Es lunes, se muestra en el calendario del celular acostado sobre la mesilla. Cerca de la cama. Al canadiense le está costando mucho trabajo despertar, porque el embarazo le produce mucho sueño y cansancio; además de los típicos antojos. Su esposo a regañadientes le consigue la comida.
El policía Gyllenhaal lo mueve por última vez. No sirvio, no despierta. Ni siquiera abre los ojos.
–De acuerdo, si no te quieres levantar, no te levantes. ¡Al rato, te veo! –expresó Jake alzándose.
–¡No, espera, ya voy! Sólo cinco minutos más –dijo Jay, adormilado.
–Fuck, de todos los hombres en el mundo: ¿Por qué carajos me fijé en él? –murmuró Jake al tiempo que se coloca la gorra de policía.
Por culpa de Baruchel, llegaron con retraso a la estación. El culpable se mete a uno de los vestidores para ponerse el uniforme. Primero se quita la gabardina, luego la camiseta de la pijama. Desnudo su torso. Creyendo que nadie lo ve, es sorprendido por un trío de policías. Formado por Chris Martin, Guy Berryman y el recién ingresado, llamado Ryan Reynolds.
–Wow, ¿qué te trae por aquí? Es la primera vez que ocupas éste sitio –preguntó Martin, admirado.
–Continúa Jay, no te apenes –suplicó Berryman en tono alegre.
–Nos gusta este lugar, ya que podemos parlotear largo y tendido –dijo el oficial novato, mirando atentamente el estómago de Jay. –Discúlpame por lo que voy a decir: ¡Qué panza te cargas, manito! Las chelas son sabrosas pero hay que medirse.
Jay se cubre el estómago. Chris y Guy se parten de la risa. Jake escuchó todo, corre para auxiliar a su amado.
–Muchas gracias Ryan por tu comentario. Pero recuerda lo siguiente: la primera impresión cuenta mucho –dijo Baruchel muy molesto.
–¡Reynolds, eres un estúpido! –soltó Gyllenhaal muy agitado.
Se coloca a lado de su esposo. El policía Reynolds se acerca hacia él.
–¡Estúpido tú, pedazo de carbónzote! –pronuncia, sujetando las solapas de la chaqueta de Gyllenhaal.
–¡Eh, hey, calmense! No se van a pelear o sí –gritó Chris.
–Ryan, compostura. Jake te insultó porque tú ofendiste a su esposo –aclaró Guy. Aproximándose junto con Martin hacia ellos.
–Éste barrigón es tu esposo. ¿Cuándo lo embarazaste? –pregunta mientras lo mira.
Jay al escucharle, se tapa los ojos con una mano (hace el clásico facepalm). Su esposo pierde los estribos, le da un justo puñetazo en su angelical rostro. Tras recibirlo, por el impulso rebota contra el casillero a su espalda. El policía novato quedó aturdido por un corto tiempo. Posteriormente, se lanza contra Gyllenhaal. Los dos comienzan a pelearse. Jay quiere defender a su esposo, pero tiene miedo de recibir un golpe en el estómago. Chris y Guy no logran detenerlos. Ryan y Jake se están dando rico; pronto, aparece la sangre y los moretones en sus rostros. Los otros policías se dan cuenta y en lugar de separarlos, canturrean al unísono: ¡Pelea, pelea, pelea! Para su fortuna el teniente Downey Jr. andaba cerca de ahí. Escuchó el coro de la canción de la palabra repetitiva "pelea". Como un rayo se aproxima donde están.
–¡¿Qué coños, pasa con ustedes?! ¡Agente Gyllenhaal! ¡Agente Reynolds! ¡Separense! –ordenó en tono enérgico.
Inmediatamente, los dos se separan. Y cómo pueden se levantan del suelo.
–¡Él comenzo! –dijo Reynolds agitado, después escupe sangre.
–No me importa quién fue primero, si el huevo o si la gallina. Ustedes dos vendrán conmigo a mi oficina –ordenó el teniente Downey Jr. Fijándose en la pijama de Jay–. ¡Agente Baruchel! ¿Por qué no trae puesto su uniforme?
–Verá, teniente Downey Jr, lo que pasa es que me quedé dormido y no pude ponerme el uniforme a tiempo. Y también…
–¡Shh! En mi oficina me platica el resto del pretexto. Aquí se rompió una jerga y… No, todos ustedes vuelvan a su puesto de trabajo. Esto es un departamento serio, no una academia de policía chiflada. Ya me oyeron, ¡a trabajar!
Baruchel guarda silencio, sigue al teniente seguido por Gyllenhaal y Reynolds.
Todos se alejan del lugar, dejando a solas a Martin y a Berryman, éstos comienzan a platicar.
–¿Lo escuchaste? «Jay se quedó dormido» –repitió Guy con la boca abierta.
–Pero lo más asombroso es su estómago, ¿viste su panza? –Cuestiona Chris–. Cómo una persona tan flaca como Jay puede engordar en tan poco tiempo.
–Por supuesto, me di cuenta. Además, la reacción de Jake por el comentario de Reynolds no es normal, ni siquiera es acorde a su edad. Resultó muy infantil.
–Entonces, ya no hay dudas. Está más despejado que un cielo celeste sin nubes. Nuestro bien amado, Jay. ¡Está embarazado! Va a tener un bodoque de Gyllenhaal –expresó Chris muy emocionado. Igual que una madrina armando un babyshawor.
–Quieres decir qué el conjuro sí funcionó. El brujo convirtió a Jay en mujer –reveló Guy de manera tonta.
–Obvio que no. Más bien, el brujo hizo que Jay terminara preñado. No lo sé, esto es demasiado descabellado incluso para mí. Lo correcto será, seguir vigilando a Baruchel para ver que otros síntomas presenta.
Chris concluye en hablar. Posteriormente, sonríe por el triunfo, por fin su venganza se materializa.
–De acuerdo, me parece bien. No quiero ser mezquino con la gente de África, pero Jay con su panza se asemeja a un niño de Ghana. –Se pitorrea Guy.
–¡Ajá! –Lo apoya Chris.
Martin y Berryman terminaron con su chacota. Se ponen en marcha para salir de los vestidores. Alejado de este punto, se localiza la oficina del teniente que continúa regañando a los policías. Los tres permanecen de pie, en cambio el jefe se halla sentado en su cómoda silla de escritorio.
–Por esta ocasión no voy a suspenderlos, porque necesito de sus habilidades para rescatar a unos rehenes. Secuestrados por unos criminales que fueron expulsados del FBI. Uno de los rehenes es la sobrina del vicealcalde de New York; por tal motivo, el caso es más grave. El FBI y el SWAT solicitaron nuestro apoyo. Por tal motivo no podemos fallarles.
Los tres policías no objetan nada, escuchan atentamente a su líder.
–La misión se llevará a cabo mañana. Si alguno de ustedes no se presenta en la misión. No solamente perderá su puesto sino además se las verá conmigo. Porque éste asunto es de suma importancia, debemos salvar a éstos rehenes a como de lugar. ¿Les quedo claro? –Golpea con el puño cerrado sobre el escritorio.
–¡Sí señor! –pronuncian al unísono.
–¡Muy bien! Agente Baruchel, no quiero volver a verlo con pijama y traten de llegar temprano. Ahora sí, ¡fuera de mi oficina!
Los tres policías se apresuran en salir. Una vez afuera, el policía Ryan Reynolds le mete un empujón a Gyllenhaal, haciéndolo chocar contra una pared.
–¡Maldito imbécil! –gruño Jake.
A Reynolds le valio gorro lo que hizo, pronto se retira de allí. El policía Baruchel se hace a un lado, tiene pánico que su compatriota también lo dañe. Ya sin peligro, Jay se acerca a su esposo, le sugiere ir a la enfermería de la estación; para que el doctor de nombre Michael Cera, cure sus heridas. El herido asiente levemente con el rostro. Enseguida se dirigen al lugar.
Tiempo después, los esposos se introducen en la enfermería. Reynolds llegó antes que ellos. El doctor Cera, se encuentra atendiendolo. El herido al verlo resopla de coraje.
–Tranquilo mi vida. Ese imbécil, ¿qué más daño puede hacer? –dijo Jay, torciendo sus labios.
Jake suspira, sintiéndose cansado, dice:
–Tienes razón. Sentémonos en lo que termina el doctor.
Los dos toman un asiento.
–¡Agh, maldición! Tengo antojo de palomitas de maíz cubiertas con helado sabor pistache; también tengo antojo de hot-dogs envueltos con tocino, con mucha ketchup y mostaza –alertó Jay.
–¡Hablas en serio! –Jake hace una mueca de asco.
–¡Ajá! Realmente se me antojo eso –confirma, abrazándose su estómago.
El doctor terminó de curar al novato. Ahora es el turno de Gyllenhaal.
–¡El que sigue! –gritó el doctor Cera.
Horas más tarde. Regresaron a su casa. Para fortuna de Baruchel, contaba con todos los alimentos, menos con el helado sabor pistacho. En su lugar, posee helado con sabor melocotón. No teniendo la menor importancia, comienza a preparar su cena. Porque su esposo está reposando en su estupenda camita.
A la mañana siguiente, del día martes. Jake todavía se siente débil por la golpiza. No obstante, su obligación es rescatar a esos rehenes. Haciendo un esfuerzo sobrehumano, sacude a su esposo con vigor porqué otra vez se niega a despertar.
–Mi vida, despiértate. Cariño, el teniente nos va ha correr y también nos va ha fusilar –Lo remueve de un lado para otro y nada–. ¡Jonathan, abre los malditos ojos!
–¡Ya voy, ya voy! Sólo cinco minutos más –dijo, acomodándose para seguir durmiendo.
–¡Ni medio segundo! ¡Ya párate! –Le quita la almohada, después la cobija junto con la sábana.
–Grr! Esta bien, tu ganas –gruño Baruchel, frotándose sus ojos.
Luego se levanta, no tiene tiempo para estirarse. Con celeridad se mete al cuarto del baño. Después, se desespera porque no puede cerrarse la chaqueta por culpa de su abultada panza.
–¡Me cago en la leche! –gruñe.
–Rápido, date prisa. Las horas vuelan –Lo apresura su esposo.
–¡Esta chiva no cierra! –Hace una mueca de frustración.
–En la patrulla te lo acomodas. ¡Vámonos ya! –Le sugirió Jake.
Falta muy poco para qué salga el sol. Los dos montan la patrulla. Centenares de kilómetros recorridos. Llegaron al lugar dónde se hallan los rehenes. Es un viejo y abandonado almacén en cuyo fabricaban muebles y colchones.
–Los criminales son cinco hombres, su edad oscila entre los veinte y treinta. Los rehenes son ocho personas, cuatro hombres y cuatro mujeres: la más joven es la sobrina del vicealcalde. El móvil del secuestro no está muy bien definido; al parecer se trata de una venganza. Del mismo modo, una forma rápida de obtener una enorme cantidad de dinero. –De acuerdo a la información recolectada por el FBI.
Los agentes de dicha organización y el escuadrón del SWAT, han rodeado todo el perímetro del almacén. Están listos para entrar en acción. El teniente llamado Robert Downey Jr. termina de colocarse su casco. Después, ordena a su equipo a seguirlo. Entre ellos, figuran: Chris Martin, Guy Berryman, Jake Gyllenhaal, Jay Baruchel y el novato Ryan Reynolds.
El almacén es bastante grande, los agentes y los policías traspasan los corredores con sigilo para no alertar a los cinco captores o algún criminal no identificado. A pesar de que solamente son cinco criminales, sus reflejos y pericia equivale a un pelotón. El teniente Downey Jr. se introduce en un salón amplio. Sigue caminando, automáticamente se frena. Por qué, se percató que en el fondo de ahí, se localizan los captores con los ocho rehenes. Los criminales se hallan de pie, en cambio los rehenes están sentados. Les amarraron las manos y los pies con sogas. Tras el desagradable descubrimiento, el teniente se esconde rápido, porque no quiere arruinar la misión de rescate. Suerte, ninguno de los criminales se ha dado cuenta de la intromisión de los agentes y policías. El teniente Downey Jr. se arrastra como una serpiente para no ser visto. Después, se reúne con su equipo para darles instrucciones.
–Los cinco captores y los ocho rehenes se hallan en el fondo de ésta aula. ¡Agente Baruchel, usted por ser el mejor tirador, irá al frente!
–¡Qué! –soltó con escándalo, enseguida se agarra el vientre.
Guy se fijó en esta acción, aunque claro, no es el momento adecuado para interrogar acerca de eso. Baruchel no puede oponerse a esto. Le lanza una mirada de auxilio a su esposo, pero Gyllenhaal tampoco sabe qué hacer o siquiera decir.
Con Baruchel a la cabeza; el equipo del teniente, se dirigen dónde se hallan los criminales y las inocentes víctimas, privados de su libertad. Jay con voz firme les ordena "Levantar sus manos". Uno de ellos se parte de risa mientras su líder empuña su arma para disparar. Por segunda vez, les ordena "Levantar sus manos". El líder dice No con su cara y pronto abre fuego. Jay también dispara, tras el acto se desmaya cae al suelo. Por culpa de un síncope, en palabras simples, a causa de un soponcio. El agente Berryman, releva a Baruchel. Con un tiro certero logra desarmar al líder.
Los otros criminales con sus armas, disparan en contra de los policías, se enrolan en una lluvia de plomo. Una de las balas alcanzó a Guy, por el dolor cae de rodillas al suelo. Chris se dio cuenta, quiere socorrer a su amigo/hermano pero la lluvia de plomo no se detiene. Jake esquivó algunas balas, cómo puede aparta a su amado de allí. El teniente Downey Jr. logró desarmar a dos de ellos. Los criminales gimen por el dolor. El policía Reynolds, aprovechando la cercanía se reúne con Berryman. Pronto, lo retira de allí.
Afortunadamente, los rehenes no se encuentran en la zona roja, cuya han transitado las balas.
El líder de los criminales no cesa el ataque. Sin preverlo, los agentes del FBI y el escuadrón del SWAT se entrometen; con sus armas, otra vez desarman al líder. El tiroteo se detuvo, los criminales fueron vencidos.
Berryman siente mucho sueño. Reynolds le ruega que no se duerma, mientras revisa su estómago; de allí emana la sangre. Chris, corre hacia donde se encuentra Guy. Un miembro del SWAT, ordena qué pase el equipo médico. Jay recupera el sentido. Luego de abrir los ojos, pregunta ¿Qué sucedio?
–Guy está herido, le dispararon –relató Gyllenhaal, ayudando a su marido a levantarse del suelo, forrado con madera podrida.
Bárbara Edith M. G., la autora y dueña de esta historia. Que le costó una y la otra crear éste fanfic. Literalmente fue un parto para mí, hubo momentos en los cuales quería abortar y ya no seguir con esto. Pero por fortuna lo logré (creo e_e). Aunque, siento que los policías Baruchel y Gyllenhaal aún cuentan con muchas aventuras por contar; no obstante eso se verá en un futuro muy remoto. Maybe baby, haga una tercera historia de YAMT (You are my treasure). xD
