Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, y la trama de la historia es propiedad e invención de questa signorina.
Hoy es el cumpleaños de lecaosma, una muy querida amiga, así que le deseo un muy feliz cumpleaños. ¡Felicidades, carina!
Y pues, bueno, les dejo un capítulo más de esta historia.
—THE PROMISE—
—Ya basta, Jasper. No te estés burlando de mí —chilló Alice. El aludido sonrió una vez más y la abrazó, enterrándola en su pecho. Le enternecía la escena que encontró al llegar al departamento: su pequeña acurrucada en sofá, con los ojos rojos, un puñado de Kleenex usados al lado, y con el libro que le acababa de regalar en su regazo. La llamó y al levantar ella la vista, vio las lágrimas en sus acaramelados ojos y sus mejillas húmedas. —No me burlo, cariño, pero es que te ves tan tierna...
—¡Ya!
Jasper sostuvo su barbilla y levantó su rostro hacía el de él, para secarle las lágrimas y darle un dulce beso en los labios. Sabría que Alice lo perdonaría.
—¿Y qué estabas leyendo? —le preguntó con seriedad, intentando no reírse.
—The Christmas Box —Alice le dio el libro—. —¡Es tan triste! Es que la pobre señora... su niña... Las cartas... —las lágrimas brotaron de nuevo y Jasper la abrazó de nuevo, riendo suavemente.
—Ya cielo —le acarició la espalda, tranquilizándola—. Mejor deja el libro por un rato y vemos la película que renté, ¿Sí?
Dejó que Alice se calmara un poco, y él se encargó de poner la película en el reproductor y fue a la cocina a preparar un tazón de palomitas de maíz, mientras pensaba que su chica era la joven más hermosa, tierna y adorable de todo el mundo. Obviamente no conocía a todas las jóvenes del mundo, pero con conocer a Alice él lo sabía. Ella era única. Por fin el horno de microondas indicó que las palomitas estaban listas. Las puso en un tazón color crema —de Alice— y regresó a la sala. Pero se topó con que la película no era la que él esperaba
—Jasper, eres un amor... —le sonrió angelicalmente la joven, ya un poco más respuesta—. Hacía tanto que no la veía...
—Pero yo no pedí Pearl Harbor —con el ceño fruncido se sentó en el sofá y Alice se sentó en su regazo—. Le dije al muchacho que quería la de Flags of Our Fathers.
—No importa, cariño. Pearl Harbor está bien... ¡Son Danny y Rafe! —exclamó divertida y sonrió al ver el gesto de contrariedad de su novio. Estaba celoso de un par de actores que en su vida conocería.
La película avanzó. Jasper de vez en cuando comentaba las partes que eran una vil mentira, los aspectos de Hollywood inventó, pero poco a poco guardó silencio y se resignó a verla sin protestar. Alice, por su parte, la miró como si fuera la primera vez que la veía, y al final terminó llorando de nuevo, para secreta diversión del rubio.
—Pequeña, es sólo una película. Ni Danny ni Rafe, ni Eve existirieron —le explicó cuando se levantó a quitar la película. Más tarde iría a cambiarla a Blockbuster.
—Pero...
—Es sólo un libreto de Hollywood, cielo.
—Aún así es triste, Jasper. Además, hubo parejas que terminaron de esa forma, así que este es como un tributo a todos ellos, ¿no crees?
Jasper no contestó. Hizo un débil asentimiento y se quedó mirándola intensamente sin decir una palabra. Alice le sostuvo la mirada, primero curiosa, luego extrañada. Leyó los pensamientos de Jasper, y al sonreír, él se acercó y la besó. Fue como siempre, uno de esos dulces besos que terminan comenzado otra cosa, pero antes de que llegara a más, ella se separó lentamente, para no herir los sentimientos de él.
—No me siento muy bien ahora mismo —ambos respiraban entrecortadamente.
—¿Qué pasa?
—Siento la cabeza lívida... —logró articular—. Creo que han sido muchas emociones este día.
—¿Quieres que te traiga algo? —repuso de inmediato Jasper, preocupado por la salud de su pequeña.
—No, así está bien, ya pasará. Mejor abrázame, apiádate de esta débil damisela... —y fingió como en las películas de antes. Ambos sonrieron y él la abrazó, besándole el cabello. Permanecieron un momento así, y Jasper supuso que Alice estaba perdida en sus pensamientos. Usualmente ella no era tan seria.
—¿En qué piensas, amor?
—¿Sabías que Richard Paul Evans le escribe las historias a su familia? Y eso que son medio ficticias.
—Cariño, si sigues hablando de él me voy a poner celoso.
Alice rió y lo besó en la nariz.
—Jasper, es que él escribe novelas de amor, y a las mujeres nos gusta el amor.
—¿O sea que lo prefieres a él porque el amor de tu vida sólo escribe de espionaje? —el escritor fingió estar ofendido y apartó su mirada con arrogancia.
—Pero eso se puede solucionar, mi vida. Te propongo una solución —Jasper, aún en su papel de hombre herido en su amor propio, asintió para pedirle que prosiguiera—. ¿Qué tal si le escribieras al amor de tu vida una novela de amor? Te aseguro que ella con gusto la leería y te amaría más.
—¿Estás segura? Porque puede que lo haga muy mal y después ella no me quiera —por fin la miró, claramente interesado en la oferta.
—Cierto, sería algo muy diferente a lo que él hace, pero creo que ella lo amaría aunque fuera sólo por el intento —sonrió.
—¿Y cómo de qué escribiría? ¿Cuál sería la historia? El amor de mi vida es único y merece algo sumamente especial —le acarició el pómulo con ternura y Alice pensó un momento. Me mordió el labio, concentrada y él disfrutó observándola. Entonces, cuando ella estaba por decirlo, él sabía claramente qué iba a decir.
—Jasper, ¿y si escribes nuestra historia? —Por toda respuesta, él acercó su rostro al de ella y la besó dulcemente.
—Te lo prometo, Alice. Te prometo que escribiré nuestra historia y ganaré tu admiración, disculpando a Evans.
La joven abrazó con todas sus fuerzas a Jasper y lo besó. De alguna manera se las ingenió para pasar sus piernas por su cintura, y se separó un instante de sus labios para acercarlos a su oído.
—¿Sabes? Creo que ya me siento mejor, cariño— El rubio captó el mensaje al vuelo y se levantó del sofá, cargando a Alice, y besándola se apresuró a llegar a su habitación.
Nos vemos luego, chicas. Me gustaría saber que les está pareciendo la historia.
Ciao.
