Nota de la autora: Las palabras cursivas que están entre comillas son pensamientos. Las palabras que son solo cursivas enfatizan una idea.


.

Algo más que sólo amistad

.

Saltando al vacío

Remus J. Lupin se ha convertido en un experto en fingir.

Años de ser el prefecto modelo que cubre con maestría las bromas de sus amigos para evitarles los castigos le han dado la capacidad de fingir inocencia, de ocultar verdades, de urdir argumentos ingeniosos para salvar el pellejo en el último momento y evitar la sanción de los profesores. Sí, años de ser el prefecto modelo que finge, engaña, oculta y tergiversa en pro de sus queridos amigos lo han enseñado a maquillar verdades ante el profesorado, pero también lo han enseñado a ser un experto en maquillar sus propias reacciones y, más importante aún, sus sentimientos.

Remus lo sabe. Sabe que es poseedor de tal capacidad y decide hacer uso de ella precisamente ahora que tanto necesita fingir y ocultar la verdad ante Sirius.

Así pues soltando todo el aire que ha estado reteniendo disfraza su semblante con esa mascara de serenidad e inocencia que siempre le ha salvado en el último momento y, al tiempo que estira el brazo para girar la perilla y salir del cuarto de baño, guarda su triste y dolorido corazón (y todo el amor y la pasión y el deseo que siente por Sirius) bajo una pétrea coraza de impasibilidad rogando a todos los dioses que conoce que ésta sea lo suficientemente fuerte para que sus sentimientos no lo traicionen y logre callar la verdad (y resistir la mirada gris de Sirius y su sonrisa y su proximidad y todo ese vendaval de emociones a flor de piel que es Sirius).

Cuando Remus da un paso fuera puede ver la alta silueta de Sirius revoloteando alrededor de la pequeña mesa para dos que está junto a la ventana.

Ocupado colocando sobre la mesa un par de cafés y una bolsa de papel llena de bollitos azucarados Sirius todavía no se percata de su presencia, y de pronto Remus piensa que ese es un buen momento para que el mundo termine porque, al mirar la laboriosidad con que su amigo prepara la mesa para el desayuno, siente la punzante quemazón del remordimiento atenazar sus entrañas.

Sirius está de espaldas a él, sacando unos cuantos bollitos de la bolsa de papel y colocándolos sobre un plato de cristal; ni siquiera le ha mirado aún y esa parte de Remus que es toda miedo y remordimiento le hace querer escapar otra vez pero, sabiendo que no puede seguir huyendo, hace acopio de valor y parapetándose tras su mascara de serenidad se va acercando a la pequeña mesa con cautela.

"Puedo hacerlo. Puedo mirarlo y hablarle y fingir que todo está bien" musita en su mente mientras da un paso tras otro.

Pero cuando Sirius se gira hacia él y levanta la vista, Remus le mira solo un fugaz instante y enseguida aparta rápidamente la mirada buscando fijarla en cualquier cosa que no sean esos ojos grises. Y es que tan solo ese brevísimo encuentro con esa mirada gris ha sido demasiado. Más que demasiado. Ya en el instante previo, justo cuando sus miradas estaban a punto de cruzarse, su corazón se había estrujado lleno de terror y luego, cuando le ha mirado fugazmente, ese corazón oprimido ha saltado alocado dentro de su pecho provocando que su pulso galope desbocado.

"¿Cómo pude ser tan ingenuo al pensar que enfrentar a Sirius sería tan sencillo como enfrentar al profesorado?" se lamenta Remus "Ninguno de ellos tiene esos ojos. Esos ojos que me miraron llenos de pasión y deseo mientras nuestros cuerpos se frotaban desesperadamente… ¡No, no debo ir por ahí!" se advierte a sí mismo "No debo pensar en eso, debo calmarme…"

Respirando hondo intenta tranquilizarse, pero el intento es vano. En cuando trata de componer un semblante tranquilo siente sus labios temblar nerviosamente y es entonces que lo entiende; su mascara de serenidad está completamente descompuesta. Absolutamente rota. Ha bastado ese brevísimo encuentro de miradas con Sirius para dejarla hecha añicos. Y sin ella se siente vulnerable y perdido. Completamente perdido. Frustrado, sin saber qué hacer o qué decir, termina centrando toda su atención en el par de cafés que humean sobre la mesa para no tener que mirar a Sirius (quien está de pie frente a él, mirándolo) porque si por un instante vuelve a encontrarse con esos hermosos ojos grises será para soltar toda la verdad.

Así pues, Remus calla… sin imaginar siquiera que Sirius también está experimentando un estado de pánico muy parecido al suyo.

Para Sirius ha sido mirarlo y, de inmediato, sentir que todo el aire de sus pulmones se extingue de golpe. Y cuando Remus ha apartado la mirada tan abruptamente, un miedo terrible y atroz le ha apresado el corazón y el cerebro; miedo a que, como en aquel desafortunado incidente con Snape y el Sauce Boxeador, Remus se aleje y no le vuelva a dirigir la palabra… Un miedo horrendo y desmesurado a que ese chico (a quien ama con todas sus fuerzas) no pueda perdonar su atrevimiento de haberlo convertido en su sueño más anhelado y levante de nuevo una barrera entre ambos que él no sea capaz de derribar.

El silencio comienza a hacerse denso y abrumador, y Sirius, negándose a dejarse avasallar por él, decide que tiene que romperlo. No sabe cómo lo hará, solo sabe que necesita decir algo que atraiga la mirada de Remus sobre él; necesita que esos ojos de miel le miren para saber qué puede esperar. Necesita saber

Al mirar que Remus sigue con los ojos clavados en el par de cafés, Sirius se decide.

—Los he traído mientras te duchabas. Cuando estaba levantando el equipaje se me ocurrió que tal vez te gustaría tomar algo antes de salir hacia King Cross. Quería traerte chocolate caliente porque sé que te encanta pero esto que ves fue lo único que pude encontrar. Hay un pequeño negocio de café en la esquina y… "Remus mírame, por favor, mírame"—suplica Sirius en su mente mientras sigue hablando del café y de la simpática viejecita muggle que le ha vendido los panecillos rellenos—No sé si te gustará tanto como el chocolate…—dice, dejando la frase en suspenso, tratando de hacer que Remus lo mire, pero éste se sienta a la mesa sin levantar la vista y suelta un nervioso Está bien mientras se lleva el café a los labios.

Es entonces que Sirius siente que el mundo entero se derrumba a su alrededor porque esa actitud de Remus no hace más que confirmar sus peores temores. Lo está evitando, lo evita exactamente igual que aquella vez. No lo mira, tampoco le habla. Está nervioso, evidentemente alterado. Sujeta su vaso con manos temblorosas y da pequeños sorbos a su café mientras sus ojos recorren la habitación para posarse en todo menos en él.

"No hagas esto, Rem,… por favor".

Con esa actitud evasiva Remus está levantando esa barrera que tanto teme. Y Sirius sabe lo que vendrá a continuación; distancia, fría y dolorosa distancia. Remus se alejará de él.

Cuando piensa en ello, cuando entiende que sus peores temores se han convertido en la palpable realidad, ya no es capaz de encontrar consuelo en la resignación porque su enamorado corazón (su enamorado y terco y rebelde corazón) se rehúsa a conformarse con el Remus de fantasía que existe solo en sus sueños. Ese corazón también se niega rotundamente a darle la bienvenida a la distancia y Sirius sabe porqué. Porque si la acepta sin oponer resistencia estaría colocándose justo ante las mismísimas puertas del gran infierno (el infierno de mil demonios en el que se convierte su vida cuando Remus no está en ella).

Y aunque Sirius sabe bien que puede soportar muchos infiernos (soportó Grimmauld Place y a su madre, así que, claro que puede soportar), este que implica perder a Remus definitivamente no es uno de ellos porque ese infierno le destroza el alma entera de a poco y sin misericordia alguna.

Así que no, no va aceptar esa distancia. No lo hará…, al menos no hasta que Remus sepa que es más (mucho más, infinitamente más) que solo un sueño erótico para él y, sobretodo, no hasta que Remus lo mire directamente a los ojos y le asegure con su propia boca que no lo quiere cerca de él (y aún así, aún así, Sirius siente que su enamorado y rebelde corazón no se conformaría)

Así pues, Sirius aspira profundo, se sienta frente a Remus y, dispuesto a lanzarse al vacío sin mirar atrás, dice:

—Anoche he soñado contigo. Llevo haciéndolo…, llevo amándote en sueños, no sé, una eternidad.


La grave voz de Sirius vibra en el aire firme y clara. Reverbera a oídos de Remus como un potente gong estremeciéndolo hasta lo más hondo de su ser. Y no es tanto por la seguridad y la fuerza que denota esa voz, sino por lo que ha dicho.

Anoche he soñado contigo. Llevo haciéndolo, llevo amándote en sueños, no sé, una eternidad.

Llevo amándote una eternidad... Esas palabras (con todo lo que encierran) bastan para que Remus levante el rostro y fije, esta vez completamente y sin asomo de dudas, sus sorprendidos ojos ambarinos en los grises.

Y desde el primer segundo en que sus miradas se encuentran el contacto es devastador. En los ojos de miel hay algo además de sorpresa, un sentimiento que titila, un sentimiento intenso y poderoso. Sirius no consigue descifrar si es odio, pero está convencido de que es un sentir cuya intensidad puede compararse únicamente con la fuerza del amor que él siente por Remus.

"¿Qué otro sentimiento puede ser tan intenso y devastador como el amor?" se pregunta Sirius mientras se miran fijamente.

"Solo el odio" se responde amargamente a sí mismo "¿Es odio lo que titila en tus ojos, Rem?, ¿lo es?"

Sirius no quiere averiguarlo. No por ahora. Ahora lo único que quiere es que Remus le escuche. Siente la apremiante necesidad de soltarlo todo de golpe, quiere explicar sus sentimientos antes de que su amigo le destierre de su vida.

—Rem…, sé que anoche me has escuchado gemir placenteramente tu nombre en sueños pero…

La mirada de miel le interroga sin palabras gritando un Qué y un Cómo.

—Lo sé por tu actitud —dice Sirius apresuradamente— No me estarías evitando si no me hubieras escuchado…

—Sirius…

—¡No! Escúchame, por favor… "Por favor, Rem". Tú y yo sabemos que no es la primera vez que me evades así por haberte decepcionado… Sé lo que vas a decir y también sé cómo terminará esto pero, Remus, antes de que te alejes de mí tienes que saber que tú eres mucho más que solo un sueño húmedo para mí. Eres mucho más que eso. "Infinitamente más". Rem, tú… tú tienes que entender —pide Sirius con un tono que raya en la desesperación—Me enamoré de ti, ¿comprendes? Quería decírtelo pero temía que me alejaras de tu lado, temía tanto que no sintieras lo mismo por mí… Por eso me conformé con ser solo tu amigo, pero pronto supe que la amistad no era suficiente. Quería más. Necesitaba más. Te necesitaba a ti. "Aún te necesito". Por favor, Remus, tienes que entenderme. Yo no… no podía dejar de pensar en ti. Día y noche, a todas horas pensaba en ti, no podía sacarte de mi mente, no podía parar de imaginar tus besos y tu cuerpo junto al mío… Fue entonces que esos sueños empezaron a surgir y yo no pude, no quise evitarlos. Y anoche, anoche la fantasía fue tan real e intensa que no pude contenerme y perdí el control… ¡No, por favor, Remus, no te vayas! —pide Sirius, levantándose de un salto, cuando mira a Remus ponerse de pie bruscamente—Por favor, Rem, yo… ¡Lo siento!

Remus siente la desesperación y el sufrimiento de Sirius golpearle justo en el centro del pecho como olas violentas y es incapaz de soportarlo más. Lo mira y Sirius se sorprende al ver que ese intenso sentimiento que antes había advertido en los ojos de su amigo (y que aún no es capaz de descifrar) titila ahora mucho más vehemente y violento.

—No, no te disculpes —pide Remus en un susurro cargado de culpa y desesperación mientras le sella los labios con un par de dedos—No lo hagas, por favor. Anoche… Lo de anoche no..., no ha sido un sueño —murmura Remus acercándose sin quitarle los ojos de encima mientras lleva sus dedos largos de los labios de Sirius a la mejilla—Anoche yo…"Te necesitaba. Aún te necesito". Sirius, anoche… yo…

Remus no dice nada más. Sus pensamientos se confunden con sus palabras y no puede decir nada más porque, perdido completamente en la mirada gris, lo único que quiere es acabar ya con esa distancia que lo separa de Sirius.

Sin pensarlo más Remus le echa los brazos al cuello y, pegando su cuerpo al suyo, le asesta un beso cargado de amor y pura desesperación.


Nota extra de la autora: Se aceptan reviews ;)