17 de noviembre de 2032

Instituto William Mckinley

2:45Pm

-¿Estás segura de esto Ashley?

Rachel caminaba con su hija quien miraba los pasillos con autentica emoción. La morena no entendida cual era el afán de la chica de que la inscribiera en aquel instituto.

-Mamá, no sabemos cuanto tiempo vamos a estar por aquí y no puedo permitir que mi educación se vea perjudicada por eso – le contestaba mientras observaba a los chicos que salían de clase e iban directo al comedor.

-Hablaremos con Mr. Schue y si él nos da el visto bueno, lo pensaremos ¿De acuerdo? – miró a la chica quien asintió de mala gana – Cariño – le acarició la mejilla – no sé cuánto tiempo estaré en Lima…además ¿Esto no tendrá que ver con aquella chica que te llamó la atención? – sonrió pícaramente

-¡Por Supuesto que no! – exclamó enfadada mientras se sonrojaba.

Luego de que se había topado con aquella chica rubia y su madre en el taller, había sentido maripositas en su estomago y al escucharla decir que se inscribiría en aquel instituto, llegó con la idea a su casa, en donde, prácticamente obligó a Rachel a salir de casa para ir a que la inscribiera.

Cuando llegaron a la oficina de , La chica se dedicó a jugar en su móvil sin prestar atención a la conversación de los adultos. Pasados varios minutos, guardó el teléfono en el bolsillo de su chaqueta y miró a su madre indicándole que iría al baño.

Caminó por los pasillos buscando los baños, cuando se topó con una chica rubia quien se encontraba sacando algunas cosas de su casillero.

-Disculpa – se acercó a ella haciendo que la chica la mirara de reojo

-Eres nueva por aquí ¿Verdad?

-Sí

-Lucy Jenner – se presentó antes de girarse hacía su casillero y terminar de buscar sus libros.

-Ashley Weston – se mordió el labio superior – ¿Podrías indicarme en donde quedan los baños?

-Caminas todo recto y luego giras a la derecha y allí está – le indicó cerrando su casillero – nos vemos.

-Gracias – siguió el camino indicado por Lucy.

Cuando estaba bajando la cadena, escuchó que la puerta se abría. Sin prestarle mayor atención al asuntó, salió del cubículo, chocándose sin querer con alguien y cayendo al suelo por el impacto.

-¡Por que no te fijas! – exclamó sin mirar a la extraña – Siempre se debe mirar por donde se camina.

-Eso podría decírtelo yo a ti – contestó secamente la otra chica que la miraba de píe – y fuiste tu quien chocó conmigo.

-¡Mira estup…! – las palabras muriendo en su boca al ver con quien se encontraba hablando – tienes toda la razón fue mi culpa – aceptó rápidamente haciendo que la otra chica frunciera el ceño – tengo muchas cosas en la cabeza y…

-Vale, no me interesa – le tendió la mano para que se apoyara y se levantara.

-Gracias – murmuró sonrojada.

-No hay de que – se giró nuevamente hacia el espejo, permitiendo que Ashley la contemplara a través del espejo, La chica se veía diferente a como ella la había visto en horas de la mañana, más que nada por un nuevo accesorio que adornaba su nariz. A ella nunca le había parecido atractivo alguien con perforaciones y tatuajes, pero esta chica tenia algo que la hacía lucir increíblemente sensual.

La otra chica se había percatado de la manera en que Ashley la miraba y arreglando un poco su cabello y sin más se marchó de allí.

Luego de que se quedará sola, Ashley se lavó las manos y la cara para despejarse un poco, estaba siendo ridícula y había quedado fatal ante la chica que le gustaba. Al menos, ahora sabia que si iba a estar en ese instituto.

Perdida en sus pensamientos, llegó a la oficina de Mr. Schue donde encontró a su madre charlando con un chico de aproximadamente su edad.

-Allí viene – dijo su madre al chico cuando se acercó a ellos – ella es Ashley Weston, mi hija – la presentó orgullosa al adolescente que la miraba con una sonrisa triste – no te pongas así – le dijo apretándole el hombro

-Es solo que… – suspiró profundamente – un gusto, Kurt Hummel.

-¿Hummel? – preguntó confundida. El chico tenía el apellido del dueño del taller. Abrió sus ojos sorprendida cuando se dio cuenta, que aquel chico que ahora la miraba extrañado, era amigo de aquella chica del baño.

-¿Esta todo bien? – preguntó Kurt algo incomodo, pensando que la chica lo había reconocido por los eventos del avión.

-Sí, es solo que…acabado de notar que tienes el apellido del dueño del taller de mecánica – contestó sonrojada, haciendo que Kurt y Rachel rieran levemente.

-No pasa nada – dijo ahora más relajado.

-¿Viniste solo?

-No, vine con…

-¿Kurt? – Mr. Schue había escogido ese momento para salir, haciendo que Ashley maldijera mentalmente ¡Había estado a punto de saber el nombre de la chica!

-Hola Mr. Schue – saludó el chico tímidamente, haciendo que Will lo jalara para darle un abrazo.

-¡No puedo creerlo! – exclamó visiblemente emocionado – cuando lo vi en las noticias… – sollozó soltando al chico – lo lamento mucho Kurt

-No fue culpa de nadie – miraba a su amiga y su maestro tristemente – son cosas que pasan, que realmente no pensé que fueran posibles, pero, al parecer pasan – dijo con una sonrisa haciendo que los otros dos negaran.

-¿Vas a retomar tus estudios? – le preguntó Will

-Sí, a eso veníamos

-¿Veníamos? – preguntó confundido – ¿Con quién?

-Conmigo – escucharon una voz que hizo que los 4 se giraran

-¡Quinn! – exclamó Will soltando unas lágrimas. Sus 2 estudiantes, aquellos que pensaba que habían desaparecido para siempre y ahora los tenía al frente suyo – ven aquí y dame un abrazo – extendió los brazos antes de abrazar a la rubia quien gustosamente lo recibió – me alegra mucho que estén bien.

-Hola de nuevo – saludó mirando a la chica que estaba tras Rachel – hola – esta vez mirando a la chica

-¿Qué te hiciste en la nariz? – le preguntó Rachel al verle la perforación.

-Aún tenía el huequito para el arete así que decidí volvérmelo a colocar – contestó encogiéndose de hombros – ¿Te gusta?

-Estás loca…te presentó a Ashley, mi hija – dijo tomando la mano de la susodicha.

-Un gusto – se pasó la lengua por los labios – Quinn Fabray – le extendió su mano, pero la chica parecía que se encontraba en un trance.

-¿Podemos hablar un momento madre? – se dirigió a Rachel ignorando por completo a Quinn – es importante.

-Está bien…

-¡Esperen! – exclamó Quinn cuando empezaban a alejarse logrando que madre e hija se detuvieran – un segundo – se acercó a Rachel y le dio un pequeño beso en los labios – ahora sí – sonrió – te veo más tarde – le dio otro beso antes de volver donde estaba Kurt.

-¡Vamos! – exclamó furiosa tirando de su madre.

-¿Se puede saber que te pasa? – preguntó Rachel cuando llegaron a las gradas.

-¡Es ella mamá! – exclamó con los ojos llenos de lágrimas – ¡Es ella!

-¿Qué quieres decir? – la voz a Rachel le temblaba.

-La chica que me gusta, es la chica que fue o es tu novia – se tapó la cara mientras lloraba – creo que lo mejor será que yo vuelva a Nueva York con mi padre.

-Espera Ashley – le limpió las lágrimas que caían en cascada por el rostro de su hija – Quinn y yo no somos nada…ayer salimos y ella me pidió una oportunidad para volver a conquistarme – escuchó otro sollozó de su hija que le estaba partiendo el alma – yo le dije que sí, pero dadas las circunstancias es mejor dejar todo esto aquí.

-Mamá…

-Ahora más tarde hablaré con Quinn y le explicaré la situación – besó la frente de su hija – eres lo más importante para mi Ash y nada ni nadie podrá cambiar eso.

-Pero tú la amas.

-A Quinn le tengo mucho cariño, pero no la amo y ayer se lo dije, así que para evitar que ella se siga haciendo más ilusiones es mejor terminar esto.

-No es necesario mamá – dijo tomando las manos de su madre – ya te dije, yo puedo irme a Nueva York con mi padre y tu quedarte aquí con ella.

-No Ashley – negó suspirando – nos vamos a Nueva York juntas, es mejor así…

-¿Qué pasará con Quinn?

-No lo sé cariño, no lo sé – abrazó a su hija que seguía soltando algunas lágrimas que se mezclaban con las de su madre. Su primera ilusión amorosa y era con la chica que estaba enamorada de su madre.

Rachel le entregó la tarjeta del auto indicándole que la esperarse allí mientras ella resolvía este problema con Quinn. Realmente no pensó que fuese ella la ilusión de su hija.

Cuando la encontró, Quinn se encontraba charlando con Kurt y otros 2 adolescentes de los cuales el chico, la miraba como si fuese la 8 maravilla del mundo "Genial, otro adolescente interesado en ella" pensó acercándose a ellos

-Quinn – la llamó haciendo que Quinn se girara hacia ella con una sonrisa – ¿Podemos hablar un momento?

-Seguro, nos vemos en la casa – les dijo a los 2 adolescentes que se marchaban de allí con Kurt algo conmocionado – ¿Qué sucede? – preguntó cuando se encontraron solas.

-Esto no puede seguir

-¿De que hablas? – el leve pánico en la voz de Quinn hizo que Rachel se sintiera terriblemente mal por lo que iba a hacer,

-Quinn, mírate y mírame – se giró hacia donde los 2 adolescentes con Kurt las miraban desde lo lejos – ese chico te mira como si fueras una Diosa y

-¡Espera! – exclamó divertida pensando que por eso Rachel estaba diciendo lo que estaba diciendo – es Jacob – sonrió de lado – es mi sobrino

-¿Tu sobrino? – preguntó sorprendida – ¿Y tu sobrino te mira así y no te molesta?

-Frannie y yo hablamos con él, pero es un chico apenas, sabe que jamás pasara lo que esta pensando, así que no tienes nada de que preocuparte mi amor – la tomó de las manos – yo solo tengo ojitos para ti

-Quinn por favor – le soltó las manos haciendo que la rubia frunciera el ceño – mañana regreso a Nueva York y no sé cuándo volveré.

-¿De qué hablas?

-Jesse y yo le vamos a dar otra oportunidad a nuestro matrimonio – mintió sabiendo que la chica quedaría dolida con ella por eso.

-¡Mientes! – exclamó con la voz entrecortada – dime la verdad Rachel ¿Esto tiene que ver con tu hija? – se pasó la mano por la nariz – ¿No acepta que salgas con otra mujer?

-Le gustas – murmuró haciendo que Quinn la mirará sorprendida – hace unos días llegó a casa y me dijo que había visto a una chica rubia muy linda con su padre y que había quedado prendada de ella. Hoy en la mañana, después de que llegó del taller de Burt, me dijo que quería inscribirse aquí y ahora se que es por ti.

-¿Me estás hablando en serio?

-No puedo hacerle esto a mi hija Quinn, tienes que entenderlo ¡No puedo! – negó dando varios pasos hacia atrás – lo siento Quinn, pero esto, sea lo que sea que tuviéramos, no va más.

-Pero Rach…

-Adiós Quinn – se alejó de la chica antes de que la pudiera tocar y salió de allí a toda prisa hacía el estacionamiento donde vio a su hija encogida en el asiento del copiloto.

-¿Estas bien?

-Sí cariño – dijo encendiendo el auto – llama a tu tía San y dile que mañana regresamos a casa – se alejaba de allí mientras por el retrovisor veía a Quinn parada allí observándola a lo lejos.