Bajo el sol

Esta es una adaptación

Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer


Capítulo 6

De camino a la cabaña de Jasper, Alice trataba de seguir el rápido paso del joven. Había empezado a llover copiosamente. Tal vez fueran los restos de la tormenta de la noche anterior.

Alice se dio cuenta de que Jasper había ami norado un poco la marcha para que ella lo pudiera seguir con más facilidad. Jasper, con un gesto pro tector, le rodeó los hombros con el brazo y la apre tó contra su sólido cuerpo, creando un ambiente de intimidad.

El calor que irradiaba el cuerpo del joven calen tó la carne húmeda de Alice. Ese abrazo hizo que dejara de sentir frío y llenó todo su ser de an helo. Ese hombre era adictivo, de eso no le cabía ninguna duda.

Ella se acurrucó contra él mientras ambos se guían caminando bajo la lluvia. El olor de Jasper la embriagaba y, aunque acababan de hacer el amor, se moría de ganas de perderse en sus brazos y en sus besos otra vez.

Al mover la cabeza para mirarlo, se le aceleró el pulso por el deseo. Alice se apartó de la frente los mechones de pelo mojados y se secó las pesta ñas. Se preguntaba qué querría decirle Jasper.

Al entrar en la cabaña, dejó de llover.

-Pasa. Coge unas toallas para secarte. Yo mientras voy a guardar las herramientas que he dejado fuera.

Alice se dirigió al lavabo y cogió dos toallas. Se secó el pelo y comenzó a cerrar las ventanas de la habitación. Al cerrar una de ellas, entró una rá faga de aire que levantó un montón de papeles que había sobre la mesa. Algunos de ellos cayeron al suelo. Se inclinó para recogerlos. Uno de ellos le llamó la atención. Leyó rápidamente el contenido.

El corazón le dio un brinco. Seguro que eso era lo que Jasper quería decirle. En menos de veinticuatro horas el soldado tenía que partir a una misión al extranjero. Era lo que él siempre había querido; lo que él más deseaba.

Sintió una sensación de desmayo. Rosalie tenía razón. Tenía que haberse limitado a mantener una relación puramente sexual con Jasper porque, al fin y al cabo, las vidas de ambos eran muy diferentes. Aquello ponía fin a su esperanza de pasar más tiempo con él para ver hacia adónde evolucionaba su relación.

A diferencia de todos los demás hombres con los que había estado, Jasper se había tomado su tiempo para descubrir sus necesidades y propor cionarle placer. Pero las experiencias que había tenido en el pasado le enseñaron a no ponerse en esa situación de fragilidad. Respiró con profundi dad y se maldijo a sí misma por ser tan estúpida. Una vez más, se iba a quedar sola.

Se apresuró a colocar bien los papeles sobre la mesa justo antes de que él entrara. Alice le en tregó una toalla. Disimuló su estado de agitación y se esforzó por hablar con voz relajada e informal, aunque por dentro se sentía desconcertada.

-Supongo que el elixir mágico ha hecho posi ble que se cumplan tus deseos más profundos, Jasper. -A pesar de sus esfuerzos era conscien te de que su voz sonaba tensa.

El la miró perplejo.

-¿De qué me estás hablando, Ali? Ya sabes que yo no creo en los elixires mágicos.

Ella, con un gesto de cabeza, señaló hacia el pa pel que acababa de leer y le dirigió una mirada de disculpas.

-No quería leerlo. Simplemente lo vi -dijo sin dejar de moverse de un lado a otro. Trató de esbozar una sonrisa, pero fue tan temblorosa como su voz-. Creas o no en los poderes del elixir, has conseguido exactamente lo que querías.

Se quedó de pie, mirándolo. Deseaba con toda su alma pedirle que se quedara con ella. Pero no podía hacerlo, no iba a hacerlo. Sobre todo ahora que Jasper había logrado lo que deseaba por encima de todas las cosas. Jasper se merecía ser feliz y sentir que recuperaba una vez más el control de su vida.

-Felicidades. Me alegro por ti, Jasper. ¿Ya has hecho las maletas? ¿Quieres que te ayude? -pre guntó confusa.

El joven se puso muy serio. Parecía herido. Muy herido.

-¿De verdad te alegras? No he hecho las ma letas. No quiero que me ayudes.

Ella se encogió de hombros.

-Pues claro que me alegro. Tú me dijiste que ése era tu mayor deseo. Ahora podrás volver a ejercer tu trabajo de comandante. Seguro que es tás entusiasmado.

Jasper tragó saliva con dificultad. Dio un paso hacía ella y luego se frotó la mandíbula. Parecía librar una dura batalla consigo mismo.

-En realidad, no mucho -contestó con se quedad.

Parecía perdido, un poco melancólico. Se aproxi mó a ella y la abrazó con fuerza. El olor del joven despertó todos los sentidos de Alice.

Intercambiaron una larga mirada y luego él res piró hondo, como si tratara de coger fuerzas. -Alguien muy sabio me dijo una vez que no hay ambigüedad en la verdad. Así que voy a poner en práctica esa enseñanza y te diré la verdad, Ali. Y luego, te tocará a ti decirme lo que piensas.

Ella asintió.

-Verás. Hasta hace unos días, nunca pensé que pudiera volver a sentirme como lo había he cho antes de que me hirieran en la pierna. Pero tú has hecho que todo sea distinto. Me has devuelto el control, aunque sea en la cama. Y cuando al ha cer el amor contigo ocasionalmente he perdido ese control, no me ha parecido algo tan horrible. No al tenerte entre mis brazos. Siempre he creído que volver al campo de batalla y recuperar mi puesto era lo que realmente quería y necesitaba. Pero re sulta que estaba equivocado.

Alice parpadeó. No podía dar crédito a sus oídos.

La vista de Jasper se nubló y ella percibió que se le aceleraba el corazón.

-Sé que me dijiste que sólo querías tener una noche de sexo conmigo en la que yo tuviera el control. No obstante, después de pasar tanto tiem po contigo y hacerte el amor durante toda la sema na, sé que quiero que esta relación vaya más allá. -Le tembló la voz-. Hemos estado jugando du rante toda la semana. Pero yo ahora quiero que esto sea para siempre.

Ella tragó saliva y notó que la tensión que se había apoderado de ella desaparecía de su cuerpo. -¿Lo dices en serio?

-¿No lo ves, Ali? No quiero ejercer mi con trol sobre mis camaradas militares, sino sobre ti.

-Sus preciosos ojos azules brillaron y acarició la piel de la joven-. En la cama.

A Alice se le desbocó el pulso. Muy acalora da, miró aquellos ojos penetrantes.

Él la atrajo hacia sí y le dio un suave beso en los labios. Alice sintió un nudo en la garganta. ¡Dios! ¡Qué bien se sentía en sus brazos! El cuer po de Alice respondió al tacto de Jasper y se empezó a excitar.

-Mi destino está en mis manos, Ali. Ella se abrazó a él con fuerza.

-Estoy en tus manos, Jasper -susurró sin aliento.

Él hizo una mueca.

-Así es. -Deslizó las manos hasta las nalgas de la joven con deseo. Los pezones de Ali se contrajeron de placer. Rodeó con los brazos el fuerte cuello de Jasper y con los dedos jugueteó con su pelo mojado.

-Ahora dime: ¿sólo tratas de cumplir tu fanta sía o tú también quieres que esto sea para siem pre? -Ella se fijó en el modo en que él aguantaba la respiración en espera de su respuesta.

Alice aprovechó la ocasión para decirle que no se preocupara, que ella sentía exactamente lo mismo por él.

-La verdad es que vine aquí esta tarde con la intención de decirte lo que sentía, pero en cuanto te vi sentí el impulso de tenerte otra vez dentro de mí. No quiero que esto se acabe, Jasper. Quiero sentirte siempre dentro de mí.

Él vació los pulmones de aire y apretó aún más las nalgas de la joven.

-Dios. Entonces, comprobemos hacia adónde nos lleva esta relación tan arrolladora.

Excitada por la pasión, ella asintió y se hume deció los labios con la lengua.

-Lo deseo con todas mis fuerzas -dijo ella con total sinceridad. Se besaron. Tras un largo rato, Alice se separó un poco de él.

-¿Sabes una cosa? El elixir mágico no sólo ha hecho que se cumplieran todos mis deseos sexua les, sino también los de mi corazón.

Jasper echó la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada.

-¡Tú y ese maldito elixir mágico! Ella entornó los ojos.

-¡Hombre de poca fe! ¿Y qué hacemos a par tir de ahora?

Él la acarició por todo el cuerpo, como si nunca tuviera bastante. Con un gesto de cabeza, Jasper se ñaló hacia los tablones que había fuera de la cabaña.

-Mi destino es trabajar con las manos. Me gustaría vivir en Chicago. Allí puedo abrir mi pro pio negocio de carpintería. -Le guiñó un ojo-. Tal vez tú puedas pasarme algo de trabajo.

Ella lo miró con cara traviesa y se estremeció cuando él deslizó una mano entre sus piernas.

-Bueno, como te iba diciendo... todavía no he visto el resultado de tu trabajo, así que no estoy segura de poder recomendarte -bromeó. Tenía la libido por las nubes.

Las facciones de guerrero de Jasper se endure cieron. Reflejaban la energía que llenaba la habi tación.

-¿Ah, no? Creo que sí has visto cómo trabajo con las manos. -Con determinación, la hizo re troceder hasta que las piernas de Alice tocaron la cama. Siguió empujando hasta que ella cayó de espaldas sobre el lecho. Las aletas de la nariz se le abrieron; los ojos del joven brillaban con una os cura sensualidad. La miró de arriba abajo y se mojó el labio inferior con la lengua.

Jasper cogió su mandil de trabajo y el cinturón de cuero y los utilizó para atar las muñecas de Alice a la cabecera de la cama. Ella empezó a tem blar de ansia. Se retorció sobre el colchón con ar diente deseo sexual. Le encantaba la idea de entregarse por completo a su control y dominio.

-No me refería a este tipo de trabajo manual, aunque debo admitir que en este campo no tienes rival -comentó Alice, consciente de la ansie dad y el deseo que se delataban en su voz.

Jasper, de píe junto a ella, rozó los pezones de Alice con los nudillos y soltó una carcajada. -¿Ah, sí? -preguntó. Su voz profunda y sexy sedujo por completo a la muchacha.

-Sí -contestó ella, mirando cómo el paquete de Jasper aumentaba de tamaño bajo sus pantalo nes. Estaba muy húmeda a causa de la fiebre sexual y dio un profundo suspiro.

Él la acarició con manos expertas y luego desli zó las manos por debajo de su vestido. Apartó las bragas hacia un lado y le metió un dedo hasta adentro. Ella abrió aún más las piernas.

Con lentos y tortuosos movimientos circulares, Jasper acarició el clítoris de Alice con el pulgar mientras con el dedo índice introducía cada vez más el dedo en la vagina de la joven. Ella notó chispas y un fuerte calor en su interior. Se le acele ró la respiración y se le nubló el cerebro.

-Sí, así -gimió ella-. Te doy la mejor reco mendación en este campo.

Él la miró con intensidad.

-Te doy la mejor recomendación en este cam po ¿y qué más? -ladró.

- Te doy la mejor recomendación en este cam po, mi amo.


bueno aki les dejo otro capi

espero ke les haya gustado :)

Los espero en el próximo *el otro capi es de emmett y rosalie*

los kiero se kuidan =D