Summary: ¿Cuál había sido su pecado? ¿Ser rica? ¿Estar en el lugar y momento equivocado? Como fuera, ahora vivía un infierno ¿Cómo el dinero podría ser capaz de ponerle precio a una vida? —Universo alterno—
Disclaimer: Los personajes de Bleach son enteramente propiedad de Tite Kubo. Yo soy tan sólo una fanática loca que intenta emparejar por todos los medios a Ichigo y Rukia para su satisfacción.
Notas de la autora:
+ Esta historia nació en un momento de ocio. Creo que influyó mucho las constantes noticias acerca de la violencia que, lamentablemente, sufre mi país y ciertas experiencias cercanas que he vivido.
+ El título de la historia lo elegí por una canción de un grupo con el cual estaba traumada hace varios años.
Estuve aislada de la sociedad varios días, lejos de la ciudad y del internet —y tuve una abstinencia parecida a la de un drogadicto—, pero no estuvo tan mal. La inspiración me llegó en la madrugada del sábado y tomé el primer cuaderno que vi y lo anoté todo para que no se me olvidara. Me alegra que los cambios les agradara (Tienes razón, Tesake, esto estaba más confuso que todas las películas de Tarantino juntas jaja).
Ahora sí, procederé a bañarme con agua caliente *cry*
Este es el antepenúltimo capítulo. Si todo sale bien (y hay muchos reviews. Ok, no) el viernes subiré el capítulo final. Espero que les guste esta actualización.
Gracias por todo, chicos.
-Y de la gasolina renació el amor-
Sangre por sangre
Todo había sucedido en un segundo. Si bien, era cierto que no era la primera vez que asesinaba a alguien, al menos esta vez era inocente. Por lo regular, se encargaba de liquidar manzanas podridas de la organización y bajo ciertos códigos. No mataba nada más porque sí. En su lista llevaba, aproximadamente, veinticinco nombres, pero todos por una razón lógica.
Jamás olvidaría la primera vez que jaló de un gatillo:
Su madre había fallecido cuatro años atrás, por una extraña enfermedad; su padre, por negarse a atender clandestinamente a un hombre que pertenecía a una pequeña, pero sanguinaria, banda delictiva. Sus hermanas y él quedaron huérfanos a la tierna edad de siete y diez años, respectivamente. No tenían ningún pariente cercano, entonces el Estado debía encargarse de ellos automáticamente. Con la venta de la clínica familiar, el funeral quedó cubierto. Sin embargo, se quedaron en la calle. Todo apuntaba a que serían llevados a un orfanatorio, pero Ichigo tomó la decisión más importante de su vida: se escaparían antes de que fueran separados.
La noche anterior a la visita de las autoridades, tomaron los últimos objetos de valor que poseían (así podrían subsistir algunos días), una muda de ropa y el álbum familiar de fotografías (para jamás olvidar que pertenecieron a una hermosa familia y que sus padres los amaron hasta el día final de sus días) y se fueron.
Se fueron de Karakura para nunca regresar.
Tuvieron suerte. Abordaron el primer tren que partía esa mañana. Por supuesto que sería extraño que un par de niños compraran boletos, así que sobornaron a un indigente que se encontraba afuera de la estación para que él lo hiciera. Fingieron que sus padres ya habían subido al vagón y nadie hizo más preguntas. Arribaron a la bulliciosa ciudad de Tokio en una tarde lluviosa. Se hospedaron en una desvencijada pensión que se localizaba en una zona problemática y esa noche durmieron los tres abrazados. Ichigo se prometió que jamás volvería a llorar enfrente de sus hermanas y que no les faltaría nada, aunque tuviera que vender su alma al mismísimo diablo. Palabras muy fuertes para un niño de tan sólo diez años.
La vida le obligó a madurar prematuramente.
El dinero que poseían alcanzó para una semana —a pesar de que solo hicieran una pobre comida al día—. Irremediablemente, fueron corridos de la pensión y se quedaron sin techo, otra vez. Nadie le daba trabajo a un débil y escuálido niño, eso lo supo Ichigo inmediatamente. Durmieron una temporada en un parque, escondidos para no llamar la atención y comían lo que encontraban en los contenedores de basura. Las gemelas lloraron un sinfín de ocasiones por el hambre y él, cuando estaba solo, por la desesperación.
Hasta que por fin, alguien se apiadó de ellos.
Un hombre obeso y de espesa barba negra se les acercó un día y les ofreció un lugar donde vivir a cambio de un sencillo trabajo. De ser en otras condiciones, el peli-naranja se hubiera negado, pero no tenía otra alternativa. Tuvo que hacer a un lado sus desconfianzas, sin olvidarlas por completo y aceptó su propuesta.
Los primeros meses, esto pareció funcionar. Las gemelas se encargaban de una parte de la limpieza, aunque el ojimiel hacía lo más pesado y también era el recadero. Desde el primer día, supo que ese sujeto andaba en negocios turbios, pero se hizo de la vista gorda. Mientras él no se metiera con ellos y continuara ayudándolos, le importaba un carajo lo que hiciera de su vida. Ichigo deseaba que sus hermanas asistieran a la escuela, sin embargo esto era imposible sin que fueran descubiertos. Su vida era pesada, pero estaban juntos.
Todo acabó ese fatal día.
Ichigo se escapó de sus obligaciones para saludar a las gemelas. Cuando llegó a la casa, todo estaba en completo silencio. Él supuso que a esa hora estarían haciendo la comida, pero se encontró con algo muy distinto… Buscó con rapidez en todas las habitaciones, hasta que abrió lentamente la recámara del gordo. Fue entonces cuando la ira le cegó: el hijo de puta estaba abusando de Karin y Yuzu se hallaba en un rincón con la mirada perdida. Sin dudarlo, se dirigió a la alacena donde sabía que ese bastardo escondía un arma y la tomó. Le disparó hasta que la tapa de sus sesos voló. El piso y parte de las paredes quedaron decorados, involuntariamente, por el carmín de su sangre.
Mientras buscaba dinero para volver a huir, llegó a la conclusión que la carrera había terminado. Sí él hubiera protegido a sus hermanas, jamás les hubiera pasado eso. Había sido muy egoísta. Ahora haría las cosas bien. Prefería vivir separado de ellas, a que tuvieran que sufrir… más.
Abandonaron esa casa llena de mierda y se dirigieron al hospital para que pudieran atender a las gemelas. Cuando los policías preguntaron qué había sucedido, los tres niños permanecieron en silencio. Las autoridades, ante la falta de información, incluso formularon la hipótesis de que el hermano mayor había sido el culpable del abuso sexual hacia sus hermanas, pero lo descartaron con rapidez.
Al final, con un extenso tratamiento psicológico, las gemelas volvieron a tener una vida más o menos normal y fueron adoptadas por un buen matrimonio. Él también fue llevado a un nuevo hogar, que podía ser todo, menos bueno.
Jamás volvió a ver a sus hermanas.
Ichigo terminó la secundaría a duras penas, tras una larga serie de reportes de conducta. Sus padres adoptivos solo le veían como una fuente de ingresos y lo maltrataban físicamente. Huyó de esa casa al día siguiente de su graduación y terminó conociendo a Grimmjow en una pelea callejera. El resto era historia.
Cerró los ojos pesadamente.
El arrepentimiento era una palabra que había descontinuado en su vida, pero en ese momento era la que cobraba más importancia.
