[Harry Potter] Mi hurón

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Cap 7: Me gustas

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Estuvieron así un momento hasta que él la aparto lentamente por los hombros. Sonriendo, apartó un mechón de pelo de ella que estaba fuera de lugar.

- bueno demasiado tiempo juntos, ¿tu sabes que el tiempo de un Malfoy es valioso? No creo que puedas pagar por tenerme a tu lado mas tiempo

- ¿Es acaso desagradable para ti estar conmigo? – lo dijo sin seguridad, nerviosa por estar hablando con él como si se conocieran hace mucho. Pero así era, hace mucho que se conocían, sabían mucho más del otro que gente con la que hablaban todos los días.

- No, realmente no es así. Tu cabello tiene olor a castañas, es agradable y me gusta que no estés preguntando qué pienso o siento. Odio sentirme presionado.

- Tú siempre hueles a menta y jabón. No puedo creer que... después de todo… me agrade tanto estar a tu lado – miró a otro lado terminando de separarse de él.

- ¿Sabes a quién le toca la patrulla esta noche?

- Creo que a Ron y a alguien de Ravenclaw, ¿por qué?

- Necesito que hablemos en privado, ¿puedes ir por la noche al despacho de Snape?

- ¿No podría ser en otro lugar? La sala de menesteres o algo así… ¿Por qué el despacho de Snape?

- Si le toca patrulla a Ron y a alguien de Ravenclaw, no vigilarán las mazmorras, porque eso lo hace Snape y no te preocupes, su despacho lo uso yo por las noches, pues tengo clases extras.

- ¿Clases extras? ¿Y es algo que no puedes decirme ahora?

- Si no quieres hablar conmigo, allá tu. Es importante y tiene que ser en privado. Te estaré esperando a las 10 de la noche, después de la cena.

- ¿Puedo preguntarte algo antes de que te vayas? – susurró en notar que Draco se alistaba para salir. Al escuchar a gente acercarse, él solo asintió con la cabeza- ¿Por qué fuiste a mi sala común?

- Necesitaba verte – lo dijo lo suficientemente alto como para que ella lo escuchara y sin detenerse a pensarlo ni un segundo.

Ella abrió los ojos sonrojada y el rubor de sus mejillas aumentó. Después de tomar aire con una leve sonrisa en sus labios, se sentó intentando calmar a su corazón que acelerado palpitaba, casi escapándose de su boca.

- Además quería poder hablar contigo esta noche, luego tal vez no pueda hacerlo, así que, por favor… ve esta noche al despacho de Snape.

- Intentaré ir. ¿Sólo por eso has faltado a las primeras horas? Sólo para poder hablar conmigo…

- Para mí no es la primera vez que falto a clases, pero estoy seguro de que sí es la tuya… ¿Por qué no has entrado a la segunda hora?

- ¿No fuiste a mi sala común y necesitabas hablar conmigo… pues conmigo puedes desahogarte? – esquivó la pregunta de Draco, mientras jugaba con los dedos nerviosa sin poder mirarlo a los ojos.

Él, alzó una ceja y dejó escapar una sonrisa. No podía ocultarle nada a una sabelotodo. Notaba que ella no dejaba de mirarle los labios e intencionadamente, se los relamió lentamente.

- ¿Qué pasa? ¿Quieres volver a besarme?

- No, ¿Qué te hace pensar semejante cosa, Malfoy? – él sonrió en escuchar su apellido salir tan ásperamente de sus labios. Notó que ella quería llamarle por su nombre.

- No dejas de mirar mis labios – notó como apartaba la mirada de ellos y se levantaba de su asiento.

- Estás paranoico - tomó el libro de la mesa y lo dejo en cualquier estantería, mientras se iba de allí.

Cuando lo dejó solo, sacó de uno de sus bolsillos una pequeña libreta, aquella donde su madre había intentando torpemente disculparse. La abrió en cualquier sitio y con la varita hizo aparecer un tintero y una pluma. Se decidió a escribir algo, ya que después de todo, no la vería en mucho tiempo y no quería irse con ese nudo en la garganta.

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"Madre:

No te sientas culpable. No te odio ni te desprecio. Agradezco de corazón que me contaras la verdad, aunque tuvieras miedo de hacerlo. No estoy completamente de acuerdo, pero… luego de verte triste por terminar con Snape, prefiero que estés con él. Sé feliz con él, de todas formas Lucius te ha dejado. Aprovecha la oportunidad…. Quiero verte feliz, porque después de todo nunca dejarás de ser mi madre.

D.M"

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Por más que pensaba qué cosas hacer antes de dejar aquel colegio donde llevaba seis años de su vida, no se le ocurría nada en especial. Siempre se había imaginado el resto de los años en el colegio. Hacerse una idea de que las cosas no serían así, era casi inconcebible.

Luego de meditarlo, decidió ir a la última clase antes de la cena y aunque sólo era una clase más, fue la más interesante y breve que nunca había tenido. Cuando estaba por salir, Luna se acercó y le tomó la cara con ambas manos, mirándolo a los ojos.

- ¿Estás mejor? Me dejaste preocupada, así que en cuanto terminó la clase vine a ver si estabas mejor, estás cambiado.

- Claro. Antes no me hubieras tocado como lo haces. Cuidado, Potter puede ponerse celoso, lunática.

- ¿Harry? A Harry le gusta Ginny y yo no siento nada más que amistad por él. De hecho no es para nada guapo, es normal.

- ¿De todas formas, por qué me tocas?

- Quería mirarte a los ojos antes de que desaparezcas. Además, me tienes preocupada.

- Pero ¿cómo... te has…?

Draco la miró a los ojos grises como los de él. Era misteriosa en más de un sentido, pero la blancura de su cara y esa mirada desinteresada le daba un aire de ingenua y tonta, a pesar de que era sumamente perceptiva e inteligente.

- No se lo digas a nadie. No quiero que lo sepan hasta que no este.

- Está bien.

Sonrió y salió caminando lentamente como si florara en el aire. Al llegar al umbral, se volteó y lo miró a los ojos mientras esperaba que salieran los últimos alumnos.

- Ten cuidado, usa orejeras, porque hay muchos Caizurflen en Durmstrang.

- Gracias, procuraré que no se metan en mi cabeza. Tú procura alejarlos de la cabeza de Potter, siempre le están rondando.

- Lo sé, pero Harry no termina de creerme. Por cierto, ¿puedo enviarte "El Quisquilloso" todas las semanas?

- Claro, sabes que me gusta leerlo mientras los demás no se enteren de ello. Envíalo envuelto para que no lo vean.

Se alejó a saltitos y Malfoy dejó escapar una sonrisa, mientras guardaba sus cosas para ir a cenar. Se apresuró en ver que Pansy se acercaba a él rápidamente. Metiendo todo el desorden en su bolso, salió chocando con Snape, quien ordenó su capa y le miró con desgana.

- Profesor Snape, justo quería hablar con usted – huyendo de Pansy, entró a una de las salas- No sé cuando vea a mi madre, ¿pero puede usted entregarle ésto? – extendió el diario que Snape tomó en sus dedos enseguida, como añorando algo que le diera la oportunidad de contactarse con Narcisa- y ¿podría prestarme su despacho esta noche? Necesito practicar algunos hechizos sin pronunciar las palabras.

Snape levantó una ceja y dejó escapar un suspiro, mientras guardaba el libro entre su capa. Salió de la sala y antes de cerrar, miró a Draco unos segundos para luego murmurar.

- Procura dejar todo ordenado. No quiero nada fuera de lugar y sal antes de las 9 am, tengo clases con los de primero.

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Durante la cena, el rubio notaba la mirada de Hermione, Luna y Pansy sobre él en todo momento, aunque intentó comer sin prestarles mayor importancia, aunque era inevitable sentirse observado. Aburrido de la presión, les devolvió la mirada notando como Luna y Hermione la desviaban, intentando disimular. Pero cuando volvió su mirada a Pansy, ésta le tomo la cara con ambas manos y sin previo aviso, lo besó hasta que él la empujó.

-¿¡Qué demonios te pasa! ¿Por qué me has besado? – la apartó por los hombros con los ojos abiertos, sin poder creer el arrebato de Pansy.

- Porque hoy te están mirando demasiado y no me gusta. Eres mío, sólo yo puedo mirarte con deseo.

- ¿Quién me ha estado mirando?

- Sabes bien quienes te están mirando. Siempre te miran todas, pero hoy es demasiado. Sobre todo de parte de Ravenclaw, no dejan de sonreírte.

- ¿Tú crees? ¿Será que yo le gusto?

Sonriendo complacido de la ira de Pansy, buscó la mirada de Luna, se limpió la boca con la servilleta y le sonrió. Notando que ella hacía lo mismo, lentamente, sin que Pansy pudiera creérselo, saludó con la mano a la rubia, mientras ésta le devolvía el saludo de la misma forma. Pansy, roja de rabia, se levantó de su asiento empujando el vaso de jugo en mis piernas, mojando mis pantalones y se alejó del gran comedor.

Cuando Draco volvió a buscar la mirada de Hermione, ésta estaba discutiendo con Ron. Mientras intentaba salir de la sala, sólo en ese momento, Draco se percató en ella y que lo más seguro no estaría nada feliz de haber visto como besaba a otra. Se cuestionó tanto si era correcto que la siguiera, que cuando al fin se levantó de su asiento, Hermione ya no estaba. Así que, fue a cambiarse de ropa, esperando que lo ocurrido no cambiara que ella fuera a la cita.

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Se duchó y cambió lo más rápido que pudo para salir en dirección a la sala común. Hechó una mirada para ver cuántos alumnos había y se asombró en notar que sólo había tres chicos de cuarto año jugando naipes. Salió por el retrato y allí, frente a él, estaba Hermione con los brazos cruzados apoyada en la pared. No necesito deducir mucho, pues la cara de ella lo reflejaba, llevaba en la frente un cartel que decía "celos" en fluorescencia. Se acercó y le tomó la muñeca con libertad, pues estaban solos.

- Snape nos prestó su despacho. Vamos antes de que alguien nos vea.

Ella no dijo nada. En llegar a la puerta del despacho, ésta se abrió sola y Draco entró mientras la tiraba por la muñeca para que hiciera lo mismo. En cuanto la cerró, Hermione volvió a cruzarse de brazos y masculló molesta.

- ¿Qué querías hablar conmigo? – miró a otro lado, notando la oscuridad del despacho. Era tenebroso y nada acogedor, pero al menos los iluminaban algunas velas flotando.

- ¿Recuerdas a tu amigo el Hurón? Tengo algo que contarte de él.

- ¿Lo has visto? – Hermione le miró ilusionada bajando los brazos. Estaba preocupada, el Hurón había pasado a ser su amigo.

- Sí, ya sé a quien pertenece, pero quiere deshacerse de él. ¿Quieres que le pida que te lo regale?

- Pues si se va a deshacer de él, sí. Le he tomado mucho cariño y no quiero que nada malo le pase, ni mucho menos que lo dejen solo en alguna carretera.

Draco no pudo evitar desear quedarse junto a ella en la forma de Hurón y pedir ayuda para un clon o algo similar. Pero él no conocía hechizos tan avanzados y lo más seguro era que su padre lo notaría enseguida.

- ¿Querías hablar conmigo de un Hurón?- suspiró decepcionada y se apoyó en la mesa del profesor.

- Claro que no. Sólo quería que dejaras de estar celosa por el beso que me dió Pansy, para poder hablar de lo que realmente me importa.

- Yo no estoy celosa.

- Quería explicarte que el beso que Pansy me dió no fue nada. Me besó sin mi aprobación, me aparté en cuanto me di cuenta de ello.

- ¿Por qué me das explicaciones? – Draco pudo ver los castaños ojos de Hermione con la tenue luz, mientras se acercaba a ella.

- Sólo no quiero que pienses que tengo algo con ella, porque no es así… Además…

Ambos se quedaron en silencio. Hermione esperaba que él terminara de hablar, pero Draco miró a otro lado y cambió de tema.

- ¿Estás incomoda? – murmuró al notar que ella jugaba con sus manos, mirando la sombría habitación.

- Un poco. Por estar a solas contigo, por estar irrumpiendo las normas, porque este lugar no es nada acogedor…

Lamento no haber conseguido un lugar más cómodo, pero creo que ésto es mejor que el baño.

Ambos sonrieron relajándose un poco. Draco alejó dos sillas del escritorio y la invitó a sentarse junto a él, mientras con la varita acercó una cafetera y otras cosas para servir el café.

- Veo que conoces muy bien este despacho.

- Más de lo que me gustaría. He pasado mucho tiempo aquí. En un comienzo odiaba pociones, pero mi padre le pagó a Snape para darme clases particulares.

- Ahora entiendo porqué destacaste en segundo año y entiendo porqué me superaste al menos en esa asignatura. Hiciste trampa.

- Para nada, sólo estudiaba horas extras. Eso no tiene nada de malo ni anormal. Muchos alumnos de mi casa, lo hacen. Si tienes el dinero para pagarlo, claro.

- Ya entiendí, no hace falta que…

- ¿Cuántas de azúcar, Granger?

Ella le miró incrédula. Le había servido el té y se disponía a poner azúcar, mientras la miraba esperando respuesta.

- ¿Qué hizo que cambiaras, Malfoy?- la pregunta lo pilló desprevenido. Sonrió torpemente y bebió algo de su taza, mientras le entregaba Hermione la suya.

- Por lo de mi madre. Realmente estaba mal y sin saber la razón, irradiaste confianza. Todo lo que pensaba, se perdió cuando mi familia se… destruyó. Me importaba poco todo lo que me han inculcado.

- Entonces…. ¿ya no odias a los hijos de Muggles? – Draco dejó escapar una risa por la ironía de la vida.

- ¿Tres cucharadas está bien o quieres ponerle más? – Hermione afirmó, mientras bebía un poco para probar. Miró a Draco con una sonrisa de medio lado, esperando la respuesta

- ¿Aún les odias?

- No podría odiarles. No ahora. No estaría hablando contigo ahora mismo, ni mucho menos te habría besado.

Hermione agradeció no haber tragado, pues le habría escupido el té. Se sonrojó sin poder mirarlo, mientras él reía y bebía de su café.

- ¿No te arrepientes de haberlo hecho? Digo, soy una hija de Muggles y siempre te has mofado de mí por ello.

- No me pidas que me disculpe por ello, porque aunque he cambiado, mi orgullo no lo ha hecho. Pero no, no me arrepiento de haberte besado. ¿Lo haces tú?

- ¡No! -se sonrojó jugando con sus manos apoyadas en la taza, mirando su falda nerviosa- No me arrepiento, pero pensé que tú sí.

- No te besé para mofarme de ti, si eso es lo que crees.

- Entonces, ¿por qué lo has hecho?- levantó la mirada, incrédula, dejando la taza en la mesa.

- ¿Qué sientes tú por mi, Granger? ¿Soy sólo un enemigo para ti? ¿Me has mirado alguna vez como hombre que soy?

- No se responde una pregunta con otra. Es de mala educación, Malfoy- cada vez que decían el apellido del otro, salía cada vez con más aspereza.

- Te besé porque quería hacerlo. Porque me dieron ganas de hacerlo y no vi ninguna razón para no hacerlo – dejó la taza junto a la de ella y movió un poco la silla para quedar frente a ella- supe por terceros que no dejabas de mirarme y que tal vez sentías algo por mi. ¿Es eso verdad?

-Yo… -Hermione se sintió acorralada, sin saber que responder, pues ni ella terminaba de entender sus propios sentimientos- aún no estoy tan segura de ello, pero sí, creo que puede que me gustes… un poco.

Draco sonrió ampliamente y puso las manos en la cara de ella, notando como se ponía aún más nerviosa de lo que ya estaba.

- ¿Quieres que terminemos de descubrir eso?

Ella se quedó en silencio, mientras miraba los ojos del rubio intentando saber si era una broma o estaba siendo sincero.

- ¿Acaso no quieres?

- Quiero terminar de entender qué es lo que me está pasando- susurró Hermione, cerrando los ojos ya resignada. Él no tardo en acercarse y besarla, esta vez pasando la mano por la cintura de ella para cortar la distancia entre ellos. Lentamente puso una de sus manos en el cuello de ella acariciando la zona, mientras sus labios atrapaban los de ella con experiencia.

Hermione intentó controlar su cuerpo, pero su corazón palpitaba tan acelerado que temió que le diera un paro cardiaco. Su boca respondía a los movimientos de él sin parar. El aire le faltaba y las mejillas estaban cada vez más calientes. Puso su mano en el pecho de él para intentar separarlo, pero fue entonces cuando sintió la lengua de Draco buscar la suya y no pudo negarse. El estomago tenía un cosquilleo extraño, no era de hambre ni de dolor, pero la hacía sentir mareada y para concluir, una leve excitación humedecía su ropa íntima, pidiendo ser atendida. Apartó a Draco como pudo y tomó una bocanada de aire.

- Está claro… Sí.. me gustas.