Hola.
Sé que subí capitulo en poco tiempo, pero ya tenía adelantado algunos capítulos.
En este capítulo Sesshomaru explica un poco sobre el hecho de porque está tan interesado en Kikyo.
Saludos
CAPITULO 7: CONFESIONES.
"¡Sesshomaru!" Una hora después, lady Izayoi entraba al despacho de su hijastro seguida de los ruidos de la bulliciosa fiesta.
El estaba dándole la espalda mientras miraba tranquilamente la luna desde la puerta que daba a su jardín privado. El único lugar donde el se sentía tranquilo. El único lugar donde podía sentirse libre.
"Me acabo de enterar de algo muy asombroso."
Sesshomaru volvió ligeramente la cabeza para mirar a su madrastra portando una botella de sake en la mano.
"Me comentaron que te vieron caminando junto a una hermosa mujer." Se sentó al lado de él y sirvió el sake con esa elegancia que ella siempre poseía.
Con un sentimiento de satisfacción, Sesshomaru se llevo el licor a los labios, los sirvientes que vieron su caminata con la señorita Higurashi ya habían difundido el rumor más rápido de lo que él creía.
"¿Inuyasha sigue cubierto de avena?"
Lady Izayoi lo miro de forma inquisitiva y rápidamente bebió. "¿Tu lo hiciste verdad?" Ella llego a la conclusión más lógica. "Que truco tan bajo." Lo dijo con una voz enojada, pero su cara reflejaba una sonrisa.
Sesshomaru admitió su culpa sin remordimiento.
"Prefiero que se pasara toda la noche con esa asquerosa alergia. Pensé en nuestros intereses y en los de Kikyo…"
Izayoi asombrada lo interrumpió enseguida. "¡¿Kikyo?!" cuestionando. "¿Desde cuándo tienes tantas libertades en nombrar a la prometida de tu hermano?" Arrugó el entrecejo; una característica que Inuyasha había heredado.
"Desde que tu hijo escoge entre la hija de nuestro criado y su prometida. Mi elección entre mujeres es más sensata. Prefiero ver a la señorita Higurashi con sus sueños arruinados que descubrir a Kikyo ideando un plan de cómo arruinar al tonto de tu hijo."
"A veces, no comprendo, porque no te casaste tu con esa muchacha. Tan hermosa con su cabello negro y su piel de porcelana."
Sesshomaru desvió su mirada hacia la luna. Contemplando su resplandor infinito. Para él habría sido muy fácil conquistar a la joven Kaneshiro. Le parecía bella, inteligente y solemne.
Pero…. Siempre había un pero.
"habrías sido mejor pareja que Inuyasha. Escuche un rumor hace ya un par de años que ella se sentía cómoda contigo. Y por ti mismo supe que ella era de tu aprobación. Entonces, ¿Por qué no la pretendiste?"
Sesshomaru le tenía un gran respeto a su madrastra. Habían sido confidentes cuando su padre estaba de viaje e Izayoi no tenía con quien hablar. Ella era una buena mujer y sabia que cualquier cosa que el mencionara, ella jamás lo repetiría en oídos ajenos.
"Sara Asano capto mi atención." Susurro Sesshomaru. "Además, para ese entonces Kikyo ya se había encaprichado de Inuyasha."
Izayoi lo miro sorprendida. "!Lady Asano es una mujer poco confiable! Sesshomaru, sé que es muy hermosa y sus ojos del color del cielo no tienen igual, pero… su padre esta obsesionado con la guerra. Y he escuchado de muy buena fuente que no sigue los ideales del emperador."
Sesshomaru se arrepintió de haber sido tan sincero con Izayoi. Pero era de las pocas personas con la cual se sentía capaz de dejar a un lado su frialdad y llevar una conversación más que decente.
"¿Piensas casarte con ella?" lo miro de forma amable y triste.
El solo la penetro con su fría mirada, pero Izayoi lo conocía tan bien que sabía que para él era un
–Si-.
"Bueno, es tu decisión." Dijo dejando salir un largo suspiro, mientras trataba de aparentar algo de tranquilidad. "Cuéntame como se introdujo ese pedazo de fresa en el postre."
"Inuyasha no sospecha de mi y todo seguirá así. Jaken gustoso puso la fresa."
"El era muy fiel a las ordenes de mi amado señor. Cuando murió, Jaken no tuvo fuerzas para seguir vivir aquí. Hasta que tú te volviste lo demasiado responsable para poder manejar esta casa." Hizo una pausa un poco larga. "Te sugiero que siempre lo mantengas como tu aliado."
"Así es como esta Izayoi, no me interesa tener a Jaken como enemigo."
Jaken era viejo, flaco y demasiado desdeñoso para su propio bien. Pero era un hombre que daría su vida por la de cualquier miembro de la familia Taisho.
"Sesshomaru, ¿Qué es lo que has planeado?"
El la miro con decisión.
"Voy a seducir a Kagome Higurashi."
"Entonces… ¿La señorita Higurashi es una caza fortunas?"
"No, Izayoi. Si fuera así sería demasiado fácil." Si Kagome fuese una caza fortunas habría aprovechado para meter a su habitación a Sesshomaru. Pero incluso cuando él le recrimino por dejarlo sin despedirse de él en el baile, ella se había disculpado a regañadientes. La chica era sincera. E incluso, vio la confusión en esos grandes ojos cuando el dejo de besarla.
La cosa no podía ser peor.
Lady Izayoi hizo una mueca de tristeza. "No puedes..."
"Cortare justo antes de que la cosa llegue a mayores. Ya he arreglado una casa que será suya cuando quiera, está cerca del mar, será la recompensa que tendrá por mi engaño. Estará agradecida."
"Piensa muy bien en lo que harás, hijo. No te vayas arrepentir después. Algo que he aprendido con el tiempo es que: las cosas aun por bien planeadas pueden salir mal."
Sesshomaru hizo caso omiso. Y ella solo suspiro.
"¿Por qué estará tan interesada en Inuyasha?"
"Tiene la fantasía de estar enamorada de él." Dijo con una voz llena de ironía.
"No lo puedo creer." Dijo Izayoi con un semblante amable.
"Ese capricho viene desde lejos… alguien le ha dicho que es igual casarse con un rico que con un pobre."
"El señor Higurashi es muy sensato. No creo que el haya hecho eso." Lady Izayoi se agarro el cuello preocupada. "¿Casarse? ¡No puede estar pensando realmente en matrimonio!"
"Todo es posible para la tonta e ingenua señorita Higurashi."
"Ustedes dos son mis únicos hijos, pero confieso que me habría gustado que alguien le hubiese dado una paliza a Inuyasha para que entendiera." Izayoi lo miro con una sonrisa y el solo le devolvió la sonrisa con un ligero movimiento de labios.
"Tarde para ser cumplida tu petición." Aunque Sesshomaru también había pensado eso con anterioridad. "Acabar esto significa un acto de…"
"Sacrificio. Por tu parte, claro."
"Eso es. No se me ocurre alguien más que pudiese hacer este trabajo." Había notado la facilidad con la que su madrastra se sentía inclinada a sacrificarlo. Tenía la esperanza de que el salvara el honor de Inuyasha y de cualquier otro que ella pensara que lo necesitaba.
Volvió su mirada al jardín. Los dos estaban a oscuras, y todo lo que se podía ver era el reflejo brilloso de la luna en la blanca y hermosa piel de Izayoi. "Soy demasiado mayor para seducirla."
Lady Izayoi rio un poco. "Sesshomaru, dime… ¿Cuándo fuiste tú demasiado joven? A los doce años ya había abandonado toda espontaneidad y empezaste a trazar los planos de tu vida."
"Te has olvidado que estuve en el extranjero."
"Nunca me has hablado de tus viajes."
Sesshomaru lanzo una rápida mirada a su madrastra. Era una mujer digna de confianza, inteligente y astuta. Pero era la viuda de su padre, ella no era su madre. Él sabía que ella lo quería; lo sabía tan bien como para no decirle todos los padecimientos que él había pasado.
"Eh estado en guerras." Dijo de manera cortante. "Hubo traiciones y mate cuando estaba en riesgo mi vida. ¿Es suficiente?"
Lady Izayoi le sonrió con ternura. "Volviste… muy cambiado. Pero ahora no estamos hablando de violencia, sino de pagar a una mujer por el bien de la familia."
Sesshomaru se acordó del rostro de Kagome. Sabía cuán escasa era esa alegría en el mundo y lamento tener que aplastar tanta felicidad, tanta inocencia como la que ella portaba.
"Escuche que hay otra rebelión en el sur de Japón contra el emperador… ¿Cuándo se darán por vencidos esos hombres?... Y como siempre, los rusos, hacen lo que sea para alimentar cualquier conflicto. ¿Por qué quieren declinar a nuestro emperador?"
"Ryukotsusei, quiere gobernarlo todo. No puedo dejar que ese hombre este convida más tiempo." Dijo con una furia que le dio miedo a Izayoi
"Recuerdo el día que mi señor murió. Yo sentí culpa cuando me dijeron que Takemaru se dejo engañar por las mentiras de Ryukotsusei." Dijo Izayoi con un nudo formándose en su garganta.
Sesshomaru sabia la historia, incluso mejor que ella.
Movió su mano lentamente y le paso una carta a su madrastra, quien extrañada tomo lentamente la hoja.
"El embajador dice maravillas de la señorita Higurashi y su esposa también lo hace."
Lady Izayoi lo miro con impotencia. "Parece perfecta para traer paz en la casa. Se cuanto odias que se arruinen tus planes, pero tenemos que deshacernos de ella. ¡Pero es que es tan buena y bonita!" Su expresión se entristeció. "Aun no hablamos de Inuyasha."
El clavo su mirada en ella. La mirada de su madrastra demostraba reprobación, ansiedad, amor…
"Siempre pensé que mi niño maduraría, pero se vuelve peor cada vez. Bebe demasiado. Y la gente murmura por todos lados. Cuando conoció a lady Kikyo, pensé, por su mirada, que le gustaba y que tal vez mejoraría su comportamiento. ¿Y que tenemos ahora? a la hermosa y prohibida señorita Higurashi." Sentada como se encontraba se acerco a Sesshomaru y le tomo las manos, lo miro directo a los ojos y susurro: "¿Serás capas de engañar a la joven señorita?"
"Esta noche eh tenido un buen comienzo." Dijo el agarrando con las suaves y delicadas manos de la mujer y se las retiro. Sesshomaru se puso de pie y le dio la espalda.
"Solo te pido que no te mescles tanto con ella, es muy joven para que la destroces de la manera en que piensas hacerlo."
Sesshomaru se extraño por ese comportamiento, pero prefirió ignorarlo. "Lo hare." Dijo aun dándole la espalda, camino hasta la puerta de madera corrediza.
"La alergia de Inuyasha solo durara dos días." Dijo ella antes de que el diera un paso afuera de la habitación.
Sin voltear, hizo sonar su fría voz por todo el lugar. "Ya se me ocurrirá algo dentro de dos días." Y salió, para dirigirse a dormir después de un muy largo y pesado día. Y sus recuerdos lo asaltaron a medida que se dirigía a su habitación.
La gran guerra contra el ejército de Ryukotsusei ya había terminado, y él había luchado junto a su padre hasta que el último adversario fue eliminado.
Su padre lo había mandado a Tokio para darle un mensaje al emperador. Su contenido: La victoria era del gran comandante. Y Ryukotsusei estaba preso.
Y cuando Sesshomaru se marcho con al menos veinte hombres.
Takemaru había llegado con una tropa de asalto. Toga había peleado hasta el cansancio, viendo caer a sus compañeros, a sus amigos.
Fue acorralado por Ryukotsusei, quien se había dejado capturar solo para ver derrotado a su más grande enemigo. Y ambos pelearon. Ryukotsusei estaba manejando la espada ágilmente mientras que Taisho estaba exhausto. Ryukotsusei lo hirió en el pecho, y Toga sintió la muerte arrastrándolo. Ryukotsusei como antiguos samurái y hombre de honor, dejo que su enemigo muriera con su propia mano.
Taisho viendo su vida terminar. Decidió ejercer el derecho del harakiri.
Pero la estocada final la había causado el maldito de Takemaru. Aquel samurái había deseado con todo su ser a Izayoi, y su ilusión se perdió cuando ella se había casado con el gran Inu no Taisho. Y su venganza fue humillándolo en su muerte.
Cuando Ryukotsusei se dio la vuelta después de hacerle una reverencia al gran comandante, quien se encontraba arrodillado, se dio cuenta que Takemaru había cortado la cabeza de Toga.
Ryukotsusei, furioso dio muerte de forma violenta a Takemaru y quemo su cuerpo, para que su alma jamás regresara al mundo.
Y como antiguo amigo de Taisho; hizo que un monje verdeciera el alma de su gran adversario.
Así, cuando llegara su hora de morir, podría volver a ver en otra vida a el que fue su amigo y compañero de infancia.
Sesshomaru no había podido hacer nada. Y eso fue lo que más dolor le causo. Pero jamás lloro.
Después de que su padre muriera, había dedicado su tiempo a aprender las estrategias de combate, peleando contra los adversarios y, siendo frio en la toma de decisiones. No luchaba por que el emperador, luchaba por el mismo.
Para obtener la venganza que siempre deseo.
Inuyasha caminaba a paso lento y tambaleante por los pasillos a oscuras; en la mano, fuertemente agarrada, cargaba una botella medio vacía de sake. Eran las cuatro de la madrugada. No podía dormir. Le picaba todo el cuerpo. Ya no se escuchaba el relajo de la fiesta, los últimos invitados ya habían ido a dormir y solo sus pasos resonaban por la fina madera del suelo.
Sin nadie que lo entretuviera, había salido a buscar alguien con quien hablar, a quien abrazar, a quien contarle lo estupendo que era tener salpullido, que le picaba todo el cuerpo y cada vez que se rascaba le ardía mucho. Estaba arto de bañarse en avena; quería una mano amable y una voz suave que le susurrara al oído.
Así que buscaba a Kagome, a la dulce hija del jardinero. Sesshomaru se había puesto sarcástico al respecto, con respecto de que fuera la hija del jardinero, pero cuando se percato de que Inuyasha la quería de verdad, Sesshomaru había hecho lo correcto. Siempre podía contar con que Sesshomaru hiciera lo correcto.
No, no es que no le gustara Sesshomaru. El era su hermano, y puede que fuera muy aburrido y la clase de persona que odia a las que se bailan arriba de la mesa; pero Inuyasha consideraba que Sesshomaru era una de las personas más confiables del mundo. Vaya, cuando a Inuyasha le comenzó la urticaria, Sesshomaru se había ofrecido a cuidar a Kagome. Y todo para alejarla de otros hombres que quisieran cortejarla esa noche.
Inuyasha no era ningún tonto como para buscar a su amada Kagome en las habitaciones de los sirvientes. Sesshomaru había esperado con impaciencia la llegada de la institutriz y había arreglado una habitación en el tercer piso, no lejos de la habitación de las niñas.
Pero Inuyasha no había subido al tercer piso desde… la llegada de su hija.
Su hija. Shiori. Le dio un buen trago a la botella. Como diría Sesshomaru… igual que Inuyasha. Tal vez fuera así. No se podía creer que aquella geisha se había tomado tan apecho lo que él le había metido solo por diversión. Tener una niña casi lo hacía parecer un… viejo.
Y como negar que la niña fuera de él. Su cabello era plateado y su tez blanca. Lo único que no había heredado de é eran sus ojos. Los ojos dorados de Toga Taisho fueron heredados solo a una nieta de la familia y esa había sido Rin.
Empezó a subir los escalones para ir al tercer piso, fallando solo en el último. Cayó de rodillas sobre el suelo de madera. Eso dolería al día siguiente, pero hoy se sentía muy bien. Se levanto y camino al otro lado de la habitación de sus hijas.
Sesshomaru tenía una hija. Sesshomaru había estado casado. Sesshomaru era uno de esos adultos de verdad, prudente y sensato.
Pero Inuyasha no, el no era responsable y mucho menos se podía casar. Era una necedad pensar que si. Pero no lo haría, y mucho menos con Kikyo. Ella ni siquiera sabía besar. Era tan frívola que en una ocasión le había apretado los labios contra los suyos, y se había enojado tanto que le había dado una cachetada.
Además, Kikyo siempre le había mirado con esa arrogancia que no soportaba, odiaba con todo su ser el aroma de su cabello, y lo perfectamente lacio que era este. Odiaba sus ojos y esas pestañas tupidas y largas que cubrían cada espacio en el parpado superior. Odiaba sus labios rojos y carnosos, y la forma en que los movía cuando hablaba con otros hombres. Pero lo que más odiaba de ella era su perfume… ese olor a flor de naranja que lo volvía completamente dócil.
Y eso no podía permitirlo. Estar con ella sería su final. Jamas podría casarse con la mujer que rondaba sus pesadillas en las noches, y hacia que él se levantara con una excitación tan grande que tenía que calmar con alguna criada.
Eso era algo que Kikyo lo obligaba a hacer.
¡El no podía casarse con alguien así! Ella era virgen. Podría no hacerlo bien y producirle asco a Kikyo. Y entonces ahora si sería un inútil viejo que no podría tocar a su frívola mujer.
Pero había llegado Kagome, la linda institutriz que lo ayudaría calmar su ferviente pasión. Era muy bonita… pero su cabello, no soportaba la negrura de su cabello.
Y voltio a todos lados nervioso. La luz de las lámparas de alcohol apenas e iluminaban los pasillos de la casa. Shiori estaría durmiendo. Igual que Kagome, pero entraría a su dormitorio a hurtadillas e iría hasta la futon… Lo había hecho un montón de veces con otras mujeres.
No es que Kagome fuera como las demás, la amaba y la respetaba. Ella se alegraría de verlo, lo abrazaría, y le diría lo joven y guapo que era.
El dormitorio de Kagome se encontraba justo enfrente. Lo delataba el intenso olor madera recién puesta. Debían de haber dejado precioso el cuarto para su hermosa chica.
Irguió los hombros y se bebió todo lo que quedaba de la botella. Con cuidado exagerado, dejo la botella en el piso, abrió la puerta corrediza y entro al cuarto con confianza.
CONTINUARA…
Si les gusta comenten.
Si no, también para saber su opinión y mejorar la historia
Por cierto, perdón por mi falta de ortografía, es un batallar escribir en la mini laptop.
Besos…
