CAPÍTULO 7
YUMEMON
Cuando llegaron al mundo digital, todo estaba demasiado tranquilo. Eso sería lo normal. Tras derrotar a los Dark Masters, así como a Apocalymon, no había motivos para que el mundo digimon estuviera agitado. Pero, sentían algo en el ambiente digital que no le gustaba a ninguno de los niños. Kenji miraba con curiosidad el lugar. No le parecía tan diferente a la tierra. Habían caído en un bosque, pero esos árboles parecían tan normales como los del mundo humano. ¿De verdad habían llegado al mundo digital?
- Que extraño… - Koushiro comenzó a teclear en su ordenador, en el que apareció un mapa de la región del continente – Deberíamos haber aparecido cerca de la casa de Gennai.
- ¿Quizás nos equivocamos al usar los dipositivos?
- No parece ser eso, Sora. Gennai preparó las coordenadas en persona. Ha tenido que ser otra cosa… ¿pero qué…?
Comenzaron a oír unos zumbidos, lejanos, pero que cada vez los tenían más y más cerca. Para cuando se quisieron dar cuenta, decenas de Flymon se lanzaron sobre ellos. Asustados, pues ante unos digimon así, que además lanzaban aguijones venenosos no podrían hacer nada, y mucho menos si eran demasiados, comenzaron a correr.
Tenían que moverse rápido para esquivar los aguijones, cosa que no era nada fácil. Mikemon quería salir para librarse de esas abejas, pero Kenji la detuvo. Si salía corrían el riesgo de que los niños los descubriesen, y su compañero no estaba dispuesto a eso. Al menos no por el momento. Les costó, pero finalmente lograron darles esquinazo escondiéndose tras una enorme roca. Estaban agotados, nada más llegar al mundo digimon y ya tenían problemas.
- ¿Estáis todos bien? – Preguntó Sora en general.
Todos respondieron que si, salvo Mimi que se quejó de tener que volver a meterse en líos al volver al mundo digimon. Si estaban todo bien, podrían empezar a caminar para ir a casa de Gennai, si caía la noche lo iban a pasar fatal como se topasen con algún digimon violento. Kenji y Tai se detuvieron un momento, había algo que no les gustaba.
- Tai, ¿dónde está Hikari?
- ¿No iba contigo?
Miraron el camino por el que habían venido corriendo mientras huían, todo lleno de aguijones enormes de los Flymon. No podían ver a su hermana, pero les asustaba la sola idea de que se hubiera perdido o le hubieran podido alcanzar más atrás.
- ¡Tenemos que buscarla, es peligroso que vaya sola! – Apuró Tai. Kenji tuvo que detenerle para que no saliera corriendo.
- ¡Espera! ¡No sabemos donde puede estar, tenemos que pensar en alguna cosa, ¿vale?
- ¡¿Eres idiota o qué? ¡¿Y si la han herido? ¡Un momento, los dispositivos! ¡Podemos localizarla con…! – Se quedó mudo en cuanto miró la pantalla del dispositivo digital.
Estaba negra, con unas líneas blancas y azules pasando de un lado a otro de la pequeña pantalla. Los niños miraron sus correspondientes dispositivos, estaban igual. ¿Qué era lo que estaba pasando? Hasta ahora nunca habían tenido ese tipo de problemas.
- No sé que era lo que estabas pensando hacer – mintió, en verdad si que lo sabía - . Mejor nos dividimos por equipos. Como no podemos dejar solas a las chicas, repartiros en dos grupos. Yo iré por mi cuenta.
- ¡¿Qué? ¡¿Estás loco, Kenji?
- Soy más rápido que vosotros y no harán falta más equipos.
- ¡¿Qué? ¡¿Y tú como lo sabes, eh? – A Tai le estaba poniendo de los nervios ver como su hermano se mantenía tan frío ante la desaparición de su hermana pequeña. Tanto que decía que la quería, ¿es qué no le importaba?
- Tai, tiene razón – intervino Koushiro - . Hemos venido en línea recta todo el tiempo. Hikari solo puede estar por donde hemos venido o al este u oeste.
- Yo volveré por donde nos han atacado esas abejas. Nos vemos aquí en… bueno, si no tenemos reloj. ¿Qué tal en cuánto se oculte el sol?
- De acuerdo – asintieron todos.
Kenji marchó por su cuenta, sin esperarse a que los demás decidieran como repartirse el trabajo. Tai admitiría que su hermano tenía razón con lo de los equipos de búsqueda, pero no se podía creer, que tras haberle confesado que estaba loco por su hermana, pudieran mantener la mente de una forma tan fría. Si supiera la verdad, sabría que su hermano si que estaba muy preocupado por Hikari. No tardó nada en llegar hasta el lugar donde las abejas los habían atacado. En todo el camino de vuelta no hubo rastro de Hikari.
"Maldita sea, ¿dónde estás?", intentó recordar todo lo que había pasado desde la aparición de las abejas. Hikari iba por delante de él todo el tiempo, y detrás de Tai. Entonces, ¿en qué momento se había separado del grupo? Estaba tan preocupado por esquivar los aguijones que no se fijo en su hermana. Ahora se maldecía por ello. Podía haberse caído por alguna agujero, o quizás los digimon la habían capturado. A saber.
- No te preocupes, yo puedo encontrarla.
Mikeno salió de la mochila y se estiro. Estaba harta de parecer un muñeco encogido. Kenji se animó. Por un momento se había olvidado de su compañera Mikemon, a la que había traído a escondidas al mundo digital. Su olfato estaba tan desarrollado como el mejor sabueso del mundo humano, seguro que ella era capaz de encontrar el rastro de Hikari sin problemas. Si logró encontrar su bolígrafo en una residencia estudiantil de 600 personas, daría con ella. Comenzó a olfatear el lugar, siguiendo la huella dejada por los aguijones de los Flymon. Se detuvo en un punto, donde parecía que el olor se dirigía hacía otro lugar.
- Parece que entró en el bosque.
- Pues vamos.
Con la gata en cabeza, Kenji se adentró en el bosque. Su hermana le dijo que no habría ningún problema en el mundo digimon, pero tras haber sido atacados por esa bandada de abejas, no se fiaba ni un pelo de que la pequeña se encontrase con otro digimon hostil.
"Por favor, que no le haya pasado nada".
- ¡Tai! ¡Kenji! – Los llamó por enésima vez, sin obtener respuesta - ¿Dónde estáis…?
Hikari ya estaba cansada, además de desanimada. Se dejó caer bajo de los árboles agotada, de tanto caminar. La huída de los Flymon la había dejado agotado, así como todo el rato que llevaba caminando buscando a sus hermanos y sus amigos. No estaba acostumbrada a hacer tanto ejercicio, sentía como el corazón le iba a mil por hora.
- Chicos… - estaba empezando a preocuparse. Muy pronto oscurecería, y no le hacía ninguna gracia estar sola cuando cayese la noche.
Estaba empezando a quedarse dormida, hasta que oyó como una melodía que llamo su atención. No sabía de donde venía, pero le resultaba muy relajante y llena de armonía. Caminó de nuevo, siguió el sonido de la música. Eso la llevó a un claro, donde caía una pequeña cascada. Sentado sobre una roca, había un ser mitad humano mitad cabra, con sus cuernos y todos, tocando una flauta. Los había visto en los libros de seres fantásticos, pero claro, en el mundo digimon todo es posible que existan en ese lugar.
Se quiso acercar más, cautivada por la melodía, pero al pisar una ramita alertó al sátiro, que dejó de tocar.
- N-No por favor, no dejes de tocar. Es una melodía preciosa.
- ¿En serio lo piensas? Muchas gracias – hizo un gesto de aludido, con gracia.
- ¿Cómo te llamas?
- Me llaman Yumemon, y la música es mi pasión.
- Se nota, lo haces muy bien. ¿Podrías seguir?
- Será un placer, Kamiya Hikari.
- ¿Eh? – Se sorprendió - ¿Cómo sabes mi nombre?
- Soy el vigilante de los sueños en el mundo digimon, conozco a todo el que se mueve por este mundo. Si lo deseas, puedo hacer que tengas un plácido sueño.
- ¿En serio? ¿Y cómo?
- Ya lo verás…
Comenzó de nuevo a tocar su flauta. Hikari cerró los ojos para disfrutar del dulce sonido que salía del instrumento de viento. Era placentera, que sentía como si se fuera transportando a un mundo de ensueño, como los que habían en sus más dulces y secretos sueños. Poco a poco, sin darse cuenta, fue quedándose dormida. Yumemon se reía por lo bajo mientras veía a la niña quedarse dormida, cautiva por el sonido de su flauta. Su cuerpo también fue cambiando, creciendo en altura, oscureciéndosele la piel, saliendo de su espalda dos alas de plumas negras y juntándose los cuernos en un único blanco. Cuando Hikari cayó a tierra, dejó de tocar.
- Ha sido más fácil de lo que me imaginaba – rió al ver a su víctima en el suelo, plácidamente dormida - . Lamento haberte engañado niña, pero lo único que vas a tener es una horrible pesadilla que ira destruyendo tus sueños más preciados, hasta que lleguen a tu alma y la destruyan. Es mi Akumu Merodi. No es nada personal, pero mi señora os quiere muertos a todos los niños elegidos, no me odies por eso.
Se acercó a ella. Estaba realmente preciosa durmiendo, casi parecía un ángel. Era lo que más le gustaba, ver a sus víctimas dormir plácidamente antes de morir en una terrible agonía cuando su alma era destruida. No acostumbraba a terminar con sus víctimas personalmente, pero esa niña era un niño elegido, y eso podría traerle problemas si no acababa con ella ya. Así que se preparó para quitarle la vida.
Mientras tanto, Tai daba vueltas de un lado a otro, junto con Sora, Yamatto y Joe, buscando por su zona a Hikari. En otro lado, siguiendo de cerca a Mikemon, Kenji corría a toda velocidad tras la pista del rastro de su hermana. Ninguno de los dos sospechaba del peligro que esta corría. Mucho menos, de que no había nadie que la salvase.
