Hermione dejó caer su bolso encima de su escritorio en SLS, Superior Lenguaje Solutions*, se desplomó en su silla y se estremeció. Su trasero todavía estaba dolorido. Encendió su ordenador.

Eran justo pasadas las siete de la mañana, así que tenía la oficina para ella sola. Necesitaba un momento en calma para trabajar en una traducción difícil para el MOD*, el Ministerio de Defensa, antes de que los cuatro con quienes compartía la sala llegaran. Hermione no había planeado hacer horas extras para este documento, pero no podía dormir, no había sido capaz de dormir desde el anuncio de Rosalie y Ron, y mucho menos desde el instante de locura con Draco. Eso es lo que había sido, una locura, aunque no un instante. Hizo una mueca con la boca al recordar el número de orgasmos que había tenido. Él no había estado desprovisto en esa área. Hermione jamás había conocido chicos que pudieran correrse tantas veces.

Esto le hizo darse cuenta de lo mucho que echaba de menos un hombre en su vida y de lo mucho que extrañaba el sexo. Por una vez, su madre y su hermana estaban en lo cierto, tenía que encontrar un hombre, uno sin esposa ni hijos. Cliqueando a través del archivo MOD, Hermione encontró el lugar en el que lo había dejado el viernes y empezó a traducir del griego al inglés.

Había estudiado griego antiguo y moderno en la Universidad para el asombro de su familia, ya que nunca había estado de vacaciones en Grecia. Cuando sus cuatro años de estudio terminaron, sus padres esperaban que se dedicara a la enseñanza. Su madre era
profesora de física, su padre era profesor de economía, y no veían qué más podía hacerse con un título en griego. La enseñanza a cualquier grupo de edad era lo último que Hermione quería hacer. Rosalie había sido la niña buena y se había entrenado para enseñar a los menores de once. Un infierno en la tierra, en opinión de Hermione. No es que no le gustaran los niños, le gustaban, pero en pequeñas dosis.

Lo que le encantaba a Hermione eran las viejas historias de héroes griegos y romanos. Ella devoraba las historias de Troya, se enamoró de héroes como Héctor y Aquiles. Se imaginaba a sí misma en Pompeya, cuando el volcán hizo erupción, llevando a la gente a zona segura, o como una brillante estudiante acudiendo con algún astuto ardid para ayudar a Cicerón a ganar un caso. Hermione era siempre el héroe anónimo de sus historias y siempre tenía sexo fabuloso. Las clases de latín habían abierto sus ojos a un mundo nuevo, pero sabía que estudiar un idioma antiguo a escala universitaria no era la cosa más útil que hacer. El griego antiguo y moderno era un compromiso entre lo que quería y lo que podía hacer y se había sorprendido a sí misma por la rapidez con que había asimilado el idioma. Adoraba el extraño alfabeto griego y había pasado un año en Grecia, trabajando para una empresa química durante la semana y usando los fines de semana para explorar los blancos pueblos de ensueño, y dar paseos a través de las ruinas de antiguas civilizaciones.

Era fácil bajo el cielo azul simular ser una bella esclava cuyo amo se enamoraba de ella. Su vívida imaginación la mantuvo cuerda, pero con el corazón vacío. Hermione había estado esperando el romance y se había enamorado de un camarero de cabello oscuro con una sonrisa descarada y dedos mágicos, que trabajaba en un restaurante junto a la playa. Harry dio lo mejor de sí en la cama, donde pasaron largas y perezosas mañanas, con ella enseñándole inglés y él enseñándole a amar. Hasta que una noche recibió un mensaje de texto, pidiéndole reunirse con él después del trabajo en un pequeño café al otro lado de la ciudad. La mirada de sorpresa en su rostro al verla llegar le dijo a Hermione que el mensaje no había sido para ella. Harry había roto más que su corazón. Había confiado en él y la había decepcionado. También lo hicieron los siguientes tres tipos. Nunca había sido fácil que la dejaran, pero parecía que para Hermione era más difícil de soportar. Cada vez tardó más tiempo en superar el dolor de su fracaso.

Extrañaba el cálido cuerpo en la cama junto a ella, el hablar, la emoción de la anticipación. Por último, había aprendido la lección. Mantuvo su corazón cerrado y sólo relaciones a corto plazo. Nunca se dejó involucrar; de esa manera no saldría lastimada. Bueno, Draco había demostrado que esa teoría era errada. Una sola noche y ella resultó herida. Pero la verdadera ironía es que ni siquiera había tenido una relación con ese hijo de puta de Ron y él seguía haciéndole daño.

El móvil de Hermione vibró en su bolsillo. Miró el número. Rosalie. Lo apagó. Rosalie la había llamado cinco veces desde ayer por la mañana para hablar de la fiesta de compromiso. ¿Cuántas damas de honor quería y que si un perro trotando por el pasillo, llevando los anillos en una canasta, sería lo máximo? Cómo había deseado Hermione decir no. Ella sabía que su renuencia a entusiasmarse por Rosalie estaba siendo malinterpretada como celos, pero Hermione no podía evitarlo. Decidió estar de acuerdo con todo lo que Rosalie quería, incluido el perro, y tomar algo que la pusiera violentamente enferma el día de la boda. Si terminaba en el hospital, tanto mejor. Volvió su atención al documento en su pantalla. Su vida podía ser un desastre, pero Hermione pondría lo mejor en su trabajo.

—¡Demonios! ¿Qué estás haciendo aquí?
Hermione alzó la mirada para ver a Susan en la puerta, con un café de Starbucks haciendo equilibrios sobre un montón de archivos.

—Trabajo aquí, ¿recuerdas?

—¿A esta hora de la mañana? Tengo un trabajo urgente para la compañía de ingeniería, al menos tengo una razón para estar fuera de la cama a estas horas. ¿Cuál es la tuya?

—No puedo dormir. Susan colocó cuidadosamente los archivos en su escritorio y puso el café a un lado.

—¿Y el trabajo era la alternativa? Te dije que necesitabas un hombre. Hermione se sintió sonrojar y agachó la cabeza. El trasero de Susan aterrizó junto a su teclado y Hermione saltó. —Hermione Granger, ¿qué has estado haciendo?

—Nada.

—Escúpelo ahora antes de que la Víbora llegue y tengamos que mantener nuestras bocas cerradas. ¿Conociste a alguien en esa fiesta? ¡Lo hiciste! Y pensar que no querías ir. Suéltalo, suéltalo, suéltalo.

La puerta se abrió de nuevo y Marie Styper, la Víbora, entró con sus 1,82 metros en tacones asesinos y traje ajustado. La combinación podría haber funcionado si no hubiera sido casi tan ancha como alta. La rígida mujer polaca a cargo de la división europea de lenguas de SLS era la razón por la cual Susan y Hermione estaban constantemente en busca de otros trabajos.

—Buenos días, Marie —Susan le dio una sonrisa nerviosa y se escabulló de vuelta a su escritorio.

—Buenos días —dijo Hermione.

—¿Qué estáis haciendo?

—Conspirando para dominar el mundo —bromeó Hermione, pensando que se arriesgaría con un chiste a esa hora de la mañana.

La expresión de la Víbora no cambió. Tenía siempre los ojos entornados, los labios apretados formando una delgada línea.

—Espera antes de que irte a casa. Tengo que comprobar el trabajo para el MOD antes de que te marches —dijo la Víbora en su tono cortante—. Te quedas hasta que hayas terminado.

Incluso la adición de por favor no lo habría convertido en una petición. —Por supuesto —dijo Hermione.

Se concentró en su pantalla. Por lo menos había evitado responder a Susan hasta la hora del almuerzo, siempre que Susan no la acorralara en el baño. Como resultado, Hermione logró evitar demasiado a Susan. La Víbora le pidió que saliera temprano para almorzar y entregara en mano una de sus traducciones a un bufete de abogados, cerca de la Tate Modern. A la vuelta, Hermione cogió un sándwich de la cafetería a la que siempre solía ir y se sentó bajo el sol junto al Támesis hasta la hora de volver a la oficina. El único inconveniente fue que cuando se sentó allí, se sintió obligada a responder a la llamada de Rosalie, escuchar su charla sobre la boda de su hermana, videos y carros tirados por burros, y fue forzada a decir sí a la reunión para tomar una copa después del trabajo sabiendo que tendría que parecer y sonar como si su vida fuese perfecta.


Susan se unió a Hermione en el Inlander Bar, después de haberle sonsacado durante un viaje a media tarde al cuarto de baño, que había conocido a un chico en la fiesta. Hermione no añadió que el chico tenía el cuerpo de un dios griego, el toque de un ángel y la polla de un demonio. Ni que nunca lo vería de nuevo, aunque se le ocurrió a Hermione que una pareja imaginaria podría sacarle a todos de encima. Hermione y Susan pidieron una botella de vino blanco y se apoderaron de una mesa en la esquina.

—No estoy segura de cuánto tiempo más puedo aguantar a la Víbora —suspiró Susan en su vaso—. El hecho de que esa mujer pueda trabajar sin parar, al doble de la velocidad del sonido, y sin hablar, no significa que el resto de nosotros pueda. Bueno, aparte de ti, Señorita Nippy*. Así que suelta la sopa. Quiero todos los detalles. Si no tengo sexo loco y apasionado, escuchar a otra persona teniéndolo es lo siguiente mejor. Y date prisa en decirme, antes de que Ernie y Lavender lleguen. Dijeron que vendrían a tomar una copa antes de ir a casa.

Ernie y Lavender eran los otros dos traductores con quien compartían su habitación, un par de tontos: el uno terminaba las oraciones del otro.

—¿Y bien? —Susan exigió.

—Es alto, con el pelo desaliñado, rubio platinado —dijo Hermione.

—¿Es guapo?

—Sí.

—¿Escala del uno al diez?

—Quince.

—Oooh —Susan abrió mucho los ojos—. ¿Tiene un hermano?

—¿Quién? —preguntó Ernie, poniendo un vaso de cerveza sobre la mesa. Lavender se sentó en el asiento junto a Susan.

—Hermione encontró un novio —dijo Susan.

—¿Qué pasó con el que vivía enviándote flores? —preguntó Lavender. Tres pares de ojos miraban con expectación y Hermione gimió. Sus compañeros de trabajo estaban demasiado interesados en su vida. Ella no debería hacer de Draco algo más que lo que era, a saber: una salida de una sola noche, pero...

—¡Hermione!

Salvada por su hermana. Hermione se defendió con una sonrisa y se volvió. Entonces, toda sonrisa se desvaneció porque Rosalie no estaba sola. Ron estaba con ella. Rosalie, con los ojos brillantes de felicidad, besó a Hermione en la mejilla. Cuando Hermione vio los labios de Ron acercarse, cogió el vaso y lo puso delante de su cara. Él sonrió, pero retrocedió.

—Chicos, esta es mi hermana Rosalie y Ron. Susan, Ernie y Lavender.

—Ron es mi prometido —dijo Rosalie, su sonrisa forzada.

—Oh, estás comprometida. Hermione no nos lo dijo. Echemos un vistazo a tu anillo —dijo Sabine. Por unos instantes Rosalie, Lavender y Susan murmuraron juntas acerca del diamante mientras que un reacio Ernie se detenía a mirar.

—Mira, Ernie, ¿no es...? —empezó Lavender.

—...hermoso —dijo.

—Mira cómo los diamantes...

—...centellean.

Hermione agarró su copa de vino más y más fuerte. Ron acercó la boca a su oído. —Te habría comprado un diamante más grande que ese.

Joder. Rosalie se volvió a Hermione, con una mirada herida en el rostro. —No puedo creer que no le dijeras a nadie que estaba comprometida.

—Eso apenas pasó ayer —Hermione chilló. Uy, eso sonó muy mordaz. Rosalie la miró parpadeando, con lágrimas en los ojos. Mierda. Pero antes de que Hermione pudiera pedir disculpas, Rosalie habló de nuevo.

—Supongo que Hermione les dijo a todos que ella iba a casarse con Ron.

—¿Qué? —Hermione quedó sin aliento. Sus tres compañeros de trabajo la miraron boquiabiertos.

—¿Ustedes no sabían que yo era el novio de Hermione antes de conocer a su hermana? —Ron se las arregló para parecer atónito y lucir avergonzado e inocente al mismo tiempo. El bastardo.

—No, no lo eras —dijo Hermione.

—Sólo pensaste que eras su novio, Ron—Susan añadió, y Hermione sintió una sacudida de alivio por su apoyo. Susan no conocía toda la historia. Ron inclinó su cabeza hacia un lado y suspiró

—¿Entonces estaba enviando todas esas flores a una completa extraña? Sé que te hace sentir mejor fingir que ese era el caso, Hermione, pero negar lo que tuvimos es muy doloroso —miró alrededor de la mesa—. Debo decir que me sorprende que no confiaras en tus amigos. Sé que vosotros habríais estado ahí para ella si se os hubiera dado la oportunidad.
Hermione hervía de furia. Susan parecía incómoda, Ernie y Lavender intrigados.

—Estás hablando pura mierda —dijo Hermione en voz baja—. Nunca fui tu novia.

Ron abrió la boca horrorizado. —¿Quieres decir que imaginé nuestras citas, cuando nos sentamos uno junto al otro en el cine a ver esa película de vampiros y compartimos las palomitas de maíz, los cafés de Starbucks que bebimos, las visitas al zoológico, el museo, la cena romántica en tu apartamento? Especialmente la cena romántica en tu apartamento — le guiñó un ojo—. ¿Debo continuar? Mientras Ron hablaba, Hermione lo veía acariciar los dedos de Rosalie. Los ojos de Rosalie estaban bajos, su rostro tenso viéndose muy, muy triste.

—Nada de eso fueron citas —Hermione susurró entre dientes, sabiendo que se debería callar, que cuanto más dijera, peor sonaría.

—Eh, tú estabas ahí, yo estaba allí —Ron rió, mirando alrededor de la mesa, invitando a los otros a unirse a él. Hubo un silencio por un momento.

Hermione estaba tan furiosa, que ahora no confiaba en sí misma para hablar. El tipo estaba loco, ¿qué otra explicación podía haber?

—Bueno, Hermione tiene un nuevo novio, así que supongo que eso ya no importa —dijo Susan. Hermione sintió la mano de Ron apretar su rodilla bajo la mesa, sus dedos se clavaron hasta hacerle daño.

—¿De veras? —dijo.

—Oh, Hermione, ¿por qué no lo dijiste? —su hermana casi saltaba en su asiento.

No había ninguna expresión en el rostro de Ron y de alguna manera eso asustaba más a Hermione que sus falsas emociones. Pero Rosalie sonaba tan desesperada porque fuese verdad que Hermione quiso golpear su cabeza contra la mesa. La de ella o la de Rosalie, cualquiera serviría.

—¿Lo conociste en la fiesta? —peguntó Rosalie. Hermione asintió. —Así que realmente estabas arriba con el chico que se parecía a George Clooney —Rosalie se echó a reír. Notó el alivio en su tono. A pesar de todo lo que Hermione había dicho, o tal vez debido a lo que dijo Ron, Rosalie aún temía que Hermione quisiera al cabrón. —¿Cuándo lo veras de nuevo? —preguntó Rosalie.

—No estoy segura.

—Sospecho que es porque no existe —dijo Ron—. Oh, Dios, Hermione. Está bien, sabes, no tienes que fingir con nosotros. Somos tus amigos. Los dedos de Hermione picaban de las ganas que tenía de arrancarle los ojos.

—Sí, maldita sea, él existe.

—Bueno, lleva al hombre invisible a nuestra fiesta de compromiso el sábado —dijo Ron con voz satisfecha—. A todos nos gustaría conocerlo.

—¿Por qué diablos iba yo a querer que él te conociera? Tú... tú... mentiroso pedazo de escoria.

Hermione se levantó, tomó su bolso y la chaqueta, y se marchó.


Notas de la traductora

*Soluciones de Idiomas Superiores.

*MOD en sus siglas en inglés es Ministry of Defense.

*Una Nippy es un tipo específico de camarera asociados con el Lyon, J. & Co marca de té, y sus tiendas de té y cafeterías en el Reino Unido. Famosas por su eficiencia.