El corazón de una Cullen
Capítulo VII
Posibilidades
Mi confesión creó efectos que no creí, tanto para bien como para mal. Si bien mi familia entera terminó por aceptar mi determinación, algunos se mostraban con duda o hasta molestos por haber siquiera pensado en la posibilidad de una batalla. Era algo que cobraría factura, pero era necesario saber con cuántos contábamos a fin de llevar las cosas a mejor término.
-¿Entonces a esto es a lo que nos has traído, Carlisle? ¿A luchar? ¿Con engaños? –Amun era el más inconforme de todos.
No llevaba ni diez minutos de haber llegado y los ánimos se estaban alebrestando por cómo cada quien comenzó a bombardear con mil cuestionamientos a Carlisle.
Entre los egipcios, exceptuando a Benjamín y su pareja, algunos irlandeses y varios nómadas se concentraba la oposición, pues del resto poco se había escuchado decir.
-Te lo dije, Amun –repuso tranquilamente Carlisle-, solo queremos dar fe de lo que ocurre con Renesmee en realidad, que vean los Volturi que no somos un peligro.
-¡¿Entonces me dices que no escuchamos lo mismo de la chica de tu clan?! –Aunque el tono amenazante en que lo soltó hubiera obligado a cualquiera a retroceder, Carlisle no lo hizo.
De hecho, se encontraba tan apacible como cuando llegué que al ver a Amun acercársele apenas y parpadeó, sin embargo, Esme por otro lado tomó la mano de su esposo mientras que yo me acerqué aún más, dispuesta a calmarlo si se ponía más violento el viejo amigo egipcio de mi padre.
-Gabriela fue clara en todo esto –repuso Carlisle-. En sus más de dos siglos apenas y había conocido a un par de vampiros con dones, sin contar a los de nuestra familia. Al encontrarse con grandes sorpresas por acá tonto sería no aprovechar algo que le ayudará para su supervivencia y por si el resultado con los Volturi no fueran los esperados. No le veo el riesgo ni el problema cuando no arrebata poderes, sino que los replica.
Había detectado el cómo Carlisle suponía y daba a entender que el adquirir más poderes era para mí y mi bienestar, dejando en segundo plano la batalla, quizá para tranquilizar aún más a los varios que parecían concordar con Amun.
-¿Entonces por qué estamos teniendo esta conversación? –Se alejó cabreado mirando a todos.
-Lo único que deseamos es llenar todas las posibilidades y estar preparados, Amun, eso es todo –en esta ocasión intervenía Edward-. Tú mejor que nadie sabe la importancia de la familia y protegerla, y es por ello que estamos haciendo esto; por favor no nos culpes.
Amun sonrió cínicamente y miró a mi hermano. Algo le dijo en pensamiento pues vi cómo Edward se tensó y se vio obligado a serenarse. Bella lo tomó de la mano.
-Nadie te tiene atado aquí a la fuerza, Amun –solté yo desafiante-. Veo en tus ojos la duda, el enojo y el temor; te entiendo, son los mismos sentimientos que he sentido casi el último siglo por culpa de los Volturi, por lo que me hicieron y por cómo me marcaron. Es por ello que estoy determinada a hacer todo lo que esté en mis manos para evitar que una pequeña parte de toda su maldad toque a mi familia. Yo mejor que nadie sabe de lo que son capaz y es por ello que he decidido no esconderme más y afrontar lo que sea que venga.
El silencio sepulcral de todos ahí se pasó a la naturaleza, pues exceptuando los licántropos, nadie más parecía emitir sonido alguno.
-Exacto, niña estúpida y por ello mismo es que no deseo estar aquí cuando pase…
Bramó colérico con ojos por poco lunáticos y se acercó a mí en pose amenazante, sin embargo, no pudo dar ni dos pasos pues Alexander se le interpuso en el camino.
-Amun –tajó con frialdad el casi pelirrojo. Le puso una mano en el hombro, pero por la pose, era obvio que no estaba siendo amigable-, tranquilízate, estamos hablando.
Amun se deshizo con brusquedad del agarre de Alexander, éste último se fue a parar no muy lejos de mí, con los brazos cruzados y con mirada adusta.
-No les estamos pidiendo que peleen por nosotros… -dijo Carlisle, aunque Amun no respondió.
-Carlisle no les estará pidiendo que peleen, pero yo sí –volvió a intervenir Edward-Les pido que se queden no solo para ayudarme a proteger a mi familia –miró a Bella en especial-, sino para protegernos todos. ¿En verdad crees que los Volturi no saben ya de esto y no se están preparando con todo lo que puedan?
-¿De qué estás hablando? –Siseó el egipcio.
-Cuando tuvimos el problema con los neófitos, el ejército creado por un vampiro que nos guardaba rencor, Jane, Alec, Demetri y Félix aparecieron poco después. Ellos pudieron intervenir y en cambio no lo hicieron, porque esperaban que falláramos; cuando no fue así, aparecieron solo para amenazarnos porque Bella aún no estaba convertida. Es claro que solo buscan un pretexto para atacarnos y acabar con nosotros, y aunque sé que no es lo que quieren escuchar, es probable que Aro sí planee algo grande y contra todos aquellos amigos que considere siquiera que puedan prestarnos ayuda.
Quizá se vayan ahora, y es probable que nunca se entere que estuvieron aquí, pero ponte a pensar Amun ¿cuánto crees que le tome a Aro enterarse de Benjamín e ir detrás de él por sus grandes dones? ¿Qué garantiza que después no vaya por Zafrina, por Kate o Maggie? Por eso pido yo, abiertamente, que se nos unan; por la razón que sea, ya sea para hablar y ser testigos o para pelear, es necesario hacerles ver que no estamos solos. Nosotros haríamos lo mismo si se tratara de su familia.
-¿En serio? –Amun en esta ocasión se le acercó a Edward, aunque no tanto-. ¿Estarías dispuesto a dejar que Bella se involucraran y diera su vida por mí, por Benjamín, o cualquiera de los nuestros?
Aunque mi hermano se tensó por aquello, mi cuñada fue quien le respondió.
-Yo soy capaz de tomar mis propias decisiones, y sí, Amun. Son amigos y si necesitaran de nuestra ayuda acudiríamos.
-¡¿Y qué tenemos nosotros?! –exclamó dramáticamente-. Pues aún con dones, el único que en verdad puede ayudar abarcando más es Benjamín. A Kate, Zafrina y Bella incluso de poco les sirve esos dones si más vampiros atacan o están cerca. Esta chiquilla –me apuntó- cree que puede ganar y no sabe ni lo que dice.
Ahí entendí que parte de sus dudas y temores eran porque no creía, al parecer en mis dones. Fuera de Benjamín, Amun no creía digno ni un buen rival a los demás en contra de un Volturi.
Me acerqué al egipcio, quedando al centro de los demás, vi un titubeo por parte de Alexander en detenerme pero se contuvo. Cuando Amun se dio cuenta de mí me miró altanero.
Yo, tranquilamente, saqué de mi chaqueta el frasco que cargaba a todos lados. En él había una porción de sangre humana. Desprendí la tapa, tiré un chorro al suelo, tapé y guardé el frasco.
Con los ojos de los demás puestos en mí, puse la palma de mi mano frente a mí pero volteando al piso y con un ligero movimiento un chorro considerable de líquido carmesí brotó del piso. Sin siquiera tocarlo, con mis manos comencé a manipular la sangre que cada vez parecía una mancha en el aire conforme hacía que aumentara su cantidad.
Sabía que todos estaban expectantes en lo que hacía. La considerable mancha subió más para que todos pudieran admirarla; entre impresionados y un tanto sedientos la observaron, por lo que dando por terminada mi demostración la manipulé para tirarla lejos entre unos árboles.
Nadie dijo nada por lo que se antojaron minutos realmente eternos.
-Amun, en verdad te considero mi amigo. Sin embargo, tampoco permitiré más insultos a mi familia, y de ahora en adelante te pediré que te dirijas para con Gabriela como si lo hicieras conmigo y de ninguna otra manera. Te estimo y es por eso que nadie te detiene aquí; fui y sigo siendo sincero, pero también apoyaré a mis hijos –en esta ocasión miró a todos-. Agradezco infinitamente el amor y la amistad manifestados, pero si tienen dudas ante esto, es tiempo quizá de que partan, no habrá rencores y nuestra amistad seguirá tan sólida como siempre.
A los demás les dedicó una sonrisa, a Amun apenas y lo miró. Dicho aquello, todos con sus respectivos clanes se miraron.
-Cuando Aro quiere a uno de un clan, no tarda en encontrar evidencia de que ese clan cometió algún crimen. Ha sucedido esto muy pocas veces y aunque no he notado ningún patrón, siempre perdona a uno, y regularmente es ese quien tiene un don especial, pues se le ofrece un lugar en su guardia –zanjó Eleazar.
-Por ello nosotros estamos dentro, no nos iremos, no cuando también nuestra hermana Irina está con ellos –Tania dio un paso al frente, manifestando su apoyo.
-Todo esto es por su chica vidente, Alice –todos miramos a Alistair quien se encontraba ahora en el techo-. Me llegaron rumores y los Volturi sin duda alguna saben que Carlisle está buscando testigos, es por ello que ellos también están buscando los de ellos…
Dicho aquello me tensé. Sabía lo que significaba el que Aro se tomara aquella molestia.
-¿A qué te refieres? –Alexander fue quien lo incitó a hablar.
-Quieren hacer correr la voz de que se ha hecho justicia, masacrando a todo el clan Cullen. Es por ello que no dudo que como nosotros, ellos estén reuniendo a los suyos, por eso créanme cuando les digo que quizá ya esté enterado de nosotros o al menos de la mayoría.
Los irlandeses comenzaron a cuchichear, sin embargo, lo que llamó la atención fue Amun quien cruzó el terreno para dirigirse a los suyos.
-Nos vamos.
-Yo haré lo correcto, Amun, tú puedes hacer lo que quieras –le expresó Benjamín. Dicho aquello, tomó la mano de Tia y se acercó al centro para mirarnos-. Nosotros nos unimos.
Amun, evidentemente molesto, miró al resto de su clan y juntos –a su señal- se perdieron en la espesura del bosque. Se habían ido, y era obvio que no iban a volver.
-Las jaurías pelearán –en esta ocasión Jacob se hacía presente. Sam, el líder del otro clan licántropo estaba a su lado apoyándolo-. Nunca les hemos temido a los vampiros.
-No es la primera vez que lucho contra una tiranía –expresó desde su rincón el nómada Garret, dando por entendido que se nos uniría también.
-Los apoyaremos –se acercó Senna, seguida de Zafrina y Kachiri.
-También nosotros –Siobhan, líder del clan irlandés se puso delante de su gente.
Aunque ninguno de los nómadas quiso hablar, todos ellos se acercaron y se mostraron también con nosotros.
-Pelearemos si es necesario –Alexander se puso a mi lado, aunque la mayoría se había dirigido a Edward o Carlisle, éste me observó a mí. Asentí en agradecimiento por aquello.
-Eso no fue tan difícil –dijo Vladimir saltando desde el techo, seguido de Stefan-. Nosotros siempre hemos querido batalla con los Volturi y ansiamos el día de derrocarlos, así que demás está decir que estamos también dentro.
-Esperemos no llegar una pelea –expresó aun así Edward.
-Ya veremos –replicó Alistair dudoso.
Luego de aquello, cada uno regresó a sus respectivas labores a excepción de mi familia y Alexander. Nos miramos por lo que fueron momentos eternos. Esme lucía preocupada, razón por la cual Carlisle la tomó de la mano; mientras que Rosalie se abrazó a Emmett y me lanzó una mirada de asentimiento, sabía que no se opondría más a manifestar mis dones, estaba consciente que si deseábamos una oportunidad necesitábamos de toda la ventaja posible.
-Ya no tarda en despertar Renesmee –le indicó Bella a Edward, por lo que ambos tras lanzarnos media sonrisa se retiraron a su casita.
-Yo iré a hablar con Benjamín, fue amable de su parte quedarse pero no quiero que salga mal con Amun –anunció Carlisle.
-¿Necesitas ayuda? –Me ofrecí.
Me sonrió y se acercó para abrazarme.
-Gracias por lo que has hecho hoy, pero creo que es una charla que debo tener a solas con él.
Asentí.
-Estaré en la cocina preparando algo para Seth y los demás chicos –le dijo Esme a Carlisle.
Luego de ello, tanto Rosalie como Emmett desaparecieron en la espesura del bosque; era obvio que también deseaban estar solos.
Con lo que no contaba era que Alexander siguiera ahí, y aunque me estaba devanando los sesos para inventar cualquier cosa e irme, éste rápidamente habló.
-Vaya forma de regresar –seguía con los brazos cruzados, sin embargo, su sonrisa demostraba que volvía a hacer el de antes-. Creo que ha salido mejor de lo que yo mismo esperaba.
-Y no te lo discuto.
Luego de ello nos quedamos callados. Era obvio la incomodidad por ambos.
-Alexander, lo de hace días…, no pretendí irme, es solo que no suelo ser muy buena en estas cosas. La verdad me tomaste desprevenida y… -balbuceé aunque no dije más por la risa de mi acompañante.
-Gabriela, relájate –se me acercó y puso sus manos en mis hombros, aunque al inicio fue incómodo, el verlo así de cerca y con aquella deslumbrante sonrisa algo en mi interior se removió y no supe qué-. Solo fue un beso, ya sabes, nada realmente del otro mundo. Quise hacerlo y ya, veo que te incomodó y por ello te digo que no le demos importancia a esto ¿está bien?
-Está bien.
Logré sonreír. Aunque fue mejor de lo que esperaba, algo dentro de mí se removió por la forma tan escueta en que había simplificado aquello.
…
-Trata de sentirlo; sigue el mismo consejo que le diste a Bella. Si lo captas trata de visualizar esa fuerza invisible que te hace llegar y manipular los elementos sin siquiera llegar a tocarlos.
Entrecerré los ojos, pues sentía el poder como me lo decía Benjamín, solo que no era capaz de hacer que funcionara y ello me enfurecía de maneras que no creía. Y es que desde que tenía noción de mi don, nunca me había costado tanto trabajo el poder exteriorizar el don una vez entendido.
Extendí mis manos tratando de mover una roca a distancia y nada pasó. Llevábamos los últimos días tratando de exteriorizarlo y nada se había logrado.
Bufé cuando nada pasó.
-Quizá ni siquiera lo tienes –soltó Stefan quien había estado observándonos las últimas horas-. Debo admitir que me sorprendiste hace días con lo de la sangre, pero ahora solo veo nada.
-Si no vas a ayudar entonces lárgate a molestar a alguien más, cabrón –aunque estaba a punto de responderle, al final fue Alexander quien lo corrió de ahí con aquellas palabras.
Stefan, lejos de molestarse, solo sonrió y desapareció.
Volví a intentarlo pero nada pasó, por lo que furiosa no hice más que dirigirme a la piedra misma y darle un puñetazo provocando que se partiera en varios pedazos.
-Tomemos un descanso, Gabriela –me dijo paciente Benjamín. Me dedicó una ancha sonrisa y se fue con Tia.
Yo me fui a sentar en un tronco, totalmente molesta. Llevábamos una semana y nada había dado resultado. Si bien había hablado durante horas con Zafrina primero y luego con Benjamín, al único logro que había llegado fue el de adquirir la capacidad del egipcio aunque sin poderla aún exteriorizar.
Con la amazona, por más que lo intenté, no puede adquirir su poder y ello me creó fuertes dudas respecto a lo que en verdad podía o no hacer.
Alexander, quien había estado presente todo el tiempo, fue a sentarse a mi lado. Sentí su mirada.
-Lo tengo, sé que lo tengo. Está en mí.
-Te creo –me soltó tranquilo.
-Es solo que no entiendo por qué… -cerré los ojos derrotada, como si de verdad me doliera la cabeza.
No deseaba pensar en el tiempo, pero cada vez se acercaba el día y yo aún no podía hacer nada de lo que me había propuesto y ello me ponía los nervios de punta; me sacaba atisbos de terror por no poder estar lista para los Volturi.
-Es demasiada presión y trabajo para una sola persona –me dijo-. Sé que sientes que debes hacer esto, pero también debes entender el límite de tus posibilidades.
-No entiendes, tengo que hacer esto. Se suponía que debería ser fácil, con Bella no me costó trabajo, sin embargo, con Zafrina no pude y con Benjamín…, no sabes qué es estar en constante temor de que todo salga mal.
-Sí lo sé, y por eso te digo que algunas veces, como en esta ocasión, será mejor que te tomes un respiro y veas todo desde otra perspectiva. Aprende a entender que quizá no puedes, contra lo que creíste, replicar cualquier don…
-Puedo hacerlo –lo dije más fuerte de lo común y totalmente cabreada.
-Entonces cambia de táctica, porque esto es obvio que no funciona. Hay que ver las cosas de otro modo y ya.
Me tallé los ojos, cual viejo hábito humano, y lo miré sin entender muy bien lo que pedía. Pareció leerme pues me sonrió y se puso de pie. Me tendió la mano.
-Vamos, daremos un paseo.
El tacto con nuestras manos me provocó una corriente eléctrica en el cuerpo que desapareció al momento en que lo solté cuando me puse de pie. Traté de que ello no me afectara.
-¿A dónde vas? –Le espeté cuando vi que se dirigía para la casa y no para el bosque.
-Daremos un paseo diferente, iremos en coche –lo miré interrogante, aquello no tenía sentido-. Vamos, confía en mí, esto te puede servir para tu bloqueo mental.
La sonrisa que me lanzó me creó una sensación de bienestar que no entendí; al final solo opté por seguirlo.
-¿A dónde vamos? –Pregunté una vez en el auto.
-A distraerte de verdad.
Dicho aquello arrancó el automóvil tomado de la cochera y nos adentramos en la carretera.
…
Subí los vidrios cuando nos adentramos a la zona turística de lo que parecía era Seattle, pues el sol aún se colaba de entre los nubarrones. Hicimos dos horas y media en llegar y aunque el día lucía esplendoroso a las afueras, Alexander juraba que para cuando llegáramos a nuestro destino el sol no representaría un problema; tal se veía le fallaron los cálculos.
-Sé lo que piensas y no, no me fallaron las cuentas. Justo ahora iremos a un lugar cerrado y para cuando salgamos al siguiente punto, el día estará más transitable para nosotros, o bueno, para mí.
Aquella confianza me hizo sonreír sin querer por cómo no le daba importancia a lo erróneo de sus planes.
Si bien durante el trayecto escuchamos música, y de vez en vez nos enfrascamos en algunas conversaciones, ahora me sentía más tranquila de no encontrarme a solas con él.
-Llegamos.
El carro lo dirigió al estacionamiento subterráneo de un lugar que no identifiqué, por ello, cuando subimos al exterior me sorprendió un poco con lo que encontré.
-¿Un museo? –Pregunté escéptica.
-Hagamos algo –se puso frente a mí-. Es obvio que te falta más contacto humano y aunque me recomendaron que me lo llevara con calma por tu actitud asocial con todo en la vida, creo que estar de regreso a la vida, como es, te ayudará a tranquilizarte, dejar de pensar en tantas cosas y a que seas tú misma.
-¿Y qué es eso que quieres que hagamos? –Me sonrió al ver más cooperación de mi parte.
-Que te dejes llevar solamente.
…
Pocas habían sido las veces en que realmente me tomé la molestia de disfrutar algo más en público. Siempre me consideré una ermitaña que disfrutaba de mi soledad o del encierro: en mis años primeros de neófita la pasé en bosques, junglas o selvas, con tal de alejarme de los humanos; después con Daniel fueron años de exilio en las orillas de pueblos marginados; mientras que con Demetri nunca salí del castillo.
Luego de mi liberación me refugié de nuevo en la selva, solo que en mi país natal y de ahí ya no había salido hasta hacía relativamente poco. De ahí mi naturaleza reservada y que poco conociera en verdad de la vida, de la gente y del nuevo mundo.
Por ello y contra todo pronóstico, me vi sorprendida por cómo las últimas horas en verdad no me habían disgustado para nada.
Alexander, quien demostró una infinita paciencia a mis reproches y me regaló sus mejores sonrisas, me llevó por varios icónicos lugares: desde el Space Needle, hasta el Salón de la Fama de Ciencia Ficción. Museos, un cinerama y hasta un jardín botánico fue lo que visitamos durante todo ese día también.
Justo ahora nos encontrábamos en una de las bancas centrales de aquel parque natural. La noche ya caía casi en su totalidad, por lo que el entretenimiento del lugar se transformaba poco a poco.
-Son de las cosas que más extraño –dejé de dibujar para centrarme en los niños que al otro lado del parque disfrutaban el día con sus padres.
-¿Qué? ¿La familia? –Me increpó Alexander al tiempo en que se guardaba el celular, me había tomado una de las muchas fotografías que durante el viaje se encargó de retratar y hacía un esfuerzo porque yo no lo notara.
-La comida, el dormir, las heridas, sentir vértigo –en ese momento uno de los pequeños reía a carcajada abierta porque su padre le daba vueltas en el aire-, ya sabes, esas cosas de ser alguien normal, alguien humano.
-Es poco lo que yo recuerdo de esa vida en realidad, así que no puedo decir que te entiendo –lamentó.
-Ni yo en realidad, solo tengo esas sensaciones y al ver a toda esta gente…
-No siempre se obtiene lo que se quiere, y aun así siempre hay que buscar la forma de sobrellevarlo de la mejor manera.
Sacó su celular y me lo mostró. La imagen primera se trataba de mí viendo un cuadro en uno de los museos. Comenzó a pasar las fotografías y me fue mostrando parte de los momentos vividos aquel día, hasta que se detuvo en una en donde yo me encontraba oliendo girasoles.
-Creo que es mi favorita –sentí su respiración más cerca de mí, pero al notar quizá mi nerviosismo se alejó-. Crees que no eres digna de disfrutar, y lo único que veo en ti es alguien atormentado con tanta nobleza como coraje en su corazón. Has tenido malas experiencias y malas personas en tu vida, pero no todo es así y debes aprender a ver eso también, o terminarás por consumirte.
Le entregué el cuadernillo del que me había hecho aquel día cuando llegamos y se lo tendí para que viera.
-Te quedó excelente –dijo, al ver a los niños retratados a lápiz en el papel.
-Una página atrás –le indiqué.
Cuando pasó la hoja, escuché que se quedó mudo. Sabía que lo que veía ahora era un retrato de él, pensativo y mirando a distancia.
-Sé ver más allá de lo que aparento, Alexander, es solo que no he sido muy buena sobrellevándolo como bien lo dijiste hace un rato.
Nos quedamos mirándonos por momentos interminables. Sin saber muy bien cómo ni cuándo, yo ya me encontraba más cerca de él. Desconocía si yo era quien había acortado aquella distancia o él, al final no importó pues sin pensarlo muy bien, y haciendo más caso al magnetismo que me guiaba hacia a Alexander miré sus labios, deseosa de sentirlo nuevamente en mi boca.
Lo volví a mirar pero él también se concentró en mis labios. El impulso que me llevó a besarlo parecía también le llegó ya que previendo aquello me recibió, como si en verdad estuviera acostumbrado a mi boca.
A diferencia del primer beso, que me había tomado desprevenida, este fue más prolongado y profundo. Se notaba en ambos el deseo por aquel gesto y porque no se acabara, que una de sus manos fue a parar a mi rostro para perpetuar la danza de nuestros labios en pos del otro.
Escuchamos unas risas de niños bastante cerca, y de inmediato supimos que ya no contábamos con privacidad, por lo que nos vimos en la tarea de parar aquello. Nos miramos sin saber muy bien qué decirnos, aunque no hubo tiempo de más pues nos giramos para con el par de niños que se encontraban cerca de nosotros, riéndose al haber presenciado aquello.
Reímos casi inconscientemente por aquello y los chiquillos solo salieron corriendo entre más risas, a llamado de sus padres.
Nos volvimos a quedar solos,
Le sonreí, éste me regresó el gesto con una mirada por poco menos que apenada –o eso creí ver- y me tendió de regreso el cuaderno. Era la primera vez en todo el tiempo que tenía de conocerlo que lo veía en verdad avergonzado por algo.
-Creo que es hora de regresar a casa. Gracias por esto, en verdad me sirvió.
-Cuando quieras, Gabriela.
…
Llegamos bien entrada la noche, sin embargo, a excepción de unos cuantos, parecía que la mayoría no estaba interesada en nuestra ausencia ni mucho menos en nuestro regreso. Ello me tranquilizó pues no deseaba más atención de la necesaria en vista de los resultados de la última semana.
-Regresaron –Benjamín fue uno de los que salieron a recibirnos, venía sonriente como siempre-. Espero que ya estés más tranquila.
Miré a Alexander y con una sonrisa le indiqué que así era. Si bien el beso de hacía rato había cambiado un poco la perspectiva, también era cierto que durante el camino de regreso ninguno de los sacó el tema a colación pues nos dedicamos a nuestras meditaciones en lo privado.
-Qué bueno, porque mientras ustedes estuvieron de paseo, nosotros tuvimos algunas conversaciones que quizá nos lleven a saber el porqué de tu problema, Gabriela… -Kate salía de la casona, junto con Garret y Eleazar.
-¿Ah, sí? –Cuestioné ahora más interesada.
-Tengo una teoría al respecto –continuó Eleazar-, aunque creo que Zafrina podrá ayudarnos y explicarnos mejor con esto, al final de todo de ella fue por quien salió todo.
Intrigada por aquello que no esperaba, Alexander y yo seguimos a los Denali y a Benjamín a lo que intuimos sería la sala de la casa. Por el ruido y el olor, era obvio que las amazonas nos esperaban, al igual que Carlisle y Esme.
