Maraton 3/3
Natsu.
Estoy perdiendo mi maldita mente de mierda, pienso para mis adentros cuando veo a Yukino, claramente jodida, dejar la oficina de abogados de Bora, que se encuentra en el centro de la ciudad. En menos de diez minutos después de eso, veo a Bora salir de su oficina, tirar una bolsa en el maletero de su coche e irse, lo observo sentado desde mi motocicleta y puedo decir por su rostro que ya han llegado las noticias a sus oídos.
Se endereza su traje y se dirige hacia mí. Él piensa que, porque estamos en el medio de la ciudad y él es un abogado, no voy a poner su culo en su sitio. Está equivocado. Normalmente, no lo haría. No por algo tonto o insignificante. Pero Lucy es más que eso, y por ella definitivamente vale la pena una noche en la cárcel. Aunque no podría cuidar de ella esta noche si lo hiciera. No me gusta la idea de no ser capaz de tener mis ojos en Lucy cuando quiero. Sueno como un acosador, pero me importa una mierda. Si perseguir a mi niña y aparecer en lugares al azar la mantiene fuera de las manos de otro hombre, pueden etiquetarme, sin embargo, lo quiero, y voy a llevar ese título con orgullo.
—¿No puedes correr a Kirksville, si necesitas mantener tu polla húmeda, Natsu? Nunca he sabido que echaras mano de las chicas de la localidad.
Todo mi cuerpo se vuelve roca solida con sus palabras. ¿Realmente él habla de la mujer con la que iba a casarse de esa manera? No sólo eso, sino que estuvo follando a cada coño de la ciudad. Pero eso no es nada nuevo.
Nunca he entendido a los chicos que persiguen a las mujeres por aquí. Todo el mundo acaba follándose unos a los otros al final del día. Definitivamente no es algo que suene atractivo para mí.
—Nunca he dejado que Yukino me la chupe en la parte posterior de Smokey, ni siquiera me importó cuánto me rogara que la dejara. Por lo que parece que no soy el único necesita la polla húmeda.
Sé que no estamos hablando de Yukino, pero yo quiero que sepa que estoy en su juego. No ha tenido a mi niña porque ella sigue teniendo su dulce cereza y esperando a que yo la tome. No sé lo que está pasando con estos dos, pero las cosas no están funcionando. No veo a una chica como Lucy dejando que su hombre la atormente, así que quizás ella no lo sepa, o tal vez no le importe. No parece ser del tipo de mujer que sólo quiera que se le mantenga y se convierta en un pequeño trofeo. Yo podría haberlo pensado la primera vez que entró en mi oficina, pero la mujer que tuve en mis brazos mientras me comía su coño esa tarde, no era nada de eso. Ella era diferente, no importa cómo esta situación parezca ser.
Sus ojos se endurecen con mis palabras. Parece que Bora pensó que era el único que a Yukino le gustaba chupar. No, Yukino sólo sirve a cualquier persona con dinero. Puede que no tenga una vida tan llamativa comparada con la de Bora, pero tengo una buena vida, y eso es algo que alguien como Yukino puede oler fácilmente.
—Aléjate de ella, —dice Scott, la suficiencia que había tenido, desapareció de sus palabras.
—¿De quién estás hablando aquí, Bora?, —Le cebo, porque no estoy totalmente seguro. No parecía demasiado molesto cuando me estaba advirtiendo de Lucy, pero un comentario sobre Yukino y su tono lo cambia por completo.
—Mi prometi…
Me bajo de la motocicleta antes de que pueda terminar la palabra. De ninguna manera puedo soportar que él la llame así. Eso malditamente no está pasando. Yo lo tengo por la chaqueta del traje, levantándolo por lo que está a nivel visual conmigo.
—Natsu. Déjalo ir.
Siento la mano de la Gray caer sobre mi hombro, y suelto a Bora con la fuerza suficiente para enviarlo en caída al suelo—. Tienes suerte de que el Sheriff apareciera.
—¡Estoy presentando cargos! —Grita, levantándose del suelo y quitándose el polvo de la suciedad en su traje.
Gray suelta mi hombro, moviendo la cabeza hacia mí. Mierda, yo debería haber tenido un mejor control. Sin Gray no habría manera de salvar mi culo de la cárcel después de que acabara arrojando a su muy pronto cuñado, al suelo.
—Bora, todo lo que vi fue que estabas a punto de caer y Natsu aquí trató de impedirlo. Parece que tropezaste de todos modos. —Las palabras de Gray me sorprenden.
—No puedes estar putamente jodiéndome en este momento, —ladra Bora, pero mantiene su distancia, sin importar cuán hostil es su tono. Él es más listo que yo manteniendo una distancia entre nosotros. Eso es bueno. Al menos él entiende que no estoy jodiendo aquí.
—No tengo tiempo para tus mierdas hoy. —Tengo la sensación de que el Sheriff no está hablando de mi mierda y de la de Bora, pero probablemente de la del alcalde.
—Él va a tener conocimiento de esto, —dijo Bora disparando de nuevo, pero Gray simplemente se encoge de hombros como si no le importara una mierda. Me parece difícil de creer, con el alcalde siendo su padre y todo.
—Lo que sea. Tengo una cita para follar con Lucy. —Se vuelve para alejarse, y me tiene por el brazo.
Ni siquiera me di cuenta de que estaba por hacerle tragar su mierda—. Te voy a arrestar si me obligas.
De un tirón me salgo de su agarre, tratando de tranquilizarme a medida que veo a Bora saltar en su coche y salir a toda velocidad. Mirando alrededor, veo que una buena parte de la ciudad nos mira, probablemente después de haber presenciado la mayor parte de lo sucedido.
No sé mucho sobre Gray aparte de que Juvia podría estar loca por el tipo, a juzgar por la canción que estaba cantando esta mañana en el trabajo.
Pero ¿cómo podían dejar que una mierda como Bora se casara con Lucy?
—¿Vas a dejar que esa pomposa mierda se case con tu hermana pequeña? —mi disgusto es evidente en la voz.
—Mantente fuera de esto, Natsu. Esto es un asunto de familia, tú no sabes nada al respecto.
—Sé que un hombre como Bora arruinaría una mujer como ella.
—Estoy de acuerdo, —dice, y comienza a alejarse. Lo agarro por el hombro como lo hizo conmigo hace unos momentos.
—¿Estás de acuerdo? —Estoy gritando, y no me importa una mierda que nos escuchen, pero al parecer a si, porque se apoya más cerca de mí.
—Estoy haciendo lo que puedo, pero tratando de mantener mis manos limpias. No es tu preocupación. Como has dicho, ella es mi hermana.
—Ella es mi mujer.
—No creo en las habladurías —me dice, refiriéndose a los rumores que corrían por la ciudad—. He oído también que mi hermana, incluso nunca ha pronunciado tu nombre, así que para mí ella no es tu nada.
Está en la punta de mi lengua decirle que gimió mi nombre una y otra vez sólo hoy, pero no voy a hacer de su conocimiento todo lo sucio que hago con ella. Lo que tenemos y lo que hemos hecho es especial, y no voy a tirarlo todo por eso. Puede ser sucio entre nosotros, pero entre nosotros es donde malditamente será.
—Por favor, Sheriff. Dígame dónde el comemierda y Lucy van a estar esta noche y me aseguraré de que no acabe con él. Voy a hacer de esto la misión de mi vida para evitar que se cometa un error y camine por el pasillo con ese pedazo de mierda. —Puedo ver la duda en sus ojos mientras mira hacia otro lado y me mira—. No dejes que ella haga esto. Toma una respiración profunda, una decisión, y asiente con la cabeza.
—De acuerdo.
