VII

Kanda Yuu llevaba en el pecho una cruz dorada que palpitaba contra su corazón, bajo el uniforme, cada vez que realizaba un acto con brusquedad. Permanecía siempre oculta. Detrás de ella había dos pequeñas alianzas que hubieran pertenecido a sus padres.

-Te protegen desde el Cielo junto a Dios¿Por qué no darles lugar en el mundo físico mediante símbolos?-Le dijo Froi Theodore, dándole el presente días después de la tragedia que le costara la vida a sus progenitores y lo guiara así a su Maestro. Colocó el colgante en su cuello y una mano en su hombro derecho. Kanda, que en ese entonces tenía cinco años y era conocido en su pequeña aldea japonesa como "el pequeño Yuu", sintió que una parte de sí mismo había muerto definitivamente, en tanto otra renacía. Desde esos días, se irritó cada vez que alguien le llamó por su primer nombre.

Se vendaba las manos para entrenar, pero también servía eso para atenuar las heridas hasta que sanaban. No obstante, a pocos días de su boda, sentía que las mismas tardaban más en cerrarse que de costumbre. Casi se habían curado, pero continuaban semi abiertas, como párpados de sonámbulo narcotizado. Evitó decírselo a Rinalí Lee. Pensó que ella lo pensaría débil y una esposa debe confiar plenamente en su esposo. Kanda Yuu pensaba que debía demostrarle que estaba en perfectas condiciones a pesar de la sentencia dada por los médicos. Que era no sólo un buen partido, sino la mejor elección para ella. Que su matrimonio no era un error, a pesar de lo apresurado y atropellado del evento. Que estaba y estaría, sin lugar a dudas, mejor con él que con cualquier otro tonto de la Organización. O de cualquier parte.

Kanda se preguntó a quién más que a él podría llegar a amar alguien como ella. Las opciones eran nulas: Casi nadie tenía contacto con Rinalí, salvo alguno esporádico, gracias a la dura Supervisión del Doctor Lee. De hecho, desde que él había llegado hacía cuatro años, no había vuelto a ver a la joven más que dos veces y de lejos. No la había reconocido hasta el día en que llegó ese Garbanzo de pelo blanco, cuyo nombre no recordaba , y que sinceramente no importaba tampoco a esas alturas. Internamente, se odió por eso. La deseó, antes de saber que era la misma niña que vivía llorando por los rincones de ese edificio, a la cual él creía un fantasma (idea de Rabi)… Al que persiguió con su espada en más de una ocasión. Poco después de esos violentos encuentros llenos de gritos y llantos, entre un frustrado escape de la pequeña y una defensa algo cuestionable para un niño de catorce años, forjaron una amistad más bien frágil. Consistía en que Yuu dejaba que Rina se escondiera en su cuarto, mientras intentaba planear cómo escapar de ahí. Kanda jamás la ayudó más que en eso.

-No podrás irte nunca. Nos tienen bien vigilados.-Le dijo la primera vez en que ella le pidió socorro llorosa. Ya era áspero e indiferente.

A juzgar por Kanda Yuu, ella no se esforzó lo suficiente. "Cuando algo te interesa, no te dejas vencer por nada, ni nadie." La alentaba, en cierta forma. Rinalí Lee nunca entendió por qué él no quería escapar de allí.

-Pero Yuu…¿No quieres regresar a tu casa, con tu familia, poder hacer todo lo que quieras, sin pruebas ni entrenamientos?-Suplicaba, casi. Una espada le rozaría la mejilla en esa ocasión.

-Te dije que no me llames por mi nombre.-Amenazó el samurai, con los ojos dilatados. Rinalí temblaría como un cachorro y sollozaría, tomándose el rostro con dedos temblorosos. Tenía diez años, aproximadamente.

Kanda nunca le dijo que no tenía una familia con la cual regresar y que en la Orden, estaba a gusto. Allí tenía no sólo la compañía de su maestro, que abandonaría el sitio sólo cuando sus discípulos estuvieran listos para desenvolverse en las tareas correctamente, o sea al cumplir Kanda, el menor de ellos, quince años, sino también servicio médico ejemplar, cuatro comidas al día y por si fuese poco, respeto de la mayoría por ser Exorcista. Le parecía ridículo abandonar todo eso para regresar a cultivar té en un descampado. Y desde luego, que Rinalí diese tanta importancia a su pasado, teniendo un futuro importante por delante, lo irritaba a sobremanera.

Como sea¿Qué otras opciones tenía¿La manada de búfalos vírgenes del Área Científica? Kanda soltó una risa seca. El más atractivo allí era Johnny Gill. La risa hubiera subido el tono si la imagen de un hombre de cabello cobrizo y porte de sátiro no se hubiera cruzado por sus ojos, dejándolo sin aliento. Baku Chang. Una sonrisa desagradable, como de quien ha mordido un limón, se dibujó en el rostro de Yuu: El "ilustre".

Y aún faltaba…El Garbanzo… "Che…¿Qué edad tiene¿Doce años? No es un rival." Se dijo con la esperanza de tranquilizarse a sí mismo. Pero la risa despectiva ésta vez se negó a salir definitivamente y se transfiguró en una cada vez más acentuada mueca de rabia contenida.

Rinalí Lee se preguntó, somnolienta, en qué pensaría su esposo, mientras ponía esa cara que daba miedo y tocaba su katana con recelo, escudriñándola en tanto ella fingía dormir.

Un mes antes había dominado una serie de arcadas para pedirle ir con él al campo de batalla.

-He estado enferma antes. No es grave…Kanda…-Rinalí no pronunciaba ese nombre desde hacía un tiempo, pero trató de poner más énfasis en lo siguiente:-Te lo juro.

-Tengo que pensar bien lo que hago contigo. No eres tan prescindible como éstos.-Señaló con el pulgar a cinco Buscadores junto a una fogata, en el campamento improvisado que habían levantado en las afueras de la ciudad. Los hombres abrieron los ojos, algo nerviosos y se retorcieron las manos cerca del fuego, tratando de hacer lo posible por no ver hacia su jefe. -Si te mueres, no ganamos nada. Y no hay mucha gente compatible con la Inocencia, como ya sabrás.

En realidad, Rinalí no sólo sabía eso, sino que lo temía.


Comentando...


No se acostumbren, amados lectores que dejan reviews , a los capítulos largos. No creo que sean mi estilo, al menos en éste fandom. ¿Me dirían lo que piensan hasta ahora de éste intento de fic? Toda palabra se aprecia ;)