Una nueva actualización, corregida y ampliada. Al igual que la vez anterior, he unido dos capítulos que eran demasiado cortos, para hacer uno mas largo e intenso…

Espero que os guste…

Los personajes de Ramma no me pertenecen, solo la historia es mía.

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Capítulo 7

La joven intentó prepararse mentalmente antes de darse la vuelta y enfrentarlo, pero sabía que no le serviría de mucho. Sentía las piernas como si fuesen de gelatina, y el corazón le latía desbocadamente dentro del pecho. Solo esperaba no darle la satisfacción de caerse al suelo delante de él. Desconocía el aspecto real que tendría ahora, pero se podía hacer una idea aproximada por todas las fotos suyas que habían salido publicadas en las revistas a lo largo de estos años, aunque eso no la preparó para lo que vio cuando enfrentó su mirada.

Bueno, enfrentar su mirada era un decir, ya que cuando se dio la vuelta lo único que tuvo frente a sus ojos era la imagen de un torso masculino cubierto por lo que parecía ser una camiseta negra de manga corta, que se ajustaba a su fuerte pecho, dejando también a la vista unos brazos extremadamente musculosos.

La joven tragó saliva y fue poco a poco subiendo la vista lentamente… Mas pecho masculino,… Tragó con fuerza y siguió su torturante recorrido visual. Unos tonificados pectorales, unos anchos hombros, el principio de un fuerte cuello,.. ¡Oh por kami!.. ¿Es que esto no va a acabar nunca?.. Mas cuello, un mentón sombreado por una incipiente barba, y... ¡por fin!.. la cara.

Akane tenía la cabeza totalmente echada para atrás y solo así era capaz de verle el rostro. Un rostro muy apuesto, todo había que decirlo. ¡Akane estúpida! ¡Reacciona! Instintivamente retrocedió unos pasos para poder mirarlo sin tener que sufrir una horrible tortícolis el día siguiente, ni sentirse absurdamente pequeña. Por un momento llegó a pensar que estaría subido en algún sitio, pero cuando lo miró bien se dio cuenta que su ex -prometido había alcanzado una dimensiones enormes.

- Ho...hola... Ramma.

El no le contestó, simplemente se limitó a mirarla intensamente como si quisiera descubrir algo no visto con anterioridad. Akane se movió incómoda. Se sentía como si fuera un indefenso y extraño insecto, que estaba siendo examinado bajo un microscopio.

Estaba segura de que ya le habría encontrado una lista larguísima de defectos, la cual, no tardaría apenas nada en refregárselos por la cara con la brutalidad que acostumbraba. Nunca en toda su vida se sintió mas insegura que en ese momento. Su escasa estatura y su fragilidad, le era más penosa que nunca. Durante todo el tiempo que estuvo en la universidad, nunca se sintió en desventaja o inferior de alguna manera, por el contrario, era considerada hermosa y agradable, sabiendo además, que despertaba la admiración en no pocos jóvenes.

Pero ahora, encontrándose de nuevo frente a él, todos sus antiguos complejos e inseguridades se hacían de nuevo presentes como cuando era una adolescente. No pudo evitar pensar, que solo era una chica menuda y sin gracia, sobre todo, si se comparaba con todas esas modelos y bellezones que solían acompañarle a menudo. Mujeres de mundo, con experiencia y un gran atractivo, con las que seguramente habría compartido muchos y seguro que "buenos momentos".

Durante breves instantes se dejó dominar por la depresión y su autoestima bajó varios puntos, pero entonces recordó todas las conversaciones mantenidas con Amy y los consejos que esta le había dado en las escasas ocasiones en que abrió su corazón ante su amiga, contándole todo lo que había sufrido por el insensible artista marcial. Las palabras de la chica retumbaban en su cabeza y armándose de valor, decidió que ya no se dejaría humillar más. Ya no era aquella criatura insegura de la cual solía burlarse. Ahora era una mujer fuerte y decidida que afrontaría lo que hiciese falta. Así que, sacando fuerzas de flaqueza, se puso las manos sobre sus caderas y alzó la mirada.

- ..Y bien… ¿He aprobado?

Ramma enarcó una ceja con un gesto burlón. Le hacía gracia aquella nueva pose de Akane con la que parecía querer sorprenderle.

- Perdón, ¿Cómo dices?

Esta suspiró con hastío mientras le miraba a los ojos.

- Solo preguntaba que si he pasado tu examen…Vamos, que si he aprobado.

El joven dio un ligero paso hacia atrás y puso su mano bajo su barbilla con gesto pensativo.

- ¿Qué te hace pensar que te estaba evaluando?…

- No sé. Quizás el escrutinio que parecías estar haciéndome…- replicó con dureza. El joven soltó una leve carcajada.

- Disculpa. No pretendía molestarte… En realidad solo estaba intentando adivinar algo...

- ¿Si?- Lo miró algo sorprendida por su repentino cambio de actitud. - ¿Qué?...

Este se inclinó exageradamente hasta ella, haciendo resaltar la diferencia de altura entre ellos.

- Tu altura… ¿Qué mides Akane?..¿Llegas al metro y medio?

Ramma vio la cara de la joven enrojecer de rabia y se deleitó con el espectáculo. Había estado preparándose para este encuentro desde que semanas atrás, su madre comentó que Akane volvería a casa al terminar la universidad.

No sabía como reaccionaria al verla. Si los sentimientos que aun tenía por ella, saldrían al exterior ó no. El se había encargado durante estos años de relegarlos al más profundo y oscuro rincón de su alma para evitar el profundo dolor que le producían. El amor que había sentido por la jovencita de azulados cabellos durante su adolescencia, no había menguado ni un ápice durante este tiempo, por mucho que había intentado superarlo sin conseguirlo. Se sentía indefenso ante ella y no quería por nada del mundo, volver a sucumbir, o bien que la chica notase lo fácilmente que él se convertiría en maleable arcilla en sus pequeñas manos.

Por eso había decido que la mejor defensa era un buen ataque. Volvería a tratarla como cuando eran adolescentes. Esa época en la cual él era capaz de fingir que ella no le "gustaba", y en la cual esa actitud, le sirvió tanto para esconder lo que verdaderamente sentía.

Era cierto que había estado en cierta manera, "evaluándola", y como siempre tenía un sobresaliente. Era simplemente perfecta. Su rostro seguía siendo lo mas bonito que había visto en toda su vida y su cuerpo aun tenía el mismo efecto sobre el.

Había dejado de ser una adolescente, eso saltaba a la vista, y aunque apenas había crecido en estatura, pues seguía siendo menuda y de aspecto delicado, sus deliciosas curvas de mujer eran más que evidentes. Deslizó sin poder evitarlo, la mirada a lo largo de la figura de la joven, fijándose minuciosamente en cada detalle de su cuerpo, como queriendo dejarlo grabado a fuego en su mente.

Sus cortos y sedosos cabellos, negros como ala de cuervo. Sus hermosos y expresivos ojos castaños, su nariz chiquita y algo respingona, sus sensuales labios, su cuello suave y esbelto, su pecho, su breve cintura, sus caderas suavemente redondeadas y por ultimo, sus preciosas y torneadas piernas. Controlando el repentino deseo que sintió brotar en su interior, consiguió aparentar la suficiente frialdad cuando finalmente volvió a mirarla al rostro para hacerle el último comentario:

- Te pregunto esto, porque veo que sigues siendo tan .. tan... minúscula como siempre- le dijo mientras la miraba de arriba abajo nuevamente con detenimiento y sin dejar de sonreír. - Aunque hay que admitir, que ciertas partes de ti, sin han crecido algo más…

Su mirada se centraba tan descaradamente en su pecho, que la joven enrojeció aun más de lo que ya estaba. El joven notando la situación tan embarazosa por la que estaba pasando, decidió picarla aun más y haciendo el amago de intentar tocárselo añadió con un risita.

- Uhmm…no sé… ¿No será quizás que estés usando relleno?..¿Verdad?- volvió a insistir disfrutando de la ira que relampagueaba en sus ojos. - Bueno, si no es ese el caso, entonces ahora tal vez… pueda dejar de llamarte tabla de planchar.

La joven sintió que la ola de rabia que se estaba formando en su interior pronto alcanzaría las proporciones de un Tsunami. Si pudiera cogería a este gilipollas, presumido, egocéntrico y tarado engendro, por la parte de su anatomía, de la cual seguramente estaba más que orgulloso, y se lo retorcería… se lo retorcería…y se lo volvería a retorcer, hasta que la posibilidad de que otros de su misma casta llegaran al mundo, quedara reducida a la nada.

Lo miró con ganas de asesinarlo. La furia hervía en su interior haciéndola sentir como si fuese a explotar como un volcán… ¡Esto era el colmo!.. Era lo mismo que cuando estaban en el instituto. ¿Pero que se creía este imbecil? Ella no estaba dispuesta a dejarse humillar,…a dejarse pisotear, a... a dejarse insultar por alguien como él, tal y como hacía antes... ¡AAAHHH! ¡Se iba a enterar! Sencillamente…¡era un redomado imbecil…! ¡NO LO SOPORTABA!

Cerró los ojos y aspiró aire con fuerza intentando llenar sus pulmones mientras contaba mentalmente hasta diez. No iba a darle la satisfacción de verla perder los papeles como solía pasarle cuando era adolescente. Tenía que intentar calmarse antes de contestarle. Cuando creyó que su pulso no amenazaría con reventarle las venas, volvió a abrir lentamente sus ojos. Exhaló entonces el aire muy lentamente y estirándose al máximo, como esperando conseguir unos centímetros extras, lo miró con mala cara y le replicó:

- Si solo sabes burlarte de mí por mi estatura y presumir por la tuya, es que eres más idiota e inmaduro de lo que recordaba.

Ramma sonrió levemente ante el comentario pero se mantuvo en silencio mientras ella seguía con su pequeño y airado discurso.

- No esperaba el recibimiento del mejor de los amigos…- empezó diciendo viendo como él cruzaba los brazos sobre su pecho y la observaba atentamente. - sobre todo teniendo en cuenta la forma como nos separamos, pero esto...esto raya ya en el absurdo. Tu actitud es totalmente infantil. Tienes el comportamiento de un auténtico cretino,… y cuanto mas grande... más cretino. Así que mejor me voy. No pienso seguir perdiendo mi tiempo con esta estúpida conversación.

Se encaminó muy digna hacia la salida del dojo, cuando la alta figura de Ramma le cortó el paso. Ella le lanzó una mirada interrogante y él le sonrió de medio lado antes de contestarle:

- Perdóname. - le dijo. Akane abrió completamente los ojos por la sorpresa. A estas alturas ya no esperaba una disculpa por parte del joven. Quizás había sido demasiado dura con él. Este se inclinó levemente para mirarla a los ojos y seguir hablando con una beatífica sonrisa en sus labios. - Tienes toda la razón. Me he comportado como un idiota. Es la fuerza de la costumbre. Por favor acepta mis disculpas y vamos a darnos el beso de bienvenida.

La chica lo miró con la boca abierta ante la actitud del joven. O bien había cambiado mucho, o por otro lado, se estaba burlando nuevamente de ella. Al oír la última frase, Akane se inclinó por la segunda opción.

- No nos dimos ningún beso de despedida – respondió hoscamente. - así que no veo la necesidad de darnos uno de bienvenida. ¿No crees?

Se sentía bastante nerviosa y alterada, pero sobre todo muy confundida. A pesar de creer que su ex-prometido estaba intentando tomarle el pelo, algo en su interior le decía que respecto al beso, no estaba bromeando y quizás se estuviera planteado besarla realmente.

Se reprendió mentalmente. No estaba en sus planes besar al joven. El único beso que habían compartido no había sido precisamente un dechado de ternura, por el contrario fue un momento bastante tenso que aun conservaba muy fresco en su memoria, y que por nada del mundo, pensaba repetir.

- Bueno, eso tiene muy fácil arreglo. ¿Sabes?

El chico la mirada divertido atento a todas y cada una de sus reacciones. La chica estaba indiscutiblemente pasando un mal rato, pero él egoístamente lo estaba disfrutando. Era su pequeña venganza por los malos tiempos pasados que le tocó vivir.

Se inclinó de nuevo hasta que su cara quedó a escasos centímetros de distancia del sonrojado rostro de su antigua prometida. Entrecerró los ojos convirtiéndolos en dos estrechas y azuladas rajas y volvió a sonreír con prepotencia, mostrando una hilera de deslumbrantes y blancos dientes.

- Primero te beso para despedirte- le dijo bajando su mirada hasta posarla sobre sus labios. - y luego…- continuó subiéndola nuevamente hasta sus ojos. - te vuelvo a besar para darte la bienvenida al hogar. Es lo justo… ¿no?

La respiración de Akane era ya tan ruidosa que estaba segura que la oirían desde la casa. La situación no la controlaba y lo único que quería era salir de allí a como diese lugar.

- ¿Pero qué te pasa? ¿No te cansas de incordiarme? – replicó casi hiperventilando consiguiendo que el moreno ampliase su sonrisa satisfecho. - Por favor, no emplees conmigo ese aire de seductor barato. No te va a resultar. Yo no soy una de esas tontas que caen rendidas a tus pies, ni voy a formar parte de tu lista de conquistas. Así que no pierdas el tiempo, ni por favor, me hagas perder el mío. - dijo mientras hacía el ademán de apartarlo de la puerta para poder pasar y salir lo mas rápidamente posible.

Ramma enarcó una ceja con gesto interrogante y luego sonrió con malicia, mientras le volvía a interceptar con su cuerpo.

- ¡Vaya...Que sorpresa! .. ¿Así que no has podido resistir la tentación de curiosear en los secretos íntimos de mi vida sentimental?

- ¿Sentimental? .. ¡Sexual, querrás decir! ¿No? Porque que yo sepa, nunca has tenido una relación medianamente estable.

Akane respondió sin poder evitar que los celos imprimiesen un tono rencoroso en su voz. Ramma disfrutó de la explosiva reacción de la chica y acercando su rostro al oído de ella, susurró junto a su delicado lóbulo.

- .. Uhmm…¿Estas celosa cariño?

- ¡¿Yo?¡ ¡Ni en tus mejores sueños! ¡Imbécil!

Akane empezó a temblar sintiendo la cara arder, sin saber si por vergüenza o por rabia. El joven Saotome se retiró a una prudencial distancia, sin dejar de observar a su sulfurada acompañante.

- Bueno, pues no lo parece. En fin, no hagas mucho caso a todo lo que se publica. Ya sabes lo que pasa, las revistas inventan muchos chismes para poder vender mas ejemplares. Supongo que estos son los inconvenientes que tiene el ser considerado un.. "dios del sexo"- respondió el joven mientras guiñaba un ojo a la chica.

Akane no podía creer lo que estaba escuchando. El tipo era aun mas presumido que cuando lo dejó. Suponía que el éxito que había alcanzado dentro del mundo de las artes, unido al hecho de que su imponente físico le proporcionaba que montones de mujeres estuviesen mas que dispuestas a compartir la cama con él, había propiciado que su ego si inflase más que un zeppelín.

Akane rodó los ojos pensando que esta conversación era del todo surrealista. Muchas veces había imaginado e incluso fantaseado, como sería su reencuentro con Ramma, pero nunca ni en sus peores pesadillas, imaginó una escena tan absurda y descabellada como esta. Él intentando coquetear con ella y ella a su vez, recurriendo a toda su fuerza de voluntad para no tirarse a sus brazos y dejar que le demostrase que realmente era ese "dios del sexo" tal y como proclamaba.

- Bueno, ¿Qué hay de ese beso? – preguntó con una sonrisa seductora mientras se acercaba de nuevo peligrosamente a la joven.

La joven lo miró sin saber si sentirse asustada o ansiosa. Esto estaba ya descontrolándose en grado superlativo, y eso era precisamente lo último que deseaba.

-¡Ramma! ¡Hijo! ¿Estas ahí? - La ansiosa voz de Nodoka se escuchó providencialmente a la entrada del dojo.

Akane agradeció internamente a los dioses por la afortuna interrupción. Aunque el joven por el contrario, le sentó como una patada en el estómago. La inoportuna aparición de su madre había acabado con el intenso momento en el que casi había conseguido poner a la joven contra las cuerdas. Prácticamente saboreaba ya su segura victoria frente a ella cuando fueron interrumpidos.

Tremendamente irritado, y sintiendo que nunca estuvo más cerca de gritarle de mala manera a su madre, le contestó con hastiada voz.

-Siii, mama. Estoy aquí.

Nodoka entró en ese momento en el dojo y los miró primero al uno y luego a la otra con una clara interrogación en su cara. Estaba mas que convencida de que había interrumpido algo "interesante" e interiormente, se maldijo por ello. Al parecer los dos estaban bastante nerviosos y eso era muy buena señal. Solo esperaba que su hijo esta vez hiciera bien las cosas y no dejara escapar de nuevo a la chica.

- Perdón chicos, no sabía que estabais charlando. Kasumi ha preparado té y venía a avisaros. Pero, no hay prisa. Seguid, seguid con lo que estabais haciendo.

- Gracias, tía Nodoka, pero solo estábamos saludándonos y ya habíamos terminado. – respondió la joven inmensamente aliviada. - Vamos ahora mismo a tomar ese té.

Y diciendo esto, la chica salió con paso decidido y sonriente ante la atenta mirada de la madre y la intensa del hijo.

…//…

Estiró los brazos al máximo para desentumecer los agarrotados músculos y bostezó ruidosamente. Al momento se sonrojó pensando que alguien pudiera haberla oído, pero de inmediato recordó que ese "alguien" no vivía habitualmente en la casa. Tenía un "precioso y amplio apartamento en la mejor zona de Tokio, cerca del centro y bla, bla bla..." según la explicación, que sin venir a cuento y sobre todo, sin que ella hubiese demostrado el mas mínimo interés por tener, le facilitó amablemente su tía Nodoka.

Así que lo mas seguro, era que en ese preciso momento estuviese en su propio nidito, reponiéndose de su agitada noche con alguna fresca y sin pensar para nada en ella, pensó con enojo. Al momento, sacudió la cabeza para hacer desaparecer esos estúpidos pensamientos. ("Joder Akane, él ya no es nada para ti ")

Se masajeó con impaciencia las sienes mientras enumeraba una tras otra, todas las razones por las que no le convenía colgarse de nuevo de él. Una suave melodía la sacó de sus pensamientos y se giró hacia su mesilla para alcanzar el móvil que era el causante de la dichosa musiquita. Sonrió con alegría al ver el número que aparecía llamando. ¡Por fin algo agradable!

- Hola princesa.

La varonil y agradable voz le provocó un calorcillo en su pecho y con una sonrisa contestó.

- Hola amor. Pensé que no me llamarías hasta la noche…

- Bueno, es que ya te echaba de menos... y no podía esperar para escuchar tu voz…. ¿Que estas haciendo?

- Pues... ahora mismo nada. Acabo de despertarme y aun estoy en la cama. Pensaba ir a la ducha antes de bajar a desayunar… ¿y tú?

- Humm. …¿Qué llevas puesto…?

La joven enrojeció de golpe e hizo el gesto de taparse con la sábana, hasta que se dio cuenta de que no podía verla.

- ¡Koji! ¡Eres un pervertido! ¿Cómo se te ocurre preguntarme eso?

- Bueno, soy tu novio ¿no?.. Y hace mucho que no estamos juntos. Tengo derecho a fantasear un poquito… ¿No te habrás puesto ese camisón que te regalaron tus amigas, verdad? …Ya sabes que tienes que reservarlo para mí…

- ¡Oh, eres un caso! No debería habértelo enseñado…

- Pero ¡¿Qué dices?! – la voz sonó falsamente enfadada. - Ese camisón ha sido protagonista de mis mejores sueños…

Ambos rieron por el comentario y siguieron hablando durante unos minutos hasta que el rugido de un fuerte motor la distrajo de la conversación. Le extrañaba oírlo tan cerca. Parecía que estaba justo dentro del propio jardín del dojo. Esto picó su curiosidad y decidió averiguar que era. Con un beso se despidió de su novio, prometiéndole volverlo a llamar en un rato y colgó el teléfono, dejándolo de nuevo sobre la mesilla.

Se levantó para poder mirar desde la ventana y descubrir al causante de ese ruido. Apartó la cortina y sus ojos contemplaron a un individuo con una enorme moto de color negra que estaba aparcando frente a la puerta del dojo. Se quedó como hipnotizada mientras lo veía maniobrar fácilmente con la maquina. Era indiscutiblemente un modelo nuevo y aparentemente muy potente. Ella no sabía gran cosa de motores ni de autos, pero estaba muy segura de algo. Esa motocicleta en concreto, debía costar una pasta.

A pesar de llevar puesto el casco, sabía perfectamente que el que manejaba la motocicleta era el causante de sus desvelos. Nadie tenía ese porte ni actuaba con ese aire de seguridad. Sus movimientos desprendían un aire de arrogancia, que resultaba para su completo enojo, verdaderamente seductor. Se preguntó que estaría haciendo allí tan temprano. Por lo que oyó la noche anterior, no solía frecuentar mucho el dojo; por el contrario solo iba de vez en cuando a la hora de la cena para visitar a sus padres. No se percató del tiempo que llevaba mirándolo fijamente desde la ventana de su habitación, hasta el momento en que Ramma desprendiéndose del oscuro casco, la miró fijamente con una ceja alzada y una amplia pero maliciosa sonrisa.

- Buenos días Akane- le gritó haciendo un leve gesto de saludo con la mano. Luego guiñando uno de sus ojos añadió con voz ronca. - ¡Precioso camisón! …Uhmmm... Me gusta…

Akane miró rápidamente hacia abajo y vio con los ojos desorbitados, a lo que el cretino motorista se refería. El sugerente camisón que llevaba puesto, que evidentemente ya era famoso, era el mismo al que minutos antes había hecho alusión su novio. El mismo que sus alocadas amigas le habían regalado en su último cumpleaños para: "Ayudarla a superar el trauma de su virginidad". Naturalmente esto se lo habían dicho entre risas después de haber bebido como esponjas durante todo la fiesta. No sabía por qué se lo había puesto esta noche. Quizás por que hacía muchísimo calor y la verdad es que al tener tan poca tela era muy fresquito, pero no esperaba que nadie, especialmente él, la viese con esas fachas.

Frustrada y terriblemente avergonzada, dio un grito y se ocultó dentro de la seguridad de su habitación, mientras escuchaba de fondo las sonoras carcajadas de Ranma.

…//…

- Buenos días, mamá.

Nodoka se giró rápidamente para ver como la alta figura de su hijo entraba en la cocina del dojo llevando el brillante casco en una mano y los guantes y las llaves en la otra.

- ¡¡Ranma!! ¿Qué haces tú por aquí?

La exclamación de una sorprendida Nodoka al ver aparecer a su hijo tan temprano un domingo por la mañana, pareció molestar al joven que hizo un gracioso mohín de disgusto.

- ¡Vaya mamá! ¡Cualquiera diría que no te alegras de verme! – le respondió el joven cogiendo un panecillo de la mesa y metiéndoselo de un solo bocado en la boca.

Su madre golpeó fuertemente la mano del chico cuando intentaba coger el segundo dulce.

- Cariño... No es eso...Es que me extraña verte hoy por aquí. Nunca vienes tan temprano y menos aún un domingo. Generalmente a estas horas sueles estar reponiéndote después de una de tus "ajetreadas noches de sábado"… - replicó la mujer con voz molesta y volviéndose para sacar otra fuente de panecillos del horno.

El joven sonrió para sus adentros captando la "directísima indirecta" que le acababa de lanzar su madre.

- Bueno mama, ya sabes que yo recupero mis energías muy rápidamente - le contestó haciéndole un guiño y siguiéndole el juego.

Ramma notó la dura mirada que su madre le lanzaba mientras le soltaba el eterno discurso sobre sus poco convenientes costumbres nocturnas. Sabía que Nodoka no estaba muy de acuerdo con su ajetreada vida. La dejó hablar aunque apenas le prestaba atención, mientras intentaba averiguar si la joven Tendo estaba por allí cerca.

Escuchando de fondo el murmullo de las palabras de su madre, miraba con insistencia hacia la entrada para captar cualquier movimiento que le indicara que la chica había salido de su habitación. Había madrugado más de la cuenta para llegar temprano y no perder la ocasión de verla, si por un casual decidía salir antes de desayunar. Estaba seguro que aun no había bajado, por que apenas unos minutos antes la vio asomada a su ventana con aquel... interesante camisón.

Su mente empezó a divagar tratando de imaginar un poco mas de lo que pudo ver, logrando que sus pantalones empezaran a apretarle más de la cuenta. Inmediatamente detuvo sus pensamientos para que el tema no se le fuese de las manos. Aunque, por otro lado no pudo evitar irritarse al pensar que quizás alguien más la hubiese visto con aquel sugerente atuendo.

Nodoka notó la falta de atención de su hijo e imaginándose la razón, sonrió para sí misma. Estaba totalmente encantada. Apenas Akane acababa de llegar y Ramma ya estaba medio alelado por su culpa. Si esto seguía así, pronto las cosas volverían a ser como siempre y los dos jóvenes se comprometerían de nuevo para alegría de las dos familias.

- ¿Qué planes tienes para hoy? – quiso saber Nodoka, después de un buen rato de charla y mientras iba colocando las tazas y platos para el desayuno sobre una enorme bandeja.

- Hump… nada en especial, solo venir a verte mamá – le respondió sentándose en uno de los taburetes de la cocina mientras le sonreía inocentemente. Algo totalmente inútil, porque ella sabía bien lo que ocultaba esa sonrisa. Por mucho que lo intentase, Ramma no podría engañarla ni en mil años. A fin de cuentas era su madre.

Su hijo la quería y se preocupaba mucho por ella, pero no a los extremos de visitarla tan seguido y menos aun, que madrugara para hacerlo. La razón de que Ramma estuviese en el dojo un domingo por la mañana a esas intempestivas horas, era cierta jovencita de negros cabellos. Estaba completamente convencida. Este pensamiento le hizo relamerse como un gato, e inmediatamente su maquiavélica mente empezó a trabajar el plan para conseguir el acercamiento de los jóvenes.

- Ranma.- lo llamó mientras apartaba la humeante tetera del fuego y la colocaba sobre la bandeja. - ¿Te importaría llamar a Akane mientras yo llevo todo esto al comedor?..Aun no ha bajado pero sé que ya está despierta.

- Bueno, pues entonces, no la molestes. Cuando esté lista bajará. – respondió Ranma evitando la mirada de su madre. No quería que los agudos ojos de su progenitora descubriesen la repentina ansiedad que había sentido ante la posibilidad de subir y encontrarse a la chica a solas en su cuarto.

- Pero hijo, sería bueno que se diese prisa para que se tome el desayuno caliente…Especialmente los panecillos. Son sus favoritos y los he hecho especialmente para ella.- Insistió la mujer sonriendo.

El joven bufó molesto y no contestó. Se limitó simplemente a ojear un periódico del día anterior que aun estaba sobre la mesa.

- ¡Ranma!..

- ¿Qué?..

- ¿No va a ir a avisarla?..

- ¿Por qué tengo que ir yo?..- preguntó molesto. Una parte de él deseaba mas que nada subir y si tenía suerte, verla con ese camisón que habia vislumbrado apenas un rato antes, pero otra minúscula parte de su conciencia, la más sensata y la mas pequeña por cierto, sabía que eso no sería precisamente una buena idea.

- Por que yo tengo que llevar esto a la mesa, cariño. – respondió Nodoka con una engañosa dulzura que el joven conocía bien.

Durante unos instantes, madre e hijo mantuvieron una silenciosa lucha de voluntades, pero finalmente el joven no le quedó otra más que claudicar.

- Está bien... – aceptó derrotado. Su madre era especialmente persistente e insistiría hasta que aceptara, así que... ¿por qué retrasar lo inevitable?

Al verlo acceder a su petición, la mujer se inclinó para tomar la pesada bandeja y tras alzarla se volvió a medias para ver a su hijo.

- Me parece que ya no está en su habitación. Probablemente esté en la ducha. ¿Podrías también llevarle una toalla?...Creo que no hay ninguna limpia en el baño. - Añadió de forma casual.

Al oír la última frase, el joven se levantó como un resorte y se acercó en dos zancadas a su madre.

- Creo que entonces mejor yo llevo el desayuno al comedor y tú la avisas y…y le llevas las toallas…. – respondió nerviosamente intentando coger la fuente que la mujer llevaba en sus manos, pero esta haciendo un leve movimiento se apartó impidiendo que la tomara.

- No...- replicó con firmeza. -Yo llevo el desayuno y así controlo que tu padre no se lo termine antes de que lleguemos los demás. Tú mejor sube arriba y haz lo que te digo.

Con un suspiro de resignación, el artista marcial se encaminó hacia las escaleras, tratando de frenar las sugerentes imágenes de Akane en la ducha, que su activa y calenturienta imaginación se empeñaba en crear.

…///…

Fin del capitulo 7.

Bueno, hasta aquí por hoy. El próximo intentaré colgarlo la semana que viene. Si queréis un pequeño adelanto, ya sabéis. Pasaros por mi blog. La dirección está en mi perfil.

Como siempre daros las gracias por vuestras opiniones y un beso muy fuerte.

Fern25