Selene sintió como un peso hacía hundir levemente el sitio de su derecha, frunció el ceño, giró su cabeza en dirección y abrió los ojos. Y se encontró unos de color rojo oscuro, unos que eran como el cinabrio. Reconoció a aquella mirada, dio un bote, y reculó hacia atrás agarrando el respaldo con su mano derecha y con la otra el final del asiento. Sintió como su corazón había dado un salto a punto de salirse del pecho, menudo susto.
—¿Qué cara es esa, mujer?—preguntó Denio con su típica voz monótona.
—Susto—tan solo atinó a decir la campeona todavía sintiendo el pulso acelerado en su cuello.
Denio no añadió nada más tan solo se quedó observando a la campeona con una mirada indescriptible, Selene fue a abrir la boca para hablar, pero el kahuna de la isla de Ula-Ula le interrumpió señalando a algo detrás de ella y diciendo.
—Tienes visita.
Selene se dio media vuelta para encontrarse a dos personas, una de ellas era alto de cabello castaño con una mirada divertida en sus ojos marrones vestido de negro y verde; el otro era más alto todavía, sus ojos marrones oscuros la miraban con interés.
—Hola—saludó Selene sin saber qué decir a aquella visita tan inesperada.
¿Quién demonios iba a pensar que Azul y Rojo, los campeones de Kanto iban a acudir a la fiesta dedicada a Lylia?
—Hemos venido porque oímos que dabais una fiesta para una amiga—explicó con una sonrisa Azul.
Selene se levantó del sofá alisando la falda de su vestido para parecer más presentable, esbozó una sonrisa afable y se alejó del asiento para hablar con un poco más de tranquilidad con los dos entrenadores legendarios. Tan solo los había visto cuando acudió por primera vez al Árbol Batalla, y combatió contra Azul, porque Rojo le daba bastante miedo. Era el campeón tanto de Kanto como de Jotho, es decir, era muchísimo fuerte que ella, y estaba segura que la destrozaría en un combate. Y su autoestima, recién nombrada campeona de Alola, no estaba como para que la echaran por tierra.
—¿Con quién estabas hablando?—preguntó Azul alzando la mirada para intentar posarla en el sofá.
—Oh, era Denio, el Kahuna de Ula-Ula, es algo así como un líder de gimnasio, pero de toda la isla. Es fuerte—aseveró Selene al recordar la casi paliza que le había dado el hombre cuando regresó de la base secreta de Guzmán y de Francine.
Lo cual llamó la atención de Rojo, quien levantó su mirada seria hacia el sofá y sus ojos brillaron con entusiasmo, haciendo que Azul esbozase una sonrisa de medio lado y con un brillo malicioso en su mirada.
—Mientras Rojo pelea contra ese kahuna, ¿por qué no bailamos tú y yo?—preguntó tomando un brazo de Selene y atrayéndola hacia él y rodeando con su otro brazo la cintura de la campeona.
Selene se halló en los brazos de Azul sin saber qué decir, o que hacer, tan solo podía sentir como su corazón le acababa de dar un espasmo, y ahora se había recuperado pero le estaba dando una taquicardia.
Pudo ver por el rabillo del ojo como Rojo se dio media vuelta y entrecerró sus ojos marrones oscuros lanzándole una mirada asesina a su compañero, con un paso acortó la mitad de la distancia, alargó sus brazos, tomó por los hombros a Selene y tiró de ella para sacarla de los brazos de Azul. Después volvió a tirar de ella, bajo la estupefacción de la chica quien no sabía dónde meterse en aquel momento, y sobre todo al sentir como su espalda chocaba contra el pecho del campeón de Kanto.
—Vale, vale. Entiendo que ella te caiga bien—sonrió Azul levantando sus manos alineándolas a cada lado del rostro en modo de rendición y disculpa.
Rojo asintió y echó un vistazo a Selene quien lo observaba ruborizada y sin saber qué hacer.
«Lylia, sálvame» pidió la chica.
