V

El Reencuentro de Dos Viejos Cómplices

— ¿Cómo fue que llegaron aquí? —musitó Nene.

Por el rabillo del ojo alcanzó a distinguir que Lelouch preparaba su brazo derecho para realizar su estilizado movimiento a la hora de invocar el poder de su Geass.

— ¡Nene! —exclamó Taiki entusiasmado y los dos muchachos salieron del ascensor.

La chica y Lelouch percibieron un frío espectral en sus cuerpos cuando Taiki y Kiriha pasaron a través de ellos cual fantasmas. Se miraron aterrados por un instante y se giraron velozmente para seguir al par de apariciones que se reunían con…

— ¿Qué es eso…? —preguntó Nene con un hilo de voz.

Frente a ellos, justamente frente al panel de controles con los que se realizaban las grabaciones, había una chica idéntica a ella en cada rasgo. Misma estatura, misma figura, mismos ojos, incluso el mismo peinado. La única diferencia era el vestido de color rosa que usaba aquella ilusión.

— ¿Tú también lo ves? —dijo un tanto aterrada, acompañó sus palabras sacudiendo por los hombros a Lelouch.

El chico asintió, incapaz de articular palabra alguna.

— ¡Ya quería verlos! —exclamó la aparición y envolvió a sus dos amigos en un fuerte abrazo.

— ¿Qué es esto, Lelouch? —preguntó Nene con voz trémula—. ¿Quién es ella?

—Es… Eres… —balbuceó Lelouch—. ¿Tú?

— ¿Por qué han tardado tanto? —decía la aparición sin liberar a Kiriha de su abrazo.

—Esperábamos a que Tagiru y Yuu terminaran su competencia de ver quién comía más tazones de ramen en menos tiempo —explicó Taiki encogiéndose de hombros.

— ¿Tagiru y Yuu han venido también? —preguntó ilusionada la aparición.

Nene sintió un enorme vacío en su estómago. ¿Yuu? ¿Su hermano? Ella recordaba bien lo que había acontecido en Britannia durante la batalla final. Yuu estaba muerto, ella lo había presenciado con sus propios ojos.

—Te están esperando —aseguró Kiriha una vez que la aparición lo liberó—. ¿Tienes tiempo para ir a comer con nosotros?

—Claro que sí —sonrió la aludida—. No estaré en Japón mucho tiempo, me encantaría pasar tiempo con ustedes.

Nene se sentía dentro de una pesadilla, era como estar presenciando la aparición de un dopplegänger. Y así, tan rápido como había aparecido, la otra Nene y sus dos acompañantes desaparecieron como si se desvanecieran en el aire.

—Necesito un poco de aire —musitó Nene con voz tan débil que creyó que pronto se desmayaría.

Después de todo, no todos los días se veía a sí misma conversando con dos viejos amigos de los que hacía ya bastante tiempo no sabía nada.

La Zona Obscura.

Aquella silueta femenina se paseaba por los suelos áridos, iba con la mirada agachada y apretaba los puños con fuerza. Ni siquiera se molestaba en cubrir su desnudez pues no había nadie que pudiera verla. Todos los Monstruos Digitales que encontraba a su paso corrían a ocultarse al ver el siniestro brillo asesino que centelleaba en sus ojos.

Llegó finalmente a su destino tras caminar un largo rato: un sitio similar a una fábrica abandonada. Era como si sus pies la hubieran conducido ahí por sí mismos, una voz interna la compelía a entrar y no dudó al obedecerla. Tuvo que hacer acopio de todas sus fuerzas para mover el pesado bloque de metal que le impedía la entrada, en realidad no le costó gran trabajo gracias a que, al parecer, estar dentro de aquél enorme pantano le había dotado de sobrehumanas fuerzas.

Entró a la fábrica abandonada sintiendo los pequeños trozos de escombro y cristal cortando las plantas de sus pies, era extraña la sensación de su propia piel regenerándose para cerrar las pequeñas heridas aunque, a pesar de ello, sus pasos dejaban un sendero de sangre detrás de ella.

—Sé que estás aquí —habló con voz potente, el eco resonó en las paredes y los cristales de las ventanas tintinearon—. Muéstrate.

Pero lo único que pudo ver fue a un par de Gizamon de color negro escapando asustados de la fábrica para evitar acompañarla.

—He dicho que te muestres, PiccoClownmon —repitió con severidad.

No hubo ningún movimiento, ninguna voz, ningún Digimon saliendo de entre los más oscuros rincones. Lo único que la chica rubia vio aparecer fue aquella bruma de color negro que pronto se enredó alrededor de sus tobillos. Esbozó una sonrisa de satisfacción y sintió cómo aquella bruma, helada como el hielo, cubría su cuerpo entero. Extendió los brazos hacia ambos lados para permitir que la obscuridad terminara de cubrir su cuerpo, cerró los ojos cuando también su rostro se vio cubierto por aquello.

Fueron segundos que parecieron eternos.

Casi inmediatamente desapareció la obscuridad que la rodeaba, dejando al descubierto su nuevo conjunto de ajustadas ropas negras. Incluso sus pies se vieron beneficiados pues llevaba calzadas un par de botas negras con un puntiagudo tacón de cinco centímetros. Su cabello había quedado ya limpio, reluciente, aunque sus bucles habían desaparecido para dejar su cabello totalmente lacio. Y ahí, colgando de su cinturón de cuero negro, estaba su DigiLector totalmente funcional.

Ella lo tomó con una mano, apuntó con él hacia el frente y llamó con voz potente:

—Reload, PiccoClownmon.

Un resplandor de luz negra salió por la pantalla del DigiLector, frente a ella se materializó un pequeño ser alado con la forma de la cabeza de un payaso con gorguera.

—Creí que nunca me sacarías de ahí —fue lo que el ser dijo cuando se encontró libre.

—Lo mismo podría decir de ti —respondió la chica rubia con desdén.

Y aún así, a pesar de que parecían estar ambos enfurecidos el uno con el otro, se fundieron en un fuerte abrazo.

¿Emotivo?

De eso nada.

¿Qué podría tener emotivo el encuentro de dos seres tan terribles?