Otro día más llegó a la mansión rápidamente. Hyoga estaba nervioso. Isaac le había despertado para decirle que ya estaba decidida la foto que serviría para la campaña. Un tanto de lo mismo ocurrió con Shun, que había sido convocado por su representante para ver la foto. Sin ser conscientes del otro, ambos se levantaron, se ducharon, se arreglaron y salieron de sus habitaciones al mismo tiempo. Se encontraron en el pasillo y cruzaron sus miradas.
- Buenos días Hyoga – Dijo Shun tímidamente.
- Buenos días – Contestó Hyoga sin siquiera mirarlo a la cara.
Bajaron por las escaleras y agarraron sus respectivas cazadoras. Ambos iban a salir. Shun pensó que igual debía comentarle lo de la campaña y una vez en la puerta, dijo:
- He quedado con Yuuki para ver la foto. Por lo visto, ya han decidido cuál será la que se empleará en la campaña.
- Yo he quedado con Isaac para verla. – Contesto Hyoga. Pauso y pregunto - ¿Dónde has quedado?
- Pues he quedado con él, en el estudio donde hicimos las fotos.
- Perfecto, te llevo pues yo he quedado ahí con Isaac también.
Ambos se subieron al coche de Hyoga y se dirigieron al estudio. El trayecto se estaba haciendo eterno ya que ninguno de los dos se atrevía a pronunciar palabra. Shun respiro hondo y rompió el silencio:
- ¿Cómo crees que habrá quedado?
- No lo sé. Pero conociendo a Isaac habrá quedado bien. Espero que favorezca a la campaña.
Esta última frase, resonó en el interior de Shun, llenándolo de rabia. No se quería quedar con la duda y pregunto al rubio:
- Entonces, ¿todo lo que hiciste fue por la campaña?
Hyoga no sabía que contestar. No quería delatarse y decirle que no se pudo contener. Tenía miedo de perderle como amigo, así que contestó:
- Claro. ¿Por qué sino?
Shun se quedó sin palabras. Otro impulso más. En cuanto volvieran de ver la foto de la campaña, debía irse a la inmobiliaria para confirmar el apartamento que sería su nueva vivienda. Quería irse, huir de esa situación que lo estaba destrozando. Sin darse cuenta, habían llegado al estudio. Entraron en el edificio y en el ascensor. Una vez dentro, Shun se volvió a hacer el ánimo ante la frialdad de Hyoga. Quería que su amigo lo supiera, al fin y al cabo se iba a enterar igual:
- Me voy a mudar.
Ni siquiera para algo así, obtuvo contestación de Hyoga. Le iba a reclamar una contestación, cuando la puerta del ascensor se abrió mostrando a Isaac y a Yuuki, que les estaban esperando en la puerta.
- Os ha costado una eternidad venir. ¿Qué estabais haciendo? – Dijo Isaac
- Vamos. Entrad – Prosiguió Yuuki.
Ninguno de los dos sabía lo que les estaba por caer encima. Sin embargo Isaac y Yuuki sabían perfectamente lo que les habían preparado a los tortolitos. Ambos se apresuraron a quitarles los abrigos a los "modelos" y los empujaron hasta el sofá. Los obligaron a sentarse y tras esto, se sentaron ellos frente a los recién llegados.
- Bien. ¿No tenéis curiosidad? – Indagó un muy animado Isaac
Una pausa de silencio y unos incrédulos Hyoga y Shun que miraban a los chicos que tenían en frente.
- ¡Dios! ¡De verdad! ¡Qué sosos! – Prosiguió Yuuki. – Shun. Tú antes no eras así. ¿Qué te ha pasado? Parece que te han robado el espíritu.
Ante estas palabras, Shun se cabreo e iba a decir algo, cuando intervino Hyoga:
- Vale ya. No estamos aquí de cháchara. ¿Dónde está la foto?
Sin más preámbulos, Isaac se levantó y con ayuda de Yuuki, desplegó un cartel, que casi ocupaba toda la pared del estudio. Ambos se quedaron sin palabras, viéndose ahí. Nunca habían pensado lo bien que quedaban juntos. Ante esta idea ambos se ruborizaron, pero representante y fotógrafo no se percataron, porque estaban colgando el folleto en la pared para admirarla como era debido.
Cuando estos acabaron con el faenón, se encontraron a Hyoga y a Shun cada uno mirando a un lado. Se miraron y prosiguieron con su plan.
- ¿Ha quedado bien, no? – Dijo Isaac.
De nuevo, los chicos volvieron sus caras hacia la fotografía. Ambos recordaron el calentón del momento de la foto y sus pulsos se alteraron. Tratando de mantener la compostura, Hyoga dijo:
- Muy profesional. No esperaba menos de ti, Isaac.
Isaac miró de nuevo a Yuuki y dijo:
- Pues más que profesional diría yo. Esto derrocha sentimiento. – Señalo la cara de Hyoga y en especial los ojos que se encontraban cerca de Shun. Esos ojos parecían estar pidiendo un beso de Shun. Isaac prosiguió – No pensé que fueras tan buen actor Hyoga. Me has sorprendido.
De nuevo Hyoga se sonrojo. Ahora era el turno de Yuuki, que miró a Isaac y se acercó a la parte de la pancarta en donde estaba Shun.
- Sí. Shun también es buen actor. Incluso la cara. Mira parece que está colorada.
Shun no se lo podía creer. En ese momento, le entraron ganas de levantarse y salir corriendo, pero en lugar de eso, lo que alcanzó fue mirar de mala gana a su representante.
- Esos ojos parecen radiantes. Ese color en las mejillas. Esa boca esperando los labios de Hyoga. – Se pauso y prosiguió – Sí. Además de imaginación, tiene buenas dotes de interpretación.
- A la compañía les encantó la foto. Les hicisteis creer que erais una pareja de verdad y todo. Eso era exactamente lo que buscaban. Pero hay más.
Se fue a su bolsa y sacó dos tacos de unas 10 fotos cada uno, y se los pasó uno a cada uno.
- Todas estas son las que les encantaron a la compañía. Les costó bastante decidirse por una, pero estas no las han descartado. Serás para algún folleto de revista y pancartas pequeñas para las tiendas.
Se pusieron a mirar las fotos. No cabían en su asombro. Todas y cada una de ellas, desbordaban pasión. Viendo sus caras, Yuuki e Isaac recogieron sus cosas. Este último le dijo a Hyoga que iban a un recado y se marcharon para dejarlos solos. Ambos, fotógrafo y representante, tras ver las fotos se dieron cuenta de lo que Hyoga y Shun sentían el uno por el otro. Habían decidido esa encerrona para que vieran lo que ellos mismos eran incapaces de ver. Se marcharon dejándolos absortos en las fotos y en la pancarta. Pancarta que declaraba los sentimientos que ninguno de ellos pudo desvelar con palabras.
Cuando acabaron de ver las fotos, las dejaron cuidadosamente en la mesa. Ninguno se atrevía a mirar al otro, pero sin embargo, estaban deseosos por saber si era cierto, lo que parecía que veían sus ojos. Shun tenía el corazón tan acelerado, que le costaba respirar. Hyoga estaba tan nervioso que le temblaban las piernas. Ambos se quedaron mirando el suelo, ruborizados y sin saber por dónde comenzar una conversación.
Esta vez fue Hyoga, el que rompió el frío silencio entre ellos:
- ¿Estabas actuando?
- No seas tonto. Nunca he sabido actuar. – Se ruborizo aún más ante lo que acababa de decir. - ¿De verdad solo lo hacías por la campaña?
Ante la evidencia de las fotos, decidió no seguir mintiendo:
- No. No era por la campaña. – No alcanzo a decir nada más.
- Hyoga… tú… ¿sientes algo por mí?
- Claro. Te aprecio. Eres mi amigo. – Ante esta respuesta, Shun levantó la mirada y fijó sus ojos verdes en los ojos azules del rubio.
Hyoga casi se queda sin respiración al ver la expresión de Shun. Su expresión, esa expresión en los ojos del ser amado, reflejaron su estupidez una vez más. Shun se quedó de piedra. Había estado a punto de decirle que le amaba. "¡Qué idiota!" y pensando esto, se levantó y se excusó diciendo que tenía que ir a la inmobiliaria antes de que cerraran.
Hyoga se quedó allí plantado, viendo como Shun se marchaba. Sin poder hacer nada. Esa mirada triste le había dejado tan helado, que no pudo reaccionar a tiempo y ahora era tarde. "¡Seré imbécil! ¿Porque le dije esa mentira?" No lo podía creer. Había perdido dos oportunidades en poco tiempo. La del coche y la que acababa de tener. "¿Pero y si lo pierdo? ¡Me moriría sin él!". Allí se quedó. Helado. Sumergido en todas las palabras que no dejó salir. Sentado en el sofá. Sin pensar en el tiempo que trascurría rápidamente. Solo quería volver atrás y decirle lo que de verdad sentía. "Shun, te amo. ¡Te amo!" No eran tan difíciles. Las había dicho tantas veces, cuando estaba solo. Esas palabras que repetía todas las noches en sus sueños de manera fácil, eran tan complicadas de expresar de boca para fuera. Se quedó allí sentado, hasta que Isaac volvió con comida para seguir trabajando en el estudio. Cuando vio a Hyoga sentado allí solo, supo que algo no había salido como ellos habían planeado.
- ¿Y Shun? – le preguntó con miedo a su amigo
- Se fue. – Hyoga no pudo contenerse más y se puso a llorar de la impotencia. – Soy un imbécil. Un imbécil. No se lo pude decir. Me entró miedo de perderle.
Tras esto, Isaac se olvidó del trabajo y se centró en animar a su amigo Hyoga, que lo estaba pasando verdaderamente mal.
Una vez pago la entrada de la vivienda, le dieron un número de teléfono de la empresa de mudanzas y le dijeron que en cuestión de unos días, tendría la escritura y con ellas, la llave de su casa. Ahora ya no había vuelta atrás. Shun estaba emocionado por la nueva etapa, pero a la vez estaba un tanto apenado, por tener que dejar a los suyos. Quería comenzar desde cero. Intentar olvidar a Hyoga. No tenía ganas de volver a casa, por lo que se dirigió a la librería de su hermano. Necesitaba verlo. Tratar de animarse. Una vez llegó a la librería, se encontró a su hermano saliendo por la puerta. Se quedó parado y le dijo:
- ¿Ya te vas?
- Oh. Shun. Sí. Me iba a comer a casa. ¿Has comido ya?
Tras la negativa de su hermano, se fueron a comer a un bar cercano, en donde, a menudo acudía Ikki cuando tenía mucha faena con la librería. Comieron tranquilos. Shun le contó que ya tenía la entrada pagada y que en un par de días le entregarían las llaves y la escritura.
- Entonces, ¿estás seguro de esto? – Pregunto Ikki.
- Sí. Creo que lo necesito. Que necesito un cambio. Cuando todos os vais a trabajar y me quedo solo, siento que no es mi lugar.
Tras un par de bocados y una pausa, continuó
- Pero no me voy a ir para siempre. Os visitaré de vez de en cuando. Además tú sabes dónde voy a vivir. Puedes venir siempre que quieras.
- Shun. Respeto tu decisión, pero tengo miedo que sea por lo que sucedió con Saori y que sea una medida desesperada de evadir una situación incómoda.
Shun le sonrió a su hermano
- No te preocupes. De verdad. Es solo que siento que debo abandonar el nido. ¡Que ya tengo 28 años!
De nuevo, le mostró una sonrisa a su hermano mayor y este dijo:
- Más te vale que me llames todos los días o iré a tirarte de las orejas!
El resto de la comida paso tranquila y amena entre hermanos. Hacía mucho tiempo que no pasaban tiempos juntos y solos, por lo que esto, les sentó bien a ambos.
- ¿Tienes cajas en la librería? Necesito unas cuantas para comenzar a embalar mis cosas.
- Por supuesto.
Sin darse cuenta, Shun pasó la tarde en la librería, perdiéndose entre los estantes de libros y libros, que tanto le atraían. Tras un tiempo razonablemente largo y un par de autógrafos, de unas clientas, cogió las cajas que le había sacado su hermano, se despidió de él y se dirigió hacia la casa. Una casa en la que le quedaba poco tiempo. Una casa que, desde hacía unos meses ya no sentía como propia. Una casa que era demasiado grande para él.
