Nota del capítulo: aparecerá un personaje de un videojuego.
Capítulo 7
En otro mundo, los cuatro viajeros acababan de arribar. Era una ciudad semejante a América en principios del siglo veinte.
-¡Qué bien lo estamos haciendo!- dijo Ban.
-Así es- dijo Ginji –Pero, ¿estuve pensando, ¿no crees que Natsuhiko peleó un poco diferente?
-Busquemos la siguiente pluma- dijo Syaoran.
Recorrieron la ciudad. Cada uno buscó por su lado.
Syaoran vio la pluma en un aparador, decorada con perlas preciosas
-Es la pluma de la princesa- dijo y entró.
Había una linda mujer atendiendo.
-Disculpe, ¿de dónde sacó esa pluma?
-La encontré. Me pareció muy hermosa, así que la decoré y la puse a la venta.
-¿Cuánto es el precio?- preguntó Syaoran.
Se escuchó el ruido de un cristal rompiéndose. Los dos voltearon la cara y vieron a Ban y Ginji corriendo.
-¡La tenemos! ¡Vámonos!- gritó Ban.
Syaoran sonrió y se fue.
-¿Qué están haciendo? Esto es un robo.
-Estas plumas le pertenecen a la princesa, solo las recuperamos. Así trabajamos.
-Al menos pudiste haber usado esa técnica para distraerla.
-No voy a desperdiciarlos- dijo Ban.
Mientras tanto, la princesa se había encontrado con dos rostros familiares: el de su hermano y el del sacerdote.
-Yo soy Yukito y él es mi amigo Toya- dijo un joven de actitud simpática de pelo gris.
-Encantada- dijo la princesa.
Los gritos de Ginji fueron escuchados por ellos.
-¡Princesa! necesitamos que prendas el aparato- gritó Ban a lo lejos.
Ella sacó de su mochila la esfera. Los tres se acercaban. Un agujero se abrió en el piso y los Get Backers y Syaoran cayeron al fondo.
-¡Syaoran!- gritó Sakura -¿Qué es eso?
-Una trampa- respondió Toya –Esta ciudad está plagada de ellas como una medida de seguridad. Tus amigos habrán cometido algún delito.
-No exageres- reprimió Yukito –De seguro los confundieron.
Los tres muchachos eran atraídos por la gravedad en un fondo oscuro. Syaoran comenzó a sudar. Sintió un frío en el pecho y una fuerza hacía arriba. Tocó con sus dedos un pedazo metálico que lo agarraba del torso. Lo mismo le pasó a sus compañeros.
Ginji usó su alto voltaje, pero el metal lo absorbía sin alteraciones.
Una luz se prendió, una gran ventana frente a ellos. Un hombre corpulento los estaba observando. Era pelado y tenía como un tatuaje violeta en la cara.
-¿Quién eres tú?- preguntó Ban.
-Soy el gobernante de este imperio. ¡Sigma!
-¿Imperio?- preguntó Syaoran -¿Qué tan extenso es?
-¡Inmenso!- gritó con energía.
Ginji se aterrorizó. Ban comenzó a reírse.
-¿Vas a decirme que un emperador va encontrarse justo en esta ciudad y va a asistir personalmente al encierro de unos vulgares ladrones?- dijo Ban.
El pelado se enojó.
-Ban, ¿por qué en vez de hacerlo enojar no usas el jagan?- preguntó Ginji.
-Porque no puedo verle los ojos a esta distancia.
-¡Yo soy Sigma! ¡Tiemblen ante mi nombre!- gritó el pelado y apretó un botón.
Unas espadas salieron de la oscuridad, siendo sujetadas por brazos mecánicos.
-Con que así va la cosa- dijo Ban –Incluso ahora, a tu mano derecha y hasta que este maldito destino termine, se encuentra quien aloja a Uróboros, descendiente de los altos cielos.
La sombra de la serpiente recorría el cuerpo de Mido.
-¿Qué estás murmurando?- preguntó Sigma.
-¡Aliméntate con tus colmillos venenosos!
Ban levantó su mano y cortó la pinza que lo llevaba, se balanceó por lo que lo sostenía y dio un salto. Las espadas lo atacaron, pero la serpiente que tenía en su mano las reventó, como si sus dedos fueran de adamantino.
Syaoran estaba tan sorprendido como Sigma.
Ban atravesó la ventana, quedando frente a frente con Sigma.
-¡Ríndete o muere!- gritó Ban mientras cargaba contra él.
Una luz se formó de las manos de Sigma. Un rayo de luz salió disparado contra Ban. El panel de controles explotó. Sigma se dio vuelta, sacó un bastón mecánico que despidió un rayo, formando una guadaña y dio un rápido movimiento a su espalda. Su ataque a ciegas cortó al enemigo.
-No eres tan rápido- dijo Sigma volteándose. Syaoran estaba tirado en el piso con un corte en el lado derecho del pecho. Tenía también un raspado en la cara que continuaba la herida.
-¡Mocoso!- gritó Ban a una distancia.
Ginji se soltó de la pinza, que se sentía más floja desde la explosión, y saltó columpiándose como Ban hasta llegar a él. Al entrar, cayó de rodillas.
Ban desapareció. Sigma dio un guadañazo al aire. Ban lo esquivó y lo miró a los ojos. Sigma le disparó. Ban se impulsó del cielo raso, cayendo cerca de su compañero.
-Mi jagan no funciona contra él.
-Hay demasiada electricidad alrededor- dijo Ginji –En cierta forma, familiar.
Syaoran se desangraba.
-¡Hazlo!- dijo Ban.
Las corrientes se dirigían hacía el recuperador. Su pelo se levantó, su piel se aclaró y su mirada se enfrió.
Sigma disparó. El Emperador Relámpago formó una esfera de electricidad y la lanzó. Hubo un choque de fuerzas. Ban se deslizó por abajo y tomó a Syaoran.
Sigma desvió la mirada hacía ellos. Ginji agarró un fierro y lo electrizó. Atacó a Sigma. Este sacó la guadaña.
-Esos metales resisten sus volteos y pueden conducirlos- pensó en ese segundo Ban -¿De qué estarán hechos?
Sigma cortó el bastón eléctrico, pero recibió una fuerte descarga. Ginji le dio una piña. Sus propios huesos sonaron. La cara de Sigma no fue afectada.
Ginji se desplomó.
-¡Ginji!- gritó Ban vendando al niño –Si voy contigo, este chico morirá, ya sea por la falta de sangre o por un ataque a siniestra.
-Parece que tu encrucijada te matará- dijo Sigma, miró a Ban y preparó su rayo.
El pecho de Sigma se abrió y el sujeto exploto.
-¡Ginji!- gritó nuevamente Ban –Grandísimo idiota. Sobrecargaste su cañón con tu último ataque a consta de tu propia salud. No me hubiera imaginado que era un robot.
Pasó por los restos destruidos del robot, tomó a Ginji y se llevó a sus dos compañeros.
Las puertas mecánicas se abrían solas. Se encontró con robots inmóviles.
-Parece que al destruir el panel estas máquinas no funcionan.
Llegó hasta unas escaleras que lo condujeron a la superficie.
Toya, Yukito y Sakura los esperaban.
-¡Syaoran!- gritó la chica.
-No puedo creer que hayan salido con vida- dijo Toya -¿Son humanos?
-Dejaré que tú mismo juzgues eso- respondió Ban.
Ginji y Syaoran fueron llevados en una ambulancia.
-Entonces, ¿este Sigma es o era el emperador?
-¿Lo vieron cara a cara?- preguntó Yukito.
-Debió haberse teletransportado- explicó Toya.
-Así que también dominan esa tecnología- dijo Mido –Eso explica por qué estaba ahí con unos simples ladrones, o recuperadores. Ahora que me acuerdo…
Ban sacó la pluma y se la dio a Sakura. Ella se volvió a quedar dormida.
Soñó que estaba con Syaoran cerca de las ruinas de su pueblo. También pudo ver a un hombre de barba, peinado en forma de boomerang y un monóculo en el ojo.
