animado, a no ser que le hayas visto las bragas a alguna chica. – Lo último lo dijo con los ojos entrecerrados.

- ¿Ahora es pecado estar contento? – La chica iba a replicar, pero se vio interrumpida al notar que el mago la estaba abrazando. – Creí que te había perdido. – Dijo el joven entre el cuello de su amiga.

La chica estaba sonrojada. Veía cómo sus compañeros y amigos los miraban entre sorprendidos y divertidos. – Kaito… ¿Qué te has fumado¿Estás bien? Será mejor que vayamos a la enfermería para que te desintoxiquen.

La chica empezó a caminar pero el mago la detuvo cogiéndola de la mano. La joven se sonrojó más. Kaito la atrajo hacia él y la puso en frente suya. – Tengo una idea mejor. Necesito enseñarte algo. – Dijo decidido. – Ven conmigo. – Y se la llevó fuera del instituto, entre las miradas pícaras de sus compañeros.

- Kaito¿a dónde vamos? Vamos a llegar tarde a clase.

- Por una vez que faltes no te va a pasar nada.

Aoko suspiró resignada. – Vale, pero más te vale que sea importante.

- Y lo es.

Llegaron a la casa del chico y subieron al despacho. – Bien¿qué es eso tan importante que no puedes esperar?

Kaito se dirigió a un retrato de su padre y posó una mano en su borde. – Esto. – Dijo serio.

- ¿El cuadro de tu padre? Ya le he visto. Recuerdo el día que fuimos a ver la primera actuación de tu padre con esos trucos. – Dijo con un toque de añoranza. Entonces, escuchó un sonido metálico y miró por todas partes asustada. Miró a su amigo y vio que en el lado donde estaba el cuadro, había un hueco donde cabía una persona.

Aoko lo miró y el chico asintió. Ella avanzó hasta su lado y entró por el hueco, seguida de Kaito, quien colocó el retrato en su posición.

- No veo nada. – Se quejó la chica, hasta que se encendieron unas lámparas. Miró a su amigo y vio que estaba cerca de un interruptor. Miró a todos lados y sus ojos se pusieron como platos. No había más que fotos de Kid, noticias de Kid. - ¿Qué es este sitio?

El lugar de trabajo de mi padre. Donde ideaba algún golpe.

Aoko le miró sorprendida y se fijó en un álbum de fotos, donde había recortes de fotos de Kid. Empezó a ojear. – Éstas noticias son viejas... pero estas otras recientes.

- He seguido haciendo el trabajo de recolectar noticias. – Dijo Kaito al lado de su amiga y mirando los recortes.

Aoko le miró sorprendida y se alejó de él asustada. - ¿Por qué me dices esto¿Por qué me has traído aquí?

El mago no contestó y se dirigió hacia un armario bajo la atenta mirada de su amiga. Lo abrió y se apartó.

La joven se decidió a avanzar y cogió lo que había dentro, un traje blanco de camisa azul y corbata roja, una capa blanca, una chistera blanca y un monóculo. Miró a su amigo, éste estaba sentado en una silla, con el cuerpo hacia delante, sus brazos caídos sobre sus piernas y la cabeza agachada. – Ahora lo sabes, puedes darme una reprimenda, pegarme, incluso… detenerme.

Sintió una mano en su hombro y miró al frente. Ahí estaba la chica, mirándole con sus ojos mar. - ¿Por qué me lo estás diciendo ahora?

- Porque no quiero que te pase nada.

- ¿Por qué me iba a pasar algo?

- Estoy maldito Aoko. ¿Sabes cuántas veces he vivido este día? Cuatro, contando este día.

- No te entiendo.

- ¡No es tan difícil! – Se levantó gritando, asustando a Aoko. El mago se fue a la otra punta de la habitación y se viró para ver a su amiga. – En este día sin mañana, he visto cómo me odias cuando tu padre me captura, cómo me odias por hablar con Koizumi, y… y… - Apretó los puños y cerró los ojos. – Y cómo mueres.

Se hizo el silencio en la habitación, hasta que la chica se atrevió a hablar. - ¿Por qué estás repitiendo el día una y otra vez?

- Koizumi. – Dijo solamente.

- ¿Y has hablado con ella? Para que te quite el maleficio.

- Sí. Pero no puede hacer nada, hasta que el final del hechizo se cumpla.

- ¿Y cuál es?

- Repitan este día hasta que el secreto de su corazón se revele.

La joven se quedó pensando. - ¿Y no sabes cuál es?

- Si lo supera ya lo habría solucionado.

- Cuéntame lo que te ha pasado desde que repites este día.

- ¿Todo? – La miró el ladrón.

- Con pelos y señales. – Sonrió la chica. – Vamos a averiguar cómo sacarte de este bucle.

Estuvieron todo el día en el cuarto del chico, contando todo lo que había vivido en ese día.

Finalmente, Kaito relató la muerte de Aoko y cómo terminó el día.

- Tengo mucho sueño. – Dijo Kaito cerrando los ojos.

- No. – La chica se acercó a él y le agarró del rostro. – Kaito resiste, aún no hemos descubierto nada. – Veía que el chico luchaba para mantenerse despierto, pero no lo conseguía. – "Piensa Aoko, piensa." ¿Qué sentiste cuando me viste muerta?

Esa táctica pareció que funcionó, porque el chico abrió asustado los ojos. - ¿Por qué quieres saberlo?

- Quiero saberlo. – Dijo mirándole a los ojos, aún sin despegar sus manos de la cara del chico.

- Sentí… Impotencia, culpabilidad… y… - Se calló.

- ¿Y? – Insistió la chica.

- Q… Que no podría… no podría… - El chico rememoró todos los sentimientos que le recomieron cuando la vio en el pavimento de la calle. – No podría vivir sin ti. – La miró a los ojos. – Te amo Aoko.

Las manos de la chica bajaron hasta quedarse en el pecho del joven mago. – Kaito…

- Tengo sueño. – Dijo el chico de nuevo. – Mucho…

La chica sonrió. – "Nunca cambiarás." – Se dio cuenta de la posición algo comprometedora que estaban los dos, y dio gracias que el chico estuviese tan cansado que no se diese cuenta.

Le tendió en la cama, y le acarició la mejilla. Cuando se iba a marchar hacia la puerta, algo la agarró. – Quédate conmigo, por favor. Aunque mañana se repita este día, quiero recordarlo.

La joven se sonrojó y sonrió. El chico le dejó espacio y se tumbó en la cama. El la atrajo hacia si y le pasó la mano sobre su cadera, haciendo que la chica estuviese más nerviosa. Después de un tiempo se quedaron dormidos, con sonrisas en sus rostros.

El despertador sonó y el chico abrió lentamente los ojos. – Otro día más… - Suspiró resignado. Se acomodó y se quedó sentado, pensando en el día que tuvo ayer, y cuánto deseaba virar la cabeza, y verla con él.

Sintió que algo al lado suyo se movía, y extrañado, miró. Abrió los ojos como platos. Unos ojos azules le estaban mirando. – Buenos días.

- ¿Q… Qué haces aquí? – Preguntó sorprendido.

- ¿Cómo que qué hago aquí? – Se acomodó y se quedó sentada. – Me pediste que me quedase.

- Eso ya lo se. Me refiero a… - Los dos se miraron y sonrieron. – He avanzado… ¡He avanzado! – Gritó feliz abrazando a Aoko.

- ¿Qué habrá sido? – Se preguntó Aoko.

Rompieron el abrazo. – Es verdad… aunque creo que… - Y se sonrojó.

La chica entendió y sonrió pícaramente. – Así que el secreto que guardaba tu corazón era que me amabas.

- No te burles. – Se quejó.

- Kaito… - El chico la miró y vio una sonrisa sonrojada. – Yo también.

El ladrón se quedó a cuadros. – Que… Que tú me…

La chica asintió y viró la cabeza avergonzada. – Desde hace tiempo.

Sintió que una mano la agarraba del mentón y la hacía mirar al mago. – Me alegra oír eso, porque podré hacer esto sin sentirme culpable.

- H… ¿Hacer el qué? – Dijo viendo que el chico se acercaba peligrosamente a sus labios.

Kaito giro un poco la cabeza y habló a escasos centímetros de los carnosos labios de la chica. – Esto. – Y la besó apasionadamente.

Aoko correspondió el beso y rodeó los brazos tras la cabeza el chico. Él acarició la espalda de la chica hasta llegar a la cabeza, enredando sus dedos entre el pelo de ella.

Se separaron a falta del tan preciado oxígeno y se quedaron frente a frente. – Creo que… deberíamos ir a clase. Dos días seguidos darán de qué hablar.

- Creo que tienes razón, mi heroína. – Dijo sonriente.

La chica sonrió. – Y tú eres mi ladrón, el que me ha robado el corazón.

- Y espero poder robarte más cosas.

Aoko se sonrojó. – Ladrón pervertido.

Y los dos rieron divertidos.

- Mi señora Akako. – Dijo un hombre entrando en una habitación.

La joven bruja veía la escena conmovida. – Por fin, me alegro por ti, Kid.

- Pensé que lo quería para usted.

- No podría hacerle eso, no sería feliz. Y quiero lo mejor para él.

- Señora…

- Ya lo sé, si lloro… no podré ser bruja.

FIN


Bueno bueno bueno... este shot se me ocurrió cuando se me vino a la cabeza la película de Atrapado en el tiempo, con protagonista al hombre este del cazafantasmas... como se llamaba...Bill Murray! que no me acoraba xD

Espero que les haya gustado esta adaptación tanto como a mi escribirla