Capítulo 7:
Draco aparcó el coche en el parking del aeropuerto de Heathrow. Por suerte había encontrado sitio a la primera.
-Menos mal- suspiró echando el freno de mano- Una vez vi en la televisión este parking y no había quien encontrara un sitio libre.
-No creo que haya mucha gente que salga de viaje a las cuatro de la mañana- refunfuñó Hermione.
-Vaya, ¿nos hemos levantado con el pie izquierdo?
-Digamos que ni me he acostado, sería lo más acertado- dijo ella en tono ácido.
-Oye, bonita, que yo tampoco me he acostado- soltó Draco.
Nada más terminar de hablar con Lucius a través del espejo hablaron con sus amigos y les pusieron al tanto de su plan: se irían a Nusfjort al día siguiente e intentarían encontrar el objeto del Marid lo antes posible. Así que Draco se fue a su casa a preparar el equipaje mientras Hermione se encargaba de reservar el viaje por red flu. Nada más poner el pie en su casa le sonó el teléfono fijo.
- ¿Diga? - seguía sin apañarse con los cacharros muggles.
-Draco, he hablado con los de la red flu, pero no hay viajes programados para Noruega hasta pasado mañana.
- ¿Qué? Pero ¿Por qué?
-Al parecer, según la ley 25/1975 hay que dejar un día entre medias cuando se viaja a un determinado país. Es decir, si se viaja a Noruega el día 25, no vuelve a haber viaje allí hasta dos días después, es decir, el 27. Es una medida de seguridad para controlar posibles magos tenebrosos en Gran Bretaña.
Draco maldijo en voz alta.
- ¿Y ahora qué hacemos?
-Bueno… podemos hacer una cosa.
- ¿Qué?
-Ir en avión- explicó Hermione.
- ¿En… en esa cosa muggle que va por el aire?
Draco oyó a Hermione suspirar.
-Sí, Draco.
-Pero… pero…- ni muerto iba a reconocer que estaba asustado por volar en un cacharro de metal que Merlín sabía cómo se mantenía en el aire- podemos buscar otra alternativa…
-Mira, Draco- dijo Hermione con tono cortante- Mañana mismo quiero estar en Noruega y la forma más rápida (aparte de la red flu) es volar en avión, así que allí iremos.
-Un Malfoy jamás se montará en un medio de transporte muggle- dijo Draco con su mejor tono despectivo.
- ¿Y tu coche? - rezongó Hermione.
Mierda.
-Eso… es un medio de transporte particular- argumentó él no muy convencido- Nunca me subiré a un aparato que transporta a decenas de personas a gran altura…
-Draco- dijo Hermione con dulzura- El avión es el medio de transporte más seguro del mundo muggle. Es más probable que te alcance un rayo que se caiga un avión. No tienes que tener miedo…
-Hey, hey, ¿Quién ha dicho que yo tengo miedo?
-Nadie, nadie…- dijo Hermione, pero Draco podía imaginarla rodando los ojos- Pero, en el caso improbable de que hubiera un accidente… tú y yo somos magos ¿no? Lo mantendríamos en el aire el tiempo suficiente para un aterrizaje de emergencia.
Draco suspiró y armándose de valor dijo:
-Está bien, iremos en avión. Pero que conste que no tengo miedo.
-Claro que no.
Nada más colgar se puso a hacer la maleta, pero con los nervios y la angustia al pensar en el viaje y en la desaparición de su hijo no pudo pegar ojo en toda la noche.
Cuando Hermione lo volvió a llamar para decirle que había encontrado un vuelo que salía a las cuatro de la mañana, Draco intentó alegrarse, pero lo que realmente le salía del cuerpo era hechizar al maldito piloto que se le ocurrió salir a volar a las cuatro de la mañana a Noruega.
Y allí estaba él, Draco Lucius Malfoy, a punto de subirse a un avión muggle.
Buscaron el número de su vuelo en unas pantallas que había allí.
-Mira, Hermione- gritó Draco- Aquí está.
Hermione se acercó a él de inmediato. Al lado de su número de vuelo ponía: puerta de embarque 25.
- ¿Y ahora? - preguntó Draco.
-Ahora debemos ir a la puerta de embarque 25, facturar allí las maletas y esperar a que llegue la hora de subir al avión. Bueno, equipaje de mano- se corrigió Hermione.
Draco asintió recordando lo impresionado que se quedó cuando Hermione hechizó un maletín de viaje con un hechizo de extensión indetectable, para que él pudiera meter todas sus cosas allí y así evitar pagar por las maletas en el avión. Ella había hecho lo mismo con un bolsito y Draco no podía estar más impresionado.
-Vamos, por ahí- dijo Hermione tomando a Draco del brazo y arrastrándolo unos metros.
El rubio miraba todo con curiosidad, pues nunca había estado en un aeropuerto muggle. Como era tan temprano (o tan tarde, según se mire) no había casi gente allí.
Diez minutos después llegaron a la puerta de embarque 25. Allí vieron a una azafata pelirroja y se dirigieron hacia ella. La chica dirigió una mirada abrasadora a Draco después de mirar evaluadoramente a Hermione y sonreír por la falta de contacto entre ellos.
-Buenas noches- dijo ella calurosamente. Quizás demasiado calurosamente.
Hermione carraspeó y Draco la miró. La castaña miraba a la azafata con el ceño fruncido.
-Buenas noches- dijo Hermione entregándole las tarjetas de embarque de los dos.
Vaya, vaya, interesante. ¿Se habría puesto así por como lo había mirado la pobre chica? Es verdad que era una chica muy guapita, pero no había sentido el impulso de coquetear con ella como hubiera hecho en sus años mozos. Para comprobar si su teoría era cierta dio un paso adelante y sonrió de manera coqueta a la chica.
-Hola- dijo de forma provocativa.
La chica tragó saliva convulsivamente y sus mejillas se sonrojaron. Que graciosa.
Draco oyó a Hermione suspirar con enfado y vio que se cruzaba de brazos y miraba para otro lado. Draco sintió una alegría interior cuando comprendió que estaba celosa. No, no podía ser, ella solo era la madre de su hijo, se lo dejó bien claro hace unos años…
-Todo en orden, señor Malfoy y señorita Granger- dijo la azafata, poniendo mucho énfasis en el "señorita".
Eso sí que no. No iba a permitir que alguien infravalorara a Hermione.
-Señora Malfoy- soltó Draco, ante la mirada de perplejidad de Hermione y la azafata.
- ¿Perdone? - dijo la chica.
-Digo que mi esposa es la señora Malfoy, por mucho que se empeñe ella en conservar su apellido de soltera ¿verdad, cariño? - dijo Draco abrazando a Hermione por la cintura.
-Claro- sonrió ella, siguiéndole la corriente y apartándole de un manotazo la mano de su cintura- Ya sabes, la independencia femenina y eso.
-Es que mi esposa aún no se ha acostumbrado a mí- explicó Draco a la mujer- Esta es nuestra luna de miel.
-Por supuesto- dijo la azafata echándose a un lado- Que tengan un buen vuelo.
-Gracias- dijo Draco tomando a Hermione de la mano y pasando por el arco de seguridad para entrar en la sala de espera del vuelo. Allí había por lo menos veinte personas aguardando a que les dijeran que podían ir subiendo al avión.
- ¿Tu esposa? - susurró Hermione.
-Sí- contesto Draco con énfasis- No dejaré que nadie se meta con la madre de mi hijo.
Hermione se puso recta y, mirándolo a los ojos dijo:
- ¿No te da vergüenza ligar con la azafata cuando precisamente estamos haciendo este viaje para recuperar a nuestro hijo?
-Yo no estaba ligando con nadie- se defendió Draco.
-No es eso lo que vi- repuso Hermione.
-Necesitas gafas entonces- dijo él.
-Idiota.
-Sabelotodo.
-Insufrible.
-Pardilla.
Hermione entornó los ojos y se disponía a continuar la pelea cuando él vio que un hombre moreno los miraba inquisitivamente.
- ¿Y usted qué mira? - dijo Draco.
-Draco, calla, estamos llamando la atención- susurró Hermione.
Ella tenía razón, todos los pasajeros estaban mirándolos.
-No se preocupen- sonrió Draco- Riñas de recién casados, ya saben.
Varios pasajeros rieron y siguieron a lo suyo. Hermione soltó un bufido y se sentó en uno de los asientos a esperar. Cinco minutos después sonó por megafonía:
-Pasajeros del vuelo N-536 destino Oslo, embarquen por la puerta 25, por favor.
-Vamos- indicó Hermione.
Se pusieron en fila detrás de una pareja de ancianos para entrar en el avión. Una vez dentro se sentaron en sus asientos (de primera clase, por supuesto) y Draco miró por la ventanilla.
-Vaya, pues no está tan mal esto del avión, es muy cómodo- sonrió él- ¿Cuántas horas de vuelo son?
-Dos- contestó ella. Hermione se inclinó sobre Draco y le bajó de golpe la ventanilla.
- ¿Qué haces? - gruñó él.
-Te marearás cuando el avión despegue- advirtió ella.
-Tonterías- replicó él- Yo soy jugador de quidditch, no me dan miedo las alturas.
-Tú mismo- dejo ella encogiéndose de hombros.
Cuando todo el mundo hubo embarcado se oyó la voz del piloto.
-Buenas noches, señores pasajeros les habla el piloto. Vamos a despegar dentro de cinco minutos. Por favor, abróchense el cinturón de seguridad. Gracias y buen vuelo.
- ¿Qué cinturón? - se sorprendió Draco.
-Este- le señaló Hermione, poniéndose ella el suyo para que viera como se lo tenía que poner.
Cinco minutos después Draco tenía l cinturón bien puesto y el corazón en la boca por el susto.
- ¿Estás bien? - preguntó Hermione.
-Perfectamente.
En ese momento pasó otra azafata con un carrito de bebida.
- ¿Quieren algo del carrito?
-Un whiskey, doble- pidió Draco.
La azafata lo miró sonriente.
-No se preocupe, el avión es un medio de transporte muy seguro…
-No estoy asustado- replicó Draco en tono agudo.
-No queremos nada, gracias- dijo Hermione sonriendo a la azafata.
Draco observó a la azafata irse cuando notó que el avión se movía.
-AY, QUE ESTO SE MUEVE- gritó Draco.
-Tranquilo- dijo Hermione- Ahora tiene que avanzar por la pista de despegue. Irá ganando velocidad hasta que se eleve en el aire y…
-Ay, Merlín- murmuró Draco.
Draco tenía las manos agarrotadas en los apoyabrazos. No podía soltarlas, aunque quisiera.
El avión empezó a avanzar cada vez más deprisa por la pista. Draco podía verlo a través de la ventanilla, pero… había un problema: la pista se acababa y el avión aún no despegaba. Justo enfrente de la pista había uno de los edificios del aeropuerto y parecía que el avión iba a empotrarse justo en él.
-HERMIONE, QUE NOS COMEMOS EL EDIFICIO, QUE NOS LO COMEMOS- gritaba Draco, histérico.
-Que no, tranquilo- dijo ella tomándolo de la mano para tranquilizarlo.
El contacto de la mano de Hermione lo tranquilizó, al igual que el hecho de ver cómo el avión empezaba a elevarse en el aire. Aun así, el edificio estaba demasiado cerca…
-Ay, Dios, ay Dios- murmuraba Draco.
El avión empezó a ascender cada vez más rápido y, para alivio de Draco, salvaron el edificio sin ningún choque.
- ¿Lo ves? - dijo Hermione- ya pasó. Lo peor de un vuelo es el despegue, después ni te enteras del viaje.
-Aún me late fuerte el corazón- señaló Draco- Quiero mi whiskey.
-De acuerdo- concedió Hermione.
La chica estiró el brazo para apretar un botón que estaba encima de ella. A los pocos segundos vino una azafata.
- ¿Sí? - sonrió.
-Un whiskey y una coca-cola, por favor- pidió ella.
-Enseguida, señora- dijo la azafata antes de alejarse.
Con su whiskey en la mano a Draco se le pasó el vuelo rapidísimo. Cuando faltaba media hora escasa para llegar el avión dio un bandazo tal que incluso Hermione gritó.
- ¿Qué fue eso? - gritó Draco tratando de ponerse en pie, olvidando que llevaba el cinturón de seguridad.
-Turbulencias, Draco- explicó Hermione- Es normal que en un vuelo…
En ese momento hubo otro bandazo que interrumpió la explicación de Hermione.
-VAMOS A MORIR- gritó Draco, histérico.
-CALMATE, DRACO- exclamó Hermione- No pasa nada, lo tienen controlado, son normales.
-Señores pasajeros- dijo la voz del piloto por megafonía- estamos atravesando una zona de turbulencias. Mantengan la calma, ya que es una situación que ocurre con frecuencia. No se levanten de sus asientos, por favor y sigan las instrucciones del personal de vuelo, gracias.
-Que cachondo, el tío- dijo Draco, agobiadísimo.
-Tranquilo- dijo Hermione- ¿Ves? Ya no hay más turbulencias.
Era cierto, pero aun así la media hora que tardó el avión en aterrizar en Oslo Draco la pasó en tensión por si volvía a haber alguna turbulencia de esas.
En cuanto bajaron la escalerilla del avión Draco se tiró al suelo y besó el pavimento ante la risa de todos los pasajeros.
-Su marido nunca ha viajado en avión ¿verdad? - preguntó a Hermione una señora.
-No, nunca- sonrió ella.
-Pues seguro ésta no se le olvida- rio la señora mientras todos los pasajeros iban hacia la puerta de entrada al aeropuerto.
