CAPÍTULO VII.

[El espacio tiempo transcurre en el mismo que el capítulo anterior]

Una especie de decepción se lleva a cabo, una transición incompleta entre quién era, quién es y quién quiere ser.

La visión de Lisbon se nubla por un segundo de luz con puntos negros, asustándola. Cuando está mejor, cuando los latidos de su corazón han vuelto a la normalidad y se obliga a mantener la calma decide caminar con prisa y precaución a su departamento. Pero el miedo acerca de ese pequeño intervalo donde se desorientó está allí, latente; una ansiedad pequeña, un residuo de ansiedades mayores quiere hacer eco, lo intenta. Acelera su paso y solo cuando está segura de que realmente está dentro de su departamento se permite exhalar profundamente, relajar la contrariedad de sentimientos y emociones interiores que la bombardean sin importar las consecuencias, es agotador obligarse a mantener la calma, el control.

Su mente muestra el panorama completo, camino hacia su habitación; solo pensarlo le parece una acción extenuante. Camina hasta su sofá con cierto dolor y una vez en él una especie de saciedad, de realización, se apodera de ella; y cierra los ojos y se encoje sobre sí misma, porque de repente todo el dolor es enmascarado por el agotamiento.

Está conduciendo con precaución, más de la usual.

Su mirada no puede apartarse de la ventanilla, lo intenta, lo intenta, pero.

Algo hace clic, algo se conecta, algo, una señal, una diferencia, un patrón distinto en la calle, no está segura; pero algo hace que se dé cuenta que está dentro de una pesadilla. Solo es un breve momento. Luego, otra vez está allí, dentro de su pesadilla, sin poder moverse.

Observa a un hombre alto, con el rostro serio, los hombros anchos y una actitud desajustada al ambiente cálido y amigable que brinda el barrio. El hombre camina paralelo a su auto, siguiéndola, irrumpiendo la propiedad privada de ancianas amigables; ¿o ella lo sigue?, no está segura de su entorno de manera completa, pero está segura de que ella lo mira sin poder apartar la vista de él, y el hombre alto de barba y cabello largo y castaño lo sabe, sabe que ella lo observa y no le importa. En un segundo el hombre se separa en dos, la división no le sorprende, pero sí el sentimiento propio de ella, el sentimiento de indiferencia, como si hubiera visto mil veces a hombres y mujeres separase en dos.

Dos golpes en la puerta son suficientes para que el ritmo de su corazón cambie, se desestabilice. Abre los ojos y abre la boca como si hubiera recibido de pronto un golpe en el abdomen.

Escucha la voz de Cho al otro lado de la puerta, ¿con un leve tono de inquietud?

Se pone de pie con renovada energía, casi como si la atmósfera estuviera cargada de excitación y vibras de fortaleza. Abre la puerta. Le permite el paso a Cho sintiéndose una vez más despersonalizada de su entorno.

La arritmia producto de la pesadilla está allí, creando un malestar insistente.

Se sienta en su sofá, habla con Cho, se ríen, él se despide, ella cocina. Nada de lo que hace está realmente conectado a ella, no tiene el bienestar que coincide cuando el cerebro envía comandos a sus músculos; no tiene una verdadera noción de lo que ha hablado con Cho; ve la hora en su celular, pero no comprende los números; come, pero la señal del sabor no es recibida.

Una semana transcurre con demasiada prisa, pero uno se percata de ello cuando ha llegado la fecha límite; en el transcurso, en los días previos, una semana es larga y omnipotente, es un centinela que se niega a dejar escapar trivialmente el tiempo.

Está caminando descalza de un lado a otro en su sala, a esas alturas las cosas ya están confusas en su cabeza. Las noches sin dormir, el exceso de café y pastillas que la mantengan despierta, alejada de sueños pesados que la agotan emocional y físicamente; Jane presionándola para que hable acerca de ella, Jane causando más papeleo como siempre a causa de sacar de sus casillas a los sospechosos, Jane, Jane, Jane. No, no es sobre Jane, es sobre sí misma, es sobre haberse perdido y no saber quién es ella ahora.

Se siente cansada, aturdida del exceso de todo, de la falta de todo, se siente confundida consigo misma. ¿Cuánto ha pasado desde que le contó a Jane su pasado?, ¿cuánto ha pasado desde que volvió al trabajo?, ¿días?, ¿semanas? Respira intentando tranquilizarse a sí misma.

Camina obligándose a ser consciente en cada paso que da sobre el suelo frío que tocan sus pies descalzos, llega a la cocina y se sirve un vaso de agua inmediatamente estremeciéndose ante el tacto, sonríe interiormente, su sensibilidad a la realidad del momento es excitante.

Su mirada está fija, perdida en un punto más allá de la ventana de la cocina cuando se sobresalta con el sonido y la vibración de su celular sobre la mesa de la sala; le toma unos segundos salir del aturdimiento y contestar la llamada.

—Hey —saluda al abrir la llamada.

—Hey —la voz de Jane es tranquila y contradictoriamente confortante.

Lisbon cierra los ojos mientras se permite disfrutar de ese intervalo de paz y silencio entre ambos. Por un momento ninguno de los dos habla y luego la voz grave, varonil y suave de él rompe el silencio sin romperlo realmente.

—Abre el armario sobre la cocina, el que está sobre tu hombro derecho.

Ella casi puede oír la sonrisa fresca y alegre de él al otro lado de la línea, ¿es eso el amor?, ¿es el amor acaso la sensación indescriptible que siente sobre Jane sin importar si están lejos o cerca? Alza su brazo derecho mientras sostiene el celular contra su oreja izquierda, deja escapar un sonido de sorpresa cuando los tulipanes de papel caen sobre ella, exactamente siete tulipanes.

—¿Te gustó? —pregunta sonriendo de manera poco arrogante y más traviesa. No espera a que ella conteste antes de volver a hablar. —Ahora abre la puerta principal.

Lisbon no sabe por qué lo hace, pero instantáneamente se dirige a la sala. Estira su brazo para alcanzar la perrilla, la gira y abre la puerta hacia su cuerpo. Sus ojos se llenan de lágrimas de emoción mientras el pequeño cachorro entra y lame sus pies. Escucha el tono de llamada finalizada a través de su celular y luego observa a Jane aparecer a un lado de la puerta con un ramo de flores.

—Son para ti.

Hay un silencio que atraviesa el espacio entre ambos curando cada herida, cada pedazo de ambos antes destrozado.

Hola terrícolas.

Aquí, ha un mes de la última actualización está mi demostración de que sigo con ustedes y que esta historia no está abandonada.

¿Adivinan qué se viene?, ¿qué sucederá entre Lisbon y Jane?

¿Mejorará Lisbon?, ¿aceptará ayuda?, ¿o caerá demasiado bajo?

No olviden comentar cualquier cosa que les venga a la mente. Me encanta leer sus comentarios.

Besos.