Disclaimer: Shingeki no Kyojin así como sus personajes pertenecen a Hajime Isayama. Ésta historia es para entretenimiento, sin fines de lucro. Queda prohibida la copia o re-subida a cualquier otro sitio o plataforma sin mi consentimiento.

Advertencias: Esta historia contiene Riren (LevixEren) y avanzará de manera lenta aunque los capítulos puedan ser relativamente cortos. Uso de Ooc, Au, lenguaje soez, violencia y actividades ilegales. Recuerden, esto no es nada más que mera ficción, en ningún momento fomento o aliento la realización de cualquier comportamiento o actividades acá descritas. Posibles Spoilers, quiero advertir sobre esto, ya que sacaré personajes cuya aparición aún no se ven en el anime así como nombres de lugares/territorio, intentaré no comprometer detalles mismos de la trama original.

Agradecimientos: a mi Beta MagiAllie.

Dedicatorias: Para todos ustedes que me leen y han esperado por esto, gracias, me han alegrado mi corazoncito.

Notas: En mi fic Rod y Uri no están emparentados, es por eso que dejé su apellido como "Lenz"

Nota 2: En éste cap hay una curiosidad que al hacer hincapié en ella sin querer, decidí que será un elemento interesante en el desarrollo de la trama, lo quiero mencionar porque es un dato real y no me lo saqué de la manga jajajaja.


Capítulo 7

Y ahí estaba de nuevo en pie frente a su agresor, dentro de aquella habitación inmaculada que era su oficina, Eren lucía nervioso, inseguro de dar un paso más para acercarse. El sonido de la puerta al cerrarse tras de sí lo toma desprevenido, ya no hay marcha atrás; aquel hombre de cabello negro tenía la mirada clavada en una mesa de luz, no reparaba en el castaño en la entrada, seguía concentrado en su trabajo.

La oficina reflejaba frescura, las paredes tenían un color azul pálido, decoradas de la misma forma que los pasillos de afuera, el piso tenía unas blancas y relucientes baldosas que reflejaban la luz que los enormes ventanales dejaba atravesar, en los rincones del frente había dos macetas con un par de "ficus benjamina", en el escritorio principal había una suculenta al lado de un monitor de computadora, en la estancia se podía percibir un ligero aroma entre cedro y floral, daba una sensación reconfortante, la tenue melodía de I forget(1) hacía crispar al castaño.

—¿Y bien? —Su profunda voz ronca resuena en los oídos de Eren, el pelinegro no apartar la vista de su trabajo sobre aquella mesa.

—Tienes un pésimo gusto musical. —Critica con fastidio.

—¿Viniste aquí, desobedeciendo mis órdenes, sólo para decir eso? —Su voz irritada hace volver la inseguridad de aquel joven.

—Eh-y-yo… n-no… —Eren balbucea.

—Si no tienes nada más que decir, vete, tengo mucho que hacer. —Dice en ese tono ronco y autoritario, escoge otro marcador copic y sigue con su trabajo.

Eren retrocede hasta que su espalda choca contra la puerta, no comprende el repentino temor que siente en presencia de aquel hombre que ni si quiera se toma la molestia de verlo; llegó demasiado lejos en un solo día, no puede darse el lujo de arrepentirse de su decisión, aprieta los puños, da un profundo suspiro y camina con paso firme hasta posarse muy cerca del escritorio y del campo de visión del contrario.

—Oye… —Eren intenta llamar su atención, aún luce nervioso. —Lamento lo de hace unos minutos, no vine por ese motivo, quiero disculparme contigo. —Levi no cambia su actitud, parece no estarle prestando atención, el castaño frunce el ceño molesto, el sentirse ignorado hace recuperar su seguridad en sí mismo. —Mira, sé que no empezamos con el pie derecho, por qué no nos tomamos un tiempo para charlar, no sé ¿Conocernos? —Tiene un timbre juguetón en la voz.

—Que buen chiste. —Levi responde con sarcasmo, al castaño le parece percibir una leve carcajada.

—¡Oye! —Protesta con enojo. —Vine hasta acá para arreglar las cosas, te pedí disculpas por mi actitud, ¿Me tomarás como a un tonto que vino a contarte chistes? —Se acerca al frente más impetuoso.

—Bien, si eso era todo lo que tenías que decir, largo. —Ordena con voz iracunda

No, vine con otro tipo de propósito, ¡Mírame! —Eren demanda golpeando con fuerza el escritorio y se planta justo al costado de Levi, éste lo mira por impulso al sentir que su espacio personal fue invadido. —Quiero que me tomes en serio, quiero que creas en lo que digo. —Suelta suplicante, su intensa mirada se clava en aquellos afilados ojos grises.

—Con esa actitud infantil, nadie podría tomarte en serio. —Levi sisea con desdén.

—Bien, bien, lo admito, tengo un gran problema de temperamento. —Eren responde más tranquilo y un poco avergonzado. —De verdad quiero que volvamos a empezar y que tengamos una relación más agradable, menos conflictiva. Estaré en tu casa por un largo tiempo, ¿O no? —Sus labios dibujan una pequeña sonrisa.

Ese tono juguetón y sus cambios repentinos de humor exasperan a Levi, sin embargo, aquel mocoso tenía razón, había aceptado jugar a la casita por algún tiempo, no podía negar su existencia o ignorarle por siempre, no después de haber hecho tanto por él en tan corto plazo, en algún momento coincidirían y por la actitud de éste tendrían más enfrentamientos, era una derrota que no admitiría. No haría ningún daño acceder un poco más a ciertas peticiones, sólo hasta que aquel estúpido trato llegara a su fin y encontrara algo en qué ocuparlo, después de todo era bien parecido, vender su cuerpo no sería complicado.

—De acuerdo. —Dice finalmente con cansancio, observa cómo lentamente se dibuja una hermosa sonrisa en aquel joven rostro.

—Soy Eren Jeager. —Extiende su mano para saludarlo. —Claro, eso ya lo sabes. —La quita rápidamente y acaricia su alborotado cabello. —Llámame Eren, sólo Eren, odio que te refieras a mí como "mocoso de mierda", así que deja de hacerlo. —Levi sonríe de lado, no cualquiera tiene el atrevimiento de hablarle tan directo a la cara y salir ileso.

—Ryven, sólo Ryven. —Cruzándose de brazos cómodamente en su asiento.

—De acuerdo, Ryven. ¿Eres alguna especie de decorador de interiores? ¿Contratista? —Mira curioso en todas direcciones.

—Soy arquitecto. —Responde molesto.

—¡Oh! ¿De verdad? —Eren no oculta su asombro. —Imaginaba que estafabas ancianas millonarias. —Levi lo fulmina con la mirada.

—Estudié en las mejores escuelas del país, forjé grandes logros y sigo obteniendo infinidad de trabajo y prestigio, no estuve malgastando mi vida y mi tiempo como tú. —Ese deje jactancioso en su voz irrita en demasía a Eren.

—Si malgasto mi vida, ¿Por qué accediste a seguir con aquella idea estúpida de mi padre? —Su voz está cargada de reproche. —¿Por qué ambos piensan que ser un actor me dejará algo productivo? ¿Por qué no puedo asistir a la academia militar? —Frunce el ceño molesto.

Levi lo mira fijamente, su rabieta infantil lo saca de quicio, a pesar de eso encuentra algo encantador en aquellos ojos que centellean de rabia, esos grandes y expresivos ojos bicolor cuya tonalidad se intensifica cada vez más, un poco extraño, pero hermoso, el castaño de verdad era apuesto, el tipo de ropa más formal que vestía en ese momento le sentaba realmente bien, podía hacerse pasar por el hijo de algún alto funcionario de gobierno fácilmente.

—Deja de mirarme así. —Eren refunfuña con un leve tinte rojo en las mejillas. —Me estás incomodando.

—Te miro como se me pegue la gana. —Levi dice con voz autoritaria. —Le pedí a Petra que se deshiciera de todos los harapos que tienes. —Eren hace un evidente mohín de desagrado.

—Deja de tratarme como alguien inferior a ti, todo lo que tengo lo he conseguido con mi esfuerzo. —Se planta de nuevo firme frente a él con todas las intenciones de golpearlo.

—Lo eres. —Asegura con calma y lacónico. —Ahora, fuera de mi vista, la charla terminó.

Esas palabras toman inadvertido al castaño, no sólo no pudo exponer su punto principal, sino que había desperdiciado el tiempo con aquella charla trivial, definitivamente para él esto no había terminado, no hasta obtener lo que quería.

No. —Eren contradice demandante. —La verdad, vine a pedirte algo más, y quiero que accedas.

—Has venido a quitarme el tiempo, ésta conversación terminó, vete. —Levi camina estoico junto a Eren, es la primera vez que éste se percata de la estatura real del contrario, apenas es unos centímetros más bajo que él, todas las veces en las que habían coincidido le pareció que era incluso más grande. El aroma que percibió en cuanto entró, ese mismo que despide a su paso, en realidad es el olor de su colonia. —¿Qué haces ahí parado con la cara de estúpido? Dije que te fueras.

—Y yo dije que "No", me quedaré hasta que mi deseo se cumpla. —Contradice con firmeza confrontándolo.

—No estoy para cumplir tus caprichos. —Dice con hastío.

—Eres mi tutor legal, ¿No es así? —En el rostro del castaño se dibuja una sonrisa cínica.

—No soy el maldito sustituto de tu padre. —Reafirma con frialdad. —Nunca esperes mi consuelo o que te reciba con los brazos abiertos. —Eren frunce el ceño molesto.

—Lo que quiero no es cosa del otro mundo; no vine para buscar tu aprobación o cariño paternal. —Levi le clava sus afilados ojos grises, no pierde de vista ninguno de sus movimientos. —Únicamente quiero que le órdenes a Farlan dejarme sólo.

Imposible. —Declara terminantemente.

—Bien, bien, —Intenta evitar que el contrario se sobre exalte. —Por lo menos dentro de la escuela, puede esperarme afuera, vamos, no puedo escapar de ese maldito lugar, ¿Has estado ahí dentro? Parece una prisión. —Hace un mohín de desagrado.

—Yo la diseñé. —Se planta firme sacando el pecho con orgullo.

—Entonces tienes la certeza de que no huiré. Por favor, —insiste con voz suplicante. —es lo único que pido, no sabes cuán vergonzoso es tenerlo rondando cerca de mí todo el tiempo, ¡Por todas partes! Además, estoy seguro que ya tienes un registro detallado de todos los estudiantes, dudo mucho que alguno sea un secuestrador, no con la apariencia que tienen. —El castaño toma aliento después de su largo discurso. Levi suspira.

La monumental irritación que siente en ese preciso instante le provoca deseos de darle un puñetazo a la cara y sacarlo a rastras de su oficina, algo le dice que no puede negarse, está casi seguro que cada vez que lo vea lo molestará con el mismo tema, tiene el presentimiento que no podrá quitárselo de encima tan fácilmente si no puede darle una excusa valida. Su celular comienza a sonar, el chico pone cara de cachorro, suplica con esos grandes ojos, es la primera vez en mucho tiempo que se siente presionado.

—Lo pensaré. —Asiente finalmente con seriedad.

—¡Sí! —Eren festeja con emoción. —¿Te parece si vamos a comer algo? —Dice sin pensar.

—No, —lo mira extrañado, —tengo trabajo que hacer.

—Bien, supongo… —Vacila avergonzado por su atrevimiento. —que, nos vemos más tarde. —Sonríe con gentileza. Camina triunfante hasta la puerta. —Mejor responde, lleva sonando bastante rato, no quiero una golpiza por eso. —Señala con la cabeza el móvil aún en su mano antes de salir.

Levi por fin queda solo en su oficina, realmente está sorprendido por la increíble capacidad de persuasión que tiene aquel mocoso, apenas entablaron conversación y no sólo logró reducir su vigilancia, sino también planear una posible cita, debía darle crédito por su osadía. Con el poco tiempo que llevaban juntos, no podía saber si Eren era demasiado perspicaz, sin embargo, debía extremar precaución si quería mantener su mentira en pie, al menos el tiempo necesario antes de deshacerse de él.

—¿Alguna novedad, Auruo? —Responde el celular con una voz ronca.

Ninguna, jefe, nadie ha estado cerca del perímetro y no hay ninguna orden de investigación.

Levi corta la llamada, se queda meditabundo, unos minutos después el teléfono en su oficina comienza a sonar.

—Voy para allá, haz que lleven mi equipaje hasta el aeropuerto. —Ordena inmediatamente al levantar el auricular.

—0—0—0—

En aquella pequeña habitación que alguna vez fue su consultorio, Grisha empaca meticulosamente sus pertenencias en una caja de cartón, se encuentra en compañía de Erwin, éste no dudó ni un poco en ofrecerle su ayuda en cuanto recibió aquella lamentable noticia, pero al final su viejo amigo decidió seguir por su cuenta, confinándolo a aquel cómodo sofá desde donde lo miraba taciturno.

—Entonces, ¿Es definitivo? —Erwin pregunta con incredulidad.

—Así es. —Responde desanimado.

—Yo, no sé qué decir, ¿Seguro que no se puede hacer nada? ¿Aclarar los hechos? —Dice apresurado, su tono de voz da la impresión de estar desesperado por encontrar otra solución.

—Ya no hay nada más que hacer, el consejo directivo finalmente tomó la decisión, yo tengo que irme, no soy necesario más aquí. —Su ceño se frunce, hablar del tema le causa una gran molestia.

—Grisha, —musita con aflicción. —Esto era lo único que tenías, ¡Era tu vida! No entiendo por qué te das por vencido; todos aquí te estimamos, las personas te adoran, confían en ti, no puedo aceptarlo. —Erwin deja en evidencia cuan consternado se encuentra.

—Todos tendrán que aceptarlo. Tendrán que acostumbrase al médico que llegue para tomar mi lugar, deberán confiar en él también. —declara con congoja. —Afortunadamente mi cédula médica no se vio comprometida en todo esto, podré pasar un tiempo con mi indemnización, no sé, quizás vuelva a Erdia, el pueblito donde crecí, para un nuevo comienzo.

—¿Qué opina Eren sobre tus planes? —Erwin señala con preocupación.

—Eren… —Grisha suspira con agobio, hace una pequeña pausa, observa a aquel rubio removerse expectante sobre aquel sofá. —Eren aún no sabe nada.

Erwin abre los ojos con asombro, no puede creer que algo tan delicado, de tal magnitud como lo es el despido de su progenitor haya sido hasta ese día un secreto para aquel muchacho. Grisha sonríe sin ganas.

—Sé lo que estás pensando, logré convencerlo de que se quedara en casa de Hannes, por alguna razón se le veía muy emocionado por dejarme. —Intenta tranquilizarlo con un tono de voz más sereno, la comisura de sus labios se curvea con una sonrisa más alegre.

—Amigo mío, esto en algún momento se te escapará de las manos y cuando salga a la luz Eren va a estallar, te lo aseguro, no va a terminar bien. —Reprende con voz severa.

—Erwin, mi hijo es casi un adulto, le di todo lo que estuvo a mi alcance, lo sigo haciendo, sin embargo, siento que ya no necesita nada de más de mí. —Dice meditabundo, no está seguro de seguir hablando acerca de esos temas familiares.

—No dudo que no sea un joven muy capaz, pero, sigo creyendo que su imprudencia lo llevará a meterse en problemas cada vez más grandes. —Grisha no muestra interés en sus palabras, sus penetrantes ojos azules escrutan el semblante impávido de aquel hombre, le intriga la falta de atención que tiene respecto a ese tema en particular.

—Yo… —Vacila inseguro.

Antes de que pueda hablar, alboroto fuera de su consultorio llama su atención.

¡No puede hacer eso…!

¡A un lado!

¡Señorita! Por favor, ¡Esto es un hospital!

¡No me importa!

Los gritos cargados de enojo ponen en alerta a ambos hombres, Erwin se levanta de inmediato, se coloca frente a Grisha en posición defensiva listo para enfrentar lo que atraviese por aquel umbral.

La puerta se abre abruptamente, Nanaba aún tironea del brazo izquierdo de la pelinegra, quien forcejea en un intento por seguir su camino y entrar a la habitación. Con un arrebato brusco logra liberarse del fuerte agarre de la rubia, es un movimiento violento que empuja a ambas en sentidos contrarios, Nanaba es detenida por el cuerpo del chico rubio tras de sí, mientras que Mikasa se golpea la espalda directo con el marco de la puerta en un sonido sordo.

—Doctor Jeager, lo siento tanto, intenté detenerla, —Nanaba resuella por el esfuerzo, su cara está roja, hace el intento de tomar el brazo de la chica que permanece dolorida aún en el marco de la puerta, ésta lo aparta con rapidez y la mira furiosa.

—Está bien, Nanaba, déjalos pasar, ya terminé de empacar. —Grisha dice con tranquilidad.

—Pero, doctor… —quiere ofrecer una disculpa por su error.

—Está bien, haz hecho un gran trabajo, pero recuerda, ya no trabajo aquí, no tienes que darme ninguna explicación, ahora, déjanos solos. —Grisha le regala una sonrisa franca, la aparta gentilmente mientras hace pasar a los chicos.

Que se vaya. —La pelinegra habla con enojo apenas la puerta se cierra tras de ella.

—Mikasa, dijiste que no armarías un alboroto. —Armin musita nervioso.

—Mikasa, ¿Qué ocurre contigo? —Grisha pregunta estupefacto por su repentina actitud.

—No quiero que éste incompetente permanezca aquí. —Alega mirando con repudio a Erwin.

—Cuida tus palabras, jovencita, recuerda que aquí yo soy la ley. —El rubio habla sacando el pecho de forma que no sólo luce orgulloso de sí mimo, sino también más grande.

—¡Bien! —Se para firme frente a él para enfrentarlo. —Más razones para acusarlo por abuso de autoridad. —Habla decidida, sin una pizca de miedo.

—¡Mikasa! —Armin la hala por el brazo para apartarla del campo de visión de Erwin.

—Yo también puedo levantar cargos contra ti. —Murmura apacible, sonríe de medio lado.

—¡Basta! —Grisha llama la atención de todos. —Por favor Mikasa, tranquilízate, todo lo que quieras decir puedes hacerlo frente a Erwin, es un gran amigo de confianza. —Grisha explica con fastidio, la pelinegra lo mira con indignación.

—Mejor deja de dar problemas y vete a casa. —Erwin demanda con enfado. Ella abre la boca para reclamar, sus palabras se ahogan en su garganta al sentir una caricia gentil en su mano.

—Mírame, ¿Qué es lo que ocurre? —Grisha pregunta sereno, acuna con ternura su mano en las suyas.

—Y-yo —Titubea por culpa de aquel tacto delicado, un trato extraño proviniendo de aquel hombre. —Estoy cansada de sus evasivas, —le arrebata su mano con molestia. —¿Dónde está Eren? ¿Qué fue lo que le hizo? —Habla con firmeza, agudiza su mirada sin ocultar su enojo ni bajar la guardia.

—¿Aún sigues llamándote amiga de Eren? —El rubio sisea con sorna.

Erwin, —Grisha intenta calmar los ánimos. —comprendo a Mikasa, tengo que explicar muchas cosas. —La mira compungido. —Eren no sabe nada sobre mi despido, está con su tío Hannes y te aseguro que se encuentra bien.

—¡Eso es imposible! ¿Seguirá mintiéndonos? —Grita exaltada.

—No es una mentira, realmente no sé por qué mi hijo aún no se comunica con ustedes. —Voltea a ver a Armin, quien permanece de pie junto a la puerta. —Conociéndolo seguro perdió el celular.

—Ya no puedo seguir creyendo eso. —Repite dolida.

—Esa es la verdad. Sólo intento proteger a Eren, tenemos una relación bastante delicada, ya no quiero pelear con él. —Declara con inquietud.

—Y nosotros sólo queremos ver a Eren, saber que se encuentra bien. —Armin habla acercándose hasta pararse al costado de su amiga. —Estamos preocupados por él.

—También me preocupo por mi hijo, como su padre, sólo quiero lo mejor para él. —Coloca sus manos sobre los hombros de los chicos. —Así que cuando Eren decida hablar con ustedes, no le mencionen nada de esto, por favor. —Su voz tranquila y sincera los invita a su complicidad.

—Bien. —Armin responde con una sonrisa insegura en el rostro. Mikasa lo mira incrédula.

—Algún día "su asunto" se revelará y Eren lo sabrá. —La pelinegra lo mira mordaz.

—Estoy consciente de que mis acciones no son las más acertadas, pero hasta que ese día llegue, ustedes guardarán éste secreto. —Dice autoritario, es más una orden que sugerencia. —Confío en ustedes.

Mikasa quiere refutar sus palabras, está segura que es una pésima idea y ella no se traga tan fácilmente esa historia trágica, podría asegurar que Grisha está metido en algo más grande, se la pasó escuchando las quejas de su mejor amigo desde que asistían a kínder garden como para desconfiar plenamente de aquel hombre que aparentaba ser un buen padre.

El celular de Erwin comienza a sonar, interrumpe el ambiente tenso en aquella pequeña habitación, todos voltean a mirarlo.

—¡Ah! Lo lamento. —Erwin se disculpa con vergüenza. —Sigan con su charla familiar, me tengo que ir; si necesitas algo llámame. —Dirigiéndose exclusivamente a Grisha, el aludido levanta la mano en un gesto amistoso.

El rubio sale con premura y deja atrás a ese molesto trío. Su celular no para de sonar, curiosos lo miran cuando pasa por su lado, finalmente llega al estacionamiento, de pie junto a su coche, mira a ambos lados antes de subir, cierra de un fuerte golpe la puerta.

—Más te vale tener una buena razón para llamar. —Amenaza furioso.

No llamaría para nada más. Lamentablemente mis muchachos no han encontrado al señuelo, parece como si la tierra se lo hubiera tragado. —Dice con voz trémula.

—Rod, tienes que despedir a "tus muchachos" sé dónde está. —Erwin asegura con disgusto.

¡Qué maravilla! ¿Cuándo iremos por él? —Masculla ansioso.

—Calma, no lo necesitamos. Estoy seguro que cooperará con nosotros. —Erwin se mira en el espejo retrovisor, se acomoda un poco el cabello.

¿Sí? ¿Cómo pretendes hacer eso?

—Paciencia, paciencia, estoy seguro que muy pronto cambiará de parecer. —El rubio sonríe con malicia.

¿Haz planeado algo grande?

—No planeé nada, su expediente está manchado, es cuestión de tiempo que todo lo que forjó le explote a la cara. —Dice satisfecho, mete algunos documentos en la guantera.

Espero sea pronto; se está corriendo el rumor de que Frieda finalmente autorizó las pruebas para desarrollar una nueva arma. Temo por nuestro futuro. —Dice con preocupación.

—No sé de qué estás hablas. —Erwin habla con duda.

Lo olvidé. —Rod corta la llamada.

—Eres un maldito estúpido, Rod Lenz. —Erwin sale finalmente del estacionamiento del hospital con evidente mal humor.

1) I Forget-Danny Elfman. Album Serenada Schizophrana (2006).


Notas finales: Muchisisisisisisismas gracias por leerme y esperarme, intentaré que el siguiente capítulo salga en más corto tiempo, si no, la frecuencia seguirá siendo la misma, dentro de 2 semanitas.