Capítulo 7.
Frascos de cristal.
-Creo que se equivoca, director. Por muy elevados que sean sus propósitos con esto, creo que se equivoca.
-¿Hará algo al respecto, Minerva?
McGonagall resopló. Estaba cansada, eso era claro. Todos lo estaban. Dumbledore había retirado el recuerdo de su cabeza, pero para todos los demás seguía aún nítida en la memoria la imagen de Harry Potter desfilando por el gran comedor tras haber sido elegido como cuarto representante del Torneo de los Tres Magos.
No es que a Severus Snape le extrañase sobremanera el hecho de que Harry Potter hubiese acabado en la sala con los demás campeones, al fin y al cabo tal vez fuese la única persona en haber demostrado aún más habilidad para romper las reglas y crear problemas que el odioso James Potter. Pero sí que se había sorprendido un tanto.
-Claro que no, Albus. Sabes que lo único que lo evita es mi confianza en ti. Pero eso no significa que me parezca correcto usar al chico como cebo.
McGonagall abandonó el despacho de Dumbledore, atravesando la puerta que aún sostenía Alastor Moody. Tras mover su ojo mágico con uno de esos movimientos tan desagradables, el viejo auror dejó que la puerta se cerrase tras de sí y dejó solos en la habitación a Snape y el director.
-¿Sigues pensando que debemos ver como se desarrollan los acontecimientos, Severus?
-Sí, director.
Dumbledore no se terminaba de poner recto del todo. Reclinado sobre su pensadero, su rostro reflejaba destellos de colores que provenían del curioso aparato.
-Aún así, -prosiguió Snape- debo reconocer que me inquieta el nl saber cómo acabó el nombre de Harry Potter en el caliz de fuego. Si su línea de edad no ha fallado significa que no sólo alguien ha decidido engañar al artefacto para que escogiese a Potter, sino que además ha sido algún adulto con no sabemos qué intenciones.
-Soy consciente. Desde luego no dudo de que debe haber algún motivo para que alguien se arriesgue tanto como para entrar en el castillo para hacer esto.
-¿Tiene alguna sospecha?
Dumbledore miró por encima de sus gafas de media luna. Su semblante era tan serio que no recordaba en absoluto a alguien que abriese sus discursos con un "papanatas".
-Dudo mucho que mis sospechas sean sólo mías.
Snape tardó unos segundos en responder, pero finalmente asintió con un movimiento de cabeza, firme y seco.
- Me dijiste anoche que habían entrado en tu despacho.
-Sí, pero quien haya sido no se llevó grandes cantidades de nada. Sólo algunos crisopos, pero nada más.
-¿Poción multijugos? -preguntó Dumbledore alzando una ceja.
-Pudiera ser, pero no puedo asegurarlo. Desde luego, no se llevaron la cantidad suficiente para producir poción multijugos ni ninguno de los otros ingredientes necesarios, pero no puedo descartar ninguna razón.
-Mantenme informado, por favor. Son muchas las cosas a las que debemos prestar atención, y muchos los que podrían tener motivos.
-¿Sospecha de Karkarov?
-No especialmente, la verdad. No puedo ver en qué le beneficiaría correr tanto riesgo.
Snape asintió. Ni siquiera la razón de ser la primera vez que el director de Durmstrang estuviese próximo a Harry Potter era un motivo suficiente. Al fin y al cabo, ni matar al mismísimo Potter sería suciente para que Igor Karkarov fuese perdonado en el seno de los mortífagos después de toda la información que dio a los aurores.
-Me comentaste el otro día algo acerca de la marca. ¿Algún cambio al respecto?
Antes de responder, Snape remangó su brazo izquierdo y mostró la marca tenebrosa que se había tatuado tantos años atrás. La marca, que había llegado a ser poco más que un borrón en su piel, había recuperado parte de su contorno, y la cabeza de la serpiente se comenzaba a vislumbrar con más claridad que en un pasado reciente.
-Hoy ha vuelto a escocer, y poco a poco va tomando contorno. Igor no dice nada al respecto, pero me he fijado en que varias veces miraba mi brazo, como buscando algún indicio de que algo estaba pasando.
Dumbledore se aproximó para ver la figura, aunque decidió no tocarla en ningún momento.
-Debo pedirte que continúes observando esta marca, y que me avises de los cambios que se vayan dando en ella.
Snape dejó caer la manga de su túnica sobre la marca y comenzó a ajustársela para que nada quedase visible. Llevaba más de diez años arrepintiéndose cada día del momento en que su piel había acogido ese cambio, y de todo lo que había desencadenado con ello.
-¿Cree que significa que él está haciéndose más fuerte?
Dumbledore suspiró, antes de asentir con la cabeza. A Snape no se le escapó que no pudo evitar mirar el cajón dónde el sabía que se encontraba a resguardo el diario de Tom Riddle que Potter había destruído algo más de un año atrás.
-¿Hay algo más que desee contarme, director?
Dumbledore afirmó con la cabeza y se dirigió hacia el armario en el que guardaba los frascos de cristal que contenían los recuerdos. Snape dio por hecho que iban a volver a visualizar, una vez más, el recuerdo que él había entregado a Dumbledore. Por eso, se sorprendió al ver que la etiqueta era distinta.
-¿De quién es este recuerdo?
Dumbledore contempló fijamente la botellita de cristal antes de responder.
-Este recuerdo es de gran importancia, Severus, y a la vez no sirve absolutamente para nada más que para dejarnos con la sensación de tener la miel en los labios.
Snape no respondió. Se había acostumbrado a hablar por Dumbledore y sabía que disfrutaba dando esos mensajes incompletos y crípticos con los que mantenía la atención de su interlocutor. Le dio tiempo para organizar sus pensamientos.
-Conseguí este recuerdo hace unas semanas, tras una pequeña búsqueda. Y en cuanto me sea posible me temo que deberé buscar de nuevo para obtener algunas respuestas, aunque aún no sé a ciencia cierta si mis sospechas son acertadas. Eso lo dirán el tiempo y algunos de esos recuerdos si es que los consigo.
En la estantería aguardaban una multitud de pequeños frascos de cristal, aún sin etiqueta, a que los hilos plateados de un recuerdo ocupasen su superficie.
-Supongo que en algún momento se decidirá a compartir algo de sus sospechas o pensamientos conmigo, ¿no es así?
-Sí, por supuesto. Ahora quiero que veamos juntos este recuerdo. Quiero saber que opinas acerca del mismo, y de los motivos de su dueño para hacer lo que ha hecho con él.
Snape tenía que reconocer que eso último le empezaba a resultar de interés.
- ¿Y puedo saber de quien es ese recuerdo? Dumbledore volcó el contenido del frasco de cristal
-Este recuerdo es de alguien a quien tú conoces bien, y que te tiene en alta estima. De hecho, es probablemente la persona que más estima te tiene, mucho más desde luego que tú mismo.
Snape se quedó unos momentos sin respuesta, pero esta vez Dumbledore decidió no hacerle esperar más.
-Este recuerdo es de nuestro amigo Horace.
Snape se sorprendió durante unos instantes. Miró la botellita, cuya etiqueta contenía las letras "H. S." Sin retrasarse más, se resignó y, tras mirar una última vez a Dumbledore, se reclinó sobre el pensadero y se dejó arrastrar a los recuerdos del hombre que le había enseñado todo sobre las pociones.
