RETURN CH. 7
A/N: Esto es el colmo, tuve que esperar a cumplir 20 para publicar el nuevo capítulo. De hecho, no quería publicar hasta tener la historia casi terminada, estoy a un paso de terminarla y luego viene la sequel; sin mucho más que decir...que siga la bendita confusión y que tengan buen resto de semana. ;)
Miles de archivos que no cobraban sentido alguno invadían las pantallas del pequeño Data-center de aquella clínica en el medio de la nada.
Nombres de personas que aún se encontraban vivas: desde familiares, amigos o personas que alguna vez había visto en su corta vida.
Y el de su madre.
Whitney golpeó el teclado de la computadora por enésima vez en el día, mordiendo sus labios para evitar gritar la rabia que intentaba, realmente intentaba contener; pero para este punto y luego de tres días de caminata, tratar de infiltrarse en un hospital lleno de agentes federales y una exhaustiva búsqueda de archivos su cuerpo y mente estaban pasándole la no tan deseada factura.
No le había costado llegar al lugar, la máscara le sirvió de mucho; claro que el estar en un edificio lleno de agentes del FBI la ponía nerviosa, impaciente e irritable.
Aunque lo haya intentado mucho no pudo hasta ahora encontrar pruebas absolutas y definitivas que su madre estaba viva. Simplemente le había costado una vida o dos llegar hasta aquí –el de una enfermera y el de una agente del FBI cuyo nombre ni se molestó en aprender.
Frunció el seño al ver tantos archivos de nuevo, analizarlos con sumo cuidado y después de mucho debate llegó a la conclusión de que esto, todo este circo – porque no había otra manera de llamar a todo esto- había sido obra maquiavélica de su difunto padre. Una clínica –que bien podría ser falsa o no- en donde retenía a su más preciado tesoro, el tesoro de ella. Su madre. Julia Loretta Stane se encontraba con vida y en la habitación 1616 según los archivos. Pero, ¿cuál razón estúpida y maniática el maldito de su padre encerraría a su madre? Y si en realidad estaba loca y quería ocultarlo de ella. ¿O acaso intento matarlo? Y por castigo la asiló en el medio de la nada, en un hospital creado por él mismo para aislar a la prensa y a todos de su esposa.
Las miles de hipótesis que en menos de cinco minutos se habían formado en su cabeza la hacían refunfuñar de la rabia y odio que sentía hacia su padre. Ver la foto en el archivo de quien alguna vez fue su mejor amiga, cómplice y su mayor tesoro hacia que el estómago se le torciera del dolor que ella nunca antes había sentido.
La formal rubia suspiró profundamente, la primera parte de su plan estaba completa: ahora venía lo más fácil. Arrojó sus sentimientos sin sentido para esbozar una sonrisa y comenzó a caminar hacia la puerta lentamente, tomó las escaleras al pasillo y de manera fugaz comenzó a buscar y divisar los números de las habitaciones de aquel espantoso lugar, sabía que el cuarto estaba siendo vigilado aunque no se preocupo en averiguar el motivo, no es como si importara de hecho, ella mataría a cualquiera que se opusiera. Luego de subir como lo que parecían infinitas escaleras llegó al tan ansiado piso, sonrió varias veces a los agentes que se encontraban ahí. Y para cuando llegó al cuarto sin muchas molestias sonrió disimuladamente. Con la mano sudorosa y temblando entró sin mucho aviso, para encontrarse con una pequeña cama, una mesa llena de libros y un bulto en vuelto en sábanas sobre la cama; sería el momento. Al fin vería a su madre.
Se acercó tímidamente cuan niña pequeña a punto de hacer una travesura; y esbozando una sonrisa tan grande fue sorprendida y directamente arrojada a un costado de la pequeña habitación.
.o.O.o.
María –sí, María porque ese era su nombre y no el espantoso otro nombre que le habían hecho creer- se dio cuenta de que nunca, NUNCA antes en su vida se había encontrado en tantos problemas como éste al ver como la vigilaban constantemente como un perro rabioso encerrado en una jaula listo para ser ejecutado por haber mordido a su dueño. La voz no se había hecho presente en los últimos días, tampoco los sueños espantosos. En su lugar su mente estaba poco a poco recordando las miles de memorias que aún carecían de sentido para ella. La formal socialité inhaló una bocanada de aire, tirándose a la cama exhaustivamente para luego soltar el aire de sus pulmones; prefería escuchar mil veces más a la molesta de Marlene que estar sola y aislada aquí. Su estómago se estremecía del hambre que tenía, montones de comida yacían en la esquina de su habitación ya largando un olor espantoso. Decidió que nunca probaría nada de eso, ya que su paranoicamente anunciaba el hecho de que éste alimento podría tener veneno. Se acomodó bajo las sábanas que había arreglado por quinta vez en el día luego de que dos agentes federales entrasen a dejar el desayuno del día y ella los saludó cordialmente. Su madre estaría orgullosa de ella.
Intentó dormir de nuevo para ver si es que el su estómago desistía en sonar tanto y el hambre le pasaba. Luego de dar miles de vueltas y tratar de ponerse cómoda, y dejar que Morfeo hiciese su trabajo –y sin mucho éxito- se rindió y cuan niña pequeña se hizo una pequeña bola acurrucada en las blancas sábanas. Cerró los ojos al escuchar que la puerta se abría, y mentalmente calculó si ya le tocaba la hora del almuerzo, permaneció tiesa y luego de días pudo oír a la maldita voz activándose cuan alarma.
"Ahí viene, ella tiene la máscara" fue lo que escuchó, María cerró los ojos de nuevo, silenciosamente susurrándose de que ella no estaba loca y que esa voz no la controlaba; no terminaría como Loretta, se lo había prometido. Pero, ¿La máscara, dijo? La máscara –sin más ella recordaba la máscara estaba tan rota como un pedazo de vidrio, ella se había encargado de eso, luego del fatídico accidente en aquella noche hace once años atrás. Se estremeció ante el recuerdo y se abrazó más fuerte. No podía dejar que la controlara, no podía dejar que la maldita voz se apoderase de ella cuan virus, ella no podía. Se lo había prometido, a él, al hombre de ojos azules – Howard- que jamás volvería a hacer eso. Pero el problema es que no podía.
Y de hecho, un santiamén pasó lo que no debía pasar. Peligro inminente fue lo único que escuchó de la maldita voz detrás de su cabeza, y, en cuestión de segundos ella abrió los ojos para ver lo que parecía ser una pesadilla. La máscara de destello dorado en el rostro de una joven, una joven que se encontraba tirada a un lado de su habitación.
Se levantó rápidamente, y plausivamente se acercó a ella. ¡No de nuevo! ¿Acaso estaba muerta?
Temerosa y rezando a que los agentes de ahí fuera no hubiesen escuchado nada, se acercó a la joven, e instintivamente retiró la máscara de ella. Tragó saliva al recordar cuantas veces había hecho esto por su ya fallecida amiga. Al sacar la máscara la tiró al suelo, alejándola cuan objeto macabro, y inspeccionó a la joven de cabellos dorados, confirmando de que estaba viva. La cargó con todas sus fuerzas hacia la cama y luego de que la tapó de manera rápida para alivianar el frío miró hacia la máscara. ¿Acaso era una maldición? Quién era esta niña, y por qué tenía la máscara de Loretta eran las mayores dudas que existían en su mente ahora. Se sentó en la esquina de la habitación, y comenzó a inspeccionar el objeto con sumo cuidado. Estaba rasgada, casi rota en algunas esquinas, pero después de todo seguía siendo aquel objeto que parecía estar poseído por el propio Satanás, mantuvo el artefacto en sus manos por un raro, volteándolo, haciendo piruetas con él y esperando a que la niña –joven- se levante y explicara algunas cosas; si hubiese habido un peor invento en todo el siglo XX tendría que ser éste.
Luego de jugar con el objeto por largo rato, la tentación la invadió de nuevo. Y luego de tanta meditación y pelea de conciencia se puso la máscara. Al principió no sintió nada –solo el escalofrío que cobraba en ella- luego de varios minutos, cuan maldición la máscara comenzó a activarse, cambiando de varias figuras. Desde el de su madre, su hermano y figuras que ellas apenas recordaba. No, se lo había prometido…él...
"Él y tal vez esté muerto, eso sería tu culpa" se dijo a sí misma. Tomó la máscara de nuevo entre sus manos y rápida y expertamente buscó el sello que portaba el nombre de su creador acariciando el sello sutilmente. Ya no lloraría, se había pasado llorando los últimos días, desde que la imagen de su formal esposo le había venido a la mente, no podía soportar el hecho de que tal vez y él estuviese muerto y todo por su culpa. La culpa ya estaba haciendo un buen trabajo carcomiéndola poco a poco por dentro y llegó al punto en donde pensó que tal vez y sería mejor ponerle fin a su vida ahí mismo. Pero, sus sentimientos eran más fuertes que ella y en cuestión de minutos soltó el maldito artefacto y llevó sus manos al rostro.
"¡¿Mamá, eres tú?!" fue lo que escuchó. Acaso tenía otra hija. Mantuvo las manos en el rostro por varios segundos, haciendo un hueco para ver disimuladamente entre sus dedos y al ver a la joven levantarse de la cama, rápidamente volteó y se mantuvo en la esquina. Forzó a su cerebro recordar algo, algo de una hija. "Oh Dios, mamá no sabes cuánto he esperado para volverte a ver. ¿Estás bien? Papá es un monstruo, juro que…" Peligro inminente, peligro, exposición social…
Podía sentir como la joven se acercaba lentamente a ella, y con el miedo invadido a ella y la inminente sensación de puro peligro, se hizo de agallas y se volteó. Mirando fijamente a la joven mujer rubia, cuya figura estaba más tiesa que una roca. "Y-yo no soy tu madre, claramente" se limitó a decir "Lo siento mucho" El alter ego de madame masque quedó helada en su puesto, dolor era lo único que podía definir su estado y de manera lenta y espantosa podía sentir la manera por la cual su corazón sucumbía a recoger los miles de pedazos que dejaba tan horrible decepción. Porque no sabía si era decepción o rabia o incluso sorpresa lo que se le pasaba por la cabeza y hacía que su piel reaccionase con un escalofrío impresionante; porque ciertamente uno no podía ver a los muertos ¿verdad? Pero aun así frente a ella se encontraba la versión femenina de la persona a quien más odiaba en el mundo, claro que reconocería aquel rostro, a aquella mujer quien tuvo que cuidarla luego que su madre murió inexplicablemente.
Era confuso, todo esto era malditamente confuso.
Las hipótesis que su mente había hecho el día anterior se fueron directamente al demonio.
"Y-yo, ¿estás bien? Tal vez y conozca a tu madre. Tal vez esté en el cuarto de alado" o claro que la conocía, su madre – Loretta- y María Stark habían sido uña y mugre algún tiempo atrás. Pero qué es lo que hacía María Collins Stark frente a ella. Aprovecha esto fue lo que a la voz de atrás de su mente se le ocurrió. Toma esto como una ventaja.
Ventaja, claro que esto sería una ventaja.
Agitando su cabeza para alejar cualquier sentimiento inmundo de tristeza, sonrío y se acercó a la mujer. Oh, Tony se llevaría una sorpresa. Debería regresar.
Regresar es lo que haría.
"Verá señora Collins, mi nombre es Whitney. Vine a buscarla–"
.o.O.o.
