DECLAIMER: Harry Potter y su mundo son propiedad de J.K. Rowling.Además, las alusiones que planteo sobre el libro Un paseo para recordar pertenecen a Nicholas Sparks.
RECUERDEN: Las imágenes de TODAS mis historias están en mi perfil. No olviden mirar la de este DraMione. Es importante señalar que coloqué una nueva imagen en mi perfil relacionada con este capítulo.
¡AVISO IMPORTANTE!: Ésta historia está siendo editada. Pretendo corregir errores de ortografía y unas que otras cosillas. La trama no cambiará.
Capítulo VII
El comienzo de una nueva vida sin él
_ Casa de Playa Malfoy _
Al salir de la chimenea junto con mi pequeño equipaje en la mano sentí un escalofrío recorrer todo mi cuerpo, se extendió desde la raíz de mi cabello hasta la punta de los dedos de mis pues, produciendo al mismo tiempo una humedad en mis ojos de la cual comenzaba ya a acostumbrarme, humedad que no deje que terminara en lágrimas. La melancolía que cobraba vida dentro de mi pecho dolía, me hacía sentir tanta desolación que molestaba, pero ¿Cómo no sentir nostalgia al estar en este lugar tan puro y cálido en el que había vivido momentos irrepetibles?
Frente a mis ojos se expandía con pulcritud, belleza y elegancia el lugar que para mi, más que casa era una Mansión, tan casta y blanquecina que no parecía real, pero lo era, yo era testigo de ello. Los muebles, lámparas, paredes, cómodas y diferentes objetos hacían juegos unos con otros, en donde el color que predominaba mayormente era el blanco con unos detalles en dorado, tal vez plateado y muy poco negro. Pero realmente era la tonalidad clara la que transmitía una gran paz y pureza con solo pisar el suelo de la estancia, hasta el propio aire que se respiraba era fresco. Totalmente natural.
Justo a mi derecha estaba ubicada la espaciosa y abierta cocina, sin embargo, a la izquierda se encontraba el indispensable cuarto de estudio, el de juegos estaba justo al lado y en la puerta contigua estaba el baño de las visitas. Precisamente, al frente de mi se hallaba la hermosa y gran sala de estar, en donde los muebles y demás objetos que decoraban el lugar producían un ambiente acogedor e intimo. Por otra parte, la puerta doble ubicada en el extremo opuesto de la principal era de cristal, permitía de esa forma que los rayos solares se colaran, al menos, en ese lugar, aunque no solo eso, se podía divisar a través de ella la piscina en forma de L y las numerosas palmeras que daban una sombra inigualable en la que mesas y sillas reclinables se escondían del sol. Un poco más lejos, se encontraba la inmensidad de la viva y transparente playa, en la cual habitaban numerosas especies marinas que eran una buena compañía al nadar.
Regresando a la casa, esta está constituida por dos pisos, sin contar la planta baja, los cuales están distribuidos en habitaciones con sus respectivos cuartos de baños.
— Cuantos fenomenales recuerdos vienen a mi cabeza al pisar, otra vez, este lugar, el cual ha sido el silencioso testigo del amor existente entre Draco y yo... — Susurré cohibida ante tantas emociones rememoradas.
Aquí, fue precisamente donde disfrutamos de nuestra maravillosa Luna de miel, además, se había vuelto nuestro lugar preferido en vacaciones o simplemente, el refugio en aquellas ocasiones en las que queríamos estar tan solo él y yo, sin compañías ni preocupaciones. Nuestro abrigador lecho de amor. Un nostálgico suspiro se escapó de mis labios sin proponermelo.
— ¿Y ahora, qué se supone que haga?... — Me pregunté mientras subía sin ánimo escalón por escalón que me dirigiría al pasillo donde se encontraban todas las recamaras, entre ellas, la principal, la cual guardaba celosamente tantas noches de amor, pasión, ternura, alegría hasta de tristezas vividas entre Draco y yo. Instintivamente, posé mi mano libre sobre mi redondo vientre — Realmente, yo creo que sí — Afirmé con un susurro la misma respuesta que le di a mi esposo cuando tiempo atrás me pregunto: ¿Los habremos concebido en la Casa de Playa?. Había formulado aquella interrogante con esa sonrisa tan suya, aquella que necesitaba tanto en este y en todos los momentos de mi vida. Lo necesitaba a él.
Con otro suspiro entré en la habitación y dejé el equipaje sobre la cama. Miré con nostalgia las blancas y sedosas sabanas, los cristales por los cuales se mostraba la inmensidad de la playa bajo nosotros y el cielo en la superficie. Hubiese preferido estar en este lugar por otro motivo y acompañada por el hombre al que le pertenecía mi corazón, sin duda, las cosas fueran diferentes. Un repentino bostezo me hizo regresar a mi realidad.
Estaba muy agotada, además, es normal que en mi estado duerma más de lo habitual y el sueño, precisamente, comenzaba a poseerme. Necesitaba descansar, dejar de pensar aunque sea pocas horas en lo que pretendía hacer a partir de este momento, quería olvidar sin embargo sabía que era imposible, pero ¿La vida no me podía regalar, al menos, dos horas de paz?
— Tomaré un baño, eso me ayudará — Murmuré a la nada sabiendo que primero debía calmar el fuego que se había extendido en todo mi cuerpo, fuego que se traducía en dolor. Tal vez la tibieza del agua me ayude a aliviar el ardor dentro de mi.
Saqué de la maleta un blue jeans corto y al azar tomé una camiseta, la cual era holgada y de un color lila que no recordaba haber traído. Mirar aquella ultima prenda me hizo sonreír y no solo eso, removió dentro de mi dulces recuerdos. Mi madre, Jane, me la había regalado unos pocos días antes de enterrarme que dentro de mi crecían dos seres y no uno. Ni siquiera me la había puesto por primera vez.
— ¡Cuidado! Bebé en camino — Reí al leer las letras plasmadas justo en la parte de la tela que debía cubrir mi vientre. Como dijo Draco al verla: Una prenda al mejor estilo muggle. Busqué en el equipaje mi varita y le hice un pequeño cambio — ¡Cuidado! Bebés en camino. Ahora, está mucho mejor...
Hecho esto me dirigí al cuarto de baño que se encontraba en la puerta contigua dentro de la habitación.
Ese lugar seguía la misma sincronía en colores de la casa. Las paredes, la cerámica del piso, hasta la propia bañera eran de color blanco, aunque poseían uno que otro adorno en dorado, así de simple y elegante. Observé toallas del mismo color níveo perfectamente dobladas en una de las cómodas del lugar, igualmente, allí mismo encontré un jarrón de rosas blancas que producían un aroma encantador. Con total seguridad, estaban hechizadas para mantenerse tan vivas y frescas.
Es sorprendente como cada rincón de esta casa me cautiva tanto como la primera vez que estuve aquí, pero es que nadie pone en duda el sofisticado y elegante estilo de los Malfoy, de Narcissa en particular...
FLASH-BACK
Días después de aceptar la proposición matrimonial del que por varios años había sido una molestia andante en los pasillos que nos vieron crecer hasta graduarnos como grandes magos...
— ¿Han pensado a dónde ir de Luna de miel? — Quiso saber la madre de Draco una de esas tardes soleadas que compartimos los tres juntos sentados en los bancos ubicados en el jardín de la Mansión Malfoy, después de notificarle nuestra decisión de casarnos.
— ¿Luna de miel? — Pregunté confundida.
— Por supuesto Hermione, no solo tenemos que planificar la boda, sino también la mejor Luna de miel y luego vendrán los hijos — Señaló con aire soñador.
Draco comenzó a reír a mi lado, como si lo dicho por su madre fuese un chiste. Lo fulminé con la mirada sin disimulo y, sin embargo, él no paró de ver la misma situación que yo veía incomoda como graciosa.
— ¿No estará tomándose todo muy apresurado? — Traté de sonar lo más educada posible, pero a pesar de ello los ojos de Narcissa se agrandaron, quizás, por la insolencia de mi inquietud.
— ¡Por supuesto que no! Después de la boda, sigue la Luna de miel y de allí vienen lo bebés.
— Entiendo que después de la boda viene la Luna de miel, aunque se me había olvidado por completo agregarla a la planificación, pero los bebés... ¿Tan pronto?
— Madre, Hermione tiene razón, déjanos disfrutar a solas lo humanamente posible después de legalizar nuestra unión, luego te daremos todos los nietos que quieras — Se me había olvidado por un momento que no estaba enfrentado sola toda esta situación, aunque para el hombre que intervino todo aquello le seguía produciendo una gracia que yo continuaba sin comprender.
— Esta bien, los bebés puede que vengan después... — Habló un tanto resignada y un repentino alivio me invadió. Me alegraba, al menos, que mi futuro esposo pensara igual que yo referente al asunto de los años siguientes al matrimonio — Igual, aun ninguno me ha respondido la pregunta que formulé al principio... ¿A dónde irán de Luna de miel?
Miré a Draco confundida y este, sorpresivamente, me estaba mirando también.
— Tengo pensado que sea en un lugar donde tengamos la playa cerca, ¿Qué opinas?
— Me parece bien — Le sonreí.
— ¡Ya lo tengo! — Exclamó de pronto Narcissa sobresaltándonos — Hermione, te ayudaré con la boda, pero la planificación total de la Luna de miel déjamela a mi... — Aquello no sonaba bien, no para mi.
— Pero,...
— ¡Será mi regalo de bodas! ¿Qué dicen? — Su felicidad era contagiosa, por esa razón nos hizo sonreír a ambos. Se veía tan entusiasmaba, que no me sentía capaz de negarme a su petición. No podía decirle que no.
— Está bien, me gusta tu propuesta, pero,... si vas a escoger algún hotel o no sé, lo que sea que hagas, evita que este sea oscuro, solo eso pido que tengas en consideración — No pude evitar señalar de reojo a la gran, imponente y un tanto oscura Mansión frente a mi.
— ¡Muy bien! Pero, será algo mucho mejor que una simple habitación de hotel.
Draco y yo nos volvimos a mirar, pero esta vez, ambos estábamos igual de confundidos.
FIN DEL FLASH-BACK
Esta Casa de Playa fue el regalo de bodas de Narcissa Malfoy.
Si me hubiese imaginado a lo que se refería en aquel tiempo, me hubiese negado a su propuesta, pero conociendo de donde provenían los genes insistentes de mi esposo, sé que solo hubiese agregado que no sea muy grande, que solo posea 5 habitaciones como sumo repartidas en alcobas, cocina, sala y baños y no 14 como goza esta, sin contar el área de la piscina y la playa.
Abrí el grifo del agua caliente para permitir que la bañera se llenara, mientras me regocijaba al recordar el gran cariño de Narcissa hacia nosotros. Tal vez, pesándolo bien, ni siquiera me hubiese negado a su petición de saber a qué se refería, por ella, haría lo que sea... Lo que sea que la haga feliz como lo haría también por mi propia madre.
Cuando noté que la mitad de la tina estaba llena, cerré el grifo para darle paso al agua fría. Necesitaba uno de esos baños más cálidos que fríos. Necesitaba relajar mi cuerpo adolorido.
Y así lo hice, para mi pesar, hasta que comencé a notar la piel que cubría los dedos de mis manos y pies tan arrugados como si de pasas de uvas se trataran. Quería permanecer sumergida bajo el agua unos minutos más, pero llevaba largo rato allí, tanto que había perdido la noción del propio tiempo. Con una honda exhalación colmada de fastidio salí de la tina, tomé una toalla y comencé a secar mi cuerpo hasta cubrirlo con las prendas que previamente había elegido. Con la misma toalla sequé mi cabello con frenéticos movimientos. Es sorprendente como un baño podía hacerme sentir mejor, fresca, al menos.
Con un suspiro renovador, me dispuse a salir del baño finalmente, pero un reflejo en el espejo llamó mi atención con brusquedad, tanto, que logró que me parara en seco frente a él. Descubrí que no estaba sola... Me miraba una mujer de ojos color almendra que denotaban una oscuridad extraña que me produjo tristeza tan solo al verles, además, juraría que llevaba horas sin dormir, pude adivinarlo porque se veían a simple vista hinchados, rojos y hasta pesados debido a lo dificultoso que me parecía se había vuelto el solo parpadear. Con dolor, reconocí que le daban un aspecto terrorífico que me estremeció. Por otra parte, su cabello alborotado caía húmedo a ambos lados de su cara dándole una imagen desaliñada, que a la vez proyectaba una pena infinita.
Una risa tosca y burlona salió de mis labios. Esa mujer no era otra más que yo.
— Soy yo — Reconocerlo en voz alta ocasionó en mis ojos un escozor irritable. Contuve con ahínco las lágrimas que se conglomeraban y luchaban por salir. Me veía fatal — Al menos me siento limpia... — Murmuré como resignación saliendo del baño.
Deslicé las sabanas de la cama y me introduje dentro de ellas, sintiendo una calidez y suavidad que me envolvió de inmediato. Quería dormir un par de horas al menos, quería pausar los pensamientos que iban y venían dentro de mi cabeza. Solo necesitaba descansar un poco... ¿Acaso, era mucho pedir?
— Por favor, quiero detener los recuerdos un momento aunque sea... — Dije entre bostezos.
Cerré los ojos con lentitud tratando de conciliar el sueño, pero pasaban los minutos y no lo lograba. Uní mis manos para luego colocarlas bajo la almohada tomando una posición fetal, buscando de esta forma mayor comodidad. Y al parecer lo conseguí, porque poco a poco logré caer en un profundo sueño.
Había transcurrido poco más de una hora y yo continuaba en los brazos de Morfeo sumida en una inconsciencia total…
— Draco... — Un suave susurró se escapó de mis labios mientras me removía en la cama — Per... Perdóname... — Continué, pero esta vez con mayor intensidad. No encontraba una postura agradable así que seguí girado de un lado a otro sobre la cama sin siquiera estar consiente de ello — Scorpius... Daphne... Draco... Los amo.
Realmente, no recuerdo haber dicho nada de aquello, solo las cuatro paredes que formaban la habitación habían sigo testigos silenciosos de cada susurro pronunciado en sueños. De lo único que sí estaba segura cuando desperté, fue que era muy tarde debido a la intensa oscuridad en la que estaba sumida la recamara. Me arrepentí, me arrepentí de haber dormido más de lo planteado, me arrepentí de haber perdido casi 3 horas de las horas totales que me quedaban de vida, pero no podía hacer ya nada, ya lo había hecho y para mi pesar no había conseguido lo que pretendía porque seguía aun sumamente cansada.
Intenté atravesar la oscuridad solo con mis ojos, sin ayuda de hechizos iluminadores, pero todo a mi alrededor estaba sumergido en una negrura que no me permitió sentirme lo suficiente segura como para salir de la cama, a pesar de que la luna iluminaba resplandeciente a través del gran cristal que hacía el papel de una de las cuatro paredes del lugar. Así que no me levanté, simplemente continué escrutando la estancia en busca de algo que me hiciera caer en cuenta del tiempo y lo encontré, el reloj ubicado en la mesita de noche a mi lado reflejaba en luminosos números color rojo las 7:15pm.
Me desperecé estirando los brazos sobre mi cabeza una vez había decidido levantarme finalmente, no sin antes haber bostezado tantas veces que molestaba. Restregué con una de mis manos mis cansados ojos y con la otra acaricié mi abultado vientre en el cual comencé a sentir ciertas molestias... era como especie de un vacío. Sin duda, tenía hambre y al notarlo me parecieron muy lejanas las horas en las que había puesto el ultimo trozo de comida en mi boca; haciendo un poco de memoria habían sido solo pellizcos del desayuno esmerado que había prepara en la mañana.
Caminé hasta el cristal en donde se reflejaba la inmensa luna y dejé a mi vista perderse en el maravilloso mar que parecía tinta negra por la oscuridad, en el cielo, sin embargo, las estrellas brillaban con claridad. Suspiré profundamente sintiéndome un poco abatida... Tenía claro que iba a morir, según mi Doctor lo iba a hacer en cualquier momento que parecía más temprano que tarde, pero no por eso iba a descuidar a mis bebés, no tenía la maldad suficiente como para hacerlo. Los amo, los amo tanto que los protegeré como si no supiera que cuando deje de respirar ellos también lo harán.
Acaricié mi vientre con amor aun mirando hacía la lejanía. Mis ojos ardían con dolor y mis labios se contrajeron tratando de detener el sollozo que quería salir de ellos, pero fue inevitable... La habitación hace segundos atrás sumida en un silencio acogedor comenzó a llenarse de desgarradores sollozos lastimeros. Sollozos que me lastimaban por dentro y producían lagrimas incontrolables que salían de mis ojos y se perdían en alguna parte de mi barbilla, algunas habían mojado un poco la camiseta que llevaba puesta, pero no fui consiente de ello hasta que el bullicio a mi alrededor comenzó a cesar. Me dirigí al baño para lavar mi rostro y me alegró mirar que mi reflejo en el espejo tenía mejor aspecto. Consciente o no, sonreí, aunque sentí cierta molestia al hacerlo, era como si esa acción antes muy común en mi ahora pesara... y doliera.
Encendiendo la luz de la recamara en su totalidad, logré ver por donde me dirigía y de esta forma pude salir de ella, no sin antes volver a apagarla y cerrar la puerta tras de mi. Caminé hasta la cocina sin detenerme, abrí la nevera y tomé lo primero que vi: dos rebanadas de pan, una rodaja de queso y otra de jamón; nada más. Tomé el sándwich y dándole mordiscos me dirigí al cuarto de estudio, ya que deseaba encontrar un libro que estaba segura hallaría en alguno de los estantes que se extendían a la misma altura de las paredes casi abarrotados de ejemplares. Con mi dedo indicé busqué en una hilera de libros susurrando los títulos de cada uno mientras iba ignorándolos.
— ¿Qué fue eso?... — Interrogué a la nada al sentir un extraño sonido. En ese momento sentí un peso sobre mi que logró que desviara mi atención de las estanterías para mirar a mi al rededor como en busca de algo que no estaba segura qué podía ser, pero todo estaba tranquilo, el escritorio en uno de los costados del lugar permanecía solitariamente limpio y ordenado, las lámparas de suelo alargadas estaban encendidas porque yo misma lo había hecho y la chimenea... No tenía ganas de encenderla, no había motivos si no iba a quedarme allí más tiempo del que me llevara encontrar el libro.
Con una mordida a mi emparedado volví a mi labor de antes. Unos cortos minutos después encontré el texto que anhelaba leer. Volví a mirar a mi alrededor de forma inconsciente, finalmente apagué las luces y salí de allí directo al área del jardín la cual estaba medianamente iluminada debido a los focos que resplandeciente dentro de la alberca, las farolas en los finos postes esparcidos de forma elegante y ordenada por la marea verde que se expandía a lo largo y ancho de esa parte de la casa con flores de colores y grandes arbustos y por supuesto, no podía faltar la propia luz que reflejaba la luna.
Recorrí la piscina en forma de L de manera pausada, simplemente no habían apuros, podía maravillarme un rato con su imponente majestuosidad. Esbocé una sonrisa nostálgica al ver el fondo de la misma brillar con entusiasmo gracias a la luminosidad alrededor de sus paredes, permitiendo que el mismo escudo formado por las letras DH ideado por Draco gracias a hechizos me diera la bienvenida con una movible serpiente y un león que rugió al tocar el agua con la punto de los dedos de mis pues. Volví a proteger mi pies descalzo con la sandalia baja que traía y continué mi andar.
Me recosté en una de las sillas reclinables de madera, me moví un poco tratando de buscar comodidad, cuando lo conseguí deposité el libro con suavidad sobre mi vientre para fijar mi vista unos minutos en la impecable luna sobre mi. No recordaba haberla visto nunca tan grande y cerca como ahora, la sentí tan viva y hermosa, pero a la vez tan triste, tal vez esto era producido por la fase de luna llena en la que se encontraba, no lo sé, pero no pude evitar sentir aquello al mirarla. Dí los últimos mordiscos a mi emparedado hasta acabarlo y volví a tomar el libro. Antes siquiera de abrirlo, sentí nuevamente aquella sensación que me había invadido cuando estaba en la sala de estudios, miré a mi alrededor un tanto alarmada pero nuevamente, no encontré nada. Con un suspiro hondo regresé mi atención en su totalidad a la portada del libro en la cual pude leer claramente:
Un paseo para recordar
Nicholas Sparks
Sinceramente, ya lo había leído, pero sentía la necesidad de releerlo en este peculiar momento de mi vida. En síntesis trata de un par de adolescentes enamorados; que al principio de la historia, el protagonista ni siquiera sabía de la existencia de la chica, pero cuando se dejó envolver por su presencia se enamoró de su forma de ser, de su trato... Pero existía una triste realidad, ella estaba enferma y moriría en cualquier momento, lo dejaría con un gran dolor, aunque nunca, nunca la olvidaría.
Me recordaba la misma lamentable historia que estaba viviendo en carne viva. Hice una mueca con mis labios parecida a una sonrisa al recordar una conversación entablada con esposo sobre el libro que tenía entre mis manos…
FLASH-BACK
Hace varios meses atrás, Draco y yo preparábamos la cena juntos en nuestra casa como habitualmente lo hacíamos. Ambos discutíamos los pro y los contra del libro de Nicholas Sparks Un Paseo para Recordar, el cual habíamos terminado de leer hacía unos dos días atrás.
— Realmente, a mi no me gustó — Comunicó el rubio limpiando unas frutas para convertirlas en jugo.
— ¿Por qué? A mi me parece muy bueno — Removí la comida en la cacerola para evitar que se quemara.
— Hermione, ¡ELLA MUERE!
— Lo sé, amor; pero, tienes que ver los hechos más allá de la muerte, no veas el libro como simple literatura, siéntelo y comprenderás su verdadero mensaje. El amor de los protagonistas es tan grande que, al final, él no se apartó de ella, al contrario, cumplió todas las promesas que le había hecho y no solo eso, los deseos de la chica también, hasta sentir su ultimo latido. Aunado a esto, nunca la olvidó, el amor que se tenían no lo pudo romper si quiera la muerte. ¿No leíste esa parte? — Le sonreí mientras desviaba mi atención hacía él.
— Claro que lo leí, pero eso no cambia las cosas — Me respondió y no pude evitar soltar una carcajada — Es que, realmente, yo no lo soportaría — Eso ultimo fue apenas un susurro, casi inaudible, seguramente quería que fuera así, pero yo sí lo había escuchado.
No dije nada, solo me acerqué a donde estaba y deposité un beso en su mejilla.
FIN DEL FLASH-BACK
— Por eso lo hice... — Susurré regresando a la realidad — Sabía que no lo soportarías — Finalmente abrí el libro y comencé a leerlo dejando mi imaginación volar hasta tal punto de convertir a los protagonista en Draco Malfoy y Hermione Granger.
CONTINUARÁ...
