¡Hey! Aquí les dejo el Capítulo VII de la historia, espero disfruten de él. Asimismo, deseo invitarlas a leer mi nueva historia, un Two-Shot, titulada "Cicatriz". Y, me tomé la libertad de crear una comunidad SasuHina en Facebok. Todos los que se encuentren en formar parte de ella, sólo deben acceder a mi profile y después a mi Homepage. ¡Ah! Y otra cosa, para los que necesiten ayuda con la corrección de sus escritos, ahora soy Beta =)
Summary:Tras la muerte de su padre, Hinata Hyuga debe decidir entre tomar el mando de la Corporación Hyuga o vender la empresa. Sasuke Uchiha -su rival- tiene una interesante propuesta para ella. Sin embargo, ésta puede poner en peligro algo más que las finanzas.
El Arte de la Ventaja
— • • • —
Capítulo VII. Duelo
Eran los ojos de Kurenai, cargados de una sincera preocupación, los únicos que observaban las diferentes emociones en mi rostro. Estaba segura que algunas pequeñas y traicioneras lágrimas se deslizarían por la pálida piel de mis mejillas. No, no podía; no debía permitirlo. Sonreí, para sorpresa de mi acompañante y la mía propia. Sonreí de verdad, como no lo había hecho nunca en una situación similar.
-Aún te casarás con él, ¿verdad?- mi antigua tutora parecía aún más preocupada que antes.
-Ahora más que nunca, Kurenai.- anuncié, cerrando el folder y ocultándolo en uno de los cajones. –Voy a demostrarle a los Uchiha, que con los Hyuga no se juega.-
-Espero estés segura de lo que haces.- murmuró ella, dejándome sola de nuevo.
No, no lo estaba. Pero iba a arriesgarlo todo. De eso sí estaba segura.
— ஐ —
-Hinata.- Sakura había asomado su cabeza por la puerta. –La Srita. Yamanaka desea verte.-
Asentí. No veía a Ino desde el funeral de papá. Quizás por miedo a sentir nuevamente el dolor de su ausencia.
Ino entró en la oficina con una brillante sonrisa. Mi corazón se agitó con violencia su mirada azul celeste. Esta era la Ino que yo conocía y adoraba, mi mejor amiga, mi hermana.
-Tengo una excelente sonrisa.- comentó, abrazándome con fuerza y besando mi mejilla.
-Dios, Ino.- murmuré, sonriendo. -¡Dime!-
-Estoy…- comenzó y la miré emocionada -…e-m-b-a-r-a-z-a-d-a.- separó cada letra y al final sonrió alegremente.
-¡¿Embarazada?- chillé. – ¡Felicitaciones!- ambas saltamos como niñas, abrazadas, riendo.
Entre tantos problemas y momentos desagradables, una noticia como aquella le levantaba el ánimo a cualquiera.
-¿Qué dice Sai?- pregunté, juguetonamente. –Supongo que está tan alegre como tú.-
-Se desmayó cuando lo dije.- comentó, bebiendo alegre del café que Sakura le había traído. –No pensé que eso pasaría alguna vez.- ambas reímos. -Y…- habló, mirándome con una ceja alzada. -¿Cuál es la novedad aquí?- mis mejillas se tiñeron de carmín.
— ஐ —
-No puedo creerlo, Hinata.- me acusó Ino, señalando mi rostro con sus palillos.
Habíamos terminado ordenando comida china. Aún faltaba tiempo para hora de la comida, pero ambas disfrutábamos de una buena plática comiendo. Ahora mi mejor amiga estaba al corriente de todos los problemas acontecidos en las Empresas Hyuga y la estúpida norma de mi padre. Asimismo, conocía mis motivos para casarse con Sasuke… Y los suyos para casarse conmigo.
-No entiendo cómo tuviste el valor de decírselo.- comentó, bebiendo de su refresco.
-Eso no es lo importante, Ino.- interrumpí. –Ha empezado a moverse ya.- ella me miró confundida. –Cree que le permitiré quedarse con la empresa cuando nos casemos.-
Kurenai y Asuma me lo habían informado. Sasuke había establecido cláusulas especiales en el acuerdo de nuestra unión. Sin duda alguna, él sería el más beneficiado con nuestro matrimonio. Eso si yo firmaba aquellos documentos. Mi antigua tutora había logrado conseguir una copia y señalado las partes principales, aquellas donde yo accedía a ceder mis bienes a la Casa Uchiha debido a la confianza que depositaba en mi esposo.
-Hinata, ¿no haces esto por aquellos sentimientos que tuviste hacia él?- la pregunta de Ino me sacó de mi ensoñación.
-No.- respondí cortante. –Por Sasuke Uchiha nunca sentiría nada.-
-Nunca digas nunca.- pronunció Ino, sonriendo. –Yo dije que nunca saldría con Sai y ahora estamos esperando un bebé.-
El caso de Ino era diferente. No había punto de comparación entre Sasuke y Sai. Ambos se parecían en ser reservados, pero el novio de Ino era un chico agradable y simpático. El menor de los Uchiha, por su parte, era un chico engreído y burlesco. La sonrisas de Sai eran cálidas, las de Sasuke sarcásticas. Los ojos de Sai mostraban un sutil brillo de ilusión, los de Sasuke sólo ambición.
-Sasuke no es Sai.- murmuré como conclusión.
-Lo sé.- dijo mi amiga. –Y pensar que alguna vez le quise.- soltó una risita tonta y la miré nuevamente.
Todas habían estado enamoradas de Sasuke Uchiha en nuestros años de secundaria. Ino Yamanaka, mi mejor amiga, y Sakura Haruno, la recepcionista-secretaria de la empresa, eran sus principales fans. Ellas habían sido amigas en su infancia, pero la rivalidad por conquistar al chico de ojos negros terminó acabando con el cariño que se tenían. Yo había estado en medio de ellas, incapaz de elegir un bando.
-Nadie pudo resistirse a él.- aseguré, sabiendo que ni yo misma había podido.
-Nos resignamos cuando entendimos que sólo tenía ojos para ti.- la miré boquiabierta.
En algún momento de la historia, las chicas comenzaron a renunciar a Sasuke Uchiha. Aún le miraban con ojos enamorados, le hablaban con voces chillonas y le obsequiaban chocolates en San Valentín; pero se notaba que no era como antes. Jamás pensé que yo estaría involucrada en eso.
-N-No es así.- dije, avergonzada.
-Te invitó al baile.- dijo ella, acusadoramente. –Y te beso en el armario.-
-P-Pudo haber sido c-cualquiera.- susurré.
-Pero fuiste tú.- cortó. No encontré palabras para contradecirla.
— ஐ —
Suspiré por cuarta vez en los últimos cinco minutos. Apenas se marchó Ino, Sakura me informó de una improvisada reunión con un nuevo cliente. Me había retocado levemente el maquillaje antes de abandonar mi oficina, pues me esperaban en la sala de juntas. Aunque los socios aún se oponían a que estuviera al frente de la empresa, poco a poco habían tenido que aceptar mis órdenes. De todas formas, uno de ellos estaba presente en cada reunión o asamblea, cuidando mis movimientos. Me sorprendí un poco al ver a Dan Katou esta vez.
-Buenas tardes.- hablé cortésmente. –Soy Hinata Hyuga, representante de la empresa.- sentía una mirada puesta en mí, y un extraño malestar se instaló en mi estómago.
-Sabaku no Gaara, dueño de la Corporación Suna.- se levantó y extendió su mano hacia mí. –Encantado de conocerla, Srita. Hyuga.- le estreché la mano, mirando sus ojos aguamarina con algo más que amabilidad. Su cabello pelirrojo caía desordenadamente en su rostro. Estaba segura que no era más que uno o dos años mayor que yo.
-El gusto es mío.- respondí, sintiéndome nerviosa.
-Srita. Hyuga.- mi corazón latió violento. Conocía esa voz. –Sabaku no Kankuro, a su servicio.- estreché la mano del nombrado, sintiéndome más incómoda que antes.
Escuché con atención al pelirrojo, sintiendo su mirada puesta en mí más de lo necesario. Cuando creía que nadie se daba cuenta, sonreía en mi dirección. Me incliné un poco más hacia él, deseando a la vez apartarme de su hermano, con el cual había tenido otro tipo de relación alguna vez.
-Estamos interesados en ustedes.- finalizó Gaara, mirándome de nuevo. –Y deseamos llegar a un acuerdo con las Empresas Hyuga.-
-Lamentamos informarle…- habló Dan. –Que las Empresas Hyuga y Uchiha han llegado a establecer una alianza hace poco.-
-Aún así.- comentó él. –Estoy seguro que podemos mejorar cualquier oferta.- Dan sonrió. –Espero una respuesta dentro de ocho días.-
-Y la tendrá.- aseguré, levantándome junto con él.
Estrechó mi mano de nuevo, pero antes de soltarla la llevo hasta sus labios y besó el dorso. Aparté el rostro para ocultar mi vergüenza. Kankuro refunfuñó una maldición cerca de mí.
Intenté escapar de ahí, pero fui demasiado lenta.
Sabaku no Kankuro me había atrapado de nuevo.
— ஐ —
-¿Quién era ese tipo?- preguntó Sasuke, visiblemente molesto.
Las palabras de Kankuro, sus reclamos, su beso… Él estómago se me revolvió de nuevo. No podía creer que Sasuke hubiera presenciado ese momento tan fuera de lugar. Mi prometido acababa de verme besando a otro. No tenía el valor para verlo a la cara. No tenía una explicación y mucho menos una disculpa.
-N-Nadie.- respondí, alejándome de él.
Me acerqué a Sakura y le sonreí suavemente al notar su rostro preocupado. Sequé las molestas lágrimas de mi rostro y entré en la oficina, deteniéndome en la puerta para que Sasuke se uniera a mí. Cuando entró, eché el seguro y me dirigí a mi silla. ¿Debía decirle algo?
-¿Saldrás a comer?- preguntó, devolviéndome a la realidad.
-He almorzado hace poco.- dije. –Ino estuvo aquí y ordenamos comida china.- él asintió. –La Corporación Suna está dispuesta a mejorar la oferta de los Uchiha.- comenté. Él alzó una ceja. –He tenido una reunión con Sabaku no Gaara hace unos momentos.-
-¿Es el sujeto con el que te estabas besando?- en sus ojos oscuros destelló la furia. Ignoré su pregunta.
-Le hemos comunicado la situación actual.- hablé. –Nos dio ocho días para reconsiderarlo.- lo vi caminar hacia mí y abandoné mi lugar, caminando alrededor de la oficina. –Los socios están dispuestos a aceptar.- no se los había informado aún, pero la sonrisa de Dan no dejaba duda. –Incluso yo estoy interesada.- admití de mala gana.
-Me he dado cuenta.- escupió fríamente. Le miré sorprendida.
-N-No sé de q-que hablas.- respondí, apartando la mirada de su rostro.
-¿Le dejaste en claro a ese sujeto que estás comprometida conmigo?- preguntó, dando un paso más cerca.
-N-No hubo n-necesidad.- di un paso hacia atrás, nerviosa. –Sabaku no Gaara no me preguntó nada sobre eso.- susurré al fin.
-¿Y ese tal Kankuro?- reprochó. Abrí la boca, pero no pude hablar. -¿Se lo dejaste claro a él?-
Me sujetó del codo y me acercó a él. Bajé el rostro, asustada. –M-Me lastimas.- murmuré, nerviosa.
-No dejes que nadie vuelva a besarte.- me ordenó. Busqué sus ojos. –Vas a casarte conmigo, ¿no?-
-E-Eso e-es s-sólo u-una f-fachada.- logré articular a duras penas, absorta en sus iris oscuras.
-No lo es.- me cortó. –Cuando nos casemos, reclamaré todos mis derechos como esposo.-
-¿Q-Qué?- cuestioné.
-Espero puedas cumplir con tus obligaciones como mujer, Hyuga.-
Inequívocamente, Sasuke Uchiha iba a quitármelo todo. Y ya no me refería únicamente a las cuestiones financieras…
— ஐ —
-Espera que le responda como mujer, Ino.- lloriqueé por mi teléfono celular mientras entraba a la Mansión Hyuga. –Es decir, sabía que era una posibilidad, pero esperaba evitarlo.- la rubia se rió del otro lado del teléfono. –No te burles, Yamanaka.- la regañé. –Estoy en un aprieto aquí.-
-¿Cómo llegaron a eso?- cuestionó con voz alegre.
-Hoy tuve una reunión con el dueño de la Corporación Suna.- dije calmadamente. –Es uno o dos años mayores que yo… Y es muy atractivo.-
-Sasuke le vio y se molestó.- concluyó ella, divertida.
-No, Ino.- murmuré. –No vio a Sabaku no Gaara.-
-¿Entonces?- inquirió, inquieta.
-Vio a Sabaku no Kankuro… besándome.- nuevamente sentí el estómago revuelto.
-¿Ese Kankuro?- preguntó, tan sorprendida como lo había estado yo. Me limité a decir "sí".
Sabaku no Kankuro y yo nos habíamos conocido en Nueva York. Sólo que aquel tiempo yo no sabía que era miembro de la Corporación Suna, y seguro que él no imaginaba que yo fuera la Heredera de la Casa Hyuga. Casualmente nos encontrábamos en la biblioteca y un día comenzamos a conversar. Nunca dijimos nuestros apellidos, quizás para no romper aquella amistad que comenzaba a formarse. Quedamos a comer de vez en cuando, encontramos gustos afines y descubrimos que teníamos amistades en común. Antes de lo pensado, empezamos a salir juntos.
El principio de nuestra relación había sido como un cuento de hadas. Era atento, educado; un auténtico caballero. Tres años mayor que yo. No se mostró sorprendido al conocer que era una Hyuga. A mí no me molestó su apellido. Luego, todo comenzó a cambiar. Estudiando ambos carreras relacionadas con el área administrativa, los problemas surgieron. Constantemente discutíamos y el choque de nuestras ideas nos distanciaba por días. Mis propuestas eran innovadoras, las suyas apegadas al modelo tradicional.
Nos reconciliábamos rápidamente, pero la duda comenzaba a formarse en mí. ¿Realmente me quería o sólo jugaba conmigo? Abandoné las ideas y me entregué totalmente a él, olvidándome de los principios de mi familia, del honor de mi Casa. Porque desde el momento que llegué a Nueva York había elegido olvidarme de Sasuke Uchiha y la propuesta de mi padre. Y, después de todo, nada mejor que una alianza con la gente de Suna. Tarde me di cuenta que había cometido un error.
Sabaku no Kankuro sabía quién era yo desde el principio, pero había fingido lo contrario. Estaba dispuesto a enamorarme e inmiscuirse en los asuntos de mi familia. Y por momentos lo había hecho. Nuestra ruptura fue en malos términos. Me centré totalmente en mis estudios y superé las expectativas de mi padre. Mis ideas fueron escuchadas por Hiashi, quien las llevó a la práctica y obtuvo los frutos esperados. Por vez primera se enorgulleció de mí. Él desconocía el cambio en su hija y aún más la razón en éste.
-El mismo Kankuro…- murmuré, escuchando la preocupada voz de Ino. –El mismo que me hundió una vez.- una lágrima se deslizó por mi mejilla. –El que dijo que nunca sería nadie, que no obtendría reconocimiento.- murmuré. –El mismo que se burló de mi apellido y me dijo que no era digna de él.-
El mismo que ahora estaba dispuesto a recuperarme.
