¡Hola! Volví rápido :D me cansé mucho ayer O.o pero no quería pasar la oportunidad de las fiestas :)
MUCHISIMAS GRACIAS por sus comentarios follows y favoritos de ayer! . Saludos a Pili, Jenni y Gaby que no tienen cuenta pero me escriben igual :)
Gaby: No sé decirte cuantos caps exactamente tenga nuestra historia pero... no será muy largo (20? Menos? Algo así me parece) Gracias por seguirme.

Disclaimer: Cualquier publicidad reconocible incluyendo los nombres de los personajes de Crepúsculo pertenecen a sus respectivos autores. La presente autora se adjudica la trama por completo. Cualquier copia o reproducción de la presente historia sin mi consentimiento escrito esta estrictamente prohibido.

Enjoy! ;)


Apenas Edward y Emmett salieron de la tienda y el sonido de la campana sobre la puerta cesó, yo exploté.

—¡Rosalie! ¡Qué diablos!— Exclamé con furia moviendo mis brazos exasperadamente.

Ella no decía nada, sólo miraba la puerta fijamente con ojos como platos.

—¡No puedo creer que hiciste eso! No, no, no, corrección: ¡No puedo creer que no hicieras nada!— Grité con aun más fuerza.

Mi amiga aun no pronunciaba palabra así que comencé a caminar de arriba a abajo por la tienda, deteniéndome al otro lado del mostrador, justo frente a ella para continuar mi retahíla.

—¿Sabes lo que esto significa? ¿Viste cómo se puso Edward cuando le dije que Seth era mi hijo? ¡No me va a hablar más nunca! ¿Qué hiciste Rosalie?

Mi amiga finalmente pareció escucharme y volvió en sí, dirigiendo su mirada hacia mí.

—¿Nada?— Dijo ella en un susurro y con una mueca de dolor en su rostro.

—¡Exacto! ¡No hiciste nada! Emmett, TU NOVIO, preguntó si Seth era mi hijo y tú no hiciste nada más que mirarme con una expresión de horror.

Finalmente su rostro cambió por una mirada de determinación y un ceño fruncido. Cuando habló, era más un grito.

—¿Qué querías que hiciera, Bella? ¡No podía decirle a Emmet que Seth es mi hijo!

Bufé con fuerza y descansé mis manos y peso sobre el mostrador frente a ella... hasta que vi el letrero de "No recostarse" y lancé mis brazos al aire con molestia para luego cruzarlos sobre mi cuerpo. Estúpido letrero.

—Además, Bella, yo no te pedí que dijeras que es tuyo— Prosiguió Rosalie bajando su tono pero aun hablando seriamente.

—¡No! ¡Solamente me miraste con esa cara de terror!

—¡Eso no significa...!

Corté su defensa rápidamente bajando mi tono a un susurro porque sabía muy bien que probablemente más de uno estaba escuchándonos.

—Seth no tiene padre, Rosalie, yo no iba a dejar que se quedara sin madre también.

La expresión iracunda de mi amiga se suavizó lentamente al darse cuenta de lo que le había dicho. Su mirada bajó al suelo y sus manos comenzaron a temblar.

—Ay por Dios— Susurró con su mirada perdida vagando en la extensión del piso de la tienda —Soy una horrible madre.

—¿Qué?— Dije sorprendida por sus palabras y sin esperar verdaderamente una respuesta.

—Soy una horrible madre— Repitió ella llevando sus temblorosas manos hasta su boca —Negué a mi propio hijo, negué a mi pequeñito— Su susurro seconvirtió en un sollozo.

Sin siquiera pensarlo mis brazos se abrieron para rodear sus hombros en un abrazo.

—Claro que no, Rose, eres una excelente mamá. No lo negaste, sólo... te congelaste— Intenté consolarla.

—No, Bella, no trates de hacerme sentir mejor. Lastimé a Seth y te obligué a hacer algo que no debías. Sé cuánto quieres a Seth y también lo mucho que él te quiere a ti, pero esto... esto me corresponde a mí— Explicó ella mirándome a la cara con sus ojos llenos de lágrimas. Pasé mi mano sobre su cabello y la abracé más fuertemente.

Sé que Rose no tenía una mala intención y no mentí cuando le dije lo excelente madre que era. Criar a un niño por sí sola, eso no lo hace todo el mundo. Pero también sabía que el amor, como comenzaba a sentir con Emmett, no había sido parte de su vida en mucho tiempo. Quizás incluso desde que el padre de Seth se fue.

Al cabo de unos minutos su respiración se fue acompasando y volteó a mirarme nuevamente.

—Te juro que le voy a decirle la verdad a Emmett ¿Puedes darme un poco más de tiempo?— La triste expresión de su rostro era innegable.

—Claro que sí.

—Gracias, Bella

Después de un rato logramos superar la pequeña crisis maternal de Rosalie. A las seis en punto cerramos la tienda y Rose y yo entramos a la casa para unirnos a Seth, Renee, mi abuela Annie y tío Peter para nuestra cena navideña. No pude evitar reír al ver a Seth robando pedazos del pastel que mamá había preparado. Para cuando fuésemos a comerlo, seguro estaría lleno de huecos y marcas de pequeños dedos por doquier.

—Bella, ¿preparaste la ensalada?— Preguntó mi madre desde la sala mientras yo estaba en la cocina.

—¡En eso estoy mamá!

—Ok, ok— Se acercó hasta a mí y apretó mi hombro afectuosamente —¡Bella!— Exclamó repentinamente haciéndome girar hacia ella —¡No me recordaste que comprara la salsa para la carne!

Hice una mueca ante sus palabras que rápidamente intente ocultar volteando mi cuerpo nuevamente hacia la ensalada —Lo olvide mamá— Murmuré a regañadientes.

—¡Ya me di cuenta!

Escuché sus pasos y suspiré profundamente por mi situación. Mi madre... digamos que ella nunca comete errores, las personas a su alrededor sí. Todos nos pusimos nuestros mejores atuendos para la cena. Yo llevaba una falda blanca con vuelo hasta la rodilla y una blusa azul de cuello V con pequeñas mangas. Este año organizamos sillas y una mesa en la habitación de mi abuela ya que por su reciente operación estaba de reposo.

—Mamá— Susurró Seth sin darse cuenta que la habitación era muy pequeña para los secretos así que todos podíamos escucharlo.

—Dime— Respondió Rosalie con la boca un poco llena de ensalada de papa.

—¡Dame más pastel!

—No más pastel Seth, vas a explotar, ¡llevas 3 pedazos!— Exclamó Rose también en susurros.

Renee, la abuela, tío Peter y yo seguíamos comiendo y mirando a otro lado como si nada, sólo para evitarle la pena a Rosalie.

—¡Mamá! Es de chocolate, por favooooor— Rogó Seth en voz chillona.

Rosalie comenzó a sonar la punta de su zapato una y otra vez contra el suelo y eso era señal de que estaba perdiendo la paciencia.

—¡A ver! ¡Rosalie! ¡Sírvele más pastel al muchacho!— Exclamó mi abuela dándole una gran sonrisa a Seth que él correspondió.

Puede que no sea su nieto, pero la adoración que tenía mi abuela por Seth era innegable. Estaba bastante seguro de que Seth era como su propio sol.

—Sra Dwyer, no creo que...

—¡Yo se lo sirvo!— Mi abuela movió su cuerpo en un ademán de levantarse de su coma, ante el cual todos nos levantamos de nuestro asiento para detenerla.

Imaginen nuestra sorpresa cuando escuchamos la carcajada.

—¡Se lo creyeron!— Siguió ella entre risas hasta que repentinamente cesaron para hablar muy seriamente —Ahora sírvanle al muchacho.

Rose se dispuso a servir más pastel mientras que Peter y mi mamá llevaban los platos a la cocina. Pude ver como Seth chocaba los cinco con la abuela bajo la mesa. Juro por Dios que esa viejita era única.

—¿Tu también quieres más pastel, hija?— Me preguntó mi abuela afectuosamente.

—No, estoy bien.

—¡Ay, Bella! Comes como un pajarito.

Rosalie resopló con fuerza y, aunque estaba de espaldas, podía ver sus hombros sacudiéndose por la risa. Así que discretamente le di una patada que me ganó una mirada furibunda pero su silencio. La muy traidora sabía muy bien que a veces comía peor que un camionero (o que Seth, y eso era decir bastante).

—¿Cómo te va en la floristería?— Continuó mi abuela haciendo caso omiso de Rose. Para ese momento tenía a Seth sentado junto a ella y sostenía su mano frotándola en círculos.

—Todo muy bien, abuela. Los pedidos navideños están...

—¿Y eres feliz?— Me Interrumpió bruscamente con una mirada inquisidora. Era en momentos como esto donde el blanco de sus cabellos y las líneas bajo sus ojos me recordaban que no eran más que experiencia.

—Si ¿Por qué...?

—No pasaste cinco años estudiando para eso, hija— Sonrió mi abuela afectuosamente —Deberías hablarlo con tu madre. Necesitas salir de aquí.

Suspiré y di gracias a Dios cuando Seth decidió interrumpirnos en ese momento para decirle a la abuela que su pastel de chocolate seguía siendo mejor que el de Renee. Iba de camino a la cocina a dejar mi plato cuando escuché las voces de mamá y tío Peter.

—...no lo sé. Ya hablé con el médico, Peter. Necesito que vengas a ayudarme más seguido, lo único que puedo hacer es cuidar a mamá y necesito ayuda—

—Por eso tienes a Bella— Explicó mi tío como lo más natural del mundo.

—Bella está pendiente de la floristería.

—Para eso tienes a Rosalie.

—¡Por favor, Peter! Tú sabes que nunca le dejaría el negocio solo por más de confianza y vecina que sea. Un Dwyer siempre ha estado detrás de ese mostrador y un Dwyer siempre estará detrás de ese mostrador. En ese momento tío Peter salió de la cocina y pasó junto a mi velozmente sin siquiera darme una mirada. Seguí mi camino y me encontré a mi madre con una expresión de tristeza en su rostro.

—Ay, Bella, menos mal que te tengo hija. Gracias por ayudarme en todo, no sabes lo mucho que necesito que estés aquí— Dijo con una sonrisa medio triste.

Me envolvió en un abrazo y enterré mi rostro en su cuello. Me dolía verla cansada, al igual que a la abuela. Después de un momento me soltó de su abrazó y me sonrió más tranquilamente... hasta que su sonrisa cesó —Recuerda no comer tanta ensalada de papa, sigues teniendo muchas espinillas. Con eso soltó mis brazos y se encaminó de vuelta a la habitación de la abuela. Lavé y fregué mi plato con gran lentitud como si calculara cada movimiento. Aunque fuese verdad, aunque pudiese calcular cada paso, no todo salía como yo esperaba, no todos mis planes iban como una vez pensé y tenía que hacer lo que se necesitaba, no lo que quería.

¿Entonces para qué las personas hacen planes? Si de todos modos lo importante es resolver. Suspiré pesadamente y la voz de Rosalie me despertó.

—Bella, tu mamá necesita que vaya a ayudarla a recoger los platos.

La miré directamente a los ojos pero sin verla realmente. Ahí está otra vez. Una persona que "necesita" que haga algo ¿Qué hay de mí? ¿No necesito yo hacer algo primero? Sí. Sí lo necesito.

—Dile que me llamaron, que tuve que salir, que... tengo mi teléfono.

Con eso tomé mi chaqueta y salí velozmente a hacer algo... a hacer algo por mí.

El clima era sumamente frío, era frío navideño. Si bien no había nieve, la brisa y el cielo encapotado hicieron acto de presencia. Tomé las solapas de mi grueso abrigo y lo apreté con más fuerza alrededor de mi cuello mientras hacía mi camino por los pasillo llenos de plantas del hermoso jardín urbano Swansons: mi lugar favorito en el mundo porque compartíamos mucho más que la raíz de un apellido.

Desde que era pequeña, mi abuela me traía acá a visitar y comprar plantas y flores mientras me relataba la historia de la familia Swansons. En 1888 el Sr. Swanson llegó de Suecia e inició su vivero con nada más que semillas y duro trabajo. Fue difícil para él hacerse lugar y nombre en una tierra que no era la de él pero poco a poco lo fue logrando y, más importante aún, conoció a Selma, dueña de su propio negocio floral.

—A partir de allí— Decía mi abuela —La magia de las flores surtió su efecto y los competidores se aliaron para seguir trabajando y formar este hermoso jardín que ves hoy pero, más importante, para formar una gran familia que sigue llevando esta tierra.

—¿Y se enamoraron, abuela? ¿Así nada más?— Preguntaba yo muy intrigada.

Para ese entonces yo tenía la idea de que el amor era demasiado fácil para ser real, que la gente enamorándose de otra no tenía sentido si era prácticamente lo mismo que la amistad. Desafortunadamente, el amor seguía siendo un poco ajeno a mí. Aunque no puedo decir que mi abuela nunca intentó explicármelo.

—No es así nada más, hija. Es...— Se reía suavemente sosteniendo mi mano con dulzura.

—Explícame, abuela.

—Es distinto para todos— Anunciaba ella con la mirada perdida hacia las coloridas flores a nuestros pies —Algunos se enamoran apenas se ven, otros necesitan más tiempo— No olvido la sonrisa en su rostro para este momento —Algunos olvidan que el amor siquiera es una opción y ni se atreven a pensarlo...

—¿Qué?

—Nada. Sólo... olvídalo, hija. El amor ya es bastante complicado sin que nosotros metamos la pata tratando de explicarlo.

Justo ahora el vivero tenía más público del usual gracias al especial navideño: una foto con los renos. Había pequeños niños con gorros navideños y cuernos de reno guindando en sus cabezas, así como familias y parejas tomadas de la mano y caminando muy juntas. No podía culparlos, el ambiente era mágico. Esta vez no sólo eran las plantas y flores adornando los pasillos del vivero sino muchas luces navideñas dispuestas alrededor de las plantas y árboles, algunos de los cuales eran árboles artificiales con luces en lugar de hojas pero con troncos y raíces plásticas muy gruesas que simulaban las reales. El contraste de las brillantes luces coloridas contra la oscuridad del cielo era simplemente mágico.

Oscuridad... ¿Está mal que eso me recuerde a Edward?

Edward... le había comentado en una de nuestras conversaciones las ganas que tenía de venir aquí hoy y lo difícil que sería escaparme de mi familia. Secretamente esperaba que me invitara a salir... no lo sé, algo como "¿Te gustaría ir al vivero Swansons conmigo?" o "Yo puedo acompañarte al vivero, Bella" o "Me gustas mucho y tengo muchas ganas de besarte, quizás podamos hacerlo en el vivero". Ok, eso último no era muy probable, pero el sólo pensar cómo se veía hoy con esa camisa ajustada (definitivamente mejor que la ropa formal que usualmente llevaba y que lo hacía ver mayor). Cuando le llevé las flores estaba a punto de besarlo... ok, en realidad estuve más cerca de abrazarlo. Pero su incomodidad y tensión después de que dije que Seth era mi hijo, me empujó por completo.

¿Qué esperabas, Bella? ¡Es hombre! ¡Por Dios!

Mi mano fue directamente a mi bolsillo y palpé mi celular considerando el enviarle otro mensaje pero decidí que no podía desperdiciar mi fuerza en perseguir a Edward Cullen. Estaba acercándome a los renos para verlos más de cerca (aunque era un poco difícil por la cantidad de niños y familias a su alrededor) cuando escuché unos insistentes ladridos, lo que me extrañó porque no estaban permitidas las mascotas. Después de eso fueron sus gritos.

—¡Chester! ¡Cálmate!

Automáticamente giré mi cuerpo en dirección a su voz y lo vi.

—¡Chester! ¡Quieto!— Gritaba Edward hacia su perro quien estaba dando vueltas alrededor de sus pies y... parecía mirar en mi dirección cada vez que ladraba.

Edward sostenía la correa de Chester y su bastón con una sola mano mientras deslizaba la otra bajo sus lentes oscuros y frotaba sus ojos. Repentinamente Chester comenzó a andar hacia mí, lo que empujó a Edward sin previo aviso.

—¡Chester! ¡Maldita sea!— Exclamó caminando a tropiezos hasta que finalmente ambos se detuvieron frente a mí.

—¿Estas feliz ahora?— Gritó Edward con su rostro justo frente al mío y mis ojos se abrieron como platos al pensar que se dirigía a mí, un momento después me di cuenta de que estaba hablando con Chester, ya que se agachó hasta su nivel, tomó una de sus peludas orejas con suavidad y la levantó para susurrarle al oído —Recuerdo muy bien la última vez que te pusiste así pero me temo que estas equivocado, ella no está aquí.

Sostuve mi aliento y con el mayor cuidado posible caminé de puntillas hacia atrás. Cuando conseguí un poco de espacio entre nosotros, aclaré mi garganta lo suficientemente alto y caminé hacia ellos arrastrando mis pies más sonoramente que de costumbre.

—¿Edward, eres tú?— Oh, por Dios, qué patética soy. Tendré suerte si realmente se lo cree.

Edward se puso de pie nuevamente y giró su cabeza en varias direcciones, lo que me permitió reposar mi mano sobre su brazo. Ya saben, para que supiera dónde estoy, por ninguna otra razón en lo absoluto.

—Bella... hola— Replicó —¿Qué...? ¿Qué estás haciendo aquí?

Eran momentos como este cuando me sentí como una niñita egoísta e insensible porque una parte de mí se alegraba de que Edward no pudiera verme en este momento. Mis axilas y las palmas de mi mano picaban por las pequeñas gotas de sudor y estoy segura de que la expresión en mi rostro delataba mis nervios. Afortunadamente, mi voz era la única guerrera que no me dejaba morir y salía con una confianza que ni yo reconocía.

—Eso podría preguntarte yo a ti ¿Qué haces en un vivero un 24 de Diciembre?— Pregunté con toda la curiosidad que realmente tenía. Él había dicho que pasaría navidad y nunca me comentó nada sobre venir al vivero conmigo. ¿Podría ser...? ¿Podría... haber venido... por mí?

Antes de responder, sus cejas se alzaron por un momento sobre el marco de sus lentes y luego volvieron a su lugar.

—Me dijeron que había renos— Su simple respuesta fue pausada y cada sílaba mostraba un poco más de su sonrisa.

No sabría cómo explicarlo pero su sonrisa era algo más que una sonrisa provocadora o de tono bromista, era tranquila, era simple. Puede que hayan sido las preciosas luces que resplandecían tras él o la adorable canción navideña que una famosa cantante interpretaba desde los altavoces, pero me hizo reír, y por la forma en que su sonrisa se ensanchaba al escucharme pude ver que le agradaba mi reacción.

—Claro, quién puede resistirse a una foto con los renos, ¿verdad?— Le seguí la corriente —Entonces supongo que estas aquí para unirte a la cola.

—¡Por supuesto que sí!— Replicó de inmediato pero luego se acercó a mí y susurró —¿Hay mucha cola?

Di un vistazo y conté alrededor de 10 personas frente a nosotros —Unas cuarenta nada más— Susurré de vuelta.

Soltó un gruñido y, al apretar su brazo con mi mano, me di cuenta que había olvidado apartarla.

—Sólo son 10— Le aclaré para luego alejar mi mano.

—¡Ah! ¿Entonces te aprovechas de un pobre...?— Inició con tono jocoso y una sonrisa pero se detuvo en seco. Su sonrisa falló y decayó un poco pero continuó —...ciego.

Tragué grueso al no saber qué hacer, así que tomé la mano que sostenía la correa de Chester y entrelacé nuestros dedos para guiarlo hasta la fila de personas. Manteniendo mi tono bromista, hablé nuevamente.

—Era una broma, Edward. Tienes que aprender a reconocerlas. Tú también puedes hacerlas, ¿sabías?— Reí suavemente con el ligero movimiento que hizo con la cabeza y que me recordó tanto a Seth cuando me rueda los ojos. ¡Oh, por Dios! ¡Edward me debe estar rodando los ojos! Después de eso la conversación fluyó más tranquilamente. Edward me hizo varias preguntas acerca del lugar, como qué clase de flores y decoraciones tenía, qué hacía la gente, incluso preguntó el nombre de la canción que colocaban en los parlantes a cada momento y que yo seguía cantando. Lo que él no sabía es que la canción sólo seguía sonando porque yo conocía a la niña que estaba junto al equipo de sonido y cada pocos minutos le hacía una seña para que la pusiera otra vez.

¿Qué puedo decir? ¡Soy convincente!

Casi tuve que morderme la lengua para evitar preguntarle por su familia o por su día, pero todo iba muy bien y no quería echarlo a perder. A nuestros pies, Chester ladraba y frotaba su peludo cuerpo contra mis descubiertas pantorrillas, de vez en cuando me agachaba a su nivel para acariciarlo un poco y el pie de Edward chocaba conmigo cada vez que lo hacía, no sabía por qué. Para cuando llegó nuestro turno, el frío se había acentuado mucho más pero me hice la valiente.

—Llegamos, es tu turno— Le dije a Edward cuando la última familia ante nosotros terminaba su foto.

—¿Qué?— Preguntó con su ceño fruncido.

—¡Tu turno, Edward! ¡La foto con los renos!— Esta vez era yo la que tenía el ceño fruncido ¿No era para eso que hacíamos la fila? ¿O qué pensaba?

—¡Ah, si!

No hacía ningún movimiento así que lo empujé con un poco de fuerza para acercarlo hasta la parte de los renos.

—Aquí estas bien. Chester también saldrá en la foto así que mira hacia acá— Expliqué dirigiendo su cuerpo hacia dónde estaba la cámara —Y sonríe.

Comencé a alejarme cuando su mano tomó rápidamente mi brazo. Aparentemente, Edward tenía reflejos rápidos —¡Bella! ¿A dónde vas?

—A apartarme para que te saquen la foto.

—Quédate. La foto es para todos— Aseguró.

—Gracias— Sonreí y me dirigí al otro lado de modo que Chester quedara entre nosotros y los renos se vieran mejor tras Edward.

Estábamos posando cuando el señor se apartó dela cámara y se dirigió a mi —Hey, niña, creo que te verías mejor a lado de tu novio.

—No es mi novio.

—No es mi novia.

Respondimos Edward y yo al unísono y giré mi rostro hacia él para darme cuenta que él había hecho lo mismo. Di una pequeña sonrisa a pesar de que él no podía verla y fue raro al notar que él hizo lo mismo para mí.

—Ok. Esto es un poco incómodo— Continuó el señor con expresión avergonzada y rascando la parte calva en su cabeza —De todos modos, ¿pueden colocarse juntos?

—Está bien— Afirmó Edward y muy ágilmente dobló su bastón colocándolo en su bolsillo. Tomé eso como señal, caminé y me puse de pié junto a él colocando una de mis manos en mi costado y la otra sobre la cabeza de Chester.

El señor se escondió nuevamente tras la cámara y le di mi mejor sonrisa... hasta que se alejó nuevamente para dirigirse a mi —Hey, niña, ¿te importa si le doy un cintillo a tu perro?— Preguntó el hombre con una entusiasta sonrisa que dejaba entrever un diente torcido.

—¿Por qué quiere ponerle un cintillo a mi perro? ¡Es perro! ¡Nada de cintillos!— Exclamó Edward señalando hacia adelante.

—No es un cintillo de niña, son cuernos, como los renos, ¿entiende?— Preguntó el hombre sin abandonar su sonrisa. Hablaba como si hubiese tenido la idea más brillante del planeta.

Cuando Edward finalmente accedió (aunque tuve que insistirle y jalarle del brazo un par de veces para lograrlo) entendí perfectamente por qué el señor sonreía de esa forma. Chester se veía ADORABLE (A-DO-RA-BLE) con sus cuernos rojo brillante. No pude evitar un gemido de ternura al verlo y me agaché para juntar nuestras narices.

—¿Qué? ¿Se ve horrible?— Preguntó Edward entre dientes.

—¡No! Se ve precioso.

—Ok, ¿listos? Ahí voy— Anunció el hombre preparándose nuevamente tras la cámara.

Coloqué mi mejor sonrisa y escuché a Edward murmurar algo ininteligible por lo bajo pero en seguida me distraje cuando sentí su mano posarse sobre mi cintura. Al mirarlo de reojo, estaba dirigiendo una amplia sonrisa hacia el frente y eso me recordó recobrar mi compostura para la foto.

—¡Sonrían!— Exclamó el hombre y luego... flash —Listo. Siguiente.

—¿Listo?— Inquirió Edward hacia mí.

—Sip.

Fui a quitarle el cintillo de cuernos a Chester pero el hombre de la cámara dijo que podíamos quedárnoslo.

—¿Puedes quitárselo de todos modos?— Insistió Edward mientras nos dirigíamos hacia el lugar donde nos darían y pagaríamos la foto.

—¿Por qué? ¿Quieres ponértelo?

—Já, já— Replicó sin gracia pero peleando con una pequeña sonrisa que bailaba en sus labios —No, pero no sé cómo se ve así que prefiero que no lo tenga.

—Está bien— Accedí algo renuente, pero cuando me agaché para quitárselo, no pude soportarlo. Se veía tan bello con sus enormes ojos negros y su cintillo resplandeciente en contraste con su pelaje amarillo. Discretamente le di un abrazo a mi peludo amigo y me puse de pie nuevamente.

—¿Se lo quitaste?

—Sí, lo hice— Mentí. Ya se daría cuenta luego.

El frío se hizo aún más fuerte (cosa que no creí posible), apreté mi abrigo con fuerza y maldije mi "fantástica" idea de usar falda aunque sea larga. Mis brazos temblaban levemente.

—¿Tienes frío?

—Demasiado— Respondí de inmediato.

Edward apartó la bufanda de su cuello y me la entregó.

—No importa, no es tanto el frío— Comenté ante su gesto.

—Creo que la palabra exacta fue "demasiado"— Insistió Edward sonriendo como si nada, así que lo acepté. Después de todo, me estaba congelando.

—Aquí tiene— Dijo un hombre joven entregándome la fotografía. La sonrisa de Edward era preciosa y Chester se veía genial con sus cuernos. No pude evitar notar que mi propia sonrisa no era precisamente "de mentira" aunque desearía haber sostenido la mano de Edward.

—¿Ves una parte más cálida a la que podamos ir?

—Si— Respondí viendo hacia el pequeño café que tenía el vivero y que parecía no estar tan poblado —Pero tenemos que pagar primero.

—Ya lo hice— Arguyó Edward tomando mi codo para apartarme del lugar.

—Pero...

—Vámonos— Continuó empujándome levemente.

—Ok, ok. Toma tu foto. Es preciosa— Tomé su mano para depositar el papel pero él cerró su palma.

—Puedes quedártela si quieres.

—Pero es tú...

—Tú puedes darle mejor uso— Sentenció. Esta vez sin sonrisa alguna en su rostro y no quise presionarlo así que cuidadosamente la coloqué dentro de mi bolso de modo que no se doblara. Edward, Chester y yo nos adentramos al medianamente pequeño café, ahí me di cuenta que en realidad estaba prácticamente repleto. Estaba iluminado con luces navideñas y guirnaldas que guindaban por doquier, además de un pequeño árbol en una de las esquinas. Había incluso un árbol más pequeño posado sobre una mesa, que tenía ojos y boca que se movían al compás de populares villancicos. Por supuesto, habían muchos niños a su al rededor.

—¿Quieres un café?— Me volteé hacia Edward para hablarle cuando una señora pasó tras de mi con una bandeja y me empujó.

¿Mi colchón salvavidas? El cuerpo de Edward. Nada mal para una chica. Me recibió en sus brazos e hice lo posible por incorporarme.

—Discúlpame, Edward. No fue mi intención, disculpa.

—No importa, tranquila— A pesar de sus palabras, sonaba bastante tenso y maldije en silencio a la señora que me hizo tropezar por echar a perder lo que iba tan bien.

Para mi sorpresa, un señor mayor pasó tras él y lo empujó por error, desafortunadamente para Edward, yo no tenía su misma fuerza o sus mismos reflejos (ni de cerca) y, aunque envolvió mi cintura en sus brazos para sostenernos, terminamos dando tropezones hacia atrás hasta que finalmente pudimos incorporarnos a duras penas.

—Lo siento mucho, Bella, no quise... ¿Qué...? ¿Qué es esto?— Edward hablaba entrecortado porque había chocado de cara con una pequeña plantita que guindaba del techo.

¿El techo es bajo o Edward es muy alto? No tengo idea. Aunque lo último era cierto.

—Es... es muérdago— Le expliqué tomando el pequeño ramo en mi mano para apartarlo de su rostros.

—Oh— Fue su única respuesta.

—Sí.

"Brillante, Bella. Te quedó perfecto" maldije en voz baja.

Estando tan cerca pude ver la mandíbula de Edward apretarse y soltarse repetidamente y mis manos y axilas comenzaron a picar de nuevo ¡Diablos! ¡Necesitaba comprar un nuevo antitranspirante! Oh, por Dios, espero que no tenga nada que ver con el olor.

—Feliz navidad, Bella— Dijo Edward suave y pausadamente, casi como si estuviese diciendo algo más.

—Feliz navidad— Repliqué en un murmullo justo antes de que su rostro se acercara despacio hacia el mío y depositara el más suave y cálido beso en mi mejilla. A mis pies, Chester ladraba sin parar y enredaba su correa alrededor de nuestras piernas.

Sí. Era una muy feliz navidad.


El vivero Swanson así como su historia son hechos reales. Los renos en navidad y la forma de jardín urbano ubicado en Seattle también ;) es una suerte para mi en realidad jaja.

¡Bueno! Ya saben quién es la mamá de Seth :D me da un poco de penita por las que me preguntaban sobre el embarazo de Bella xD pero ya ven. ¿Qué tal lo que hizo Rose? ¿Y el encuentro navideño de Bella y Edward? :D me encantaaa cuando estan juntos :$ y de verdad pienso que Chester debe verse muy bien con sus cuernitos jaja.

Tengo montones de ganas de saber su opinión porque hay varias cosas grandes en este cap :D yo sé que no me dejaran mal ;)

FELIZ AÑO PARA TODOOOOOS! Bendiciones y éxitos en este 2014, gracias por todo su apoyo y nos veremos el próximo año ;)

Abrazos.

Alessa.