Mirage

Autora: YukaKyo
Serie: Inuyasha le pertenece a su Autora.

Pareja: SesshoumaruxSango, un poco de InuxKag tambien

Categoría: T. Romance, acción, aventura, drama, angst.

Sumary: Desde cuando la exterminadora se convirtió en la presa? Tal vez desde que esta le robo su corazón.

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Pobre el corazón de los apasionados

Cruzan el desierto en busca de un oasis en flor

7-. Un sentimiento: Envidia

Un delgado hilillo de luz se filtró por las pequeñas y frágiles puertas que cubrían la salida directa hacia los jardines, siendo ese mismo rayo el que dio contra sus ojos, logrando que los abriera y despertara de aquel profundo sueño en el que había caído.

Sus castaños ojos se abrieron despacio, molestándose con el intenso brillo que caía sobre los mismos. Acostumbrándose lentamente, aquel abandono de la oscuridad, para permitirle observar con claridad, el blanco techo frente a sus ojos. Levanto una mano despacio, e iba a desistir de hacerlo cuando un violento escozor recorriéndole por toda la espalda le recorrió, mas continuo moviendo su mano, llevándola hasta su rostro, alejando del mismo algunos de los mechones de su flequillo y pasando descuidadamente sus dedos por la piel de sus mejillas y es que sudaba.

¿Acaso tenia fiebre?.

Bueno, mas bien, había tenido, notaba la humedad presente en su yukata y cabello, mismo que estaba dispersado con suavidad sobre las sabanas.

¿Cuanto tiempo habría estado dormida?

Podía haber estado así, solo una noche, pero lo dudaba. Mas aun cuando estaba conciente de la cantidad de sangre perdida, no solo por la batalla reciente, sino por la anterior. Cuando menos había estado inconsciente tres días.

Era lo que generalmente tardaba para recuperarse de una profunda pero no mortal herida...

Intento levantarse, pero un nuevo pinchazo le hizo pensárselo dos veces, antes de desechar aquella idea y quedarse aun recostada sobre las mantas. Podía escuchar el leve, pero constante ronroneo de Kirara, cerca de ella, seguramente dormida a un costado suyo, pero también, sentía el suave peso de alguien sobre ella. Giro los ojos encontrándose con la pequeña cabeza de mechones negros despeinados que recargada sobre su abdomen y sujetando una de sus manos mientras dormía.

Una sonrisa llena de ternura se dibujo en sus labios, para después acariciar con ternura los suaves cabellos de la chiquilla, que sintiendo aquella tierna atención, no tardo demasiado tiempo en abrir sus oscuros ojos y fijarlos acompañándolos con una enorme sonrisa sobre ella.

—Sango-chan! — los pequeños bracitos de Lin le sujetaron con cuidado, mientras sus ojos buscaban algún dolor en el rostro de la joven que pudiese ser causado con sus efusivos movimientos, pero no encontró ninguno— ¿Ya te sientes mejor? —

—¡Claro Lin! No te preocupes tanto, soy una chica fuerte—murmuro segura la exterminadora, logrando borrar la mueca de preocupación en el rostro de la pequeña. Tragándose el quejido de dolor, ya que después de todo, el abrazo apretado que la niña le regalaba si le había dañado. Mas la angustia se apodero de su mirada castaña cuando vio las gruesas lagrimas bajando por las mejillas de la pequeña.

—Tenia tanto miedo, no habías despertado en tres días seguidos y la fiebre no bajaba, pensé que morirías—los ligeros sollozos fueron dejados atrás ahogándolos en sus labios, cuando las manos de la exterminadora acariciaron sus negros cabellos reconfortándola.

—Es verdad, incluso Sesshoumaru-sama quien estuvo hasta hace poco aquí. No creía que pudiese vivir un día mas— la cansada voz de la anciana hizo que girara su rostro mirándola incrédula. Miro como la mujer entraba con lentitud a la habitación, llevando entre sus callosas manos una vasija con agua y algunos vendajes.

—Lin es hora de que lavemos sus heridas una vez mas, no querrás que vuelva a quedarse dormida por varios días— La pequeña cabeza de la niña negó fervientemente mientras e limpiaba con sus manos las lagrimas que aun bajaban por sus mejillas.

—¿Sango-chan podrías? — la niña no dijo mas, viendo como la mujer se giraba un poco dándoles la espalda, para después dejar resbalar la yukata que llevaba puesta, dejando expuestas las vendas que llevaba sobre su cuerpo.

Las manos de la niña y de la anciana se deshicieron de aquellas vendas ensangrentadas, dejándolas a un lado del futon, descubriendo la profunda y mortal herida de la exterminadora. Un leve escozor recorrió el cuerpo de la mujer, cuando las curativas pero irritantes plantas que utilizaban para curarla, fueron depositadas en las laceraciones y la carne viva.

Fijo su vista sobre las demás partes de su cuerpo, los moretones y demás contusiones, no eran nada comparadas con esa herida que desde que se la había hecho su propio hermano, jamás había sanado del todo. No era la primera vez que aquello le pasaba. Anteriormente ya antes había caído por la perdida de sangre en la misma cuando por la fuerza en los ataques se lesionaba.

Lin miro como la exterminadora sujetaba las mantas del futon, arrugándolas entre sus dedos con fuerza. Seguramente las curaciones le dolían. Pero lo que no sabia aquella niña era que ni siquiera le prestaba atención a aquello, sino al doloroso recuerdo de Kohaku, su hermano, siendo manipulado una y otra vez bajo las ordenes de Naraku.

Había cometido tantas crueldades...

Y eran su culpa ya que nunca un exterminador debía dejarse influenciar o manipular por un demonio.

Una mueca de ironía se dibujo en el rostro cabizbajo de la exterminadora.

Seguramente, si su padre y la demás gente de la villa estuviesen vivos, repudiarían a su hermano. No por las acciones tan bajas que había realizado, sino por la estupidez de dejarse controlar por su presa.

Tenia que encontrar pronto a Kohaku

Liberarlo de la influencia de Naraku y después

Cumplir con la única obligación que le restaba ahora como exterminadora

Matarlo

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Sesshoumaru abrió los ojos exaltado, dejando caer las sabanas que le cubrían, su pecho bajaba y subía con rapidez. Llevo una de sus manos a la frente tratando de alejar el sudor de la misma, una mueca de desagrado se dibujo en su rostro al sentir la común humedad entre sus piernas y sabia exactamente por que se debía.

Giro la vista encontrándose arrodillada junto a él a Mako, que solo vestía una delgada yukata sobre su cuerpo. Al parecer ya no estaba tan molesta por el pequeño incidente de esa noche. De ser así, no lo hubiese despertado de aquella manera tan atrevida, solo como ella podía hacerlo. Quería preguntarle, pero era mejor no hacerlo, que ella sacara después el tema.

Los radiantes rayos del sol dieron contra los azulados cabellos de la youkai haciéndolos brillar, al igual que resplandecía su mirada. Esa mirada que a él tanto le gustaba.

—Sessh-chan, lo siento, no quería despertarte— dijo suavemente limpiando sus labios humedos, aquella voz era tan dulce e inocente, que mentirosa, una sonrisa divertida se dibujo en los labios de Sesshoumaru mientras acariciaba con suavidad la mejilla de la chica.

Mas Mako tomo aquello como una invitación, ya que termino sentándose sobre el regazo del youkai, sujetándolo del cuello pegando su cuerpo al suyo, las garras de Sesshoumaru se enroscaron en su cintura acercándola aun mas.

—Ha si. Pensé que era eso lo que querías, pero si quieres me vuelvo a dormir—la youkai acerco sus labios a los de Sesshoumaru lamiéndolos levemente con su lengua.

—No, porque dormido, no me dirás lo que deseas—

—Es verdad— murmuro divertido el youkai, al mismo tiempo que sus dedos se deshacían de la suave yukata de la mujer. Sus labios viajaron por aquella blanca piel, arrancando algunos gemidos de aquella boca coloreada de roja.

—Sess... — el youkai no la dejo continuar ya que sus labios habían sellado los suyos, demandando un fuerte beso. La youkai se dejo caer hacia tras trayendo consigo al cuerpo del youkai, después de todo, había necesitado por tanto tiempo de él.

Ahora que había vuelto una vez mas... debería aprovechar.

Y es que ambos eran el consuelo del otro, uno tratando de olvidar el pasado y la otra tratando de soportar a un amor no correspondido. Mako sonrió divertida recordando que la mayoría de los habitantes del castillo la venían como la mejor amiga del youkai, y lo era, pero aparte de eso era algo así como su pareja. Pero tampoco lo eran.

No, al menos como se debería

Pero olvidando aquello, se sentían bien al saber que por lo menos contaban el uno con el otro para soportar la soledad de sus vidas.

Después de terminar exhaustos, las pupilas verdes de la youkai buscaron las doradas de Sesshoumaru, recargando su mejilla en el amplio pecho de este. Una de las manos del youkai le sujeto la cintura mientras que la otra se dedico a acariciar con cuidado su espalda.

Todo a su alrededor estaba en silencio, no había necesidad de decir nada, ambos sabían exactamente lo que pasaba en la mente del otro, que importaba si seguían en silencio media, una o hasta tres horas mas. Pero por ahora para ambos ya era suficiente. El youkai comenzó a levantarse, dejando recostada a la mujer que le veía vestirse en silencio.

—¿Sesshoumaru volverás a partir cuando el verano comience? o ¿te quedaras una temporada mas en el castillo? —

—No lo se Mako, aunque como siempre serás la primera en saberlo— siseo el youkai deslizando el blanco gi sobre sus hombros.

—Es que parece otro, el castillo cuando tu llegas. Como me gustaría que nunca te tuvieses que ir—

—Sabes que no lo hago por gusto, solo que no puedo permanecer mucho aquí—

—Me gustaría creer eso Sessh-chan pero, se que es por ella que te vas— la voz de la youkai se escucho realmente afectada, Sesshoumaru se acerco una vez mas hacia ella sujetándola entre sus brazos consolándola al tiempo que le daba un sutil beso sobre sus cabellos.

—Mako, ya no es por ella, es solo por mi—

Makoto dibujo una sonrisa triste en sus labios correspondiendo al abrazo del youkai, de sobra sabia que aquellas palabras eran mentira, Sesshoumaru se iba porque no quería tener presente el recuerdo de esa mujer, el mismo que le traía la primavera y las estancias en el castillo.

Si tan solo ella pudiese hacer algo para borrar aquel amor inextinguible, liberar el corazón de las garras de esa youkai

Lena su hermana, la única dueña y querida en el corazón de Sesshoumaru. Había una posibilidad para el youkai, para que pudiese amar una vez mas. Pero estaba segura que Sesshoumaru preferiría vivir para siempre encadenado a ella que, permitir que alguien tocara uno solo de sus cabellos.

Porque la única forma de liberar a su corazón, era con la muerte de la persona a quien el mismo se lo había entregado.

Y si tan solo Sesshoumaru supiera que era él de quien amaba y no alguien mas

Y Mako maldecía a su hermana, por no haberlo amado como ella lo hacia

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—No Makoto-sama no es la señora de Sesshoumaru-sama, hubo alguien que lo iba a ser, pero de eso ya no hay posibilidad— Murmuro la voz cansada de la anciana, que continuaba sentada a su lado cerca del futon.

Sango giro sus ojos dirigiéndolos a las afueras del jardín que podía apreciarse ahora que estaban abiertas, que la pequeña Lin, jugaba afuera junto con Kirara. La exterminadora guardo silencio estudiando las palabras de la anciana. No sabia cuando había principiado todo aquello, pero esa pequeña investigación había surgido solo con el pensamiento de Sesshoumaru en la habitación del al lado. Pero debía aceptar que gracias a la misma se estaba enterando de muchas cosas que seguramente Lin no le diría ya que como la misma mujer mayor le había dicho, había tantas cosas que esa pequeña por su tierna edad ignoraba.

—¿Y ella? — sus castaños ojos volvieron a fijarse en los grises de la youkai, no le gustaba para nada pensar y que solo la antigua mujer le contestara, así que prefirió pensar y hablar al unísono.

—Tiene los privilegios de tratarnos y ser como la dueña del castillo, mas nunca he escuchado de Sesshoumaru-sama que sea así, la verdad para el simplemente es una cortesana mas— el fuerte ruido de la puerta corriéndose hizo que ambas giraran los ojos hacia la persona que entraba.

—Así es una cortesana, pero no una mas, sino la única que habrá— Siseo con orgullo la youkai de largos cabellos azulados y verdes ojos, curvando sus labios rojos en una sonrisa despectiva.

—Makoto-sama— balbuceo la anciana, postrándose con sumisión ante los pies de esta, los verdes ojos de la youkai la miraron con fastidio y enfado. Detestaba también a esa mujer, aunque seguir en el castillo porque la pequeña protegida de Sesshoumaru así lo quería y porque, el youkai le había prohibido rotundamente echarla o en su caso.

Matarla.

—Retírate, tengo que hablar con esta humana— la mujer asintió y con una rapidez incapaz para alguien de su edad pero única para los series sobre naturales, les dejo solas, llevándose a la pequeña Lin junto con ella a las profundidades de los verdes jardines.

—¿Y te divertiste jugando a la heroína con Sesshoumaru? —

Sango no contesto, pero respondió la intensa mirada de odio que la youkai le regalaba. Mako rió despectiva, podría decirse que esta humana era la única que había soportado mas de una de sus miradas, recordó con placer como la hija pelirroja del terrateniente Shion le había rehuido de una guerra de miradas, cuando había venido buscando a Sesshoumaru demasiado tiempo atrás.

Pero ahora, no era esa pelirroja quien amenazaba con interferir entre ella y Sesshoumaru.

Sino ironicamente una maldita exterminadora.

Se arrojo con demasiada fuerza contra ella, tomándola por sorpresa con su asombrosa agilidad, las garras de la youkai se posaron sobre la piel del cuello, donde la sostuvo contra la pared, lastimándole de la espalda. No había duda, aquella prenda que la exterminadora vestía era la misma que Sesshoumaru le había colocado el día que había llegado con ella casi muerta. Que atrevida era esa mujer. Las afiladas uñas hicieron el movimiento de enterrarse en la suave piel del cuello de la humana, pero nunca lo hicieron.

Mucho menos ahora que sentía el frió filo de una filosa cuchilla en su propio cuello.

—Atrévete a hacerlo demonio y no vivirás para contarlo— miro con furia aquellas cuentas castañas, viendo que realmente lo decía en serio y no dudaría en traspasarla con aquella cuchilla que camuflada en su antebrazo, amenazaba con rebanarle la piel.

—Interesante exterminadora, pero tu estas en las mismas— siseo fríamente la youkai, alejándose de un solo movimiento de la mujer— Ya terminaremos esto en otra ocasión, no quiero que piensen que me aproveche de tu mal estado—

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Sango camino despacio, sintiendo la tibieza y humedad del pasto entre los dedos descalzaos de sus pies, no quería estar todo el día postrada en aquel futon, además no le dolía tanto el moverse. Sus heridas estaba prácticamente sanadas, o al menos eso le parecía, después de todo había estado bajo los cuidados de Lin y de la mujer mayor por mas de tres semanas.

Se adentro un poco mas en el amplio jardín, perdiéndose entre los árboles y la extensa vegetación crecida cuidadosamente gracias a la primavera que para ese entonces ya estaba a pocos dias de finalizar. Miro curiosa a su alrededor viendo que ahí, ningún árbol de cerezos crecía. Y era extraño, ya que eran un símbolo infaltable en los castillos o recintos, por la costumbre y leyenda de que aquellos árboles traían fortuna y prosperidad.

Dejo de pensar en aquello, al menos tenia unos segundos para ella en soledad, ahora que Lin y la anciana la habían dejado sola ya que se encargarían ellas mismas de preparara la comida de aquel día. Al parecer Sesshoumaru les dejaba hacer aquello algunas veces y hoy era aquel esperado día. Incluso le habían pedido a Kirara para que les ayudara trayéndoles los ingredientes y demás.

Pero a ella no le pidieron mas que descansar en la habitación. Y eso era lo que menos quería, por eso había salido, necesitaba despejarse un poco. Siguió caminando con lentitud. Acercándose a un pequeño claro, donde una infinidad de flores crecían. Pero no solo aquello encontró en ese lugar, sino a la persona que durante todos aquellos días no había visto y ahora le miraba con tranquilidad esperando alguno de sus movimientos.

Sango termino sentándose a un lado suyo, bajo la sombra de aquel árbol que protector enaltecía sus ramas cubriéndoles del brillante pero intenso sol. Los largos cabellos celestes del youkai se agitaron al igual que los suyos con la fresca brisa, misma que llevo hasta sus rostros el sutil aroma de aquellas flores.

Quería hablar, decirle algo, pero no sabia exactamente de que. Tal vez preguntándole sobre su apática conducta hacia ella, o el porque la había salvado cuando no tenia obligación alguna, e incluso aquel fugaz beso que le había robado hacia demasiado tiempo atrás.

Pero de sus labios las palabras no nacían...

Aunque no importaban mucho, se sentía tranquila y extrañamente feliz estando a su lado, sin palabras de por medio. Miro una vez mas las flores, antes de girar sus ojos hacia Sesshoumaru, quien contesto la mirada cuando se sintió observado. Un leve sonrojo acudió a las mejillas de la exterminadora, antes de señalar con sus dedos el pequeño paraje floreado.

—Quiero llevarle unas cuantas a Lin-chan, pero, no se cuales le gustarían— Sesshoumaru la miro sin comprender lo que decía, giro sus ojos viendo las flores, pero no dijo nada, solo se levanto sin mirara a la mujer que aun permanecía sentada a su lado.

Sango miro como caminaba alejándose de ella, había dicho una estupidez, porque era lógico que Sesshoumaru no le ayudaría a escoger unas tontas flores, bajo la vista al suelo apenada, pero la levanto incrédula cuando le escuchó llamándole para que se acercara a él, encontrándolo en cuquillas sobre las flores.

—¿Mujer que esperas? —

Sango se levanto también, arrodillándose a su lado, paseando la vista sobre todas las flores de las que podría escoger, de distintos colores, tamaños y fragancias. Mas fijo sus ojos en unas en especial que eran acariciadas de los largos pétalos blancos por las afiladas garras de Sesshoumaru que las veía como estudiándolas.

Los dedos de Sesshoumaru se movían cortando una a una de aquellas flores, dejándoles un considerable tamaño del tallo para que pudiesen ser tomadas por sus manos. Una docena o mas, no supo en realidad cuantas había colectado, solo dejo de verlas, para pasárselas a la exterminadora, dejándolas entre sus delgados brazos.

—Creo que esas son perfectas, pero para ti—

Sango se sonrojo un poco mas pero aun así acepto aquellas flores, acercándolas a su rostro percibiendo el delicado aroma de las mismas. Iba a agradecerle a Sesshoumaru, pero una sombra callo sobre ellos, mas bien sobre Sesshoumaru, empujándolo sobre las demás flores, dejándolo tendido sobre las mismas.

—Con que aquí estabas—

—Makoto—murmuro quedamente el youkai antes de ser besado por la youkai, impidiéndole levantarse de donde estaba. Sango giro los ojos, no podría evitarlo, pero sin querer terminaría viéndolos en contra de sus deseos.

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La herida en su espalada aun le dolía, pero solo hasta esos momentos lo notaba, había estado demasiado tiempo descansando recostada en el futon de Lin, pero ahora le quedaba mas que claro, que aun no se recuperaba del todo. Las largas y rápidas zancadas que daba para alejarse del jardín y volver hasta su habitación se lo decían.

Se detuvo de golpe, cerrando los ojos con fuerza, después de haber levantado una de sus piernas, subiéndose con rapidez por la rugosa tarima de madera que constituía al piso que dividía las habitaciones de mármol de los bastos jardines de suave tierra. Ahogo el leve gemido en sus labios, apretándolos con fuerza, enterrando al mismo tiempo sus dedos sobre el fresco ramo de flores que aun llevaba entre sus manos.

Dejo de prestarle atención a su dolor, para pasar con lentitud sus dedos por los suaves y blancos pétalos que aquellas silvestres flores, deleitándose una vez mas con el sutil perfume que estas le dejaban sobre sus dedos.

Una sonrisa dulce se formo en sus labios, eran hermosas, frágiles y delicadas. Dejo escapar un suspiro, aquellas flores tan blancas como la nieve, habían sido seleccionadas especial mente para ella, puestas entre sus brazos por los largos y pálidos dedos de Sesshoumaru.

Y seguramente aun estaría a su lado recolectando mas de aquellas flores, tratando de encontrar las perfectas para la pequeña Lin, pero no podía ser así, mas que nada por esa, por esa maldita youkai.

Si tan solo no los hubiese interrumpido.

Siguió caminando con paso firme por el corredor de madera, acercándose con cada paso hacia la entrada de la amplia y acogedora habitación de la niña.

Tenia que aceptarlo, aunque aun no lo entendiera con claridad, odiaba a aquella mujer, mas aun cuando estaba cerca de ella. No, mas bien, no soportaba la manera de actuar de esta cuando Sesshoumaru estaba cerca. Era mas huraña y desvergonzada, pero sumamente solícita y cariñosa con Sesshoumaru. La exterminadora dejo escapar un gruñido recordando una vez mas aquella escena por la cual se había ido con rapidez de su lado.

El suave beso, las sutiles pero atrevidas caricias que le regalaba y que lentamente frente a sus ojos eran correspondidas por el youkai. Esas largas garras que despacio recorrían la fina cintura y que subían por la estilada espalda y esos labios que, ha para que seguir recordandolo.

Sango siguió caminando, pero esta vez sus pasos fueron mucho mas rápidos, que casi podía decirse que corría, con un leve color rojo en sus mejillas.

¿Que era todo aquello que estaba sintiendo?

Acaso estaba celosa, negó fuertemente con la cabeza, no podía ser, bueno, no era como los celos que había sentido cuando miraba a Miroku con otra, pero parecía serlo, un sentimiento demasiado contradictorio, porque no sentía odio ni el rencor de sentirse dolida, sino algo mas, intenso, una terrible necesidad de arrojarse a golpes contra esa youkai, alejarla de Sesshoumaru hasta desparecerla y al mismo tiempo, de ser ella quien lo besara y lo acariciara como Makoto lo hacia.

—¿A dónde va con tanta prisa, mujer? —

La exterminadora se detuvo repentinamente, al escuchar aquellas palabras, algunos pasos atrás se encontraba Jakken. Una mueca de disgusto se dibujo en sus labios. La cual no paso desapercibida para aquellos ojos amarillentos que no perdían detalle de cada una de sus reacciones.

—¡Oh! Pero si parece que esta molesta! —

Una sonrisa burlona apareció en el rostro del sapo siendo mirado con desconfianza por la exterminadora. Y es que en un principio ese youkai había sido amable con ella, pero habiendo llegando al castillo, se comportaba altanero y déspota, seguramente por ordenes de Makoto.

Esa youkai, altercando con ella, importunándola a cuanta oportunidad tenia.

—¿Qué le sucede? Acaso será que Sesshoumaru-sama esta entretenido en algo mas interesante que estar junto a una humana— Jakken menciono aquella ultima palabra con desprecio, logrando que Sango frunciera sus cejas, mirándolo con rabia que apenas y podía contener.

Una intensa. Furia

Pero no hacia el sapo, sino a esa maldita youkai, que se burlaba en su mente, al mismo tiempo que seguía con sus juegos, enredando a Sesshoumaru, entre sus delgados brazos mientras lo besaba.

—Cuida tu lengua Jakken—mascullo con control, pero en un tono de advertencia, mientras continuaba con sus pasos, para entrar a la habitación. Pero ni siquiera había dado dos pasos cuando la voz del sapo se volvió a escuchar.

—Lamento decirle esto exterminadora, pero contra Makoto-sama, usted siempre pasará mas allá del segundo plano—

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Sango cerro con fuerza la delgada puerta de papel, alejando así la presencia del atrevido youkai sapo, se dirigió hasta el futon de Lin, dejándose caer sentada sobre el mismo, soltando las flores en su regazo para llevar sus manos a la cara y después pasar sus dedos, descuidadamente por sus cabellos.

¿Como se atrevía a decirle aquello?

¿Quien se creía que era para hablarle así?

Maldijo molesta a Jakken, dejándose caer un poco hacia atrás, sosteniéndose con sus brazos para no caer completamente, pero volvió a maldecir cuando el violento dolor en su espalda se presento. Volvió a levantarse quedando sentada una vez mas, pero demasiado encogida en si misma.

Sango abrió lentamente sus ojos, encontrándose con las flores sobre sus piernas, bellamente tendidas, regalándole el sutil aroma que poseían. Murmuro quedamente el nombre de quien se las había regalado por así decirlo y fue entonces que lo comprendió.

Ella no sentía celos por Makoto

Si no mas bien

Un profunda y desgarradora

Envidia...

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