Nota importante: Los personajes no me pertenecen, los creadores y dueños oficiales son Kurumada y Teshirogi. Yo solo me divierto con posibles finales, tampoco mi afan es de ser escritora, solo garabateo...
Hola a medida de información les aclaro que este capitulo esta dividido en dos partes, la primera es el cierre de los caballeros asignados hacia los dioses y la segunda parte es un omake entre Ares y Afrodita.
Con especial dedicación para mi amiga Liz quien estaba ansiosa pro ese pequeño apartado, un saludo
Monte Olimpo
Templo de Zeus
El soberano del Olimpo se movía diligente a la Sala de la Divinidad albergaba una misión de suma importancia y ésta era: esconderse de la histeria que por todos lados vociferaba su esposa. Desde que Hera se había enterado de las "cualidades innatas" del caballero asignado reprochaba al magno como si éste tuviera la culpa de tales "talantes". No siendo suficiente con eso aprovechó para "volver" a reclamar todas y cada una de sus faltas incluso las que él mismo había olvidado. La pelirroja mantenía una memoria fotográfica; lo recordaba todo y a la perfección. Esa situación tenía bastante agotado al Dios quien ya sentía desfallecerse con tanta palabrera. A sabiendas de que su esposa le seguía de cerquita y que por nada del mundo le quitaría el piste se vio obligado a apelar a su último recurso, "MENTIR".
-Hera, Cariño – dijo complaciente – Qué más quisiera yo poder seguir con nuestra charla, pero me temo que tendremos que posponerla tengo una reunión muy importante con los divinos.
Hera detuvo el paso en seco, sorprendiéndose ante las palabras de su marido. Con la mirada afilada observó de lleno los gestos del dios. −" ¿en qué momento mi reclamo paso a convertirse en CHARLA?"− pensó.
Zeus carraspeó nervioso quería convencer del todo a su esposa así que trataba de notarse lo más sincero posible aunque esa mirada punzante lo estaba acorralando.
− ¿Así que dejaremos esta "CHARLA" para después de tu reunión? – preguntó Hera inquisidora.
La mirada de la pelirroja sobre el rostro del Dios le provocó un calor insoportable, su sien comenzaba a mostrar diminutas perlas de agua y por extraño que pareciera no podía mantener fija la mirada. − ¡Ejem!… Así es, cariño – respondió rápidamente.
La diosa entrecerró el cejo con fiereza − ¡Es mentira! – Bramó – Tú semblante me lo dice todo, estás hecho un manojo de nervios. ¡Lo que quieres es escapar de todo esto!
El magno abrió los ojos como platos – ¡Por el Creador, Hera! Estoy aquí en las afueras del salón apunto de reunirme con ellos como se te ocurre pensar que esto es una mentira – respondió indignado.
La diosa aguzó aún más la mirada – Mira Zeus…si…sino lo confiesas, créeme que los divinos te esperarán por toda la eternidad – masculló tajante.
Zeus miró para todos lados, dubitativo − "¡Diablos! ¿Qué tiene ésta mujer que todo lo sabe? ¿Acaso yo mismo me delataría? Para colmo este maldito calor que no aguanto ¿Dónde rayos se encuentra céfiro cuando más se le necesita? ¿Qué haré...? Me temo que si no lo confieso, No me la quitaré de encima".
−Y bien, ¿ya lo pensaste? – inquirió desafiante.
−Está bien, está bien ¡lo confieso! Mujer…Necesito de un momento de paz – dijo bufando.
Hera dio un mohín triunfante y giró sobre sus talones para salir del lugar no sin antes advertirle: − Después de que salgas de ahí, Ni la "Creación" te salvará.
Zeus suspiró profundo −"¡Argh! ¡¿Mujeres por qué tienen que ser tan exasperantes?!"− dejó caer sus hombros y enseguida entró al salón.
En la sala de la Divinidad los Arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel se adaptaban al lugar. Con un renovado diseño donde se podía distinguir 24 pantallas esparcidas entre las cuatro paredes todas y cada una mostrando diferentes escenas en vivo y a todo color. Por lo visto los divinos no perdían detalle alguno de las nuevas obras que los Dioses comenzaban a realizar con sus asignados. La mesa que anteriormente fungía como lugar de reunión de los doce grandes, era ahora una magna pantalla ("High Definition") donde podían visualizarse las 24 pantallas a menor escala.
− ¡Demonios! – expresó Zeus. Quien miraba petrificado para todos lados. Levantó un brazo y la pantalla correspondiente a él proyectó el movimiento, levantó el otro y de nuevo la imagen lo capturó.− Ustedes sí que nos tienen vigilados ¿A qué sí?
Los tres hombres se miraron entre sí confundidos, para después desplegar la mirada hacia la deidad. − ¿Qué es lo que lo trae por aquí Dios del Rayo? – indagó Miguel
Zeus se tomó el tiempo de caminar de lado a lado sobre el borde de la mesa, eso sí, sin despegar ni por un segundo la vista de su propia imagen en la pantalla. Finalmente se cansó y decidió sentarse en una de las sillas −Estoy huyendo de la histeria de mi esposa – resopló cansado.
− ¡Ejem!Ejem!Ejem! Eso no es un argumento válido, señor Zeus − respondió de nuevo el jefe de las fuerzas celestiales
−Lo sé, lo sé… Pero tendrías que estar casado tú con ella para saber a lo que me refiero.
Miguel volteó al lado derecho para ver a Rafael y después al lado izquierdo para encontrarse con Gabriel, ambos dejaron caer los hombros, Ignorantes al tema. − ¡Ejem! Bien, en algo tiene razón nosotros no sabemos mucho al respecto. Sin embargo usted debería poner el ejemplo y estar planeando la estrategia a seguir para con su "asignado".
Zeus un hombre alto, fornido, de cabellos ondulados de color azul tan claro que parecían blanquecinos, y ojos azul malva. Había perdido la noción de su misiva debido al gran conflicto que se traía Hera por todo el Olimpo. Se levantó de un brincó de la silla, y se acercó a la pantalla para buscar la imagen de su "fijado".
La proyección que denotó la pantalla logró que el Dios arrugara el cejo molesto – Así que va a viajar solo con mi hija – dijo con la voz enardecida – ¡eso nunca! Ningún mortal le hablará al oído a mi niña.
Los divinos por enésima vez se miraron entre sí, esta vez mucho más descolocados que en la anterior – ¿De qué está hablando señor Zeus? − indagó Gabriel ignaro
− ¡Oh, vamos Gabriel! No finjas que "el Creador te habla". Sabes perfectamente a lo que me refiero, no dudo y todo esto sea un complot por parte de Madre para hacer que mi hija se case.
Los arcángeles abrieron los ojos como platos, asombrados de las palabras expuestas por el Dios – ¡Zeus! – Reprendió Miguel – no sé a qué tipo de planes se refiere. Lo que sí puedo decir que la misiva que tiene Athena es de las más importantes ya que ninguno de nosotros sabemos dónde se encuentra nuestra hermana. Es por ello que le sugiero que en lugar de estar haciendo berrinches se avoque a planear su estrategia.
El dios del rayo trago saliva, jamás imaginó que las palabras anteriormente exhibidas desataran la furia del arcángel, a punto estuvo de replicar cuando las puertas del salón se abrieron de nueva cuenta dejando entrever a un hombre pelirrojo de complexión gruesa, barbas y cabellos desaliñados. Caminaba con la ayuda de un palo y su rostro denotaba irritación.
−Hefesto, hijo ¿qué haces aquí? – indagó el magno
Sin embargo el aludido no contestó ya que al igual que su padre miraba hacia todos lados, analizando cada pantalla e imagen expuesta. Recorrió las cuatro paredes hasta toparse con la única que no deseaba ver en esos momentos: Afrodita en el salón rojo en una junta con sus hijos.
-Yo le he mandado a llamar – adelantó Miguel – es el único al que no le he podido entregar el expediente de su asignado.
El pelirrojo se despabiló y miró de lleno a los arcángeles. Rafael le extendía el dossier con la información del caballero, Hefesto se acercó, tomó y abrió el paquete. Después de hojear por unos instantes y a la expectación de su padre por saber quién era el elegido, musitó: − Con qué ElCid de Capricornio…
Hola, hola
Hasta aquí ya quedaron asignados los dioses. Pero para quien aun tenga dudas, les dejo le recuento:
Albafica- Afrodita
Degel- Hermes
Elcid- Hefesto
Sisifo- Zeus
Kardia- Hera
Dohko- no tiene
Asmita -Apolo
Regulus- Demeter
Manigoldo- Ares
Aspros y Deuteros- Poseidon
Rasgado-Artemisa
Shion- no tiene
Una vez queda esto comenzaran los tramas novelescos a los que se enfrentaran los dioses,espero que sean de su agrado.
ADVERTENCIA: El siguiente omake presenta un poco de Lemon y Sadomasoquismo, para las personas que no gustan de leer este tipo de literatura, absténgase.
En el siglo XVIII manejaban ciertos objetos de flagelación y tortura les dejo un pequeño glosario para que puedan entender los términos aquí usados.
Flagrum: Era un tipo de látigo con tres cerdas de cuero y que en las puntas guardaban esferas llamadas "pesitas"
Cometa del Obispo: es el grillete con cadena y la esfera de hierro fundido que usualmente utilizaban para los esclavos.
SUGERENCIA: para que el autor pudiera adentrarse a este relato le sirvió mucho de banda sonora la canción de "crazy love" de Beyoncé adaptada para 50 sombras de Grey, les recomiendo leer en compañia de ese tema musical, se transporta mejor al escenario jejejej
Ahora si, ¡vamos a Leer!
Capitulo Especial: Guerra Vs Pasión
Ares yacía en la entrada de su templo contemplando como los corceles de fuego del Dios Helios eran tirados de regreso hasta conseguir el crepúsculo y la presencia ambarina de la luna llena alumbrando a Nix, la noche.
El templo en Tracia era rodeado por un bosque espeso y siniestro, cuyas ramas amorfas arañaban todos y cada uno de los pilares a mármol, quienes esa noche están intensamente ensombrecidos por la negrura y golpeados con el feroz aullido del viento arremolinándose.
El Dios de la guerra adoraba esas noches tan frías como el témpano y tan lóbregas como sus deseos. Caminó de regreso al interior con una sensación de saciedad complacida como si lo que estuviera a punto de suscitarse lo llenara.
Deimos y Fobos, sus fieles acompañantes. Descansaban en una de las habitaciones contiguas a la de su padre. Habría que reconocer que los hijos del Dios de la guerra eran un tanto apegados por lo que difícilmente abandonaban el templo, a menos que…
¡CLANCK!
Se escuchó estrepitosamente en la entrada de la morada.
El objeto golpeó de lleno el mármol logrando un eco aterrador por todo el recinto.
Los hermanos asustados, levantaron de súbito sus cuerpos, sus ojos fueron engrandecidos y el corazón palpitó desenfrenado. A pesar de que los Dioses infundían el terror y temor respectivamente en los mortales, se distinguían entre los divinos por ser algo "cobardes" a la hora de lo desconocido. Con el miedo sucumbiendo a sus razones los dioses se miraron mutuamente…
− ¡Vámonos! – Afirmó Fobos aterrorizado – esta noche dormiremos en el Olimpo.
Sintiendo la proximidad del escalofriante arrastre, Deimos asintió y en segundos ambas deidades desaparecieron del templo.
En el pasillo principal se teñía la sombra de una fémina arrastrando en cada muñeca una "cometa del obispo", que no era otra cosa que gruesos grilletes acordonados por largas y pesadas cadenas cuyo fin era el peso de dos esferas de hierro fundido. En su andar, recorría el centro del pasillo de forma lenta y pausada logrando aquel aterrador sonido.
El cuerpo del Dios de la guerra reconoció a la perfección el origen de esa espantosa cacofonía, todos los vellos de su organismo se erizaron, y su entrepierna se removió inquieta. A sabiendas de lo que estaba por venir el Dios avanzó a su habitación favorita.
El ruido que generaban las cadenas golpeteando al mármol lo estaba excitando en sobremanera, imaginaba lo sensual que podría verse su amante tirando de esos grilletes. Llegó al marco de una habitación lóbrega, decorada por instrumentos de tortura y sumisión. A la mitad del cuarto, se imponía un astil de madera que nacía en el suelo y subía hasta topar con el cielo raso, de ahí mismo pendía una soga gruesa y amarillenta, la cual se podía izar a través de una polea. Sin lugar a dudas su juguete favorito: la garrucha. Penetrando en el lugar el Dios se vio envuelto entre grilletes, férulas, scuticas, flagrums, potros, cepos, arañas de bruja y un sinfín de objetos dedicados al placer de la deidad.
El ruido cesó y en el umbral apareció Afrodita, embellecida por la tenuidad de luz que albergaba la habitación. Ares instintivamente viró, un escalofrío cubrió su espina dorsal y su mirada se vio acrecentada. Ahí estaba su mujer, su diosa, sumisa y dispuesta a todo. Los labios del varón se curvearon formando una sonrisa, y alzó su mano invitándola al lugar.
Afrodita, sonrió ladina agradeciendo la invitación. Sus orbes correspondieron esa mirada a fuego masculina, y… caminó regia, adentrándose. Su figura era perfectamente delineada por el contrapeso que sus muñecas arrastraban haciéndole ver más sensual de lo que ya era.
Ares no pudo disimular su deseo ya que sus pupilas comenzaron a oscurecerse y la respiración poco a poco se entrecortó. Una vez que la diosa de la pasión estuvo frente a él, éste posó sus manos sobre su ropaje haciéndolos jiras, desnudando así el cuerpo ardiente y voluptuoso de la rubia. La tomó bruscamente por las muñecas (ocasionando un ruido ensordecedor con las cadenas) apretó con fuerza los grilletes hasta que logró resquebrajarlos, ganándose así un gemido placentero de su acompañante. No podía negar que ese pequeño sonido saliendo de la boca de la diosa lo llevó al borde, en su deseo irracional elevó las manos de la mujer por encima de su cabeza y pronto amagó sus muñecas a la soga, tiró de ésta hasta hacerla suspender en medio de la habitación.
El dios caminó hacia una de las paredes que estaba repleta de instrumentos de flagelación, tomó un flagrum y regresó hacia la deidad, quien para esos momentos ya se removía de absoluto placer viendo el miembro erecto de su amante. Ares llevaba solo la parte baja cubierta por un pantalón de fina seda que dejaba entrever sus grandes virtudes, el torso era pincelado como si fuere espartano; musculatura ancha, brazos gruesos y fuertes y finalmente un abdomen encuadrado. Oh, Ares todo un cuerpo de guerrero.
Afrodita suspendida miraba expectante al Dios, quien se tomaba tiempo en jugar. Golpeaba el látigo contra su mano una y otra vez hasta que un movimiento veloz sacudió el cuerpo de la diosa…
¡Chas!
¡Chas!
¡Chas!
Uno, dos, tres latigazos y Afrodita agitó su cuerpo entre el dolor causado por los azotes y la excitación que éstos mismos le generaban. Arqueó su espalda haciendo sobresaltar sus grandes pechos a lo que su amante inmediatamente correspondió.
Ares tiró bruscamente la soga y el cuerpo de la diosa cayó justo antes de tocar el suelo. Se acercó y la tomó aprehensivamente, besó de manera feroz sus senos, a los cuales le paseaba la lengua arriba y abajo, succionándolos, y mordiéndolos.
Una vez que se atestó de ese gusto volvió a izarla y golpeó de nuevo, esta vez no fueron tres sino 5 chasquidos al hilo. Afrodita entreabrió la boca jadeante logrando un brillo en los ojos de su espectador quien se encontraba en su punto máximo de excitación, deseaba poseerla ahí mismo en ese instante, chasqueó el látigo unas veces más y en medio del cuerpo de la rubia corrió un hilo de sangre. Con brío y la oscuridad apoderándose completamente de sus pupilas se acercó a la mujer y posó su lengua en el centro recogiendo cada gota del líquido rojo.
Afrodita se removió al contacto con la lengua tibia y sin poder esperar más atrapó al Dios con sus piernas rodeándole la cintura. Ares aventó el flagrum, para tomar por las posaderas a la rubia y la embistió agresivo.
¡Ah! – fue el gemido que chistó la mujer.
El hombre ojos de fuego comenzó vehemente la danza: elevaba y descendía el cuerpo de la diosa sobre su miembro haciéndole gemir de placer. Con los brazos aún atados Afrodita perdió la poca cordura que le quedaba y encendió su cosmos destrozando la soga para poder abrazar por el cuello a su amante. Éste sin dejar el vaivén movió a la rubia al lecho.
En la mullida cama Afrodita arqueaba su cuerpo cada vez que recibía el peso y la embestida de Ares. Sus manos recorrían el largo camino desde el coxis hasta los hombros, dejando cada tanto una seña de su presencia. El dios de la guerra mantenía varias lesiones en espalda y cuello debido a las uñas afiladas de la diosa y ni que decir cuando llegaba al cabello éste era tirado sin miramientos provocándole quejidos graves.
Ares en su deseo frenético besó acaloradamente a la rubia: su lengua rebuscó en cada espacio hasta morder el labio inferior. Afrodita aprovechó esa cercanía para dejar en claro sus deseos, se acercó al oído y…
− ¡Es mi turno! – dijo seductora
El rubio la miró cómplice sabía a la perfección lo que albergaba ese tono de voz, y lo que vendría con ello. Dispuesto a complacerla se recostó en la cama.
La diosa se levantó y amagó las cuatro extremidades del hombre en cada esquina del lecho. Caminó sugerente hacia la pared de instrumentos, tomó un CIRIO encendido y una navaja que fajó en la única prenda que le acompañaba: una liga a mitad del muslo. Comenzó a rodear lentamente el camastro, hasta que su mirada afilada asemejó a un tigre a punto de atacar a su presa.
Ares correspondía expectante, sin perder de vista los movimientos sigilosos de la rubia que poco a poco se acercaba, con la respiración entrecortada, el estómago se contrajo nervioso detectando el futuro movimiento.
La diosa del amor yacía parada al costado izquierdo de la cama, extendiendo la mano con el cirio, segundos después varias gotas del líquido hirviente se dejaron sentir en el torso del dios quien se removió entre el intenso ardor y la pasión que éste mismo acto le promovía. No siendo suficiente con escaldar el cuerpo espartano, Afrodita montó a la deidad provocando que tirara fuerte de las sogas al momento de sentir el calor de su mujer en su miembro.
La deidad de la guerra oprimía cada vez más su nuca contra las sabanas, la razón era que la diosa mantenía un cupular salvaje y el cuerpo del dios ansiaba mostrarle todo lo que guardaba para ella. Aunque esto último aún no era opción, el juego de su mujer apenas comenzaba y Ares sabía que tenía que guardarse.
Afrodita gozó desenfrenada de las mieles de su amado, hasta que poco a poco fue calmando la danza. Se mantuvo a horcajadas sobre el miembro, observando cada una de las reacciones de Ares hasta que éste logró bajar por completo la guardia. La rubia aprovechó ese preciado instante para sacar la navaja que reposaba en la liga y de un solo tajo, provocó un corte en el torso.
− ¡Ah! – resopló el dios, mientras disimuladamente apretaba los ojos con dolor. Era de su entero conocimiento que la peor parte se veía cerca, por lo tanto trataba de guardar postura.
Tanto en mortales como entre dioses se sabía sobre el enfermo placer que al dios le producía, torturar a sus víctimas en el lecho pasional. A tal grado era ese belicoso regodeo que sus amantes escasamente sobrevivían a ese menester, eso sin contar que las pocas que lo hacían quedaban severamente traumadas ante el acto. Sin embargo con lo que el resto no contaba era que el UNICO SER que subsistía a esos aparejos era la misma diosa de la pasión y no porque Ares se portara del todo diferente. Al igual que a las demás le imponía grandes agresiones a la hora del "amor", lo que hacía discrepancia en este caso era que la rubia resultaba ser lejos, más VIOLENTA Y BELICOSA que él.
¡choki!
¡choki!
¡choki!
Afrodita movió rápidamente su mano derecha e hizo tres inserciones más en el cuerpo de espartano, el aroma a sangre fresca de su amado hizo que bajara lentamente hasta que su lengua comenzó a recorrer cada incisión, degustando el líquido espeso que desbordaba.
Ares sentía desfallecer de placer, los cortes habían pasado a segundo término y lo único que ahora podía sentir era la tibieza de los labios de su mujer, recorriéndolo todo. Con la sonrisa pintada en el rostro el dios…
¡Ding! ¡Dong!
De un momento a otro se escuchó la campana de recordatorio del templo, quien cumplía con su función principal, que era el precisamente recordar que tendría que salir a dar el grito de "alalá" en alguna guerra para los mortales.
− ¡Ni se te ocurra moverte! – advirtió la rubia quien también había escuchado el campanear – cualquier guerra puede esperar. ¡YO…No!
Ares aunque no quisiera, tenía que aceptarlo. El deseo de su mujer estaba ante todo, pocos sabían de ese afecto tan desmedido que mantenía el dios de la guerra sobre la rubia. No la amaba…Secretamente ¡la adoraba! Respiró profundo y asentó ante los caprichos de la diosa quien sonreía triunfal.
Retomando el último movimiento, Afrodita comenzó a mecerse de nuevo, apretando el dote de la divinidad, y haciéndole gemir fuerte. El cupular se tornó severamente rápido hasta que ambos cuerpos deseosos llegaron a ese estallido blanquecino de placer.
− ¡Ah!− se escuchó al unísono
Él jadeó y ella jadeó, sus nombres fueron pronunciados apasionadamente y el inminente cálido beso hizo acto de presencia para culminar con ese trance.
No obstante esa noche el acto se repetiría en tres ocasiones más, hasta que Afrodita satisfecha desapareció del templo. Ares en cambio quedó tendido en el lecho, exhausto; su respiración poco a poco fue retomando serenidad mientras su rostro delineaba una sonrisa de satisfacción…
…"De nuevo la guerra sucumbía ante la pasión"
Que tal? Espero les haya gustado, ya que ha sido la razón de mi tardanza en actualizar, créanme que las personas que se dedican a este tipo de literatura le echan mucho coco jejejej yo trate de leer a Marques de Sade pero me sobrepasó jejejej y pues también me releí 50 sombras. En fin deseo que les haya gustado tanto como a mi.
Un especial agradecimiento a quienes me ayudaron con esta ardua labor , infinitamente agradecida.
A todos y cada uno que me dejan review, muchas gracias, me animan mucho a seguir. En esta ocasion espero no tardar tanto. De igual manera a los que siguen dando follow and favorite.
